Sobre los garabatos.1

Por el Prof. Dr. ALFRED ADLER

Cuando estoy sentado en una conferencia o reflexiono sobre algo, garabateo alguna cosa. Siempre es lo mismo. Durante mucho tiempo me he devanado los sesos pensando por qué garabateo. Por lo general la gente sabe lo que garabatea. Me interesó investigar la cuestión y creo que he dado con algunos puntos de vista interesantes. En Suiza, un autor hace garabatos y los hace interpretar; Jung trata de introducir en ellos su concepción del «inconsciente social». Ha hecho de ello un tratamiento de neuróticos: los hace dibujar sin interrupción.2 Eso es esquemático, tipológico, y no dice nada del caso individual. Nosotros sostenemos que el individuo es una totalidad. Cuando alguien dibuja de ese modo, eso es parte del todo. He reunido colecciones de este tipo en América y también aquí. Yo mismo garabateo desde mi infancia siempre lo mismo: me he devanado los sesos durante mucho tiempo, hasta que he llegado a la conclusión de que se trata del impulso a la simetría. Divido exactamente en dos cada ángulo; a eso me impulsa algo. El punto decisivo es la simetría. Estaba lejos de suponer que eso solo está en mí; se encuentra también en los dibujos de otros.

Si uno se pregunta de dónde viene el impulso a la simetría, solo hay una respuesta. Tiene que estar fundado como una necesidad en el desarrollo infantil que el niño trate de orientarse por la simetría. Si alguien tiene el impulso a la simetría, ¿cuántas posibilidades hay? No muchas. Si alguien encuentra una posibilidad nueva, tendría que ser un artista.

Sabemos, en efecto, que ciertos rasgos de la vida anímica se manifiestan con mayor claridad cuando uno no sabe nada de lo que ocurre en él. Algunos dirían «inconsciente». Nadie lo ha expresado en palabras, pero todo el mundo lo tiene. Como todavía no está expresado en palabras, en ciertos círculos se lo considera inconsciente. ¿Qué significa esto? Puede decirse que, evidentemente, en todo ser humano existe probablemente desde la primera infancia una inclinación a la simetría. El garabatear no es sin duda más que un reflejo de esa inclinación. No debe extrañarnos: el ser humano está construido simétricamente, casi todos sus órganos están dispuestos de modo simétrico. Eso se imprime en nuestra vida. La mayoría de las cosas están construidas simétricamente; solo un progreso tardío del arte llevó a considerar la simetría como algo atrasado. He oído, por ejemplo, la opinión de que el Palacio Ducal de Venecia resulta tan imponente porque es asimétrico; eso sería un incremento de nuestro sentimiento estético, como si quisiéramos ir más allá.

Quisiera plantear ahora la pregunta: ¿en qué punto de nuestro desarrollo anímico se hace claramente visible esta inclinación a la simetría? En realidad, el pensamiento por contrarios es lo mismo. Cuando distinguimos izquierda y derecha, caliente y frío, arriba y abajo, eso forma parte de la construcción de nuestra imagen del mundo, aunque sabemos que no existe en absoluto. Izquierda y derecha solo podemos admitirlas como relativas; caliente y frío no son contrarios, sino variantes. Lo mismo vale para arriba y abajo. Ya en El carácter nervioso (Über den nervösen Charakter) hablé de que en la antigua filosofía griega se encuentra la tendencia a orientarse por contrarios. Sabemos qué papel ha desempeñado representarse el cosmos como contraposición de fuego y agua, cielo e infierno. Esto tiene una importancia colosal en todo el pensamiento. También hoy encontramos una tendencia al pensamiento por contrarios en la concepción del hombre y la mujer como contrarios. En inglés el contraste se expresa claramente: “the opposite sex” [el sexo opuesto].

