El patrón de vida
Alfred Adler
Edición de W. Béran Wolfe, doctor en medicina
Cosmopolitan Book Corporation Nueva York, MCMXXX
Índice
- Un gesto de todo el cuerpo, 47
- El dominio materno, 64
- El camino del delito, 91
- El niño que quiere mandar, 108
- El miedo a crecer, 133
- El niño rebelde, el niño «malo», 149
- La huelga de hambre, 170
- Seguir al jefe, 193
- El niño demasiado dócil, 208
- Cómo se ponen los cimientos de la neurosis, 228
- Debilidad mental congénita, 244
- La tiranía de la enfermedad, 257
Un gesto de todo el cuerpo
ESTA tarde tenemos el problema de la señorita Flora, cuya queja principal es que desde hace años sufre ataques de pérdida del conocimiento. Vive con su madre, su padre, dos hermanos menores y dos mayores, y dos niños pequeños. Las relaciones en el hogar son muy cordiales, y la paciente, que es la única chica, siempre se ha salido con la suya y ha sido claramente la preferida del padre.
Pues bien, cuando oímos hablar de ataques de pérdida del conocimiento pensamos enseguida en la epilepsia, pero epilepsia es una palabra que se usa con mucha vaguedad para describir enfermedades diversas. El diagnóstico diferencial es a veces sumamente difícil y es asunto exclusivo del médico. Por lo general, las personas que padecen epilepsia se enfrentan a grandes dificultades en su vida, y como estas dificultades se reflejan en su actitud mental, a veces es difícil decidir dónde termina la enfermedad orgánica y dónde empieza su superestructura psíquica. A la epilepsia siempre se la ha llamado enfermedad, porque hasta el presente de los epilépticos se han ocupado los médicos. Es algo bastante parecido a la actitud de los legos ante las neurosis, a las que antes se llamaba siempre histeria.
Hay una serie de síntomas muy significativos para el diagnóstico diferencial entre una epilepsia verdadera y una epilepsia simulada. En un ataque epiléptico real las pupilas están dilatadas y no reaccionan a la luz. Este es uno de los signos más importantes de una epilepsia orgánica. Hasta ahora no se menciona nada parecido a este signo en la historia clínica de Flora. El segundo síntoma importante es la presencia del reflejo de Babinski durante los desmayos. Para explorar el reflejo de Babinski frotamos la planta del pie y comprobamos que el dedo gordo se levanta (hacia el dorso del pie) en lugar de moverse hacia abajo, como cabría esperar normalmente. El reflejo de Babinski significa que se ha producido una lesión en cierta parte del cerebro y que esa lesión impide el paso del impulso nervioso por sus vías habituales. Hay otros síntomas que indican la presencia de una epilepsia verdadera. A veces se encuentran pequeñas hemorragias bajo la piel, sobre todo detrás de la oreja; a menudo el enfermo epiléptico se muerde la lengua durante el ataque, y encontramos que su saliva está teñida de sangre. Con frecuencia, además, el epiléptico se cae y se hace daño durante el ataque. El epiléptico suele tener un fugaz presentimiento de que el ataque va a producirse. Lo llamamos aura, que varía en su forma pero por lo general está presente.
Este conjunto de síntomas, presentes en una epilepsia verdadera, la distingue de otros desmayos de naturaleza histérica, en los que la persona se siente herida, desesperanzada e impotente, y expresa su actitud en un gesto de todo su cuerpo.
El desmayo de un paciente histérico significa: «Soy impotente». El paciente histérico se recupera pronto de su ataque, mientras que al verdadero ataque epiléptico le sigue por lo general un período de somnolencia, dolor de cabeza y malestar, que puede durar varias horas. Uno de los puntos diferenciales importantes entre epilepsia e histeria es que el epiléptico no sabe que se ha desmayado: solo se da cuenta cuando el ataque ha pasado.
Para aumentar nuestras dificultades en el diagnóstico diferencial, la mayoría de los casos de epilepsia van asociados a ciertas deficiencias mentales. Si se ataca a un verdadero epiléptico de tal modo que normalmente respondería con un acceso de ira, puede aumentarse la frecuencia de sus ataques. Las personas epilépticas tienen a menudo mal carácter, y al investigar las familias de los epilépticos casi siempre he encontrado que un miembro de la familia tiene un carácter notablemente malo. El mal carácter debemos interpretarlo como signo de un complejo de inferioridad, y cuando he encontrado niños epilépticos en la familia de un padre irascible, a veces he tenido la impresión de que imitaban las rabietas de su padre.
A veces los ataques epilépticos se complican más tarde con una locura epiléptica, que suele caracterizarse por alucinaciones y una conducta salvaje y cruel. A los epilépticos se los trata por lo común en asilos con sedantes, que los mantienen soñolientos y adormilados la mayor parte del tiempo, y con este tratamiento el número de ataques epilépticos disminuye a menudo, aunque los ataques no cesan del todo.
A pesar de todas las diferencias que existen entre la epilepsia verdadera y los ataques histéricos de pérdida del conocimiento, un diagnóstico exacto es difícil, porque rara vez está presente un médico cuando se produce el ataque para examinar los ojos y explorar el reflejo de Babinski.
Según mi experiencia, los ataques epilépticos solo se producen en ciertas personas predispuestas cuando se encuentran en una situación mala. Creo que esta predisposición consiste en una variación patológica de los vasos sanguíneos del cerebro. Un ataque epiléptico se parece mucho a la imagen de un hombre presa de una rabia tremenda. El epiléptico parece como si quisiera atacar a alguien. Sin duda, una epilepsia se da con la máxima frecuencia en aquellos individuos que tienen a la vez la variación patológica de los vasos sanguíneos cerebrales y la tendencia a los accesos de ira. Por lo general los epilépticos son muy crueles, y en sus sueños viven a menudo brutalidades y peleas. La crueldad desempeña un gran papel en la constitución mental del epiléptico, y aunque encontrarán ustedes individuos epilépticos en apariencia muy amables, dulces y tranquilos, cuando investiguen sus sueños encontrarán cualquier cosa menos benevolencia. No cabe duda de que el alcohol aumenta la frecuencia de los ataques epilépticos, y esto podría demostrarse experimentalmente si no fuera demasiado inhumano. Los epilépticos en quienes el alcohol influye desfavorablemente deben evitarlo en todas sus formas.
En mi experiencia con la epilepsia he encontrado que es aconsejable permitir al paciente epiléptico llevar una vida lo más fácil posible, y mi experiencia ha sido, además, que la situación del paciente puede mejorar si se le enseña a ser más fuerte, más seguro de sí mismo y más tranquilo. En otras palabras, he comprobado que la epilepsia desaparecía cuando el paciente llegaba a estar bien adaptado socialmente, aun en casos en que muchos otros médicos habían corroborado el diagnóstico. No quiero decir con esto que yo sea capaz de curar la epilepsia, pero sí digo que los síntomas de la epilepsia pueden aliviarse a veces y que el paciente puede sentirse mucho mejor si logramos un grado mayor de adaptación social. Y es sin duda cierto que en algunos casos en que la adaptación social ha alcanzado un nivel alto los síntomas epilépticos han desaparecido por completo.
Ahora sigamos con nuestro caso. Hemos sabido que se trata de una hija única en una familia de varones, y he observado que en una familia así la chica es excesivamente consentida y con frecuencia no desarrolla su papel femenino normal. A menudo será muy obediente, pero casi nunca segura de sí e independiente; y se desarrollará de tal manera que los demás siempre tendrán que sostenerla. Lo más probable es que sea incapaz de quedarse sola. Por otra parte, en esta situación se da otro tipo de desarrollo, cuando esa única chica se desarrolla como si fuera un chico, se vuelve muy recia y exagera sus tendencias de muchacho. La historia clínica tiene que mostrar cuál de estos dos caminos ha seguido nuestra paciente.
Sabemos que en toda la familia reina una relación cordial y que la chica siempre se ha salido con la suya y ha sido la preferida de su padre. Podemos esperar, pues, que nuestra paciente muestre los rasgos de una niña mimada que no ha desarrollado suficiente fortaleza de ánimo. Probablemente es muy dulce, tranquila y obediente, y está muy ávida de aprecio. En las notas del caso encuentro esta afirmación:
«Desde su primer ataque duerme con su madre».
He aquí la prueba de que la chica no solo se niega a estar sola, sino de que su primer ataque sirvió para acentuar su dependencia. Este punto me lleva a pensar que la llamada epilepsia es premeditada. Las notas dicen además:
«La vida familiar es muy completa. La salud de la paciente ha sido perfectamente normal y hasta ahora no ha habido ningún signo que indicara una neurosis. Su madre dice que es casi perfecta en todos los sentidos. Ha hecho amigos con facilidad».
La observación de la madre sobre la perfección de Flora corrobora mi idea de que pertenece al primer tipo y es una joven dulce y obediente. Es también bastante seguro que es una niña mimada y que ya es hora de hacerla independiente. Esa independencia sería muy ventajosa para ella; es, de hecho, su única esperanza de curación.
«Sus diversiones son el cine, el teatro y pasear en automóvil. En la escuela hizo un trabajo excelente y se graduó la cuarta de su clase. Trabajaba después de la escuela, y le gustaba su trabajo».
Su expediente escolar muestra quizá que quería ser la preferida en la escuela igual que en casa y que trabajaba bien para ser debidamente apreciada.
«Actualmente trabaja de secretaria y dice que le gusta su trabajo. Cuando iba a la escuela quería ser maestra, pero renunció a su ambición por el esfuerzo adicional que exigía».
También aquí vemos que le falta seguridad en sí misma y que no hará ningún esfuerzo por llegar a ser independiente.
«La paciente tiene ahora veinticinco años, y dicen que es guapa, aunque tiene un ligero estrabismo en un ojo. Le falta una falange del dedo anular, pero pone la mano de tal manera que rara vez se nota».
Sin duda estos defectos han desempeñado un papel importante en su vida, y ella trata de protegerse de sus consecuencias. Se acerca a la vida con una actitud vacilante, como si no confiara mucho en sí misma.
«Es imposible obtener de ella recuerdos tempranos, y se queja de que le cuesta recordar su juventud».
Creo que si yo hubiera intentado obtener sus recuerdos de infancia habría sido capaz de recordar. A algunas personas les cuesta recordar vivencias de la infancia porque creen que tienen que recordar algún episodio horrible anterior a sus doce o trece años. No es en absoluto necesario. Yo suelo preguntar: «¿Recuerda usted sus días de escuela?». El paciente se muestra con frecuencia muy cauto al responder. La elección de los recuerdos de un paciente es una clave importante de su personalidad. Una vez recordados algunos incidentes escolares, el paciente suele recordar ciertas vivencias anteriores a la escuela. A veces aconsejo a mis pacientes que escriban todo lo que puedan recordar de su primera infancia, como si tomaran notas para una autobiografía. Esta paciente, sin embargo, recuerda dos sueños que quizá interese oír.
«“Soñé que me besuqueaba con un chico que trabaja en la farmacia donde almuerzo. También tuve el mismo sueño con mi jefe”».1
Este sueño nos muestra de nuevo que nuestra paciente quiere que la mimen y la agasajen, no solo en casa sino también en el trabajo. Si su jefe la mimara, probablemente no soñaría con ello, de modo que podemos concluir que no es tan amable con ella como ella quisiera. Crea la situación en un sueño: «¿Qué pasaría si él me hiciera mimos? ¿Cómo puedo hacer que me quiera?». Ya ven ustedes que prepara el camino hacia su meta, que es ser amada. Esto, al menos, podemos interpretarlo con seguridad en el sueño. El chico de la farmacia probablemente no se ha besuqueado con ella. Podemos concluir que no se encuentra en la posición en que le gustaría estar, lo cual es un factor importante para nuestra interpretación.
«“Soñé que una marea alcanzaba a la demás gente de la calle. A mí no me tocaba, y yo me limitaba a mirar”».
Este segundo sueño es mucho más significativo, porque muestra la crueldad innata de la paciente, que ve ahogarse a los demás sin ofrecer ayuda. Este sueño significa: «¿Cómo podría crear una situación en la que la demás gente del mundo se ahogara y yo me quedara sola? ¿Qué se sentiría estando completamente sola?». Muy probablemente le gustaría salvar del diluvio a su padre y a su madre, pero no le interesan los demás: los dejaría ahogarse. ¿Por qué habría de querer que perecieran todos los demás? Podemos concluir con seguridad que odia al resto del mundo porque se siente impotente para hacer que la quieran. La única manera de remediar la situación es extinguir a la humanidad entera. Esta idea sugiere un complejo de superioridad, pero sabemos que una superioridad se basa siempre en un complejo de inferioridad. Su sueño es como un acceso de ira. Es como si dijera: «¡Que perezca la gente!».
«Se queja de que su madre no consigue que los nietos le hagan caso, mientras que ella sí puede hacer que los niños, que tienen cinco y siete años, la obedezcan».
Esto nos da un indicio de por qué quería ser maestra. Cree que una maestra está siempre rodeada de niños obedientes, y quiere que le muestren su aprecio obedeciéndola.
«Cree que la familia ha sido demasiado buena con ella y demasiado indulgente».
Este informe muestra que tiene una considerable comprensión de su propia situación, pero una afirmación así no cambia nada, salvo que es valiosa para guardar las apariencias. Sabemos que lo que quiere es tener a todo el mundo sometido a ella: su jefe, el dependiente de la farmacia, los niños y sus padres. Su problema es cómo alcanzar esta meta. De lo contrario, todo su esquema de vida se hace añicos y ella queda impotente.
«El primer ataque de epilepsia se produjo cuando llevaba unos dos años trabajando en la misma oficina. Gritó y cayó al suelo de la oficina, donde trabajaba mucha gente. Se golpeó la cabeza contra el suelo de hormigón, se mordió la lengua y hubo que sujetarla por la fuerza hasta que la llevaron a su casa, donde la atendieron varios médicos y una enfermera titulada. Estuvo muy enferma durante una semana y al mismo tiempo sufrió una intoxicación renal».
Esto suena como si el primer ataque hubiera sido una epilepsia real, pero como al mismo tiempo tenía otra enfermedad, es muy posible que su desmayo no fuera del todo epiléptico. Debemos reservar nuestro juicio e investigar más.
«El siguiente ataque se produjo siete meses después, estando en su propia casa. Se cayó y se quemó gravemente el brazo con unas tenacillas de rizar. Aunque su tía estaba en casa en ese momento, su madre se había ido a pasar la noche fuera, por primera vez desde que nació la niña».
Si este es un caso real de epilepsia, entonces sin duda ha tenido una evolución muy poco común. Porque, por lo general, cuando la epilepsia se diagnostica tan tarde como a los dieciocho años, hay antecedentes de ataques menores que preceden a los ataques mayores. Este caso se produjo demasiado de repente. El primer ataque empezó a los dieciocho años, y la enfermedad se agravó hasta tal punto que la paciente tuvo que dormir con su madre. El siguiente ataque, que llegó siete meses después, coincide curiosamente con el hecho de que su madre pasaba la noche fuera por primera vez desde el nacimiento de la niña. Esto es sin duda notable. La conclusión ineludible es que nuestra paciente quiere dominar a su madre, aunque su dominio se exprese de un modo dulce y amable. El ataque es una manera de decir: «¿Por qué me dejaste sola?». Ya ven ustedes que debemos aprender a entender el lenguaje del cuerpo entero.
Pasaron trece meses antes del siguiente ataque. Durante ese tiempo la paciente tomó luminal y siguió una dieta. Los pacientes suelen quedar bastante débiles a consecuencia de la dieta y del luminal, pero el tratamiento ayuda a sacar adelante al paciente y a veces da buen resultado.
«Desde el último ataque, los ataques de pérdida del conocimiento se han presentado todos los meses en la época de la menstruación. En ese momento los ataques son más violentos. Actualmente se producen casi todas las semanas y los anuncia la paciente llamando a su madre cuando siente que llega el ataque».
Estas son claves importantes sobre la naturaleza de la enfermedad. El comienzo de la menstruación fue un período de gran dificultad para esta chica. Tuvo un ataque de pérdida del conocimiento al comienzo de la menstruación, que probablemente se debió a su deseo de no admitir que era de verdad una chica y no un chico, como preferiría. Cada vez que llega la menstruación la paciente se pone más tensa, y es esta tensión un determinante importante del comienzo de los ataques. Que llame a su madre cuando siente que llega el ataque indica además su finalidad. La historia clínica dice: «Una vez sintió que venía uno y salió a la calle, donde había vecinos cerca». Esto muestra que quería a alguien que sustituyera a su madre cuando esta no estaba.
«Su inteligencia disminuye durante los ataques epilépticos y sus ataques se producen a menudo después de haber tenido una riña».
No sé qué podemos hacer para ayudar a esta paciente, pero nuestro tratamiento se orientará a cambiar todo su estilo de vida y a reconciliarla con su papel femenino. Llegados aquí, sería prudente considerar sus relaciones con su novio, ya que no le gusta ser mujer. Aunque no he leído toda la historia, estoy seguro de que encontraremos alguna expresión del complejo de inferioridad en su vida amorosa. Tendremos que preguntar los detalles a su novio, pero quizá las notas del caso nos ayuden.
«Sale con el mismo chico desde hace ocho años. Está prometida desde hace tres. Nota que los ataques han sido más frecuentes desde su compromiso».
Creo que todos estaremos de acuerdo en que salir ocho años con un mismo chico es demasiado tiempo. Y puesto que ahora sus ataques son más frecuentes, estoy seguro de que sucederá una de dos cosas. O bien su prometido se asustará de su enfermedad y decidirá no casarse con ella, o bien ella insistirá en la fórmula: «Espera a que me cure». Estos ataques la ayudarán a mantener su fórmula. Su meta en la vida es evitar el papel femenino y aplazar toda decisión sobre el matrimonio. Teme que los hombres la dominen, y ha adoptado su fórmula, «Espera a que me cure», como última línea de defensa. Quiere escapar, vacilar.
«Actualmente hay otro chico en escena. Ella quiere al segundo chico, pero siente que debe ser fiel al que ha esperado tanto. El primer chico no sabe nada de su rival, y dice que quiere esperar a que Flora se cure. Ella dice: “Me casaría si no tuviera estos ataques”».
Ahora bien, es una regla que dos chicos son menos que uno, y podemos comprender cómo el estar enamorada de dos hombres aplaza la cuestión de casarse con uno de ellos. Su meta en la vida es escapar al problema del amor, y realiza su meta no solo dividiendo sus intereses amorosos, sino exagerando sus desmayos para demostrar que no es responsable. Pero no deben ustedes creer que estos actos son conscientes o malintencionados. La chica está enferma, y forma parte de su patrón de vida no tener conciencia del verdadero significado de sus ataques. Ya ven qué adecuado es este patrón para alcanzar su meta oculta. El hecho de que quiera ser fiel al chico que ha esperado tanto es quizá un signo de su conciencia escrupulosa, pero lo que debemos hacer en el tratamiento es mostrarle que no es tan escrupulosa como cree. Desconfío un poco del chico que dice que esperará a que ella se cure, y quizá ella lo ha elegido como novio porque se pliega a sus planes y está dispuesto a esperar. Es interesante ver cómo formula su propio estilo de vida en la frase: «Me casaría, si no tuviera estos ataques». Esto demuestra su buena voluntad, desde luego, pero el verdadero significado de la frase solo puede deducirse del aparte dramático que no oímos: «¡Pero los tengo!».
La historia clínica da otros dos puntos importantes.
«En la época del segundo ataque nació un nieto, y la madre de Flora la retuvo en casa la mayor parte del tiempo. También en esa época conoció al primer joven del que se enamoró».
Este segundo ataque es muy dudoso, y es probable que Flora se diera cuenta inconscientemente de que podía conseguir mucho más en casa si estaba enferma.
Entrevista
Flora entra en la sala.
Dr. Adler. Quisiera preguntarle si tenía usted un buen puesto cuando enfermó. ¿Tenía alguna dificultad en la oficina?
Flora. Había pensado varias veces en dejar el puesto. No estaba a gusto allí porque había demasiada gente y demasiado ajetreo.
Dr. Adler. ¿Le gustaban su jefe y las personas con quienes trabajaba?
Flora. Sí, mis compañeros eran muy simpáticos y mi jefe era como la mayoría de los jefes.
Dr. Adler. Tengo entendido que tuvo usted algún trastorno renal, y eso pudo dificultarle el trabajo. ¿La criticó alguna vez su jefe?
Flora. No, nunca me criticó. Yo estaba perfectamente bien.
Dr. Adler. Pero quería usted dejar su empleo.
Flora. Sí.
Dr. Adler. ¿Trabaja usted ahora?
Flora. Sí, de secretaria en una agencia inmobiliaria.
Dr. Adler. ¿Le gusta su nuevo empleo?
Flora. Sí, me gusta mucho más.
Dr. Adler. Me alegro de que haya mejorado de puesto. ¿Puede contarme algo que recuerde de su primera infancia? No hace falta que sea nada muy importante. Quizá pueda recordar lo que le gustaba y lo que no le gustaba.
Flora. Es bastante difícil de decir. Creo que me gustaban los deportes al aire libre.
Dr. Adler. ¿Qué deportes le gustaban más?
Flora. Patinar, deslizarme cuesta abajo en trineo y trepar a los árboles.
Dr. Adler. Debía de ser usted una niña muy valiente.
Flora. Tenía que serlo. Tenía que vérmelas con cuatro hermanos.
Dr. Adler. ¿Y podía usted aguantarlo?
Flora. Creo que siempre me defendí bien.
Dr. Adler. ¿Recuerda haber deseado ser un chico?
Flora. No, no creo haber querido nunca ser un chico, pero siempre jugaba con chicos porque no había chicas con quienes juntarme.
Dr. Adler. Supongo que la criaron como a un chico y que tuvo muchos amigos chicos por sus hermanos.
Flora. Sin duda.
Dr. Adler. Creo que si habla usted con su maestra, que ha traído la historia, ella le dirá por qué se ha vuelto usted tan sensible. Es usted una persona que cae fácilmente en un estado de gran tensión, y tiene estos desmayos para demostrar su debilidad. Solo se producen cuando la han contrariado o criticado. Me parece que tiene usted un poco de miedo al futuro y que no confía bastante en sí misma. Creo también que no quiere decidir las cosas por sí misma y que quiere que la quieran sin ningún esfuerzo por su parte. Comprendo muy bien ese estado de ánimo; pero creo que su salud mejorará si es usted más valiente y si se da cuenta de que no tiene por qué estar siempre compitiendo con sus hermanos. Hay maneras mejores de vivir que estar siempre en una posición de completa impotencia. ¿No le gustaría probar otro camino?
Flora. Sí, claro.
Dr. Adler. Todo el problema es que no es usted lo bastante valiente. Yo le sugeriría que decida asumir toda la responsabilidad de sus propios actos, y estoy seguro de que si da este paso le será de enorme ayuda.
Flora. ¿Quiere decir que si soy valiente puedo curar mis ataques?
Dr. Adler. Sí.
Flora. Bueno, estoy dispuesta a intentar lo que sea.
El dominio materno
ESTA tarde vamos a considerar el caso de Robert, que tiene once años y ocho meses. Su maestra tiene alguna duda sobre si el niño es o no débil mental. El problema de la debilidad mental es sumamente difícil y complicado, y debemos ser muy cuidadosos en nuestro diagnóstico, porque el fracaso o el éxito del paciente como ser humano puede depender por completo de nuestra decisión.
Es razonable esperar que un niño completamente normal de esta edad haya llegado por lo menos al quinto grado, pero las notas del caso dicen:
«El niño va atrasado en la escuela; está en tercer grado y tiene un cociente intelectual muy bajo. En clase es callado y dócil. En el pasado siempre ha sido lento y tímido, y no aprendió a hablar hasta muy tarde».
Parece como si en este caso hubiera de verdad un atraso considerable, pero a veces también los niños normales son lentos y tímidos, sobre todo si son zurdos. Con frecuencia el niño zurdo no es hábil con las manos y, tras haber sufrido una serie de derrotas y fracasos, expresa su exceso de cautela con la lentitud de movimientos. El hecho de que este niño no aprendiera a hablar hasta muy tarde es sospechoso, porque sabemos que es una dificultad frecuente en los niños débiles mentales. Cuando el defecto mental es profundo, no aprenden a hablar en absoluto. Por otra parte, hay también cierto tipo de niño mimado que no habla hasta tarde. En alemán tenemos una palabra especial para este tipo, pero en inglés no existe esa palabra.2 Estos niños oyen, pero no hablan, aunque no son sordomudos. En tales circunstancias es muy difícil determinar si un niño es o no débil mental, sobre todo porque algunos de estos niños resultan más tarde inteligentes y buenos conversadores. Conozco a algunas personas, entre los muertos y entre los vivos, que tras grandes dificultades al principio llegaron a hablar maravillosamente más adelante. En este caso debemos buscar uno de dos patrones: o el de un niño débil mental, o el de un niño mimado. En algunos aspectos los patrones del niño mimado y del niño débil mental son idénticos. Es posible que este niño sea una combinación de ambos, y quizá nos cueste un poco decidir dónde está la verdad.
«El padre es un hombre bajo, grueso y retraído; la madre, una mujer encantadora y atractiva. Hay dos hermanas mayores, de dieciséis y catorce años; no ha habido más hijos. Los padres se llevan bien; no hay riñas, pero la madre domina en el hogar. La madre dice que el padre prefiere a la hija mayor, pero que el niño ha estado más unido a ella».
Ya ven ustedes que tiene cierta ventaja por ser el único varón y el pequeño de la familia. Quizá sea una contradicción, pero no he visto muchos matrimonios felices en los que uno de los dos cónyuges dominara el hogar. Cuando la madre dice que el niño está más unido a ella, no se expresa del todo. Probablemente podría añadir: «Lo he mimado».
«El niño habla de su madre más a menudo que de los otros miembros de la familia. La familia lo llama Buster, un apodo muy poco apropiado porque es lento y atrasado. Las dos chicas van a la escuela secundaria y son muy listas».3
Cuando un hijo de la familia es muy listo, por lo general cabe esperar dificultades con los otros hijos. La superioridad del hijo más inteligente hace que, por contraste, los demás parezcan inferiores, y probablemente esto es lo que ha ocurrido en el caso que nos ocupa. Un niño excesivamente mimado se desalienta con facilidad, y quizá sea este el problema de Robert. Esto nos da un poco de esperanza, porque es más fácil desalentar a un niño inteligente que a un débil mental, y nos permite concluir que el niño tenía más valor antes de ir a la escuela. Quizá, después de todo, no sea un caso de debilidad mental.
«El ingreso en la escuela se obtiene por un examen de competencia, y al niño le pusieron como ejemplo las notas de sus dos hermanas. Su maestra actual ha desaconsejado esto».
Esto corrobora nuestra tesis de manera muy satisfactoria.
«El padre tiene una actitud negativa hacia el niño. Cree que el niño nació así y que siempre será así. La madre dice que a ninguno de los hijos se le pegó nunca. Dice: “Es nuestro único varón, el pequeño, y fue un golpe tan duro descubrir que no era como los otros”».
La desesperanza del padre es desalentadora, porque muy a menudo un niño se desarrolla según la opinión que su padre tiene de él. Precisamente por eso será nuestro deber alentar al niño y hacerle sentir que hay esperanza de que se desarrolle con normalidad. El hecho de que el niño haya avanzado hasta el tercer grado en la escuela pública me lleva a pensar que no es un caso desesperado.
Supongamos que intentamos pensar en Robert como si fuera solo un niño difícil, dejando por completo de lado la cuestión de su debilidad mental. Encontramos que su posición en la familia ha sido muy limitada: por una parte, está demasiado unido a su madre y depende de ella para apoyarse; por otra, no puede competir con las dos chicas mayores, que son más listas que él. Como no es valiente, no lucha: permanece callado, como hemos oído. Difícilmente podemos esperar que un niño así se desarrolle muy bien. Podrían ustedes compararlo, por ejemplo, con tres árboles que crecen en un lugar estrecho: si dos de los árboles han vencido las dificultades y se han hecho fuertes, el tercero no puede crecer libremente. Lo mismo vale para los niños. En esta familia las chicas han ocupado todo el espacio disponible, y el niño se ha visto obligado a situar su meta en el nivel inferior: no seguir adelante. Así podemos explicar todo su patrón de desarrollo.
«Las chicas se llevan muy bien entre sí. El niño habla más a menudo de la mayor, que lo lleva de paseo y al cine. Dice que la menor se burla de él, y él se burla de ella en represalia».
La hija menor y el niño muestran los extremos de la situación. La hija menor es activa y agresiva, y aunque no se dice mucho de ella, es casi seguro que se esfuerza por ser la primera de la familia; en cambio el niño, desalentado, ha abandonado sus esfuerzos y se contenta con quedarse atrás. El hecho de que el niño y la hija menor se burlen el uno del otro revela su competencia. Ella tiene catorce años y él casi doce. Esto significa que ella tenía dos años y medio cuando él nació. Se sintió destronada por su presencia, y su ataque se dirigió contra él con tanto éxito que él no intentó competir.
«La situación económica de la familia es aceptable. La madre lleva la casa, mientras que el padre dirige una tienda de comestibles del barrio, en la que tiene participación. Las chicas van bien vestidas y no trabajan en su tiempo libre. Hay cinco habitaciones y cinco camas individuales; cada miembro de la familia duerme solo. El niño duerme con la cara vuelta hacia la pared y a veces se acurruca».
He investigado algo esta cuestión de las posturas al dormir, y he encontrado que puede descubrirse mucho observando cómo duerme la gente por la noche. La postura del niño al dormir parece decir: «No soy valiente. No quiero ver nada». Cuando se acurruca, significa que le gustaría desaparecer, o enrollarse como una bola igual que un erizo, para no ofrecer ningún flanco al enemigo.
«El padre duerme en la misma habitación que el niño, y la madre dice que a veces tiene que acostarse con el niño y calmarlo hasta que se duerme».
Este último punto es importante porque muestra que el niño es muy miedoso y exige que su madre lo sostenga en su timidez. No quiere funcionar como un ser independiente, y regula su conducta para obligar a su madre a prestarle atención. Pongan a este niño en una situación en que no esté con ella, como un aula de la escuela, y se desalienta. En cierto modo, vuelve la espalda y cierra los ojos de una manera que simboliza su postura al dormir. Es evidente que no quiere verse enfrentado a ningún problema.
«La madre admite que durmió con el niño hasta que era mucho mayor de lo que lo fueron los otros hijos. Los padres son de origen italiano, pero el padre no impone limitaciones a la madre ni a las chicas, como es corriente en algunas familias italianas. La madre dice: “En casa mando yo por completo. A veces mi marido me dice que no debería salir, porque estoy demasiado cansada, porque como todos los hombres no quiere que salga, pero no lo dice con esas palabras”».
La confesión de la madre prueba que a Robert se le ha consentido más que a sus hermanas, cosa que ya sospechábamos. Además, el padre no menosprecia a las mujeres y no ha intentado someter a su dominante esposa.
«La historia física del niño es la siguiente: la madre estuvo doce horas de parto cuando él nació, pero no se usaron instrumentos. Hubo cierta dificultad en el parto y durante el nacimiento la cara del niño se puso muy azul. Pesó doce libras al nacer».
Este punto del parto difícil no es tan importante como podría creerse. Probablemente el niño tenía una cabeza grande. Es muy corriente que los niños tengan al nacer la cabeza más grande que las niñas.
«La madre dice que no era un bebé bonito y que al nacer tenía la piel amarilla. A los dos meses le salió un sarpullido que le duró hasta los quince meses. Sostuvo pronto la cabeza y se sentó a los seis meses. El primer diente le salió a los ocho meses, y entonces se le destetó. Hubo bastantes problemas con la alimentación, y hasta que se encontró una fórmula adecuada tuvo los intestinos inflamados. A los nueve meses empezó a tomar alimentos sólidos. A los quince meses la madre empezó a enseñarle a no mojarse, y a los dos años controlaba por completo la vejiga. De pequeño se le dio un poco de aceite de hígado de bacalao. La madre notó que algo no iba bien cuando él se hacía cada vez más grande pero no hablaba. Echó a andar a los dos años».
Solo el médico que estuvo presente en el parto puede darnos la información adecuada sobre la piel amarilla y el sarpullido temprano. Es de suponer que de pequeño tuvo raquitismo, si no aprendió a andar hasta los dos años.
«Se comunicaba con gestos y unos pocos sonidos que la familia entendía, y que la madre era quien mejor entendía».
Es muy desafortunado que la madre entendiera estos gestos del niño. Como hablar era innecesario, no es de extrañar que tuviera poco deseo de desarrollar el habla.
«No hay ningún defecto de audición. El médico le dijo a la madre que no se preocupara por el niño, sino que lo dejara tranquilo, porque algún día “le caería la venda de los ojos”. El niño empezó a hablar a los cinco años. Le han quitado las vegetaciones y las amígdalas. Nunca ha estado enfermo y come de todo».
No es raro que los niños a quienes se les han satisfecho todos los caprichos no hablen hasta pasados los cuatro años. Por otra parte, es habitual oír que estos niños tienen muchas manías con la comida o que mojan la cama. Como nuestro paciente no hace estas cosas, podemos concluir que ha mantenido con su madre una situación tan favorable que no siente necesidad de mejorarla.
«Desde hace dos años lleva gafas para corregir un defecto de la vista (20/70). Aprendió a vestirse solo hace aproximadamente un año y medio. Hay que estar urgiéndole constantemente a que se vista, porque se entretiene mucho, y tarda bastante en averiguar qué zapato va en cada pie. Es más grande y pesa más que la mayoría de los niños de su edad (mide cinco pies y pesa cien libras)».
Que no aprendiera a vestirse solo hasta los diez años es signo seguro de que lo han mimado mucho. No le interesa mucho vestirse solo, porque quiere que su madre lo ayude. El hecho de que sea más grande que los niños de su edad puede ser síntoma de una enfermedad de la hipófisis, pero, por otra parte, puede ser simplemente signo de que es un niño sano y de que su madre lo ha alimentado bien.
«Escribe con la mano derecha, pero todo lo demás lo hace con la izquierda».
Este es un punto muy importante, porque nos asegura que es un niño zurdo de nacimiento que se ha visto enfrentado y desalentado por los problemas de adaptarse a un mundo de diestros.
«El niño siempre ha estado más unido a su madre y a su hermana mayor. Rara vez menciona a su padre».
