El paro internacional y las mujeres.

Por Dina Schreiber.

** La sociedad capitalista ha conocido siempre el paro; siempre ha habido un 2-4 por ciento del conjunto de la clase obrera que no podía encontrar ocupación. Y estos parados eran también un componente necesario de la producción capitalista: formaban el ejército industrial de reserva, del que el capitalista podía sacar en cualquier momento la mano de obra que necesitaba. Hoy es distinto. Por término medio, un 20 por ciento de la clase obrera no puede encontrar ocupación, es decir, 10 millones de personas en todo el mundo están sin pan, y por tanto, contando a las mujeres y los niños, cerca de 30 millones de personas se ven afectadas por el paro.

Pero el capital lucha con todas sus fuerzas por su existencia: la supresión de la jornada de ocho horas, la rebaja de los salarios y el impedimento de las huelgas con todos los medios legales y violentos son los medios de lucha que la clase capitalista internacional emplea hoy contra la clase obrera.

Y en esta lucha los trabajadores femeninos, la parte más oprimida y menos capaz de resistencia del proletariado, constituyen un objeto de explotación muy especial para el capital. Aquí aprovecha del modo más astuto el atraso, la falta de interés de las mujeres en el terreno político y sindical.

Desde 1914 la política patronal respecto del trabajo femenino ha experimentado numerosos cambios. Si durante la guerra se admitió a las mujeres en los trabajos más duros y se las ensalzó como «heroínas de la retaguardia», tras el derrumbe de la guerra se las despidió casi en todas partes en los países de Europa occidental y se puso en su lugar a los hombres que volvían del frente. ¡¡Todo para mantener la tranquilidad y el orden!! Así creció entonces de repente con enorme fuerza el paro de las mujeres, sin contar con que muchas mujeres dejaron entonces voluntariamente el trabajo de fábrica, en la creencia de que ya habían vuelto la normalidad y, con el marido, el «sostén de la familia». ¡Los sindicatos apoyaron celosamente estos despidos! Pues también su tarea más noble era ayudar a la reconstrucción del orden burgués, y así, fieles a su orientación reformista, lucharon también contra el trabajo femenino en las comisiones de desmovilización. El número total de parados en 1918 era, por ejemplo*), en Alemania, según los registros de las bolsas de trabajo:

Mujeres = 1 202 268 Hombres = 1 547 085

El paro entre los hombres y entre las mujeres era, pues, aproximadamente igual. En los meses más agitados, noviembre y diciembre de 1918, el paro de las mujeres fue incluso mayor que el de los hombres. Por cada 100 vacantes había en Alemania los siguientes demandantes de empleo:

en agosto de 191848 hombres70 mujeres
en noviembre de 191874 »101 »
en diciembre de 1918131 »157 »

Pero cuando la lucha ya no tenía por objeto inmediato el derrocamiento del capitalismo, cuando se trataba más bien de la tenaz pugna cotidiana por reivindicaciones económicas en la empresa, el capital cambió muy considerablemente su política respecto de las mujeres. Pues como el despido de obreros varones ya no hacía temer un levantamiento revolucionario inmediato, la mujer que trabaja por salarios más bajos pasó a ser con mucho el objeto más bienvenido en el proceso de explotación. Se ve, pues, que a continuación, en todo el mundo capitalista, las mujeres se han visto mucho menos afectadas por el paro que los hombres.

hombres paradosmujeres paradas**)
En febrero de 1922 había en Alemania164 00032 000
En marzo de 1922 había en la Austria alemana28 00010 000
En marzo de 1922 había en Checoslovaquia30 0008 000
En mayo de 1922 había en Inglaterra1 204 000218 000
En febrero de 1922 había en Italia487 000120 000
En diciembre de 1922 [sic] había en Francia9 0003 000

Por desgracia faltan otros datos; pero también este cuadro da una imagen típica de la evolución.

Este hecho resulta todavía más claro si se compara el porcentaje de todas las mujeres que ejercen una actividad remunerada con el porcentaje de mujeres paradas en los distintos países: mientras que, por ejemplo, en Alemania el 30 por ciento de todas las personas ocupadas son mujeres, solo el 19 por ciento de todos los parados son mujeres. En Inglaterra la proporción es de 29 : 15, en Francia de 39 : 25, en Suiza de 27 : 21, en Austria de 42 : 26 y en Italia de 32 : 23. Y eso que todos los porcentajes de mujeres ocupadas son de antes de la guerra. En realidad, pues, la diferencia será todavía más acusada, ya que el trabajo remunerado de las mujeres ha aumentado mucho en todos los países. Si se toman, pues, los porcentajes de mujeres ocupadas de antes de la guerra, resulta que, mientras en Europa de cada 100 personas ocupadas 35 son mujeres, de cada 100 parados solo 21 son mujeres paradas. Sería naturalmente necio suponer que la lucha del capital contra el trabajo femenino ha cesado del todo. La encontramos todavía muy presente, por ejemplo, allí donde se trata de mantener viejas tradiciones (entre los empleados del Estado); pero, con todo, la tendencia general del capital es hoy incorporar a las mujeres en medida cada vez mayor al proceso de explotación.

