Dialecto de los órganos.1

Por el Dr. Alfred Adler (1912).

En el año 1910, en un trabajo sobre el «Tratamiento psíquico de la neuralgia del trigémino» (Zeitschrift für Psychoanalyse, cuaderno 1), hablé de una inclinación humana muy extendida a captar o expresar en una imagen sexual el sometimiento anímico de una persona por otra, su superioridad. Sobre todo en las personas nerviosas, el efecto de una de estas «consignas interiores» (Robert Kann) puede llegar tan lejos que incluso los órganos sexuales se pongan en la correspondiente posición de ataque. El modo de hablar se sirve a menudo de tales impresiones figuradas. Me parece que hay ejemplos en las palabras vergewaltigen [violentar], übermannen [vencer, de Mann, hombre], Jungfernrede [discurso virginal, primer discurso], schicksalschwanger [preñado de destino] y en innumerables expresiones injuriosas y burlescas como las que nos proporciona el folclore.

Estos hechos, que me permitieron dar un paso más en la crítica de la teoría freudiana de la libido y mostrar que tampoco la conducta y la sensibilidad sexuales del nervioso y del sano han de entenderse de manera «banal» como exclusivamente sexuales, y menos aún el resto de su actitud psíquica, son reconocidos hoy también por los antiguos adversarios. En particular, los trabajos de los psicoanalistas suizos tienen en cuenta esta concepción en la más amplia medida.

El proceso psicológico de este desbordamiento de una esfera del pensamiento, del sentimiento y de la voluntad, por ejemplo la de la voluntad de poder, a otra, por ejemplo la de los procesos sexuales, se produce evidentemente con el fin de reforzar el afecto, que apunta a una elevación del sentimiento de la personalidad. Y una persona así habla, piensa y obra entonces como si se propusiera, en última instancia, un acto sexual. Con todo, no cabe duda de que esta persona —dejando aparte el delirio en la neurosis y la psicosis, en el sueño, en el mito y en el cuento— tiene claro que su meta final no está dada por el símbolo, por el elemento figurado, sino que este solo puede considerarse como modus dicendi, como forma de hablar, como dialecto, mientras que la acción y el pensamiento han de seguir dirigidos a la verdadera naturaleza de las cosas. En el sentido de Vaihinger2 nos encontramos, pues, ante una auténtica construcción de «como si», ante una ficción, ante un artificio del espíritu, y nos queda aún por examinar la cuestión de qué se persigue con la sexualización o con algún otro dialecto de los órganos del pensamiento y del sentimiento. Como es fácil comprender, también nuestro concepto de dialecto de los órganos ha de tomarse como una formación de «como si», porque también él se extiende al sentimiento y a la acción, y no solo al lenguaje.

La respuesta general que he dado arriba, que estos artificios apuntan a una elevación del sentimiento de la personalidad, exige además una descripción de los caminos por los que se intenta alcanzar este fin. Uno de los caminos discurre por la vía añadida artificialmente; desvía, pues, de la meta originaria y crea un sustituto. En la «caricia del viento», en la «entrega dichosa» al arte, en las «nupcias» con la musa, lo mismo que en «cruzar las espadas» con un adversario científico, puede haber una desviación así de la meta originaria, donde en ciertas circunstancias podemos suponer que el camino recto hacia el amor, hacia la lucha, se evita por razones de una cautela interior (miedo a la decisión). En otros casos, este «entrecruzamiento de los instintos» o «el junctim»3 produce la resonancia necesaria para la elevación de la personalidad; la persona se sirve, para hablar, pensar y obrar de modo impresionante, del acompañamiento afectivo falseador que de ello fluye, a fin de asegurar su meta. Así, cuando concibo a la mujer como esfinge y al hombre como agresor, dondequiera que un destino sexual va unido a la idea de una derrota. Un segundo camino resulta más directo cuando la fantasía refuerza el atractivo de una meta propuesta remitiendo incitadoramente a goces más conocidos o especialmente atractivos: labios de rosa, honor viril, paraíso de la infancia, etc.