Es una situación frecuente entre los niños mimados, que pasan la mayor parte del tiempo con su madre, que el padre no pueda competir con la madre. Este padre ha cometido de verdad un gran error, sobre todo al desesperar del niño. Estoy seguro de que la hermana mayor podría ganarse a nuestro paciente, pero su reconciliación con el padre es un problema más difícil. Mientras la madre esté presente, el niño se volverá siempre hacia ella. El padre debería llevarse al niño de viaje, hacérselo pasar bien y convertirse en su «compinche». En algún momento debería confesar a Robert que se equivocaba en su opinión sobre su inteligencia. Nuestro tratamiento debería empezar por la reconciliación del niño con su padre.
«La madre lo manda a hacer recados, y a él le gusta ir y habla de ello. Si ella quiere dos o más cosas de la tienda, tiene que escribírselas en un papel. Desde que se empezó este informe, el tendero sugirió a la madre que no le diera el papel, y se ha notado una mejoría».
Difícilmente podemos esperar que un niño que no está acostumbrado a desenvolverse solo recuerde dos o más cosas cuando lo mandan a la tienda. El tendero, sin embargo, comprende al niño y tiene una buena visión de su situación. Hay muchos legos que tienen esa comprensión. El hecho de que se haya notado una mejoría, más aún, de que haya posibilidades de mejoría, es muy buena señal. Nos lleva a pensar que la mayoría de los graves errores que encontramos pueden evitarse.
«A veces la madre lo sorprende hablando con un niño imaginario y contestando por él. Por lo general es con un chico con quien habla. Entonces habla a lo bruto, como un chico de la calle. Se le anima la cara y parece que está peleando».
Muchos niños juegan a este juego de hablar con un niño ficticio, y es muy interesante que este niño, que durante tanto tiempo no pudo hablar, se entrene ahora a hablar no solo por sí mismo, sino también por otro niño. Robert podría incluso llegar a ser escritor o dramaturgo. Los niños zurdos tienen a menudo inclinaciones artísticas. Podemos inferir también de su juego, y del hecho de que riña con sus hermanas, que anhela la compañía de un chico. Probablemente ha desarrollado ya cierto miedo a las mujeres y una sobrevaloración de su poder, sobre todo si su madre es una mujer dominante. Evidentemente tiene una imaginación viva, cosa muy corriente en los niños tímidos. Es fácil ser heroico, galante y valiente en un sueño diurno. En realidad es un cobarde, y sin embargo le duele creerlo, y por eso en su imaginación hace como si fuera un conquistador. Lo que tenemos que hacer es mostrarle el camino para ser valiente en la realidad.
«No juega con los chicos de la calle. Dice: “Los chicos de la calle no quieren jugar a mi manera; siempre están peleando y a mí no me gusta pelear”. A veces tiene ataques de risa silenciosa, que la madre teme. Unas veces son más fuertes, y luego casi desaparecen».
No juega con los chicos de la calle porque es tímido, mientras que los ataques de risa que la madre teme son instrumentos con los que puede debilitar el dominio de ella. Probablemente son más violentos cuando ella no le cede o no lo consiente lo suficiente.
«A veces, dormido, se sienta en la cama, habla solo de cosas diversas, luego vuelve a acostarse tranquilamente y duerme sin que nadie intervenga».
Muchos niños gritan por la noche para que acuda su madre. A este niño le basta con hacerle a su madre una insinuación.
«En la escuela intenta hacer amigos, pero se desalienta con facilidad. Los niños no lo evitan ni le ponen motes. Aunque ha tenido muchos maestros, solo recuerda el nombre de dos de los anteriores».
Si un niño mimado no hace amigos con facilidad, pronto deja de intentarlo. En cuanto a su memoria, no recuerda los nombres de sus maestros porque no le gustaban. No se trata tanto de falta de memoria como de deseo de olvidar.
«Solo recientemente ha empezado a hablar con los niños que le rodean en la escuela. Entró en la escuela a los seis años, pasó dos semestres en 1A, tres en 1B, dos en 2A, dos en 2B, uno en 3A, dos en 3B, y ahora está en 3B por segunda vez».4
El hecho de que no hable con otros niños muestra de nuevo lo aislado que está nuestro paciente. Sin embargo, empieza a mejorar. Es una suerte que empezara la escuela a los seis años y no más tarde. Su constante repetición de cursos no es lo más adecuado para alentarlo, y podemos comprender que no le interese mucho la escuela. Será nuestro deber darle esperanza. Una manera de hacerlo es darle algunas buenas notas en la escuela, aunque su trabajo no sea excelente. Esta política no es tan errónea como parece. Tiene poco sentido desalentar a este niño dándole malas notas, y mi recomendación es no darle ninguna nota hasta que haya hecho algún progreso. Podría ser conveniente darle en la escuela tareas más fáciles, que la maestra esté convencida de que puede realizar. Ella debería averiguar sus intereses especiales y alentarlo a trabajar en esa dirección. Es tarea de la maestra mostrarle que de verdad puede ser un alumno que vale la pena. Sé que es muy difícil hacerlo en las escuelas públicas, y sé que puede objetarse que los otros niños creerán que se prefiere a Robert. Mi respuesta a esto es que hay que desarrollar un sentimiento que permita a toda la clase ayudar a la maestra a tratar al niño. A nuestro paciente le ayudará que los demás alumnos cooperen en ayudarlo.
«Su letra es la de un niño de 7.º grado».
He aquí un campo en el que va adelantado. Ha entrenado sus manos. Es una compensación de su deficiencia como niño zurdo. Sin embargo, el niño está desalentado a pesar de haber vencido esta desventaja concreta. Muchas personas prefieren dejarse influir por sus derrotas antes que por sus éxitos, y en el patrón de un niño tímido la derrota se valora a menudo más que el éxito.
«Dibuja mal».
A pesar de esta afirmación, creo que Robert podría desarrollar una facilidad considerable para el dibujo o el diseño si se despertara su interés. Sería una de las compensaciones de su mala vista. La maestra dice que lleva gafas en la escuela, pero quizá no ha entrenado la vista porque no le gusta llevarlas.
«Va muy atrasado en lectura».
Es bien sabido que algunos niños zurdos son lentos en la lectura porque tienden a invertir las letras de la palabra. Quizá Robert pertenezca a este tipo de zurdo. Una de mis alumnas, la doctora Alice Friedman, descubrió que los niños zurdos invierten y trastocan las letras de las palabras cuando leen. Los movimientos de izquierda a derecha son normales para los diestros, mientras que los zurdos se mueven con más facilidad de derecha a izquierda, y esta tendencia fundamental impregna toda la psique. Un niño zurdo cuya peculiaridad no se reconoce sufre una serie de fracasos en la escuela y acaba por perder el interés, porque no puede competir en lectura con los niños diestros. No es de extrañar que su progreso se detenga, pues sus desdichas en la lectura y el dibujo se proyectan sobre todos los problemas que tiene que afrontar. Si encontramos que Robert padece la dificultad de lectura asociada a la condición de zurdo, debemos tratar de corregir su aprendizaje.
Hay una serie de signos que nos ayudarán. Si trastoca las letras de una palabra al deletrear, o si se le pide que dibuje un animal y lo dibuja moviéndose de derecha a izquierda, o si pone el pulgar izquierdo encima cuando junta las manos, hay una presunción de que es zurdo.
«En ortografía tiene tres trucos. Sabe la palabra; sabe la palabra e invierte dos letras; o no sabe la palabra y casi invariablemente la empieza por “e”. La maestra atribuye los dos últimos a su condición de zurdo».
Creo que esto es solo un síntoma de su desesperación: no sabe cómo seguir.
«En marzo de 1926 lo examinó el inspector de las clases especiales.5 Tenía entonces ocho años y alcanzó una edad mental de cuatro años y seis meses».
Es fácil ver cómo pudo crecer la sospecha de que este niño es débil mental, pero los tests de inteligencia no son definitivos y no deben detener nuestro diagnóstico. Sabemos que un niño excesivamente mimado está tan asustado por sus derrotas en la escuela que no se concentra al hacer el test, y los resultados no son fiables. El cociente intelectual bajo encaja en el patrón de un niño mimado igual de bien que en el de un niño débil mental. Los tests psicológicos solo son valiosos cuando coinciden con todos nuestros demás hallazgos, pero en este caso los fracasos del niño se deben a su deseo de que su madre lo sostenga y a su profundo desaliento.
«Su cociente intelectual según el test de Stanford-Binet era de 52, la edad basal 3 y el límite superior 7. Su rendimiento en lectura según el Haggerty Reading Test es el de un niño de 1A. Su rendimiento en aritmética según el Woody-McCall Mixed Fundamental Test es el de un niño de 1A. El niño es muy atractivo y agradable y coopera bien en el test».
La última frase nos da otra razón de que lo hayan mimado y muestra también que es lo bastante inteligente para sacar partido de su atractivo.
«Su tiempo de reacción es rápido, y su atención buena. Solía repetir la última palabra que había dicho, pero la maestra actual no encuentra que lo haga».
La repetición de palabras es signo de inseguridad y un intento de ganar tiempo vacilando y tartamudeando. Muy probablemente su maestra actual no encuentra este defecto porque no lo presiona tanto y él no le tiene miedo.
«El niño está gravemente atrasado en su desarrollo mental y no distingue colores ni formas. (En esa época no tenía gafas)».
No cabe duda de que hay una inferioridad orgánica del ojo, y puede que además sea daltónico. El hecho de que no distinga las formas indica falta de un aprendizaje adecuado.
«Su memoria para las cifras equivale a la de un niño de cuatro años, y su memoria para los pensamientos, a la de un niño de tres».
Esta información parece de verdad desalentadora, pero sabemos que personas adultas inteligentes sometidas a una fuerte tensión pueden ser incapaces de contar, y las emociones y actitudes de Robert durante el examen son factores importantes para decidir qué valor tiene.
«Se le recomendó para las clases especiales, pero como su madre no quiso consentirlo, se le puso con los demás niños en la clase de progreso lento. Dice que no tiene sueños».
Si no tiene sueños, es signo de que está enteramente satisfecho con su situación actual, de que ha llegado a su meta de ser plenamente consentido y de que el mundo no le plantea ningún problema. Ha alcanzado la seguridad en casa y en la escuela, y ya no se esfuerza.
«Al principio dice que no tiene recuerdos de infancia, pero afirma: “Una niña me dejaba montar en su bicicleta”. Esto ocurrió hace poco, pero habla de ello como si hubiera ocurrido hace mucho tiempo».
Este recuerdo encaja en su patrón: quiere que todo el mundo sea su servidor.
«Ambición: en una ocasión quería ser lo bastante grande para hacer él solo la ortografía; en otra quería barrer la tienda de su padre».
Si expresó la primera ambición por iniciativa propia, es buena señal de que comprende sus deficiencias y espera superarlas en el futuro, mientras que la segunda ambición muestra que quiere que también su padre lo quiera.
«Otra ambición es ser lo bastante grande para andar jugando por la calle; no quiere trabajar para ganar dinero. Si se le conceden tres deseos, elige: ser grande, ser fuerte, aprenderse las lecciones. Los dos primeros salieron de manera muy espontánea».
Encontramos de nuevo una nota de desaliento en su deseo de evitar el trabajo. En cuanto a sus ambiciones, creo que las dos primeras son el deseo de todo chico, sobre todo en América, donde el deporte desempeña un papel tan importante. Que quiera aprenderse las lecciones muestra dónde está el problema.
«Si se le da a elegir entre quedarse en casa leyendo un libro o salir a la calle, elige lo segundo. La maestra cree que se trata de un hijo menor desalentado, en desventaja por la torpeza de su gran tamaño y por ser zurdo. A los padres se les ha dicho que le den responsabilidades, que se fijen en sus actividades útiles y que eviten elogiar a sus hermanas en su presencia. La maestra le ha dado responsabilidades en el aula, como repartir el papel y ventilar la clase. Está atento a la señal. Al principio mostraba poco juicio en la cantidad de papel que cogía, pero se ha notado una mejoría».
La maestra ha elegido el mejor camino para ayudar a este niño, y yo no podría recomendar otro mejor. Me gustaría explicar a este niño que se han cometido algunos errores en su educación. Quiero alentarlo a creer que puede elevarse al nivel de sus hermanas, y explicarle que no ha tenido éxito porque ha dependido demasiado de su madre y ha perdido la confianza en sí mismo. Debemos asegurarle que tendrá éxito aunque no llegue enseguida. Podemos usar la analogía de aprender a nadar, en la que todos los movimientos iniciales son erróneos; de lo contrario uno sabría nadar desde el principio. No se puede nadar enseguida, pero al final se aprende. Debemos plantearle la cuestión al niño en términos que pueda entender.
El niño debe comprender también que tiene que establecer mejores contactos con sus compañeros de juego. Yo lo pondría en un grupo o en un club después de las horas de escuela, para que estuviera más con extraños y menos con su madre. Debemos explicarle las dificultades específicas que tiene con la lectura y reeducarlo para que lea correctamente. Si logramos sacarlo de su desesperanza, mejorará. Los últimos puntos de la historia clínica muestran que ya está en el buen camino, y estoy seguro de que la maestra notará una mejoría. Además, debemos hablar con la madre y explicarle que es un niño inteligente, pero que solo podrá disfrutar de su inteligencia si lo hace independiente. Las dificultades de este caso dejan claro por qué los niños mimados aportan el mayor porcentaje de niños difíciles.
Entrevista
Entra la madre.
Dr. Adler. Quisiéramos hablarle de Robert. Creemos que es un niño inteligente y que sus dificultades se deben en gran parte a que no ve ninguna necesidad de actuar por su cuenta mientras usted le resuelva los problemas. Usted puede corregir la situación. Tiene que hacerlo más independiente, ponerlo entre niños extraños y dejar que viva más entre sus compañeros de juego. Que se apunte a un club o a un grupo de juego en su tiempo libre. No le conviene a Robert estar tanto con usted, porque sabe cómo influir en usted y siempre sabe qué esperar de usted. Creemos también que el niño es zurdo y que esta condición de zurdo es la causa de buena parte de sus problemas, sobre todo en lectura y ortografía. Si se le enseña correctamente, puede aprender a leer y a escribir sin faltas tan bien como cualquier otro niño, pero ahora está desalentado y se niega a seguir porque ha fracasado muchas veces. Tiene usted que dejar que se lave y se vista solo, y no le regañe si se equivoca. También convendría que este niño estuviera más unido a su padre. Debería usted decirle a su marido que le dé una oportunidad a Robert. Convendría que el padre se lo llevara unos días de viaje y lo hiciera su camarada. Hay que decirle al niño con todas las letras que su padre cree en su éxito. En mi opinión es un niño normal, y si usted me lo permite, voy a hablar ahora con él para ver si puedo influir en él para que sea más independiente.
La madre. Sé que se va a asustar mucho. Yo misma estoy asustada, porque no esperaba ver tanto público.
Se llama al niño. Cuando entra en la sala, la madre dice: «Ven, Buster», y él va derecho hacia su madre y la rodea con los brazos.
Dr. Adler. ¿Tienes que proteger a tu madre? No creo que se vaya a caer. Creo que puede tenerse en pie ella sola. ¿Te gustaría que tu madre te sostuviera todo el tiempo o ser un hombre hecho y derecho?
Robert. Un hombre hecho y derecho.
Dr. Adler. ¿Prefieres trabajar solo o prefieres que otros trabajen por ti?
Robert. Me gustaría que mi madre trabajara por mí.
Dr. Adler. Está muy bien que quieras a tu madre, pero no puedes esperar que lo haga todo por ti. Serías más feliz si hicieras más cosas tú solo. Tienes que empezar a hacer cosas solo. Otros niños empiezan muy pronto, y tú has tenido algunos problemas porque has empezado tarde. Pero puedes ayudarte a ti mismo si empiezas enseguida a hacerlo todo solo: lavarte los dientes, lavarte y vestirte tú solo. No dejes que tu madre se meta. ¿No sería mucho mejor que pudieras hacer las cosas tú solo? ¿Has aprendido a nadar?
Robert. Sí.
Dr. Adler. ¿No te acuerdas de que al principio costaba mucho? Seguro que tardaste algún tiempo en aprender a nadar tan bien como nadas ahora. Todo lo que se hace cuesta al principio, pero al cabo de un tiempo se consigue. Si puedes aprender a nadar, también puedes aprender a leer y a hacer las cuentas, pero tienes que insistir, tener paciencia y no esperar siempre que tu madre lo haga por ti. Estoy seguro de que puedes hacerlo. No te preocupes porque otros lo hagan mejor que tú. Tu maestra me dice que últimamente has mejorado algo. Eso es estupendo. ¿Te gustaría tener amigos con quienes jugar? ¿Te gustaría apuntarte a un club?
Robert. Estaría muy bien.
Dr. Adler. Te buscaremos un club divertido, donde puedas jugar y hablar y demostrar lo independiente que eres. Creo que también estaría bien que hicieras un viaje con tu padre.
Robert sale de la sala con su madre.
Discusión en la clase:
Estudiante. ¿Debemos enseñar a un zurdo a escribir con la mano derecha?
Dr. Adler. Creo que es bueno hacerlo por dos razones. En primer lugar, toda nuestra civilización es diestra. En segundo lugar, si una persona usa siempre la mano izquierda, llama la atención. Tiende a creer que es diferente o desigual. Sin duda habrán visto ustedes estadísticas bastante poco halagüeñas sobre los zurdos, pero mis estadísticas muestran que muchos de ellos tienen talento artístico, sobre todo cuando han entrenado la débil mano derecha. Hay una superstición según la cual si se enseña a un niño zurdo a usar la mano derecha se volverá tartamudo. No debemos tomarnos en serio esta superstición. Desde luego, cuando el aprendizaje se hace de manera equivocada, y al niño se le reprocha y se le humilla, puede mostrar su inadaptación tartamudeando. Considero muy importante que el maestro sepa si un niño es esencialmente zurdo o diestro, porque si un niño zurdo trabaja con dificultades, sabemos que se están cometiendo con él errores cuyos efectos pueden durar años.
Estudiante. ¿Qué haría usted en el caso de un niño de diez años, a punto de pasar a la junior high, que usa las dos manos y es muy precoz? Cuando intenta escribir con la mano derecha se pone nervioso; llora y dice que no lo hará.6
Dr. Adler. Eso es porque se le ha enseñado mal.
Estudiante. Toca muy bien el piano.
Dr. Adler. Podría usted aprovechar su interés por el piano para entrenar la mano derecha. Esto debería hacerlo alguien que no esté implicado personalmente, que pueda hablar con el niño solo desde un punto de vista científico. Ya ve usted que tocando el piano puede ejercitar las dos manos.
Estudiante. ¿Recomendaría usted los trabajos manuales para un niño zurdo?
Dr. Adler. Sí, sin duda. Ya saben que muchos jugadores de béisbol y boxeadores zurdos se entrenan hasta ser mucho más rápidos con la derecha que con la izquierda. El éxito llega siempre a quienes luchan por él, y esto es especialmente cierto de los zurdos en las artes. Pero volvamos a nuestro caso. Vemos que el mayor problema de Robert es su trabajo escolar. ¿Recuerdan cómo entró en la sala y se agarró enseguida a su madre? Esto es característico de toda su vida: quiere que su madre lo sostenga. Verán cómo mejora en poco tiempo si sigue nuestras instrucciones.
Estudiante. ¿Aconsejaría usted el castigo corporal para un niño así, en alguna circunstancia?
Dr. Adler. Deberían estar convencidos de que estoy completamente en contra de todo castigo corporal. El método que uso consiste en conocer las circunstancias de la primera infancia, explicar y persuadir. ¿Qué resultado podría conseguirse pegando a un niño así? No tenemos ninguna justificación para pegar a un niño porque fracase en la escuela. No sabe leer porque no se le ha enseñado bien, y los azotes no mejorarían el aprendizaje. El único resultado sería que el niño se resignaría a que le pegaran por sus fracasos y empezaría a hacer novillos para escapar de una situación desagradable. Miren los azotes desde el punto de vista del niño y verán que solo aumentan la dificultad. De paso, permítanme decir que solo pegan a los niños quienes no saben qué otra cosa hacer con ellos.
El camino del delito
EL caso que tenemos esta noche es el de un niño de ocho años. Las primeras notas de la historia clínica son las siguientes:
«Carl T., de ocho años y dos meses, clase 2B, C.I. 98, cuyo problema actual es que miente a su familia, a su maestra y a otros niños. Ha cometido algunos robos, y miente y roba desde los cinco años. Antes no había ningún problema.»
Como el cociente intelectual de Carl, 98, es el normal, podemos concluir sin riesgo que no es un niño débil mental. La mentira es un signo de la inseguridad y la debilidad del niño. Cuando sabemos de un niño que miente, conviene averiguar desde el principio si dice mentiras jactanciosas o si hay en su entorno alguien a quien teme. Quizá el niño desea evitar el castigo, la reprimenda y la humillación.
Se dice en la historia clínica que ha mentido y robado desde los cinco años, pero que antes no era un niño difícil. Si esta observación es correcta, podemos suponer que en el quinto año de su vida se produjo una crisis. Es probable que tenga un complejo de inferioridad y que esté más interesado en sí mismo que en ningún otro. Roba, lo cual significa que se siente humillado e intenta aumentar su autoestima de una manera inútil.
«La madre contó a la maestra, en confianza, que nunca estuvo casada con el padre del niño. Su madre murió cuando ella era muy pequeña, y a los dieciséis años la sedujo un amigo de su padre, al que nunca volvió a ver y que nunca supo que ella había dado a luz un niño.»
Suele ser muy difícil desarrollar el sentimiento de comunidad en un niño ilegítimo. En nuestra civilización actual la ilegitimidad se considera una deshonra, y un niño con estos antecedentes se ve puesto a la defensiva. Carl se ha criado en una situación difícil. Un gran porcentaje de los hijos ilegítimos acaban siendo delincuentes, borrachos, pervertidos sexuales, etc., porque han estado gravemente en desventaja y les atraen formas ilícitas de conducta que parecen prometer un atajo hacia la felicidad. En este caso el padre ha estado ausente, y al niño le ha faltado otra oportunidad normal más para desarrollar el sentimiento de comunidad.
«Cuando tenía cinco años, su madre se casó. El padrastro tiene una hija propia, una niña dos años mayor que Carl.»
Los problemas de Carl empezaron en su quinto año, cuando su madre se casó. Probablemente sintió que la única persona con la que había establecido un contacto social adecuado le era arrebatada por el marido de su madre. Podemos suponer que llegó a la conclusión: «Nadie se interesa por mí». La llegada de una hermana a la familia añadió un factor más de complicación, porque probablemente su madre tuvo que ocuparse también de esa niña. Quizá esta niña estaba bien desarrollada, era querida por su padre y se portaba bien, lo que agravaba aún más la dificultad para Carl. Al fin y al cabo, solo tenía cinco años, y su experiencia anterior no había sido de las que desarrollan valor y fuerza suficientes para afrontar esta situación nueva. Así se convirtió en un niño difícil.
«Ahora hay otros dos niños, una hermana de dos años y medio y un hermano de año y medio.»
Estos otros dos niños estrechan todavía más su posición. Con toda probabilidad, su patrón se ha formado de tal manera que cree de verdad que sus padres prefieren a los demás.
«Hasta los dos años vivió con su madre. Luego la madre se puso a trabajar en una guardería infantil, y durante tres meses él estuvo en una granja-guardería en Connecticut. En la granja era desgraciado, y volvió a casa tan asustado que huía de todo el mundo.»
Durante los dos años que estuvo con su madre, Carl probablemente solo se interesaba por ella. Es evidente que sus experiencias en la granja no favorecieron el desarrollo de su escaso sentimiento de comunidad.
«Estuvo con su madre seis meses, hasta que ella entró a trabajar en casa de un médico cuyos hijos cuidaba. Carl fue puesto a pensión en una casa cercana, y su madre lo veía a diario. Allí era muy feliz, y se quedó en aquella casa hasta que su madre se casó, cuando él tenía cinco años. Los dos padres son miembros del Ejército de Salvación, y el padre toca en la banda del Ejército de Salvación.»
Carl solo era feliz cuando estaba cerca de su madre. La ocupación de los padres indica que probablemente son bastante pobres.
«La madre lloró la primera vez que la maestra se entrevistó con ella, y dijo: “No sé qué hacer con Carl”.»
Sabemos que es muy malo para un niño que sus padres estén desalentados respecto de él. El niño se siente entonces justificado para perder él mismo toda esperanza, y cuando un niño no tiene esperanza se pierden los últimos vestigios de su sentimiento de comunidad.
«El padre le pega con un suavizador de navaja cuando se porta mal. Va a la escuela dominical con regularidad, y la semana pasada asistió a una escuela dominical nueva. Le dieron quince centavos, diez para el tranvía y cinco para la colecta. Cuando se hubo marchado, su madre se preguntó si habría tomado el tranvía correcto y fue a la esquina a buscarlo. Lo vio salir de una confitería, donde había gastado diez centavos en caramelos.»
Son datos importantes, porque hemos encontrado en el entorno a la persona severa cuya existencia suponíamos. La confitería es una compensación sencilla para un niño que se siente discriminado. Un niño así no tiene muchas maneras de compensarse, y la confitería es una de las más comunes.
«Hace poco vino a la escuela trayendo a la maestra una caja de caramelos.»
Por el hecho de que intenta sobornar a su maestra para que lo quiera, podemos concluir que fue en otro tiempo un niño mimado y recuerda el placer de que le consientan.
«Llevaba cuatro dólares y medio, que dijo que eran de su madre. Era el cambio que le habían dado en la confitería. La maestra puso el dinero en un sobre y se lo guardó hasta la hora de salida. Entonces se lo devolvió, insistiéndole en que tenía que devolver el dinero a su madre. Cuando Carl volvió a la escuela a la una y se le preguntó si había devuelto el dinero, contestó: “Sí”.»
Ningún niño en tal situación respondería negativamente. No podemos esperar que un niño confiese que ha robado.
«Poco después la maestra notó que muchos de sus compañeros de clase tenían juguetes nuevos, y algunos de ellos dinero que habían recibido de Carl.»
Quiere sobornar a sus compañeros de juego lo mismo que a su maestra, y hemos de concluir que siente una falta de cariño y de aprecio. No es de extrañar que se porte mal, que sea un niño difícil y que se le trate como a un paria; pero hemos de darnos cuenta de que para Carl todo esto confirma la tesis central de su vida: «Prefieren a los demás».
«La maestra dijo que se mandó llamar a su madre y que, tras muchas mentiras sobre de dónde había sacado el dinero, el niño acabó confesando que se lo había quitado a una tía que estaba de visita en su casa.»
En casos de este tipo la maestra ha de ser muy discreta en su investigación. Fue prudente hablar primero con la madre y no dejar que los demás niños se enteraran del robo.
«Carl fue un niño normal y sano hasta los dos años, pero desde entonces ha sido más bien débil. Pide salir del aula muchas veces al día. La madre lo ha hecho examinar por un médico, pero no tiene ninguna afección de los riñones. Se masturba con frecuencia en la escuela.»
Estos hechos indican además que Carl desea atraer la atención de su maestra en el aula. Cuando no puede conseguirlo sobornando a sus maestros y compañeros, lo consigue masturbándose.
«Moja la cama todas las noches de su vida.»
Si esto es cierto, podemos estar seguros de que la madre no ha cumplido correctamente su función de enseñarle a ser limpio.
«Se le privó del postre, pero no tuvo ningún efecto sobre la enuresis. Estuvo seis meses sin postre. Se le prometieron veinticinco centavos si dejaba de hacerlo durante una semana, pero no lo dejó ni una sola noche.»
Si su patrón exige la atención de su madre, ninguno de estos métodos le hará renunciar a un arma tan importante contra ella como mojar la cama. ¿Cómo iba a dejarlo este niño? Su meta es una meta de superioridad inútil: ser el centro de atención. Tiene que seguir este patrón, y si se le cierra un camino redoblará sus esfuerzos por atraer la atención por otro. Privar del postre a un niño así solo aumentará su deseo de golosinas. El método de la madre para obligarle a dejar de mojar la cama ahondó en Carl el sentimiento de degradación. Ha perdido la esperanza de ganarse alguna vez el debido aprecio de su familia, pero todavía sabe cómo ser el centro de atención.
«Ha tenido paperas y una tos ferina grave. Hace dos años tuvo trastornos de estómago y siguió una dieta estricta durante un año, pero desde entonces no ha vuelto a tener molestias.»
Es raro que un niño tenga un trastorno de estómago que exija una dieta estricta durante todo un año, y la dieta, complicada con la privación de los postres, nos da un cuadro interesante de su entorno.
«Su recuerdo más antiguo es que, a los dos años, tiró por la ventana el juego de tocador de su madre, y unos chicos de la calle lo devolvieron a la casa. “No me castigaron porque era demasiado pequeño”.»
No es raro encontrar niños mal educados que tiran cosas por la ventana cuando sienten que no se les consiente lo suficiente. Conozco otro caso en que un niño, que tenía una hermana algunos años menor que él, tiraba por la ventana todo lo que caía en sus manos; se le castigó por su mala conducta hasta que desarrolló una neurosis de angustia. Esta neurosis de angustia giraba en torno al miedo a tirar algo por la ventana, y así el niño se pasaba el día llorando. Había encontrado otra manera de atraer la atención en su terror exagerado a volver a portarse mal.
Cuando se castiga a un niño de este tipo, no se hace más que agravar su estado, porque no comprende de verdad las circunstancias. Si se le pregunta al niño si en su familia se le desatiende o se le discrimina, por lo general contestará: «No»; pero se verá que siempre está haciendo cosas cuyo sentido parece ser: «Fijaos más en mí». La mentira, la masturbación, el robo y la enuresis son instrumentos que el niño utiliza inconscientemente porque quiere que se le observe y teme que se le pase por alto.
Es interesante señalar que el recuerdo más antiguo de Carl está ligado a la idea del castigo. Parece decir que hubo un tiempo en que podía librarse del castigo, pero que hoy, si hiciera esas cosas, le castigarían. Sabemos que hay niños a los que en realidad no les importa que les peguen. Cuando se les pega, se dicen simplemente: «Tengo que ser más astuto y que no me descubran». Es un entrenamiento excelente para una carrera delictiva, que es precisamente lo que tememos en este caso.
«Su ambición es ser médico. Su hermana mayor va a ser enfermera, y él quiere estar en el mismo hospital.»
Su verdadera ambición es adelantarse a todos los demás con el menor esfuerzo, y su deseo de ser médico es su manera de concretar esa ambición. Como ha estado enfermo y ha sufrido mucho, y su madre ha trabajado en un hospital, podemos imaginar que ser médico equivale para Carl a estar muy cerca de Dios. Además, quiere ser por lo menos igual que su hermana mayor, y ya sabe que un médico ocupa en el hospital un puesto más alto que una enfermera. Es el afán típico del segundo hijo por superar al mayor. Es una historia sencilla y común, pero la preparación de Carl ha sido especialmente mala. Es evidente que el niño está a la defensiva, y nuestro tratamiento ha de orientarse a hacerle sentir que es igual que su hermano y sus hermanas y que su familia no lo menosprecia. Podemos lograrlo explicándole que con la buena conducta puede ganar más importancia que con la mala.
Hay que enseñar al padre a ganarse al niño, en lugar de castigarlo con un suavizador de navaja. Estoy seguro de que este padre, que trabaja en el Ejército de Salvación, escucharía tal consejo, y creo que también se podría influir en la madre en la dirección correcta. Desde luego, las dificultades son muy grandes, y si resulta imposible hacer el hogar de Carl más feliz para él de lo que es ahora, con una madre desesperada, un padre severo y un hermano y unas hermanas a los que se prefiere, puede ser necesario trasladar al niño a un entorno más favorable.
Hemos de explicar a la madre las circunstancias que hacen posible que Carl se sienta desatendido. Los niños cometen errores a menudo porque no comprenden su situación. La madre es el miembro de la familia en quien importa influir, porque a ella le será más fácil hacerle sentirse apreciado. Hay que enseñar a Carl a hacer amigos, y podríamos sugerirle que no hace falta sobornar a la gente si se interesa por ella y le es fiel. Este caso da una idea muy clara del origen de la delincuencia en la situación familiar. Es completamente inútil esperar a que un muchacho haya cometido un atraco para considerarlo un delincuente. Este es el punto por el que deberíamos empezar.
Entrevista
Estudiante. ¿Cree usted que la formación y las prácticas religiosas del padre han llevado a este niño a ir en la dirección opuesta? La gente del Ejército de Salvación es muy estricta y hace que sus hijos hagan penitencia todas las noches por las faltas que han cometido durante el día.
Dr. Adler. Dudo que haya otras razones para la conducta de este niño además de las que he descrito. Han de tener cuidado de no atribuir a una historia clínica ideas que en realidad no están en ella. Si hubiera oído que sufre bajo la presión de alguna idea religiosa autoritaria, podría tener en cuenta su observación, pero no se ha mencionado tal presión. Sin embargo, su interpretación puede ser valiosa, aunque desde otro ángulo. Si este niño se volviera abiertamente rebelde, podría atacar a sus padres en el punto en que son más sensibles; en otras palabras, podría atacar su religión. Hace poco un sociólogo alemán muy bueno publicó unas estadísticas interesantes: encontró que una proporción sorprendente de delincuentes procedía de familias de personas que se ocupaban de hacer cumplir la ley. Nadie ha sido capaz de explicar por qué los hijos de jueces, abogados y maestros son tan a menudo delincuentes. Me parece que la única explicación está en lo que acabo de mencionar: que los niños belicosos atacan a sus padres en el punto de mayor sensibilidad. Quizá por eso encontramos tantas enfermedades en las familias de los médicos.
Se manda llamar a la madre de Carl, pero se resiste a entrar en la sala.
Dr. Adler. La actitud vacilante de esta madre indica su falta de valor. Quizá también le avergüence hablar abiertamente de las fechorías de su hijo. Quizá no entra porque está llorando. Haremos lo que podamos para consolarla y alentarla. Algunos de ustedes se preguntarán por qué no salgo a buscarla. Sé que es lo que espera, pero esperaré aquí, porque me imagino que cree que estamos muy alterados por el caso de su hijo. Quiero hablarle tranquilamente de su mala conducta, como si fuera algo muy corriente y fácil de corregir.
La madre entra en la sala.
Dr. Adler. Encuentro que las faltas de Carl no son extraordinarias, aunque sé que muchas familias y maestros las consideran tragedias. Los niños no siempre pueden desarrollarse de la manera correcta. Una vez entré en un aula y pregunté: «¿Quién de esta clase no ha robado nunca nada?», y encontré que todos los niños habían robado algo. También el maestro admitió que había robado cosas. Por tanto, no hace falta considerar el robo como algo terrible, sobre todo porque un niño se desalienta mucho si siente que su madre ha perdido la esperanza en él. Sería mejor que intentara ganarse la confianza de Carl y que le alentara a creer que usted tiene mucha esperanza en su futuro. ¿Cómo se porta con los otros niños de la familia?
