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Title: La escuela experimental
Description: Artículo de Otto Rühle en el suplemento de entretenimiento del Vorwärts (1914) sobre el movimiento de reforma escolar de los maestros alemanes: las clases experimentales de primera enseñanza de Leipzig (desde 1905), su difusión por otras ciudades y la petición de los maestros de Hamburgo de crear escuelas experimentales, como camino hacia la escuela del trabajo y la escuela del futuro.
Author: Otto Rühle
URL: https://adler.school/archivo/ruhle/1914-07-01%20Die%20Versuchsschule
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<!-- S. 494 -->

# La escuela experimental.

Por Otto Rühle.

A la escuela de los libros, la escuela libresca (*Buch- und Lernschule*), le surgen cada vez más adversarios. El conocimiento de sus defectos organizativos y metodológicos penetra cada día más hondo en la conciencia de la opinión pública. Todo el mundo sabe que lleva la coleta colgando por detrás.[^t1] Mientras solo los alumnos se quejaban de lo antinatural del aprendizaje y los padres de la esterilidad del tiempo y el esfuerzo empleados, el gremio rechazaba con gesto frío y altivo la conducta descarada de los críticos no invitados. Cuando más tarde psicólogos y fisiólogos corroboraron científicamente la legitimidad de las quejas formuladas, se hicieron a la «gris teoría», guiñando el ojo y encogiéndose de hombros, algunas concesiones: en la práctica todo siguió igual. Pero al final también los prácticos, los propios maestros, se movilizaron. La ciencia y la experiencia les habían aguzado cada vez más la mirada para los desatinos e insuficiencias de la enseñanza escolar y de la educación, que se hacían tanto más insoportables cuanto más se alejaban las formas y exigencias vivas de la vida de las formas y tradiciones muertas de la pedagogía oficial. La actividad de la edad preescolar se sumerge de golpe, al empezar la escuela, en el agua helada de la pasividad de nuestra pedagogía del adiestramiento y queda muerta para siempre. El desarrollo intelectual del niño, ese curso fluido del acontecer orgánico, se mecaniza y se exterioriza toscamente en programas y horarios. La individualidad infantil se tritura y se borra bajo las apisonadoras de la enseñanza en masa. Para escarnio de la exigencia pestalozziana de intuición, se hace pasar a diario, a fanegas, la paja de la materia memorizada por los molinos de chacolotear de la memoria. Ronda el fantasma de una cultura general, de una ética universalmente válida, de un ideal educativo de obligado cumplimiento para todos. Los maestros reconocieron que entre la casa paterna y la escuela se había abierto una brecha enorme, que en el niño se violentan y ahogan valiosos instintos naturales, que aprender y vivir se contradicen a menudo, que se realiza una cantidad gigantesca de trabajo negativo, que la burocracia rebaja el sentimiento de responsabilidad propia y exterioriza la actividad educativa, y que el soplo de un nuevo espíritu del mundo, que se anuncia en la vida económica y social, en la política, el arte, la investigación y la cultura, exige también en la educación nuevos principios, tendencias, ideales. Reconocieron que algo nuevo quiere nacer, sin saber todavía bien qué, para qué, por qué medio. Como se siente la primavera aunque la nieve siga arrastrada por el viento; como se presiente un cambio de tiempo. Y empezaron a exigir.

En el año 1905, la sección metodológica de la *Asociación de Maestros de Leipzig* tomó posición sobre el punto controvertido del paso de la familia a la escuela y de la primera enseñanza elemental, y pidió, siguiendo el modelo de la escuela Lersner de Fráncfort del Meno, que «una amplia *enseñanza preparatoria*, por lo menos hasta las vacaciones grandes, constituya la transición del tiempo de juego en la familia al trabajo sistemático en la escuela». La autoridad no accedió en toda su amplitud al deseo de los maestros, pero sí permitió que desde la Pascua de 1905 se introdujera en todas las escuelas primarias (*Volksschulen*) de Leipzig un *curso preparatorio de seis semanas*, que con ayuda de cuentos e historias, juegos, paseos, ejercicios gimnásticos y toda clase de ejercicios previos de habla, escritura, dibujo, etc., intentaba tender puentes entre los dos importantes períodos de la vida del niño separados por un abismo. Con ello se rompía la forma rígida de la enseñanza elemental tradicional y se aplazaba al menos unos meses el comienzo de la enseñanza de la lectura y la escritura.

