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Title: Huida al budismo
Description: Artículo de Otto Rühle en Die Aktion (1925) que interpreta con categorías de la psicología individual (plan de vida, carácter, desaliento, sentimiento de inferioridad) la huida de burgueses y proletarios desengañados de la posguerra hacia sectas, teosofía y budismo, y analiza el budismo histórico como ideología de una huida del mundo. Traducido de la transcripción de marxists.org, sin facsímil.
Author: Otto Rühle
URL: https://adler.school/archivo/ruhle/1925-03-15%20Flucht%20in%20den%20Buddhismus
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Ante las dificultades de la vida y las penurias de la existencia, el ser humano puede reaccionar, según su temperamento y su carácter, con distintos modos de conducta.

Uno es un temerario a quien las dificultades acumuladas excitan. Agarra con fuerza, vence resistencias y peligros, sale adelante con el mundo y las cosas.

Otro, de menor aptitud para la vida, no sabe afirmarse en la lucha por la existencia. Sucumbe, con resistencia o sin ella, a las fuerzas más poderosas y se hunde.

El tercero, ni vencedor ni vencido, adopta la táctica de escabullirse. Como no quiere ni luchar ni hundirse, esquiva a tiempo y con habilidad los conflictos y los peligros. Se salva por cobardía ante la vida, cambiando el campo de batalla dado, en el que teme sucumbir, por otro en el que espera afirmarse. Estos tipos se dan puros y combinados. A menudo una misma persona opera en situaciones distintas con distintos modos de conducta. Pero el ser humano sigue siendo siempre igual a sí mismo en su estructura anímica.

Ya en los primeros años de su vida forma, a partir de sus vivencias y experiencias más tempranas, su plan de vida, que en adelante persigue sin descanso y con coherencia en todas las situaciones. Este plan de vida se convierte en el principio rector de su aseguramiento.

Por carácter entendemos la unidad del modo de conducta en todas las relaciones humanas conforme al plan de vida fundamental. Cuanto más difícil es la situación, cuanto mayores son las exigencias que se plantean a la afirmación de sí mismo, tanto más implacable es la persecución del plan de vida y tanto más nítido el carácter.

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El desenlace de la guerra mundial ha *aumentado las dificultades de la vida* en todo el globo. Para cada pueblo, cada clase, cada capa social. Especialmente en Europa. Y allí, de nuevo, sobre todo en Alemania.

Las dinastías han caído, las relaciones tradicionales de dominio se han disuelto, las viejas glorias se han destruido. Guillermo corta leña en Doorn.[^t1]

Los detentadores del poder político han sido desplazados, expulsados, olvidados. Viven de recuerdos o de planes conspirativos. Incluso donde lograron reconquistar las viejas posiciones, el éxito no siempre corresponde al esfuerzo. Con toda su insolencia hacia fuera, los Ludendorff, Tirpitz y compañía son en realidad unos pobres diablos (*Nebbiche*).[^t2]

Los detentadores del poder económico se han derrumbado o han caído en dependencias fatales. La lucha del Ruhr se perdió. Stinnes murió con el corazón roto. El dinero es escaso y caro. Los Bosel, Castiglioni, Parvus, Barmat esparcen olor a podredumbre.[^t3] Por todas partes quiebra y corrupción.

Grandes capas de la burguesía, a consecuencia de la inflación, se han deslizado cuesta abajo y han ido a parar de la noche a la mañana al proletariado, si no más abajo. Su Dios las dejó en la estacada; su filosofía de la vida se hizo pedazos. Con la fortuna, el cargo y la existencia perdieron la concepción del mundo, el sostén moral e intelectual, el punto de vista, la orientación. La decadencia de Occidente. ¿Qué va a ser de nosotros?

El proletariado ha vadeado durante casi una década, con el agua hasta las rodillas, la sangre de la guerra y de la revolución. Traicionado y derrotado, desengañado y desalentado, ha vuelto al corral de la explotación. Todo está perdido. Ahora se mata a trabajar diez, doce, catorce horas con el estómago vacío. La burguesía, a la que el miedo a la ruina todavía no se le ha ido del todo de los huesos, devora con avidez su última fuerza vital para volver a hacerse fuerte y sana con ella.

Lucha de todos contra todos. Agonía en un barco que se hunde. ¡Tú o yo!

La dificultad creciente de la situación vital desata en la más amplia medida todos los instintos de conservación. Todo carácter se revela con plena nitidez.

