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Title: Karl Marx como hombre
Description: Adelanto de la biografía de Marx de Otto Rühle publicado en el semanario berlinés Das Tage-Buch en mayo de 1928: un extracto abreviado del libro «Karl Marx. Vida y obra» sobre la relación de Marx con Lassalle, en el que Rühle contrapone la generosidad y los favores de Lassalle a la frialdad, la suspicacia y la envidia de Marx, que veía en él a un rival, y concluye que Marx no era hombre de camaradería sino un «águila solitaria».
Author: Otto Rühle
URL: https://adler.school/archivo/ruhle/1928-05-19%20Karl%20Marx%20als%20Mensch
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OTTO RÜHLE

# KARL MARX COMO HOMBRE

<!-- Omitida la entradilla de la redacción de Das Tage-Buch (sin firma), que presenta la biografía de Rühle, recién publicada por la editorial Avalun, y anuncia que se reproduce de ella un fragmento sobre la relación de Marx con Lassalle. -->

Hasta 1855 Lassalle había intentado, en numerosas cartas a Marx, entrar en un contacto personal más estrecho con él mediante un vivo intercambio de ideas. Una y otra vez, lleno de deferencia y asegurándole los sentimientos más amistosos, había informado a Marx sobre la situación política en Alemania, sobre sus opiniones, vivencias y proyectos, sobre sus trabajos literarios, etc. No se había cansado de admirar en Marx la erudición histórico-literaria, la comprensión penetrante de las categorías económicas y el impulso revolucionario; había escrito a la señora Marx cartas casi exaltadas, se había procurado informaciones para Marx entre los diplomáticos, le había buscado un editor, le había enviado dinero (en el Año Nuevo de 1855, nada menos que 200 táleros), le había abierto contactos con la prensa, se había superado literalmente a sí mismo en favores y pruebas de amistad. Y Marx lo había tratado siempre con una distancia glacial, con gesto desabrido y con un ademán provocador de superioridad. O bien no había contestado en absoluto a las cartas de Lassalle, o, si lo hacía, era de manera extremadamente breve, fría, con un desinterés irritado. A menudo ni siquiera se había tomado la leve molestia de ocultar el menosprecio hiriente bajo unas pocas palabras amables . . . .

Marx nunca expresó abiertamente el motivo de su glacial rechazo. Al menos, no todavía en esta época. Lassalle le resultaba antipático en todos los aspectos. El alma humana reacciona con simpatía ante los semejantes de quienes espera estímulo y provecho, y con antipatía ante otros de <!-- S. 839 -->quienes teme amenaza y peligro. Es fácil suponer que Marx veía en Lassalle un rival peligroso en el terreno común de la teoría política, del movimiento obrero y de la revolución. Y como Lassalle no era hombre que se pusiera por completo —como Engels— en manos de Marx, sino que avanzaba derecho hacia su papel de héroe en la revolución europea, Marx no podía sino verse confirmado en su opinión . . . .

La fatal circunstancia de que Marx tuviera que pagar franqueo de multa por el ejemplar de su *Heráclito* que Lassalle le había enviado, y gastara en ello sus dos últimos chelines, le «aseguró una mala acogida». Y la obra misma, con su erudición monstruosa, no encontró en Marx la admiración esperada, sino solo una burla despectiva. Lassalle se movía, escribió a Engels, en su oropel filosófico con la gracia de un tipo que se pone por primera vez un traje elegante. Y a Lassalle le agradeció el envío con solo dos líneas, «breves y frías». Lassalle quedó afectado, pero no dejó notar la herida de su corazón y de su vanidad, sino que siguió cortejando con amabilidad y constancia la amistad del desconfiado y huraño compañero. Se ofreció a buscar editor para la obra económica que Marx le había anunciado, trabajó a su editor Franz Duncker hasta obtener su promesa y consiguió para Marx unos honorarios que superaban con mucho las tarifas que Duncker solía pagar. Marx aceptó todas estas pruebas de amistad sin especial agradecimiento, como tributos que se le debían como cosa natural, e hizo esperar casi un año, a pesar de muchos recordatorios, el envío del manuscrito, sin disculparse ni una sola vez ante Lassalle, que tuvo muchos disgustos por el retraso. Más aún: cuando luego el editor hizo esperar unos meses la impresión, Marx colmó a Lassalle, del todo inocente en ello, de feas acusaciones, lo acusó de estar saboteando su éxito y descorrió con ello el último velo de su alma, carcomida y envenenada por la suspicacia, los celos y la lucha de rivalidad . . . .

