Sueños de Petersburgo. — Un relato desconocido de Dostoievski. —

Con este último título, el Dr. Wladimir Astrow (Neue Freie Presse, número de Pascua) da a conocer un escrito de contenido autobiográfico cuya importancia para la comprensión de Dostoievski parece muy grande. Precisamente estos últimos tiempos nos han traído dos trabajos que se ocupan del problema de Dostoievski. Una conferencia de Stefan Zweig se acerca bastante a nuestras concepciones, aunque sin abandonar las líneas fundamentales de una psicología académica de los poetas. El trabajo de Kaus (aparecido en las Weiße Blätter) nos parece una inmersión en la contemplación de la obra de arte, pero muestra desde lejos la segura conducción del problema que tan magistralmente se puso de manifiesto en su Fall Gogol [El caso Gógol]. Su trabajo más extenso sobre el artista psicológico Dostoievski, que esperamos aparezca pronto, lo comentaremos en su momento con detalle.

El breve fragmento antes citado procede de una época temprana, y ya por esta razón nos permite esperar un trazado de líneas claro. Si hay algo que pueda captarse consecuentemente en el desarrollo de un alma de artista, ha de ser la línea que conduce de los trabajos, esbozos y planes tempranos a las configuraciones posteriores de su fuerza creadora. Pero entonces importa sobre todo retener que la órbita de la creación artística se mueve al margen del tumulto del mundo. Y en todo artista podemos presuponer un desvío, un ¡alto! o una vuelta atrás en cuanto se le acercan las expectativas socialmente medias. Aquel que crea un mundo de la nada, o digamos de su inquieta visión de las cosas, y que, en lugar de una respuesta en el sentido de la vida práctica, nos ofrece la sorpresa de una creación artística, se muestra reacio a la vida y a sus exigencias. «¡Bueno, es que yo soy un fantaseador y un místico!», nos enseña Dostoievski. —

Podrá obtenerse aproximadamente una imagen de su ataque en cuanto sepamos en qué punto de la acción se detiene Dostoievski. En el esbozo antes citado lo dice con bastante claridad. «Cuando llegué al Nevá, me detuve un instante y eché una mirada a lo largo del río, hacia la lejanía brumosa, fría y turbia, donde se apagaba la última púrpura del crepúsculo». Fue cuando corría a casa para soñar allí, como hombre secular, con heroínas de Schiller. «Pero a la Amalia real tampoco la vi; vivía muy cerca de mí…». Prefería sufrir ebrio, y sentir esos sufrimientos más dulces que todos los placeres del mundo, «pues si me hubiera casado con Amalia, sin duda habría sido desgraciado». ¿No es la cosa más sencilla del mundo? Uno es poeta, sueña a la debida distancia del trajín del mundo, se detiene un instante, encuentra insuperable la dulzura del sufrimiento soñado y sabe «cómo la realidad aniquila toda altura ideal. ¡Yo quiero viajar a la luna!». Pero eso significa: quedarse solo, no poner el corazón en nada terrenal.

Y así el peregrinaje terrenal del poeta se convierte en una protesta contra la realidad con sus exigencias. De otro modo que en El idiota, de otro modo que en aquel enfermo en quien «no había protesta ni voz». Más bien: este solo no sabía que su ejercicio en soportar toda miseria había de distinguirle. Ahora, cuando con tormentos y reproches lo echaron de su órbita, descubrió en sí al hombre secular, al subversivo y revolucionario Garibaldi. Ahora quedaba dicho lo que los otros nunca habían comprendido: la humildad y la sumisión no significan un final; son siempre los gérmenes de la revuelta, pues apuntan a la distancia que ha de superarse. — También Tolstói conocía este secreto, y lo predicó a menudo a oídos sordos.