Sale visiblemente a la luz.

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Los fuertes están en este tiempo en la lucha. Los débiles son aplastados. *Los cobardes se escabullen entre los matorrales.*

Fijémonos en estos últimos.

Los cobardes ante la vida y los emboscados o bien *abandonan su país y su pueblo*, se van a América, a Rusia, a Palestina, esquivando así las luchas y las dificultades, y buscan hacer fortuna por su cuenta, casi siempre en el aislamiento.

O bien *abandonan su clase*, se hacen estraperlistas, parásitos, existencias intermedias de dudosa catadura mayor o menor; especularon con Klante para hacerse ricos de prisa,[^t4] o se salvan, asentándose como colonos, en el islote de una existencia pequeñoburguesa.

Por último, y esto es lo más frecuente, *abandonan su ideología anterior*, de la que poco a poco han desesperado. Los monárquicos, los militaristas, los pangermanistas, los antirrepublicanos, los espiritualistas, los *völkisch*, los creyentes en la Iglesia y en el partido: ¿cómo van a salir todos bien parados en el caos de estos tiempos? Igual que todavía tantos proletarios, *no han aprendido a pensar dialécticamente, no entienden la conexión interna de los fenómenos, ya no se orientan en el mundo de hoy*. Pero ven bancarrota, ruina, devastación, pestilencia, cenagal: *entonces los agarra el espanto y emprenden la huida*. ¿Adónde?

Unos, hacia Dios (sectas, Estudiantes Serios de la Biblia, curanderos por la oración, el capellán Fahsel).[^t5] Otros, al *mundo de las ideas* de la filosofía (Kayserling, Tolstói, Rudolf Steiner). Otros, al *romanticismo* político (Paneuropa, pacifismo, movimiento del dinero libre). Y por último un enjambre, a *Asia* (Rabindranath Tagore, Gandhi, el Tao, la teosofía, el budismo). Si Occidente se hunde, solo Asia, creen ellos, puede ofrecer una salvación verdadera.

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El *budismo* sale extraordinariamente al encuentro de la necesidad de refugio ideológico de los que huyen de la vida, pues él mismo es resultado y expresión de una huida de la vida que encontró su sedimento ideológico.

Como fenómeno histórico, el budismo es el movimiento religioso y ético de la nobleza rural y la burguesía urbana indias, enriquecidas y convertidas en patriciado, y halla su analogía, por ejemplo, en el humanismo de la Edad Media alemana. Aquí como allí, la capa económicamente más avanzada, que era a la vez la capa intelectual de orientación moderna y se sentía como una unidad a través de todas las formaciones políticas casuales y cambiantes, fue la primera y la que con más fuerza sintió la necesidad de liberarse de la tradición de una jerarquía que había sobrevivido a su tiempo y de crear un estilo de vida propio. Esto ocurrió al principio sin especial esfuerzo y del todo *sin lucha*. El mero hecho de que el poder de los brahmanes estuviera solo moderadamente desarrollado en las regiones de origen del budismo eximió a este de la tarea de librar una lucha declarada contra el sistema heredado. Así, el budismo vino al mundo sin dientes. *No se rebeló contra el orden social, fue absolutamente apolítico, no procedió en modo alguno de forma activa o agresiva* contra lo existente. Más aún: incluso tuvo consideración con los reparos y prejuicios del poder secular dominante, excluyendo de su séquito a esclavos, soldados y presos por deudas o criminales. Por lo demás, se contentó con dejar en suspenso la existencia de los dioses, ignorar el sistema de castas, considerar no vinculante el mecanismo del culto brahmánico y negar la vida, el mundo, el trabajo y la obligación social con plena conciencia y con todas sus consecuencias. *Orientado de modo completamente pasivo* en todas sus relaciones, constituye un *sistema* cerrado *de esquivar, de huida del mundo, de hacerse el muerto*, interpretable psicológicamente, quizá con la mayor seguridad, como reacción a un modo de vida volcado en la actividad, el desenfreno, la disipación y el hartazgo, tal como pertenece a la imagen de la existencia señorial de la India antigua. *Expresión, pues, de un agotamiento, de un asco, de una debilidad* que ya no es capaz de enfrentarse activamente a los conflictos de la existencia; que se marcha en silencio, renunciando, perseverando en la pasividad, huyendo del mundo, *aquejada de todos los rasgos del desaliento, del pesimismo, del sentimiento de inferioridad*, tal como caracterizan el plan de vida y el retrato del carácter del cobarde ante la vida.

