Un caso de enuresis diurna
Transcripción taquigráfica de una sesión de orientación educativa
Por el Dr. ALFRED ADLER
El niño se nos presenta para la consulta con el siguiente informe:
«Emil R., 12 años, padece enuresis...»
Cuando oímos la palabra enuresis, podemos fiarnos de nuestra experiencia, según la cual la enuresis es siempre un movimiento que tiende a ponerse en relación con la madre, aunque sea de una manera indecente. Es un niño que habla con la enuresis. Es como si hablara un lenguaje de la vejiga. Podemos entender todas las formas de expresión como una forma de lenguaje. Este lenguaje significa aquí: «Todavía no he llegado tan lejos, todavía hay que vigilarme». Y por regla general ocurre también que la madre está pendiente del niño, entra a verlo dos o tres veces por la noche, lo despierta. Así le asigna a la madre una tarea suplementaria.1
La enuresis no es una enfermedad orgánica, y sabemos que los niños enuréticos dominan casi siempre su vejiga durante el día. El problema es: ¿por qué este niño no domina su vejiga por la noche? Porque se halla en una tensión anímica que no le permite la función de retener la orina. ¿De dónde viene la tensión? Sabemos con qué tenacidad persisten los niños en la enuresis porque desean una relación más estrecha; desean estar unidos a alguien, dar a alguien una tarea suplementaria.
Este es el tipo del niño mimado. Cuando vemos tales esfuerzos por intensificar ese mimo, sabemos que al niño se le ha hecho difícil mantener sin esfuerzo esa relación. Hemos llegado ya a poder decir que la enuresis tiene que haber nacido evidentemente como un ataque desde una actitud combativa, en la que un niño lucha por atraer a otra persona. A este tipo pertenecen también los niños que de noche se revuelven sin descanso, gritan (pavor nocturnus), intentan unirse a los demás mediante un sonido. Hay otros, a su vez, que se levantan, andan de un lado a otro, para establecer la conexión en un movimiento de marcha y mover así a los demás a unirse a ellos y ocuparse de ellos. Es lenguaje, expresado en otro órgano.
Es significativo por qué el niño se expresa así. Ello está en relación
con una inferioridad orgánica de la vejiga y de los centros superiores a ella. Fui el primero en señalar, en el año 1907, que a veces en la enuresis puede demostrarse una inferioridad de la médula lumbar. Señalé también que existen relaciones con la espina bífida o con un nevo en esa región.
con por qué un niño habla el lenguaje de la vejiga. Ocurre principalmente en aquellos niños a los que se hace notar especialmente que ese lenguaje es de gran importancia, allí donde la madre se ha tomado el mayor trabajo, más que el término medio, por mantener limpio al niño por la noche, cuando ha recalcado en exceso esa limpieza. Así llega el niño automáticamente a la idea: con esto se puede hacer algo. Comprendemos que en todos estos niños se encuentren una y otra vez indicios de mimo.
El niño del que nos ocupamos aquí tiene 12 años. Debemos tener bien presente que ha sido mimado y que, desde que empezó la enuresis, tiene el sentimiento de no recibir ya bastante amor. Probablemente tiene un hermano o una hermana menor. Esas son razones por las que un niño mimado empieza una lucha. O bien es una acusación por la disminución del mimo. Una acusación es lo mismo que un ataque. Ambos proceden de su situación. Quizá tiene un padrastro o una madrastra; tenemos que encontrar de algún modo la situación de mimo disminuido. Su meta ficticia ideal es: ser mimado, tener a otro al que poner a contribución. Hay que cambiar esa meta y mostrar al muchacho una meta en la que pueda hacerse útil.
«... nunca de noche, solo de día.»
Esta es una experiencia que influye esencialmente en nuestro razonamiento. Así pues, de día está en una gran tensión; de noche parece estar del todo contento. Se pueden pensar diversas cosas al respecto, por ejemplo que de noche duerme con la madre y que de día quiere hacerse notar de manera desagradable, como si quisiera decir: «Ocupaos más de mí».
«A menudo pierde también heces.»
