---
Title: El hombre autoritario y la revolución
Description: Artículo de Otto Rühle en Die Aktion (1925), dirigido a la AAUE, que sitúa en el desmontaje de la autoridad dentro del propio ser humano la tarea revolucionaria más urgente: el afán de poder y de notoriedad del «hombre autoritario» divide al proletariado, y solo una educación antiautoritaria apoyada en la psicología moderna y unida al marxismo formará al hombre de la revolución social. Traducido de la transcripción de marxists.org, sin facsímil.
Author: Otto Rühle
URL: https://adler.school/archivo/ruhle/1925-10%20Der%20autorit%C3%A4re%20Mensch%20und%20die%20Revolution
---


La AAUE[^t1] ha puesto a la cabeza de su declaración programática de voluntad la exigencia: *desarrollo de la conciencia de sí del proletariado*.

Conciencia de sí (*Selbstbewußtsein*) significa conciencia independiente, propia, proletaria. Significa sentimiento de pleno valor como personalidad en el marco de la lucha de clases y de la conciencia de clase. Y conciencia de clase no significa solo conocimiento de la situación de clase, a lo sumo disposición a defenderse en común de los peligros que amenazan al proletariado, sino más bien conocimiento de la misión histórica del proletariado, que se presenta en su papel revolucionario, y participación activa en la realización de ese papel.

La AAUE ha reconocido que el desarrollo de la conciencia de sí del proletariado tiene que empezar por el *desmontaje del principio autoritario*.

En consecuencia con este conocimiento, se ha dado una forma de organización que, tomando por modelo el sistema de consejos, hace que el centralismo autoritario, fundiéndose con el federalismo, se disuelva en una síntesis organizativa superior, y supera así el principio autoritario.

Además, renuncia al medio político del parlamento, que se caracteriza y actúa como maquinaria auxiliar seudodemocrática de la voluntad de clase autoritaria de la burguesía.

Por último, rechaza la política de lucha salarial de los sindicatos, orientada al reformismo y al oportunismo, que tiene su anclaje de principio en el reconocimiento tácito del orden de propiedad y de poder existente.

La AAUE tiene la voluntad seria de una orientación antiautoritaria (o mejor: no autoritaria). Con todo, hay que examinar si ha avanzado hasta ahora lo suficiente en ella; si las condiciones actuales no exigen un avance más enérgico; si en el desmontaje de la autoridad ha aprovechado hasta ahora suficientemente todas las posibilidades que le brinda el desarrollo, y qué nuevas posibilidades merecen abrirse a un aprovechamiento intenso.

Precisamente porque la AAU tiene una voluntad seria y buena en el desmontaje de la autoridad, una discusión y un examen así parecen absolutamente necesarios.

\*

El proletariado se encuentra en este momento en una situación muy difícil. La revolución ha quedado ahogada en sangre y traición. La burguesía descarga sobre las masas todas las cargas de su guerra perdida. Las organizaciones del proletariado están desgastadas, corrompidas, incapaces de luchar. El desengaño, el desaliento, la indiferencia y la resignación dominan el estado de ánimo de la clase obrera. Nunca fueron tan grandes la depresión y la falta de ganas de luchar en el proletariado como hoy.

Tales tiempos obligan en alto grado a revisar lo vivido, a averiguar los errores cometidos, a investigar las causas del fracaso. En tales tiempos la *necesidad de una nueva orientación* es mayor que de ordinario. Pero tales tiempos son también períodos de vigoroso progreso, porque la naturaleza humana, cuanto más amenazada está por fuerzas hostiles, tanto más ingeniosa y audazmente echa mano de nuevos medios para defender y asegurar su existencia. De la mayor necesidad nació siempre el impulso más fuerte para liberarse de esa necesidad. Los puntos de inflexión en el curso de la historia que pusieron de pronto a los pueblos ante el abismo se convirtieron muy a menudo en puntos de inflexión de los más altos logros y ascensos culturales. En el fondo, toda cultura no es más que el resultado del esfuerzo social por conjurar la necesidad vital que amenaza y acosa al hombre en múltiples formas y abrir a la especie humana el camino a una pervivencia afortunada.

Hoy estamos en uno de esos puntos de inflexión. Socialismo o hundimiento en la barbarie: así reza la cuestión de destino para el proletariado alemán. El hombre heredado ve su ruina. Mira angustiado a su alrededor buscando salvación.

¿Queremos hundirnos con él? Si no, ¿qué tenemos que hacer?

\*

El hombre heredado es el *hombre autoritario*.

Es el producto de la era basada económicamente en la propiedad privada y la economía privada, que se caracteriza filosóficamente como era del individualismo y éticamente como la del egoísmo.