Pero los maestros de Leipzig no se detuvieron en este primer pequeño éxito. Siguieron discutiendo el problema de la reforma escolar y, cuanto más ahondaban, más se vieron llevados a un segundo paso. Tras un examen detenido de la cuestión de la enseñanza elemental en la Asociación de Maestros, se llegó a las siguientes tesis: la práctica actual de la enseñanza elemental, con su comienzo prematuro y el predominio de una formación unilateralmente intelectual y formal, así como el elevado número de horas que exige, destruye el desarrollo corporal e intelectual de los niños. Bajo ello sufre también toda la enseñanza posterior. Para asegurar un desarrollo tranquilo y sano de los niños, hay que eliminar por completo la lectura y la escritura de la actividad del primer año escolar, mantener el cálculo solo como medio intuitivo y reducir el número de horas. Hay que exigir una enseñanza global, al aire libre y en el aula, que ocupe todas las fuerzas intelectuales y corporales de esta etapa del desarrollo y que al mismo tiempo prepare lo mejor posible el trabajo escolar posterior; además, que un mismo maestro lleve la clase durante tres años, que solo le obligue el objetivo de la 6.ª clase,[^t2] pero que dentro de ese objetivo conserve el derecho a elegir libremente la materia y el tratamiento, es decir, que quede libre de programa y horario.

Lo que los maestros de Leipzig pedían era, pues: una *enseñanza experimental* que viera su primera y más importante tarea en lograr una enseñanza global que formara todos los sentidos y fuerzas, que pudiera aplazar a discreción la lectura, el cálculo y la escritura y para la que no existiera la sujeción al mecanismo del programa y del horario. La exigencia significaba en principio *el primer intento emprendido a mayor escala* de romper con el método del tornillo y la tenaza empleado hasta entonces en la enseñanza de los nuevos escolares. No es de extrañar que esta audaz iniciativa tropezara con la resistencia de los superiores. La Conferencia de Directores Escolares de Leipzig, con fama de reaccionaria, que se esfuerza desde hace años en demostrar que también la inspección técnica puede ser un grave obstáculo para el desarrollo, había sabido frustrar con «los más serios reparos y objeciones» la prometedora y significativa innovación. Pero al final las clases experimentales llegaron. No del todo en el sentido y según el deseo de los maestros, no de forma general, no libres del todo de las sombras de la tradición y de las cadenas del control de la autoridad, pero sí más libres, más independientes, más propias de lo que hasta entonces había permitido el esquema de siempre.[^t3] Y no llegaron solo a Leipzig, no, sino también a Dresde, Chemnitz, Halle, Dortmund y muchas otras ciudades; como una semilla esparcida por el viento hace brotar flores aquí y allá, y pronto en gran número, así la idea de las clases experimentales encontró pronto una realización por docenas, con muchas variantes. Y la institución dio buen resultado, por nueva que fuera y por desfavorables que fueran a veces las condiciones en que trataba de cumplir su tarea. Varias administraciones escolares acabaron por asentar *toda* la enseñanza elemental sobre la base probada por las clases experimentales.

Con ello se había ayudado a la enseñanza elemental. Pero el resto de la enseñanza seguía sufriendo los viejos defectos y contradicciones. Todavía se abruma a los niños con materia a la que no están a la altura. Todavía se explota abusivamente un suelo pobre y mezquino, arrancándole cosechas y agotando su fuerza hasta convertirlo en desierto. Todavía se hacen pasar todas las individualidades por la misma horma del método dominante de turno, hasta que quedan aplastadas y uniformes. Todavía falta, a causa del rígido programa y horario, tiempo para conocer a los niños y tratarlos según su peculiaridad. Todavía reina la banal enseñanza ómnibus, que cría la árida medianía y produce «el infinito hormiguero de los cordialmente parlanchines».