Las cualidades inaprensibles se explican, completan, refuerzan y exageran así mediante otras más simples y aprensibles. En una exposición lograda nunca falta el «sonido natural». Lo que conmueve especialmente a uno, o lo empuja a él mismo al dialecto de los órganos, procede de su historia previa, esencialmente de sus intereses principales y de su constitución corporal, en la medida en que esta se ha ordenado compensatoriamente hacia una meta final. Las personas con órganos visuales sensibles mostrarán, hasta en su modo de expresarse, una acumulación de conceptos del ver, del discernir (Einsehen), de la intuición (Anschauung), etc., como hace poco ha vuelto a mostrar ingeniosamente von der Pfordten.4 En general, en el mundo conceptual de los hombres se refleja el resplandor de sus órganos inferiores, más sensibles. En los síntomas nerviosos esta relación cobra forma palpable. Así, un asma nerviosa (aparato respiratorio inferior, diátesis exudativa de Czerny) puede ayudar a expresar una situación apurada en la que a uno «le falta el aire»; un estreñimiento, entre otras cosas, el bloqueo de gastos; un trismo nervioso (calambre de la mandíbula), por rodeos del pensamiento, pero obedeciendo a la «consigna interior», el impedimento de ingresos, o también de la concepción (embarazo).5

El efecto reforzador de este pensar,6 hablar y obrar ficticio es fácil de ver. Se comprende también que las metáforas sexuales aparezcan con frecuencia, porque, entre otras cosas, el componente masculino (protesta masculina) del ideal directriz fomenta tales giros.

Es fácil comprobar en qué medida el lenguaje y la fuerza configuradora de los poetas están influidos por la sobrecompensación de sus ojos inferiores, y cómo, en consecuencia, les salen sus problemas eficaces. Así, la teoría de los colores de Goethe remite con seguridad a la inferioridad ocular originaria, pero dotada de mayor sensibilidad. En algún lugar describe Julio Verne a un periodista y destaca de él que era la encarnación de un ojo. Esto y los rendimientos psíquicos aumentados podrían, en caso de necesidad, entenderse en el sentido de Freud como dotación sensual aumentada, como zona visual erógena. Pero si encontramos regularmente indicios de cómo estos órganos más dotados y su superestructura están aliados con inferioridades inherentes, con signos de decadencia, con enfermedades y con debilidades hereditarias y familiares, de modo que para la insegura hipótesis de una sensualidad más fuerte hay que exigir con mayor razón una inferioridad orgánica como fundamento explicativo, entonces no queda otra elección que rechazar la teoría de la libido y poner en su lugar la doctrina de la inferioridad orgánica y sus consecuencias. Así, la ceguera posterior de los fantásticos ojos de Julio Verne es una prueba que vale por cien especulaciones sin apoyo.

El efecto de estos rendimientos del dialecto de los órganos, comprensibles para todos y por ello más fácilmente perceptibles, puede ponderarse mejor en los oradores y poetas, en el modo de expresión simbólico, en los símiles y en la comparación. Así, en el siguiente pasaje de la María Estuardo de Schiller (acto segundo), la castidad se describe como una fortaleza y los deseos sensuales como caballeros franceses, mientras que los ingleses establecen las salvaguardias. El rasgo llamativo de la orientación espiritual de Schiller, la sobrestimación de la mujer, tal como irrumpe en La doncella de Orleans, en María Estuardo, en numerosos poemas, acompañado a veces de fuertes impulsos de protesta masculina («Soy un hombre»), conduce también en este pasaje a la inspiración de dejar vencer a la mujer. El problema hombre-mujer se pone en un junctim con una hazaña guerrera, y esto produce un efecto especial e impresionante:7

Kent: ... pues, sabed,
se representó la casta fortaleza,
la Belleza, tal como es asaltada
por el Deseo. — — El Lord Mariscal, el Juez Supremo,
el Senescal y otros diez caballeros
de la reina defendían la fortaleza,
y los caballeros de Francia atacaban.