En el hombre autoritario, el afán de seguridad (*Sicherungsstreben*) de épocas anteriores se ha convertido en *afán de poder*. Quien tiene mucho poder está mejor asegurado en el orden de la sociedad de clases que quien no tiene poder. Poder es: dinero, autoridad oficial, saber, sentimiento de superioridad. Impotencia es: pobreza, condena al trabajo, deber de súbdito, ignorancia, sentimiento de inferioridad. En esta sociedad todo hombre aspira, consciente o inconscientemente, de algún modo al poder, a la valía, a la reputación, al éxito, al ascenso a la clase de los señores, a una superioridad real o aparente sobre los demás. La lucha económica de la competencia encuentra su fiel reflejo en el mundo de las relaciones anímicas de los hombres entre sí. No solo en la burguesía, sino igualmente en el proletariado.

El capataz domina al obrero; ya el encargado se siente por encima del esclavo del trabajo corriente. El funcionario domina al hombre civil, el suboficial al soldado, el hombre a la mujer, el adulto al niño. El dirigente obrero se solaza en el brillo de su dominio sobre los afiliados del partido. El orador vive sentimientos de exaltación al dominar intelectualmente la asamblea. El literato ejerce dominio por el poder de sus pensamientos e ideas. El listo domina al tonto, el entendido al profano. Por todas partes proliferan las autoridades, celebran sus triunfos los apetitos autoritarios. Hasta el último y más fracasado en la lucha por la vida encuentra al final un lugar para satisfacer su sentimiento de valía: como padre severo en la familia, como jugador avezado en la mesa de *skat*, como criador premiado en la sociedad de canaricultura, como hombre excepcional antiautoritario en el club de los anarquistas distinguidos.

La psicología más reciente nos ha proporcionado valiosas visiones de la vida interior del hombre. Muestra cómo el afán exacerbado de notoriedad y superioridad *distancia y aísla anímicamente* a los hombres. La capacidad de relación se pierde. Cada uno es para el otro competidor, rival, adversario, diablo. La verdadera amistad y la camaradería se convierten cada vez más en frase hueca. Ya no hay solidaridad. Cuanto más violenta es la lucha mutua, cuanto más encarnizada la pugna por la superioridad, tanto más frecuente es el desengaño y tanto más devastador el efecto del fracaso sobre el alma humana.

El cuadro de discordia y hostilidad, de despedazamiento y desunión que ofrece hoy el movimiento obrero es el resultado de esta lucha cuerpo a cuerpo, cada vez más desesperada, por la valía personal.

En una *infinidad de conflictos y luchas privados* se derrocha una cantidad gigantesca de energía anímica que se pierde para la lucha de clases. Hombre y mujer, padres e hijos, vecinos y compañeros de trabajo, camaradas de organización y amigos se enfrentan a cada momento como enemigos encarnizados. Ni siquiera los más pobres y oprimidos encuentran el camino hacia una camaradería viva; se arrancan unos a otros de la boca la última corteza de pan, en lugar de compartirla, y se empujan mutuamente a la perdición en lugar de tenderse las manos.

Lo que hoy más urge es el desmontaje de la autoridad en el hombre mismo, en su modo de conducta anímico, en la actividad general y cotidiana de la vida social.

El desmontaje de la autoridad en el aparato organizativo es importante. El desmontaje de la autoridad en la teoría y la táctica de la lucha de clases es más importante. Pero lo más importante es el *desmontaje de la autoridad en el alma humana*, porque sin él no es posible un desmontaje de la autoridad ni en la organización ni en la táctica y la teoría.

\*

Marx dio al proletariado la teoría científico-social que llamamos marxismo.

La ciencia social es la doctrina de las relaciones humanas. Pensado consecuentemente hasta el final, el marxismo termina en el *hombre vivo*, portador y ejecutor del desarrollo histórico. Si el mundo feudal había enseñado que la idea es el punto de partida y el sentido del desarrollo, y el mundo burgués había declarado que el contenido y el ritmo del desarrollo resultan de las leyes de la *naturaleza*, Marx dijo para la clase proletaria: el representante y ejecutor del desarrollo histórico es el *hombre socializado*. Feuerbach declaró, escribió Marx en sus tesis, que son las condiciones las que hacen al hombre, pero Feuerbach olvidó que es el hombre quien a su vez hace las condiciones.[^t2]

En el incesante juego recíproco entre condiciones materiales y hombres vivos se forma y configura el curso de la historia. Por eso no solo importa qué elementos y datos objetivos encuentra el hombre en la economía, la política y la sociedad para su vivencia histórica; importa también *lo que hace con esos datos*.

Y esto depende de su actitud anímica más profunda.

Con una orientación burguesa, el hombre hace de ellos, conforme a sus necesidades de aseguramiento de clase, una justificación y conservación del mundo heredado, con intereses privados, individualismo, egoísmo, afán de poder, autoridad.

Con una orientación consciente proletaria y revolucionaria, saca de ellos, conforme a su necesidad de aseguramiento, que discurre en sentido opuesto, las disposiciones y los medios para la superación interior y exterior de ese mundo.

No hay revolución que no haya pasado antes por el cerebro, la conciencia y el alma del hombre.