A una controversia entre Marx y Lassalle llevada con gran amargura y violencia se llegó en el asunto Vogt.[^t1] Lassalle veía en Blind a un mentiroso infame que propalaba sospechas sin pruebas y luego se escabullía; en Liebknecht, a un vil *Schmock* [gacetillero sin principios] que, siendo revolucionario, escribía para periódicos reaccionarios; y en Marx, a un atacante irreflexivo que se negaba a dar una satisfacción pública después de que sus reproches hubieran resultado insostenibles. En largas cartas llenas de «la más leal y cordial amistad» expuso a Marx su opinión. ¿Y qué hizo Marx? No solo se desahogó en cartas a Engels con los insultos más ordinarios y groseros contra <!-- S. 840 -->Lassalle; recogió además las «invenciones más espantosas, verdaderamente las más odiosas» de un sujeto sucio que se vengaba de Lassalle porque no había conseguido sacarle bastante dinero, y las lanzó como acusaciones contra Lassalle. Hacía falta grandeza de alma para no perder el equilibrio ante tales experiencias. Lassalle hizo más: se justificó, demostró con toda calma que los ataques eran calumnias malintencionadas, siguió escribiéndose con Marx como si nada hubiera ocurrido, apoyó a Marx en su proceso contra la *Nationalzeitung*, reunió dinero para la impresión del folleto contra Vogt y se comportó en todo como un verdadero amigo.

Lassalle acariciaba por entonces grandes proyectos . . . . Políticamente se había desprendido de la democracia burguesa y contaba con el despertar de un movimiento obrero de amplia base . . . . Cuando Marx estuvo en Berlín, Lassalle sacó a relucir también su proyecto de periódico. «Sería muy oportuno —informaba de ello Marx a Engels— que el año próximo pudiéramos publicar un periódico en Berlín, por desagradable que me resulte personalmente el lugar . . . . Lassalle, deslumbrado por el prestigio que tiene en ciertos círculos eruditos . . . . y, en otro círculo de parásitos, por su buen vino y su buena cocina, no sabe naturalmente que entre el gran público tiene mala fama. Además, su manía de tener siempre razón; su atasco en el “concepto especulativo” (el tipo sueña incluso con una nueva filosofía hegeliana a la segunda potencia, que quiere escribir), su contagio del viejo liberalismo francés, su pluma prolija, su importunidad, su falta de tacto, etc. Lassalle podría prestar servicios como uno de los redactores, bajo estricta disciplina. De lo contrario, no haría más que ponernos en ridículo . . . .» . . . .

En 1862 Lassalle estuvo . . . . en Londres y —en las circunstancias más penosas— fue huésped en casa de Marx. Como se presentó como gran señor . . . ., Marx, puesto en evidencia por lo repugnante de su miseria doméstica e irritado hasta lo más vivo, se sintió tan empujado a la inferioridad que desahogó su corazón en las salidas más mordaces . . . .

Lassalle bajó a la arena política y se puso a la cabeza del movimiento obrero, que hizo surgir de la tierra con llamamientos sonoros y encendidos. A los obreros de Leipzig les envió la *Carta abierta de respuesta*.[^t2] Sacudió a la opinión pública con su discurso sobre la Constitución y con una gira de agitación que pareció una marcha triunfal. Y a la clase obrera le dio la primera organización política, la primera unión como vanguardia de la lucha de clases. Marx se mantuvo ante todos estos logros, en los que se trataba nada menos que del despertar del proletariado para las tareas de la revolución social, con la más fría reserva y un rencor contenido a duras <!-- S. 841 -->penas. Veía en Lassalle al rival afortunado que amenazaba con adelantársele, al «tipo que evidentemente cree que es el hombre llamado a hacerse cargo de nuestro inventario». Sin la menor disposición a reconocer al menos la buena intención, sin el menor intento de apreciar la energía que Lassalle había desplegado, sin rastro de una alegre satisfacción ante el hecho histórico-universal de que por fin se había abierto brecha en el muro de la pasividad política del proletariado, Marx, en sus cartas a Engels, no dejó de arremeter, con una maldad envidiosa y rencorosa, contra la persona y la obra de Lassalle. «Este individuo... este fanfarrón... estos lugares comunes... estas frases prestadas... esta desfachatez del tamaño de un árbol... esta ridícula ostentación de erudición y de importancia... esta prolija charlatanería de lavandera... este engendro de un colegial que quiere hacerse pasar, a voces de feriante, por hombre doctísimo e investigador independiente»: ese es el tono en que Marx pronunciaba sus juicios. «Desde comienzos de este año no he podido decidirme a escribir a ese individuo. Criticar sus cosas sería perder el tiempo; además, se apropia de cada palabra como descubrimiento. Restregarle sus plagios por las narices sería ridículo, puesto que no quiero que me atribuyan nuestras cosas en la forma en que él las ha emborronado. Reconocer estas fanfarronadas y faltas de tacto tampoco es posible. Lo aprovecharía enseguida. No queda, pues, otro remedio que esperar a que por fin estalle su cólera . . . .» . . . .