De día, pues, su lucha es aún más fuerte; por eso se hace notar también ensuciándose de vez en cuando con heces. La lucha se libra casi en un estado de ánimo de desesperanza. Si hay que pensar aquí en imbecilidad es cosa de cada cual, según cómo entienda el concepto de imbecilidad. Nosotros preguntamos: ¿por qué no lo hace de noche? A veces se encuentra que los niños, cuando se entregan demasiado al juego, dejan de prestar atención al ejercicio de sus funciones. En tales pequeñeces, en tales detalles, podemos percibir hasta qué punto nuestras funciones son de índole social. Hay que considerar anormal que una función se desarrolle al margen de una conducta social.
«Es hijo ilegítimo.»
De estos niños se supone que han crecido sin amor ni calor, sin el mimo que siempre se dispensa a los niños en los primerísimos años de la vida. Pero no es raro encontrar también entre los hijos ilegítimos niños mimados. Sobre este punto tendremos que llegar todavía a ver claro.
«Su padre cayó en la guerra; la madre volvió luego a casarse.»
Aquí se confirma ya la suposición de un padrastro.
«Del segundo marido hay dos hijos, un niño de 8 años y una niña de 6.»
Si recordamos que antes hablamos de una acusación, ahora vemos ya más. Probablemente tiene razón en acusar, y no cabe ninguna duda de que también lo siente así. Recuerdo un caso en que un muchacho perdió a su madre cuando tenía dos semanas. El padre volvió a casarse poco después y nadie sabía que el muchacho no era de esa madre. Él tampoco llegó a saberlo. Más tarde vino otro hijo. Y años después el muchacho, ya hombre, vino a tratarse conmigo y me contó que hasta los catorce años había tenido siempre la idea de que su madre no era la verdadera, sino una madrastra, hasta que eso se confirmó efectivamente. Esto nos muestra con qué claridad sienten los niños lo cierto en esta cuestión, aunque se los haya tratado bien. Notan, con todo, una diferencia cuando hay otros niños que gozan de más ternura y cuidado.
«El niño, al parecer, se lleva muy bien con sus hermanos.»
No vemos aquí lucha entre los niños. He observado a menudo que un niño puede estar celoso y, sin embargo, querer a los otros niños. El muchacho puede sentirse postergado y, sin embargo, llevarse bien con ellos. Un sentimiento así puede tener diversas consecuencias. Por ejemplo: una niña de cinco años había estado sola cinco años y tuvo entonces una hermana menor. Más tarde se descubrió que esta niña (la mayor) había matado a tres niñas pequeñas, como si quisiera decir: «Todas las niñas tienen que desaparecer del mundo». Con su hermanita, en cambio, se había portado de modo irreprochable. En el asesinato la niña había procedido con la mayor astucia, de modo que solo se la descubrió en el tercero.
«El padrastro fue al principio extremadamente severo con él...»
El muchacho ha pasado por un período malo. Cuando llegó el padrastro, su situación empeoró: ahí empieza evidentemente su acusación.
«... pero por intercesión de la madre eso mejoró.»
Podemos imaginarnos que esa mejora no fue tal que el muchacho la notara siempre.
«El niño se ha criado en su mayor parte lejos de casa, con una tía...»
Probablemente al comienzo de su vida. Allí debió de vivir días mejores. Con la tía, con la abuela, a los niños les va casi siempre bastante bien.
«... en parte en el orfanato.»
No quisiera afirmar con seguridad que allí le fuera bien también. Mis experiencias de tiempos pasados a este respecto no son las mejores. Allí reina un cierto orden, y a ese orden pertenece que los niños no se mojen ni se ensucien. Tenemos aquí quizá la indicación de que esta cuestión está sobrevalorada para este niño. Probablemente también la tía había dado demasiada importancia a sus deposiciones, etc. Sabemos que si a un niño se le inculca especialmente la importancia de la comida, tendrá dificultades con la comida; del mismo modo que los niños que quieren llegar a dominar sus miembros, a dominar sus funciones, se resisten a que se les dé cualquier orden. Se encontrará que de noche, medio dormidos, se dejan sentar en el orinal, pero cuando se despiertan y lo notan, se niegan y les da una rabia terrible. Todavía no vemos del todo claro dónde se ha cometido el error con este muchacho. Evidentemente ha pasado de una situación cálida a una fría.
