I

Por miedo al castigo por haber hecho novillos, un muchacho de 11 años se arrojó en la Mariannenstraße de Leipzig-Neustadt desde una ventana de la vivienda de sus padres, situada en el cuarto piso, al patio, y sufrió varias fracturas y graves lesiones internas. El muchacho fue trasladado al hospital.

Con el estilo seco del reportero dieron los diarios la noticia de este acto de desesperación. Seis líneas: una tragedia de la vida infantil, un destino humano. ¡Qué cuadro tan estremecedor: la escuela, que debe sembrar en el espíritu y en el ánimo de los niños todo lo noble, grande y puro, educar en la firmeza y la energía la voluntad todavía flexible y dócil, y capacitar al hombre, mediante el desarrollo armonioso de todas sus disposiciones físicas y psíquicas, para la afirmación más vigorosa y alegre de la vida; esa misma escuela, como causa de la negación de la vida, como motivo de la destrucción de la vida, la escuela como motivo de suicidio…! En verdad, un cuadro estremecedor. Más aún, un cuadro terrible, si la estadística añade la cruel enseñanza de que la escuela ocupa uno de los primeros lugares en la serie, bastante variada, de los motivos que en la existencia del niño hacen madurar la resolución de destruir violentamente la vida.

Todavía a comienzos del siglo pasado apenas se conocían los suicidios de niños; así lo atestiguan casi todos los países: Prusia, Francia, Inglaterra, Italia, etc. Solo se daban casos muy aislados, que se tenían por algo inaudito; así, en Berlín, de 1788 a 1797, un único caso. En la década siguiente eran ya tres. Quetelet, el creador de la investigación estadística, fue el primero en señalar el aumento paulatino de los suicidios infantiles. Ya hacia 1825 se lamentaba el Dr. Casper en sus Beiträge zur Medizinischen Statistik [Contribuciones a la estadística médica]: «En ninguna parte se muestra el lado oscuro de la civilización de modo más crudo que cuando consideramos el aumento, casi increíble, de los suicidios infantiles en los tiempos más recientes», y en 1846, en sus Denkwürdigkeiten [Memorias]: «Los suicidios infantiles se han producido en todas partes de la monarquía en los últimos tiempos con una frecuencia tan creciente que sería fatigoso dar a conocer aquí siquiera una parte de tales casos». Otros estadísticos destacan del mismo modo, hasta los tiempos más recientes, el crecimiento de las cifras de suicidios infantiles, así Heyfelder, Griesinger, Prinzing, Siegert y otros, mientras que Guttstadt, Nehfisch y Baer no comparten sin más este punto de vista, sino que se inclinan más o menos a la opinión de que la frecuencia de los suicidios ha aumentado sin duda considerablemente, pero la proporción de los suicidios infantiles ha permanecido en general igual. A esta opinión se opone, sin embargo, la estadística oficial, según la cual en los años 1869 a 1873 se producía como promedio anual un suicidio por cada 666 028 niños, mientras que hasta el período 1894-1898 esta cifra bajó a 497 815. Esto significa un aumento de los suicidios infantiles. En las tres décadas de 1869 a 1898, solo en Prusia, un total de 1708 niños (1346 varones y 362 niñas) se quitaron la vida por suicidio. Una cifra completamente desacostumbrada en esta triste estadística la presenta Sajonia. Según el Dr. Krell, aquí se contaba ya en 1900 un suicidio infantil por cada 100 suicidios, y en 1902 incluso uno por cada 42. Y para la estadística de los suicidios infantiles vale en grado especialmente alto, como subraya expresamente el Dr. Baer, «que su número es en realidad mayor que el averiguado oficialmente».

Incomparablemente más interesante —y también más difícil— que averiguar la frecuencia de los suicidios es establecer los motivos que conducen al suicidio. Los suicidios infantiles, en particular, constituyen un terreno que todavía necesita con urgencia ser abierto e investigado científicamente; ante todo a la psiquiatría y la psicología, a la sociología y la pedagogía se les abren amplios campos de actividad. Un niño sano, bien educado, física y moralmente resistente, solo en los casos rarísimos concebirá la idea del suicidio; «pero se cuentan por cientos de miles los retoños debilitados que vienen al mundo con una energía vital disminuida, en los que el alcoholismo, el desenfreno, las enfermedades de toda clase y el exceso de trabajo de los padres han producido una escasa capacidad de resistencia para la lucha por la vida. Muchas veces una educación cuidadosa y cariñosa y unas buenas circunstancias externas pueden establecer una compensación; a menudo falta al menos el impulso hacia un desenlace trágico. Pero si a tales niños, de nervios irritables y vida afectiva desequilibrada, muchas veces hipersensible, les sobrevienen nuevos daños y pesares, el camino hacia la tragedia está trazado».