... ¡En vano! Los asaltos fueron rechazados, y el Deseo tuvo que retirarse.

El instinto de agresión exacerbado conduce, pues, en el pensar, el obrar y el hablar a compensaciones de este tipo, que van más allá de la esfera de poder originariamente dada (de la palabra, del acto, del pensamiento), para que se alcance una meta más alta. Y hemos visto cómo incluso en el ámbito del lenguaje, del pensamiento, puede emprenderse este camino de intensificación de la fuerza recurriendo a un símil procedente de la vida de los órganos.8

No nos asombrará, por tanto, saber que la actividad anímica, para llegar a un resultado más eficaz, se sirve fuera del lenguaje de medios de lucha semejantes, habla un dialecto de los órganos que, en la mímica y la fisonomía, en los movimientos expresivos de los afectos, en los ritmos de la danza, en el éxtasis religioso, en la pantomima, en el arte, y de modo especialmente expresivo en la música, renuncia a los medios de entendimiento del lenguaje para influir sobre nosotros. La comunidad del círculo cultural, los órganos receptores de los hombres, de actividad y excitabilidad semejantes, permiten sin más tales efectos. Y estos no dan, ciertamente, la univocidad de la palabra eficaz, sino más bien la resonancia más fuerte del lenguaje figurado, y delatan con ello su tendencia a imponerse como artificios especiales allí donde la palabra hablada falla, a conquistar un dominio y una superioridad más allá de los límites de lo ordinario. Así se nos da también, en virtud de la fuerza de la personalidad que nos es inherente, una influencia, en cuanto las formas habituales de manifestación del obrar y del ser excitado chocan unas con otras en el trato entre los hombres. Pero la aparición de tales artificios demuestra ya por sí sola el refuerzo del ataque que es capaz de conquistar entonces la guía de todo progreso, ἀνάγκη, la necesidad interior. Solo la doctrina de la inferioridad orgánica y sus consecuencias (sentimiento de inferioridad — inseguridad — compensación y sobrecompensación — empuje más fuerte hacia metas más altas — voluntad reforzada de dominio) puede instruirnos sobre el significado de estos artificios y hacernos comprensible la medianía a la que llegamos por el querer reforzado en oposición a un poder estimado en poco. Pues el miedo a la decisión consigue que tales personas estén orientadas a «medias tintas».

Esta consideración nos muestra también el camino para comprender los fenómenos más llamativos de la vida anímica enferma, y cómo esta, mediante actitudes corporales y modos de expresión, de nuevo mediante un dialecto de los órganos, emprende la vía de los artificios para hacer valer la personalidad. Ya en la infancia surgen sensaciones del órgano inferior de las que se sirve la voluntad de poder, y permanecen en el nervioso no curado durante toda la vida. El aparato digestivo, los órganos respiratorios, el corazón, la piel, el aparato sexual, los órganos del movimiento, el aparato sensorial, las vías del dolor son excitados, según su valor y su utilidad para expresar el afán de poder, por la inclinación a dominar, y muestran las formas del ataque hostil, de la agresión, o de la detención y la huida, la inhibición de la agresión, ambas cosas en consonancia con la línea vital del paciente, con su plan de vida secreto. Para señalar brevemente ejemplos de dialecto de los órganos: la obstinación puede expresarse por la negativa de funciones normales; la envidia y el deseo, por dolores; la ambición, por el insomnio; el afán de dominio, por la hipersensibilidad, por la angustia y por enfermedades nerviosas de los órganos. Las excitaciones sexuales surgen a veces como formas de los movimientos expresivos orientadas en el mismo sentido; su análisis las revela como una clase y un rendimiento especiales del instinto de agresión, pero el significado originario y fundamental de la sexualidad, que la escuela freudiana intenta afirmar una y otra vez, no puede demostrarse en ninguna parte en los fenómenos de la vida anímica enferma y de sus formas de expresión. Pero la huida a la ampliación de los conceptos, como la de procurar dar al concepto de «libido» (en alemán: Liebe, amor) un significado asexual, o la de intentar lograr una comprensión conforme a nuestra concepción para buscar después, en el dialecto sexual, una formulación sexual simbólica que naturalmente no puede posibilitar ninguna comprensión ulterior, es a la larga inútil y extravagante.9 Dado el constante objetivo de pensadores e investigadores de encontrarse con la realidad tan íntimamente como sea posible, puede considerarse piedra de toque de la autenticidad la capacidad de abandonar errores y reconocer abiertamente concepciones más sólidas.