Pero no solo el menor paro, que no representa otra cosa que el derecho a una explotación mayor, demuestra los sufrimientos de las mujeres proletarias, sino que también todas las demás desventajas afectan más a las mujeres: salarios más bajos cuando trabajan en la empresa y subsidio más bajo cuando están en paro. Así, los parados varones reciben en Alemania 10-18,50 marcos y las mujeres paradas, en cambio, 7-15 marcos. La mujer del parado recibe incluso solo 5,50-8,75 marcos, mientras que cada hijo tiene que contentarse con 5,50-7,50 marcos.

Algo parecido ocurre en Checoslovaquia y en Suiza:

Suiza
parados varones en Checoslovaquia8-10 Kc.6,50-8 fr.
complemento familiar por la mujer2 Kc.50 cts.
complemento familiar por hijos de hasta 14 años1 Kc.50 cts.

El subsidio total no puede superar las 16-18 coronas checas. En Dinamarca la mujer parada recibe un subsidio que corresponde a su salario, el cual, sin embargo, es la mitad del salario del hombre.

En Inglaterra la cuota del seguro para los hombres es de 9 d (= ¾ de chelín) semanales por parte del obrero y 10 d por parte del patrono. Para las mujeres, 7 y 8 d respectivamente, de donde se desprende claramente que a la cuota más baja corresponde un subsidio más bajo.

¡Ese es el destino de las mujeres proletarias! Por ellas mismas y por todo el proletariado, tienen que exigir en las empresas y en los sindicatos igual salario e igual subsidio.

Pues en la tensa lucha actual entre el capital y el trabajo, en la actual crisis económica agudizada, toda capa obrera pasiva pone freno a las reivindicaciones del ejército obrero activo y se convierte así en baluarte del capital.

*) Statistisches Jahrbuch für das Deutsche Reich [Anuario estadístico del Imperio alemán] 1919, pág. 302.

**) El paro real es mucho mayor, tanto entre los hombres como entre las mujeres. En todas estas estadísticas se trata solo o bien de los parados subsidiados, o bien de aquellos a quienes se proporcionó un puesto de trabajo (Austria alemana, Inglaterra). En las mujeres la diferencia entre subsidiadas y realmente paradas es todavía mucho mayor, porque las oficinas de empleo del Estado niegan el subsidio a innumerables mujeres con el ingenioso argumento de que las mujeres casadas no necesitan subsidio. Además, faltan en la estadística los numerosos trabajadores a tiempo parcial o en jornada reducida.


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del facsímil de la Internationale Presse-Korrespondenz (Inprekorr), edición alemana (Berlín), 2.º año, n.º 148, 29 de julio de 1922, págs. 952-953, rúbrica «Proletarische Frauenbewegung», en archive.org. Firmado «Dina Schreiber» (impreso defectuosamente; el registro semestral de autores da «Schreiber, Dina»): seudónimo de Valentine (Vali) Adler según el Dokumentationsarchiv des österreichischen Widerstandes (DÖW) y la nota biográfica de los Beiträge zur Marx-Engels-Forschung, Neue Folge, Sonderband 3. En 1922 Vali Adler vivía en Berlín y militaba en el Partido Comunista de Alemania.

El artículo se reimprimió, firmado también «Dina Schreiber», en Die Kommunistische Fraueninternationale 2 (1922), cuaderno doble 9/10, págs. 668-671, en una versión revisada y ampliada, con pasajes nuevos sobre el uso de los parados para presionar sobre los salarios y sobre la «menor valoración de la mujer como personalidad, como ser humano», y con algunas cifras distintas (véase el pie del original).

Traducción: traducción íntegra al español, hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Industrielle Reservearmee se traduce «ejército industrial de reserva»; Arbeitsnachweis, «bolsa de trabajo»; Demobilmachungsausschüsse, «comisiones de desmovilización»; Unterstützung, «subsidio». En las tablas, «Taus.» (miles) se da en cifras completas. Las cursivas reproducen la negrita del original. Las adiciones del traductor van entre corchetes.