La madre. Parece que los quiere mucho.
Dr. Adler. ¿Tiene celos a veces?
La madre. Tiene una hermanastra, y creo que hay un poco de celos entre ellos.
Dr. Adler. ¿La hermanastra está bien desarrollada, es muy lista y muy querida?
La madre. Sí.
Dr. Adler. He encontrado a menudo que, si un niño de la familia hace grandes progresos, los demás tienen miedo de competir. Es difícil evitar esta situación, y por eso creo que convendría que usted reconciliara a estos dos niños. Creo que su hijo piensa que no se le quiere. Miente y comete otras fechorías porque está en una situación desgraciada. Dele la impresión de que se le perdonará y de que usted comprende por qué se sintió celoso e inferior. Con aliento, llegará a ser mejor alumno en la escuela, y un buen niño en todos los sentidos, si se le puede reconciliar con su hermanastra. ¿Depende mucho el niño de usted?
La madre. Sí.
Dr. Adler. ¿Depende tanto de su padre?
La madre. Aprecia mucho a su padre, pero no parece tan unido a él.
Dr. Adler. ¿Cree usted que sería posible procurar que su padre le dé una oportunidad a Carl? Que den de vez en cuando paseos juntos y hablen de la naturaleza y del mundo. ¿Tiene el padre tiempo para esto?
La madre. Sí, creo que lo haría.
Dr. Adler. Después de mucha experiencia con esta clase de niños, estoy convencido de que su conducta mejorará mucho en cuanto sienta que se le quiere tanto como a los demás niños. Su conducta actual muestra que no confía en su capacidad de desarrollarse tan bien como su hermanastra, pero este error de su pensamiento puede corregirse enseñándole cómo ganarse la aprobación de usted. Y si luego cometiera un error, yo no lo castigaría como lo ha hecho usted hasta ahora. Creo que ya debe de estar convencida de que no se gana nada con zurrarle o con privarle del postre. Si volviera a mentir o a robar, dígale: «¿Sientes otra vez que se te trata injustamente? Dime lo que quieres». Una conversación así le causaría a Carl una gran impresión. Creo también que de esta misma manera podría ayudarle a mantenerse limpio por la noche. Según mi experiencia, los niños mojan la cama porque quieren que alguien se ocupe de ellos. Verá usted: si tiene que levantarse por la noche para atender a lo que necesita, él siente que usted lo cuida como cuando era un bebé. ¿Tiene miedo a la oscuridad?
La madre. No parece que nada le afecte mucho.
Dr. Adler. Probablemente estamos en lo cierto al pensar que comete sus fechorías porque ha perdido toda esperanza de competir con su hermana por el cariño de sus padres. ¿Quiere que intente alentar a Carl?
La madre. Sí.
La madre sale de la sala.
Dr. Adler. Ya ven que hemos encontrado la clave correcta: los celos hacia la hermanastra. Creo que podemos librarle de esta situación desagradable.
Entra el niño.
Dr. Adler. Tengo entendido que eres un buen alumno en la escuela. Si estás atento y trabajas mucho, tus amigos y tu maestra te querrán. Si trabajas mucho, estoy seguro de que serás tan bueno en la escuela como tu hermana. ¿Te gustaría?
Carl. Sí.
Dr. Adler. Me dicen que quieres ser médico. Es una profesión muy bonita. Yo también soy médico. Para ser un buen médico, tienes que interesarte más por los demás que por ti mismo, para poder comprender lo que necesitan cuando están enfermos. Tienes que procurar ser un buen amigo y no pensar demasiado en ti mismo. No es verdadera amistad si le hago un regalo a alguien para que sea bueno conmigo; pero si lo quiero y no le miento, será un amigo de verdad. Estoy seguro de que puedes hacerlo. Y algún día te preguntaré si lo has hecho. Sé que tu hermana es mayor que tú y por eso sabe un poco más que tú, pero eso no importa. Si te portaras de manera que no te riñeran ni te castigaran, pronto la alcanzarías y te querrían tanto como a ella. ¿Te gustaría eso?
Carl. Sí.
Dr. Adler. También tienes que ser un buen amigo de tu hermana e interesarte por ella. ¿Te quiere ella?
Carl. Sí.
Dr. Adler. Entonces es muy fácil. Lo único que tienes que hacer es no molestarla cuando trabaja y ayudarla cuando puedas. Mira a ver si descubres cómo trabaja ella, y luego haz lo mismo, para que puedas estar a su altura. De verdad, no puedes hacerte mejor quitándole cosas a ella o a tu madre. Tienes que esperar, hacer tu trabajo y mostrar lo mucho que vales. A veces se nos trata injustamente, pero tenemos que ser lo bastante fuertes para no ser injustos nosotros. Interesarse por los demás y no engañarlos es una buena manera de ganarse el cariño de la gente.
El niño sale de la sala.
Dr. Adler. He hablado a este niño como lo he hecho porque estoy seguro de que no se da cuenta de por qué miente y roba. Está totalmente desalentado y, en su perplejidad, se esfuerza frenéticamente por asegurar su posición. Ahora los padres deberían garantizar a este niño la medida natural de amor y cariño que le corresponde.
La maestra. El padre dice que prefiere a su hija.
Dr. Adler. Tendremos que enseñar al padre a no mostrar su preferencia, y con este fin propongo el sencillo recurso de que dé un paseo con el niño y hable con él, de modo que Carl se sienta honrado y apreciado y perciba de algún modo que su padre se interesa por él.
Estudiante. ¿Qué debe hacer la madre si vuelve a mentir y a robar?
Dr. Adler. La madre debería decirle: «¿Has vuelto a perder la esperanza de competir con tu hermana? Estoy segura de que puedes conseguirlo, pero no mintiendo ni robando». Ante todo, la madre no debe desesperar. No es raro que niños de esta clase se suiciden más adelante en la vida, y hemos de procurar evitar semejante desenlace.
El niño que quiere mandar
ESTA noche vamos a examinar el caso de John, que tiene casi nueve años. Este es su problema actual:
«Dificultades con los otros niños. Le encanta pelearse en todo momento. En la escuela perturba la clase e intenta hacerse notar haciendo payasadas. No tiene ninguna adaptación social con los otros niños y quiere estar constantemente en primer plano.»
Si un niño tiene dificultades con los otros niños, es probable que le falte sentimiento de comunidad, y si se pelea para atraer la atención podemos suponer que no es lo bastante valiente para afrontar los problemas de la vida de una manera útil.
«Los padres siempre han tenido con él en casa tantos problemas como su maestra en la escuela. Ha sido muy travieso y no obedece las órdenes.»
Como la conducta de John en casa y en la escuela es idéntica, es evidente que considera semejantes las dos situaciones. Podemos concluir, por tanto, que no se le aprecia como es debido ni en casa ni en la escuela. Que sea muy travieso y no obedezca las órdenes con prontitud no es sorprendente, porque no podemos esperar que un rebelde sea obediente: sería una contradicción.
«La madre dice que, cuando era un bebé, tuvo durante dieciséis meses una niñera muy estricta. Nadie, ni siquiera su padre, podía entrar en su cuarto después de las seis de la tarde.»
Al parecer la niñera era estricta también con los padres, y aunque me parece prudente que no se moleste a un niño cuando duerme, no comprendo por qué no se le podía ver si estaba despierto. Es evidente que el niño solo estaba unido a esta niñera, y como ella no tenía la habilidad necesaria para desarrollar su sentimiento de comunidad, creció con cierta desventaja. Comprobaremos este punto más adelante, cuando conozcamos su recuerdo más antiguo.
«La constelación familiar consiste en un padre, una madre, el paciente y una hermana menor de casi tres años.»
Es una constelación muy conocida. El niño tiene casi nueve años, y hubo un largo período en que fue hijo único. Es improbable que su actitud rebelde pueda remontarse al nacimiento de la hermana menor; es más probable que haya desarrollado los rasgos de un hijo único. Es un poco difícil comprender por qué necesita pelear para obtener suficiente atención. Quizá ha ocurrido algo en su vida que ha agravado la situación.
«La relación entre los padres es normal y feliz. El padre es el único a quien el niño obedece. Antes era extremadamente estricto con él y lo castigaba con severidad cuando hacía algo mal.»
Sabemos que, si un matrimonio es desgraciado, obstaculiza el desarrollo de la teoría social7 del niño. Por otra parte, el hijo de unos padres muy bien avenidos puede quedar demasiado tiempo en la posición de bebé y adquirir frente a ellos un peligroso sentimiento de inferioridad. Los padres no deberían mostrarse demasiado cariño en presencia del niño. Si John solo obedece a su padre, es probable que la madre sea débil y que el niño la elija a ella para atacar. El castigo es el mejor medio que conozco para atrofiar el sentimiento de comunidad. Es posible que John desarrollara algún sentimiento de comunidad hacia su niñera y hacia su madre, pero que no pueda establecer ningún vínculo con su padre, que le ha infligido castigos corporales. El niño puede llegar a odiar a su padre y desear que se marche o que se muera. Tal actitud es siempre el resultado de una mala adaptación: el complejo de Edipo freudiano. Es un problema artificial. Se puede desarrollar el complejo de Edipo en un niño pegándole, del mismo modo que se puede prevenir desarrollando el sentimiento de comunidad del niño hacia cada uno de sus padres.
«Es travieso y revoltoso cuando se queda solo con su madre. Ella es muy nerviosa, y él la hace desgraciada porque no quiere obedecerla. Sabe que con ella puede salirse fácilmente con la suya. Ella no puede hacer nada con él. Por eso el padre se encarga por completo de la educación y la disciplina del niño.»
La madre de John hace mal en quejarse de sus dolores y achaques delante del niño. El niño es siempre el más fuerte, y no sirve de nada luchar contra los más fuertes. No sabemos qué quiere decir cuando dice que «no quiere obedecerla». Quizá le exige demasiado. Nunca es deseable que un niño obedezca como un perro. Entre padres e hijos debería haber una relación de camaradería. He visto demasiados padres que insistían en una obediencia ciega e irreflexiva. La conducta de esta madre es la de una persona sin esperanza que ha declarado ante el niño su bancarrota intelectual y ha dejado todo el asunto en manos del padre.
«La niña es muy lista, obediente y encantadora. Los padres recuerdan a menudo a John lo cuidadosa y obediente que es su hermanita, y le ponen la conducta de ella como modelo que seguir.»
Muy a menudo, si un niño de la familia es desobediente, se le pone como ejemplo la conducta del otro. El niño obediente no es necesariamente amable y bueno por naturaleza, sino que puede ser simplemente un oportunista que ha aprendido las ventajas de congraciarse. Recuerdo el caso de una familia en la que una hija se volvió violentamente rebelde cuando nació una niña menor. Esta hija menor fue siempre muy dulce, los padres la elogiaban mucho, y se convirtió en una niña modelo porque descubrió que era la mejor manera de conseguir todo lo que quería. Sin embargo, cuando esta hija menor fue a la escuela, cesaron los mimos excesivos, y se pasó el resto de su vida dando vueltas a cada problema porque no tenía el valor de arriesgarse a cometer un error. No tenía amigos ni ocupación, nunca pudo enamorarse y nunca se casó. Como no encontraba ningún cauce útil para su deseo de ser una persona modelo y el centro de atención, empezó a padecer una neurosis obsesiva, que se manifestaba en esfuerzos incesantes por mantenerlo todo impecablemente limpio. Con el sentimiento de ser la persona más pura y más limpia del mundo alcanzaba su meta de superioridad, y se creía mancillada por todo el que se le acercaba o la tocaba. En el caso de John, la hermana menor probablemente disfruta siendo un modelo, quizá no tanto por sentimiento de comunidad como por orgullo y por la ambición de ser la favorita adorada. Con todo, no debe sorprendernos saber que este niño quiere a su hermana. Tampoco deberíamos asombrarnos de saber lo contrario. En un caso como este pueden darse las dos situaciones.
«A John no parece molestarle que los padres elogien a la hermana menor. Dice que es una monada y que la quiere mucho. La madre teme que le enseñe malas mañas y que eso eche a perder sus dulces modales. Ya la han visto hacer muecas e imitarle.»
Probablemente a John no le molesta la dulzura de su hermana porque cree que su actitud combativa es la técnica superior. Descubre que de ese modo puede ganar más poder que con la obediencia, y parece como si la hermanita empezara a darle la razón.
«La madre y el padre tienen una buena tienda que llevan juntos. La madre sale a las nueve de la mañana y vuelve a las seis y media de la tarde, y deja la casa al cuidado de una criada y una niñera a las que supervisa. La casa está ordenada y amueblada con gusto; tiene seis habitaciones. John y su hermanita duermen en el mismo cuarto, pero en camas separadas. La niñera duerme en el mismo cuarto que los niños.»
La educación en este caso parece haber estado en gran parte en manos de niñeras, pero cuando un niño es rebelde no hace caso de la niñera porque sabe que se le paga. Los niños perciben enseguida la diferencia entre los padres y los criados. Nuestro John quizá siempre ha podido dominar a la niñera, y ahora quiere dominar a toda la casa.
«El parto de John fue normal; peso al nacer, siete libras y media. Se le alimentó con biberón desde el principio. Ha tenido rubéola, difteria y paperas. Le han extirpado las amígdalas. Lo llevaron a uno de los hospitales neurológicos porque se fatigaba con facilidad, estaba nervioso y tenía poco control muscular.»
Aquí intervienen algunas cuestiones médicas. Aunque la alimentación con biberón no es la mejor manera de criar a un bebé, he visto niños criados con biberón que se han desarrollado satisfactoriamente. Los niños anémicos y desnutridos tienen con frecuencia poco control muscular y se fatigan con facilidad, pero no creo que sea este el caso de John. Hay cierto tipo de fatiga, en niños y en adultos, que aparece más o menos como una defensa contra las exigencias de su vida. Me inclino a creer que esta es la razón de su falta de interés por el trabajo y por el juego. No parece cansarse tan fácilmente en el conflicto con su madre.
«John no parece acordarse de las cosas en el momento oportuno. Siempre es lento para vestirse.»
Los niños cuyo sentimiento de comunidad no está desarrollado no prestan atención ni se concentran porque se niegan a cooperar, y la mala memoria es consecuencia de la falta de interés por los demás. El segundo punto es sin duda una prueba de que es un niño mimado. Solo los niños de este tipo hacen un problema de vestirse, de comer y cosas semejantes. Puede que una de sus niñeras supuestamente estrictas lo consintiera, y que luego se le disciplinara con severidad. El cambio de niñera podría bastar para hacer de él un rebelde.
«Se entretiene al vestirse, y alguien tiene que ayudarle a terminar a tiempo. A menudo llega tarde a la escuela porque se viste despacio o porque se detiene en los quioscos de periódicos a leer los titulares. Por la mañana está fatigado, aunque se acuesta a las nueve.»
Si John quisiera llegar a tiempo a la escuela, se vestiría bastante deprisa, pero la escuela es un problema que no quiere afrontar. Busca situaciones en las que pueda mandar, y la escuela no es una de ellas. Ahora bien, levantarse por la mañana significa «Tengo que ir a la escuela», y lo encontramos vacilando y cansado porque esas son las mejores expresiones de su aversión a afrontar la realidad.
«Dice que quiere a su padre tanto como a su madre.»
No lo creo. Si a un niño se le pregunta: «¿A quién prefieres, a tu madre o a tu padre?», contestará: «Los quiero a los dos». Por lo general a los niños se les adiestra para decir esto. Aunque no se les adiestre, si son inteligentes saben que no está bien expresar antipatía hacia uno de los padres. Si de verdad se quiere saber a cuál de los dos prefiere el niño, no hay que hacerle preguntas, sino observar su conducta.
«Solo obedece a su padre, que es estricto con él; no obedece a nadie más. Su madre es demasiado indulgente con él y lo mima. Todos los días le ruega que se porte bien en la escuela, pero él no le hace caso.»
Los ruegos de la madre son completamente inútiles, lo mismo que las lágrimas y los arrebatos de cólera. La meta de este niño está fijada, y su patrón consiste en evitar todas las situaciones en las que no se le favorece especialmente. Su mayor dificultad es permanecer en una situación que no domina. Los ruegos y el llanto de la madre no servirán de nada. Cuanto más se empuja al niño hacia una situación desagradable, más se resiste. A veces parece que se consigue convencer a los niños de que avancen, pero siempre sigue la derrota, porque la verdadera meta del niño no coincide con la conducta que se le impone.
«La madre dice que él sabe que puede hacer con ella lo que quiera, y que es muy desobediente y travieso cuando se queda solo con ella. Le gusta jugar con su hermana, pero no le gusta la niñera, a la que a veces le gasta bromas pesadas. La semana pasada le disparó en la boca con su pistola de agua. Su padre lo castigó no dejándole tener la pistola a la hora de acostarse. Cree que toda la vida es diversión.»
El índice más seguro del sentimiento de comunidad de un niño se encuentra en su relación con los criados. Vemos también que no se toma la vida en serio. Esto se ajusta perfectamente al patrón de conducta de un niño mimado. Recuerdo otro caso que mostraba este rasgo en un grado aún más marcado. Cierto niño se pasaba el tiempo bromeando y riéndose en la escuela, pasara lo que pasara. Cuando el maestro le hacía una pregunta, se reía y no podía contestar. El maestro creyó que era débil mental y me lo trajo, pero cuando me gané su confianza, me habló con franqueza y me dijo: «Sé que quieren tomarme el pelo; la escuela la han creado los padres para tomar el pelo a los niños». No hay que ridiculizar a los niños. En el caso que acabo de mencionar, la actitud del niño procedía de unos padres que lo habían ridiculizado desde la primera infancia. Era un niño belicoso, y cuando los padres querían que se pusiera serio, se negaba. Esta clase de individuos puede suicidarse más adelante en la vida, cuando descubre que el mundo no es todo diversión.
«John quiere jugar todo el tiempo y hacer payasadas cuando está en la escuela. Quiere fastidiar y molestar a la maestra. No tiene sentido de la responsabilidad ni de los derechos de los demás. No tiene amigos en su clase.»
Vean ahora qué técnica tan bien desarrollada ha adquirido este niño para eludir las responsabilidades y los deberes del aula y, al mismo tiempo, conservar el centro de atención. En realidad, cuando comprendemos su patrón de vida, hemos de admitir que es muy inteligente por su parte no tener sentido de la responsabilidad ni interés alguno por los derechos de los demás. Si oyera que a John le gustaba ir a la escuela, a pesar de todos los datos de su historia, sospecharía de su capacidad mental.
«Sus compañeros de clase lo consideran una gran molestia. Siempre está fastidiando, empujando y pisando a los demás. Disfruta poniendo la zancadilla a otros niños o peleándose con cualquier niño que tenga cerca. Siempre lo tenía sentado junto a mi mesa. Siempre lo ponía el primero de la fila para poder controlar sus actos. Baja las escaleras tan mal que siempre temo que tropiece y se caiga y quizá haga daño a alguien. Parece tener poco control muscular.»
Por este informe es evidente que John se ha salido con la suya y se considera el vencedor de la maestra. He visto a menudo niños muy mimados que causaban problemas en la fila, pero rara vez he visto uno tan mimado que no pudiera mantener el equilibrio. Quizá John hace el papel de niño torpe para hacer reír a los demás. Por otra parte, hay niños que no andan correctamente porque nadie ha sabido enseñarles a valerse por sí mismos, y los propios niños no se han interesado en aprender porque la dependencia encajaba en su patrón.
«Los amigos con los que juega en la calle son cinco chicos que conoció en el campamento.»
Me pregunto si tiene poco control muscular cuando juega o se pelea en la calle. Como se ha desarrollado según el patrón de un hijo único, esperaría que prefiriera la compañía de chicos mayores. No siempre es así, pero a los hijos únicos se les suele encontrar en compañía de personas mayores. Podrían ustedes pensar que es un valor extraño en un niño que ha eludido la mayoría de los problemas, pero creo que, si anda con chicos mayores, lo hace porque está seguro de que no le atacarán.
«Siempre se está peleando con otros chicos que pasan por su manzana. Le gusta pelearse más que nada, y siempre echa la culpa a los demás. Se pelea tanto con los escolares que hay que retenerlo en casa hasta diez minutos antes de que abra la escuela por la tarde, por las muchas quejas que han presentado otros padres. Le gusta jugar a policías y ladrones y a otros juegos callejeros.»
No se trata tanto de valor como de una imitación barata del heroísmo.
«Le gustan las novelas de misterio en que los detectives atrapan a los ladrones. Lee mucho y muy deprisa, y prefiere los cuentos de fantasmas y las historias de misterio. No pertenece a ningún club.»
Sin duda tenemos ya pruebas suficientes para afirmar que es un niño mal educado cuyo patrón está orientado a conservar el centro de atención por las buenas o por las malas.
«Va de campamento desde los cinco años y medio, y le gustan los deportes. Era tan travieso que el director del campamento quiso mandarlo a casa, pero al monitor le gustaba su inteligencia y suplicó que se quedara, sobre todo por su tono de voz inocente. Cada año el monitor le ayudaba a hacer la cama, a limpiar la tienda, etc. En el campamento es desordenado, impuntual y desobediente, pero se las arregla para eludir la responsabilidad dondequiera que va.»
Soy muy partidario de los campamentos para niños, pero debo decir que no se puede esperar que un campamento cambie el patrón de vida de un niño si ya está bien establecido. Si en el campamento hay alguien que comprende a fondo al niño, puede lograrse ese cambio, pero es insensato creer que la mala conducta de un niño mejorará necesariamente con la vida de campamento. John alcanzó su meta de superioridad inútil y de parasitismo incluso en el campamento, desarrollando rasgos tan indeseables como la astucia y la inocencia fingida.
«Muestra una inteligencia general muy superior y prefiere resolver problemas de aritmética. Le gusta el trabajo escolar y no pone objeciones a ninguna asignatura que pueda dominar.»
Son informes excelentes. Probablemente ha tenido éxito en aritmética y por eso se ha interesado en progresar en ella. Creo que podemos resolver su problema si lo consentimos de la manera correcta, y así hacemos que se interese por cosas que valgan la pena. Sabemos que más adelante no será esta la manera adecuada de tratar la situación, pero hemos de empezar por ganárnoslo para nuestro modo de pensar. No es culpable, porque no tiene idea de que su principal interés en la vida es eludir la responsabilidad.
«Mentalmente lleva un año de adelanto respecto de su edad física. En 1A le gustaba su maestra y le iba muy bien en las lecciones; su conducta era B y su trabajo A. Al cabo de un mes pasó a 1B; en 1B no le gustaba su maestra, y su conducta era D y su trabajo B. En 2A, conducta C, trabajo A; en 2B, conducta D, trabajo A; en 3B su trabajo decayó: conducta D, trabajo C. Sus mejores asignaturas son la lectura y la aritmética. La peor es la educación física, aunque en una prueba de coordinación muscular dio el nivel de diez años.»
El hecho de que no parezca haber razones orgánicas para su mala coordinación nos autoriza a creer que hace el papel de niño torpe porque no le interesa especialmente el ejercicio físico. Probablemente le criticaron en el gimnasio.
«Se fatiga con facilidad y tiene que acostarse después de algunas clases. No le dejan usar tinta en caligrafía porque se mancha entero; sus papeles están muy desaliñados y dibuja mal.»
Puede que su fatiga después de las clases sea una especie de broma que le gasta a la maestra.
«Lo mandaban continuamente al despacho del director por su conducta perturbadora en clase. El director dijo que era una lástima que John no supiera sonreír y que tuviera una expresión tan triste. Esa expresión triste es su manera de intentar parecer inocente.»
Si mandar a John al director dos o tres veces no tuvo el efecto deseado, debería haberse abandonado. La sonrisa puede ser expresión de diversas emociones, y quizá es demasiado esperar muchas sonrisas de este rebelde en particular. Su papel es el de un inocente acusado por error.
«Cuando se le riñe por alguna mala conducta, adopta una voz suave, de bebé. Sigue hablando mucho del asunto y apenas se detiene a respirar. Nunca le falta una excusa a la medida de lo que ha hecho, y a menudo miente para disculparse.»
Hablando sin parar, probablemente espera derrotar a sus superiores. Su astucia es el resultado de intentar eludir la disciplina de su padre.
«En enero de 1928 se mandó al niño a que lo examinaran los psicólogos de una de las universidades. Este es el resumen de los resultados: “Físico: estatura y peso superiores a lo normal; visión deficiente, pero corregida con gafas; necesita cuidados dentales. Edad mental, diez años y tres meses; coordinación motora y percepción de relaciones al nivel de diez años; comprensión, nivel 4A; comprensión de la aritmética, nivel 5A”.»
Este examen nos da un indicio de que el niño padece algunos defectos orgánicos y de que, por falta de aliento, se ha negado a realizar la compensación adecuada.
«El padre insiste en que John vuelva de la calle a las cinco, pero John desobedece y no vuelve puntualmente. Su pandilla tiene una regla: quien se marche antes de que se anuncie que la sesión del día está cerrada recibe sesenta puñetazos. Naturalmente, John prefiere pegar a los demás a que le peguen a él, y por eso se queda más allá del tiempo asignado. No se acuerda de las cosas que le mandan hacer sus padres. Su padre no lo comprende, porque John es muy inteligente. Los amigos de John reciben una paga de cincuenta centavos, y John quiere lo mismo. Sus padres no creen que necesite tanto dinero, ya que le dan en casa todo lo que necesita y no quieren que haga mal uso del dinero. Los amigos de John solían ir con él a la escuela dominical, pero ahora han decidido no ir, y John tampoco quiere ir. Sus padres insisten en que asista a la instrucción religiosa.»
Estos hechos indican que John es mucho más feliz con su pandilla, donde desempeña un papel importante. No se acuerda de obedecer a sus padres porque sus exigencias no encajan en su patrón.
«El padre tiene mucho interés en que John saque buenas notas de conducta. Trae a casa todos los días una tarjeta de conducta, y el padre lo soborna para que se porte bien. Ha organizado un sistema de pagos en metálico por la buena conducta. Si John saca B, recibe quince centavos; B más, veinte centavos; A, veinticinco centavos. Pero si John saca C, paga a su padre diez centavos, y si saca D, veinticinco. Hace poco John trajo a casa una D de conducta; su padre lo riñó, le dio a probar un poco el rodillo de cocina con unos golpecitos ligeros y le prometió una buena paliza si volvía a sacar una D. Por desgracia, John volvió ese mismo día con otra D.»
El padre, con todas sus buenas intenciones, solo actúa en la superficie. Es imposible sobornar a un niño para que se porte bien si su patrón exige la inconformidad. Y debe ser evidente para todos que, para este niño, el castigo corporal es peor que inútil.
«En la escuela sus lecciones son muy buenas, pero su conducta es muy molesta. Perturba el trabajo de la clase hablando solo y con otros niños y haciendo el payaso para atraer la atención. Tiene el pupitre muy desordenado, con unos libros en el asiento, otros en el suelo y papeles esparcidos por todas partes. Sus trabajos escritos son muy desaliñados, lo mismo que su aspecto personal al final del día, aunque llega limpio y aseado por la mañana. El padre de otro niño de su clase vino a la escuela con la siguiente queja: John había amenazado con pegarse con su hijo y había planeado esperarlo en cierta esquina después de clase. El niño tenía miedo de ir a la escuela por temor a que John lo atacara. A los niños de su clase no les gusta porque siempre quiere ser el jefe y no permite que ningún otro asuma la menor autoridad.»
Son nuevas confirmaciones del patrón que ya hemos visto desplegarse. Si el niño es un luchador excelente, difícilmente puede tener mala coordinación muscular.
«El niño suele jugar en la calle hasta las cinco; entonces va a la tienda de su padre, donde se queda hasta las seis, y vuelve a casa a cenar. Lee en la cocina hasta que la niñera dice que su hermanita está dormida, y luego se acuesta a las nueve. Los días de lluvia va a la tienda de su padre y lee un libro.»
Quizá una de las razones de que lea es que le desagrada la realidad y prefiere entregarse a fantasías en las que se identifica con los héroes de sus libros.
«La educación y la disciplina en casa han sido muy deficientes; los dos padres lo han mimado. Después de las horas de clase se le ha dejado a su aire y se le ha permitido adquirir malos hábitos. Parece estar adquiriendo el espíritu de pandilla. No tiene miedo a la oscuridad ni grita en sueños, pero está muy inquieto en la cama.»
La falta de miedo de John a la oscuridad es un error, porque podría obligar fácilmente a su madre o a la niñera a ocuparse de él por la noche igual que de día.
«Quiere ser detective para atrapar ladrones, o médico para curar a la gente del cáncer (su abuelo murió de cáncer), o abogado para ayudar a la gente en apuros.»
Hoy en día la curación del cáncer es una hazaña heroica. Por la manera en que ha descrito sus ambiciones, parece que tiene cierto grado de sentimiento de comunidad, que encaja en el cuadro de sus actividades en la pandilla. Los chicos de la calle tienen cierta tradición honrada: son fieles unos a otros; y el hecho de que pertenezca a una pandilla puede serle muy beneficioso. También es tranquilizador que prefiera ser detective antes que ladrón. El historial de John no es del todo negro, y hay ciertos aspectos buenos en su desarrollo. La dificultad principal es que ha puesto el acento donde no debía. Se pelea porque es la única manera que conoce de ganar importancia. De este punto hemos de partir en la terapia. Hablaremos con los padres y aconsejaremos al padre que no le pegue, sino que haga de él un compañero. Sería bueno que hicieran un viaje juntos e intentaran comprenderse.
Es de la mayor importancia hacer comprender al niño y a los padres que la meta de John es atraer la atención. Con el niño será más difícil, y puede pasar algún tiempo antes de que podamos convencerle de cuál es su propia meta en la vida. Hemos de emplear todos los medios a nuestro alcance para ayudarle. Por suerte, tenemos aquí a su maestra, y sé que ayudará mucho a explicarle al niño su conducta y a orientarlo por un camino mejor.
Entrevista
Estudiante. Si la meta de este niño está en su inconsciente, ¿cómo puede razonar sobre ella?
Dr. Adler. Procedemos poniendo un espejo ante su alma; le permitimos ver su actitud y compararla con otras imágenes que le presentamos. Si logramos que se vea tal como es en realidad, llegará el momento en que pensará en ello mientras se porta mal, y su modo de proceder se debilitará. Y una vez que haya comprendido por completo las razones de su conducta, será otro niño.
Entran la madre y el padre.
Dr. Adler. Nos hemos tomado cierto trabajo para intentar comprender a su hijo John, y creo que lo hemos conseguido. Me parece que, si ustedes ponen de su parte, podemos ayudarles a hacer de él un niño normal. Parece que la meta principal de John en la vida es atraer la atención. A veces lo hace de manera constructiva, a veces de mala manera. Ha hecho buenos progresos en lectura y en aritmética, y su conducta con su hermana menor es tranquilizadora, como lo es su ambición de ser más adelante una persona útil. Pero su mala conducta indica que el niño se siente perjudicado y discriminado. Nos gustaría saber más sobre su situación en la infancia. Si a un niño primero se le consiente y se le mima en exceso, y luego pierde de repente el apoyo al que estaba acostumbrado, siente como si hubiera perdido un paraíso. Puede pasarse el resto de la vida evitando cualquier situación de la que no sea el amo. Si no obtiene sin esfuerzo el centro de atención, como lo obtenía cuando era un bebé consentido, desarrolla la personalidad de un rebelde y lucha por él. Luchará contra su madre, contra su maestra, contra los otros niños, mientras no sea el individuo más admirado y más fuerte de la situación. John lucha por reconquistar el paraíso que cree haber perdido. Pues bien, la historia dice que tuvo una niñera muy estricta durante los primeros dieciséis meses. ¿Es así?
La madre. Siempre fue estricta. Nunca dejaba que nadie se acercara al bebé.
Dr. Adler. ¿Recuerda usted si a él le gustaba ella?
La madre. Era demasiado pequeño para comprender entonces.
Dr. Adler. ¿La segunda niñera era más estricta que la otra?
La madre. Creo que era más amable con él.
Dr. Adler. Parece imposible reconstruir exactamente las circunstancias, pero es probable que a este niño lo tratara como a un bebé una niñera, una criada o usted. Verá, fue hijo único durante varios años. ¿Lo mimó usted?
La madre. No, nunca.
Dr. Adler. Entonces hemos de suponer que fue una niñera. Pero quienquiera que fuese, sabemos que su situación cambió de repente. ¿Desde cuándo les da problemas John?
La madre. Desde hace dos años. Tuvo algunos problemas al principio de la escuela, pero ha empeorado desde los siete años.
Dr. Adler. Sucede a menudo que las dificultades de un niño empiezan cuando entra en la escuela, donde no puede mantener su posición de superioridad sin esfuerzo.
La madre. Al principio fue a una escuela privada, donde tenía mucha libertad.
Dr. Adler. Probablemente sintió que el cambio a la nueva escuela lo pasaba de una situación favorable a otra desfavorable. La conducta de John es inteligente, pero se equivoca de meta. El niño no cambiará nunca mientras no le convenzamos de que solo puede ser querido y apreciado siendo útil. Les sugiero que los dos se esfuercen por mostrarle que son de verdad sus amigos. Si logran ganárselo para este punto de vista, su desobediencia desaparecerá. Estoy seguro de que puede reconciliarse con su lugar en la familia, lo mismo que con su lugar en la escuela. Llevarlo al director, darle malas notas, zurrarle, sobornarle con dinero, no da resultado. Les sugiero que prueben mi método y, si les parece, diré unas palabras a John y le explicaré que no es un niño malo, sino que todos ustedes se han entendido mal unos a otros.
La madre. Sí.
Dr. Adler. Gracias, hablaré con él.
Los padres salen de la sala.
Dr. Adler. El padre parecía muy escéptico cuando sugerí que se podía ayudar al niño. No importa. Si hacen ustedes sugerencias a unos padres ante un auditorio como este y dicen «No», no se enfrenten a ellos insistiendo en su punto de vista; déjenlos marchar. Con frecuencia su negativa se convierte en aquiescencia después de haber salido de la sala. Mi principal deseo era señalar a los padres que John no es culpable, porque siempre lo han considerado así. Hemos pasado por alto un punto: su insistencia en que vaya a la escuela dominical. Ya ven que con su severidad le llevan a rebelarse también contra la religión. Un niño elige siempre como punto de ataque contra los padres las cosas que estos sobrevaloran. Si un niño es bueno en lectura y aritmética, y sabe pelear, estoy seguro de que también puede ir bien en otras asignaturas y portarse perfectamente.
Entra el niño.
Dr. Adler. Me han dicho que quieres ser médico, como yo. ¿Te gustaría?
