Hombre y mujer
Por el Dr. Alfred Adler
Si, para hacer un breve resumen, se condensan las ideas rectoras del proceso de desarrollo de la humanidad hasta que aflora su quintaesencia, se encuentran al final tres líneas formales de movimiento que, cada una a su vez y una tras otra, han dado su valor a todo el quehacer humano. Tras unos cien milenios, ojalá idílicos, cuando a consecuencia del «Multiplicaos» los pastos se volvieron demasiado estrechos, la humanidad se inventó como ideal de redención al titán, al Hércules o al emperador. Hasta el día de hoy —en el culto a los héroes, en el gusto por la pelea, en la guerra— se encuentra en todas las capas el fuerte eco de tiempos pasados, alabado por altos y bajos como el mejor camino para el progreso de la humanidad. Nacido de la estrechez de los pastos, este impulso muscular lleva lógicamente a amordazar y exterminar a los más débiles. Al peso pesado le gusta una solución sencilla: donde hay poco forraje, lo reclama para sí. Le gusta la cuenta sencilla y clara, ya que sale a su favor.
En el corte transversal1 de nuestra cultura, esta manera de pensar sigue ocupando un amplio espacio. Las mujeres están casi del todo excluidas de las realizaciones directas de este tipo; solo cuentan como paridoras, admiradoras, cuidadoras. Pero el forraje ha alcanzado una altura inquietante. Y sigue subiendo. ¿Es ya un contrasentido este espíritu del afán de poder sin complicaciones?
Queda aún la preocupación por el futuro, también por la descendencia. El padre acapara para sus hijos. Provee para las generaciones futuras. Si provee para la quinta generación, provee al mismo tiempo para los descendientes de 32 personas, que tienen el mismo derecho sobre su descendiente.
Las mercancías se estropean. Se pueden convertir en oro. Se puede prestar en oro el valor de las mercancías. Se puede comprar la fuerza de otros. Se les pueden dar órdenes; más aún, se les puede inculcar una mentalidad, un sentido de la vida. Se les puede educar en la veneración de la fuerza, del oro. Se les pueden dar leyes que los pongan al servicio del poder, de la posesión.
Tampoco en esta esfera actúa la mujer como creadora. La tradición y la educación le han puesto barreras en el camino. Puede participar admirando o quedarse a un lado decepcionada. Puede rendir homenaje al poder o, lo que ocurre las más de las veces, defenderse contra su impotencia. Con lo cual hay que tener en cuenta que la resistencia de cada una suele extraviarse.
La mayoría de los hombres y de las mujeres pueden venerar a la vez la fuerza y la posesión, unos con admiración pasiva, otros con esfuerzo esperanzado. La mujer está situada a mayor distancia de la consecución de estos ideales culturales.
Al filisteo de la fuerza y de la posesión se une ahora, en armonioso afán de superioridad personal, el filisteo de la cultura.2 El saber es (también) poder. La inseguridad de la vida no ha encontrado hasta ahora —en general— solución mejor que el afán de poder. Ya es hora de reflexionar si es este el único, el mejor camino para asegurar la vida, para el desarrollo de la huma-nidad. También se puede aprender de la estructura de la vida de la mujer. Pues tampoco hoy es la mujer partícipe del poder del filisteísmo de la cultura.
Y sin embargo es fácil comprender, para el hombre y para la mujer, que la mujer, con una preparación equivalente, podría participar con éxito en el poder del filisteísmo. La idea platónica de la superioridad de la fuerza muscular ha de haber perdido ya importancia en lo no comprendido (lo inconsciente). ¿Cómo, si no, se quiere orientar en provecho de la comunidad la revuelta callada y abierta del mundo femenino (protesta masculina) en sus mil variantes?
Al fin y al cabo, todos vivimos como parásitos de las obras inmortales de los artistas, genios, pensadores, investigadores y descubridores. Ellos son los verdaderos guías de la humanidad. Son el motor de la historia universal; nosotros somos los… distribuidores. Entre el hombre y la mujer han decidido hasta ahora la fuerza, la posesión y la presunción de la cultura.
De ahí el alboroto y los muchos libros sobre el amor y el matrimonio.
Pero las grandes obras de las que vivimos se han impuesto siempre como valor supremo. Su victoria no suele celebrarse con palabras pomposas. Pero la disfrutan todos. En esas grandes obras tienen sin duda parte también mujeres. La fuerza, la posesión y la presunción de la cultura han impedido sin duda que fuera más. Pero a través de todo el desarrollo del arte resuena una voz masculina. Allí la mujer es suplente del hombre y, por tanto, de segundo rango. Hasta que una de ellas descubra en él la voz femenina para desarrollarla. En dos géneros artísticos ha ocurrido: en el arte dramático y en la danza. Allí puede mostrarse como mujer. Allí ha alcanzado también obras cumbre.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir de Der Querschnitt (Berlín), año XI, cuaderno 11 («Er und Sie»), finales de noviembre de 1931, pp. 730-731 (archive.org), cotejada con la imagen de las páginas.
Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Futterplätze y Futter(mittel), términos de zoología que Adler usa con intención, se traducen «pastos» y «forraje»; Allgemeinheit, «comunidad».
Im Querschnitt: juego de palabras con el nombre de la revista, Der Querschnitt («el corte transversal»). (N. del T.) ↩
Bildungsphilister: «filisteo de la cultura», expresión acuñada por Nietzsche (Consideraciones intempestivas, I) para el burgués que hace ostentación de cultura; Adler forma por analogía Kraft- und Besitzphilister y Bildungsphilisterium. (N. del T.) ↩