El padre del complejo de inferioridad dice que en Estados Unidos las mujeres llevan la conversación, pero el que habla todo el rato es él

Por MARJORIE DORMAN.

El Dr. Alfred Adler, de Viena, famoso en el mundo entero como «el padre del complejo de inferioridad», coincidió hoy con el conde Keyserling1 en que las mujeres dominan América. Visto durante unos minutos antes de salir para Chicago, el Dr. Adler, que regresa a Viena en mayo, declaró que las mujeres dominan aquí porque en otro tiempo fueron una minoría tal en los Estados Unidos que, ahora que han conseguido la ventaja, han decidido no cederla nunca.

—La competencia entre hombres y mujeres es en todos los países como una carrera —dijo—, y en este país, porque la mujer se acerca a su meta, la mujer es más exagerada en sus actos que en otras partes.

Dice que las mujeres imitan a los hombres

»Las de su sexo que sufren un complejo de inferioridad respecto al sexo opuesto lo demuestran imitando los vicios del hombre, como la bebida y, en menor grado, el tabaco. Las mujeres conscientes de su fracaso se refugian en un complejo de superioridad inútil, o copian al hombre en lo externo.

»El valor y la importancia de las madres se reconocen aquí como en ninguna otra parte. Con muchas más oportunidades para todos, la aspiración es aquí muy grande. No creo que esté perjudicando a las mujeres. En los países que carecen de sus grandes oportunidades es inútil.

Versatilidad posible en Estados Unidos

La mujer tiene aquí más maneras de expresar su personalidad que la europea. El maravilloso crecimiento de las ciudades americanas ha creado condiciones domésticas especiales —apartamentos, nada de tareas de la casa— y por eso sus mujeres se ven empujadas a llevar su vida hacia fuera.

El Dr. Adler habla deprisa y su inglés es tan chapurreado que cuesta entenderle. Es bajo, recio, con un bigotito, labios salientes y ojos grises y penetrantes. Como la mayoría de los pensadores, escribe mucho mejor de lo que habla. Su mente trabaja tan deprisa que el habla entorpece su notable amplitud intelectual.

No hay sitio para papá

—Ocuparse en el trabajo social, en los negocios, en escribir: así es la mujer moderna —añadió—. No, desde luego; no le hará daño. Biológicamente cuidará de sí misma y de la especie. La vida doméstica da a la mujer un lugar más grande que al hombre, porque él, todavía más que ella, está absorbido por los negocios y le deja no solo el hogar sino los campos de la cultura. Las mujeres americanas son las que sostienen el arte, la literatura y la cultura en general, más que las de Europa.

—¿Cree usted que el hombre...? —preguntó la entrevistadora. Pero, como con el conde Keyserling, el hombre no iba a recibir mucha atención.

—Sus mujeres hablan mucho mejor que sus hombres —continuó el Dr. Adler, sin prestar atención al hombre—. A las mujeres de aquí no les cuesta nada llevar la conversación. El hombre escucha. En Europa es el hombre quien tiene que ocuparse de la conversación.

Pero el Dr. Adler se negó a dejar que una mujer metiera baza en toda la entrevista.

—¿Cree usted que...? —La entrevistadora se dio por vencida.

—¡Y también en la belleza, en la belleza llamativa, cuánto interés ponen sus mujeres! —interrumpió, y dijo que las mujeres americanas exageran porque los hombres no admiten su igualdad.

¿Quién, meditaba la entrevistadora, habría sido la mujer tan notablemente conversadora que había dado al Dr. Adler la impresión de que las mujeres dominan las conversaciones en los Estados Unidos?


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre la imagen de The Brooklyn Daily Eagle (Brooklyn, Nueva York), jueves 29 de marzo de 1928, pág. M 3 (fultonhistory.com). Entrevista de Marjorie Dorman.

Traducción: traducción íntegra al español de la pieza tal como se publicó, incluido lo que escribe la periodista, hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Los diálogos se dan con raya, según el uso español; los ladillos del periódico se mantienen como subtítulos. Las adiciones del traductor van entre corchetes.

  1. El filósofo alemán Hermann von Keyserling, que por entonces recorría los Estados Unidos dando conferencias y sostenía que el país estaba dominado por las mujeres. (N. del T.) ↩