Ping:
... de la pared1
Mientras medito sobre la construcción de una frase y enrosco y desenrosco jugando la pluma estilográfica, el ojo, de permiso, se desvía por encima del escritorio, de lado, a través de la ventana, hasta la casa vecina, que sueña silenciosa y distinguida en el jardín otoñal. Ante una ventana grande, sin cortinas, que de pronto se ilumina, la mirada se detiene. Se extiende un cuarto de baño espacioso. Veo azulejos, baldosas, espejos y ¡qué deliciosa sorpresa!, un ser femenino, desnudo del todo, entregado por entero a la conciencia de su belleza y al cuidado de su cuerpo. Pero si es la guapa vecina, se me ocurre, y mi atención se vuelve hacia el conjunto de imágenes y poses encantadoras que llenan la estancia de vida paradisíaca. Estoy en la espesura del bosque y observo sin ser visto los graciosos saltos y alegres cabriolas de un corzo joven. La bella sale, al parecer, directamente de la bañera. Hace algunos ejercicios gimnásticos, estira los brazos, hace girar los muslos, se balancea sobre los pies. Luego se masajea con la punta de los dedos los hombros, el cuello y el busto. Después se acerca mucho al espejo y empieza el gran y artístico arreglo del rostro. Primero los dientes, luego las ojeras, después la barbilla y la descarada papada. Se alisa la frente, las cejas reciben el arco demoníaco, la naricilla desaparece bajo los polvos, el cepillo tenso barre el pelo, luego se aplica colorete y la barra de labios da a la boca su plenitud sedienta. Es una tarea esmerada y concienzuda esta reproducción diaria de la aparición junoniana. Pero al final también la entrega más plena al querido yo tiene sus límites. Por último le toca el turno a la ropa interior: el sostén, la encantadora camisita, las monas bragas... un, dos, tres, y la dama perfecta está ante el espejo. Todavía un toque al pelo, una presión de prueba con el dedo en la barbilla, una caricia con la punta del dedo sobre la frente y una pregunta al espejo: ¿soy hermosa? Luego se apaga la luz. La solemne ceremonia ha terminado. Unos minutos más tarde la bella vecina sale de casa, bien envuelta en su abrigo de pieles. Lentamente mis pensamientos vuelven al trabajo. El ojo, todavía deslumbrado por la dulce vivencia, se desliza vacilante sobre el libro y el manuscrito. Entonces la luz del baño vuelve a encenderse.
Y otra vez una ninfa desnuda va y viene con movimientos graciosos. Esta vez no es la señora de la casa, sino su doncella. Toni aprovecha la ausencia de la señora para disfrutar y sacar provecho de todas las artes del tocador que a diario puede observar y admirar. Desnuda está ante el espejo iluminado, y la tierna carne de su cuerpo reluce seductora. Hace ejercicios gimnásticos, se masajea la cara, se cepilla el pelo, se hace la manicura, se perfila las cejas, se pinta los labios. Una y otra vez se aparta del espejo y vuelve a acercarse mucho a él para examinarse. Se da palmadas en los muslos, se coge los pechos, se echa los brazos a la nuca. ¿Será tan hermosa como la señora? ¿O incluso más? ¡Que lo diga el espejo! El espejo tiene que saberlo... ¿Soy hermosa, espejo?... De pronto se sobresalta. Han llamado. La han sorprendido. ¿Qué va a pasar? Con celo precipitado se echa encima un albornoz y sale corriendo.
Ah, no es más que Anny, la hijita de la casa, que ha subido del parque infantil. Se quitará la ropa, se lavará las manos, tomará la merienda y luego se sentará en el rincón del cuarto de los niños. Allí leerán juntas. Toni le leerá a la pequeña por centésima vez los cuentos del viejo libro: el de Pulgarcito y la bruja de la casita de turrón, el del lobo y los cabritillos. Pero sobre todo el de Blancanieves. Y cuando Toni llegue al pasaje en que la reina pregunta al espejo si ella es la más hermosa, le latirá el corazón. Porque el espejo dice: «Señora reina, vos sois aquí la más hermosa, pero Blancanieves es mil veces más hermosa que vos».
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original): «Ping», «Vor dem Spiegel … an der Wand», Der Sonntag, suplemento dominical del Prager Tagblatt, 58.º año, n.º 265, 12 de noviembre de 1933 (ANNO / Österreichische Nationalbibliothek, ANNO_ptb19331112, imagen 9). Atribución del seudónimo a Otto Rühle según Stecklina (2002).
Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Las citas del cuento de Blancanieves se traducen del texto de Rühle.
El titular general «Vor dem Spiegel» («Ante el espejo») encabeza en el periódico dos piezas; la de Ping completa la frase con «... an der Wand», eco de la fórmula del cuento de Blancanieves de los Grimm: Spieglein, Spieglein an der Wand («Espejito, espejito de la pared»). (N. del T.) ↩