Entre los autores que muestran logros notables en la comprensión de los fundamentos y de ciertos desarrollos de las cuestiones aquí tratadas, tenemos que nombrar en primer lugar al Dr. Ludwig Klages, que en los Probleme der Graphologie [Problemas de la grafología] y en los Prinzipien der Charakterologie [Principios de la caracterología] (Leipzig, J. A. Barth, 1910) comunica resultados especiales de su doctrina de los movimientos expresivos. Ya en el año 1905 este investigador desarrolló, en un trabajo sobre «Graphologische Prinzipienlehre» [Doctrina de los principios grafológicos], ideas sobre la forma de expresión personal (Graphologische Monatshefte, Múnich, 1905, págs. 7 y 8) que, por su importancia y su forma clásica, queremos reproducir aquí con el consentimiento del autor.

«Toda actividad interior, en la medida en que no la contrarresten fuerzas opuestas, va acompañada del movimiento análogo a ella: esta es la ley fundamental de la expresión y de la interpretación.

Con sus rasgos de estado más generales, por ejemplo, han de corresponder los siguientes del movimiento: con el esfuerzo, movimientos que avanzan; con la renuencia, movimientos que retroceden; con el progreso interior, el fluir del movimiento; con el detenerse, la interrupción del movimiento; con los sentimientos de resistencia, de inhibición y de tensión, aquellas funciones que, dirigidas contra resistencias físicas, serían capaces de despertar sensaciones de contacto intensificadas. (¡Piénsese, por ejemplo, en el apretar los puños!)

De innumerables estados sutilmente diferenciados nos hace saber (el lenguaje) cuál sería su modo de existencia si pudieran transformarse en cuerpos, formas, colores, procesos, temperaturas u olores. Nos dice que, si fuera posible, la "blandura" interior, por ejemplo, aparecería como algo blando, la "melancolía" (Schwermut) como algo pesado, el "abatimiento" (Trübsinn) como algo turbio, la "frialdad" como algo frío, la "amargura" como algo amargo,10 y elige estas formas de sus posibles modos de aparición para fijarnos los estados.

