Defectos del desarrollo del niño.
Por el Dr. Alfred Adler (1907).
¡En nuestros hijos está el futuro del pueblo! Todo el crear de los pueblos, todo su empuje hacia adelante, el derribo de viejas barreras y prejuicios, sucede casi siempre por causa de los descendientes y ha de servirles ante todo a ellos. Si hoy arrecia la lucha por la libertad de pensamiento, si hoy sacudimos las columnas de la superstición y de la servidumbre, mañana nuestros hijos se solearán a la suave luz de la libertad y, sin preocuparse de las amenazas de una mentalidad en descomposición, beberán en las fuentes del saber puro. Si hoy se derrumba a nuestro alrededor lo que, viejo y carcomido, ha perdido su derecho a existir, algún día se alzará, más orgullosa y audaz de lo que nuestros pensamientos pueden concebir, la iglesia de la verdadera humanidad, ante la cual se deshará en polvo toda mentira y todo engaño. ¡Por nuestros hijos! Ellos han de gozar de lo que nosotros anhelamos con ansia: aire, luz, alimento, que todavía hoy se le niegan al pueblo; ¡que se recreen en ellos plenamente! Por viviendas sanas, por salarios suficientes, por un trabajo digno del hombre, por un saber sólido luchamos, para que algún día tengan todo esto asegurado. Nuestro sudor es su paz; su salud es nuestra lucha.
¡En nuestros hijos amamos nuestra juventud! Los inolvidables días alegres de la propia infancia vuelven a la memoria cuando nuestra mirada se posa en los pequeños, y más leve nos parece el propio tormento si sirve para ahuyentar la sombra de sus años jóvenes. Que escapen a las preocupaciones y a las penas que acaso nos amargaron a nosotros aquella edad dorada es para nosotros el más precioso acicate para el trabajo. Algunos de los defectos a que estuvo expuesta nuestra infancia les serán ahorrados, y nuestras esperanzas y deseos, quizá ya marchitos, despertarán en ellos a una nueva vida. ¡Crece, pues, dulce reflejo de los años jóvenes, dispuesto al alegre goce, mejor armado que nosotros para la lucha y la victoria!
Si el buen desarrollo de los hijos es, por tanto, la mayor dicha de los padres y una buena prenda del futuro, el conocimiento de lo que la juventud necesita y la entrega de todas las fuerzas a ello constituyen la tarea más importante del Estado, de los padres y de un partido de la cultura (Kulturpartei). De las fuerzas enemigas, dos son ante todo atacables: las condiciones sociales adversas y la incomprensión de la protección de la salud del niño. Hay que tener presente, además, que los pecados contra el niño a menudo no son fáciles de reparar o incluso se remontan a generaciones atrás. Citemos solo la desnutrición de los padres, el exceso de trabajo de la mujer embarazada, las enfermedades o la inferioridad de los progenitores, el trabajo prematuro del niño, que daña su crecimiento, la desnutrición y la mala vivienda en la infancia, todas las cuales tienen una raíz social y a menudo dejan sus consecuencias adheridas para siempre al organismo en crecimiento. — Los fenómenos que vamos a examinar a continuación son los que se pueden percibir en los niños al nacer o poco después. En la medida en que tales defectos impliquen la incapacidad para vivir, los pasaremos por alto, porque su interés práctico es escaso, aunque científicamente merecen un gran interés. A menudo no son más que grados extremos de defectos con los que otros niños pueden seguir viviendo.
Los defectos del desarrollo que con más facilidad se perciben son, naturalmente, los que dan a alguna parte del cuerpo una forma extraña, de modo que la belleza del niño sufre por ello. No pocas veces sufre también la función del órgano correspondiente. Mencionemos aquí el labio leporino, una fisura que puede afectar al labio superior y al paladar duro y blando, a todos juntos o a partes aisladas. Aparte de la desfiguración, en muchos casos la incapacidad del niño para alimentarse obliga también a un remedio quirúrgico, por el que hay que decidirse lo antes posible. Asimismo, no es raro encontrar como obstáculo para la succión una inserción anormalmente extensa del frenillo en la cara inferior de la lengua, hallazgo fácil de eliminar, pero que se supone con demasiada frecuencia. Tiene importancia el crecimiento de los dientes en el lactante, pues un crecimiento retrasado —a veces se da también un crecimiento adelantado— permite deducir con bastante probabilidad un raquitismo (reblandecimiento de los huesos, enfermedad inglesa, «miembros dobles»1). Normalmente, los dos incisivos centrales inferiores suelen salir entre el 6.º y el 9.º mes. Les siguen, unos dos meses después, los dos centrales superiores. Hacia el final del primer año han aparecido los incisivos laterales superiores e inferiores. Los cuatro premolares salen hacia el 18.º mes, y a ellos se suman los cuatro caninos. Al comienzo del tercer año de vida han brotado los cuatro molares posteriores, y con ello queda completa la primera dentición. La separación entre los dientes y la duplicación de algunos dientes no son tan raras. Entre los 4½ y los 6 años comienza la segunda dentición, que casi siempre se inicia con la aparición de los primeros molares permanentes, a lo que sigue la caída de los dientes de leche. La dentadura permanente puede presentar una serie de defectos que perjudican en parte a la belleza y en parte al rendimiento, como el prognatismo de la fila superior o de la inferior de dientes, el crecimiento torcido de algunos dientes, superficies de desgaste inusuales, etc., que en parte admiten corrección.