Pero puede estar en el periódico y nadie sabe nada de ello cuando se trata de un verdadero secreto. Nadie sabía de quién quería vengarse el Harpagón Soloviov, que pasó hambre y murió en la miseria y escondía una fortuna de 170 000 rublos entre sus papeles sucios. ¡Cómo se alegraría por dentro cuando, triste y desvalido, se cerraba a los ruegos de su gata, de su cocinera, de su patrona, y quedaba a deber a todos! Los tenía en su mano, los obligaba a todos a mendigar, a todos ellos, que solo conocían y adoraban el dinero como poder. Ciertamente, de ello le nacía una obligación singular, una violencia metódica sobre su propia vida. Él mismo tenía que pasar hambre y privaciones para llevar a cabo su designio. «Está por encima de todos los deseos». ¿Cómo? ¿Que para eso hay que estar loco? Pues bien, Soloviov hace también este sacrificio. Pues ahora puede mostrar con plena irresponsabilidad su desprecio por la humanidad y por sus imaginarios bienes de fortuna, y puede atormentar a todo el que se le acerque. Tiene en sus manos todo lo que le allana el camino hacia la mejor sociedad. Entonces se detiene un instante, arroja su varita mágica al cajón de la basura y se siente grande y por encima de todos los hombres.

Esta nos parece la línea más fuerte en la vida de Dostoievski, y todas sus grandiosas creaciones habían de surgirle por este camino: la acción es inútil, perniciosa o criminal; la salvación está solo en la sumisión, cuando garantiza el goce secreto de la superioridad sobre los demás.

A.

E. v. Koehler: «Warum denken wir im Wachen in Worten, im Traume in Bildern?» [¿Por qué pensamos en palabras despiertos y en imágenes en sueños?] (Psychiatrisch-neurologische Wochenschrift, 1914, n.º 46.)

Rudolf Weber (Ginebra) planteó esta pregunta. El presente trabajito es un intento de resolverla, sobre la base del principio del placer de Freud, en el sentido de «que nuestra vida psíquica recibe el mayor número de impresiones agradables a través del ojo».

Se anuncia una continuación de este trabajo. Si se parte de nuestra concepción del sueño, resulta más significativo un segundo punto de vista. El sueño es para nosotros una tentativa a modo de prueba en relación con una tarea que ha de resolverse. Así el soñador llega por sí mismo a una situación psíquica en la que lo que importa es la acción, no el habla. Sería un resultado valioso que el autor hiciera justicia también a este punto de vista desde su orientación.

Semi Meyer (Danzig): «Organische und geistige Entwicklung» [Desarrollo orgánico y espiritual]. (Deutsche medizinische Wochenschrift, 1914, n.º 19.)

Contiene una indicación sobre la insostenibilidad de la «doctrina del despliegue» y coincide así con las concepciones de la psicología individual. Del presupuesto más importante de su concepción, la fijación de una meta, el autor no habla en este trabajito, pero sus indicaciones solo pueden entenderse así, ya que de otro modo la falta de dirección de la voluntad no sería utilizable. «… el hombre no es espiritualmente solo heredero, sino que, dotado de un patrimonio heredado de capacidades, el de la autoadaptación a circunstancias cambiantes, lleva su existencia como una personalidad espiritual que, llegando de la retrospección a la previsión, tiene acceso a un verdadero curso de vida y a un destino por encima del de la especie». La pregunta por la esencia de la «autoadaptación» podría llevar fácilmente al autor hasta la «fijación de una meta» en el sentido de la tendencia expansiva, mediante la cual la individualidad se construye sobre sus realidades.

A.


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir de los ejemplares digitalizados publicados en Internet Archive: tres reseñas firmadas «A.» en la Zeitschrift für Individualpsychologie, vol. I: «Petersburger Träume», cuaderno 2, mayo de 1914, págs. 63-64; E. v. Koehler y Semi Meyer, cuadernos 4-5, julio de 1914, pág. 142. Sobre la atribución, véase el pie de la versión original. Los comentarios S. n del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.

Traducción: traducción íntegra al español, hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Se conservan las divisiones, las cursivas (que reproducen el espaciado del original) y la paginación original. Las citas de Dostoievski se traducen de la versión alemana que cita Adler. Säkularmensch se traduce literalmente por «hombre secular» (en el sentido de hombre del siglo, excepcional); probeweiser Anschlag por «tentativa a modo de prueba»; Entfaltungslehre por «doctrina del despliegue»; Selbsteinpassung por «autoadaptación». Las demás equivalencias siguen el glosario del archivo.