«El niño va ahora al primer curso de la escuela principal.»2
Creo que es un poco tarde para su edad. El muchacho debería ir a este curso ya a los 10-11 años. Podemos suponer con seguridad que, si ha llegado ya a ir al primer curso de la escuela principal, no es un idiota ni hay que considerarlo imbécil o débil mental. Probablemente habría podido ser mejor alumno de lo que es si no tuviera que sufrir siempre tensiones.
«Ha tenido que repetir el 1.º y el 3.º curso de la escuela primaria.»
Esto corresponde a nuestra concepción de que ha sufrido una tensión y no estaba bien preparado, en particular no para un maestro severo. Se ha acercado algo más a la desesperanza. Tampoco en casa le habrán servido de mucho estos incidentes.
«Ahora progresa bastante bien en la escuela...»
Probablemente tiene un maestro amable.
«... tiene amigos.»
Empieza a tener de nuevo esperanza, a mirar la vida con más esperanza.
«Suele hacer muecas a menudo en la escuela y también en la calle.»
Estas muecas son de nuevo un movimiento expresivo que podemos entender como lenguaje. Dicen: «¡Miradme!». Representa ahí un papel, una comedia calculada para ponerse en el centro. Tenemos aquí lo mismo que en el mojarse, en el ensuciarse. Quisiera estar más en primer plano. Tiene el sentimiento de estar postergado, y lucha contra ello.
«Al parecer aprendió a andar a los 11 meses, empezó a hablar tarde...»
Hay niños dependientes cuyo desarrollo del lenguaje se rige por las circunstancias externas (audiomudez).
«... presenta también un defecto del habla: al hablar mete la lengua entre los dientes.»
Es lo que en Viena se llama zuzeln.3 Es difícil de entender por qué se conservan tanto tiempo tales defectos, pues se consigue con bastante facilidad quitarlos. Habría que enseñar al niño, explicarle amablemente cómo se coloca bien la lengua, o emplear aparatos de alambre. Este defecto habrá contribuido también a que el niño viva su papel como desagradable. Probablemente se reían de él y eso lo deprimía.
«Al parecer, el padre tenía el mismo defecto del habla.»
El defecto del habla no se ha heredado, sino quizá la conformación de la lengua, la forma de la mandíbula. Todo defecto del habla está favorecido por la conformación de los órganos. En los tartamudos, por ejemplo, podemos encontrar con mucha frecuencia una alteración del esqueleto de las mandíbulas, de la laringe, o una implantación distinta de los dientes. Todas estas circunstancias sirven para impedir el curso fluido del habla y allanar el camino a un defecto del lenguaje.
«Enfermedades infantiles: sarampión, varicela. Además, pulmonía; hace 3 años se le extirparon las vegetaciones. El niño es enclenque, asténico, da una impresión miedosa, apocada...»
No esperábamos que el niño diera una impresión valerosa. El muchacho linda con la desesperanza, lo cual ha mejorado algo en los últimos tiempos, quizá desde que hace mejores progresos en la escuela.
«... que, como el maxilar superior sobresale mucho sobre el inferior y la boca se mantiene casi siempre abierta, da la impresión de bobería.»
Vemos que tiene alteraciones del esqueleto. Que dé la impresión de bobería ha contribuido probablemente también a que no se le quiera.
«Resto de la exploración: órganos internos sin hallazgos, reflejos normales; no se ha hecho una exploración neurológica más detallada y, en particular, el niño no ha sido examinado aún por el rinólogo. Orina sin hallazgos. Radiografía: columna vertebral normal, ningún indicio de espina bífida. Reacción de Wassermann: negativa. Pirquet: negativa. La madre tuvo nefritis, un hermano también.»
Es muy interesante desde el punto de vista de la psicología individual, como señalé ya en mi Studie über Minderwertigkeit von Organen [Estudio sobre la inferioridad de los órganos], que en los enuréticos se encuentre a la vez una inferioridad del sistema urogenital, a menudo solo en el árbol genealógico (por ejemplo, una inferioridad del riñón, etc.), que a veces sirve de terreno a enfermedades. Eso no quiere decir que la enuresis misma sea consecuencia de una enfermedad orgánica. Hay una inferioridad embrionaria que ha facilitado la cosa. En los enuréticos se observa también una debilidad del tracto digestivo y del aparato sexual, esta última casi con regularidad.