De gran importancia para el desarrollo del niño, en especial para la garganta y los pulmones, es la permeabilidad de la nariz. Las hinchazones de las mucosas nasales impiden al lactante beber. Si persisten los engrosamientos de los cornetes nasales, si obstruyen la respiración nasal, o si hay vegetaciones de la mucosa en la rinofaringe, el niño respirará con la boca abierta, igual que cuando hay pólipos nasales. Estos niños tienen a menudo un aspecto pálido, padecen al mismo tiempo no pocas veces otros achaques, enferman con frecuencia de catarros de laringe, nariz y oído y se delatan durante el sueño por sus ronquidos. El restablecimiento de la respiración nasal trae grandes ventajas para estos niños. Tras esta operación sin peligro se observa a veces incluso una mejora de las facultades intelectuales. Inconvenientes semejantes para la faringe, la laringe y los pulmones se presentan en caso de amígdalas anormalmente agrandadas.
Las deformidades del pabellón de la oreja tienen todavía hoy un interés puramente teórico. Los lóbulos adheridos, el pabellón terminado en punta hacia arriba o hacia un lado, las orejas separadas pasan por signos de degeneración, sin que con ello se diga nada concreto.
Lo mismo vale del pliegue de la piel hacia dentro del ángulo interno del ojo, de las hendiduras palpebrales oblicuas, los «ojos rasgados», y de las manchas del iris.
Más importantes para juzgar al niño son sus rendimientos. Ante todo, el desarrollo del lenguaje. Exceptuados algunos «defectos del habla» infantiles aislados, el niño domina en el tercer año de vida una gran parte del lenguaje. Un retraso evidente respecto de ese límite hace sospechar una audiomudez o una sordomudez. Los defectos del habla que se prolongan durante bastante tiempo, como la tartamudez, el balbuceo, el ceceo o la incapacidad de pronunciar correctamente determinadas letras, deben someterse a un tratamiento llevado con suavidad. Lo mismo hay que decir de la aversión a la comida, que se encuentra con frecuencia casi por la misma época.
En el ojo encontramos con mucha frecuencia defectos del desarrollo cuya corrección hay que procurar con todas las fuerzas. El parpadeo está a menudo relacionado con una inflamación de las conjuntivas, y se encuentra regularmente en los albinos (personas sin pigmento en la piel). Los movimientos regulares y temblorosos de los globos oculares son a veces síntomas de una enfermedad nerviosa. Sería importante impedir el estrabismo y el aumento de la miopía y de la hipermetropía. Lo primero depende a menudo de las otras dos, y por lo demás carece de importancia en los primeros meses del lactante. La miopía y la hipermetropía se deben a la constitución del globo ocular, lo mismo que las anomalías de curvatura de la córnea, que perjudican igualmente la visión y producen imágenes deformadas en la retina. Por una iluminación inadecuada y por sentarse mal al escribir pueden producirse perjuicios tales que la capacidad visual quede debilitada para siempre. Precisamente al principio es cuando hay que combatir estos defectos del desarrollo. La ambliopía congénita de uno o de ambos ojos no es tan rara y requiere instrucción médica. Es sabido que también la ceguera total puede ser congénita. Una causa frecuente de mala visión son las cataratas, opacidades del cristalino, que también pueden ser congénitas y se eliminan con una operación.
Las enfermedades del oído, la sordera parcial de uno o de ambos oídos, pasan a menudo inadvertidas y constituyen a veces un obstáculo para el progreso intelectual del niño. También aquí puede el médico mejorar mucho.
