VIII. Dr. Alfred Adler (Viena):
Sobre el hermafroditismo psíquico.
Una investigación detenida de las neurosis respecto a los rasgos hermafroditas da los siguientes resultados:
Los fenómenos corporales del sexo opuesto se encuentran con llamativa frecuencia. Asimismo, caracteres sexuales secundarios opuestos, pero sobre todo fenómenos de inferioridad en los genitales, a los que se añaden fenómenos de inferioridad en otros órganos.
Estos fenómenos objetivos dan lugar muchas veces a un sentimiento subjetivo de inferioridad, especialmente frente al padre. Con ello estos niños se ven empujados a un papel que les parece impropio de un hombre. Pero la renuncia a la masculinidad equivale, en la valoración infantil, a feminidad, de modo que el niño —como en parte también nuestra conciencia cultural— considera femeninas todas las formas de inhibición de la agresión, y masculina la agresión misma.
Esta valoración de las líneas femeninas como si fueran un defecto infantil conduce, cuando hay refuerzos del hermafroditismo psíquico, por la vía de una sobrecompensación que se produce de modo compulsivo, a una protesta masculina, de la que debe derivarse toda forma de compulsión interior, tanto en los normales como en los neuróticos (por ejemplo, la masturbación compulsiva). La neurosis muestra las líneas, muchas veces entrelazadas, de las tendencias femeninas, enmascaradas por la formación de compromiso y recubiertas por sublimaciones (simbolización, etc.) al servicio de deseos y aspiraciones hipertróficamente masculinos. Pero en ello no solo se halla el germen del fracaso, sino también la predestinación a las realizaciones geniales y artísticas. La neurosis se inicia por el fracaso de la protesta masculina en una línea principal.
Con ello también la vida onírica cae bajo el dominio de la protesta masculina, y todo sueño muestra en el análisis la tendencia a apartarse de la línea femenina hacia la masculina. Con especial claridad los sueños enuréticos (orinar como un hombre o como un adulto); los sueños de polución, las pesadillas y los sueños de angustia muestran siempre huellas de la defensa masculina.
Los rasgos exhibicionistas y narcisistas se ven favorecidos por la tendencia a mostrarse como hombre; en el fetichismo, junto a la línea femenina (prendas de vestir femeninas, etc.), siempre irrumpe el afán masculino de valer y de conquistar.
El niño se sirve de los rasgos de sus padres para representar sus tendencias de uno y otro sexo. A raíz de la protesta masculina, en la que el niño procura superar al padre, se producen secundariamente aquellos rasgos que corresponden a representaciones de deseo dirigidas a la madre (motivo de Edipo).
Es tarea de la pedagogía y de la terapia de las neurosis hacer consciente esta dinámica, con lo que desaparecen los fenómenos de la vida instintiva exacerbada.
La conferencia se ha publicado en Fortschritte der Medizin, 1910, n.º 16.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del Jahrbuch für psychoanalytische und psychopathologische Forschungen 2 (1910), 2.ª mitad, págs. 738-739 (informe de Otto Rank sobre el congreso de Núremberg), digitalizado en Internet Archive y cotejado con las imágenes de las páginas. Para el texto íntegro de la ponencia, véase «Der psychische Hermaphroditismus im Leben und in der Neurose» (Fortschritte der Medizin, 21 de abril de 1910). Los comentarios S. n del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.
Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Se conservan las cursivas, que reproducen el espaciado del original, y la paginación original. Las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo.