CIENCIA

¿DISPOSICIÓN, HERENCIA O AMBIENTE?

Conferencia del prof. dr. Alfred Adler

Anoche, presentado por el señor J. B. Meyer, el profesor doctor Adler habló ante el «Psychologische Studiekring» [Círculo de Estudios Psicológicos], fundado hace poco, en la Maison Boer de Ámsterdam, sobre la cuestión de qué determina la esencia de la personalidad humana: la disposición, las cualidades hereditarias o el ambiente. Se suele suponer que las condiciones de la formación de la personalidad son las cualidades hereditarias y el ambiente, y el «behaviorismo» norteamericano, que estudia la conducta de los hombres, es en realidad una teoría del ambiente, puesto que investiga el modo en que el individuo reacciona a su entorno.

El psicoanálisis y la doctrina de Jung, surgida de él, descansan sobre una base hereditaria. También la psicología individual ha encarado el problema de la herencia; el conferenciante lo trató en su estudio sobre «Heridität und Organminderwertigkeit» [Herencia e inferioridad orgánica], publicado en 1907.1

La herencia enseña que entre los hombres se dan variantes, y esas variantes, que se distinguen de la mayoría, pueden orientarse hacia una predisposición a caer enfermo, pero también hacia una mayor capacidad de adaptación a las condiciones de vida.

Las variantes, los hombres con una disposición que se aparta de la norma, merecen atención. El conferenciante señala que muchísimos grandes pintores tienen defectos en los ojos: esos ojos deficientes son una variante que en estos casos lleva a una función orgánica acrecentada. Tras dar más ejemplos de inferioridad orgánica que conduce a un rendimiento acrecentado, dice que muchos zurdos pueden hacer más con la mano derecha que los diestros. Hay que tener bien presente que una cualidad hereditaria no es toda la personalidad: lo único que importa es qué hace el individuo con esa cualidad, si la ejercita o la descuida.

El profesor Adler señala luego el rasgo común que se encuentra en muchos primogénitos, que, al fin y al cabo, han sido todos durante algún tiempo hijos únicos y que, cuando llega otro niño, se ven relegados a un segundo plano. Ese momento crucial de la vida causa una impresión enorme en el hijo mayor, que durante toda su vida teme ser destronado de nuevo. Cómo lo manifiestan los primogénitos varía de un individuo a otro. El conferenciante señala además al segundo hijo, que quiere rivalizar con el mayor, y al menor, que se siente oprimido por los demás niños. Por ello, ya mayor, el hijo menor siente la necesidad de ser el representante más formidable de la familia, unas veces para bien, pero también, a veces, para mal.

El conferenciante dice que cada individuo es una aparición única, que nunca se repite, y que por eso es tan ilógico buscar a toda costa la uniformidad: importan mucho más las diferencias entre los hombres que lo normativo. Califica de curioso en este sentido el estudio de algunos gemelos, en los que uno se afana por encontrar la igualdad. Quizá hasta se espere que esos gemelos vayan a caer los dos bajo un automóvil en el mismo instante, en barrios distintos de la ciudad.

En cuanto uno se pone a rastrear cualidades hereditarias, tiene que equivocarse en sus cálculos, pues en la vida del niño, inmediatamente después del nacimiento, ya desempeña un papel la madre. Muchas veces se toma por un fenómeno hereditario lo que no es más que un modelo tomado del padre o de la madre. Aunque un muchacho no haya conocido nunca a su padre, no se puede invocar todavía la herencia por, por ejemplo, la misma postura al andar: se sabe, por ejemplo, que las personas bajas se esfuerzan por andar lo más derechas posible y que las altas tienden a andar encorvadas.

Si se admite la herencia de los rasgos psíquicos, hay que creer en una detención de la evolución; pues la vida plantea una y otra vez problemas nuevos, y sabemos que la vida es avanzar, evolución.