De la mayor importancia para la psicología, pero incomparablemente más difíciles de aprovechar que las metáforas abstractas, son sobre todo aquellas que nombran los procesos interiores según determinadas funciones y órganos del cuerpo. Esto ocurre, por ejemplo, cuando mediante el atributo "mordaz" (beißend) se pone la ironía en relación con los dientes y su actividad, o mediante el añadido "anquilosado" (verknöchert, osificado) el carácter pedante específicamente con los huesos, o cuando, evidentemente, no la "sede", pero sí el órgano de la elocuencia se sustituye al caracterizar al que tiene facilidad de palabra como alguien que "no se ha caído de boca" (nicht auf den Mund gefallen). Entre giros de este tipo, la mayor importancia la tiene a su vez la antiquísima separación de "cabeza" y "corazón", de los cuales este, en numerosas combinaciones, representa con asombrosa coherencia el sentimiento y el pathos, y aquella, con la misma falta de excepciones, el intelecto y la voluntad; en concordancia con ello, "descabezamiento" (Kopflosigkeit, atolondramiento) significa la ausencia de juicio, y "descorazonamiento" (Herzlosigkeit, crueldad), en cambio, la ausencia de sentimiento.11 Además de ciertas sensaciones corporales (sobre lo cual en seguida diremos algo más preciso), han contribuido a tales sustituciones de órganos representaciones simbólicas de la más diversa índole,12 que, como estrechísimamente entrelazadas con doctrinas filosóficas y religiosas, pueden remitir al pasado de la historia del espíritu e incluso a las particularidades de costumbres antiguas. El "ennegrecer" (Anschwärzen), usado hoy por "difamar", da noticia, por ejemplo, de una costumbre ya desaparecida de tiznarse mutuamente en ciertas ocasiones; "torpe" (linkisch) significaba originariamente solo zurdo, y se desvaneció en sinónimo de "desmañado" solo con la creciente proscripción de la zurdera; la "imaginación" (Einbildungskraft) nos pone ante los ojos la casi olvidada magia de las imágenes, pues en otro tiempo significaba literalmente la fuerza de "inculcar" (einbilden), es decir, de transmitir a otra persona, mediante la concentración de la voluntad y auxilios mágicos, una "imagen" (Bild), ya fuera saludable o dañina (por ejemplo, la representación de una enfermedad). Se ve que las metáforas concretas encierran, en indicios fisonómicos, más de un tesoro; pero para extraerlo hacen falta a menudo estudios remotos y consideraciones no menos inmediatas. Los tres últimos ejemplos citados conducen a un tercer grupo de designaciones, que vuelve a ser inmediatamente instructivo: a los nombres directos, no figurados.

Si médicos antiguos apoyaban, con el giro de que en el susto "se hiela la sangre en las venas" o se vuelve "hielo", la opinión de que efectivamente se coagulaba, eso es sin duda una ingenuidad. Pero ya el "estremecerse" o el "escalofrío" (Gruseln), usados para sentimientos afines, nombran sin duda sensaciones corporales que proceden de la anemia de la piel. El cuento popular hace, con toda coherencia, que el efecto de horribles apariciones sobre aquel que "se fue a aprender lo que era el miedo" sea superado por un chorro de agua fría en el que nadan gobios. También la "oscuridad del ánimo" y, conforme a ella, "verlo todo de los colores más negros" tiene otras razones además de las meramente metafóricas. Al excitado, en efecto, se le pone a veces "oscuro ante los ojos", y las depresiones prolongadas pueden robar duraderamente el color a nuestra imagen del mundo, haciendo que lo claro ya no lo veamos claro, y lo oscuro, más oscuro, no que lo veamos así, sino que creamos verlo. Indudablemente, en fin, se refieren a algo percibido muchos giros que tratan del corazón. Expresiones como que algo "corta el corazón", "roe el corazón" o "encoge el corazón" son demasiado particulares para querer ser entendidas solo como símiles. Lo mismo vale de las locuciones referidas a la actividad respiratoria, como que nos sentimos "oprimidos" o "sofocados", o que tenemos una sensación de "alivio" (Erleichterung, aligeramiento). La terminología popular es riquísima en estos sedimentos de observación, en algunos de los cuales ilustraremos finalmente una vez más la ley fundamental de la expresión.

En el giro de que alguien nos está "inclinado" (geneigt, bien dispuesto) ya nadie suele pensar en el sentido originario que la palabra nos ha conservado: la postura corporal inclinada hacia delante del que está amistosamente dispuesto. Esta, ciertamente, es solo en parte expresión y en parte gesto, de lo cual prescindimos sin embargo para nuestro propósito. El carácter de positividad en la actividad del sentimiento designado tendría que conducir en todo caso, según la ley, a movimientos aductivos o que avanzan, lo que confirman, además de "inclinado", también "afecto" (zugeneigt), "complaciente" (entgegenkommend, que sale al encuentro), "solícito" (zuvorkommend, que se adelanta), "atento" (verbindlich). Con la renuencia del estado de ánimo contrario, en cambio, tendrían que corresponder funciones que retroceden, y en efecto palabras como "desafecto" (abgeneigt), "reservado" (zurückhaltend, que se retiene), "negativo" (ablehnend, que aparta) no dejan duda alguna de que realmente es así. — Finalmente, recordemos aún el estado de la tristeza, de la pena, de la aflicción. A la presión interior corresponde aquí, según el testimonio de los nombres, una del cuerpo: el afligido se siente "abatido" (niedergeschlagen, derribado), está "cargado de preocupaciones" (sorgenbeladen), la pena "pesa" sobre él; y su porte da tal noticia de ello que su semejante, al contemplarlo, bautizó este estado de ánimo como "cabizbajo" (kopfhängerisch)».