John. Sí.
Dr. Adler. Es muy interesante ayudar a otras personas a salir de sus dificultades. En realidad es fácil; si no, no habría tantos médicos. ¿Tienes muchos amigos?
John. Sí.
Dr. Adler. ¿Muy buenos amigos?
John. Sí.
Dr. Adler. ¿Y los quieres?
John. Sí.
Dr. Adler. Muy bien. ¿Eres tú el jefe?
John. Nos turnamos para ser el jefe.
Dr. Adler. ¿Te gustaría ser siempre el jefe? Es estupendo ser el jefe en un buen trabajo, pero a veces un chico cree que es mejor ser el jefe en cosas malas. Hace falta mucho valor para ser el jefe en cosas buenas. Me parece que siempre te gusta ser el centro de atención. ¿Te mimaban cuando eras pequeño?
John. No.
Dr. Adler. Piénsalo un poco. Quizá sientes que no te hacen tanto caso como antes y que la única manera de llamar la atención es perturbar la clase o reñir con tu madre. Quizá no has encontrado otra manera, pero estoy seguro de que un chico tan listo como tú podría hacerlo mejor. ¿Tienes valor suficiente para probar un camino nuevo? Sé que puedes conseguir todo lo que te propongas, y estoy seguro de que podrías ser uno de los mejores alumnos de tu escuela. Quizá no lo crees y tienes miedo de intentarlo. ¿No crees que sería mucho más agradable que todo el mundo dijera: «John es un chico estupendo»? Molestar a la gente para ser el centro de atención es muy cobarde. Es mucho más valiente ayudar a los demás. ¿Eres lo bastante valiente para intentarlo? ¿Cuánto tiempo crees que tardarás en ser uno de los alumnos que mejor se portan de la clase? Estoy seguro de que eres lo bastante listo para conseguirlo en dos semanas. ¿Vendrás a verme otra vez dentro de dos semanas para contarme cómo te va?
John. Sí.
El miedo a crecer
ESTA tarde vamos a examinar el caso de George, un niño de seis años y ocho meses que está en el grado 1B. La historia clínica dice que la madre lo trae aquí con la esperanza de que podamos ayudar a corregir su defecto del habla. Habla como un bebé y tiene otras malas costumbres, como hacer muecas, payasadas y fingir que no sabe leer ni contestar a las preguntas. Su cociente intelectual es de 89. Es posible que sus peculiaridades del habla se deban a un defecto orgánico. Pero como el niño tiene otras malas costumbres, es más probable que esté mal adaptado de algún modo. Si esto último es cierto, el niño habla incorrectamente o bien para evitar el trato con sus semejantes, o bien para reducirlo a una esfera en la que se siente seguro. Tenemos que corroborar nuestra hipótesis con otros indicios. Puede que sea desaseado, insociable, caprichoso con la comida, tímido, etcétera. Con un C.I. de 89 es sin duda inteligente, y por tanto tiene que haber un propósito en que se comporte como un bebé. Por experiencias anteriores sospecho que es un niño que tiene miedo de afrontar el problema de crecer. Conozco a un niño de cinco años que siempre quería beber del biberón. De esta manera tan evidente se empeñaba en fijarse en la situación favorable de la primera infancia. Tenía un complejo de inferioridad. Un niño así no dice con todas sus letras: «No quiero crecer», pero actúa con acierto para evitar una situación nueva que no comprende. Aunque el niño supiera conscientemente que no quería crecer, seguiría sin tener conciencia de las razones de su resistencia. Lo consciente y lo inconsciente nunca son contradicciones. Son dos corrientes que fluyen en la misma dirección.
Un niño que quiere seguir siendo un bebé tendrá casi inevitablemente malas costumbres. Es muy importante saber por qué ha elegido esta meta. Quizá lo han mimado mucho, quizá fue un bebé guapo, quizá estuvo enfermo al principio de su vida, o quizá es el único varón o el hijo menor. Sus payasadas y sus muecas, que son excelentes maneras de llamar la atención, confirman la impresión de que es un niño mimado y de que lucha por la situación placentera que siente que se le escapa. Su habla de bebé no es un defecto, sino un golpe de genio. El habla de bebé y las muecas forman parte de la maravillosa obra creadora del niño. Concédase que quiere seguir siendo un bebé, y no se encontrará técnica más eficaz que la que él ha elegido. Muchos niños encuentran la manera de ser cómicos. A veces se ríen de ellos por algo que han hecho sin querer, y luego ejercitan actividades parecidas hasta que se convierten de verdad en artistas en ponerse en ridículo.
Fingiendo que no sabe leer, George hace que otras personas trabajen para él y se proyecta de nuevo a la primera infancia, cuando no se esperaba de él ni que leyera ni que contestara a las preguntas. Sería un gran error reprenderlo o castigarlo por sus artimañas. No miente, porque persigue su propia meta, no la que sus padres le han fijado. Si su meta en la vida fuera ser un buen alumno, aprendería a leer y a contestar a las preguntas. En lugar de eso finge: «No puedo». Traducido a nuestro lenguaje psicológico, esto significa: «Soy un bebé; no debéis esperar nada de mí».
La historia clínica dice:
«Su familia se compone de un hermano de catorce años y dos hermanas, de once y nueve años».
Esta es la segunda corroboración de nuestra hipótesis. Como hijo menor, es muy probable que esté mimado.
«Los hermanos riñen muy a menudo con George».
Esto es interesante, porque muestra que George no es del todo cobarde. Los mayores difícilmente reñirían con él si hubiera perdido todo su valor.
«Se lleva mejor con sus hermanas, sobre todo con la de once años. La hermana mayor es una niña muy capaz y durante la enfermedad de la madre ocupó su lugar en la casa».
Evidentemente, la hermana mayor le presta la clase de atención que él quiere. Probablemente lo mimó primero la madre, y la hermana la imita de vez en cuando.
«El hermano mayor le pega a George, pone reparos a sus amigos, sobre todo a un niño negro pequeño que George trae a casa. Dice que George tiene unos modales terribles».
Estos «modales terribles» son los modales de un bebé. A mí no me parecen terribles; me parecen muy artísticos. Si va a comportarse como un bebé, tiene que defenderse como un bebé. No puede cambiar su meta, porque no tiene comprensión de su situación. No creo que vaya a ser muy difícil hacer comprender a George que crecer significa tener más poder, y que es mejor esforzarse por progresar que buscar el paraíso del pasado.
Esto nos da una idea del valor de la escuela, pues George tendrá abierto el camino hacia el futuro si su maestra sabe alentarlo y adiestrarlo en el arte de crecer. También hay que persuadir a su madre de que lo haga más independiente y lo anime a interesarse más por los demás miembros de la familia y por sus compañeros de juego. Hay que enseñar al hermano mayor que sus métodos son equivocados. Ninguno de los niños debería reírse cuando hace muecas. No deberían darle la oportunidad de hacerse importante con artimañas tan baratas.
«A los demás niños de la familia les desagrada oír a George hablar como un bebé. El hermano y la hermana mayores trabajan muy bien en la escuela, y los dos están en un grupo de C.I. alto. La hermana menor está en un grupo de C.I. bajo. George es un niño rubio y guapo, y los demás son morenos y nada atractivos. La madre dice: “No podíamos menos de quererlo; era tan rubio y tan mono”».
He aquí más y más corroboraciones de nuestra teoría de que es un niño mimado.
«El padre es italiano, albañil. La madre es norteamericana. Los padres no son felices juntos».
Este es un factor que complica el desarrollo del niño. Si los padres no son felices juntos y el niño se apoya demasiado en su madre, su tendencia será probablemente excluir al padre de su amor. Esto le estrecha demasiado la vida y es una razón para que quiera seguir siendo un bebé irresponsable.
«Un día George llegó a la escuela muy alterado y dijo: “Mamá no ha vuelto a casa en toda la noche; mi papá hizo llorar a mamá y ella se fue y no volvió”. Esto lo tuvo preocupado toda la mañana, y no dejaba de preguntarme si no era ya hora de irse a casa».
La riña en esta familia tiene que ser muy enconada si la madre pasa la noche fuera. En tales circunstancias es particularmente difícil que un niño desarrolle algún sentimiento de comunidad. Evidentemente está muy apegado a su madre.
«Cuando la madre volvió a casa, le dijo que había ido al cine y se había puesto tan mala que no pudo volver».
Esto indica que la madre miente al niño, y, aunque yo no le aconsejaría que le contara toda la verdad, estoy seguro de que podría encontrar una mentira menos transparente.
«En otro tiempo la familia estaba muy holgadamente situada, tenía propiedades y un automóvil en el Sur. La madre lamenta que dejaran el Sur. Estuvo muy enferma durante mucho tiempo, y el padre estuvo meses sin trabajo. Hace unos meses pidió ayuda económica a la escuela, pero ahora trabaja».
He aquí otra dificultad en el caso de este niño. Probablemente recuerda que su primera infancia fue bastante más feliz que su situación actual, porque la familia tenía más dinero y menos preocupaciones.
«La madre tiene un sobrino de dieciséis años que vive en otro estado y tiene un defecto del habla parecido al de George».
Esto me hace pensar que la madre cree en la herencia. La madre de este otro muchacho es hermana de la madre de George, y las dos proceden de una familia que mimaba a sus hijos. No es cuestión de herencia, sino de un conjunto de circunstancias parecidas. Nunca debemos dejar fuera de nuestra indagación una tradición familiar, pero cuando investigamos a fondo encontramos a menudo que la supuesta herencia de los rasgos de carácter no es más que superstición ignorante.
«El parto fue normal, pero era un niño muy difícil de alimentar y estuvo a menudo enfermo hasta los tres años».
Quizá este niño tiene un aparato digestivo defectuoso, o quizá su madre simplemente no era hábil para alimentarlo. Es muy probable que lo mimaran mientras estaba enfermo, porque eso concuerda con la tradición de esta familia.
«Lo han operado para extirparle las amígdalas, porque los padres creían que le ayudaría a hablar, pero no tuvo efecto».
Naturalmente, una amigdalectomía no cambió su situación. Si un niño quiere ser un bebé, será un bebé con amígdalas o sin ellas.
«Los médicos han asegurado a la madre que sus órganos del habla no tienen nada. El médico escolar encuentra que, aparte de unos cuantos dientes cariados, está en buen estado. En la escuela los demás niños lo quieren y se divierten con sus muecas».
Los escolares pequeños se contentan con poco, y George se ha adiestrado para ser divertido.
«A menudo se pelea con sus compañeros de clase, los empuja o habla con los niños que se sientan cerca de él. Llega a la escuela con aspecto limpio, pero pronto se baja las medias sobre los zapatos y se afloja la corbata».
Todo esto son artimañas de su repertorio de actor.
«Nunca cuelga el abrigo, sino que lo tira sin más en el armario. Algunos días de frío vino a la escuela sin abrigo, porque decía que el de invierno se le había quedado corto, y se negaba a ponerse la chaqueta de leñador porque tenía un agujero».
El desaseo es un signo inconfundible del niño mimado, pero George es también vanidoso y no quiere parecer mal vestido. Quizá el hecho de que tuviera ropa bonita cuando sus padres estaban en mejor situación sea un factor importante en su vida. Si siempre hubiera tenido un abrigo con un agujero, no notaría la diferencia.
«Su trabajo en aritmética es bueno y está aprendiendo a leer bien».
Son buenos signos de que está superando las dificultades de la escuela; evidentemente tiene una maestra amable, pues de lo contrario es probable que tuviera problemas con la aritmética.
«Su escritura es muy pobre, y sus cuadernos están desordenados y sucios».
Este punto nos lleva a creer que podría ser zurdo, en cuyo caso escribir le resultaría especialmente difícil.
«Es un zurdo reeducado. Nunca intenta usar la mano izquierda en clase, pero sabe escribir los números bastante bien con la izquierda».
Acertamos al suponer que es un niño zurdo y que no ha compensado del todo la debilidad de su mano derecha al escribir. A menudo estos niños tienen dificultades para aprender a leer y se los considera tontos por su fracaso, pero si investigamos de cerca encontramos que saben leer bastante bien de derecha a izquierda: la escritura en espejo.
«Responde enseguida a los elogios».
Esto apenas necesita interpretación.
«No es torpe, pero finge ser incapaz de hacer las cosas. Por ejemplo, si la maestra lo está mirando, finge que no sabe doblar el papel, pero si ella no lo mira, lo hace perfectamente».
Una y otra vez vemos la meta de este niño en la vida: hacer que todo el que es amable con él cumpla sus órdenes. Intenta demostrar que no es más que un bebé.
«No se viste solo; detesta que lo laven, y cuando su madre lo lava arma un escándalo terrible y grita con todas sus fuerzas».
Más signos de que lo han mimado. Grita cuando su madre lo lava, no porque le desagrade que lo laven, sino porque quiere darle más trabajo.
«Ella lo castiga azotándolo, y a veces, para evitar el escándalo, recompensa a la hermana de once años por lavarlo. Come solo, pero muy despacio y jugando mucho».
Ninguna madre que haya consentido en exceso a su hijo en otras cosas logrará convencerlo de la necesidad de lavarse solo con azotarlo. Evidentemente, las horas de comer se convierten para él en ocasiones de atraer más la atención.
«En casa no es obediente; a menudo hace en casa las mismas muecas que en la escuela, y nunca recoge sus juguetes ni su ropa. Duerme en la misma cama que su hermana de nueve años, y la hermana mayor duerme en el mismo cuarto».
Habría que decir a la madre que la manera de distribuir las camas no es la mejor posible.
«El padre no lo castiga nunca, pero la relación entre la madre y el hijo es mucho más fuerte que entre el padre y el hijo. La madre dijo que se sentiría “fatal” si prefiriera a su padre».
Esto arroja mucha luz sobre nuestro caso. Era evidente que el vínculo era más estrecho entre la madre y el niño, pero parece que ella ha impedido de hecho que el niño tenga compañerismo con su padre. Aunque la madre no hubiera hecho esta declaración, habríamos podido llegar a la misma conclusión. Pues si el matrimonio es desgraciado y el niño se inclina hacia la madre, la madre, inconsciente e instintivamente, lo convierte en partidario suyo contra el padre.
«Juega con algunos niños en la calle, pero prefiere jugar con niñas».
Esta preferencia encaja en su patrón. Prefiere a las mujeres porque su madre y su hermana mayor lo han consentido. Si hubiera que buscarle un preceptor, sería un punto a tener en cuenta. Ciertamente, no es prudente dejar que un niño permanezca en esta fijación afectiva equivocada, pero hemos de recordar que al principio no podemos atacarlo con demasiada energía. Yo diría que, si necesitara un preceptor, debería tener una mujer.
«Su ambición es ser vaquero de mayor, porque los vaqueros que ve en el cine siempre se pelean».
Es muy frecuente que los niños desalentados desempeñen un papel heroico en sus fantasías. Para este niño, ser vaquero es una aproximación a la semejanza con Dios. No debería ser demasiado difícil conseguir que este niño salga adelante. Su ambición muestra que en realidad le gustaría crecer, si se lo pusieran fácil. En otras palabras, quiere ser un héroe en las condiciones adecuadas.
«Sueña que viene un hombre y se lleva la puerta de su casa».
Casi podríamos adivinar los sueños de este niño. Los sueños apropiados para un niño así apuntarían al peligro de crecer, y con ellos se engañaría a sí mismo para justificar su deseo de seguir siendo un bebé. Ahora bien, el sueño que refiere la historia clínica es bastante curioso, pero creo que puede interpretarse. Si alguien viniera y se llevara la puerta de la casa, la casa quedaría abierta y él no estaría protegido. La puerta es una protección, y a George le interesan mucho sus defensas.
Por una muestra de su escritura, hay varios indicios de que es zurdo. Por ejemplo, invierte las «M» y deja márgenes muy estrechos en el lado izquierdo del papel. Su letra es muy mala.
La tarea principal aquí es persuadir a su madre de que reconcilie a George con su padre. Hay que decir a los hermanos mayores que no lo critiquen y que no hagan caso de sus muecas. La madre debe intentar hacerlo más independiente. Puede recompensarlo cuando se lave y se vista solo y haga recados para la familia. Creo que la maestra comprende al niño a fondo y necesita muy pocas instrucciones. Podría esperar la oportunidad de elogiarlo cuando su cuaderno esté un poco menos desordenado, y no habría que regañarlo si está sucio. Cuando intente llamar la atención, la maestra debería exagerar su respuesta. Podría decirle en privado, y no delante de los demás niños, que, si él de verdad lo quiere, ella le hará todo el trabajo. Luego debería decirle algo así: «Mira, tu madre te ha mimado un poco, y por eso siempre quieres tener a alguien que trabaje para ti y te cuide. Es una mala manera de crecer y hacerse un hombre. Solo sirve si quieres seguir siendo un bebé».
Entrevista
Entra el niño, George, con su madre, agarrado a ella, y no quiere dar la mano al doctor Adler.
Dr. Adler. ¿Por qué no quieres darme la mano? Soy tu amigo. Veo que eres un chico grande y que deberías poder andar solo, sin tu madre. No eres un bebé, ¿verdad?
El niño se aparta de la madre y va con Adler.
Dr. Adler. ¿Tienes muchos amigos? ¿Son buenos amigos? ¿Los ayudas?
George asiente con la cabeza a todas estas preguntas, pero no mira al doctor Adler.
Dr. Adler. Ya ven que no está seguro de que yo sea su amigo, y no quiere mirarme. (A George.) ¿Crees que te voy a morder? ¿Qué es lo que más te gusta hacer?
George. Pintar.
Dr. Adler. ¿Te gustaría ser pintor?
George no contesta.
Dr. Adler. ¿Qué te gustaría más que ser pintor?
George. Me gustaría ser vaquero.
Dr. Adler. ¿Qué harías si fueras vaquero?
George. Montaría a caballo.
Dr. Adler. No hace falta ser vaquero para montar a caballo. Estoy seguro de que puedes hacer todo lo que quieras. Dime, ¿te gustaría ser un bebé? ¿O preferirías ser maestro, o médico?
George contesta «No» a estas preguntas.
Dr. Adler. Creo que si pusieras más cuidado en tus tareas de la escuela y llevaras las manos limpias, la gente te querría más y tu maestra te elogiaría. ¿Tu hermano es brusco contigo? Voy a decirle que no se pelee más contigo. También le diré que no te haga caso si hablas como un bebé. De ahora en adelante, si haces muecas como un bebé nadie te mirará, y podrás hacerlas todo el día y toda la noche si quieres. ¿Qué vas a hacer cuando seas mayor? ¿No te gustaría aprender a hablar y a recitar muy bien?
George. Sí.
Dr. Adler. Entonces tienes que empezar a vestirte y lavarte solo, y a comer como es debido, y no ser más un bebé. ¿Cómo vas a ser vaquero si te portas todo el tiempo como un bebé? Esa no es la manera adecuada de adiestrarte.
El niño se marcha a toda prisa.
Dr. Adler. Su rápida salida indica que no se encuentra a gusto en presencia de la gente, pero creo que le hemos metido una idea nueva en la cabeza.
Dr. Adler (a la madre). George se ha creado el papel de bebé, probablemente porque recuerda que, de pequeño, estaba en una situación muy agradable y desea restablecerla. Por eso le da a usted trabajo, la obliga a lavarlo y vestirlo y a mantenerlo como un bebé. No quiere ser malo; es un buen alumno y un buen chico, y estoy seguro de que superará sus dificultades en poco tiempo. Si quiere ayudar, no haga caso de sus muecas y no se las reproche. Procure que los demás niños no le hagan caso cuando haga muecas. Cuando hable como un bebé, haga como si no lo oyera, y elógielo cuando hable como un chico mayor. Se apoya demasiado en usted y es demasiado tímido con los demás. Sería bueno que su hermano y su padre hicieran un esfuerzo por ser amables con él. Sé que en la escuela lo alientan como es debido, y si usted también lo ayuda, todo irá bien. Déjele que se lave y se vista solo, aunque tarde mucho. Cuando lo vea esforzarse en la buena dirección, elógielo y dígale: «Me alegro de que ya seas un chico mayor y no un bebé». Todas sus malas costumbres se deben a que tiene miedo de crecer, y hay que alentarlo para que comprenda que en realidad no es peligroso. No lo sermonee, pero cuando hable como un bebé, no le haga caso hasta que intente hablar correctamente.
La madre se compromete a seguir las instrucciones.
Dr. Adler (a los estudiantes). Ya ven que a veces no doy muchas instrucciones directas, porque nadie puede decirle a una madre todas las pequeñas artimañas necesarias para curar a un niño así; pero si comprende la situación en su conjunto, sabrá lo que tiene que hacer. Es imposible dar un conjunto de reglas que cubra todas las eventualidades. Desde luego, esta familia parece bastante desgraciada, pero a veces unos pequeños cambios en la casa despejan toda la atmósfera.
Estudiante. ¿Cómo se puede querer a un niño sin consentirlo?
Dr. Adler. Puede usted querer a un niño todo lo que quiera, pero no debe hacerlo dependiente. Se le debe al niño dejarle actuar como un ser independiente, y hay que empezar a adiestrarlo para ello desde el principio. Si un niño saca la impresión de que sus padres no tienen otra cosa que hacer que estar a su entera disposición, adquiere una idea falsa del amor.
El niño rebelde, el niño «malo»
ESTA tarde tenemos el caso de un muchacho de doce años y cinco meses cuyo problema actual es que es incorregible. Se le acusa de pelearse y de robar mientras estaba en libertad vigilada, y a los padres les han aconsejado que lo internen en una institución.
Este arreglo significa probablemente que los padres no han encontrado la manera de persuadir a este niño de que lleve una vida correcta. Sin duda hay casos en que cualquier persona, incluso una bien formada en la psicología individual, se siente incapaz de cambiar el patrón de vida de un niño; pero nunca debemos desesperar de encontrar un método correcto ni dudar de que otra persona pueda lograrlo si nosotros no podemos. En los casos muy difíciles es a veces prudente hablar al niño difícil o al adulto de esta manera: «Creo que sé por qué actúas así, pero no sé si podré hacértelo ver con la misma claridad con que lo veo yo». Esto suele causar buena impresión al paciente. Los niños y los adultos de este tipo padecen complejos de inferioridad y de superioridad, y si encuentran un maestro o un médico que no es tan engreído como para creer que puede curar cualquier caso, o que no sufre cuando tiene que reconocer un fracaso, es un gran alivio para los pacientes, sobre todo para un niño que cree que tiene que demostrar que ningún maestro puede tener éxito con él. Si uno se acerca a un niño así con la actitud de «Quizá yo no lo consiga, pero otro podría», suaviza su antagonismo.
Es de esperar que a un niño belicoso de este tipo se le acuse también de pelearse y de robar. Se siente defraudado y, sin embargo, tiene valor suficiente para luchar por sus derechos, probablemente contra un ambiente débil. La historia clínica nos dice que ha estado en libertad vigilada. Estar en libertad vigilada es ya de por sí algo malo, y es una lástima que no viéramos a este muchacho cuatro o cinco años antes, antes de que empezara la libertad vigilada. En la actualidad el muchacho está estigmatizado porque está en libertad vigilada. El hecho de que hayan aconsejado a los padres internarlo indica que su ambiente ha agotado sus recursos, ha perdido la esperanza en su futuro y lo ha tachado de muchacho incorregible. Dadas las circunstancias, yo no estaría en contra de internarlo, pero ¿adónde lo enviaremos? ¿Quién comprenderá a este muchacho y lo preparará para una vida útil? Es esencial que este niño adquiera confianza en sí mismo, que le tome afecto a su maestro o al médico que intenta ayudarlo. No sé adónde podríamos enviarlo para conseguirlo, pero sí sé que, si hubiera en su escuela un consultorio de higiene mental, el problema podría abordarse allí con provecho. En el consultorio de higiene mental se le encontraría algún amigo o preceptor que le permitiera experimentar un compañerismo humano que no ha encontrado en su casa. Lo habitual es enviar a un muchacho así a un reformatorio, pero he observado que la mayoría de los jóvenes delincuentes han pasado por reformatorios. Dudo mucho que nadie se haya reformado jamás en un reformatorio.
Pasemos a las notas del caso:
«Problemas anteriores: dificultades en la escuela, robos y peleas. Lo enviaron tres meses a un hogar tutelar».
Sin duda su internamiento en el hogar tutelar no hizo más que exagerar la protesta de este niño.
«La familia es alemana. El padre, que era un hombre estricto y severo y prefería a la hija mayor, murió de tuberculosis. La madre es mucho mayor que su segundo marido. El padrastro se lleva muy bien con Nicholas. Una hermana murió a la edad de seis años. Era dos años mayor que Nicholas. Otra hermana, trece meses mayor que el paciente, vive. Tiene ahora una medio hermana de cuatro años. Nicholas tenía cuatro años y cuatro meses cuando murió la hermana mayor, y cuatro años y seis meses cuando murió el padre.8
Al parecer, el padre no era la clase de persona que habría fomentado el sentimiento de comunidad de Nicholas. Tenemos que buscar la impresión que le causaron las muertes en su familia. La medio hermana es ocho años menor y probablemente no es una rival para él. Su estilo de vida ya estaba fijado y establecido antes de que ella naciera. Podemos aventurar, por tanto, la conjetura de que la persona de su ambiente que le crea dificultades es su hermana mayor, y podemos suponer que ella se ha desarrollado muy bien, es una buena chica y la madre la prefiere. Si los indicios confirman esta inferencia, podemos comprender fácilmente la dinámica de su vida. Siente que lo han tratado con discriminación y teme no poder competir. Probablemente se ha desalentado porque no ha encontrado un buen método para superar a su hermana.
«El padre y la madre no se quejan de ninguna dificultad entre ellos. Nicholas y su hermana mayor riñen constantemente. Su padrastro es bueno con él e intenta ganarse su confianza. Nicholas quiere mucho a su medio hermana. La madre dice que ya no puede soportar a Nicholas y quiere que lo internen, porque es ruidoso y ensucia la casa».
Son hechos muy significativos. Se ha confirmado nuestra suposición de que existe rivalidad entre Nicholas y su hermana mayor. El padrastro parece un hombre bienintencionado, pero su método para ganarse a Nicholas es inadecuado. Como sospechábamos, la hija menor no es una rival. Hay conflicto entre la madre y nuestro paciente, y por el tono de sus observaciones sobre él podemos estar seguros de que su relación con el muchacho no es buena. Sabemos que Nicholas quiere superar a su hermana mayor, pero la encuentra demasiado fuerte. Espera que su madre favorezca sus intereses, y cuando ella se niega, la ataca siendo desaseado y peleándose. Expresa su desaliento robando. Ha elegido el punto débil de su madre al ser ruidoso y sucio, aunque la mayoría de los muchachos de doce años son ruidosos y sucios.
«El padrastro tiene una carnicería. La madre recibe una pequeña pensión y lleva la casa. La situación de la familia es modesta. Tienen un piso de cinco habitaciones; los padres tienen un dormitorio para ellos solos, mientras que las dos niñas duermen juntas y Nicholas duerme en un sofá en el comedor. Nicholas va a una escuela dominical metodista.
»El parto fue normal y fue un bebé bueno. Lo destetaron a los cinco meses y medio y fue notablemente más pequeño de lo normal hasta los diez años. Echó a andar a los trece meses y a hablar a los dieciséis. En la actualidad se masturba».
Estos niños de talla inferior a la normal son a menudo muy agresivos, y en el caso de Nicholas el hecho de que fuera pequeño pudo ser un estímulo considerable para competir con su hermana mayor. Opino que la masturbación en los niños pequeños y mal adaptados procede principalmente de su deseo de llamar la atención, así como de su deseo de que los vigilen y los guarden, y esto concuerda con nuestra suposición de que el paciente quiere más atención de su madre y probablemente siente que ella quiere más a la hermana mayor.
«Lo ha examinado un psiquiatra en el Post Graduate Hospital y le ha puesto una medicación de bromuros y glándula pituitaria. El tratamiento se ha interrumpido. La madre dice que antes de la muerte del padre del muchacho no tenía dificultades con él. Las dificultades empezaron mucho más tarde, cuando volvió a llevárselo consigo después de su segundo matrimonio».
Casi nos vemos obligados a creer que la madre trató muy bien a Nicholas durante los cuatro primeros años. Luego sobrevino la muerte del padre, enviaron fuera al muchacho y, después de volver a casarse, ella volvió a llevárselo consigo. Es probable que el padrastro no lograra ganarse al muchacho porque lo había privado de su madre.
El muchacho no pudo adaptarse cuando volvió, porque entró en una situación nueva para la que no estaba preparado, y la razón de su dificultad con la madre es que la creía responsable de su menor importancia.
«Después de la muerte del padre colocaron al muchacho dos meses en casa de la cuñada del padre. Había otros dos niños en esta familia, y la madre de acogida se quejaba de que tanto Nicholas como su hermana eran malos, y quería más dinero por tenerlos».
He aquí una situación en la que los dos niños empezaron a pelearse porque estaban en un ambiente hostil.
«Luego pusieron a Nicholas en una casa de extraños donde había otros tres niños. Esta familia no era limpia y no daba de comer lo suficiente a Nicholas y a su hermana. Nicholas se metió en dificultades y travesuras con los otros niños al ir a un retrete exterior. Luego lo colocaron con una tercera familia, donde nunca se permitía a los niños jugar fuera de casa. Cuando la madre iba a visitar a los niños, encontraba a menudo a Nicholas llorando en la cama. Ella quería de verdad ser amable y buena con los niños, y les llevaba regalos cada vez que iba. Una chica mayor sacaba a veces a pasear a la hermana de Nicholas, pero dejaba a Nicholas en casa. Permaneció en esta casa un año y medio, hasta que la madre volvió a casarse».
El muchacho ha tenido repetidas experiencias de humillación, y sufrió profundamente en los seis primeros años de su vida.
«Cuando Nicholas volvió por primera vez a su casa, lloraba mucho y estaba casi todo el tiempo sentado en el regazo de su madre».
Difícilmente podríamos tener una corroboración mejor de nuestras suposiciones sobre la situación de este muchacho. El niño quería a su madre y no podía encontrarla. Y ahora que está con ella, su madre quiere enviarlo fuera otra vez. Nicholas desea ganarse el amor de su madre y estar cerca de ella.
«Nicholas dice: “Quiero irme de casa a algún sitio donde nadie me conozca”».
Se oyen a menudo declaraciones así de niños que luchan por sus derechos. Significa lo mismo que ser sucio o masturbarse. En realidad no quiere ser sucio, ni irse de casa, ni masturbarse; hace estas cosas por espíritu de venganza. Lo cierto es que se siente sin esperanza en sus circunstancias actuales, porque no hay nadie en quien pueda confiar.
«Dice también: “No quiero ir más a la escuela, porque el trabajo es demasiado difícil para mí. Ojalá pudiera volver al hogar tutelar; allí me gustaba”».
Estas observaciones son indicios conocidos del comienzo de una carrera delictiva. Verán: si una persona cree que su trabajo es demasiado difícil, siente que tiene que robar para ganarse la vida, y ahora este muchacho hace un gesto de bravuconería, como si quisiera ser un delincuente e ir a la cárcel. Tales declaraciones son signos de una rabia sin esperanza, y veo que tendremos que ganarnos la confianza del muchacho antes de poder hacer mucho con él.
«Por la mañana irrumpe en la habitación y hace que su hermana mayor lo atienda. Pide a gritos la comida, hace rabiar a su hermana mayor y, aunque por lo general es insolente con su madre, a veces es cariñoso con ella. Replica a su padre, es desobediente y se niega a ayudarlo».
He aquí todo el drama familiar. Al pedir a gritos la comida dice en efecto: «Me engañáis, porque no me cuidáis lo suficiente». Su hermana y su padre son sus enemigos, y se venga en su madre.
«Roba comida en cantidades enormes».
Es un punto que debería investigarse con más cuidado, para saber si se come la comida o se la da a otros. Los niños diabéticos tienen a menudo el deseo de robar grandes cantidades de comida. Esos niños siempre tienen hambre y sed, y se los suele considerar una molestia en la casa hasta que alguien descubre que tienen diabetes.
«Se escapa de casa y no vuelve en horas. Dice que se escapará cuando tenga trece años».
Esto no significa solo que prefiere estar fuera de casa, sino que desea tener ocupada a su madre corriendo tras él.
«Come de manera repugnante en la mesa».
Esto corrobora los puntos que ya hemos mencionado.
«Hasta hace tres meses lo tenían en una clase especial en la escuela. Se pelea con otros niños y les estropea los juegos a propósito. También roba a esos niños y los insulta con un lenguaje vil y grosero».
Difícilmente podíamos esperar que este muchacho fuera bien en la escuela, porque lo que de verdad quiere es ser el favorito, y como ni el maestro ni los niños le dejan desempeñar un papel tan importante como él quisiera, encuentra maneras de despreciarlos y humillarlos. Los despoja para enriquecerse, y al insultar a sus compañeros mantiene una elevación artificial a sus propios ojos.
«Quiere volver “donde los niños son más duros”. Era intelectualmente superior a los niños de la clase especial. Es insolente con los maestros, desobediente, revoltoso, huraño, nervioso, impaciente, rebelde, discutidor y desafiante. No tiene ningún respeto por la autoridad, y los maestros y los directores siempre lo han detestado. El primer día que fue a la escuela robó un patinete, el segundo día una pelota. Desde entonces no ha dejado de robar, e incluso ha entrado a robar en una casa con dos muchachos mayores. Lo enviaron a un hogar tutelar porque dijo al juez que quería ir allí».
Por desgracia, Nicholas se ha lanzado a una carrera delictiva porque no ha sido capaz de adaptarse a las exigencias de la comunidad escolar. Se jacta del castigo que se le impone. Muchos niños a quienes pegan y dan azotes dicen: «No me duele; quiero que me pegues». Muestra cierta fuerza en su disposición a sufrir para mantener su ideal. Lo que necesita es un buen compañero que sepa impedir que caiga más bajo.
«Cortó la cola a dos gatos con la cuchilla de carnicero de su padre y soltó un camión lleno de gallinas para poder perseguirlas. Puso en marcha un coche aparcado y lo dejó rodar cuesta abajo. Una vez robó veinte dólares del piso de una mujer. Se ha llevado muchos objetos pequeños de tiendas y cosas por el estilo».
Todos estos delitos indican sin lugar a dudas que no tiene sentimiento de comunidad, ni para con los animales ni para con los seres humanos, y que hará cualquier cosa para fastidiar a la gente. Desde cierto punto de vista, desde luego, el muchacho tiene razón en comportarse como lo hace, pues su meta es mantenerse en el centro de la escena y torturar y castigar a su madre, a su maestro y a todos los demás que no lo favorecen.