El odio al competidor volvía verdaderamente ciego y loco a Marx, a este hombre que toda su vida luchó febrilmente por el máximo logro, por el éxito y el reconocimiento.[^t3] Ya no le importaban la misión común, la tarea histórica, el logro revolucionario. Solo le importaban la prioridad, el derecho de primogenitura, el triunfo de la singularidad, la gloria de valer él solo, la dictadura del vencedor. La histeria de la lucha por el poder se descargaba en estallidos envenenados. No cabe duda de que Marx respiró aliviado cuando Lassalle encontró una muerte repentina en un duelo. De la desenvuelta falta de corazón y la frivolidad de sus líneas a Engels no habla ningún duelo, ninguna sensación de pérdida. «Es difícil creer que un hombre tan ruidoso, *stirring, pushing*, esté ahora muerto y bien muerto y tenga que cerrar el pico *altogether*.» Así solo podía hablar una honda hostilidad del compañero de lucha odiado como enemigo. Más tarde, cuando la muerte había suavizado el odio, Marx pudo permitirse juzgar al hombre y la obra, si no de manera menos crítica, sí con una crítica objetivamente fundada . . . .

La genial mirada del espíritu de Marx fallaba en la prueba en cuanto la perturbaban las conmociones afectivas que la aparición de rivales de su talla desencadenaba en su <!-- S. 842 -->alma . . . . Marx no era un jugador de conjunto. No era un hombre de camaradería, al que le crecieran las fuerzas del sentimiento de estar vitalmente unido a los demás. No era un luchador en las filas.

Solo podía crear siendo el primero. Solo luchar como generalísimo. Solo vencer en el papel de héroe. Un águila solitaria sobre una helada cumbre rocosa.

[^t1]: Polémica de 1859-1860 en torno a Carl Vogt, a quien Marx acusó de estar a sueldo de Napoleón III; Karl Blind fue la fuente de la acusación y Wilhelm Liebknecht la difundió. Marx le respondió con el folleto *Herr Vogt* (1860). (N. del T.)

[^t2]: El *Offenes Antwortschreiben* (1863), respuesta de Lassalle al comité de Leipzig que preparaba un congreso obrero, punto de partida de la Asociación General de Trabajadores Alemanes (ADAV). (N. del T.)

[^t3]: El impreso dice «diesen ein ganzen Leben lang», errata por «sein ganzes Leben lang» o, como en el libro, «ein ganzes Leben lang». En la página anterior, «leisteste» es errata por *leiseste*, «la menor». (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original): Otto Rühle, «Karl Marx als Mensch», *Das Tage-Buch* (Berlín), 9.º año, cuaderno 20, 19 de mayo de 1928, págs. 838-842 (ANNO / Österreichische Nationalbibliothek, ANNOP_dtb19280120, imágenes 18-22). Es un extracto abreviado, con cortes marcados por « . . . . », del capítulo «Erprobung» del libro *Karl Marx. Leben und Werk* (1928), publicado en este archivo como «1928 Karl Marx. Leben und Werk» (OR1928-03). Se omite la entradilla de la redacción.

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026), que sigue la del libro en este archivo en los pasajes coincidentes y se aparta de ella donde el texto de la revista difiere.