Continuando estas ideas, el autor llega al resultado: «El movimiento expresivo es un símil general de la acción». Fueron consideraciones semejantes en muchos puntos las que más tarde me llevaron a la conclusión: el movimiento expresivo, la acción, el afecto, la fisonomía y todos los demás fenómenos anímicos, incluidos los morbosos, son un símil del plan de vida establecido y operante de modo inconsciente.13


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir de Heilen und Bilden. Ärztlich-pädagogische Arbeiten des Vereins für Individualpsychologie, ed. de Alfred Adler y Carl Furtmüller, Múnich, Ernst Reinhardt, 1914, págs. 130-139, digitalizado en Internet Archive y cotejado con las imágenes de las páginas. Los comentarios S. n del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.

Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Se conservan la paginación original, las notas del autor (numeradas de forma continua; las notas 7 a 9 son de la cita de Klages) y las cursivas, que reproducen el espaciado del original; las adiciones del traductor van entre corchetes. Las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo.

  1. Organdialekt: término de Adler para el lenguaje figurado, corporal o sintomático en que la psique expresa sus tendencias a través de un órgano. Se traduce «dialecto de los órganos»; también se ha vertido como «jerga de los órganos» o «lenguaje de los órganos». (N. del T.) ↩

  2. Vaihinger, Die Philosophie des Als-Ob [La filosofía del como si], Berlín, Reuther & Reichard, 1911. ↩

  3. Junktim: término jurídico (del latín iunctim, «conjuntamente») que Adler toma para designar la unión afectiva, a menudo absurda, que el neurótico establece entre dos ideas o situaciones al servicio de su línea directriz; se conserva en cursiva como junctim, igual que en los escritos de 1913. (N. del T.) ↩

  4. O. v. d. Pfordten, «Weltanschauung und Weltgestaltung» [Concepción del mundo y configuración del mundo] (Deutsche Revue, 1912), dice en una polémica contra el concepto de «concepción del mundo» (Weltanschauung): «No se encuentra en ninguna parte nada seguro sobre quién acuñó primero el término "Weltanschauung". Se dice que fue Goethe. Encajaría muy bien con toda su manera de pensar, que se basaba enteramente en la intuición. En todo caso, sus obras, sobre todo el Fausto, especialmente la segunda parte, rebosan de las palabras schauen, anschauen, Anschauung [contemplar, mirar, intuición]. — En ello hay una unilateralidad, pues las palabras tienen sus sous-entendus, que están adheridos a ellas: las ideas accesorias que despiertan inevitablemente, se las defina como se quiera. — "Anschauung" tiene siempre un carácter óptico, y uno contemplativo». Es conocida la miopía de Goethe. Sobre ella se basa quizá, en todos los poetas, el talento visual. Véase también Adler, «Organminderwertigkeit in ihrer Beziehung zur Philosophie und Psychologie» [La inferioridad orgánica en su relación con la filosofía y la psicología], con una indicación semejante sobre Schiller. ↩

  5. El desbordamiento hacia el órgano predispuesto se encuentra casi regularmente en la manifestación de la consigna. La hipótesis de un «desplazamiento» es superflua. ↩

