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Title: El día empieza bien
Description: Breve escena conyugal firmada «Pong» en el Prager Tagblatt (noviembre de 1933), atribuida a Otto Rühle: un marido que ha volcado el salero en el desayuno se escuda en la superstición para desahogar su mal humor, y su mujer le desmonta el pretexto con un análisis casi adleriano, hasta que un vaso roto vuelve la superstición contra los dos. La firma «Pong», distinta del habitual «Ping», deja un margen de duda sobre la autoría.
Author: Otto Rühle («Pong»)
URL: https://adler.school/archivo/ruhle/1933-11-22%20Der%20Tag%20f%C3%A4ngt%20gut%20an
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Pong:

# El día empieza bien

—Esto trae disgustos... ¡El día empieza bien! —dice el marido de mal talante, y se sienta con cara de enojo a la mesa del desayuno. —¿Qué es lo que trae disgustos? —pregunta la mujer, poniendo atención. —He volcado el salero... eso trae disgustos —explica el marido secamente, en un tono que quisiera cortar toda conversación. Pero la mujer no se da por satisfecha. —¿Por qué ha de traer disgustos? —Es una vieja experiencia... llámalo si quieres una vieja superstición. ¡Pero se cumple! —¿Y tú te lo crees? —¿Por qué no? En casa de mi madre siempre se cumplía. —¿En casa de tu madre? —La mujer suelta una carcajada—. Sí, eso sí me lo creo... solo que de eso hace unos cuarenta años... —Y aunque hiciera cien... te lo digo: un salero volcado significa siempre disgustos.

—Pero hombre, querido —dice la mujer, conciliadora y casi compasiva—, si tú eres un hombre del progreso y de la razón...

—¿Qué es eso del progreso? —la interrumpe él—. ¿Qué es eso de la razón? ¡Mira a tu alrededor, a ver dónde encuentras hoy progreso y razón! ¡Estamos en lo más hondo de la Edad Media!

—Pero no por eso la superstición más vieja tiene que ser la verdad más moderna. No te reconozco... ¿lo dices en serio? —Ah, déjalo, por favor... —Te voy a decir lo que pasa: te has levantado malhumorado y de mal genio, pero no quieres reconocerlo; con la irritación has volcado el salero, y ahora tienes el pretexto que deseabas para dar rienda suelta a tu mal humor sin responder de ello ni ante ti ni ante los demás. Tu superstición solo te sirve de escondite frente a ti mismo. —¿Así que un análisis?... ¿Soy un enfermo al que hay que tratar terapéuticamente? —salta el marido, ofendido.

—Eso no. Pero quizá deberías fumar menos por la noche, acostarte a una hora fija y no quedarte leyendo hasta las tantas. Así habrías dormido mejor y no empezarías el día con disgustos.

—No quiero consejos... quiero tranquilidad, orden, nada que me ponga nervioso. ¡Pero eres tú la que no lo tiene en cuenta!

—¡Esto ya es el colmo! —se defiende la mujer—. Aquí había la mayor tranquilidad, todo estaba en orden, el desayuno estaba en la mesa. Pero tú necesitas algo de que quejarte, necesitas un disgusto... ¡Y te vinieron de perlas el salero volcado y esa superstición infantil! —Mi inocente observación... —balbucea el marido. —Tu inocente observación era en realidad un ataque

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contra mí, una hostilidad, un arrebato de rabia... —lo reprende la mujer.

—¡Esto es demasiado! —El marido da un puñetazo en la mesa y se pone en pie de un salto. Entonces la mujer hace un ademán y vuelca un vaso, que cae al suelo con estrépito. Los dos se sobresaltan.

—¡Ja, ja... cascos rotos! —ríe la mujer en voz alta—. ¡Los cascos rotos traen suerte!... ¿Qué superstición es ahora más fuerte, la tuya o la mía? —Los dos se quedan frente a frente, medio en serio, medio riendo. —¿No somos unos verdaderos necios? —pregunta la mujer al cabo de un ratito—. Somos supersticiosos porque no tenemos el valor de responder de lo que hacemos y dejamos de hacer sin un seguro que nos cubra... En fin, por suerte no vuelcas el salero todos los días. —¡Por suerte! —dice él, comprendiendo de pronto—. ¡Si no, tendrías que tirar un vaso al suelo todos los días!

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original): «Pong», «Der Tag fängt gut an», *Prager Tagblatt*, 58.º año, n.º 273, 22 de noviembre de 1933, págs. 3-4 (ANNO / Österreichische Nationalbibliothek, ANNO_ptb19331122, imágenes 3 y 4). Atribución a Otto Rühle según Stecklina (2002); la firma «Pong» deja un margen de duda.

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). El diálogo, que el original encadena entre comillas dentro de cada párrafo, se marca con rayas sin alterar la división en párrafos. «Scherben bringen Glück» (los cascos rotos traen suerte) es un dicho popular alemán.
