Salarios familiares.
Los caminos de la ofensiva patronal no son rectos. Con cien clases de ardides y artimañas intentan los patronos imponer sus exigencias a costa del nivel de vida de la clase obrera. De un nuevo atentado contra la clase obrera informa nuestro periódico hermano belga Le Drapeau Rouge: desde hace tiempo los patronos de Bélgica intentaban imponer rebajas de salario y desmantelar la jornada de ocho horas. Pero la carestía, siempre en aumento, dificultó estos intentos, y en este momento el proletariado belga lucha por un aumento salarial del 10 por ciento. En esta situación, los patronos se declaran dispuestos a pagar un salario más alto a los obreros que sean padres de familia. Por humanidad y para poner fin a la miseria de las mujeres y los niños se habrían prestado voluntariamente a dar este paso: así se jactan, en los tonos más altos. ¿Podemos dar crédito a estas hermosas palabras?
No hay en la sociedad capitalista ninguna situación en que el patrono renuncie voluntariamente a su ganancia, y así también esta «propuesta de conciliación» de los patronos no es otra cosa que el intento de batir a la clase obrera en dos frentes a la vez.
Con los «salarios familiares», pagando voluntariamente una tarifa más alta a una parte del proletariado, se quiere ante todo eludir el aumento salarial reclamado por el conjunto del proletariado. Pero al mismo tiempo, con esta táctica, dividen al proletariado en dos campos incapaces de librar juntos la lucha salarial. Así, por ejemplo, en una compañía de seguros belga, en lugar del aumento salarial del 10 por ciento que se reclamaba, se propuso un complemento familiar del 1 al 1,5 por ciento, y este procedimiento se aplica ya de forma general en Bélgica. Y el resultado más importante para el patrono es que precisamente los padres de familia, cuyas necesidades son naturalmente mayores, quedan satisfechos y dejan en la estacada a los demás obreros en su lucha. Se quiere romper la lucha unitaria del proletariado y debilitar con ello la resistencia en todos los frentes.
Aún más claramente se manifiesta este afán en Francia. Allí, en una de las últimas sesiones de la Cámara de Diputados, se aprobó una moción que prevé un aumento de 120 francos para todos los empleados del Estado casados. ¡Pero al mismo tiempo se reduce en 60 francos el sueldo de los empleados del Estado solteros! ¡El aumento de los sueldos de los casados se paga, pues, a costa de los empleados del Estado solteros!
Pero si hoy las funestas consecuencias de la ruptura del frente único recaen inmediatamente sobre el proletario soltero, un cambio de la situación económica golpeará con más dureza precisamente a los padres de familia mejor pagados. Cuando llegue el paro, que en Bélgica y en Francia empezará en un plazo previsible, serán precisamente ellos, como obreros mejor pagados, los primeros en ser puestos en la calle. ¡En ambas situaciones el patrono tiene la partida ganada!
Está completamente claro que el proletariado tiene que defenderse enérgicamente contra este método de retribución, que busca enfrentar a una capa del proletariado con otra. ¿Y qué hacen los sindicatos, en los que están organizados numerosos obreros? Dicen: «¡Esperad! Negociaremos con los patronos». ¡Pero durante este tiempo de espera los patronos actúan! Los socialdemócratas y los sindicatos belgas y franceses tienen, en efecto, cosas más importantes que hacer que ocuparse de la miseria del proletariado. Participan celosamente en la campaña contra los «boches» (los alemanes)1 y pasan por alto por completo que la burguesía los despelleja tanto a ellos como a todo el proletariado belga. ¡Pues el enemigo del proletario no es el «boche», es su propia burguesía, está en su propio país!
Dina Schreiber.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del facsímil de Die Kommunistin, órgano del Partido Comunista de Alemania (Berlín), 5.º año, n.º 7, [1 de abril de] 1923, págs. 55-56, rúbrica «Aus der Internationale», en archive.org; la fecha del número se deduce de la periodicidad quincenal de la revista. Firmado «Dina Schreiber»: seudónimo de Valentine (Vali) Adler según el Dokumentationsarchiv des österreichischen Widerstandes (DÖW) y la nota biográfica de los Beiträge zur Marx-Engels-Forschung, Neue Folge, Sonderband 3. En 1923 Vali Adler vivía en Berlín y militaba en el KPD.
Traducción: traducción íntegra al español, hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Familienlöhne se traduce «salarios familiares»; Familienzuschlag, «complemento familiar»; Unternehmertum, «los patronos»; Lebenshaltung, «nivel de vida». Las cursivas reproducen el espaciado del original. Las adiciones del traductor van entre corchetes.
En enero de 1923 tropas francesas y belgas habían ocupado el Ruhr para forzar el pago de las reparaciones alemanas. (N. del T.) ↩