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Title: Amigos de los pájaros
Description: Estampa de Otto Rühle con el seudónimo «Ping» en el suplemento dominical del Prager Tagblatt (1934): en el parque del Belvedere de Praga, varios jubilados dan de comer a los pájaros, y cada uno revela en ello su carácter: el funcionario misántropo, el profesor que impone disciplina de clase, el gordo jovial que disfruta dando y el que los atrae silbando; el autor se pregunta por qué casi nunca son mujeres.
Author: Otto Rühle («Ping»)
URL: https://adler.school/archivo/ruhle/1934-06-17%20Vogelfreunde
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Ping:

# Amigos de los pájaros

Media mañana en el Belvedere.[^t1] Todavía es temprano. Unos hombres con escobas y carretillas barren trozos de papel, colillas, cerillas quemadas, hojas secas y pétalos. Se riegan con agua el césped y los arbustos. Luego empieza el desfile de los cochecitos de niño. Madres jóvenes, niñeras y muchachas adolescentes cuidan de los polluelos que se les han confiado, se sientan con sus labores en los bancos o se acurrucan en sillas plegables bajas al sol. Aparecen señores mayores, solos o en grupos, con la dignidad de sus años de servicio cumplidos, todavía con paso firme, ganándose de nuevo cada día su pensión de vejez con el paseo prescrito por el médico, o ya jadeantes, encorvados por la edad, apoyados en el bastón, cojeando y tambaleándose por las avenidas...

Es la hora en que los pájaros saben que ha llegado el momento de su segundo desayuno. El primero lo tomaron cuando los jardines aún estaban hundidos en el rocío y el sueño y los caminos casi vacíos de gente. Han rebuscado en el césped y los parterres, en los matorrales y el sotobosque gusanillos y caracoles, orugas y escarabajos, rezagados de la noche y paseantes madrugadores del mundo de los moluscos y los insectos, y han calmado su primera hambre. Después han atendido a sus crías, han jugado, se han bañado, han flirteado, han hecho ejercicios de vuelo, han retozado, se han peleado, han andado de aquí para allá; ahora se presenta el apetito del segundo desayuno. Y ahí llegan los amables donantes que van a ponerles la mesa.

Un señor largo y flaco, de huesos que crujen, cara de pergamino y ojos medio apagados, es el primero. Consejero de cancillería, interventor jefe, jefe de sección jubilado o algo por el estilo. Seguro que no era un señor agradable detrás de la mesa de los expedientes o de la ventanilla. Toda su figura expresa misantropía. Pero ahí están los pájaros: eso es otra cosa. En los pájaros se ha refugiado su viejo corazón amargado. Aparece, y ya están allí dos o tres docenas de gorriones. Acuden pinzones, estorninos, mirlos. Pronto le rodea una bandada que zumba y gorjea. Entonces su cara se ilumina. Su mano busca en el bolsillo y esparce con gesto cansado unos granitos, unas migajas... Aquí tiene alegría, aquí es bien recibido, aquí le dan la bienvenida. Aquí se funde la costra de hielo de su interior. Aquí, de forma fugaz y mezquina, vive la experiencia de la humanidad...

El segundo de los amigos de los pájaros debe de ser un profesor de enseñanza media jubilado. Seguro que en su día fue un buen maestro, que preparaba bien sus clases, ayudaba a cada alumno a adquirir una formación decente y mantenía con rigor la disciplina y el orden. Ha seguido fiel a su oficio. Llega con una bolsa de papel muy limpia en la mano. De ella se echa en la palma un montoncito de daditos de pan cortados con exactitud. Los pájaros saltan y revolotean a su alrededor. Eso, evidentemente, ofende su sentido de la disciplina de clase reglamentaria. Preferiría que estuvieran formados en fila delante de él. Entonces reparte a cada uno, llamándolo, el don que le corresponde. «¡Esto es para ti!» —«¡Esto para ti!» —«¡No, tú no!» —«¿Quieres estarte quieto?» —«¡Si tú ya has comido dos veces!» —«¡Granuja descarado!» Así transcurre el reparto de la comida. Al final uno casi espera que diga: «¡Ahora limpiaos el pico! ¡Dad las gracias! ¡Rompan filas!»

Prefiero al gordinflón jovial que aparece ahora en escena. Es redondo como una bola, tiene una cara de luna llena sonriente, labios golosos y ojos bondadosos. Vivir y dejar vivir: tal puede ser su lema. Lleva en el brazo un enorme cucurucho lleno de migas de pastel, trozos de panecillo y restos de pan. Mete en él la mano bien abierta y esparce seis, siete, ocho veces a puñados, con la cara radiante, el don de Dios sobre el césped. No se cansa de dar, regalar y derrochar. Luego contempla con deleite y felicidad el hormigueo, el griterío y las riñas de la bandada glotona. Hasta que no se ha picoteado la última miga no puede separarse de sus protegidos. Y cuando se va, volviéndose una y otra vez, se le nota lo mucho que se alegra pensando en el día siguiente. La dicha de dar hecha persona.

Su sucesor no se lo pone tan fácil a los pequeños comensales. Llega con paso sigiloso, se coloca bajo un árbol o entre los matorrales y empieza a silbar, a gorjear, a trinar como un pájaro. Los pájaros se quedan perplejos, conocen la llamada, se inquietan y acuden zumbando. Entonces él extiende la mano abierta, y ¡zas!, la semilla desaparece de la palma. Toma la semilla entre las puntas de los dedos extendidos, y ya no está. La pone entre sus labios, y en efecto llega revoloteando un pinzón para hacerse con el donativo. Lanza la semilla al aire, y la atrapan al vuelo. Son pequeñas proezas, encantadoras en su gracia y su dulzura. Una vez hubo un pinzón que le tomaba la semilla de la lengua, dentro de la boca. Pero —el amigo de los pájaros lo cuenta con profunda tristeza— el jefe de camareros del hotel de al lado lo atrajo con nata montada y se lo quitó a su viejo benefactor...

Casi siempre son solo hombres los que mantienen una relación de amistad con los pájaros. Solo de vez en cuando aparece una mujer que saca de su bolso un tubito de aspirinas, vierte unos granitos y los echa a los pájaros. Pero no hay ningún vínculo firme, ningún lazo entre el ser humano y el animal, ninguna confianza. Quizá las mujeres tengan que gastar y regalar demasiado de sus sentimientos con las personas, de modo que para los pájaros ya no les queda mucho. O quizá la pobreza de sentimientos de tantos hombres solo alcanza precisamente para los pájaros...

[^t1]: «Belvedere» era en el alemán de Praga el nombre de la explanada de Letná, sobre el Moldava, con sus jardines; probablemente el «hotel de al lado» es el Hotel Belvedere, situado junto a ella. (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original): «Ping», «Vogelfreunde», *Der Sonntag*, suplemento dominical del *Prager Tagblatt*, 59.º año, n.º 140, 17 de junio de 1934, primera página del suplemento (ANNO / Österreichische Nationalbibliothek, ANNO_ptb19340617, imagen 7). Atribución del seudónimo a Otto Rühle según Stecklina (2002).

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). *Schlagobers* (austriacismo) se traduce «nata montada»; *nußfrohe Lippen*, «labios golosos». La frase «conocen la llamada, se inquietan» traduce una línea de lectura insegura en el original.