Pasando a la cuestión de si el entorno tiene una influencia predominante en la personalidad, el profesor Adler dice que todos sabemos —y la psicología experimental lo ha vuelto a mostrar expresamente— que uno reacciona de un modo y otro de otro ante el mismo ambiente. Lo decisivo es siempre la concepción individual del niño. La concepción personal del niño es lo principal, y bien se puede decir que esa concepción es hereditaria, pero en realidad nunca se puede calcular. Hay que buscarla en la fuerza creadora del niño: así lo enseña la psicología individual. Todo niño tiene vagamente presente un ideal de perfección vital, ya consista ese ideal en vencer todas las dificultades, ya en eludirlas todas; toda vida está orientada hacia una meta: para uno es poner a todos los hombres a su servicio, para otro dejar sin resolver todas las cuestiones, para un tercero hacer felices a todos los hombres de su entorno. A qué grupo pertenece alguien puede conjeturarse si atendemos a los movimientos, a la conducta de los hombres. De la herencia o del ambiente, puesto que son datos invariables, no se puede aprender nada nuevo; eso solo es posible adivinando hacia dónde tiende el individuo. Aquí la psicología individual linda con la metafísica. Por la experiencia hay que convencerse de si se ha adivinado bien.

Las medidas educativas quieren a veces contrariar al niño en la consecución de lo que siente como su ideal, pero no tendrán ningún significado si el niño no comprende su finalidad o si no quiere aceptarlas. Educar se reduce, pues, a atender a las medidas que el niño puede aceptar.

En la educación ya no hay lugar para la herencia, ni tampoco para la cuestión del ambiente. Lo único que importa es qué disposición tiene el niño, cómo trata de alcanzar la meta de su vida. El conferenciante da el ejemplo de una muchacha de 15 años, de una familia pobre pero honrada, en la que la niña, porque el padre y el hermano estaban enfermos, no podía recibir bastante cariño de su madre; y cuando los enfermos mejoraron llegó una hermanita que necesitaba el afecto de la madre y lo recibió. Para obtener el calor vital del que siempre había carecido, se fue con un hombre y quedó entonces moralmente abatida. Se diría que la única salida que le quedaba era poner fin a su vida, pero la concepción individual de la inteligente muchacha dejaba abierta otra posibilidad: volvió a la casa paterna.

Todo esfuerzo en la vida está orientado hacia una meta, y ese esfuerzo es el mismo que en biología se llama evolución. Los fuertes, que pueden seguir la corriente, la siguen; los débiles quedan apartados a un lado. ¿No sería una necesidad, pregunta el conferenciante, que con la mezcla de razas aumentara la fortaleza de los individuos y, con ella, la de la especie? Lo necesario que es lo muestra señalando razas puras como los indios, que, cuando contraen la tuberculosis, perecen sin remedio. Lo mismo vale para otras enfermedades infecciosas. Las razas no mezcladas sucumben a ellas; las mezcladas las sobreviven.

La primera meta de la vida en la tierra, cuando surgió, no pudo ser otra que mantenerse, no sucumbir, y esa adaptación activa sigue actuando todavía en el individuo y en la especie.

Por último, el conferenciante trata del sentimiento de comunidad y de su significado para la evolución del hombre. Hasta ahora ese sentimiento no se ha desarrollado en medida suficiente, pero inconscientemente el esfuerzo de los hombres a lo largo de todos los siglos ha tendido a su desarrollo, aunque no siempre lo hayan comprendido.

Llegará un tiempo, y el conferenciante espera que esté cerca, en que no hará falta ningún razonamiento, ninguna reflexión para que ese sentimiento se manifieste, sino que se dará a conocer de un modo tan automático como la respiración. (Aplausos.)


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre la imagen de la página en Delpher (ddd:010663236:mpeg21:p010): «Aanleg, erfelijkheid of milieu? Voordracht van prof. dr. Alfred Adler», Algemeen Handelsblad, Ámsterdam, 20 de mayo de 1933, edición de la tarde, p. 10, sin firma.

Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026), directamente del neerlandés, con la rúbrica, el titular y el subtítulo tal como se imprimieron. Aanleg se traduce «disposición»; erfelijkheid / heriditeit, «herencia»; orgaanminderwaardigheid, «inferioridad orgánica»; opvatting, «concepción»; scheppende kracht, «fuerza creadora»; levensdoel, «meta de la vida»; gemeenschapsgevoel, «sentimiento de comunidad». «Spr.» (spreker) se traduce «el conferenciante».

  1. El título lo da así el periódico, en alemán y con la grafía «Heridität» (por Heredität); el estudio de Adler de 1907 es la Studie über Minderwertigkeit von Organen [Estudio sobre la inferioridad de los órganos]. (N. del T.) ↩