La forma del cráneo puede estar desarrollada defectuosamente en varios sentidos. Muchas de estas formas son consecuencia de la enfermedad inglesa, como las fontanelas que siguen abiertas pasado el segundo año de vida, los engrosamientos de algunas partes del cráneo y su prominencia, en especial de las eminencias frontales. Son frecuentes, además, las soldaduras prematuras de las suturas óseas y las formas anormales de la cabeza que de ellas resultan. En todos estos defectos, lo mismo que en las asimetrías de las mitades del cráneo, pero sobre todo en la hidrocefalia crónica, se pueden observar a veces enfermedades nerviosas o un desarrollo intelectual anormal.
Un órgano al que hoy hay que prestar gran atención es la glándula tiroides, situada en la parte delantera del cuello. Puede presentarse de nacimiento como bocio o convertirse más tarde en un tumor bocioso, a veces de forma esporádica, pero casi siempre en las llamadas regiones de bocio. Ciertas formaciones tumorales de la tiroides, lo mismo que una pequeñez especial de este órgano, están relacionadas con alteraciones del crecimiento del niño, con engrosamientos particulares de la piel y con embotamiento mental (cretinismo). Mediante la administración de sustancia de tiroides animal es posible una compensación, un fuerte retroceso de todos los síntomas de la enfermedad.
El tortícolis congénito o adquirido, causado por el acortamiento de la musculatura del cuello de un lado, requiere tratamiento quirúrgico, a menos que una enfermedad nerviosa simule tal acortamiento.
El pecho del niño puede quedar desfigurado de varias maneras por la enfermedad inglesa. Es un indicio importante el rosario raquítico, que aparece pronto: una serie de engrosamientos, uno en cada costilla. Hay que mencionar además el pecho de pollo y el pecho en embudo, que pueden mejorarse con medidas ortopédicas y gimnasia respiratoria. Más significativo que estas deformidades es el retraso del crecimiento del pecho en general. Se caracteriza por la pobreza y debilidad de la musculatura, por un abombamiento escaso, por hoyos por encima y por debajo de la clavícula y por amplios espacios intercostales. Estas personas muestran tendencia a la tuberculosis pulmonar. Una intervención temprana puede mejorar mucho.
Gran atención merece la columna vertebral del niño. La «postura torcida» de los hombros, las escápulas salientes, la marcha inclinada hacia delante, la inclinación lateral del tronco, pero sobre todo la desaparición o la profundización del «triángulo del talle» (el hueco entre el brazo colgante y la cintura) de un lado, o la «cadera alta», exigen un reconocimiento médico y, llegado el caso, tratamiento.
Casi siempre resulta entonces que la columna se aparta de la línea media en un arco lateral. Por lo general se trata de un proceso raquítico de los huesos vertebrales que aparece pronto, o de una desviación en niños débiles durante la época escolar, favorecida por la mala postura al escribir y también por los malos pupitres. A veces se trata de tuberculosis de las vértebras. Las mismas causas —enfermedad inglesa, debilidad muscular, tuberculosis— pueden llevar a una curvatura de la columna hacia atrás.
Una curvatura de la columna lumbar hacia delante se observa regularmente en la degeneración muscular progresiva del ni-ño. Esta enfermedad muestra como otros signos importantes el vientre prominente, la marcha de pato y la incapacidad de levantarse del suelo sin ayudarse de las manos, con las que el paciente casi siempre «trepa» por sus propias piernas.
En los brazos y las manos se encuentra a veces la falta congénita de algunos huesos largos. La capacidad de uso de tales miembros, por ejemplo de las manos zambas, ha de conseguirse por medios artificiales. También aquí son más frecuentes las deformaciones y las fracturas, sobre todo en el antebrazo, como consecuencia de la enfermedad inglesa.
De los defectos del desarrollo de las extremidades inferiores hay que mencionar: la luxación congénita de cadera, que casi siempre solo advierten los padres cuando el niño empieza a intentar andar. Despiertan la sospecha la «marcha de pato» bamboleante, el apoyo cargado sobre una de las piernas, el bajo vientre prominente y el ensanchamiento de la cadera. La falta congénita de huesos puede llevar al pie zambo. Especialmente significativas son las alteraciones raquíticas de la pelvis femenina, que más tarde pueden dar lugar a obstáculos en el parto, y las de las piernas y los pies, que con frecuencia estorban el uso de estos miembros. Las llamadas piernas en X y en O se desarrollan sobre la base de la enfermedad inglesa entre los 2 y los 4 años. Las piernas en X pueden aparecer también hacia los 14 años en personas que por su oficio tienen que estar mucho de pie: en mozos de café y en panaderos. Las molestias y dolores son entonces muy frecuentes. Aún más en el pie plano, que se adquiere casi regularmente con las piernas en X, pero también pronto en los raquíticos en general, y en otras personas débiles hacia la época de su elección de oficio, cuando están expuestas a estar mucho tiempo de pie. Si el pie plano se caracteriza por que el pie toca el suelo con el borde interno, el pie zambo congénito se distingue por que el borde interno está muy levantado y la punta del pie se dirige hacia dentro. El sudor de pies y de manos debería tratarse pronto. La afirmación de que este tratamiento es perjudicial no es más que un cuento.