Está en la naturaleza del suicidio en general, igual que en su valoración social en particular, que muchos de sus elementos suelan quedar a oscuras, y no en último lugar las causas, que son las que más fácilmente escapan a la investigación posterior. En todas las estadísticas sobre las causas del suicidio se encuentra siempre, pues, una rúbrica «Motivos desconocidos», que presenta en todos los casos cifras altas. Así, por ejemplo, de 986 suicidios cometidos en los años 1884 a 1898 a la edad de 10 a 15 años, 337 (37,4 %) eran de causas desconocidas, y Morselli calculó, por cada 1000 suicidas menores de 15 años en Prusia en los años 1869 a 1872, no menos de 434 varones y 310 niñas cuyos motivos de suicidio no pudieron averiguarse. Ahora bien, Baer, que, si bien no admite como Esquirol una forma específica de locura como motivo de suicidio, se inclina con facilidad a considerar los trastornos mentales, la inferioridad psicopática y los afectos morbosos como causas principales de los suicidios infantiles, opina también que «de los casos de causa desconocida, sin reparo alguno, una gran parte puede considerarse de aquellos que cabe atribuir a personas inferiores, dudosas, psicopáticas, cuyo verdadero estado mental no fue reconocido en vida». En la estadística oficial, para el período 1884-1898, algo más del 8 % de los suicidios infantiles figura como debido a enfermedad mental, mientras que para los adultos se ha establecido mediante investigaciones detenidas que aproximadamente la cuarta parte de los suicidas varones y dos quintas partes de las mujeres son enfermos mentales. Mucho más frecuente todavía que la enfermedad mental declarada es en la edad infantil la constitución inferior, la debilidad congénita y adquirida del sistema nervioso, la tara hereditaria, la disposición psicopática a consecuencia de traumatismos craneales o de enfermedades de tipo constitucional o infeccioso, etcétera. Además, puede darse por seguro que la acción degenerativa del alcohol, que según Casper, Esquirol, Bierre, Lunier, Morselli y otros es en muchos adultos la causa del suicidio, también en la descendencia de los bebedores puede producir una inferioridad en tal grado que la predisponga considerablemente al suicidio. En última instancia causal es casi siempre un afecto melancólico, una sensación de dolor o de displacer exacerbada al extremo, la que, al estallar de repente, lleva al suicidio en los niños. «Un niño martirizado y atormentado por un trato continuamente malo o por los malos tratos de padres crueles o de cuidadores sin conciencia; un niño que comparte los graves cuidados y la pena de los padres y de la familia, que soporta muchas privaciones, hambre e inclemencias: un ánimo infantil de esta clase se entristece hasta la desesperación, y ese mismo niño, por un motivo insignificante, que a nosotros nos parece sin importancia, echará mano de la cuerda o se arrojará por la ventana para escapar a su triste existencia. En otros muchos, el abatimiento y la desesperación se presentan de un modo más agudo. La amenaza y la espera de un castigo, la vergüenza por un delito cometido actúan aquí de manera completamente súbita, como una conmoción, un shock, y esta impresión anímica que irrumpe de repente se convierte en causa del suicidio». A esta línea de pensamiento pertenece también la opinión, sostenida por Durand-Fardel, de que los malos tratos son la causa más frecuente de los suicidios infantiles; en concurrencia ideal con ella,1 Ferriani, el fiscal italiano conocido como uno de los más importantes psicólogos del niño, ve en el miedo a la escuela el motivo decisivo en la mayoría de los casos de suicidio infantil, el que determina en el fondo el acto.


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha desde la imagen de la Leipziger Volkszeitung, 12.º año, n.º 215, 16 de septiembre de 1905, suplemento de folletín (Feuilleton-Beilage), digitalizado por la SLUB Dresden (digital.slub-dresden.de/id394414608-19050916, imagen 9). Esta primera entrega va sin firma; la segunda (1905-09-18 Kinderselbstmorde. II) va firmada «O. R.». Algunas cifras son de lectura dudosa por la baja resolución de la imagen (véase la nota de la versión original).

Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Kinderselbstmord se traduce «suicidio infantil»; Minderwertigkeit, «inferioridad»; Schwänzen (der Schule), «hacer novillos». Los títulos de obras citadas se dejan en alemán con traducción entre corchetes. Se conservan las cursivas del original, que reproducen su espaciado, y la negrita de la noticia inicial.

  1. «In idealer Konkurrenz»: término de derecho penal (concurso ideal de delitos), usado aquí en sentido figurado: las dos explicaciones coinciden y se suman. (N. del T.) ↩