«Lee para distraerse y de vez en cuando va al cine. No tiene amigos».
En un caso de esta clase es quizá una suerte que no tenga amigos, porque si pudiera hacer amigos con más facilidad, seguramente se uniría a una pandilla donde lo apreciarían y lo aceptarían.
«Vagabundea solo, se sube a los camiones, recorre un largo trecho y luego vuelve colgado de otros camiones. Si se encuentra con muchachos por la calle, los para, les pregunta quiénes son y adónde van, y por lo general hace comentarios despectivos que acaban en pelea».
Se comporta como un golfillo salvaje de la calle y muestra un poco de valor, pero desde luego esta no es la preparación adecuada para un ser humano útil.
«Le dieron dinero para entrar en los Boy Scouts y se lo gastó enseguida. Su padre le ha dado muchos juguetes, como una bicicleta, un instrumento musical y cosas por el estilo. Mientras estuvo en la clase especial sacaba notas aceptables, iba bien en lectura, ortografía y lengua, pero mal en dibujo, música y trabajos manuales. En la actualidad está en quinto grado, donde trabaja mal. Se niega a hacer los deberes si no le ayudan su madre o su hermana. Nunca pide ayuda a su padre. Su C.I. ha oscilado en distintas ocasiones entre ochenta y cinco y ciento tres».
Estos puntos indican otra vez que considera a su padrastro el conquistador de la casa y que se niega a trabajar si no es en las condiciones que él especifica. La amplia oscilación del cociente intelectual muestra lo muy relativo que es el valor de los tests de inteligencia.
«La familia se queja de que todos los días se mete en algún lío. Están cansados de que la policía lo traiga a rastras. Los vecinos se quejan constantemente de lo que hace, y le echan la culpa de todo lo que pasa. Su hermana dice que el muchacho la deshonra. El paciente dice que en casa están demasiado apretados y que su padre quiere que haga demasiado trabajo. Detesta su casa, su escuela y la ciudad. El maestro quiere que lo devuelvan a la clase especial. Otros niños de su clase se burlan de él y lo provocan a pelearse. El director intenta ser amable con él y procura que los muchachos cooperen. El maestro intenta interesarlo por los deportes, pero hasta ahora ha rechazado todos los acercamientos».
Este muchacho consigue excelentemente alcanzar su meta en la vida —crear problemas a los demás—, pero veo que tanto el director como el maestro van por buen camino. Quizá, si uno de los muchachos de la clase pudiera ganárselo como amigo, cesarían las peleas.
«Desea leer y estar solo. Dice que los otros muchachos le estorban. Nadie sabe exactamente cómo pasa el tiempo, salvo cuando vuelve a casa por la noche. Una de las maestras lo llevó todo un día a pasear en su coche y luego a cenar con unos amigos suyos, y Nicholas se mostró de lo más agradable y servicial, e incluso ayudó a poner la mesa para una cena improvisada».
Ya ven con qué facilidad se le puede desarmar en ocasiones. Pero hay que encontrar un método que funcione de manera continua, y no solo de vez en cuando.
«Sus primeros recuerdos son los siguientes: recuerda a su padre persiguiéndolo alrededor de la mesa cuando le pidió un centavo, y haber visto a su hermana mayor pelearse con otra niña en la calle».
Su verdadero padre probablemente no era amable con él, si este es su primer recuerdo. El recuerdo de su hermana peleándose con otros niños corrobora su sentimiento de que ella es una chica belicosa y es la culpable de sus riñas con él.
«Recuerda que se escondió detrás de una floristería porque no quería ir al entierro de su padre. Recuerda haber visto la ceremonia en el crematorio y a su hermana vestida en el ataúd».
Evidentemente la muerte ha impresionado mucho a este muchacho, pero es difícil saber si se negaba a ir al entierro de su padre porque su muerte lo conmovía o porque quería vengarse. No me sorprendería descubrir que este muchacho quiere ser médico. Muchos niños que han tenido experiencias con la muerte quieren ser médicos.
«Por la noche sueña, grita y tiene terrores nocturnos. A veces dice que sueña que va a casa de un empresario de pompas fúnebres y que se sienta en una cama bonita y blanda. El de las pompas fúnebres le dice: “Bájate de ahí, que ahí es donde visto a los muertos”. Entonces sale corriendo a una habitación donde hay muertos tendidos en camas».
Sus gritos por la noche son un medio para persuadir a su madre de que no tiene valor para estar solo a oscuras sin ella. La reaparición del motivo de la muerte muestra con qué claridad se perfila este pensamiento en su mente como una posible solución de sus problemas. Al fin y al cabo, las posibilidades de un muchacho completamente sin esperanza son solo tres: el vagabundeo, el suicidio y el delito.
«A veces sueña que la pequeña imagen de la repisa de la chimenea abre los ojos, lo mira, se hace cada vez más grande, estalla en llamas y desaparece. Algunas noches ve hombres que miran por la ventana, pero solo les ve la parte de arriba de la cabeza y los ojos».
Son sueños interesantes, pues muestran que se cree rodeado de enemigos de día y de noche. Se adiestra para asustarse a fin de poder gritar y llamar a su madre, para corroborar su sentimiento de que es tímido y de que ni siquiera su madre lo cuida.
«Quiere alistarse en el ejército o en la marina, pero aceptará cualquier empleo que le ofrezcan. No quiere ser abogado, porque tienen que estudiar demasiado. Dice que nunca será carnicero ni médico».
El hecho de que diga que no quiere ser médico muestra que la idea lo ha ocupado en cierta medida. Pero al final le parece ridículo pensar en ser médico, porque no progresa en la escuela. No quiere ser carnicero porque es la profesión de su padrastro, y odia a su padrastro. Pero quizá sea porque ha superado su inclinación a la crueldad. Si este muchacho eligiera una carrera delictiva, dudo que fuera un asesino. Es más probable que fuera un ladrón de casas.
«Le gustaría ser viajante de comercio y ver mundo».
La interpretación que da el maestro del caso es la siguiente:
«Creo que, aunque la madre es amable con Nicholas en muchos aspectos, siente que es una desgracia para ella y está deseando librarse de él, porque teme que destruya su felicidad con su marido. Vive aterrada ante la idea de que llegue a ser un problema tal que el marido se canse de toda la situación familiar, y siente que tiene que elegir entre su hijo y su marido. Nicholas me ha prometido que no pedirá más a gritos la cena, y ha cumplido su palabra. También ha prometido presentarse durante una semana en la tienda de su padre todas las tardes después de la escuela, para ayudar a repartir paquetes. Lo hizo el primer día, pero después dejó de aparecer».
Hemos llegado al final de la historia clínica y creo que la interpretación que da el maestro del estado de ánimo de la madre es completamente correcta. Parece que conocemos a Nicholas tan bien como si lo conociéramos desde hace mucho tiempo. Nos damos cuenta de que está en una posición peligrosa, pero sabemos también que se le puede ganar, porque el maestro ha sabido hacerse amigo suyo. Tenemos que encontrar otro amigo para este muchacho, para que cesen sus continuas riñas en la escuela. Y tenemos que explicarle lo falso de su creencia de que su hermana es preferida a él. Tenemos que decirle por qué, como segundo hijo, es muy ambicioso, y por qué no puede perdonar a su madre que se haya vuelto a casar. Tenemos que intentar persuadir al padrastro de que sea aún más servicial y camarada con el muchacho. El maestro de la escuela ocupa la posición clave. Como les he dicho tantas veces, es en la escuela y por obra del maestro donde hay que detener las oleadas de delincuencia. La escuela tiene que convertirse en el centro del progreso social. Es la fuente lógica de todas las reformas sociales. Tenemos que intentar convencer a la madre en una entrevista, haciéndole comprender que Nicholas se considera poco apreciado y que, por tanto, ella no debe castigarlo ni amenazarlo con la policía, sino que debe darle el sentimiento de que es un miembro íntimo de la familia. La hermana mayor, que probablemente no está demasiado bien adaptada socialmente, tiene que renunciar a su actitud belicosa y a su rivalidad con Nicholas.
Entrevista
La madre entra en la sala.
Dr. Adler. Deseamos hablar con usted de su hijo. Después de examinar su historia, creemos que no es en absoluto un caso perdido. Encontramos que es un muchacho inteligente, y si podemos descubrir los errores que se han cometido en su primera educación y corregirlos, saldrá muy bien. Estoy seguro de que usted se ha esforzado mucho por conseguirlo, pero, verá, el muchacho también se esfuerza mucho por demostrarle que siente que lo tratan con discriminación. Creo que sería bueno convencerlo de que usted lo quiere tanto como a la hija mayor, que es muy buena alumna y ha hecho buenos progresos. Hemos encontrado que su hijo cree que su hermana tiene una clara ventaja, y está sin esperanza porque siente que ha quedado fuera de la competición. Por esa razón quiere crear problemas y les fastidia a usted y a su familia.
El maestro ha comprendido muy bien su caso y le ha enseñado a hacer amigos y a mejorar sus resultados escolares, y creo que en casa puede hacerse lo mismo. Podría empezar por hacerle confidencias: «¿Conoces algún libro bueno que podamos comprarle a tu hermanita?», «¿Te gustaría tener tu propia habitación?», «¿Qué te gustaría comer hoy?». Haciendo esto, el niño se sentirá de cierta importancia. También debe influir en su hermana para que deje de reñir con él. Hay que hacerle comprender que él ha perdido la esperanza porque siente que su desgraciada situación en casa no puede cambiar, ya que usted prefiere a los otros hijos.
La madre. Se porta tan mal que nadie lo quiere.
Dr. Adler. Cuando volvió a su casa, probablemente quería tenerla a usted para él solo, pero encontró en cambio que su hermana mayor y su marido lo habían desplazado. Ahí empezaron los problemas. Usted es una madre bondadosa y probablemente supo hacerse amiga suya al principio, mientras él estaba con usted, pero a su vuelta, cuando empezaron los problemas, no supo cómo tratarlo. En su empeño por que llegara a ser un buen chico, le ha reprochado demasiadas cosas. Si un amigo comete un error, uno solo debería sonreír y hacérselo notar con suavidad. Uno no debería enfadarse; uno no debería regañar. Si cree que servirá de algo, hablaré con él y le explicaré algunos de los errores que se han cometido. Intentaré convencerlo de que usted lo quiere tanto como a los otros hijos. A usted le corresponde hacerle más atractivo el hogar, y todos en la familia deben procurar ganárselo. El maestro y yo también ayudaremos, pero tiene que ser paciente, porque el proceso llevará tiempo. Este muchacho está en un aprieto muy serio, pero no debemos hacérselo saber. Nunca debe decirle: «Acabarás mal». Verá, ha perdido el valor y solo quiere tener una vida fácil. Será deber suyo alentarlo a afrontar la vida con más valentía.
Entra el muchacho.
Dr. Adler. ¡Buenas tardes! ¿Por qué no te sientas entre estos amigos y nos cuentas qué es lo que más te gusta hacer?
Nicholas. Quiero ir a West Point y montar a caballo y llevar un fusil.
Dr. Adler. ¿No podrías hacer eso en un rancho o en una granja?
Nicholas. No, en las granjas los caballos son gordos.
Dr. Adler. ¿Te gustan los caballos rápidos, los caballos de carreras? ¿Estás haciendo una carrera con tu hermana, para ver quién llega primero?
Nicholas. Sí.
Dr. Adler. Creo que no eres lo bastante valiente. Ella es buena alumna en la escuela. Pero me parece que tú has perdido la esperanza de ser buen alumno. Tu maestro está convencido de que podrías ser buen alumno si prestaras más atención al trabajo. Creo que eres un chico listo y que podrías ser uno de los mejores alumnos de tu clase si lo intentaras. Lleva algún tiempo, pero ocurrirá sin falta. No puedes ir a West Point enseguida, y hace falta estudiar mucho para que te admitan. La mejor manera de llegar a West Point es hacer con valor tus tareas escolares de ahora. Te sentirías muy solo en West Point si no tienes amigos. Podrías empezar por hacer amigos en la escuela. Tienes que saber hacer algo más que pelearte con tus compañeros: tienes que hacerte amigo de ellos.
Quizá crees que tu madre no te quiere lo suficiente y que a tu hermana tampoco le importas. Yo sé que tu madre sí te quiere, y voy a mandar recado a tu hermana diciéndole que no se pelee contigo todo el tiempo. Si yo fuera tú, me haría compañero de mi padre. Es un hombre bueno y amable y no está en contra tuya. Tu madre lo quiere mucho, y cuando seas mayor también tú encontrarás que alguna chica te querrá y se casará contigo. El hecho de que tu madre quiera a tu padre no significa que haya dejado de quererte a ti. También quiere a tus hermanas, la menor y la mayor, y tú eres solo una parte de la familia. Si ayudaras un poco más a tu madre, tu madre y tu hermana te querrían sin duda más. Ahora te propongo que la semana que viene hagas cosas que a los demás no les gustan solo dos veces, y que luego vuelvas a verme. ¿Crees que lo conseguirás?
Nicholas. Sí.
La huelga de hambre
ESTA noche vamos a examinar el caso de Betty, una niña de seis años cuyo problema principal es la dificultad para comer, más o menos acusada según su actitud hacia su entorno. Muestra un rechazo particular a la comida si la situación no es exactamente de su gusto, lo cual es característico de una niña mimada. Por otra parte, debemos tener cuidado de descartar enfermedades orgánicas como la tuberculosis, el raquitismo o enfermedades infecciosas en las que un niño podría tener una falta de apetito semejante. A veces niños de dos años y medio presentan los mismos síntomas que encontramos en los niños inadaptados y, cuando se les examina, muestran alteraciones orgánicas bien definidas y tienen toda la razón en su aversión a comer. Es necesario que quien trata con niños tenga alguna experiencia médica, y los psicólogos legos y los trabajadores sociales deben andar con mucho cuidado para no cometer errores peligrosos en sus diagnósticos. Sin embargo, cuando oímos que la antipatía de Betty por la comida varía según su actitud hacia el entorno, podemos sospechar que se trata de un problema psicológico más que médico.
Las notas del caso prosiguen:
«Su estado es particularmente desfavorable con su madre. Rara vez la niña tiene ganas de comer y casi siempre se entretiene en las comidas. Cuando come, se guarda unos cuantos bocados en el carrillo y parece angustiada ante la necesidad de tragar.»
Esto es una prueba casi inequívoca de que Betty desea intensificar su dependencia de los cuidados de su madre. Quizá la madre mimó a Betty al principio y luego se dio cuenta de que había seguido un camino equivocado y lo abandonó. Naturalmente, la niña se resiente de la súbita pérdida de su elevada condición, y como probablemente la madre ha exagerado la importancia de comer, Betty ataca su punto más débil. Solo en los casos rarísimos de enfermedad orgánica grave del cerebro no puede un niño tragar. Los niños, igual que los adultos que tienen dificultad para tragar, suelen querer atraer la atención a la hora de comer. Parecen estar en gran peligro, hacen esfuerzos desesperados y consiguen asustar a sus compañeros de mesa, pero es muy difícil que otra persona le diga a uno cómo tiene que tragar.
«La peor comida es el desayuno, en el que apenas se puede obligar a Betty a comer nada.»
No estoy seguro de acertar en mi explicación, pero esto me parece como una canción matinal de la niña, como si Betty diera a su madre un indicio de las dificultades que podía esperar durante el día. En muchos neuróticos, sobre todo en los casos de melancolía, los síntomas empeoran por la mañana, como si los pacientes quisieran reiterar su enfermedad. Los padres se inquietan mucho si un niño se niega a comer por la mañana, probablemente porque creen que su salud se resentirá. Es fácil ver cómo crece el poder de Betty y cómo empieza a gobernar la casa con su negativa a comer. La meta de la niña parece ser el dominio sobre su familia. Para comprender por qué ha elegido esa meta, debemos comprender su posición en la familia. Mi primera conjetura sería que es hija única y que, por alguna razón, le importa de un modo vital dominar a su familia.
«Durante mucho tiempo recurrió al vómito y tuvo una serie de manías con la comida. Si se la obligaba a comer, vomitaba. Hace poco tuvo un ataque de vómitos provocado por un incidente en la escuela. En la escuela se insistió en que consumiera algo que Betty había rechazado. Betty sintió que era una injusticia, porque había pedido raciones dobles de todo lo demás y llevaba mucho tiempo comiendo bien en la escuela y en casa.»
He insistido a menudo en que no se debe obligar a comer a los niños, porque son más fuertes que nosotros. De este informe deduzco que Betty tuvo a alguien especialmente estricto como maestro. La resistencia de la niña tropezó con un trato duro, que era peor que la incierta disciplina de casa. Antes era procedimiento habitual echar agua fría a una persona o gritarle cuando tenía un desmayo nervioso, y a menudo se conseguía así detener los ataques. Pero si los individuos de ambición mal orientada no logran salirse con la suya por medio de esos ataques, simplemente buscan un método más eficaz. Recuerdo el caso de una mujer muy ambiciosa y dominante que nunca soportaba ir en coche entre el tráfico con su marido. Cuando tenía miedo y se irritaba, le agarraba la mano o el volante para pararlo o estorbarle la conducción. Cuando lo hacía, él conducía aún más deprisa, hasta que ella comprendió que no podía refrenarlo. Pueden ustedes llamarlo curación o tratamiento, pero me recuerda las medidas curativas que eran corrientes durante la guerra. Cuando un soldado desarrollaba una histeria y temblaba, o no podía hablar, a menudo los médicos lo torturaban aplicándole descargas de corriente eléctrica. Esos soldados o dejaban de temblar o se ponían a gritar. Eso no es un tratamiento. Los síntomas corporales que se basan en actitudes psicológicas pueden hacerse desaparecer muy fácilmente empleando mucha fuerza. Pero el patrón de conducta del individuo no cambia por ello. Siempre encuentra otro camino hacia su ficticio papel de superioridad. Sería bastante fácil acabar con las manías alimentarias y los vómitos de Betty, pero más adelante desarrollaría otros síntomas.
«Hay un problema secundario: en los dos últimos años ha mostrado una creciente actitud insociable y una beligerancia cada vez mayor hacia los demás, incluida su madre. Se niega a saludar a la gente.»
Ya habíamos deducido que su ataque iba dirigido sobre todo contra la madre. La negativa a saludar a la gente es un síntoma muy común, e interesante de explicar, porque está ligado a todo el origen de los saludos entre las personas. Muchos niños cuya meta es dominar el entorno adulto tienen dificultad para saludar a sus maestros o a la gente por la calle, porque sienten que ese saludo es prueba de sumisión. En Viena, por ejemplo, ese sentimiento de sumisión no solo está implícito, sino que se expresa realmente. Un saludo corriente es «Servus!». Esto significa literalmente: «Soy tu esclavo». Es una forma de saludo que se remonta, creo, a los tiempos romanos, cuando un esclavo tenía que quitarse el sombrero ante su amo y decir: «Soy tu esclavo». En América, naturalmente, el saludo es más bien un indicio de cordialidad.
«Betty no habla con soltura ni con cortesía a las personas con que se encuentra y a menudo emplea un lenguaje insultante. No olvida un agravio imaginario y pasa de una idea fija de queja a otra. Actualmente parece reacia a experimentar con lo nuevo; rehúye las situaciones nuevas y conocer a gente nueva, mayor o joven, pero está dispuesta a que otra persona haga los contactos preliminares cuando le apetece jugar con un niño desconocido.»
Esto es una prueba más de que el sentimiento de comunidad de la niña no se ha desarrollado.
«Parece pensar mucho y a menudo desea estar callada durante largos ratos, que pasa cavilando; pero muchas veces sale de esos estados de ánimo con preguntas muy inteligentes.»
Otras escuelas de psicología, en particular la escuela del doctor Jung, de Zúrich, dirían que esta actitud contemplativa indica que la niña es introvertida. Esta niña es introvertida, pero no se trata de un estado congénito, y podemos comprender cómo se ha desarrollado artificialmente. Betty está aislada y sin vínculos con sus compañeros, y por lo tanto no tiene otra cosa que hacer que pensar. Si a la niña le gustara la compañía y tuviera un fuerte sentimiento de comunidad, Jung la llamaría extravertida. Eso significaría simplemente que se la había educado como es debido y que había crecido en una situación en la que podía vivir y cultivar el sentimiento de comunidad. No creo que la introversión y la extraversión sean cualidades fijas.
«El aire libre y la naturaleza le son muy queridos. Pide constantemente vivir en el campo, y cuando un paisaje es especialmente atractivo se siente movida a decir con alborozo: “¡Qué bonito es el mundo!, ¿verdad?”.»
Cuando un niño es sociable y aun así puede interesarse por la naturaleza, es una gran suerte; pero en el caso de esta niña, que no se interesa por los seres humanos, me inclino a creer que ama la naturaleza no por su valor, sino por su debilidad. A menudo se encuentra ese amor por la naturaleza entre personas que temen establecer contactos sociales y vivirían totalmente aisladas de la humanidad en alguna islita o en una cabaña en el bosque.
«El otro día, sin embargo, cuando parecía impresionada por la frescura y la belleza de la soleada mañana, dijo con intención: “Me gusta estar enfadada”.»
Esto indica de nuevo que no puede establecer vínculos sociales y que, por lo tanto, estar enfadada es una de las pocas esferas de actividad que le quedan. Estar enfadada es además el mejor medio de contrariar a su madre; por eso le gusta.9
«Los padres dicen que el problema de la comida existe desde que nació, pero que sus otras dificultades son de aparición reciente.»
Esto significa simplemente que Betty ha cambiado de instrumentos, pero que la situación general no ha cambiado.
«La familia inmediata se compone de la madre, el padre y la única hija. La relación entre los padres es afectuosa, y puede decirse que el hogar es de verdadera felicidad conyugal, aunque hay una considerable tensión nerviosa debida a apuros económicos y a una larga temporada de enfermedad en la propia familia de la madre, con la que ella ha estado en estrecho contacto. Los dos padres son muy nerviosos y de vez en cuando se han producido estallidos de nervios.»
Un hijo único suele empeñarse en ser el centro de atención más que un niño de familia numerosa, y ya hemos visto cómo un niño así, al encontrarse con que los padres se quieren mucho, se siente postergado. Cuando un matrimonio es desgraciado, suele ser un problema al que el niño tiene que adaptarse, pero no podemos sostener que un matrimonio feliz sea lo más importante en la crianza de los hijos. Debemos ver siempre la situación familiar en su relatividad antes de poder comprender la relación del niño con sus padres.
Ahora tenemos más pistas sobre el conflicto de Betty con su madre. Sin duda la preocupación de la madre por la enfermedad en su familia le ha restado interés por su hija. Los estallidos de nervios de los padres son siempre difíciles para los niños, sobre todo si son niños ambiciosos, acostumbrados a ocupar el centro de la escena. Esos estallidos impiden a Betty tener ocasión de demostrar su superioridad. Su falta de sentimiento de comunidad le ha impedido establecer contactos con la gente de fuera, y la tensión nerviosa le ha cerrado el camino dentro de la familia. La única esfera que le quedaba para expresar su superioridad ha sido el mantenimiento de sus manías con la comida.
«El padre es escritor; la madre trabaja en un negocio. Es indispensable juntar los dos ingresos para llegar a fin de mes. El piso tiene cuatro habitaciones grandes y luminosas. Los padres tienen una habitación para ellos solos. La niña duerme en su propia cama, sola, aunque comparte la habitación con la criada. Hay una abuela paterna que desde el principio se ha preocupado en exceso por la comida y el peso de la niña, y que habla constantemente de esas cuestiones delante de ella. Ha conseguido imponer sus temores a los padres.»
Una nueva complicación. Una abuela suele consentir demasiado a los niños y poner las cosas difíciles a la madre, sobre todo si es la abuela paterna. Aventuramos la conjetura de que hay diferencias entre la abuela paterna y la madre de Betty. La abuela ha aumentado en la niña la idea de la importancia y la significación de la comida y la ha animado a creer que comer es lo más vital del mundo.
«La actitud de la abuela hacia la madre ha seguido siendo crítica, incluso en presencia de la niña, y la madre cree que la influencia de la abuela ha precipitado la actual actitud crítica y hostil de la niña hacia ella.»
Es natural que una niña que quiere gobernar a su familia siendo el centro de atención se ponga de parte de una abuela muy cariñosa y solícita, que cree que no se mima bastante a la niña. Pero probablemente la abuela no es la causa única de las dificultades de Betty, aunque sin duda ha desempeñado un papel importante.
«La niña tenía una salud perfecta al nacer, fue criada al pecho durante siete meses y luego destetada. Inmediatamente después se le dio leche en mal estado, que le causó un grave trastorno intestinal que tardó mucho en curarse. Su desarrollo fue normal. Anduvo a los catorce meses y habló a los quince, hablando desde el principio con frases y formando plurales.»
El trastorno intestinal nos da otra pista sobre la importancia de la comida en esta familia. Los demás datos son importantes porque indican que la niña es excepcionalmente inteligente.
«Sus hábitos son excelentes. Es muy limpia, pero se chupa el dedo. Costó un trabajo enorme quitarle esa costumbre.»
Chuparse el dedo es por lo general un medio de atraer la atención, y probablemente costó quitarle esa costumbre a Betty porque encontró en ella un modo fácil de asegurarse de que la vigilaban y la cuidaban constantemente. Sin embargo, hay opiniones divergentes sobre este hábito. La interpretación freudiana es que chuparse el dedo es un complejo sexual y una perversión. Una explicación mucho más razonable es la que ha defendido el doctor David M. Levy, del Institute of Child Guidance de Nueva York. El doctor Levy comprobó que, si a un niño lo cría al pecho una madre que tiene mucha leche y le fluye con demasiada facilidad, falta el ejercicio adecuado de la boca y las mandíbulas, y chuparse el dedo es una compensación. Aunque creo que la explicación del doctor Levy puede ser un factor en el hábito de chuparse el dedo, creo también que cualquier niño puede llegar a adquirirlo si siente que por ello lo vigilan y lo observan.
«Cuando se le ataron las manos a Betty, recurrió al vómito.»
Dicho de otro modo, demostró ser la más fuerte por otro camino. Freud diría que tuvo que reprimir su deseo sexual y que por eso vomitaba.
«La madre no recuerda si su primer recurso al vómito fue una rebelión contra las restricciones o contra la comida. Siempre se ha rebelado violentamente contra las prohibiciones.»
Comprendemos fácilmente que los niños que quieren dominar se rebelen contra las prohibiciones. A esos niños no se les puede influir con castigos.
«Cuando aún no tenía dos años, Betty, al amenazarla con quitarle sus juguetes, respondió: “No me importa, no los necesito. Puedo mirar por la ventana y pensar”.»
¡Con qué facilidad mantiene esta niña su meta ficticia de superioridad! Es la expresión de su orgullo por ser la más fuerte.
«La posición social de la familia es de clase media alta. Los amigos de los padres son sobre todo profesionales. La niña se somete más fácilmente al padre y está muy apegada a él. Cuando el padre acaricia a la madre, la niña expresa una protesta clara, como “Bésame a mí también” o “Yo también quiero un abrazo”.»
Es muy evidente que la niña cree que el afecto de los padres entre sí representa una sustracción del amor que se le debe a ella.
«La madre tiene que trabajar, y a los dos años y medio se envió a la niña fuera durante semanas con una niñera bien preparada y bondadosa, para desacostumbrarla de su madre, a la que estaba entregada hasta el exceso. Los padres esperaban también que, enviándola fuera, podría corregirse el problema de la alimentación. Esto se hizo poco después de la ausencia forzosa de la madre, debida a una enfermedad en la familia, durante la cual la niña estuvo inconsolable.»
El súbito abandono por parte de su indulgente madre resultaba, naturalmente, incomprensible para Betty. Fue una verdadera tragedia para la niña.
«Mientras la niña estuvo fuera, se afligió en silencio durante unos días, pero finalmente se avino a su situación y en apariencia se adaptó.»
«En apariencia» es la expresión exacta, porque lo que vino después muestra que Betty nunca perdonó a su madre.
«La madre cree que la niña nunca olvidó aquella ausencia forzosa y nunca la perdonó. Poco después se la envió a una escuela privada de tipo experimental.»
La madre parece haber comprendido la situación de Betty sin saber cómo remediarla.
«Se rebeló violentamente contra la escuela, llorando con angustia, negándose a comer y vomitando. Esto duró tres meses.»
Betty muestra mucha fuerza en la realización de su protesta. En cierto modo lo considero una señal prometedora, porque si esa fuerza puede encauzarse por caminos útiles, la niña llegará a ser una dirigente.
«Luego la niña anunció de repente que iría a la escuela sin llorar, y desde entonces no ha habido problemas en este aspecto. Está ahora en su tercer año de jardín de infancia y es muy popular.»
La razón de su cambio repentino debió de ser que encontró una manera mejor de dominar sus problemas en la escuela o una situación más ventajosa. Su popularidad es bastante sorprendente, dada su falta de interés por los demás niños. Sin embargo, muchos niños mimados son capaces de desarrollar una técnica espléndida para atraerse a la gente; probablemente es lo que ha ocurrido en el caso de Betty.
«Hasta hace poco sentía una atracción muy marcada por los niños mayores y empleaba su encanto con fruición. Su influencia era tan insólita que los maestros se esforzaron por averiguar cómo conseguía ganarse a los niños, pero no lograron descubrir su procedimiento.»
Esto confirma nuestra opinión de que tiene una buena técnica para conseguir que los demás la mimen. Su procedimiento con los niños era probablemente el mismo que empleaba para ganarse a su padre.
«Los dos últimos veranos ha estado en un campamento de verano dirigido por uno de los maestros de su escuela, y ha permanecido fuera de casa tres meses cada vez. El año pasado se añadió a ello un viaje de dos semanas con otro niño y los padres de este. Se portó con tanta gracia que los padres la colmaron de elogios. Cada año, sin embargo, anuncia de antemano que no se irá, y este año también insiste mucho, pero cada año se va muy contenta.»
Aquí tenemos más pruebas de que la niña sabe hacerse querer por la gente. En cuanto a sus protestas contra el hecho de marcharse, las utiliza meramente como medio de inquietar a sus padres.
«Este año insiste en irse con su madre, como hacen sus amigas de la escuela.»
He aquí el fuego que arde en su alma: quiere estar con su madre. Con mucha inteligencia, pide cuentas a su madre: «Mis amigas se van con sus madres, y yo quiero irme contigo».
«Sus diversiones son normales. No tiene amigos en la calle, porque está en la escuela hasta las cuatro y media todas las tardes. Sus inclinaciones van hacia el piano, para el que tiene un talento decidido, y aunque todavía no ha recibido clases ha compuesto algunas piezas pequeñas muy bonitas. En la escuela dicen que lo hace todo bien cuando se lo propone. Se observa que es susceptible en lo que se refiere a su trabajo. No está tranquila a menos que crea que sobresale, y se niega a trabajar o a jugar cuando teme no lucirse.»
La conducta de Betty en la escuela es irreprochable, porque cualquier reprensión sería un insulto demasiado grave para su orgullo y su ambición.
«Echa de menos una hermana o un hermano y se queja de que no tiene con quién jugar en casa. Se invita a amigos, pero siempre hay problemas cuando se queda sola otra vez, y hay una protesta constante e intensa por el trabajo de la madre y su ausencia de casa.»
Es dudoso que realmente quiera un hermano o una hermana, y probablemente está segura de que no tendrá ninguno de los dos. Sus quejas deben considerarse más bien como una acusación contra su madre. Lo que en realidad quiere es que su madre esté en casa, ocupada solo de ella.
«La niña ha intentado retener a la madre en casa con lágrimas, ruegos y recriminaciones. Dice, por ejemplo: “Seré tu amiga si te quedas en casa”. La rutina diaria es normal para su edad. Duerme bien, por lo que se sabe, sin soñar, salvo en algunas ocasiones en que se despertó gritando que subían leones y tigres por la escalera.»
Betty ha encontrado por fin una manera de irritar y ocupar a sus padres por la noche. Los leones y los tigres son muy útiles para este fin.
«La madre la lleva a la escuela todas las mañanas, y el padre va a recogerla con frecuencia. Desde la primera infancia, el interés de esta niña, casi con exclusión de cualquier otra cosa, parece haber estado en observar las reacciones de la gente, tanto de niños como de adultos. Esta tendencia es tan marcada que a veces provoca una reacción solo para observarla y comentarla. Es muy rápida para referir con exactitud las peculiaridades de las personas a las que observa. Su mente es decididamente lógica y analítica.»
¿Qué significa esto? Es una evidente imitación del padre, que como escritor tiene que observar constantemente las reacciones de la gente. Muchos de ustedes conocerán sin duda la superstición de que las mujeres no pueden ser lógicas y analíticas, pero aquí tenemos un ejemplo que demuestra su falsedad. Cualquier niña puede ser lógica y analítica cuando, como en este caso, le sirve para su propósito.
«Inventó el juego siguiente. Betty era una jueza, mientras que sus compañeros de juego hacían de policías que habían detenido a una mujer desnuda y la llevaban ante la jueza Betty. Entonces la jueza Betty pronunciaba la sentencia siguiente: “Lo único que se puede hacer con una mujer desnuda es electrocutarla”.»
Es un juego significativo, porque muestra en primer lugar que ha comprendido la diferencia entre los sexos, y en segundo lugar que ha desarrollado el sentimiento de inferioridad: no habla de hombres desnudos, sino de mujeres desnudas. Es su protesta masculina. Un indicio a la vez de que le pesa ser mujer y de que quiere ser hombre. No debe sorprendernos que imite a su padre. Su alta ambición no concuerda con la idea que tiene del papel femenino.
«La desnudez como tal no es para ella nada sorprendente, porque ha visto constantemente desnudas a sus compañeras de campamento y sus padres no le dan importancia a que ella los vea bañarse si da la casualidad de que entra en el cuarto de baño.»
El objeto de la intolerancia de Betty no es la desnudez, sino las mujeres.
«Durante mucho tiempo exigió que le contaran cuentos de animales malos y de gente mala. Los cuentos buenos no le interesan.»
Es muy probable que los cuentos de animales malos sean un material útil con el que inquietar a su madre por la noche. Los individuos que no tienen sentimiento de comunidad gustan de creer que las personas son malas por naturaleza. La mayoría de los filósofos egoístas han patrocinado teorías de esa clase. Los individuos con sentimiento de comunidad suelen ser tolerantes y bondadosos y tratan de comprender los factores que hacen mala a la gente. Además, las historias de gente buena no son, en realidad, muy interesantes de leer. A nadie le interesaría la historia de un hombre bueno que siempre se levantara sonriendo por la mañana, dirigiera palabras amables a su familia, se fuera al trabajo riendo, llevara a casa regalos para sus hijos y flores para su mujer, y fuera siempre bondadoso, dulce y amable. Pero si se cuenta la historia de un hombre malo que es cruel y desconsiderado, se consigue que la gente la lea.