Es un artificio de la psique humana al que llega todo niño que no sea débil mental. Este pensamiento por contrarios domina no solo el pensamiento profano, sino también el científico. Este carácter antitético es un reflejo de la inclinación a la simetría. Al considerar esta inclinación a la simetría se llega a comprobar que, en el curso de la evolución, el espíritu humano fue y es empujado en esa dirección. No creo que haya cambiado mucho en esto. Si se considera la antigua filosofía griega y nuestra concepción actual, no se encuentra ningún gran cambio. Por casualidad, cuando me ocupaba de estas concepciones, di con un libro escrito por Jung y un sinólogo en el que se fantasea sobre dibujos. Un determinado dibujo desempeñaría cierto papel en la mitología china; Jung ha enlazado con él fantasías que coinciden con sus concepciones.3 Quizá haya entre sus pacientes personas que dispongan de expresión gráfica, pero ya en mi simple garabato en forma de estrella podemos ver el dibujo. En realidad no hay muchos métodos para satisfacer esta inclinación a la simetría; no sé si hay más de 12 realizaciones técnicas de este tipo. Por eso no debe extrañarnos que haya aparecido quizá ya diez mil años antes en una u otra forma. Si se concluyera de ello que se trata de una adquisición hereditaria, sería superficial. El niño se ve obligado a encontrar la simetría.

Quisiera llamar la atención todavía sobre una observación. Cuando camino a oscuras, toco la pared con la mano. A veces lo hago también de día, a plena luz. Esto lo vemos con especial frecuencia en los niños. Significa que uno quiere medir la distancia a la que se encuentra. Tiene que proceder de que se quiere establecer la simetría en la marcha, el paralelismo. Es en nuestra vida una tarea ininterrumpida. Todo ser humano tiene una inclinación al ritmo; quizá resida en ello el mismo principio. Paralelismo, antítesis, simetría son evidentemente adquisiciones individuales y necesarias. Los resultados son necesarios para todo nuestro movimiento vital. Cada cual lo configurará según su individualidad, unos de modo primitivo, otros poniendo arte en ello.

Quisiera añadir algo más. Alice Friedmann, que es zurda, afirma que los zurdos tienen una mayor inclinación a la simetría. Los zurdos están, en efecto, sobrecargados; la necesidad de una actitud simétrica se les exige con fuerza. La Dra. Friedmann cree también que los dibujantes y pintores zurdos tienen una fuerte tendencia a estilizar. Esta inclinación a la simetría reside en el afán de evolución, en el afán de superación, en el afán de dar una forma aprehensible al caos de la vida. No está claro si quienes van más allá de la simetría y la consideran algo primitivo representan un tipo seguro de sí; puede tratarse también de oposición.


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del ejemplar digitalizado en archive.org y cotejada con la imagen de cada página: Alfred Adler, «Über Kritzeleien», Internationale Zeitschrift für Individualpsychologie 12 (1934), n.º 4 (octubre-diciembre), págs. 201-203.

Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Kritzelei, kritzeln se traducen «garabato», «garabatear»; Drang nach Symmetrie, «impulso a la simetría»; Hang zur Symmetrie, «inclinación a la simetría»; Lebensbewegung, «movimiento vital». Los nombres propios van en cursiva, como en el original.

  1. Conferencia pronunciada en el grupo de trabajo de médicos de psicología individual (Arbeitsgemeinschaft individualpsychologischer Ärzte), Viena, el 10 de agosto de 1933. ↩

  2. Alusión al uso de dibujos y pinturas espontáneos de los pacientes por C. G. Jung y su escuela (la «imaginación activa»). Lo que Adler llama «inconsciente social» corresponde al «inconsciente colectivo» de Jung. (N. del T.) ↩

  3. Richard Wilhelm y C. G. Jung, Das Geheimnis der goldenen Blüte. Ein chinesisches Lebensbuch (Múnich, 1929), con comentario de Jung sobre dibujos de mandalas de sus pacientes. (N. del T.) ↩