«Haciéndose sin patria, sin bienes, sin trabajo, absolutamente abstinente en lo sexual y frente al alcohol, el canto y el baile, estrictamente vegetariano, evitando las especias, la sal y la miel, viviendo de la mendicidad silenciosa de puerta en puerta y entregado por lo demás a la contemplación pensante, el budista buscaba la redención de la sed de existencia.» (Max Weber.)[^t6] Nunca fueron los discípulos de Buda una horda de mendigos incultos; al contrario, iban bien vestidos, se esmeraban en una gran decencia, cuidaban de dar buena impresión hacia fuera y, precisamente por ello, ejercían una fuerte atracción sobre las capas superiores, de las que se reclutaban sobre todo sus seguidores y sus nuevas generaciones, y que veían en la nueva doctrina y forma de vida una protesta tanto contra su modo de vida anterior como contra el brahmanismo.

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Al principio el budismo no fue ni más ni menos que la doctrina de salvación, de orientación ascética, de una de las innumerables sectas que inundaban la India y que, todas sin excepción, no ponían en cuestión seriamente el brahmanismo, sino que solo lo modificaban en mayor o menor medida.

Pero a medida que la clase de los burgueses ricos, distinguidos e inteligentes, que formaban sobre todo su séquito, se impuso económica y políticamente, el budismo se vio empujado al primer plano como fijación de la ideología religiosa y ética dominante y, finalmente, al papel de *religión de Estado*. Así anticipó el budismo en milenios el destino de los puritanos en Inglaterra, de los calvinistas en Holanda, de los protestantes en Alemania. Y exactamente por las mismas causas y motivos.

El desarrollo económico había llevado, en partes de la India, a una altura en la que aparece el nacionalismo como formulación ideológica de determinadas necesidades de naturaleza económica y social. Portadora de este movimiento fue la dinastía Maurya, que según la tradición brahmánica procedía de un origen bajo y cuyo representante más popular fue el rey Asoka. En su ascenso tuvo que apoyarse en otras fuerzas y capas que las de los antiguos detentadores del poder; sobre todo tuvo que ignorar la tradición y saltarse las barreras de casta. En ello sus intereses de poder coincidían plenamente con la ideología budista.

Del mismo modo que en Alemania el Estado, como organización de poder de los grandes terratenientes, se edificó sobre la Iglesia cristiana, la única organización central que encontró y que por eso elevó a Iglesia de Estado, así el gran reino de Asoka, en el que por primera vez todo el ámbito cultural de la India se unió en un Estado nacional unitario, se creó su base ideológica en el movimiento budista. El patriciado urbano prestó a Asoka valiosos servicios como prestamista, como contratista de suministros y prestaciones y, sobre todo, como respaldo económico y social de la dinastía; los puestos más influyentes e importantes del enorme ejército de funcionarios, oficiales, arrendadores de impuestos, consejeros, policías, etc., se cubrieron con los vástagos del patriciado urbano y de la nobleza rural, económicamente interesados y por ello políticamente fiables. Así, la unión de intereses de ambas partes se convirtió cada vez más en una unión personal. Y así como la dinastía se vio elevada por el budismo, ella a su vez elevó al budismo a la altura de religión de Estado. Para documentar la comunidad de los intereses dinásticos, económicos, sociales, culturales e ideológicos, el rey Asoka se convirtió al budismo. Un precursor de Constantino el Grande, que por las mismas razones fue el primer emperador cristiano.

Pero el reino de Asoka no pudo sostenerse. La economía india no logró desarrollarse sustancialmente más allá de los comienzos de la economía urbana; la inmensa mayor parte del país se quedó en el nivel de la primitiva economía aldeana. Faltaba así la base para el desarrollo ulterior del gran reino moderno; se deshizo al poco tiempo. Con ello pasó también el florecimiento del budismo.