«Hace poco, de una manera muy dramática, la niña amenazó así a sus compañeros de escuela: “Si no hacéis tal y tal cosa, esta noche os mandaré la gripe para que os coja; os la mandaré por la ventana abierta y os moriréis”. Al final ella misma se creyó la historia e insistió en que se cerrara la ventana.»
Ven ustedes su afán de poder mágico en la frase «Os moriréis». Empieza a asumir el papel de la semejanza con Dios. Quiere ser dueña de la vida y de la muerte, hacer que la gente muera cuando no la obedece. Ahí reside la tragedia de la vida de una niña así. La falta de sentimiento de comunidad y su actitud dominante se vengarán en su propia persona. Quien a hierro mata, a hierro muere. Es la lógica cruel de la vida.
Me han dicho que la niña está enferma esta noche, de modo que solo podremos hablar con la madre. No estoy seguro de que podamos convencerla de nuestro punto de vista, pero nuestra tarea será explicarle la situación, y ella tendrá que explicársela a Betty. En muchos aspectos la madre ha obrado muy correctamente y ha comprendido la coherencia de la conducta de su hija. Tendrá que explicar a Betty que comer no es la cuestión vital que cree la abuela, pero de tal modo que la abuela no se sienta herida. Se le puede decir a la niña, por ejemplo, que la abuela tiene buena intención, pero no está lo bastante versada en estas cuestiones. La niña debería tener más amigos y se la debería alentar a ejercitarse en ser una dirigente útil entre ellos.
Entrevista
Entra la madre.
Dr. Adler. Hemos examinado con atención la historia de su niña y encontramos que es una niña muy inteligente y prometedora. Creo que su comprensión de la conducta de la niña ha sido excelente en muchos aspectos. Me parece que la niña se sintió abandonada cuando usted estaba ocupada con su familia y no se lo ha perdonado. No se da cuenta de que el propósito de su vida es ahora castigarla a usted por ese abandono, pero creo que si habla usted con ella del asunto puede convencerla de su amistad.
La madre. Lo he hecho una y otra vez, pero no le interesa. Se pone muy abstracta en este asunto, y está tan implicada emocionalmente y tan resentida que no deja funcionar sus facultades mentales. Le irrita mucho mi empleo y me dice: «¿Por qué no te buscas un empleo en mi escuela?». Le digo que en su escuela no hay empleo para mí y, en segundo lugar, que de ese modo no podría ganar bastante dinero.
Dr. Adler. Le sugeriría que le dijera que lo va a probar durante catorce días, para ver si le gusta pasar hambre porque usted no gana bastante dinero. Dudo que ella acceda a ello, porque veo que en su familia la cuestión de la comida está muy exagerada.
La madre. Es verdad.
La madre cuenta lo de la gripe y lo de que la niña observa a los demás seres humanos.
Dr. Adler. Su terror a la gripe es para mostrarle a usted que de verdad tiene el poder de hacer caer la gripe sobre sus compañeros de juego. Podría explicárselo usted de esta manera. Dígale también que desde muy pequeña ha querido ser el centro de atención.
La madre. He intentado razonar con ella y he avanzado hasta cierto punto, pero luego me he visto bloqueada.
Dr. Adler. Probablemente no encontró usted la palabra adecuada. Salga a pasear con ella y dígale de manera amistosa que verse obligada a dejarla le dolió a usted mucho. Insístale en que preferiría estar con ella todo lo posible, y luego apele a su razón y pregúntele si ella no trabajaría también si tuviera que mantener a una familia. Luego recuérdele que es hija única e insinúele que intenta gobernar a la familia poniendo dificultades con la comida. Podría decirle que no está usted del todo segura de que sea así y que le gustaría hablarlo con ella.
La madre. Hace poco ha habido varias muertes en la familia, por tuberculosis y por otras causas. Desde esas muertes se porta muy mal con la comida. Es muy consciente de lo que hace. Dice: «Si no ceno esta noche, seguro que no me muero».
Dr. Adler. Solo quiere irritarla y tenerla ocupada con sus asuntos. Lo que en realidad quiere decir es: «No comeré. ¿No tienes miedo de que me muera?». Y luego cree que usted se preocupará y la obligará a comer.
La madre. En realidad no molesta tanto con la comida como con sus otras reacciones. No le interesan en absoluto sus compañeros.
Dr. Adler. Creo que eso puede arreglarse mejor en la escuela. Quien le da clase le hablará como un verdadero amigo y le mostrará cómo puede ser la dirigente de otros niños, no gobernándolos y atacándolos, sino ayudándolos. Puede usted hablar también de este punto con ella si quiere, pero no la critique. Creo que entiende usted lo que quiero decir. Su meta en la vida es irritarla a usted, lo cual es común entre los hijos únicos, sobre todo si una vez se les consintió demasiado y luego se les abandonó. Tenemos que hacerla más sociable y más interesada por los demás, y usted puede conseguirlo mejor dejando caer aquí y allá una indicación amistosa de cómo puede hacerse. La niña es muy contemplativa y lo entenderá. ¿No está segura de que siempre será hija única?
La madre. Sí.
Dr. Adler. Ya ve usted lo lista que es. Sabe que puede rezar por tener otro hermanito y que su plegaria no será atendida. ¿Ha notado usted que preferiría ser un chico?
La madre. Sí, cree que los chicos tienen más libertad.
Dr. Adler. Se siente inferior, por eso pelea e insulta. No obstante, estoy seguro de que es una niña excelente. Si insulta, puede usted decirle que decir palabrotas no es especialmente inteligente y que los adultos de verdad distinguidos no lo hacen nunca. Tiene usted que tratarla con más libertad y hacerla su confidente, pedirle su opinión sobre pequeños asuntos de la casa, tratarla como a una persona mayor y hacerle sentir que puede ganar importancia asumiendo responsabilidades y siendo amable. También tiene que explicarle que siempre ha intentado dominar a la familia y hacerle ver que ni usted ni su marido intentan dominar; que la familia es una sociedad, uno para todos y todos para uno.
La madre. Me parece una idea muy buena.
Seguir al jefe
ESTA noche tenemos en estudio la historia clínica de Michael, un muchacho de doce años y ocho meses al que han sorprendido en varios robos. Es miembro de una banda organizada de un modo rudimentario, dirigida por un muchacho de catorce años que enseña a robar a estos chicos más pequeños.
Nuestra primera impresión es que Michael debe de estar seriamente descontento de las condiciones de su entorno. Si el jefe de la banda lo induce a robar, es evidente que tiene más importancia entre esos chicos que en la escuela o en casa. Las notas dicen:
«Ha estado robando durante bastante tiempo, hasta que a “Baldy”, que era el jefe, lo enviaron a un reformatorio. Esto fue hace unos dos años. Ahora Baldy ha vuelto al barrio, y a los chicos los han sorprendido en varios robos.»
Un factor importante es que el muchacho no roba por su cuenta. La banda lo utiliza y abusa de él. Quizá el jefe halaga el egotismo de Michael, o quizá Michael es uno de esos niños débiles mentales, o casi débiles mentales, que obedecen ciegamente al jefe que han aceptado. Quien haya estudiado casos criminales sabe que en toda banda hay miembros de este tipo. Son los instrumentos que realizan el robo propiamente dicho. Es probable que este niño no sea débil mental, pero desde luego depende muchísimo de los demás. Quiere ser un subordinado, y adquiere un sentimiento deformado de superioridad siguiendo ciegamente las órdenes de su jefe.
«A Michael lo llevaron al Tribunal de Menores y ahora está en libertad vigilada.»
No es este el lugar para discutir si la libertad vigilada para niños es buena o no. Pero que un niño de solo doce años esté en libertad vigilada bajo la autoridad del tribunal es una dificultad importante, que puede aumentar su sentimiento de degradación y de humillación.
«El padre y la madre nacieron en Ucrania, y la madre habla muy poco inglés. El padre habla inglés bastante bien. Llevan unos tres años viviendo en Nueva York. El padre trabaja de ocho a cinco en una fábrica; la madre trabaja de cinco a nueve limpiando oficinas. Los dos padres son ciudadanos naturalizados, y todos los hijos nacieron en América.»
La incapacidad de la madre para hablar inglés con soltura es una desventaja más. Esas pequeñas cosas pueden entorpecer fácilmente el desarrollo social de un niño. Además, cuando los niños están en casa, los padres prácticamente nunca están juntos en ella.
«Hay tres hijos: Leon, de catorce años y seis meses; Michael, de doce años y ocho meses, y Mary, de seis. Viven en un piso de cuatro habitaciones en una casa de vecindad de tipo antiguo. No hay ascensores, ni baño, ni calefacción, y el retrete está en el rellano. Hay dos dormitorios. Michael y Leon duermen juntos. La familia es católica.»
Es probable que el hermano mayor de Michael haya desarrollado las características de un jefe y que Michael se le haya sometido para sentirse su igual, como compañero y socio. Al dejarse dirigir, gana la atención y el aprecio del jefe. Su hermano le lleva dos años y su hermana es seis años menor, de modo que probablemente el hermano mayor influyó en su patrón más que la hermana menor. La descripción de la casa muestra que son muy pobres, y la situación familiar puede ser mala.
«Michael tuvo un nacimiento y un desarrollo normales. Anduvo al año y habló poco después. Parece cariñoso y amistoso con todo el mundo, incluida su propia familia. En la escuela es popular y se lleva bien con los demás niños.»
La historia confirma nuestras suposiciones sobre la psicología de este niño. Es amistoso y sumiso y, por lo tanto, es improbable que sea el cabecilla de ninguna fechoría.
«Michael dice que ha tenido algunos maestros que no le gustaban, pero que le gusta quien le da clase ahora.»
Es evidente que quiere que lo traten con amabilidad, y su conducta tiene el carácter de un pacto con la autoridad: «Sé bueno conmigo y yo seré bueno contigo». Precisamente porque es tan humilde se le puede arrastrar al delito. Sería igual de fácil llevarlo a hacer cosas buenas, pero eso no bastaría. Hay que enseñarle también a ser independiente y a tener confianza en sí mismo. No basta con amonestarlo y sermonearlo. Hay que darle el sentido de su propia responsabilidad.
«Juega en la calle buena parte del tiempo. Juega al pilla-pilla y a la pelota, y a los dados; en general los demás niños lo aprecian, y los chicos mayores lo manejan fácilmente.»
La historia clínica confirma una y otra vez nuestras presuposiciones. Michael hará cualquier cosa por que lo aprecien.
«Michael dice que tiene una chica a la que lleva a veces al cine y a cuya casa va de visita algunas veces. Él y su hermano se turnan para limpiar zapatos. Tienen un equipo de limpiabotas y salen después de la escuela y los sábados.»
«Él y su hermano.» De nuevo la confirmación de que tiene que estar con un jefe. Salir con chicas es un gesto patente de imitación de los chicos mayores.
«La madre de Michael dice: “Mike buen chico. Él siempre contento en casa. Le encanta jugar con su hermana pequeña, la hace rabiar a veces. Yo no sé él va con Baldy. Baldy chico muy malo. Mike nunca se mete en líos hasta que se junta con Baldy. Faltó a la escuela dos veces, una cuando fue a Coney Island, una cuando yo quería que viniera al hospital conmigo. Yo no hablar tan bien. Mike ahora va con chicos malos. Yo creo que intentamos mudarnos, para que Mike vaya con chicos mejores”.
»La madre dice que, cuando se va a trabajar a las cinco, el padre se ocupa de Michael y no le deja salir corriendo a la calle. Quiere que vaya todas las tardes a la Settlement House, para que no salga a la calle. Michael gana a menudo uno o dos dólares, que lleva a casa a su madre, y ella le da cinco o diez centavos.»
Aunque está bien que un muchacho aporte sus ganancias a la familia, quizá en este caso sea un indicio más de rebajamiento de sí mismo. La madre tiene toda la razón en lo de mudarse a otro barrio. Es mejor trasladar a un niño así, si está constantemente expuesto a la tentación, que exponerlo a una situación viciosa. Michael puede dejarse dirigir por su padre, pero como el padre no puede estar siempre en casa, Michael cae bajo la influencia de los chicos mayores. La única curación verdadera es hacerlo más independiente.
«El padre dice: “Mike no es malo. Nunca coge dinero en casa, aunque podría cogerlo de mi cartera”. Leon adopta hacia Mike la actitud de hermano mayor. Peleará por él y con él. El hermano mayor cuenta con entusiasmo cómo dio una paliza a otro chico en defensa de su hermano, pero se siente muy superior a Michael. Va más adelantado en la escuela y saca mejores notas. No roba ni juega a los dados.»
La historia clínica sigue confirmando nuestras conjeturas anteriores. El hermano mayor pelea con Michael y lo sojuzga para superar su propio sentimiento de inferioridad innato, mientras que Michael venera a su hermano como a un héroe.
«Michael dice: “Mi padre y mi madre quieren más a Leon”. Leon lo confirma con entusiasmo y añade que su hermanita también lo quiere más a él. Michael quiere mucho a su madre y a su hermanita, y no muestra resentimiento por la desaprobación de la familia, aunque sé que la siente.»
Su falta de resentimiento significa probablemente que Michael tolera su posición subordinada solo para sacar de ella ciertas ventajas. Es importante saber si la mentalidad del niño es realmente de nivel bajo, y para esa información tenemos que recurrir al informe escolar.
«Michael nació en una ciudad fabril del estado de Nueva York, y tanto la madre como el padre trabajaban todo el día en la fábrica. A los niños los llevaban a una guardería a las ocho de la mañana y los recogían a las cinco o las seis de la tarde. Esto duró tres años. Luego enviaron a los niños a una escuela católica. Cuando Michael tenía ocho años, la familia se trasladó a Michigan, pero volvió a Nueva York ese mismo año. Este cambio le costó a Michael un año en la escuela. Aunque había cumplido ya los ocho años, lo pusieron en primer grado. Ahora está en el taller elemental 4A. Sus mejores notas son en aritmética; las peores, en lectura y ortografía.»
Es probable que se sintiera humillado por esta pérdida de un año, que lo puso en una clase con chicos más pequeños. Puede que sea un niño zurdo, porque su apodo es Lefty [Zurdo].
«Quien le da clase dice: “Michael me gusta, y los niños lo aprecian. No se pelea. El test de inteligencia muestra que tiene un cociente intelectual de 70. Una prueba motora-mecánica mostró que tenía buena habilidad con las manos, con una puntuación media para su edad. Un test emocional indicó que le preocupan mucho los robos y que lo hayan llevado al Tribunal de Menores. Parece tener miedo de los chicos mayores de la banda”.»
El bajo C.I. llevaría a muchos a creer que este niño es débil mental, pero hay que recordar que su patrón de vida es de desaliento y de miedo. Soy muy partidario de trasladarlo a una situación más favorable.
«El verano pasado Michael fue durante dos meses a un campamento gratuito. Sus mejores resultados fueron en natación; buenos en atletismo y en música. Su actitud fue de cooperación y de ayuda. El monitor observó: “Mike fue uno de los puntos luminosos de la temporada. Tiene la sonrisa más alegre que he visto nunca, y siempre la llevaba puesta. Es el típico despreocupado. Su trabajo y sus juegos de rutina los hacía siempre con un espíritu alegre”.»
Michael estaría completamente dispuesto a destruirse si alguien se lo pidiera como un favor. El monitor, acosado por muchos chicos difíciles, apreciaría naturalmente a un niño que era un buen atleta y siempre estaba alegre. Sonríe tan constantemente porque pone toda la responsabilidad de sus actos en manos de otros. Este niño nunca sería un problema en un entorno favorable.
«Durante varios meses antes del 30 de marzo de 1929, el muchacho había cometido una serie de pequeños hurtos, que culminaron en un robo considerable de varios monederos cuyo contenido ascendía a 60 dólares. Los cogieron en un aula abierta donde se estaba dando una clase. El robo se atribuyó a la banda de la que Baldy era el jefe, otro chico el cerebro y Michael el instrumento.»
Está perfectamente claro que Michael no sería el instigador ni el jefe de una actividad de este tipo.
«En su confesión, Michael dijo que entró en el vestíbulo y consiguió que el ascensorista, que está a cargo del edificio, lo persiguiera. Dijo que el ascensorista lo amenazó con retorcerle el pescuezo si lo cogía. Mientras lo perseguían, los otros chicos treparon al edificio, robaron los monederos y los relojes y se repartieron el dinero.»
Que a uno lo persiga un ascensorista no es precisamente un papel heroico.
«En el robo de Brooklyn, Michael dijo que no se llevó nada. Dijo que su trabajo era “vigilar por si venían los polis”. Cuando vio que venía uno, gritó: “¡Chicki!”, y los otros chicos echaron a correr. Por cierto, no lo bastante deprisa, porque los cogieron a todos y los llevaron al tribunal.»
De nuevo desempeña un papel inferior.
«Esta banda juega también a los dados los domingos delante de la casa de Michael. Michael tiene miedo de Baldy. “Baldy muerde cuando se pelea.”»
Su servilismo, en este caso, se basa probablemente solo en el miedo.
«Su recuerdo más antiguo es: “Me acuerdo de que, cuando vivíamos en Little Falls, robábamos sandías”.»
Es interesante que no diga: «Yo robaba». Michael nunca está solo. Dudo que comprenda que robar está mal. Está más o menos hipnotizado por el espíritu de la banda, porque en la banda pierde su identidad y su responsabilidad personales.
«“Me acuerdo de que, cuando era pequeño, había una ratonera en el suelo y yo estaba metiendo cerillas en ella y una cerilla cayó en la cama y se prendió fuego. Mi hermano bajó corriendo la escalera y fue a buscar a mi padre.”»
Este recuerdo muestra la convicción de Michael de que, cuando intenta cualquier actividad independiente, sobrevienen con seguridad el fracaso y la catástrofe. Está igualmente seguro de que siempre habrá alguien que lo ayude. Es un niño que nunca ha superado su sentimiento de inferioridad original y que tiene un miedo desesperado a aventurar nada bajo su propia responsabilidad. Su vida ha sido una sucesión de escenas en las que lo han dominado por completo su hermano, quien le daba clase, Baldy y sus compañeros de banda.
«“Soñé que estaba en un palacio, un castillo, con habitaciones grandes que eran muy bonitas.”»
Quizá esto sea una prueba del deseo de Michael de ocupar una posición más importante en la vida.
«Otro sueño: “Una noche, mientras dormía, entró un hombre y robó a mi madre y le pegó un tiro a mi hermano. Me subí a un caballo y lo perseguí y le pegué dos tiros en el corazón y lo tiré del caballo.
»“Soñé que mi madre se moría, y yo lloraba y quería coger al tipo que había matado a mi madre, y lo cogí y lo maté. Era un gánster muy importante.”»
En este sueño desempeña el papel de héroe. Muestra también su miedo a perder a alguien de su familia. Emocionalmente el sueño dice: «Me alegro de tener a mi madre y a mi hermano, porque soy muy débil». No puede imaginar mayor calamidad que quedarse sin jefe.
«A la pregunta “¿Qué te gustaría ser de mayor?”, Michael respondió al instante: “Jefe de policía”.»
Michael quiere ser jefe de policía porque su ideal simboliza al que manda, al hombre más fuerte. Es una compensación de su propia debilidad.
Quien le da clase interpreta el caso del modo siguiente:
«Michael no ha tenido realmente una oportunidad justa, porque su madre ha tenido que trabajar la mayor parte del tiempo. Su hermano Leon hace mucho mejor papel, tanto en la escuela como en casa. Su hermana menor le quitó el puesto cuando él tenía seis años, y ahora, aunque él la quiere mucho, ella prefiere a Leon. La escolaridad de Michael ha sido otra causa de desaliento. Cuando tuvo ocasión de entrar en la banda, que sin duda lo recibió de buen grado, lo hizo. El tratamiento que se aconseja es recomendarle que vuelva al campamento donde estuvo el verano pasado. Esto lo pondrá en un buen ambiente durante dos meses y le dará ocasión de hacer las cosas en que sobresale, como la natación. Hemos aconsejado que Michael y Leon estén con monitores distintos, para que Michael pueda adquirir fuerza y valor por sí mismo. Intentamos que la familia vea en Michael no una deshonra, sino un valor.»
Es una buena manera de empezar, pero solo es un comienzo. Michael tiene que comprender por qué se empeña en desempeñar un papel inferior. Hay que alentarlo a creer que es capaz de ser su propio jefe. Al hablar con Michael, será mejor no mencionar los robos. Solo tenemos que ocuparnos de su infravaloración de sí mismo. Tenemos que averiguar si es realmente un niño zurdo y si necesita una enseñanza especial de lectura y ortografía.
Entrevista
Entra el padre.
Dr. Adler. Querríamos hablarle de su hijo Michael, que nos parece un muchacho muy prometedor. Su mayor error es que le gusta demasiado que lo dirijan. Toda su personalidad está construida sobre este error, y por eso no es muy valiente y quiere que otro asuma la responsabilidad de sus actos. ¿Ha notado usted que no es valiente, que tiene miedo a la oscuridad, que no le gusta que lo dejen solo?
El padre. Sí, sé que no le gusta que lo dejen solo.
Dr. Adler. Usted puede hacer mucho por ayudarlo. No hay que castigarlo. En realidad no es culpable. Hay que alentarlo y convencerlo de que es lo bastante fuerte para conseguirlo todo por sí mismo, sin la ayuda de su hermano ni de su banda. Creo que es un buen chico y que solo hace falta mostrarle dónde se ha equivocado. No le haga reproches ni lo castigue, sino aliéntelo a ser más fuerte, y será más responsable.
Entra el muchacho.
Dr. Adler. ¡Vaya, pero si eres un chico grande y fuerte! Creía que eras pequeño y débil, y no es así en absoluto. ¿Por qué crees que los otros chicos saben más y entienden más que tú, y que tienes que escuchar lo que dicen y hacer lo que te piden? ¿Treparías por esta pared si alguien te lo dijera?
Michael. Sí.
Dr. Adler. Eres un chico inteligente y no necesitas un jefe. Eres lo bastante mayor para ser independiente y valiente y ser tú mismo un jefe. Puedes quitarte de la cabeza la idea de que los demás hacen las cosas mejor que tú. ¿Crees que siempre tienes que ser el esclavo de otros chicos y hacer lo que te mandan? ¿Cuánto tardarías en dejar de hacer todo lo que te dicen? ¿Crees que podrías hacerlo en cuatro días?
Michael. A lo mejor.
Dr. Adler. ¿En ocho días?
Michael. Sí, puedo hacerlo en ocho días.
Sale Michael.
Dr. Adler. No tenemos reglas, pero nuestra tarea en este caso es evidentemente llevar a Michael al lado útil de la vida cambiando su patrón por otro más valiente. Su ambición era demasiado difícil de alcanzar para él, y por eso se contenta con lo que puede conseguir.
Estudiante. ¿Es su sonrisa constante una señal de que intenta ganarse a los demás para que se ocupen de él?
Dr. Adler. Sí, es muy probable que esa sea una de las razones.
Estudiante. ¿Cómo se le puede hacer sentir que vale la pena ser valiente?
Dr. Adler. El valor no se puede dar como una cucharada de medicina. Lo que tenemos que hacer es mostrarle que será más feliz si no se infravalora, y descubrirá las ventajas del valor en cuanto consigamos que se resista a las órdenes de su banda. Intenté mostrarle que es un error dejarse dirigir siempre. Si aumentamos la estima que tiene de sí mismo, el valor vendrá por sí solo. Mientras se sienta inferior, no aceptará responsabilidades. Educarse para ser responsable y educarse para ser valiente forman parte de lo mismo.
Estudiante. ¿No ha sido usted un poco más severo con este muchacho que con los otros?
Dr. Adler. Debo confesar que, si así fue, no fue intencionado, pero espero haberle hablado con la mayor prudencia posible. El arte de hablar a un niño hay que aprenderlo, y es muy posible que yo, como otros, cometa errores. No hay dos personas que aborden a un niño de la misma manera. Personalmente me gusta un estilo bastante dramático, porque eso ayuda al niño a identificarse como actor importante de la conversación. Intenté ser muy amistoso con el niño, y no me sorprendería que le hubiera caído bien y que estuviera dispuesto a volver aquí. Quizá quien nos ha traído el caso nos informe de sus progresos posteriores.
El niño demasiado dócil
ESTA noche tenemos el caso de Saul, que tiene ocho años y medio. El problema actual es que no se desenvuelve bien en la escuela, una situación que viene de lejos.
Con un niño de ocho años y medio que no se desenvuelve en la escuela hay siempre dos posibilidades que considerar. O el niño es débil mental o es incapaz de adaptarse a las condiciones de la escuela porque estaba acostumbrado a una situación más favorable en casa.
Las notas del caso dicen:
«En las últimas dos o tres semanas parece haber una mejoría, debido a que la persona encargada de la escuela, que asiste a estas clases de psicología individual, parece haber logrado comprender mejor su problema.»
Al parecer tenemos aquí la segunda de las dos posibilidades, y me alegra mucho saber que estas clases han sido de provecho práctico.
«Saul parece del todo indiferente a su situación en la escuela y dice que no sabe hacer sus tareas. Tras presionar considerablemente al niño en una conversación privada, se averiguó que sí poseía algunos conocimientos, aunque era difícil determinar hasta dónde llegaba su comprensión, porque no hacía el menor esfuerzo por sacar de la memoria dato alguno.»
Si un niño ha perdido la esperanza y cree que el progreso es imposible, su actitud se expresa mejor que de ningún otro modo mediante la falta de memoria y la ignorancia de los hechos.
«No hacía sus ejercicios de aritmética, y sin embargo tenía algún conocimiento de las operaciones y combinaciones. Garabateaba en un papel o lo dejaba en blanco, salvo a ratos sueltos. Su conducta era muy mala e interfería decididamente en el trabajo escolar. Se levantaba de su asiento y deambulaba por el aula, atacaba a otros niños por desaires reales o imaginarios, hablaba en voz alta y, sobre todo, intentaba hacerse el gracioso y hacer reír a los niños con gestos, maneras de andar y bromas. Parecía tener cierta dotación dramática y habría resultado gracioso si hubiera hecho las mismas cosas en el momento oportuno. Pero en la escuela no hay lugar para esta clase de actuación, y era lo que los sufridos maestros llamaban “un niño imposible”, expresión que describe muy bien su relación con el aula.»
Saul hace el papel de payaso para ser el centro de atención. Usa los medios baratos de que dispone porque no confía en sí mismo para acaparar los focos del aula de un modo útil.
«Llora con facilidad...»
Esto me hace pensar que lo han mimado hasta que ha llegado a creerse una persona tan valiosa que, si él sufre, los demás tienen que sufrir también.
«... y parece más bien un bebé cuando se le reprende. Esta conducta alterna con sus intentos de hacerse el gracioso.»
Un niño mimado gusta muy a menudo de hacer el papel de bebé. Emplea dos medios para atraer la atención: o es un cómico o es un bebé.
«Discutía y se peleaba con niños de la escuela mayores que él. Siempre andaba metido en líos en el recreo o a la ida y la vuelta de la escuela.»
Esta clase de conducta muestra que no está socialmente adaptado.
«A veces cuenta historias fantásticas. Lo pasaron de curso desde la última clase, y lo probable es que hubiera mejorado, pero le dijo al nuevo maestro que lo habían pasado de curso porque su padre y el padre del maestro anterior eran amigos. (Eran amigos, pero no fue ese maestro quien decidió su paso de curso.)»
El hecho de que acuse al maestro de fraude indica que no está en absoluto dispuesto a cooperar.
«Un día, como excusa por no haber hecho sus deberes, le dijo al maestro que su casa se había quemado. (Había habido un incendio en casa de su tía.)»
Empieza a mentir para salvarse de situaciones difíciles.
«Sus historias estaban evidentemente sugeridas por hechos que él introducía deliberadamente en su propia vida, pero cuando las contaba nadie sabía que procedían de sucesos verídicos. Saul sabía que no estaba diciendo la verdad y lo admitía cuando se le presionaba. Sus problemas anteriores eran parecidos. No tuvo dificultades en el jardín de infancia, donde no se le exigían resultados escolares, pero en cuanto entró en la escuela primaria, a los seis años, empezaron los problemas, que han ido en aumento con cada grado.»
Cuanto menos se exija a un niño así, menos problemas se tendrán. En la situación relativamente fácil del jardín de infancia no dio guerra, pero cuando se vio ante tareas de mayores el muchacho empezó a protestar. No había aprendido a trabajar por su cuenta. Si repasamos lo que sabemos del caso hasta aquí, hemos de concluir que es un niño mimado que ha ido oponiendo una resistencia progresiva a los problemas de hacerse mayor. Cuanto más se acerca a esos problemas, con más fuerza protesta, tratando de eludir las cuestiones y de escapar al lado inútil de la vida.
Antes su vida transcurría muy tranquila, y no dio ningún problema hasta que entró en la escuela. Si se nos han dado todos los datos necesarios y no se omite nada en la historia clínica, podemos estar razonablemente seguros de que su madre lo mimaba, y lo sigue mimando.
«Los padres viven. Hay dos hijos: Saul, de ocho años y medio, y Sarah, que tiene cinco.»
Aquí tenemos de nuevo el problema de un niño mayor y una hermana menor. Tiene que haber una competencia considerable entre estos dos niños, y me imagino que, si investigamos a fondo, encontraremos que los problemas empezaron cuando él tenía tres o cuatro años y tuvo que hacer frente a la rivalidad de su hermana. Es probable que en esa época empezara a perder el valor y la confianza en sí mismo y que comenzara a exigir con sus actos que continuaran los excesivos mimos de su madre. Probablemente su hermana es una niña fuerte y sana cuyos progresos van invadiendo sus dominios.
«La relación entre los padres es excelente; la madre, aunque de modales tranquilos, es quien manda; el padre trabaja para una empresa de mudanzas y gana un sueldo pequeño, que varía algo cada semana. La madre es ahorradora y una excelente ama de casa. Hace ella misma todo el lavado de la ropa, pero les dice a sus vecinas que la manda a la lavandería, porque esas vecinas mandan fuera su ropa y ella quiere guardar las apariencias. El padre trae a casa su salario cada semana y está orgulloso de lo bien que ella administra y de lo ordenado de su hogar.»
Estos datos nos muestran que la madre es orgullosa y ambiciosa, y que también su marido se apoya en ella.
«La madre mantiene a los dos niños a la altura en todos los aspectos: limpieza, obediencia, buenos hábitos de salud y cosas por el estilo. Vigila dónde juegan los niños y con quién. Es una excelente esposa y madre. El padre es más impulsivo, tiene gran confianza en su mujer y es bondadoso con los niños. No sabe manejar a Saul tan bien como la madre, y por eso la madre cree que Saul prefiere a su padre. Saul es servicial, le gusta ayudar en las tareas de la casa, hacer recados para su madre y ocuparse de la habitación que comparte con su hermanita.»
Nuestro paciente no ofrece resistencia a su hermana porque pasa demasiado tiempo con ella. Creo que si pasara más tiempo con su padre sería más crítico con ella.
«Cada niño tiene su propia cama. Cuando la madre estuvo enferma, Saul mostró gran solicitud por ella, y bajó corriendo a la farmacia por iniciativa propia a buscar ayuda.»
Estos son, una vez más, signos de que el niño depende de su madre, y es probable que desee aparecer como un héroe a sus ojos.
«Cuando su madre lo castiga llora un poco, pero se le pasa enseguida. No muestra resentimiento, sino que dice: “Muy bien, tú mandas; tú eres la madre, tienes razón”. Su madre no lo elogia demasiado, pero en las últimas dos o tres semanas lo han elogiado por sus progresos en la escuela.»
La actitud del muchacho ante el castigo es la crítica humilde de una persona débil, pero creo que irá cobrando valor a medida que su trabajo escolar mejore.
«La hermanita es muy atractiva y, aunque no está mimada, toda la familia la consiente. Saul la quiere mucho.»
Esto parecería echar por tierra nuestra interpretación, si no fuera porque Saul probablemente reconoce que el enemigo lo ha vencido y, como ha perdido la esperanza de ganar la batalla, se hace amigo de su vencedora. No es raro que los niños destronados muestren cariño hacia quienes los han desplazado.
«Tiene miedo de que los gitanos la roben en la calle.»
Con esta actitud saca partido de su sensación de estar dominado.
«Su madre le da seis centavos; él gasta cinco en leche y a menudo le da el centavo restante a su hermanita. La madre dice que Saul es como su padre: generoso. La hermana lo toma como la cosa más natural. Cuando los chicos de la calle quieren burlarse de él, ella les dice que no lo hagan. En la calle se burlan bastante de él.»
Saul hace el papel de protector, que es una buena manera de reconciliar a un hermano mayor con una hermana, porque le da ocasión de sentirse mayor. Por otra parte, también la hermana quiere proteger a su hermano.
«Juega sobre todo con chicos que son parientes suyos. Lo llaman “Gordo” porque es muy gordo; también lo llaman “tonto” por sus dificultades escolares. Cuando también sus tíos lo llamaron estúpido, su madre les pidió que no lo hicieran.»
La causa más común del exceso de grasa es comer demasiado. Pero, por otra parte, puede tener alguna enfermedad glandular que produzca obesidad. La madre tiene razón cuando advierte a los tíos que no lo humillen.
«Se pelea y, aunque lleva la peor parte, por lo general sigue peleando.»
No es raro encontrar que los niños sin esperanza se pelean con la convicción de que les van a ganar.
«Es sumamente bondadoso con los animales y le gustan las flores.»
Este tipo de muchacho prefiere por lo común una vida tranquila, y probablemente, si no se burlaran de Saul ni lo atacaran, se interesaría por el cuidado de animales y plantas.
«Va al cine, que ocupa buena parte de sus pensamientos.»
Debería decir aquí unas palabras sobre el cine. Dudo mucho de que pueda ser enteramente responsable de un desarrollo incorrecto en un niño, pero estoy seguro de que, si se han cometido errores en casa, las películas pueden intensificarlos, y el niño puede sacar de ellas materiales para su patrón equivocado. Difícilmente podemos esperar cambiar su patrón prohibiéndole el cine, porque encontraría otra manera de entrenarse. En Europa hay una censura estricta que decide si los niños pueden ver una película o no, pero desde luego eso no basta, pues no podemos impedir que los adultos, a menudo los padres de los niños, se entrenen para un patrón falso. El cine acostumbra a la gente a la astucia y a la marrullería. La mayoría de las películas basan su atractivo en las tretas, y eso es lo que niños y adultos quieren aprender: un camino rápido hacia el poder. Mucha gente cree que la astucia y las tretas son ventajosas, pero desde el punto de vista psicológico difícilmente podemos estar de acuerdo. Para nosotros, el uso de tales métodos no es más que un signo de que un individuo no tiene valor, y deberíamos educar a la gente para que se dé cuenta de ello. Las tretas, la marrullería y la astucia deberían reconocerse como recursos de cobarde. Podemos reírnos de ellas y asombrarnos de su eficacia, pero en lo más hondo de nuestra conciencia deberíamos saber que solo las emplean personas que no confían en sus propias fuerzas para alcanzar una meta normal.
