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Title: Sobre la escisión del partido
Description: Artículo de Otto Rühle en el Vorwärts (enero de 1916) que, en plena guerra, declara inevitable y deseable la escisión de la socialdemocracia alemana: la mayoría que vota los créditos de guerra ha fundado de hecho un partido nuevo, reformista, y entre ella y la minoría fiel a los viejos principios ya no cabe entendimiento.
Author: Otto Rühle
URL: https://adler.school/archivo/ruhle/1916-01-12%20Zur%20Parteispaltung
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# Sobre la escisión del partido.

Por Otto Rühle.

No quiero perder una palabra sobre el valor de la unidad del partido para la lucha contra los poderes enemigos del proletariado. Ni una palabra tampoco sobre lo irresponsable, e incluso inescrupuloso, que sería querer poner en peligro o destruir frívolamente esta cohesión. Son conocimientos y juicios evidentes para todo camarada del partido, sea cual sea el campo al que pertenezca.

Pero *hablar* de la escisión del partido no es todavía *promover* la escisión del partido. Ya se considere una discusión sobre la escisión prematura y equivocada, porque dificulta la propaganda de la posición de la mayoría o de la minoría, ya se la tenga por esclarecedora y útil, porque decir lo que es constituye un mandamiento elemental de la política honrada y a fin de cuentas resulta ser lo tácticamente correcto, yo considero que ha llegado el momento en que el tema de la escisión del partido debe ponerse en el orden del día de la discusión del partido.

La escisión del partido está preparada desde hace mucho. Las divergencias de derecha e izquierda han creado profundos antagonismos y han dividido el partido en dos campos. Quien después del congreso de Dresde[^t1] creyó que la corriente revisionista y oportunista estaba liquidada se vio engañado. Era innegable que el partido en su conjunto, sin abandonar en general la teoría y la fraseología radicales, derivaba cada año más hacia la *práctica reformista*. A la izquierda decidida le resultaba cada vez más difícil, como prueban los últimos congresos, mantener su posición. En la fracción del Reichstag decidía con bastante frecuencia la presencia o ausencia de *un solo* camarada que los acuerdos se tomaran en sentido de principio o en sentido oportunista. Una situación desagradable e insostenible a la larga. La guerra trajo la coronación y la victoria de la política oportunista. Lo que normalmente quizá habría requerido aún años para madurar se consumó de golpe. La aplastante mayoría de la fracción, apoyada y cubierta por la presidencia del partido, el comité del partido, la conferencia de prensa, la Comisión General[^t2] y las direcciones centrales, impuso una política de guerra que *en la práctica no se diferenciaba en nada de la política de los partidos burgueses y del gobierno*. Reconocimiento de la paz civil (*Burgfrieden*), aprobación de los créditos de guerra, profesión de solidaridad nacional, abandono del rechazo de principio del presupuesto, reorientación de la táctica según puntos de vista oportunistas: estos son los momentos característicos de la nueva era en el partido.

*Con ello la socialdemocracia había dejado de ser lo que era antes de la guerra.* Un partido nuevo había ocupado oficialmente su lugar. Kolb, el más franco y consecuente de los oportunistas, lo reconoce sin reservas. La tendencia que ha subido a lo alto en el partido, declara, representa un sistema completamente nuevo. El viraje es una ruptura total con el pasado. Solo la minoría en torno a Liebknecht mantiene aún los principios que regían en el partido antes del 4 de agosto de 1914.[^t3]

Así pues, actualmente se enfrentan dentro del partido *dos partidos*. El viejo (la minoría), con los viejos principios del partido y el fin de la superación del capitalismo; el nuevo (la mayoría), con el principio oportunista del reformismo y de la adaptación al capitalismo. La derecha consecuente ve en la concepción de la izquierda negación estéril y fantasía sin esperanza; la izquierda consecuente condena el viraje de la derecha como traición a los principios del socialismo y entrega del proletariado a sus enemigos. Entre ambas concepciones y campos *ya no es posible ningún entendimiento ni ningún puente*. ¿Para qué encubrir este hecho, para qué cerrar los ojos ante él?