  6. El pensamiento autista (egocéntrico) de Bleuler coincide casi con nuestro predominio de la línea directriz ficticia (inventada). Por desgracia, este eminente investigador nos debe todavía en este terreno la respuesta a la pregunta por las causas de esta anomalía. Freud, con la referencia al principio del placer y a su vigencia en el nervioso, ha dejado la misma laguna, sin agotar todo el círculo del «pensamiento autista». Solo entendido como pensar anticipador que orienta, seducido por una meta final exagerada, tal como lo había planteado yo en el hermafroditismo psíquico como exigencia para la investigación de la neurosis, se aclaran este mecanismo de alejamiento de la realidad y su causa. ↩

  7. Se traducen literalmente los versos que cita Adler (María Estuardo, acto II, escena 1). (N. del T.) ↩

  8. Sobre el arreglo reforzador o desencadenante de afectos en la neurosis, véase Adler, «Individualpsychologische Behandl. der Neurosen» [Tratamiento de las neurosis según la psicología individual], Jahreskurse für ärztliche Fortbildung, Lehmann, Múnich, 1913. ↩

  9. Véase Hinrichsen, «Unser Verstehen der seelischen Zusammenhänge in der Neurose und Freuds und Adlers Theorien» [Nuestra comprensión de las conexiones anímicas en la neurosis y las teorías de Freud y de Adler], Zentralblatt für Psychoanalyse, Bergmann, Wiesbaden, 1913. ↩

  10. [Nota de Klages:] Por seguro que sea que para cada uno de los estados en cuestión podríamos indicar otros símbolos diversos, aunque difícilmente más expresivos, igual de seguro es que el lenguaje ha elegido los suyos por una necesidad objetiva del espíritu: por eso también el mismo estado se hace sensible en las lenguas más diversas mediante imágenes semejantes. La «melancolía» (Schwermut, ánimo pesado), por ejemplo, reaparece en el latín gravitas mentis, y el «abatimiento» (Trübsinn), casi idéntico a ella, en el francés sombre (de umbra). Y aunque otros pueblos prefieran otras cualidades sensibles, no hay ninguno que relacione la pena con la claridad, la altura y la agitación, o la alegría con la oscuridad, la bajeza y la inmovilidad. ↩

  11. [Nota de Klages:] Como prueba citamos, de entre el gran número de palabras y giros pertinentes, los siguientes: Herzenskälte, Herzenswärme, Herzlichkeit, hartherzig, weichherzig, mildherzig, herzlos, gutherzig, herzzerreißend, offenherzig, Mutterherz (Sentimiento). — Herzensangst, Herzensfreude, Engherzigkeit, Männerherz, Weiberherz, Hasenherz, hochherzig, kleinherzig, leichtherzig, mattherzig, herzhaft, beherzt (Pathos). — Ein schweres Herz haben, das Herz auf dem rechten Fleck haben, sich etwas zu Herzen nehmen, etwas nicht übers Herz bringen können, jemandem sein Herz ausschütten, es geht einem etwas zu Herzen, jemandem ins Herz sehen, jemanden im Herzen tragen, gebrochenes Herz, sein Herz verlieren (Sentimiento). — Scharfer Kopf, klarer Kopf, offener Kopf, kopflos, etwas im Kopf haben, etwas im Kopf behalten, sich den Kopf zerbrechen, Dummkopf, Kindskopf (Intelecto). — Querkopf, starrköpfig, hartköpfig, seinen eigenen Kopf haben, Dickkopf, sich etwas in den Kopf setzen, seinen Kopf durchsetzen, mit dem Kopf durch die Wand wollen; kalter Kopf, den Kopf oben behalten, den Kopf verlieren, kopfscheu werden; Brausekopf, hitzköpfig (Terquedad — Dominio de sí — Irritabilidad: Voluntad).14 ↩

  12. [Nota de Klages:] Así, la cabeza forma una analogía con el espíritu y la voluntad ya por el hecho de que, sobresaliendo por encima del cuerpo, parece dominarlo como aquellos dos dominan el alma. ↩

  13. Este trabajo ya estaba compuesto en la imprenta cuando el consejero áulico S. Exner dio una conferencia sobre las manifestaciones afectivas como movimientos expresivos. ↩