Nuda veritas.1
Quien de la designación simbólica de la verdad como «desnuda» quisiera concluir un fundamento sexual del afán de verdad podría estar seguro de topar con una viva oposición; se le opondría una explicación puramente abstracta de la expresión metafórica. La psicología del lenguaje nos muestra, sin embargo, que el uso de una palabra en sentido figurado presupone siempre, para su nacimiento, una relación muy sensible, por mucho que esta palidezca con el paso del tiempo; nos muestra también cómo una relación así palidecida puede revivir con su frescura original en la conciencia del hablante en las condiciones psicológicas adecuadas. Y este resultado de la psicología del lenguaje no solo lo confirma el psicoanálisis, sino que lo amplía y profundiza extraordinariamente. A quien haya templado su escepticismo con tales consideraciones quizá no le parezca casual que tantos pintores y escultores que han tomado por tema la «nuda veritas» acentúen con fuerza el elemento sensual, a menudo casi podría decirse exhibicionista, de la desnudez, cuando las consideraciones abstractas deberían llevar precisamente a una concepción opuesta del tema. De ello concluirá que esos artistas sintieron instintivamente a qué apunta la expresión simbólica.
Una prueba, por así decirlo, documental de la conexión entre la pulsión sexual y el placer de investigar —al menos en un caso particular— la dan ahora unas frases de Multatuli que vamos a citar aquí. A nadie extrañará que procedan de un poeta que también se dedicó a la ciencia, y no de un sabio de oficio. En este, en efecto, el desplazamiento subyacente ha tenido pleno éxito, y así el estado de cosas originario no llega a su conciencia. Solo puede comprender la expresión «verdad desnuda» por medio de puentes abstractos del entendimiento; el artista que en ciertas épocas de su vida se refugia en la ciencia puede vivir su sentido.
El pasaje está tomado de una carta de Multatuli (a Max Roost; Multatuli-Briefe, ed. de Wilhelm Spohr, vol. 2, págs. 72 s.) y dice así:
«… Espero, espero encontrar un método simplificado para la trigonometría. Todos los alumnos me lo agradecerán. Y tengo todavía muchas otras cosas de esta clase que investigar. Es una poesía magnífica levantar el casto vestido de la naturaleza, buscar sus formas, indagar sus proporciones, palpar su figura, penetrar en el útero de la verdad. ¡He ahí la voluptuosidad de las matemáticas!
Y —¡necio de mí!— ¡soy su amigo! En verdad, no me rechaza, aunque no se entregue sin esfuerzo. Justo el misterio suficiente para seguir siendo deseada, codiciada y adorada. No tanto como para desanimar al pretendiente impetuoso. He visto sus tobillos, sus rodillas, sí, la cadera y los lomos, de vez en cuando… pero, pero, entonces me aparta de un empujón y huye, Dafne como es, sílfide como es, fuego fatuo, cortesana, virgen… y con todo ello la grande, la poderosa Isis, la señora Jehová, que es, fue y será, inmutable, intocable, indestructible: el ser, la verdad».
Dr. Carl Furtmüller.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del cuaderno doble del Zentralblatt für Psychoanalyse 1 (1910/11), cuadernos 5-6 (marzo de 1911), digitalizado en Internet Archive (zb1191156), sección «Varia», págs. 273-274. Los comentarios S. n del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.
Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). La carta de Multatuli se traduce de la versión alemana citada por Furtmüller. Se conservan la división en párrafos, las cursivas (que reproducen el espaciado del original) y la paginación original. Las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo.
«La verdad desnuda»: en latín en el original. Multatuli es el seudónimo del escritor neerlandés Eduard Douwes Dekker (1820-1887); Furtmüller cita la carta por la traducción alemana de Wilhelm Spohr. (N. del T.) ↩