Si este niño se encuentra de verdad tan desesperanzado se verá cuando hayamos hablado con la madre. Averiguaremos si el desaliento ha mejorado en los últimos tiempos, ya que aparecen buenas señales, como los amigos, la escuela. Además, se tratará de influir en la madre para que haga reconocer al muchacho su valor, para que le muestre que no está postergado. Habría que proponerle que influya en el padre para que trate amablemente al muchacho, le dé de vez en cuando una alegría, por ejemplo salir a pasear solo con él un domingo. Entonces el muchacho no querrá actuar con una acusación, entonces no estropeará a la familia su alegría dominical.
Al muchacho mismo tenemos que alentarlo en que es capaz de lograr algo; tenemos que fijarle también una meta que sepamos que puede alcanzar. Intentaremos ponerle también la tarea de ver si puede entablar una relación amistosa con la madre, con el padre. Si se consigue aquí ponerlo de mejor ánimo, él mismo se esforzaría por evitar causar molestias a los demás en actitud de rebeldía. Es de suponer que con el maestro no se ensucia. Solo se ensucia allí donde no espera nada de sí mismo. Se trata, pues, principalmente de esto: predisponer mejor a los padres, alentar al muchacho y orientarlo de manera significativa hacia una profesión.
(Se hace pasar a la sala a la madre del niño.)
Adler (a la madre): Quisiéramos hablar con usted sobre el chico. ¿Cómo le va en la escuela?
Madre: Últimamente se esfuerza.
Adler: ¿Ha dicho alguna vez lo que querría ser?
Madre: Quiere ser electricista.
Adler: ¿Así que ya tiene ambición? ¿Entiende algo de eso?
Madre: Ya tiene un poco de idea.
Adler: ¿Le gusta hacerse útil en casa?
Madre: ¡Sí!
Adler: ¿Se alegra cuando se le reconoce, cuando se le alaba? Yo alabaría al chico más a menudo. Está hambriento de que lo alaben. Querría que siempre lo trataran con ternura y amabilidad. ¿Cómo se lleva con usted?
Madre: Obedece, se puede confiar en él.
Adler: ¿Se ocupa también de los otros niños? ¿Se lleva bien con ellos? ¿No es celoso?
Madre: El segundo no se deja convencer de nada por él.
Adler: El segundo es mucho más vivo, mucho más rápido, como suelen ser los segundos: siempre se mueven más deprisa. ¿Cómo duerme?
Madre: Ronca muy fuerte; ha tenido vegetaciones.
Adler: ¿Dónde duerme el muchacho?
Madre: Duerme conmigo en la misma habitación. Creo que el chico le tiene miedo a mi segundo marido y es muy miedoso. Antes estuvo con gente extraña; la tía era buena con él; luego fue al orfanato.
Adler: Así que el cambio de situación empezó en el orfanato. ¿No se le podría dar una indicación al padre para que le quite ese miedo? El muchacho está hambriento de que lo traten con cariño y amabilidad; es un chico muy simpático. Todavía puede llegar a ser algo. Si el padre saliera a pasear con él algún domingo, si tuviera con él una atención, sería muy bueno. A este muchacho no habría que pegarle nunca, ni gritarle nunca. Va por el mejor camino; se desarrollará bien. ¿Cómo se acuesta para dormir?
Madre: Se acuesta boca abajo.
Adler: Apartarse de la vida, esconderse.
Madre: También se tapa la cabeza. Desde que volvió del orfanato tiene mucho miedo.
Adler: ¡Pruebe usted a no reprenderlo, a no reñirle! Yo le diría: «¡Eres muy capaz!». Lo alabaría y le mostraría que lo quiero. Un niño así necesita una prueba de que se le quiere. Entonces la cosa con el chico iría bastante bien. ¿No querrá irse de su lado?
Madre: Cuando le digo que lo devuelvo al orfanato, le entra miedo.
Adler: Yo no le diría algo así. ¿Se ensucia todos los días?
Madre: Desde hace quince días está mejor.