«El niño estaba sano al nacer, pero el parto tuvo que hacerse con instrumentos. Fue amamantado durante nueve meses y luego alimentado con biberón. Habló al año, anduvo a los quince meses; entre los dieciocho meses y los dos años tuvo convulsiones en cuatro ocasiones. Después de que le salieron los dientes no hubo más convulsiones.»
Es bastante seguro que este niño tuvo alguna dificultad con la glándula paratiroides. Las convulsiones no tuvieron nada que ver con la erupción de los dientes.
«Tuvo sarampión a los dos años y varicela a los cuatro. Ahora come bien, está sano, pero no es glotón.»
Si el niño fuera glotón, eso mostraría cierto grado de terquedad. Este muchacho evidentemente no es del tipo que se resiste, sino que está mucho más inclinado a someterse.
«Es muy limpio en sus hábitos y nunca ha tenido enuresis.»
Bien podríamos haber esperado que este niño tuviera enuresis y dificultades con la comida, pero al parecer su madre lo ha manejado con considerable comprensión. Estoy seguro de que, cuando hablemos con ella, tendremos la impresión de que es una mujer inteligente.
«Le gusta ir limpio y pide una blusa limpia para ir a la escuela cada día. Le gusta que su madre lo lave y lo vista, pero en lo que toca al sueño es independiente. De bebé estaba siempre desvelado y había que mecerlo mucho, pero ahora duerme bien.»
Imita a su madre en la limpieza porque así consigue su atención. La técnica de ella para tratar sus dificultades de sueño parece haber mejorado con el tiempo.
«Colecciona estampas y tarjetas postales.»
En otras palabras, siente que tiene que aumentar su menguado prestigio acumulando objetos. Es probable que este muchacho robe si no se mejora su situación.
«Puede que necesite gafas, y esta semana lo examinan para comprobar si existe algún defecto visual.»
Quizá cueste persuadir a Saul de que lleve gafas.
«Su recuerdo más antiguo es que visitó a su abuela cuando tenía tres años y su madre lo castigó por enuresis. Su madre dice que no era una costumbre habitual en él.»
Esta debió de ser una de las primeras veces en que sintió amenazada su importancia, y trató de atraer la atención de su madre mojando la cama, solo para encontrarse con que en cambio lo castigaban.
«Otro recuerdo data de los cuatro años. Estaba con su padre en un camión de mudanzas y, cuando su padre no miraba, ayudó a sacar del camión unos cuantos objetos pequeños, evidentemente con gran satisfacción.»
Esto muestra una actitud servicial, y quizá el que recuerde el episodio signifique un deseo de ganarse la aprobación de su padre.
«Recuerda cuando nació su hermana, cuando él tenía tres años y medio. Dice que su madre le dio caramelos en aquella ocasión.»
El nacimiento de su hermana planteó un problema real, y dudo de que los caramelos lo reconciliaran con su presencia.
«Hay varios sueños que recuerda. (Sueño 1) “Soñé que estaba con un vaquero y que yo iba a caballo; el caballo se convirtió en una cabra; yo tenía la pistola del vaquero. Cuando disparé una vez, la pistola se disparó, pero la segunda vez era una pistola de truco y no se disparó.”»
Vemos el énfasis en los trucos en este sueño. Un caballo se transforma en una cabra, una pistola de truco no se dispara. Este muchacho busca trucos para transformarse a sí mismo.
«(Sueño 2) “Soñé que iba a caballo y que yo era Rudolph Valentino. Cuando un hombre se muere, sueño con él.”»
Es evidente que se está modelando según los héroes del cine.
«“Soñé con William S. Hart. Soñé que me raptaba y se escapaba conmigo.”»
He aquí uno de los peligros del cine. El rapto desempeña un papel demasiado importante en su vida. En cuanto al sueño de la muerte: si sueña con hombres después de que mueren, trata de evitar la muerte. Pero si dice que sueña con ellos antes de que murieran, eso indicaría un esfuerzo por ser profeta.
«Su ambición es ser actor de cine. Le interesan muchísimo todos ellos, y su héroe es Tom Mix.»
Esta ambición no sorprende, dado que ha estado haciendo un papel durante toda su vida escolar. El papel de payaso, de cómico, de actor interesado en trucos. Quiere vencer peligros, ser poderoso, y probablemente cree que ser actor de cine es una manera de lograr sus fines.
«La conversación siguiente muestra sus miedos. Saul: Tengo miedo de Rudolph Valentino; lo veo en sueños. P. ¿No sabes que está muerto? Saul: Sí, ya lo sé. Sé por qué murió. Era demasiado guapo; todas las mujeres lo querían.»
Recuerden que se trata de un muchacho de ocho años y medio. Es asombroso lo pronto que el miedo al amor y a las mujeres puede formar parte definida del patrón de un niño. No es difícil comprender por qué Saul tiene esta actitud. Tiene una madre muy fuerte, y ya he hablado del hecho de que los muchachos con madres dominantes tienen a menudo miedo de las mujeres. Más adelante en la vida, cuando este miedo o exclusión de las mujeres se fija, el individuo puede volverse homosexual. Aquí tenemos el proceso en formación, y para prevenirlo hemos de influir en la madre para que no domine demasiado a su hijo.
«Saul. Un día una mujer le puso veneno en la comida; le ponía un poco cada día hasta que se murió. Mi padre me enseñó la película. Cuando su mujer se despertó, ya no lo encontró. P. ¿Lo hizo su mujer? Saul. No, otra señora.»
Aquí tenemos de nuevo la influencia del entrenamiento del cine.
«Comentario del caso por la maestra: “Hace unas tres semanas juzgué que los intentos de Saul de ser un actor divertido en el aula concordaban con la descripción de un niño desalentado, bloqueado por todas partes. Por eso le di más elogios de los que merecía su trabajo y un aliento excesivo. Empieza a responder; sus ojos han perdido su expresión apagada y muestra alguna ambición. Lleva a casa buenas notas y le promete a su madre hacerlo aún mejor. Parece que es un niño valiente, pues me contó que un día a su madre se le cayó una pinza de la ropa al patio, a oscuras, y él bajó las escaleras a buscarla, sin miedo.”»
Quiere ser un héroe cuando su madre está mirando.
«“Sus peleas mostrarían su valor. No es tímido ni finge serlo. Lo que finge es que no sabe sus lecciones. Puede que sus ojos le supongan cierta desventaja, pero se corregirá esta semana si existe. Sus objeciones a los motes que le ponen los chicos pueden desaparecer si aprende a tomárselos con buen humor. Se le ha dicho que los chicos a menudo se ponen motes unos a otros, que, por ejemplo, hay en su clase un chico de color al que han apodado Farina, y que le gusta.”»10
En cuanto a los motes: es cierto que si un muchacho tiene otras ventajas, los motes no le preocupan mucho.
Veo que la maestra de Saul ha encontrado la mejor manera de influir en él y estoy seguro de que tendrá éxito. Su éxito será más estable si la madre del muchacho deja de dominarlo y si a él se le asegura que tiene todas las posibilidades de progresar y que su miedo a que su hermana lo adelante no tiene fundamento. Tiene que comprender que las niñas se desarrollan más deprisa que los niños y que él, a su vez, se desarrollará más tarde más deprisa que su hermana. Habría que persuadir a su madre de que lo tome más en serio. No es prudente hacer a este muchacho demasiado obediente. Que ella hable con él de sus planes y que nunca le exija nada simplemente porque ella lo quiere. Debería hacerle partícipe de sus confidencias, explicarle las cosas con más detalle e incluso pedirle consejo: «¿No sería mejor que te lavaras y te vistieras solo?», «¿No crees que esto sería bueno para tu hermana?».
Entrevista
Entra la madre, acompañada de la maestra que presenta el caso, y se la presenta al doctor Adler.
Dr. Adler. En muchos aspectos ha sido usted muy sensata en el trato con su hijo. Lo ha guiado apartándolo de ciertos peligros que los niños a menudo no son capaces de superar.
La madre. He procurado hacer de él un buen chico.
Dr. Adler. Es un buen chico, pero en la escuela las cosas le resultan muy difíciles. Probablemente el origen de sus dificultades es que fue hijo único durante tres años y medio y la vida le resultaba más fácil que hoy. No es un cobarde y no ha cometido los errores de otros niños en la misma situación. Sin embargo, de algún modo oculto siente que su hermana compite con él con demasiado éxito, y quizá cree que usted la prefiere a ella. ¿Ha dicho alguna vez algo de esto?
La madre. No, nunca ha tenido celos.
Dr. Adler. A pesar de que quiere ser su protector, creo que tiene miedo de que ella se desarrolle más deprisa que él. Fíjese en que ella también intenta protegerlo. En mi opinión, Saul se desarrollará mejor si no se le domina demasiado. Me gustaría que usted lo animara a creer que es un miembro importante de la familia. Dele abundantes ocasiones de tener sus propias experiencias fuera de casa, y consúltelo de vez en cuando para que pueda desarrollar su sentido crítico.
La madre. Intentaré hacerlo.
Dr. Adler. Otra cosa que le resulta muy penosa es su exceso de grasa. Quizá debería seguir otra dieta. ¿Le gustan especialmente los dulces?
La madre. No, los dulces no le gustan mucho. Por la mañana toma leche en la escuela, luego almuerza a mediodía y cena por la noche.
Dr. Adler. ¿Come demasiado pan, mantequilla y pasteles?
La madre niega enérgicamente que el muchacho coma demasiados dulces.
Dr. Adler. Si el niño está realmente gordo es que asimila demasiado, y le sugiero que le dé menos de comer. La maestra del muchacho lo comprende muy bien y estoy seguro de que lo ayudará. Ella tendrá mucho gusto en que usted la consulte si no sabe bien cómo tratarlo.
Saul entra en la sala sonriente y lleno de confianza, aunque un poco desconcertado por los estudiantes. Lleva un traje de pantalón largo de los que se ponen los muchachos más jóvenes, que le hace parecer mayor de lo que realmente es.
Dr. Adler (estrechando la mano del muchacho). Hola, chico, ¿cómo estás? ¿Quieres sentarte aquí y hablar conmigo? Tengo cosas interesantes que contarte.
Saul. Claro.
Dr. Adler. ¿Cuántos años tienes?
Saul. Nueve..., bueno, voy a cumplir nueve.
Dr. Adler. Muy bien. Creo que de ahora en adelante vas a poder hacer muy buenos progresos en la escuela. Creo que antes pensabas que no podías ser un buen alumno.
Saul. Supongo que sí.
Dr. Adler. Pero yo sé que de verdad puedes ser un buen alumno, y pronto todos los problemas de antes habrán desaparecido. Estarás más atento y entenderás mejor a la maestra. Entonces irás adelantando y te apreciarán en la escuela.
Saul (impresionado). Sí.
Dr. Adler. ¿Te gustan los deportes?
Saul. Sí, me gustan.
Dr. Adler. ¿Tu hermana es una niña muy dulce?
Saul asiente con la cabeza.
Dr. Adler. Las niñas suelen desarrollarse más deprisa que los niños cuando son pequeñas, pero no debes creer que es más lista que tú. Puede que hayas creído que se te estaba adelantando, pero dentro de poco podrás ir por delante de ella. Tú siempre serás el mayor y siempre la protegerás.
Saul. Sí, señor.
Dr. Adler. Me han dicho que estabas preocupado porque los chicos de la calle te llamaban «Gordo». Cuando yo tenía tu edad, los chicos también me llamaban «Gordo», pero no me importaba, porque estudiaba mucho en la escuela y les decía a los chicos que, aunque me pusieran motes, yo sacaba buenas notas. ¿Qué quieres ser de mayor?
Saul. Quiero ser actor.
Dr. Adler. Entonces tienes que aprender a leer y a escribir, y a hablar con cuidado. Hoy hasta los actores de cine tienen que saber hablar bien. Creo que sería mejor que estudiaras mucho, en vez de molestar a tu clase haciendo el payaso. Espera a ser mayor y actor de cine antes de intentar hacer reír a los demás. Tu tarea ahora es prestar atención a la maestra y hacerte amigos. ¿Tu madre es muy severa contigo?
Saul. Sí.
Dr. Adler. Verás que no será tan severa como antes, sobre todo si sacas buenas notas. ¿Te gustaría?
Saul. Sí.
Dr. Adler (cuando el muchacho se va). Eres un chico estupendo.
Saul (volviéndose en la puerta y haciendo varias reverencias). Gracias.
Discusión en la clase:
Estudiante. ¿Por qué dijo la madre que el muchacho nunca había tenido enuresis, cuando el recuerdo más antiguo del muchacho es que lo castigaron por mojar la cama en casa de su abuela?
Dr. Adler. La madre explicó que aquello fue algo excepcional. Creía que se había terminado.
Estudiante. ¿Qué significado tiene que este muchacho haya escogido como héroes a estrellas de cine que son altas y delgadas?
Dr. Adler. No conozco a esos actores, pero es muy interesante saber que son altos y delgados. Vean con qué rapidez encuentran los niños su meta. Quiere ser alto y delgado porque le disgusta ser gordo. Si un niño es débil, quiere ser fuerte; si es pobre, quiere ser rico; si está enfermo, quiere ser médico, porque cree que los médicos siempre están sanos.
Cómo se ponen los cimientos de la neurosis
EL estudiante que presenta el caso esta noche nos dice que la conducta de la paciente es un enigma, pero haremos lo que podamos por resolverlo de la manera más sencilla posible.
«Rachel es una niña de doce años cuyo problema actual son las faltas a clase. Se niega a ir a la escuela, alegando que no puede trabajar en el aula.»
Las primeras palabras de esta historia clínica describen con bastante exactitud a una niña con complejo de inferioridad. Sin embargo, no nos basta con suponer que hay un complejo de inferioridad; tenemos que encontrar todas sus ramificaciones y desarrollar un método que permita a la niña compensar sus insuficiencias. Si Rachel hace novillos, podemos estar seguros de que en su entorno hay adultos que intentan obligarla a asistir. La niña les dice «No» a esos adultos, y de este modo alcanza en su casa un sentimiento subjetivo de inferioridad.11
«Rachel ha sido siempre una niña difícil. Su problema actual es una prolongación de su actitud en la clase.»
«Siempre» es una palabra muy fuerte, y cuesta creer que fuera un problema desde los primeros días de su vida. Es más probable que ocurriera algo contra lo que se rebeló. Quizá ese acontecimiento desdichado fue el nacimiento de un hermano o una hermana menor.
«Rachel pasó en febrero a una escuela secundaria inferior (junior high school) con enseñanza por departamentos, desde una escuela primaria donde la habían estudiado y tratado conforme a sus necesidades. Rachel lloraba en sus clases y decía que no podía hacer el trabajo porque era demasiado difícil para ella. El profesor de su clase oficial, así como algunos de los demás profesores, intentaron allanarle las cosas, pero Rachel insistía en que tenía que volver a la escuela primaria de la que la habían pasado. No se le permitió hacerlo, porque se esperaba que hiciera frente a su problema en su nuevo entorno.»
El llanto parece innecesario, pues bastaría con que no pudiera hacer su trabajo. Es más probable que llorara para perturbar la clase y llamar la atención sobre su incapacidad. Hasta cierto punto, su reacción es original. Tan original que podemos estar seguros de que una niña lo bastante inteligente para estar en la escuela secundaria a los doce años se daría cuenta de que la cuestión iba a ser objeto de disputa. Estoy seguro de que alguien que se ganara su confianza podría alentarla a hacer frente al problema en la clase en que está. Es poco probable que el miedo a no poder cumplir con las exigencias de su clase sea la verdadera razón de su resistencia. Siempre ha sido una buena alumna, y sus profesores parecen ser amables.
«Rachel dijo entonces que asistiría a la escuela si se le permitía estar en una clase inferior de la escuela secundaria.»
Siempre que oímos esta palabra, «si», podemos esperar una serie de condiciones imposibles. La verdadera razón por la que Rachel quiere salirse de su clase y preocupar a todo su entorno es la falta de valor para hacer frente a la nueva situación. Está alardeando de su incapacidad, y cuanto más insiste en que es incapaz de hacer el trabajo, más insisten los profesores y los padres en lo contrario. Esta es una manera de convertir un complejo de inferioridad en un complejo de superioridad.
«La pusieron en una clase semejante a la que acababa de dejar en la escuela primaria, pero no cumplió su promesa. Su madre fue a la escuela primaria y pidió que la trasladaran de nuevo allí, pero se le negó rotundamente el traslado. Entonces su padre le pegó a Rachel, pero ella se negó a asistir. Finalmente se convocó una audiencia ante la Oficina de Asistencia Escolar, y llevaron a Rachel al consultorio infantil de uno de los hospitales. En ese consultorio se le concedió permiso para quedarse en casa durante un tiempo.»
El círculo de problemas de Rachel va en aumento, y no sería de extrañar que su caso acabara saliendo en los periódicos. La niña consiguió que el consultorio cayera en su trampa. No basta con permitir a Rachel quedarse en casa, pues sigue siendo la misma niña, con el mismo patrón de vida.
«Rachel vino a la escuela primaria a contestar las preguntas para esta historia clínica, y trajo consigo a una niña a la que parece haber adoptado como amiga. La influencia de esta amiga va en el sentido de inducir a Rachel a asistir a la escuela. Rachel ha decidido asistir a la escuela el próximo otoño. Rachel ha dicho también que, si se le hubiera permitido estar en la misma clase que su amiga, habría asistido, pero esta petición se le denegó. Ahora está sumamente preocupada porque su amiga pasará de curso en junio y Rachel nunca podría entrar en la misma clase que ella.»
Esta necesidad de ir acompañada por una amiga y el aplazamiento de la decisión de ir a la escuela son todos síntomas del sentimiento de inferioridad. Es este tipo de individuo el que desarrolla una neurosis llamada agorafobia, neurosis que exige compañía y apoyo constantes. Fijando hábilmente sus condiciones, esta niña ha mantenido su meta y ha puesto a profesores, médicos y padres en una situación imposible. Rachel es la vencedora.
«Rachel, cuya actitud es a veces la de la timidez, ha mostrado cualquier cosa menos un carácter manso en el curso de sus negativas en la escuela. Ha sido muy grosera e irrespetuosa en varias ocasiones.»
Este interesante dato confirma mi impresión de que pertenece a un tipo dominante y no es en absoluto reacia a pelearse con otros. Su único miedo es afrontar sola una situación nueva.
«De pequeña no había nada que reprochar a su conducta, pero hace un año y medio un maestro criticó su trabajo en la escuela.»
Ya ven que hemos de enmendar la afirmación de que siempre ha sido un problema. Evidentemente, Rachel aspira a una meta ideal, ficticia, de superioridad. Le gustaría jugar a ser Dios. Para desempeñar ese papel tiene que ser intachable y dominante, y cuando ya no puede representar ese papel, se niega a representar ninguno.
«En esa época manifestó por primera vez sus síntomas actuales. Aseguraba que no podía hacer su trabajo y faltaba a clase de vez en cuando, a pesar de las protestas de su familia, porque decía que tenía miedo y no estaba preparada. Se le permitió quedarse en casa en atención a su salud general. Recientemente Rachel reveló que había guardado resentimiento contra ese maestro durante seis meses antes de manifestarlo.»
Estos seis meses son muy significativos, porque fueron el tiempo de preparación de su conducta neurótica. Una neurosis no aparece de la noche a la mañana. Hay que alimentarla antes de que pueda florecer.
«En febrero de 1927, cuando pasó de curso, no la nombraron monitora en la nueva clase, como lo había sido en la anterior. Esto fue con otro maestro. En aquel momento, sin embargo, ocultó sus sentimientos, de modo que el maestro nunca sospechó su resentimiento y no tuvo nada que reprocharle. Las dificultades empezaron seis meses después. En esa época estuvo un tiempo sin ir a la escuela. En febrero de 1928 volvió a la escuela y la pusieron en una clase de niños lentos con una maestra comprensiva y experimentada en el trabajo con niños así. Rachel estuvo con ella un año, se interesó por su trabajo y al parecer venció su timidez. Se la animó a tomar parte en los actos escolares y lo hizo hasta el punto de cantar un solo, cosa que pareció gustarle. Una vez que Rachel se sintió a gusto en su clase, manifestó en ocasiones una actitud contraria a su timidez anterior. Una vez en que su maestra no encontraba la labor de costura de Rachel, se puso bastante impertinente.»
Ya ven con qué facilidad esta niña es capaz de cambiar todo su patrón de conducta cuando está en una situación favorable.
«Los padres viven. La familia se compone de una hermana mayor, de diecinueve años; un hermano, de diecisiete; Rachel, que tiene doce; una hermana menor de siete años y un hermano menor de cinco.»
Encontramos que es cinco años menor que el muchacho mayor, y por esta considerable diferencia de edad su situación es semejante a la de un hijo primogénito. Su hermana menor tiene cinco años menos y su hermanito siete años menos. Rachel sufrió el destronamiento típico del niño acostumbrado a una posición central en su familia, a la llegada de una hermanita.
«El padre manda en la familia. En otro tiempo el hijo mayor era el favorito del padre. La madre no tiene favoritos, pero a medida que los hijos crecían tuvo conflictos con todos ellos.»
Probablemente la madre se entendía bastante bien con los niños mientras eran pequeños y podía darles lo que querían. Cuando crecieron y eso ya no fue posible, se volvieron problemáticos. Quizá Rachel ha estado enferma también, y por eso ha recibido más mimos de los que le correspondían.
«Los niños no se hacen rabiar unos a otros, pero Rachel parece ser el patito feo.»
«Patito feo» probablemente significa que es irritable y dominante. Es muy probable que siembre la discordia entre los demás.
«El hermano mayor tiene la costumbre de morderse las uñas, y cuando Rachel lo ve hacerlo se altera mucho y grita. El hermano se da cuenta del estado nervioso de Rachel, pero no deja de morderse las uñas. La madre no sabe qué hacer ante toda esta situación. La hermana mayor es muy buena con Rachel y adopta hacia ella una actitud maternal. Le hizo un vestido y la llevó al cine. Rachel parece apreciar que la hermana mayor sea buena con ella. Rachel se lleva bien con la niña menor y juega con ella, ya que esta hermana menor le cede en todo, como todos los demás de la familia.»
Más datos que confirman la idea que nos hemos formado del patrón de Rachel. Domina a toda la familia; cuando se le lleva la contraria, grita.
«El padre y la hermana mayor trabajan. La casa tiene cinco habitaciones, y Rachel duerme con su hermana mayor. La niña tuvo un parto normal, fue amamantada durante tres meses y empezó a tener molestias de estómago cuando la destetaron. Se creyó que tenía raquitismo, y durante los tres primeros años de su vida la llevaron cada semana durante algunos meses al Post Graduate Hospital, porque padecía del corazón. Cuando tenía diez años la tuvieron en cama una temporada corta a causa del corazón. Siempre ha padecido del estómago, pero ahora está mejor de salud. No vomita salvo cuando viaja en tranvía.»
A causa de su enfermedad, probablemente se le satisfacían todos los caprichos, y aprendió a servirse de su mala salud para perpetuar ese feliz estado de cosas. Lo demuestran sus reacciones en los tranvías. Como no puede mandar en el tranvía, se irrita y expresa su irritación en el lenguaje de su sistema orgánico inferior, el aparato gastrointestinal. Este puede ser el comienzo de una agorafobia.
«No quiere comer en casa y prefiere comer en casa de una vecina.»
De nuevo habla el estómago imperfecto, esta vez como acusación contra su madre.
«Puede que la comida de casa sea poco apetitosa, pues el investigador encontró que el almuerzo consistía en un cuenco de salmón en conserva, que quizá no atraería a una niña delicada. La hermana menor sigue el ejemplo de Rachel en su resistencia a comer en casa.»
También es posible que en casa se exagere la importancia de la comida y que los niños escojan ese punto para atacar a su madre.
«Rachel anduvo y habló a los trece meses; le extirparon las amígdalas cuando tenía un año y medio porque tenía abscesos en la garganta. Tuvo sarampión muy pequeña. La madre afirma que, de bebé, Rachel tenía miedo de la gente y mostraba su miedo gritando. Según lo que cuenta su madre, es limpia y aseada en su persona. En la escuela va bien arreglada, es puntual en la asistencia y muy cuidadosa con sus trabajos escritos.»
Así como el miedo era una ventaja en su primera infancia, en la escuela cambia al aseo para mantener su situación favorable.
«Es indiferente a los deseos de su familia, en cuanto que no quiere ir a la escuela. Se llevaba muy bien con los niños de la escuela, hasta el punto de mostrarse incluso comprensiva con otros casos difíciles, en su segundo trimestre.»
Este interés significa: «Yo no soy un caso difícil».
«Rachel jugaba con otra alumna, Molly, que está en la misma clase que ella, durante el segundo trimestre. Molly tiene unos doce años, pero no es tan lista como Rachel y es una niña más bien callada; no es una dirigente.»
Evidentemente, Rachel ha logrado dominar a su compañera de clase; si no, su amistad no continuaría.
«Rachel no practica juegos, pero va al cine. Sus libros favoritos y los cuentos que sabía contar eran cuentos de hadas.»
El cine no exige ningún sentimiento de comunidad, y permite a la niña obtener un fácil sentimiento de importancia identificándose con las heroínas. La competición en los juegos exige confianza en uno mismo y trabajo duro.
«En la actualidad no quiere ir a la escuela y se niega a comer o a tomar sus medicinas. La madre le compró a la hermana menor un par de calcetines y, aunque no eran de la talla de Rachel, se encaprichó tanto con ellos que se los puso deliberadamente después de que el padre saliera de casa.»
El padre es evidentemente un poder en la familia, pero en cuanto sale de casa, Rachel es la que manda.
«Los otros niños se dan cuenta de su estado y le ceden en todo. Son considerados y amables con ella. Rachel se desenvolvió perfectamente en su última clase y en la escuela primaria, donde se la mimaba hasta cierto punto. El maestro informó de que mostraba miedo cuando no podía hacer el trabajo. Una vez, teniendo miedo, lloró y se llevó las manos a la boca, mientras le temblaban nerviosamente. Se la trató maternalmente, se la tuvo junto a la mesa del maestro y se advirtió al resto de la clase que no la molestara.»
El miedo es su arma más fuerte. Por medio del miedo es capaz de dominar su entorno.
«Tuvo muchas dificultades durante su primer trimestre, pero en el segundo no se distinguía de los demás niños y parecía adaptarse muy bien.»
Es bien evidente que, cuando consigue lo que quiere, Rachel no causa ningún problema.
«El recuerdo más antiguo de Rachel es que, cuando tenía tres años, a su hermana Mary le regaló una amiga unos patines de ruedas. Rachel quería usarlos, pero no se lo permitieron.»
Poco importa que se trate de calcetines o de patines: a Rachel le molesta que otros niños tengan cosas que ella no tiene.
«Hace poco soñó que estaba en su casa y que tenía que pasar por delante de la puerta de un sótano que le parecía oscura y amenazadora. Soñó que tenía miedo de salir de casa porque tenía que pasar por delante de la puerta del sótano. Su madre estaba dormida, y a los niños se les había advertido que no la despertaran. Había unos amigos en la casa, y los niños no podían hacerlos callar. Despertaron a la madre, que se levantó de la cama y fue hacia ellos armada con un martillo. Rachel tomó a los dos niños más pequeños, a los que protegía, y se dispuso a salir, pasando por delante de la temida puerta. Una voz subió desde la puerta: “Vuelve, no te hará daño”. Se sintió tranquilizada y en ese momento se despertó.»
Este sueño muestra de un modo precioso cómo prepara Rachel su actitud emocional contra la salida de casa. Es otro síntoma del comienzo de una agorafobia. El sueño significa que pasará por la puerta, que significa peligro, solo en caso de gran terror; pero la voz sale de la propia puerta y le dice que no tome demasiado en serio la amenaza de su madre. El sueño significa: «Quédate en casa, aunque sea desagradable. Allí no puede pasarte nada muy grave».
«Su ambición es ser mecanógrafa, y su miedo es miedo a la gente de color.»
El miedo a la gente de color le serviría de poco en Viena, donde los negros son muy raros, pero en América es un método excelente para producir angustia. Es tan buena razón como cualquier otra para no salir a la calle.
«El comentario del caso por el estudiante es el siguiente: Rachel ha sido una niña mimada y ha usado su mala salud para imponer su voluntad a los demás. Desea obtener poder exhibiendo su debilidad. Su sueño muestra que tiene un sentido de protección hacia los niños más pequeños, que no pueden contrariarla como lo hacen sus padres. Su ambición puede mostrar un deseo de expresarse en terrenos (la redacción) en los que siente que puede hacerlo bien. Sus problemas escolares estaban asociados en gran parte a dificultades en aritmética.»
Por lo que veo, el estudiante que ha traído este informe ha hecho un resumen excelente de la situación de Rachel. La conversación con la madre aportó los siguientes datos adicionales. El primer día que Rachel cambió de escuela, el maestro la mandó a la pizarra a escribir una frase que no sabía escribir. La niña se echó a llorar, y el maestro le dijo: «Estúpida, vete a sentarte». Cuando Rachel llegó a casa, dijo: «Mamá, no quiero ir a la escuela. El maestro es malo y no quiero ir más». Desde entonces se ha negado a ir a la escuela.
Entrevista
La niña entra con la madre.
Dr. Adler. Pasa y siéntate. ¿Cómo estás? ¿Te gusta este sitio? ¿Parece una escuela?
Rachel. Sí.
Dr. Adler. Aquí todos te quieren, y todos te están mirando. ¿Te gusta eso?
Rachel. Sí.
Dr. Adler. Creo que te gusta demasiado salirte con la tuya, estés donde estés. Si hay un sitio donde no estás segura de tener la atención de todos, intentas buscar excusas para no ir. Pones la excusa de que tienes miedo de la gente de color para no salir a la calle. Nadie puede tener la atención del mundo entero todo el tiempo, pero si eres amable y servicial todo el mundo te querrá. Ya sé que el maestro te dijo que eras estúpida, pero no es verdad. Estoy seguro de que eres una niña muy inteligente. A mí los maestros me decían que era muy estúpido, pero yo me reía. Cualquiera puede hacer el trabajo de la escuela, y todos sabemos que tú puedes hacer el tuyo. Pero si te quedas en casa por tu miedo a la gente de color, empezaré a pensar que, al fin y al cabo, no eres tan inteligente. Yo, en tu lugar, me haría amigo de mi padre. Estoy seguro de que te quiere mucho. Si tus padres ven que te interesas por ellos, te querrán mucho más que si usas todas tus tretas para mostrarles que eres el miembro más importante de la familia. ¿Te gustaría ser una buena alumna?
Rachel. Sí.
Dr. Adler. Creo que podrías conseguirlo en una semana si lo intentaras. ¿Me escribirás una carta para contarme cómo te va?
Rachel y su madre salen.
Dr. Adler. No sé hasta qué punto me han entendido la madre o la niña, pero creo que todos ustedes saben lo que he intentado hacer. Me gustaría mucho que alguien cercano a Rachel le explicara sus tretas más a fondo y la alentara a abandonarlas. Es evidente que cuanto más oprimida se siente la niña por el padre o por el maestro, más desea tiranizar a su familia y a la escuela. En cuanto reconozca la inutilidad de su meta, mejorará. Creo que, con la cooperación del maestro, este caso tiene buen pronóstico.
(Lo que sigue es una carta que se recibió de la niña una semana después:)
22 de mayo de 1929.
Dr. Alfred Adler
Querido doctor Adler:
Esta semana ha sido una semana completamente distinta. He estado fuera todo el tiempo. Creo que mi visita a usted me hizo bien. La señorita X cree que si usted me aconsejara dar algunas clases a niños pequeños en la escuela de la señorita X sería una buena idea. Me llamaron a la escuela pública (P. S.)... para escribir esta carta. Es la primera carta que he escrito a máquina.
Atentamente,
Rachel.
Debilidad mental congénita
ESTA tarde vamos a tener otro de esos casos difíciles en los que hemos de determinar si un niño es realmente débil mental o no. Recordarán ustedes que ya hemos tenido un caso algo parecido («El dominio materno»), y por eso no entraré en un diagnóstico detallado ni en una descripción de los síntomas médicos que hay que tener en cuenta. Tengo entendido que este niño no va a la escuela ni recibe enseñanza en casa. Tiene una hermana mayor que va a la escuela.
El suyo es el único caso de este tipo en la familia. Una prueba de inteligencia tendría aquí cierto valor para determinar el nivel de desarrollo. No diría que la prueba de inteligencia que voy a aplicar esta tarde sea la única que puede emplearse, ni siquiera la mejor; pero bastará para determinar si el niño es débil mental o no. Después de la prueba examinaré al niño con el método de la psicología individual, para saber si tiene un estilo de vida definido, es decir, si sus movimientos, actitudes, sentimientos e ideas tienden hacia una meta definida. De un caso difícil como este se puede aprender mucho.
Las notas del caso dicen:
«Sidney es un niño de diez años que no sabe leer ni escribir y se impacienta cuando se le lee algo. Tiene muy mala memoria, y se plantea la cuestión de si es débil mental o no.»
La mera incapacidad de leer o escribir no es signo de debilidad mental. Puede que el niño estuviera mal preparado para las lecciones escolares. Es cierto que la mayoría de los niños débiles mentales no saben leer ni escribir, pero si Sidney considera la lectura una tarea abrumadora de la que quiere escapar, puede tenérsele por un niño inteligente. Un niño débil mental tendería más bien a quedarse en la escuela sin hacer ningún esfuerzo por salir de la dificultad.
«El niño tiene un desarrollo muscular pobre y una mala coordinación neuromuscular, y no es capaz de vestirse ni desvestirse sin ayuda.»
También aquí hemos de determinar si su inteligencia es insuficiente o si lo que quiere es un apoyo constante. Si se trata de un niño mimado, es un caso muy grave.
«Ha padecido raquitismo y un desarrollo dental deficiente. Hace unos años un médico aconsejó la extracción de nueve dientes. No pudo andar hasta los tres años y medio, ni hablar hasta los cinco.»