Según la voluntad de la mayoría, la política de guerra de la fracción ha de convertirse en política permanente del partido. Hemos oído el discurso de Heine en Stuttgart y la proclamación de la política de bloque por David; sabemos que la posición de la socialdemocracia ante la monarquía, el militarismo, la política colonial y mundial ha de someterse a una revisión de principio. Kolb declara: o la socialdemocracia sigue en el futuro una política consecuentemente reformista, o estará en bancarrota por mucho tiempo.

La minoría es de la opinión contraria. Considera la política que sigue actualmente la mayoría y que propaga para el futuro incompatible con los intereses de la clase obrera, e incluso una desgracia y la bancarrota del socialismo. Según su convicción, a la liberación del proletariado solo conduce el camino que se siguió hasta el 4 de agosto de 1914. Por eso aspira con todas sus fuerzas a volver a la «vieja táctica, acreditada y coronada por la victoria».

¿Qué va a pasar ahora?

Supongamos que la *mayoría* se mantiene durante toda la duración de la guerra. ¿Debe entonces la minoría seguir subordinándose y aguantarlo todo, sin preocuparse de que se tiren por la borda principios y acuerdos solemnemente jurados y de que los intereses de la clase obrera sufran los más graves daños?

La subordinación a la voluntad de la mayoría, conforme a la costumbre democrática, era aconsejable y no ofrecía reparos mientras podía contarse con una guerra corta y con la pronta celebración del congreso del partido. En ello, tal como están ahora las cosas, ya no cabe pensar. Van a producirse grandes acontecimientos políticos, van a tomarse decisiones de la mayor importancia para el proletariado. ¿Debe, más aún, puede la minoría dejarse apartar para contemplar tranquila e inactiva cómo la política de la mayoría causa, según su convicción, la peor desgracia? ¿O no tiene más bien el deber de intervenir, sin consideración a los preceptos formales de la disciplina, y hacer una política activa en su sentido? Plantear esta pregunta es responderla afirmativamente. Con razonamientos semejantes ha fundamentado y justificado Kautsky una acción separada de la minoría; una parte de la minoría ha convertido los argumentos y conclusiones en actos parlamentarios.[^t4] Esta acción separada la considero el *primer paso de la escisión de la fracción* y, pensado consecuentemente hasta el final, también de la *escisión del partido*.

Supongamos que el próximo congreso del partido diera la razón a la *mayoría*. ¿Qué hará entonces la minoría? ¿Se someterá entonces a la acción de la mayoría, después de haber empezado ya en el parlamento a seguir su propio camino y a hacer política por su cuenta? ¿Renunciará a su convicción, enterrará sus principios, para formar la tropa sin opinión de los oportunistas? De eso no puede ni hablarse. Así que solo queda la *separación*.

O bien supongamos que la *minoría* se convierte en mayoría todavía durante la guerra o, a más tardar, después de ella. ¿Qué hará entonces la derecha? ¿Se dispersará y se dejará absorber por la mayoría radical? ¿Se someterá loablemente a los fantasiosos, dogmáticos, políticos del gran derrumbe (*Kladderadatsch*),[^t5] para hacer en el futuro política radical? Imposible. El oportunismo no desaparecerá en modo alguno, porque las condiciones que favorecieron su nacimiento y su desarrollo subsistirán, quizá incluso mejorarán; el oportunismo no es un mero invento o extravío de las personas, sino la expresión, aunque torcida y acentuada unilateralmente, de determinados presupuestos económicos y sociales. Dada la consecuencia con que la tendencia oportunista ha perseguido hasta ahora sus fines, no hay duda de que, si no puede mantenerse en la fracción y en el partido, llevará a cabo resueltamente la *separación*. La actitud de los Legien, David, Heine, etc., lo confirma.

Pero ¿y si ni en un caso ni en el otro la minoría respectiva se decide a la *separación voluntaria*? ¿Si cada una declara, de un modo o de otro: ¡unidad del partido a cualquier precio!?

La *izquierda*, llegada a la victoria, no puede, por su propio interés, dejar hacer al oportunismo, no puede admitir que los oportunistas permanezcan como hombres de confianza en los cargos y redacciones, mandatos y puestos influyentes, si no quiere exponerse a que, tarde o temprano, el oportunismo vuelva a superarla y en la próxima guerra provoque un nuevo hundimiento. Así que tiene que expulsar del partido a la minoría que no se someta políticamente. Con el resultado de que esta se constituirá en partido nuevo. Así que *escisión*.