La reforma de esta enseñanza se la impusieron como tarea sobre todo los maestros de Hamburgo. Estudiaron y ensayaron. En la enseñanza del dibujo se buscaron caminos nuevos; en la de alemán se liberó a la juventud, mediante la libre elección del tema, de la argolla del trabajo forzado literario. En todas las asignaturas se agitaba el impulso reformador, siempre con el objetivo de desarrollar libremente las aptitudes del alumno y ayudarlas a expresarse en todas las formas. *Cultura de la expresión*: esa fue la consigna. Así llegaron los maestros hamburgueses, en casi veinte años de trabajo intenso, a una teoría de la educación que sacude el sistema existente en sus cimientos. Pero para trasladarla a la práctica le falta todavía una comprobación suficiente, efectiva, real. «A la pedagogía científica de nuestro tiempo no le basta buscar y encontrar su fundamento psicológico en una doctrina del alma construida en su mayor parte, nacida de la fantasía y del pensamiento deductivo, como hacía la vieja pedagogía, por ejemplo, de un Rousseau o un Herbart. A la práctica pedagógica ya no le basta encontrar sus prescripciones normativas solo mediante deducciones generales. Más bien nuestro tiempo debe exigir a la pedagogía que obtenga sus fundamentos psicológicos del conocimiento, ganado con los métodos empíricos de la observación y el experimento, de la vida anímica real del escolar, distinta de la del adulto. Más bien la práctica actual exige que el valor de las reglas y directrices que la obligan se haya demostrado en el experimento práctico.» Con ello los maestros de Hamburgo llegan a la petición de *escuelas experimentales* que el sínodo escolar dirigió el año pasado a la autoridad escolar superior. Escuelas experimentales como las que abundan en América, para que hombres especialmente entusiastas pongan a prueba problemas didácticos y metodológicos en condiciones favorables, y como la que Berthold Otto fundó por propia iniciativa y con sus propios medios. La autoridad escolar superior, «consciente de la responsabilidad que con ello asume», no se decidió de momento, sino que exigió, de un modo genuinamente burocrático, la presentación de un plan de trabajo de la escuela experimental. Por favor, no se rían: lo que solo será el resultado final <!-- S. 495 -->del experimento, que se desarrollará lentamente y en formas múltiples, lo quiere la sabia autoridad ya de antemano, negro sobre blanco, como condición previa para permitir el experimento. Los maestros no se han dejado disuadir en sus empeños por semejante profunda sabiduría; han establecido directrices generales y han expuesto, a la luz de sus experimentos privados, a qué meta apunta la idea de la escuela experimental. No se sabe si han logrado convencer a la autoridad de que no se trata de deseos y aficiones, sino de una necesidad seria de nuestro tiempo que se hace valer imperiosamente, igual que tampoco está decidido aún si la idea de la escuela experimental se realizará en Hamburgo. Pero lo seguro es que, si se realiza, *la idea de la escuela del trabajo, de la enseñanza vivencial y de la creación libre experimentará un impulso y una fecundación insospechados*.

Así, entre esfuerzos y luchas, se desprende poco a poco, pero de manera imparable, de la trabazón de los hechos firmes y seguros del presente, la imagen libre y seductora de la escuela del futuro.

[^t1]: *Der Zopf hängt ihr hinten*: «lleva la coleta colgando», es decir, está anticuada (la coleta de las pelucas del siglo XVIII como símbolo de lo rancio). Más abajo, *Zopftum*, «rutina anticuada». (N. del T.)

[^t2]: En Sajonia las clases de la escuela primaria se numeraban de forma descendente: la 6.ª clase correspondía, en una escuela de ocho cursos, al tercer año escolar. El impreso dice «6. Kasse», errata por *Klasse*. (N. del T.)

[^t3]: *Schema F*: expresión alemana para el procedimiento rutinario y burocrático, «por el patrón de siempre». (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original): Otto Rühle, «Die Versuchsschule», *Unterhaltungsblatt des Vorwärts*, n.º 124, 1 de julio de 1914, págs. 494-495 (facsímil de la Friedrich-Ebert-Stiftung, Historische Presse der deutschen Sozialdemokratie).

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Las cursivas reproducen el espaciado del original. *Arbeitsschule* = «escuela del trabajo»; *Erlebungsunterricht* = «enseñanza vivencial»; *Gesamtunterricht* = «enseñanza global».