El raquitismo es una enfermedad por carencia que afecta a los huesos, y un caso que ha durado tanto como este suele complicarse con otras imperfecciones de la constitución del niño. Probablemente se le extrajeron los dientes por su mala posición. Es difícil decidir si un niño que no habla hasta los cinco años es débil mental o simplemente un niño muy mimado.
«Siempre se ha orinado en la cama por la noche, y todavía lo hace. Orina con demasiada frecuencia, sobre todo cuando está nervioso.»
La enuresis es frecuente entre los niños consentidos, sobre todo si hay un hermano o una hermana menor. Puede que orine con frecuencia durante el día para atraer la atención, como si dijera: «No soy mayor. Tenéis que vigilarme».
«No hay consanguinidad entre los padres. El ambiente del hogar es bueno y armonioso. En casa no hay riñas, regaños ni reproches continuos. El niño quiere mucho a su padre. La madre trabajaba en un negocio, y una criada cuidó de los niños hasta hace unos dos años. La vivienda consta de cuatro habitaciones, con dos camas pequeñas para los niños. La religión es la judía, reformada.»
Quizá el hecho de que la madre fuera una mujer de negocios y no se ocupara de Sidney le facilitó volverse hacia el padre. Hemos de averiguar por los padres si la criada logró ganarse su confianza.
«No hay recuerdos de infancia. A veces sueña con su abuelo, que murió hace dos años. Fue imposible averiguar qué manifestaciones tenía el abuelo.»
Puede que la muerte de su abuelo, ocurrida cuando él tenía ocho años, le causara una fuerte conmoción. Quizá el niño tiene miedo a la muerte. Si a un niño le conviene tener miedo, sueña con cosas temibles y se entrena para encontrar precisamente las imágenes que le dan miedo. Esto significa que siempre tiene que haber alguien a mano para protegerle. Empezamos a ver asomar en esta historia algo parecido a un patrón de vida.
«También sueña que se pelea y riñe con sus amigos (no tiene amigas).»
Por lo general es el cobarde quien sueña con peleas. A los niños les irrita su propia cobardía, y así, en sus sueños y fantasías, se convierten en héroes y se demuestran a sí mismos, a su entera satisfacción, lo mucho que valen en realidad. En cierto modo esto es una especie de educación, pero difícilmente la mejor.
«Su ambición es ser soldado, pero piensa hacerse policía porque teme que, si va a la guerra, le maten. Le gustaría ser fontanero, porque así trabajaría para mujeres.»
Aquí está el miedo a la muerte, y una prueba más de un patrón de vida bien definido. Es interesante ver cómo los niños tímidos se entrenan para ocupaciones guerreras. Pero Sidney teme un poco que ser soldado sea demasiado para él, y por eso se conforma con ser policía. Su deseo de ser fontanero indica de nuevo falta de valor. Cree que es más fácil trabajar para mujeres, en la escala descendente de su ambición: soldado, policía, fontanero. Su falta de valor es una constante. No es un ejemplo de ambivalencia. No se trata de si será un cobarde o un soldado: es solo un cobarde.
«Su ambición es también ser tambor en el ejército. Sabe distinguir distintas clases de música y asociar a los músicos con sus respectivas canciones. Solo tiene amigos varones, por lo general más pequeños que él.»
Cuando un niño de diez años solo quiere tener amigos varones, suele ser porque desea que el escenario en que actúa sea lo más pequeño posible. Desde su punto de vista tiene toda la razón, y como es más cariñoso con su padre que con su madre, podemos suponer que tiene miedo a las mujeres y no se fía de ellas. Quizá ha sufrido a manos de ellas, y hemos de investigar la actitud de la madre hacia él. Puede que la madre sea más severa con él que el padre.
«Tiene miedo de ir a la escuela porque los niños le llaman “idiota”.»
Esto es realmente muy sospechoso, porque los niños suelen ser jueces sorprendentemente buenos. Por otra parte, a menudo son crueles y propensos a exagerar.
«Hace muchas preguntas sobre todo. Para entretenerse juega a la pelota, a las canicas y cosas por el estilo.»
No puedo dar por sentado, como hacen los freudianos, que esas muchas preguntas tengan que ver con el sexo. Tampoco es probable que tenga mucho afán de información. Es mucho más probable que haga preguntas tontas para que alguien se ocupe de él.
«Le gusta ganar dinero para comprarse las cosas que necesita, y también caramelos y helados.»
Esto suena más inteligente.
«Su jornada transcurre así: Sidney toma el desayuno y luego va a un garaje cercano donde mira cómo los mecánicos preparan los autobuses y cómo los conducen. Habla de automóviles con los mecánicos. Hasta hace poco no podía dormir más de cuatro o seis horas seguidas. Desde hace unos meses recibe tratamiento quiropráctico y ahora duerme nueve horas sin despertarse.»
Si esto se ha observado bien, y al niño realmente no le gusta dormir, puede considerarse una prueba más de que es un niño mimado. Al niño consentido no le gusta dormir porque detesta perder el contacto con los adultos que le rodean.
«Hace un año soñó que un retrato de su tío muerto colgaba encima de su cama, y todas las mañanas, al despertar, el niño se sentía nervioso y abatido porque creía que el tío iba a matarle.»
De nuevo aparecen ideas de muerte y el miedo a la muerte. Podemos estar más o menos seguros de que al niño le han asustado gravemente. Los criados asustan a veces a los niños para someterlos por el miedo, procedimiento sumamente peligroso.
«Sabe decir la hora, pero no los días. Le gustan las películas cómicas. A la madre le dijeron que las dificultades del niño se le pasarían con la edad y que no hacía falta ningún tratamiento.»
Esta historia clínica es bastante insuficiente, y necesitamos más datos para completarla. En primer lugar, tenemos que saber más de su primer año de vida y de por qué se volvió tan tímido. Queremos averiguar por qué le afectó tanto la muerte de su abuelo y por qué temía que su tío le matara. También es muy importante comprender la relación de la madre con el niño. Es uno de los casos en que resulta imprescindible una entrevista con los padres.
Entrevista
Entran los padres.
Dr. Adler. Quisiéramos saber algo más de su hijo, sobre todo cómo se comporta en casa.
El padre. Le gusta mucho la calle, y anda por ahí con sus amigos de la misma edad. Le gustan, pero no entiende por qué se burlan de él.
Dr. Adler. ¿Notan ellos una gran diferencia entre él y los demás niños?
El padre. Sí. No entiende las cosas tan bien como los demás niños. Es muy bueno y bonachón, y un niño muy cariñoso. En cuanto a su comportamiento en casa, es muy bueno y tiene una afición especial por la música. Entiende todo lo que tiene ritmo. A mi mujer le gusta la música más que a mí. En casa no hay ningún instrumento musical, salvo la radio.
Dr. Adler. ¿Le interesa alguna otra cosa?
El padre. Parece interesarle solo la música. Sus ambiciones son muy curiosas. Un día quiere ser revisor, al siguiente policía, y le atrae todo lo que lleva uniforme.
Dr. Adler. ¿Por qué quiere ponerse a trabajar?
El padre. Para poder llevar uniforme.
Dr. Adler. ¿Cómo se porta con la niña mayor?
El padre. Están muy unidos.
Dr. Adler. ¿Grita a veces por la noche? ¿Se levantan ustedes a verle?
La madre. Solo cuando quiere ir al baño.
Dr. Adler. ¿Cómo está por la mañana?
La madre. Se levanta solo y se pone a cantar. Es un niño muy alegre a todas horas. Canta todo lo que oye por la radio.
Dr. Adler. Cuando era más pequeño, ¿le parecía a usted normal, o notaba a veces que tenía la mirada perdida?
La madre. Hacia los tres años parecía que no comprendía las cosas.
Dr. Adler. ¿No lo notó antes de los tres años?
La madre. Hasta el final del primer año se comportaba como un niño normal, y luego empezamos a notar que no aprendía a andar y que siempre estaba escuchando. Aunque no podía andar, le interesaba lo que pasaba en la habitación.
Dr. Adler. ¿Cómo se comportaba con los extraños?
El padre. Era muy amable con ellos.
Dr. Adler. ¿Intentaron llevarle a la escuela?
El padre. No hasta el año pasado, porque no conseguíamos enseñarle el abecé.
Dr. Adler. ¿No sabían que hay escuelas para niños retrasados, con maestros especialmente preparados que tienen un buen método para educar a estos niños?
El padre. Intentamos encontrar una escuela así, pero no lo conseguimos.
Dr. Adler. ¿Cómo es la hermana mayor?
El padre. Físicamente es perfecta, y este año termina la escuela secundaria.
Dr. Adler. ¿Es tímido el niño?
El padre. No, no parece tener miedo de nada. Tenemos una muchacha que le cuida, mucho más tímida que el niño, y tiene miedo de que los otros niños le peguen. No tiene miedo a la oscuridad ni a los perros.
Dr. Adler. Me gustaría hacer un reconocimiento médico de este niño y examinarle todo el cuerpo.
El padre. Quizá debería mencionar esto: cuando tenía tres años, estaba jugando con otro niño que le dio en la cabeza con un rastrillo. No sé si eso le causó algún daño.
Dr. Adler. ¿Se desmayó, perdió el conocimiento o vomitó entonces?
El padre. No.
Dr. Adler. ¿Tiene alguna deformidad?
El padre. Yo no diría que es deforme, pero está muy delgado y tiene las orejas salientes.
Dr. Adler. Ahora me gustaría examinar al niño.
Los padres salen de la sala.
Dr. Adler. Creo que podemos aprender más viendo al niño que prolongando la conversación con los padres.
Entra el niño.
Sidney. Hola, doctor.
Dr. Adler. ¿Cómo estás? ¿Qué te gustaría hacer cuando seas mayor?
Sidney. Me gustaría ser soldado.
Dr. Adler. ¡Pero si no queremos más guerras!
Sidney. ¿Qué quiere decir?
Dr. Adler. La gente es mucho más feliz cuando hay paz.
Mientras transcurre esta conversación, el doctor Adler examina la cabeza del niño.
Dr. Adler. ¿A qué juegas con los chicos que son tus amigos?
Sidney. A todo.
Dr. Adler. ¿En qué mes crees que estamos?
Sidney. Hoy es sábado.
Dr. Adler. ¿En qué mes?
Sidney. Agosto. (En realidad es mayo.)
Dr. Adler (enseñándole unas monedas). ¿Qué vale más, esta o esta?
Sidney sabe que un quarter vale más que un dime.12
Dr. Adler. ¿Cuál es la ciudad más grande de América? ¿Lo sabes?
Sidney. América es la ciudad más grande; después viene Inglaterra.
Dr. Adler. ¿Te gustaría ir a la escuela y aprender a leer y escribir?
Sidney. Sí.
Dr. Adler. Le diré a tu padre adónde puede mandarte a la escuela. ¿Dónde vives?
Sidney. En la calle 170 Este, en América.
Dr. Adler. ¿Cuál es el número de tu casa?
Sidney. Se me ha olvidado el número.
Dr. Adler. ¿Sabrías volver solo a casa?
Sidney. No.
Dr. Adler. ¿Qué es este edificio?
Sidney. Esto es la universidad.
Dr. Adler. ¿Y qué se hace en una universidad así?
Sidney. Hacen preguntas, y escriben, y hacen de todo.
El niño sale.
Dr. Adler. Mientras le hacía estas preguntas, he ido haciendo un reconocimiento físico de este niño y encuentro varios estigmas de degeneración. Los más importantes son que tiene una cabeza anormalmente pequeña, lo que llamamos microcefalia, y una asimetría del lado izquierdo del cráneo. No cabe duda sobre el defecto de su inteligencia. Si este niño tuviera un verdadero estilo de vida, tendría miedo; pero tanto su manera de entrar en la sala como lo que su padre cuenta de sus actividades muestran que no es tímido. A los niños débiles mentales se les puede distinguir a menudo de los niños inadaptados por su falta de miedo. Este niño no es lo bastante inteligente para saber que está en peligro. ¿Recuerdan uno de nuestros otros casos, un niño tímido y mimado que gritaba y lloraba llamando a su madre en cuanto lo trajeron aquí? Apenas se le podía obligar a mirarme, y mucho menos a hablar conmigo. El comportamiento de este niño ha sido muy distinto. Ha entrado en la sala sin miedo y ha sido él mismo quien ha iniciado la conversación. Apenas puede haber duda de que es débil mental. Sé que la junta de educación de ustedes dispone de una escuela para estos niños retrasados, y quien ha presentado el caso debería aconsejar al padre que inscriba a su hijo en una de esas clases.
La tiranía de la enfermedad
ESTA tarde examinaremos el caso de un niño de cinco años y medio. Según el informe, su problema actual es la desobediencia, la crueldad, la hiperactividad y que «no puede recobrar el aliento».
Cuando un niño es desobediente, cruel e hiperactivo, es del todo evidente que estos rasgos de carácter van dirigidos contra alguien. Podemos suponer sin mucho riesgo que la madre de Milton es una mujer solícita y ordenada que exige del niño cierto grado de cooperación. Milton, por su parte, no está evidentemente dispuesto a ceder ante ella, quizá porque cree que ha sido injusta o dura con él. Su venganza consiste en elegir precisamente el tipo de conducta que más la afecta, pues un ama de casa que quiere tener su casa en perfecto orden se resentirá naturalmente de la hiperactividad de un niño que salta de las sillas a las mesas, arranca las cortinas y rompe los platos.
La dificultad para respirar es una protesta de la misma especie que la crueldad y la hiperactividad. Cuando el niño está hiperactivo, protesta con los músculos, y cuando no puede recobrar el aliento, protesta con los pulmones. Tenemos que aprender a entender esta jerga que hablan nuestros distintos órganos. Sin embargo, no es imposible que Milton tenga un asma verdadera, debida quizá a alguna sensibilización a las proteínas. Me sorprendería mucho que así fuera, porque la protesta respiratoria sería una parte importante y lógica del patrón de este niño.
Las notas del caso dicen además:
«Milton es el menor de tres hijos. Tiene dos hermanas mayores, de doce años y medio y de nueve años y medio. Las dos niñas mayores parecen bastante bien adaptadas, y el hijo menor es la principal fuente de dificultades. El padre gana cuarenta y cinco dólares a la semana, y el alquiler de la vivienda es de veinticinco dólares al mes. La madre no trabaja. Hay cuatro habitaciones, que se tienen limpias y ordenadas, y tres camas. La familia es judía ortodoxa.»
Quizá la madre ha elogiado a las hijas mayores por su orden, y Milton ha perdido la esperanza de poder competir nunca con ellas. Es muy probable que antes estuviera mimado. Si estuvo muchas veces enfermo, puede haber aprendido que mientras estaba enfermo se le consentía todo de un modo agradable, y haber adoptado el mecanismo de una enfermedad artificial para asegurarse la atención de su madre.
«La niña mayor duerme sola, pero el niño duerme con su padre o con su madre, más a menudo con la madre.»
Un niño de cinco años y medio debería dormir solo. Si todavía prefiere dormir con su madre, es buena señal de que está demasiado apegado a ella. Ha conseguido mantener el vínculo con su madre durante la noche, mientras que durante el día acapara su atención por medio de su hiperactividad. Cuando un niño de esta edad duerme con sus padres, le resulta demasiado fácil ocupar el centro de la escena familiar. Presumiblemente, la meta de la vida de Milton es ser vigilado y favorecido por su madre. El conflicto de esta familia reside en que la madre desea, al parecer, que su hijo esté socialmente adaptado, sano y ordenado, mientras que el niño hace todo lo posible por seguir siendo un bebé.
«El desarrollo físico de Milton fue el siguiente: nació a término y la madre no tuvo dificultades en el parto. No recuerda su peso exacto al nacer. Fue amamantado de forma irregular, con alimentación complementaria con biberón. Tuvo convulsiones a los siete meses. Durante la primera infancia padeció bronquitis, pulmonía, pleuresía, amigdalitis y raquitismo.»
Esto puede ser indicio de que sus glándulas paratiroides están poco desarrolladas y de que toda su personalidad es inestable. Es muy posible que se recupere de estos defectos a medida que crezca. Las convulsiones infantiles pueden asustar mucho, y sin duda Milton ha sido vigilado muy de cerca desde que se produjeron. Nunca debe permitirse que un niño conozca los peligros reales de la enfermedad.
Recordarán ustedes que al principio mismo del caso expuse la teoría de que la incapacidad de Milton para recobrar el aliento era una protesta en el lenguaje de las vías respiratorias. La información de que ha padecido diversas enfermedades de las vías respiratorias corrobora esta idea. En la pleuresía o en la bronquitis respirar es sumamente difícil, y el niño enfermo ofrece un cuadro de angustioso malestar que aterra a los padres.
Durante su enfermedad, cada respiración de Milton era objeto de atención y de solicitud. Ahora, cuando se encuentra en una situación desfavorable al competir con hermanas mayores y mejor adaptadas, amenaza a su madre, por así decirlo, con los pulmones. Dice en la jerga de las vías respiratorias: «Cuídame o me pondré enfermo y lo lamentarás».
«Al nacer tenía la lengua trabada y se le cortó el frenillo. Durante las primeras convulsiones se le dijo a la madre que el niño era un idiota mongólico y que nunca llegaría a nada.»
En mi opinión, rara vez es necesario cortar el frenillo. La familia debió de darse cuenta de que el niño tenía un defecto del habla. Sin duda la madre quedó impresionada por la idea de que pudiera ser un idiota mongólico. Aunque solo hemos oído una parte de la historia, esta teoría parece poco probable. Los idiotas mongólicos son siempre niños buenos y obedientes. Rara vez se convierten en niños difíciles, porque son muy mansos y nunca pelean. Aparecen a veces en familias de muy buena cepa, y hay una serie de signos por los que se les puede reconocer. Este tipo de idiota tiene por lo general la cabeza muy pequeña, la nariz redonda y respingona y una lengua muy ancha, que presenta muchas fisuras y a menudo es tan larga que el niño puede tocarse la barbilla con ella. Una piel seca y, a veces, dedos de las manos o de los pies unidos por membranas son otras características.
«Milton está muy apegado a su madre, pero tiene bastantes conflictos con las hermanas mayores, a las que hace rabiar. Es cruel con sus hermanas y con otros niños. No tiene recreo organizado, pero le gusta jugar en la calle.»
Quizá Milton fue muy mimado de bebé o durante un período de enfermedad, para perder después el afecto y la solicitud de su madre a medida que crecía. Más de una madre puede vivir prácticamente toda la vida de su hijo durante el primer año o los dos primeros, pero después la naturaleza misma de la vida obliga al niño a realizar alguna actividad independiente. Ningún niño de seis años puede estar tan mimado como un bebé pequeño, y el niño es muy capaz de percibir la diferencia en la temperatura afectiva de su familia. En cuanto crece esta percepción, el niño da muestras de rebeldía.
Las niñas mayores probablemente se enfrentan a Milton, y él las hace rabiar en represalia. La historia del caso nos dice que el niño es cruel. En lenguaje psicológico, esto significa que está desalentado. Muy a menudo los niños con una tendencia anormal a la crueldad ejercen su poder sobre niños y animales débiles o desprevenidos, para consolarse de la disminución de su sentimiento de importancia.
«La madre está muy preocupada por los ataques de asma del niño. Milton fue remitido al consultorio de orientación infantil por un pediatra que no encontró ninguna causa orgánica de los ataques de asma.»
El asma es muy rara vez una enfermedad orgánica en los niños. En muchos casos aparece en niños que han tenido pleuresía o pulmonía, como Milton. Dominan a sus padres simulando el asma, enfermedad que aterra contemplar, y sacan fuerza de su debilidad. Siempre que Milton se ve en apuros para mostrar su superioridad, o siempre que quiere atacar a su madre y ganarse su atención, saca partido de esta disposición orgánica. El asma es su triunfo.
«La madre se queja de que Milton siempre anda saltando y de que ella tiene un miedo constante a que se haga daño. Es excesivamente solícita en el cuidado de su bienestar. Pasa toda la mañana con su madre, y durante ese tiempo siempre está metido en líos.»
Esta es una prueba bastante concluyente de que la conducta del niño va dirigida contra su madre. Sabe que ella tiende a ser excesivamente solícita, y la toca en su punto más débil con acrobacias temerarias.
«Las tardes las pasa en el jardín de infancia, donde Milton parece adaptarse bastante bien. El niño se queja de que no tiene con quién jugar. Tanto el padre como la madre le pegan de vez en cuando porque se niega a obedecerles. El niño está constantemente rodeado por un muro de “no hagas esto” y “no hagas aquello”. Cuando se le detiene, suele tener un ataque de ahogo. La madre le suplica que no tenga los ataques, porque ella está enferma.»
Aquí está el meollo de toda la situación. Los padres, y sobre todo la madre, están tan preocupados por el bienestar del niño que no le permiten jugar en la calle como los otros niños. Milton ve frustrado su deseo de contacto social. Si no puede tener niños de su edad con quienes jugar, ocupa a su madre con sus travesuras. Cuando ella le frustra también en esto, la ataca con su ahogo. Aunque no es un proceso consciente, el niño se da cuenta inconscientemente de lo que gana con estos espasmos. Hemos de admitir que la madre es una buena psicóloga en cuanto sabe que sus ataques no son orgánicos. Sería inútil suplicar al niño que dejara de tener ataques de asma orgánica. No se le ruega a un cojo que no cojee. Sin embargo, sigue una mala técnica, porque pone en manos del niño un instrumento peligroso. Hace depender su enfermedad o su salud del capricho del niño.
«El niño tiene una bicicleta que le regaló un tío. No puede usarla mucho porque su madre tiene que bajarla cuatro tramos de escalera y no tiene fuerzas para hacerlo.»
Al principio del caso quedó claro que el niño había tenido raquitismo, estado que podría haberse deducido de su hiperactividad motora. Una bicicleta sería naturalmente muy importante para un niño así, y es probable que le moleste no poder usarla.
«Milton duerme con las sábanas sobre los ojos y se niega a dormir solo.»
Esta es una expresión característica de una actitud cobarde. Al cubrirse los ojos, deja fuera el mundo hostil, y al dormir con los padres mantiene durante la noche el vínculo que mantiene durante el día por medio del ahogo y de la hiperactividad.
«El primer recuerdo infantil de Milton es: “Andaba cuando era un bebé pequeño”.»
El interés por el andar es una prueba más del importante papel que el raquitismo ha desempeñado en su vida. Este tipo de niño es siempre muy activo y hay que darle oportunidades suficientes de actividad motora.
«La ambición de Milton es ser médico. Dice: “Quiero examinar”. Quiere estar “en la escuela grande”. También quiere aprender a escribir. Ya ha aprendido a copiar letras, aunque no sabe lo que significan.»
Un niño que ha estado tan enfermo como Milton valorará inevitablemente muy alto el papel del médico. Cuando un niño está enfermo, los padres tienen que llamar a un médico, y tras el misterioso reconocimiento siguen sus instrucciones al pie de la letra. He de decir que en muchos aspectos mi propia historia se parece mucho a la de este niño. Creo que mi primer deseo de ser médico surgió después de tener una pulmonía siendo muy pequeño. Quería vencer a la muerte, como yo creía que hacía el médico.
«Milton no se lava ni se viste solo, pero sabe orientarse por las calles y hacer recados. Reconoce su propia casa.»
El hecho de que reconozca su propia casa es una prueba excelente de mentalidad normal. El niño no se lava ni se viste solo porque así tiene a su madre trabajando para él.
Es este un caso excelente, que debería ser muy instructivo. El camino que hemos de seguir tiene que resultar evidente para todos los que entienden las teorías en que se funda la psicología individual. Tenemos que influir en esta madre para que haga a Milton más independiente. No debe criticarle tanto y debe ocultar sus temores por su futuro. Hemos observado que la conducta del niño es siempre mejor fuera de casa, y tenemos que explicar a la madre que el niño mejorará en un ambiente más social. No hay que censurarla, sino alentarla a adoptar un nuevo punto de vista.
Entrevista
Entra la madre.
Dr. Adler. Buenas tardes, señora. Hemos estado estudiando la historia de su hijo Milton, y vemos que en muchas cosas ha sido usted una madre muy cuidadosa y concienzuda. Quizá su principal dificultad esté en que es usted demasiado cuidadosa. ¿No cree que un niño tan listo como Milton debería lavarse y vestirse solo a estas alturas?
La madre. Creo que sabe lavarse y vestirse solo, pero tarda tanto que no llegaría a tiempo a la escuela. Me pone muy nerviosa.
Dr. Adler. Sería mejor que llegara tarde a la escuela algunas veces y que usted le dejara sufrir las consecuencias de su lentitud. ¿Ha observado que se porta mejor cuando está fuera de casa que cuando está en casa?
La madre. En casa es mucho peor. Arranca las persianas, salta de la mesa a la silla y a veces vuelca la mesa.
Dr. Adler. No es difícil explicarlo. Su hijo tuvo raquitismo de pequeño, y una de las consecuencias del raquitismo infantil es una gran actividad muscular. Pertenece a un tipo que tiene que estar haciendo algo constantemente para ser feliz. Quizá pueda usted darle un poco más de libertad fuera de casa. ¿Tiene bicicleta o patines?
La madre. Tiene bicicleta, pero no puedo bajársela cada vez que la quiere. Además, tengo miedo de que lo atropellen montando en ella.
Dr. Adler. Quizá es usted un poco demasiado prudente. Su hijo es inteligente, y si le explica los peligros, dudo que se hiciera daño. Es una buena ocasión para mostrarle cuánta confianza tiene usted en su capacidad. Creo que, si lo intenta, verá que él se lo recompensa haciéndose más responsable.
La madre. ¿Qué puedo hacer con sus saltos por la casa?
Dr. Adler. Me parece que sería muy prudente que se las arreglara para que el niño se uniera por las mañanas a algún grupo de juegos al aire libre. Necesita este tipo de actividad. Cuanto menos lo tenga en casa con usted, mejor será para su desarrollo. Quizá pueda conseguir que algún niño vecino le baje la bicicleta. Quiero que entienda que Milton no tiene un asma verdadera, sino que produce esos síntomas de ahogo para retener su atención y para amenazarla. ¿Lo mimó y le consintió mucho mientras estuvo enfermo?
La madre. Sí, tenía que cuidarlo mucho, porque estaba muy enfermo.
Dr. Adler. Ahora intenta reproducir la atención y los cuidados que usted le dio entonces, recordándole lo enfermo que ha estado en el pasado. Creemos que, si usted no hace caso de estos ataques de ahogo y los pasa por alto, no volverá a tenerlos. Además, parece aconsejable que Milton duerma solo. Ya es demasiado mayor para dormir con usted. Puede llegar a ser un niño perfectamente normal si le enseña ahora a ser independiente. Tiene que aprender de usted que no prefiere a las dos niñas mayores y que espera que crezca y sea un ciudadano útil.
La madre. ¿Le pasa algo en la cabeza, doctor?
Dr. Adler. Por lo que puedo ver en la historia que ha preparado su médico, no hay ni rastro de idiocia mongólica en este niño. Es muy listo e inteligente, pero su problema está en que quiere seguir siendo un bebé. Tiene usted que mostrarle que es mejor ser mayor que ser un bebé, y su médico la ayudará si tiene alguna dificultad. Merece mucho la pena intentar mejorar su estado, porque, si usted coopera con nosotros, estoy seguro de que hará rápidos progresos. Ahora veamos al niño.
El niño entra en la sala, se asusta un poco por la presencia de los estudiantes, ve a su madre y corre a su lado. No se deja separar de ella ni permite que el doctor Adler le haga un reconocimiento físico. Cuando el doctor Adler le hace una pregunta, Milton levanta la vista hacia su madre y dice: «Dilo tú». No quiere mirar al médico y esconde la cara en las faldas de su madre. Ninguna persuasión consigue que hable con el doctor Adler. Se hace salir a la madre y al niño.
Dr. Adler. Siempre he enseñado a mis alumnos a no escuchar lo que dicen sus pacientes, sino a observar sus actos como si contemplaran una pantomima. Ya ven ustedes que este niño no ha querido decir ni «hola» ni «adiós». Se ha negado a establecer contacto alguno conmigo, aunque le he hablado de un modo muy amable. Esto no es necesariamente desalentador. La segunda vez iría más fácilmente. Es evidente que su médico ha sabido ganarse su amistad, porque ha podido obtener muchas de las reacciones del niño. Si alguno de ustedes tenía alguna duda sobre el apego de este niño a su madre, los actos del niño deben de haberla disipado. Si hubiéramos colgado a la madre de la lámpara del techo, el niño habría encontrado algún modo de estar cerca de ella. Ella es su único apoyo. No solo no sabe lavarse ni vestirse sin ella; ni siquiera sabe contestar a las preguntas.
En cuanto a su llamada asma, es el mismo apego a la madre escrito en un lenguaje de las vías respiratorias. He llamado a este fenómeno dialecto de los órganos: el individuo no expresa su conducta con palabras, sino con el funcionamiento anormal de algún órgano o sistema de órganos. Hay muchos remedios que curan los síntomas del asma, pero no curan al paciente. Si se quiere curar a este niño, hay que aumentar su estima de sí mismo.
Muchos de mis alumnos han puesto en duda la afirmación, que he hecho a menudo, de que el patrón de la vida de un individuo queda fijado hacia los cinco años de edad. Este caso muestra de un modo admirable lo completo que puede ser ese patrón a los cinco años. Milton excluye de su trato a todo aquel a quien no puede dominar. Es muy posible que en la escuela lo mimen y que, por tanto, no muestre signos de conducta problemática durante sus primeros años allí, pero es casi seguro que más adelante se convertirá en un problema en lo que respecta a sus relaciones sociales y, probablemente, a las sexuales.
Estudiante. ¿Por qué lloró el niño cuando usted intentó separarle de su madre?
Dr. Adler. Pueden ustedes imaginar que una hiedra que lleva mucho tiempo agarrada a su espaldera teme que la separen de ella. El llanto de Milton no es más que otra expresión de su voluntad de poder. No deben creer que Milton quiere de verdad a su madre. Le interesa solo como al parásito le interesa su huésped. Con esta diferencia: cuando el huésped no conviene al parásito humano, el parásito castiga al huésped. Mucha gente cree que las lágrimas son signo de debilidad, pero en este caso son sin duda un signo de poder. Milton no mira, ni escucha, ni habla a nadie más que a su madre, y en su completo apego a ella está el comienzo de su neurosis. Toda su actitud parece decir: «No puedes exigirme nada; soy un niño enfermo». Este niño puede ser un futuro suicida o un futuro delincuente. Si se encuentra con problemas muy grandes que exijan independencia y fuerza, para los que no está preparado, puede que más adelante se suicide. O bien, por otra parte, puede proyectar su falta de interés por cualquiera que no sea su madre contra la sociedad en forma de contacto13 delictivo. He observado a menudo que ladrones y otros delincuentes han escrito poemas en la cárcel en los que echan la culpa de su delito a sus madres, o culpan de sus faltas al alcohol, a la morfina o a un desengaño amoroso. No tienen que demostrar su falta de valor.
Estudiante. ¿Cómo se aborda a un niño así, que no quiere hablarle a uno ni mirarle?
Dr. Adler. Es imposible darles todos los pequeños recursos que la psicología individual tiene en su repertorio de medios terapéuticos. En primer lugar, al principio no es realmente necesario hablar con el niño. Si se sabe lo bastante sobre él para instruir a su madre sobre cómo comportarse con él, se puede influir en el niño sin su cooperación abierta. Por otra parte, sería fácil despertar la curiosidad de este niño no haciéndole caso. Quiere ocupar el centro de la escena, y si yo me pusiera a hojear un gran libro de estampas o a manejar algún juguete mecánico sin prestarle la menor atención, pronto no podría resistirse a interesarse.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre el facsímil del ejemplar de Internet Archive (patternoflife0000alfr) y cotejada con sus imágenes: Alfred Adler, The Pattern of Life, edición de W. Béran Wolfe, Nueva York, Cosmopolitan Book Corporation, 1930, 273 págs. Se omite el ensayo introductorio del editor, «Adler and Our Neurotic World» (págs. 3-43), que no es de Adler; se omiten también las tres notas del editor que van dentro de los capítulos (págs. 79, 89-90 y 271-273). Los comentarios p. n del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.
Traducción: traducción íntegra al español de la primera edición (1930), hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Se conservan la división en doce casos, las citas de las historias clínicas que Adler va leyendo y comentando (en bloque), las entrevistas con los padres y los niños, las preguntas de los estudiantes, las cursivas y la paginación original. Social interest, social feeling y community feeling se traducen siempre «sentimiento de comunidad»; pattern (of life) «patrón (de vida)»; style of life «estilo de vida»; spoiled o pampered child «niño mimado»; feeble-minded «débil mental»; ungraded class «clase especial»; el subtítulo Conference «Entrevista». Se respetan la terminología médica y escolar de la época y las incorrecciones con que el original reproduce el habla de algunos padres y niños. Las erratas del original se señalan en notas del traductor. Las adiciones del traductor van entre corchetes.
Petting party: en la jerga estadounidense de los años veinte, reunión o cita en que las parejas se besan y acarician; Adler juega en el comentario con to pet, «mimar» y «acariciar». (N. del T.) ↩
Adler alude probablemente a Hörstummheit («mudez con audición»), término de la foniatría alemana para el niño que oye pero no habla. (N. del T.) ↩
High school: escuela secundaria estadounidense. (N. del T.) ↩
En las escuelas públicas de Nueva York cada grado se dividía en dos semestres (terms), A y B. (N. del T.) ↩
Ungraded classes: en las escuelas públicas de Nueva York, clases especiales, sin división en grados, para niños atrasados o considerados débiles mentales; se traducen «clases especiales». (N. del T.) ↩
Junior high (school): escuela secundaria inferior estadounidense (grados séptimo a noveno). (N. del T.) ↩
Así en el original (social theory), probablemente por errata en lugar de social feeling, «sentimiento de comunidad». (N. del T.) ↩
Así en el original: la cita de la historia clínica abre comillas pero no las cierra. (N. del T.) ↩
Juego de palabras en el original: being cross («estar enfadada») es el mejor medio to cross her mother («de contrariar a su madre»). (N. del T.) ↩
Farina era el apodo de Allen Hoskins, niño actor negro de la serie cómica de cortometrajes Our Gang (en España, La pandilla), muy popular en la década de 1920. (N. del T.) ↩
Así en el original («a subjective feeling of inferiority»); por el sentido se esperaría «de superioridad». (N. del T.) ↩
Quarter: moneda de veinticinco centavos de dólar; dime: moneda de diez centavos, más pequeña que la de cinco. (N. del T.) ↩
Así en el original (criminal contact); probablemente errata por criminal conduct, «conducta delictiva». (N. del T.) ↩