Así como los nuevos detentadores del poder en las ciudades hicieron económicamente las paces con los antiguos detentadores del poder en las aldeas, también el budismo volvió al seno del brahmanismo. Ciertamente, el budismo había experimentado ya muchas transformaciones como religión de Estado. Extendido por todo el mundo gracias a una vasta actividad misionera (que debía preparar el terreno a la necesidad de expansión de Asoka), se había adaptado e incorporado en muchos casos a ideologías existentes. Por último, con la escisión del movimiento en Hinayana (ortodoxos) y Mahayana (oportunistas), había cambiado unilateralmente su carácter en aspectos esenciales. Del mismo modo, el brahmanismo había aprendido y ganado mucho para su reorganización y regeneración de las numerosas sacudidas causadas por la formación de sectas y la fundación de religiones. Suavizó la rigidez de su ritual, transformó la doctrina, acogió elementos populares de cultos y tradiciones primitivos, hizo concesiones generosas a la necesidad primitiva de una idea más tosca de la redención y se convirtió así de nuevo en el espacioso receptáculo de todos los fugitivos de la vida, los desalentados, los necesitados de consuelo, los cobardes ante la responsabilidad.

El budismo, surgido como expresión ideológica de una capa desarrollada económica e intelectualmente, había *fracasado*, a causa de su carácter asocial, en la función de medio para la formación de comunidad a gran escala. En un país cuya situación continental y cuya economía predominantemente agraria no favorecen el nacimiento de grandes culturas urbanas, el brahmanismo siguió siendo, a pesar de todas las vicisitudes y transformaciones de detalle, la forma de expresión de la vivencia religiosa adecuada, la que mejor correspondía a las necesidades y mejor se adaptaba a ellas. La especulación, por genial que sea, no puede asegurar por sí misma la permanencia de ningún sistema religioso *si le faltan para ello los fundamentos materiales, los presupuestos socioeconómicos*.

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Entre los fugitivos que hoy van a parar a la teosofía, la antroposofía, el budismo o incluso a los Estudiantes Serios de la Biblia, hay también más de un proletario desengañado, desalentado, desesperado.

Va a parar allí porque no comprende bien su tiempo ni sus relaciones con él.

Pues huida al budismo significa: huida del presente vivo al pasado muerto.

Significa: poner pies en polvorosa ante la realidad positiva y esconderse tras una niebla de ideas.

Significa: sustraerse a la actividad combativa y encerrarse en el capullo de unas cavilaciones apartadas del mundo.

Significa: ante la necesidad de enfrentarse con el mundo, la vida, los hombres y las cosas, batirse en retirada hacia la pasividad del no hacer nada.

Significa: *¡traicionar la lucha de clases, desertar ante la revolución, actuar sin responsabilidad, ser un cobarde!*

[^t1]: Guillermo II vivía exiliado desde 1918 en Doorn (Países Bajos); la prensa difundió mucho su costumbre de cortar leña. (N. del T.)

[^t2]: *Nebbich*: voz yidis, «pobre diablo, infeliz». (N. del T.)

[^t3]: Hugo Stinnes, el gran industrial de la inflación, murió en abril de 1924. Siegmund Bosel y Camillo Castiglioni, financieros austriacos de la inflación; Alexander Parvus (Helphand), socialdemócrata y negociante; los hermanos Barmat, cuyo escándalo de créditos estalló en diciembre de 1924. (N. del T.)

[^t4]: Max Klante, organizador de un sistema fraudulento de apuestas hípicas que arruinó a miles de pequeños ahorradores berlineses en 1921. (N. del T.)

[^t5]: *Ernste Bibelforscher*, «Estudiantes Serios de la Biblia», nombre de los Testigos de Jehová en Alemania. Helmut Fahsel, sacerdote católico y predicador muy popular en el Berlín de los años veinte. «Kayserling» es el filósofo Hermann Keyserling (así en la transcripción). El «dinero libre» (*Freigeld*) es la reforma monetaria de Silvio Gesell. (N. del T.)

[^t6]: De los estudios de Max Weber sobre la ética económica de las religiones universales (*Hinduismus und Buddhismus*, 1916-1917); se traduce del texto citado por Rühle. (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original): Otto Rühle, «Flucht in den Buddhismus», *Die Aktion*, 15.º año, cuaderno 4/6, 15 de marzo de 1925, col. 127-131, según la transcripción de Thomas Schmidt para el Marxists’ Internet Archive; no se ha podido cotejar con un facsímil de la revista.

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Los conceptos de la psicología individual siguen el glosario del archivo (*Lebensplan* = «plan de vida»; *Sicherung* = «aseguramiento»; *Entmutigung* = «desaliento»; *Minderwertigkeitsgefühl* = «sentimiento de inferioridad»). Se conservan las cursivas de la transcripción y la separación en apartados con asteriscos. Las adiciones del traductor van entre corchetes.