A la inversa, la *derecha*, vencedora en el partido, no vacilará un minuto en librarse de la incómoda oposición de los radicales. Los intentos hechos en la fracción en este sentido, las mociones de Legien, Giebel, etc., contra Liebknecht, muestran de sobra lo que cabe esperar. Los expulsados, naturalmente, volverían a juntarse en seguida en un partido. Así que *escisión*.

Por muchas vueltas que se les dé a las cosas y se las mire como se quiera, *no queda más que la escisión*. Y considero que es *el procedimiento más consecuente, incluso el único posible* para poner fin al conflicto en el partido.

No podría ocurrirnos mayor desgracia que si, tras meses y años de las más apasionadas luchas de partido, tras una desorganización sin igual de toda la vida del partido, tras mil humillaciones, sospechas, acusaciones de herejía y difamaciones personales, se encontrara un medio para volver a meter bajo un mismo sombrero todos los elementos que se repelen, todas las tendencias heterogéneas. Yo, al menos, rechazaría decididamente esa papilla de partido unitario, esa ciénaga sin forma ni sustancia, pues no solo sería una *ciénaga de falta de principios*, sino también de *falta de carácter*. Para la lucha no se habría ganado con ello absolutamente nada, pero sí perdido todo. ¿Cómo podría semejante monstruo de partido resistir ante el enemigo? ¡Así que ni hablar de ello!

Ciertamente es difícil familiarizarse con la idea de la escisión del partido. Es una lucha que exige grandes sacrificios. Pero, a fin de cuentas, el partido no es más que el *instrumento* para la realización del socialismo, para la conquista de la democracia. *Lo principal es y sigue siendo el socialismo.*

Me sé libre de toda culpa de haber querido o fomentado nunca frívolamente la escisión del partido; por eso no me afectan todos los ataques e injurias que se me lanzan. Pero respiraré aliviado cuando la escisión se haya consumado. Pues solo entonces, según mi convicción, volverá a ser posible una lucha clara y resuelta por los fines del socialismo.

[A continuación la redacción del *Vorwärts* declara que se ha considerado obligada a reproducir el envío de Rühle «en su texto íntegro, aunque con algunos cambios formales impuestos por razones conocidas», y rebate en una larga nota final la tesis de Rühle sobre la inevitabilidad de la escisión.]

[^t1]: El congreso de la SPD de Dresde (1903) condenó solemnemente el revisionismo de Bernstein. (N. del T.)

[^t2]: La Comisión General de los Sindicatos de Alemania (*Generalkommission der Gewerkschaften Deutschlands*), dirigida por Carl Legien. La «conferencia de prensa» designa, probablemente, las conferencias de redactores de la prensa del partido celebradas durante la guerra. (N. del T.)

[^t3]: El 4 de agosto de 1914 la fracción socialdemócrata del Reichstag votó unánimemente los primeros créditos de guerra. Wilhelm Kolb, Wolfgang Heine, Eduard David y Carl Legien eran destacados representantes del ala derecha de la SPD. (N. del T.)

[^t4]: Alusión al voto contra los créditos de guerra de veinte diputados de la minoría el 21 de diciembre de 1915, justificado con el escrito de Bernstein, Haase y Kautsky «Das Gebot der Stunde» (junio de 1915). (N. del T.)

[^t5]: *Kladderadatsch*: el «gran derrumbe» del capitalismo esperado por los radicales, expresión burlona de Bebel convertida en tópico. (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original): Otto Rühle, «Zur Parteispaltung», *Vorwärts. Berliner Volksblatt*, n.º 11, 12 de enero de 1916, 1.er suplemento (facsímil de la Friedrich-Ebert-Stiftung, Historische Presse der deutschen Sozialdemokratie), cotejado con la transcripción de marxists.org.

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Las cursivas reproducen el espaciado del original. La nota de la redacción del *Vorwärts* que sigue al artículo se resume entre corchetes.