Adler: ¿Es igual en la escuela que en casa?
Madre: El chico tiene miedo en la escuela, porque no siempre puede salir. No se atreve a decirle siempre al maestro cuándo tiene que salir.
Adler: Quizá sería bueno hacer llegar al maestro una comunicación desde el hospital.
(Se despide de la madre, que se retira. Se hace pasar a la sala al niño.)
Adler (a Emil): ¿Te va bien en la escuela? ¿Qué te gustaría ser?
Emil: Mecánico.
Adler: ¡Bravo! ¿Eres capaz? ¿Qué tal la escritura?
Emil: ¡No muy bien!
Adler: ¿Y el dibujo?
Emil: Va bastante bien.
Adler: ¡Puedes llegar a ser un buen mecánico! ¡Pero tienes que tener coraje, no debes tener miedo! ¡Si no te pasa nada! ¿Quieres aprender a no tener miedo? ¡Delante del maestro tampoco tienes que ponerte enseguida como un niño pequeño! Ya eres grande, ya no eres un niño de pañales. ¡No tienes que tener miedo aunque te pongan una mala nota! Yo también saqué malas notas, pero luego me puse con más fuerza a la tarea y fue mejor. ¡Lo único es no tener miedo! ¡Tienes miedo y entonces te portas como un niño de pañales! ¿Cuánto tiempo tienes que ir todavía a la escuela?
Emil: Dos años, luego entro de aprendiz.
Adler: ¿Qué tal la gimnasia?
Emil: He sacado un «2».4
Adler: ¿Tienes muchos amigos?
Emil: Tengo también amigos malos, siempre me pegan.
Adler: ¿Tú también te peleas?
Emil: De vez en cuando.
Adler: Lo único es no hacer daño a los demás; ¿sabes?, pelearse es como la gimnasia. ¿Te peleas también con tu hermano?
Emil: Tiene 8 años.
Adler: ¡Entonces tú eres el mayor! ¿Es bueno?
Emil: También es malo y se pelea conmigo.
Adler: Parece que él no es tan miedoso. Tienes que procurar salir adelante. Si él a los 8 años sabe portarse como un mayor, ¡tú también tienes que conseguirlo! Vuelve dentro de un mes y cuéntame cómo te va, si ya tienes más coraje y si te portas como un mayor y no ya como un niño de pañales. ¡Pruébalo y luego me cuentas si eres capaz de lograrlo!
(Se despide del niño. Emil se retira.)
Ahora solo es el momento de alentar. Si ahora se le hablara de su defecto, eso no sería un aliento. Si vuelve dentro de un mes y vemos que progresa, entonces se podrá hablar de ello. De la madre y del maestro aquí presente podemos esperar, sin duda, toda la ayuda durante este tiempo.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre el ejemplar digitalizado en Internet Archive (izi_8_1928_5): Alfred Adler, «Ein Fall von Enuresis diurna. Stenographische Aufnahme einer Erziehungsberatung», Internationale Zeitschrift für Individualpsychologie 8 (1930), cuaderno 5 (número especial «Kinder und Eltern»), Leipzig, S. Hirzel, págs. 471-478.
Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Los fragmentos del informe, en tipo menor en el original, se dan como citas; las cursivas son del original. Erziehungsberatung se traduce «orientación educativa»; verzärtelt, «mimado»; Organminderwertigkeit, «inferioridad orgánica»; Ermutigung, «aliento». En los diálogos se ha procurado conservar el tono coloquial vienés del original («Bub», «Courage», «Wickelkind»).
Fleißaufgabe: en Austria, tarea escolar voluntaria que se hace de más para mostrar aplicación; Adler la usa en sentido figurado: el niño impone a la madre un trabajo adicional. (N. del T.) ↩
Hauptschule: en Austria, desde la reforma de 1927, la escuela secundaria elemental (de los 10 a los 14 años) que seguía a los cuatro cursos de la escuela primaria (Volksschule). (N. del T.) ↩
Palabra vienesa (propiamente «chupar, chupetear») para el ceceo o sigmatismo interdental. (N. del T.) ↩
En la escala austriaca de calificaciones, de 1 (la mejor) a 5, un «2» es una buena nota. (N. del T.) ↩