El alma del niño
Resumen de un ciclo de conferencias
Por el Dr. Alfred Adler
(Autor de «Individual Psychology», etc.)1
Todo niño tiene que encontrar alguna solución a los tres grandes problemas de la vida: la vida social, la ocupación y el amor o vida sexual. El sentimiento de ser demasiado pequeño, demasiado débil para satisfacer sus deseos le lleva a aumentar su poder, y su meta es siempre resolver los tres problemas sin grandes dificultades. El tercer problema, el de su vida sexual, es el más difícil, porque la tradición ya no sirve de guía. Hay que dar valor al niño para que se convenza de que puede desarrollarse en pie de igualdad con los demás. Si se enfrenta a una dificultad demasiado grande, pierde el valor y pasa, por así decir, del lado útil al lado inútil. En los tres primeros años forma su estilo de vida.
Cualquier defecto de sus órganos al comienzo de la vida da al niño un sentimiento de inferioridad, y para compensarlo hace mayores esfuerzos por ejercitar el órgano en cuestión. Así, un niño zurdo, educado de la manera correcta, puede desarrollar su mano derecha incluso mejor que los niños normales; pero si, por el contrario, se le educa de manera equivocada y se le acusa de torpe, puede perder el valor y desarrollar compensaciones indeseables en el lado inútil, como vía de escape del sentimiento de inferioridad. Lo mismo vale para los niños que tienen órganos de los sentidos deficientes, defectos del corazón, de los pulmones o de los músculos, debilidad de la piel, o que han sufrido una enfermedad en su primer año. A consecuencia de un trato equivocado pueden convertirse en niños «malos», difíciles o delincuentes. Un niño mimado, o uno que recibe demasiado poco amor, puede mostrar los mismos síntomas. Cuando se le deja solo, se siente inferior y le falta confianza en sí mismo. Su desarrollo del lenguaje se ve entorpecido; se vuelve antisocial y no hace amigos. Se vuelve constantemente en busca del apoyo al que se ha acostumbrado. El maestro debe considerar los errores del niño, sus llamadas maldades, y llegar a través de ellos a comprender el estilo de vida que ha adoptado. De nada sirve tratar los síntomas sin comprender el caso; lo que hay que cambiar es el estilo de vida. Hay que ganarse el afecto del niño, satisfacer su deseo de amor y hacer de él un individuo independiente.
Surgen dificultades del lugar del niño en la familia. El primer hijo, durante un tiempo centro de interés y de amor, se vuelve celoso al llegar un segundo y aspira constantemente al poder, mientras que el segundo se siente cohibido por el primero y se esfuerza por superarlo. El menor suele ser un niño mimado; intenta superar a los demás haciéndose distinto de ellos. El hijo mayor, convencido de que, por ser varón, es privilegiado y superior, se siente cohibido por una hermana menor, ya que en cierto período ella se desarrolla más deprisa. El hijo único suele estar mimado y no preparado ni para la escuela ni para la sociedad. Debería jugar con otros niños, acostumbrarse a quedarse solo y hacerse independiente. El único chico entre hermanas y la única chica entre hermanos tienen ambos dificultades especiales. La idea del privilegio masculino debe desaparecer, pues ha hecho gran daño a los dos sexos. En todos los casos, los niños deberían crecer dándose cuenta del papel que las circunstancias les han asignado, con las dificultades que trae consigo, y salvarse así de retroceder al lado inútil de la vida.
Al tratar a un niño difícil debemos buscar primero órganos defectuosos y enfermedades en los tres primeros años de vida; luego examinar su posición en la familia y la actitud de sus padres y abuelos; reunir datos sobre su conducta y su trabajo a lo largo de su vida escolar y sobre su relación con sus compañeros; obtener de él sus primeros recuerdos y su meta respecto al futuro. Los errores de un niño no están predeterminados. No debemos tratar los errores, sino encontrar la causa. ¿Se trata de un niño o de un adulto nervioso? Solo se vuelven nerviosas las personas con un gran sentimiento de inferioridad; por tanto, debemos tratar la inferioridad. El niño perezoso desarrolla la pereza como protección, y hay que tratarlo de modo que recupere el valor. Debemos observar lo que ocurre cuando un niño se encuentra en una situación nueva. No retrocedería ni pasaría al lado inútil si no hubiera perdido la esperanza. El maestro o los padres podrían intervenir en ese momento e impedir el retroceso.
El obstáculo para el desarrollo de un niño puede encontrarse en una escuela donde se le critica mucho y se le castiga. Intenta escapar, y para lograrlo tiene que engañar y quizá hace novillos. Puede volverse ladrón y desarrollar una neurosis criminal. Ha fracasado en su primer ambiente; hay que darle nuevo valor en otro ambiente para que pueda resolver sus tres problemas de la vida.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del volumen anual de 1927 de The New Era digitalizado en archive.org (IOETNE007): Alfred Adler, «The Soul of the Child. Résumé of a Series of Lectures», The New Era (Londres) 8 (1927), n.º 29 (enero), págs. 5-6. Las conferencias se dieron en la Tavistock Clinic, en la sede de la British Medical Association, del 8 al 12 de noviembre de 1926, presididas por el Dr. Crichton Miller. Los comentarios p. n del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.
Traducción: traducción íntegra al español, hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Se conservan la división en párrafos, las cursivas y la paginación original. Style of life se traduce «estilo de vida» y inferiority feeling «sentimiento de inferioridad»; las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo. Las adiciones del traductor van entre corchetes.
The Practice and Theory of Individual Psychology (Londres, 1924), traducción inglesa de Praxis und Theorie der Individualpsychologie (1920). (N. del T.) ↩