Por hernias se entiende la salida de asas intestinales o de otro contenido abdominal bajo la piel, de modo que la abomban y se vuelven así visibles y palpables. Son muy frecuentes y aparecen de preferencia en la región umbilical, en la región del muslo y en la región inguinal. Estas últimas, si siguen avanzando a lo largo del cordón espermático, pueden llegar hasta el escroto. Como suponen un peligro constante para quien las padece, deberían operarse pronto. El peligro consiste en que el anillo de tejido que las rodea obstruya un día el paso intestinal y estrangule el contenido de la hernia. El dolor, los vómitos, la supresión de las heces y de los gases son los primeros síntomas amenazadores, que exigen un remedio rápido e inmediato.
Por último, mencionemos todavía brevemente la retención de los testículos en la cavidad abdominal, la desembocadura anormal de la uretra y del recto, la oclusión congénita de este, los pólipos del recto como causa de hemorragias y los fenómenos del hermafroditismo, en el que pueden encontrarse a la vez órganos sexuales masculinos y femeninos.
De los defectos del desarrollo de los órganos internos hay que destacar ante todo los defectos cardíacos congénitos, a consecuencia de los cuales los recién nacidos conservan a menudo de por vida una coloración azulada de la piel, y la más rara estrechez del sistema vascular en niños siempre débiles, poco desarrollados y pálidos. Los defectos del cerebro pueden manifestarse en debilidad mental y epilepsia.
Una gran serie de defectos del desarrollo se encuentra entre las particularidades del niño que se califican de «malos hábitos» (Unarten). Son a menudo solo la expresión del ser más íntimo y a menudo imprimen para siempre su sello en el carácter del hombre. Se los encuentra en la historia infantil de personas sanas y nerviosas, eminentes e inferiores. Salirles al paso con severidad es una empresa equivocada. Pero siempre hay que prestarles atención. Menciono aquí el chuparse el dedo, chuparse los labios, morderse las uñas, mojar la cama y embadurnarse con las heces. Aparecen en niños que tienden también a la precocidad sexual. Mantener a estos niños alejados de experiencias sexuales lo es todo, pero no pocas veces fracasa.
Se podría citar todavía mucho de lo que amenaza al niño en sus primeros años, de lo que causa sufrimientos y deformidades a las pequeñas criaturas. También la piel participa de los defectos del desarrollo y se muestra a menudo afectada de prurigo (Juckblättchen) o de psoriasis, que no son fáciles de eliminar del todo. Pero basta ya, y alegrémonos de las numerosas posibilidades que nos ofrece la ciencia moderna para mejorar la suerte de estos niños y hacerla soportable. Tengamos presente como padres que el reconocimiento temprano de tales defectos del desarrollo ayuda a ahorrar muchos tormentos, y no dejemos de sacar adelante, más allá de sus primeros años, con especial amor y cuidado, a este material infantil que con frecuencia está sometido con mucha más dureza al trabajo de la vida y de las condiciones sociales.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir de Heilen und Bilden. Ärztlich-pädagogische Arbeiten des Vereins für Individualpsychologie, ed. de Alfred Adler y Carl Furtmüller, Múnich, Ernst Reinhardt, 1914, págs. 33-40, digitalizado en Internet Archive y cotejado con las imágenes de las páginas. La primera publicación, en el Österreichischer Arbeiter-Kalender für das Jahr 1907 [Calendario obrero austriaco para el año 1907] (Viena, noviembre de 1906), no ha podido consultarse. Los comentarios S. n del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.
Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Se conservan la división en párrafos, la paginación original y las cursivas, que reproducen el espaciado del original; las adiciones del traductor van entre corchetes. Englische Krankheit se traduce literalmente «enfermedad inglesa» (nombre popular del raquitismo, que Adler glosa); Minderwertigkeit «inferioridad». Las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo.
«Doppelte Glieder», literalmente «miembros dobles»: denominación popular del raquitismo por el engrosamiento de las epífisis de muñecas y tobillos, que da la impresión de articulaciones dobles. (N. del T.) ↩