\*

El hombre autoritario no es autoritario solo en la lucha política y en la economía. Manifiesta su actitud autoritaria *en todos los terrenos de la vida*. Así en el matrimonio, en la vivencia sexual, en la educación de los hijos, en sus relaciones morales y religiosas, en la relación con el arte, la naturaleza, el entorno, etc. Si queremos alcanzarlo, acorralarlo, desenmascararlo y desarmarlo, *tenemos que buscarlo en todas partes donde* se le encuentre.

Para el modo de ver burgués, la lucha de clases es, en correspondencia con la escisión dualista del hombre en espíritu y cuerpo, principalmente política y economía. Hacer nuestra esta concepción significaría situarnos en el terreno de lucha de la burguesía. Para nosotros la lucha de clases es más. Para nosotros *todos* los terrenos de la vida son lugares aptos para enfrentamientos en el sentido de la lucha de clases, territorios que abrir a la conquista revolucionaria. Esto es precisamente lo que nos distingue del burgués y del socialdemócrata, que libra sus luchas de intereses políticos y económicos pero por lo demás deja al hombre como es.

Nosotros tenemos que ver con el hombre entero. Queremos el desmontaje de la autoridad desde dentro y desde fuera. En toda la extensión del ser humano. En su totalidad.

Entiéndase bien: no se trata aquí de una labor de instrucción que se agota en la cantidad, al modo socialdemócrata, ni de extender las materias de saber más diversas para las necesidades de un público amplio a la manera de los cursos de las universidades populares, que a lo sumo transmiten un saber de todo un poco tan superficial como pretencioso. Con razón habría que rechazar tales empeños como un aplanamiento de la lucha de clases. Pero, por otra parte, tampoco se trata de un experimento utópico que, sobrestimando sin fundamento la labor de instrucción y educación, crea poder resolver el problema de la revolución social solo desde la cátedra del maestro de escuela. Semejante intento llevaría al extravío y acabaría como un fracaso del todo ajeno al marxismo.

Lo que nos corresponde hacer es algo completamente distinto.

La actitud autoritaria del hombre no es cuestión de instrucción ni de saber, sino de *carácter*. Y al carácter solo llegamos mediante un procedimiento metódico que llamamos educación. Y la educación necesita como ciencia auxiliar más importante la *psicología* (ciencia del alma).

Si el desmontaje de la autoridad es la tarea revolucionaria más urgente, la educación antiautoritaria (o mejor: no autoritaria) es hoy el *medio* más significativo *para resolver esa tarea*. Y ocuparse de los resultados revolucionarios de la psicología moderna es la *preparación más valiosa*, en el fondo tan importante como ocuparse de la sociología revolucionaria, el marxismo. Más aún, el marxismo unido a la psicología moderna es lo único que nos pone en la mano la palanca con cuya ayuda podemos reorientar y transformar al hombre interior y exterior.

Solo así, y por ningún otro camino, llegaremos al hombre no autoritario de la revolución social.

\*

La objeción de que el hombre *socialista* solo puede ser el producto educativo de la época *socialista* y de que es un derroche de tiempo y fuerzas dedicar hoy especial atención y cuidado a las tareas educativas se pone demasiado fácil el rechazo y la refutación.

Ciertamente, el hombre socialista acabado solo surgirá de los datos de la era socialista. Pero no es a él a quien hay que crear hoy. Necesitamos al hombre *proletario* para llevar a cabo la revolución *proletaria*. Y este hombre proletario es hoy tan posible como es posible una clase proletaria junto a la burguesa.

En manos del hombre autoritario, de orientación burguesa, la misión histórica del proletariado solo se traducirá siempre en protestas, revueltas, putsches, y acabará esfumándose sin fruto.

Solo el luchador proletario consciente, el hombre no autoritario en toda su conducta vital, será el ejecutor victorioso de la revolución social.

[^t1]: *Allgemeine Arbeiter-Union – Einheitsorganisation* (Unión General Obrera – Organización Unitaria), la organización consejista a la que pertenecía Rühle, escindida en 1921 de la AAUD; Rühle la llama después simplemente «AAU». (N. del T.)

[^t2]: Paráfrasis de la tercera tesis sobre Feuerbach (1845): «La doctrina materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación [...] olvida que son los hombres los que hacen cambiar las circunstancias». (N. del T.)

---

*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original): Otto Rühle, «Der autoritäre Mensch und die Revolution», *Die Aktion*, 15.º año, cuaderno 19/20, finales de octubre de 1925, col. 555-559, según la transcripción de Thomas Schmidt para el Marxists’ Internet Archive; no se ha podido cotejar con un facsímil de la revista.

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Los conceptos de la psicología individual siguen el glosario del archivo (*Machtstreben* = «afán de poder»; *Geltung* = «valía»; *Streben nach Geltung* = «afán de notoriedad»; *Vollwertigkeitsgefühl* = «sentimiento de pleno valor»; *Sicherungsbedürfnis* = «necesidad de aseguramiento»). Se conservan las cursivas de la transcripción y la separación en apartados con asteriscos. Las adiciones del traductor van entre corchetes.
