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Title: El niño proletario. Suplemento de educación, octubre de 1912
Description: Primer número del suplemento mensual de educación que Otto Rühle editaba para varios diarios socialdemócratas: artículo programático sobre el destino del niño proletario y los fines del suplemento, un ensayo sobre la pedagogía social frente a la individualista, datos sobre la tuberculosis infantil, consejos prácticos («Trato con los niños»: practicar la distracción), cifras sobre escuela y trabajo infantil y una reseña. Piezas sin firma, atribuidas a Rühle como editor.
Author: Otto Rühle
URL: https://adler.school/archivo/ruhle/1912-10%20Das%20proletarische%20Kind.%20Erziehungs-Beilage%2C%20Oktober%201912
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<!-- Cabecera: «El niño proletario · Octubre · Suplemento de educación · 1912» (viñeta con niños tirando de un arado). El suplemento ocupa en el facsímil la parte principal de las págs. 1-4; el resto de las columnas (noticias y anuncios de la Arbeiter-Zeitung) no se reproduce. -->

<!-- S. [1] -->

> Amaréis la tierra de vuestros hijos: sea este amor vuestra nueva nobleza, ¡la tierra no descubierta, en el mar más lejano! Mando a vuestras velas que la busquen y la busquen. ¡En vuestros hijos debéis reparar el ser hijos de vuestros padres: así debéis redimir todo lo pasado!
>
> Friedrich Nietzsche, *Así habló Zaratustra*.

## El niño proletario.

> El pan dorado de los campos
> no quiso calmar tu hambre;
> la leche de las vacas que pacen
> no espumó para ti en el jarro.
>
> Gerhart Hauptmann (*Hannele*).

El desarrollo capitalista creó y organizó la *clase proletaria*, cuya existencia transcurre en condiciones y según leyes desconocidas para el hombre de épocas anteriores y que tampoco comparte con ella la clase poseedora de su tiempo. Viejas formas y valores se disolvieron y desaparecieron; nuevas relaciones se cerraron en el círculo de vida en el que ahora se cumple y se consuma el destino de millones. La segura firmeza y el grato sosiego de la vida familiar burguesa, desde hace siglos, e incluso milenios, el seno envuelto en tradiciones sagradas de toda humanidad noble y de toda cultura social, se vio pronto convertido, para la inmensa mayoría del pueblo, en una fuente que se agota, desmoronado en un torso sin atractivo, despojado de su valor cultural: *la familia proletaria*. Y la trayectoria recta y alegre del desarrollo de la descendencia burguesa fue retorcida por poderes económicos y sociales hasta hacer de ella un camino espinoso de sufrimientos que *el niño proletario* tiene que recorrer bajo el látigo del hambre y la miseria.

Hay un cuadro conmovedor de *Fidus*:[^t1] en un jardín soleado y florido, una juventud animada por un ardiente gozo de vivir grita de júbilo y salta; fuera, en cambio, ante la alta verja, se apoya una pobre criatura humana, con las manos apretadas sobre el corazón, que late con fuerza, y lanzando desde sus ojos anhelantes miradas de deseo hacia aquellos a quienes una suerte más feliz reúne para la danza y la ronda. Este expulsado, que no tiene parte en las bellezas y los bienes de la vida y del mundo, *es el niño proletario*. La canción llorosa que los angelitos cantan a la pobre niña proletaria Hannele en *La ascensión de Hannele*, de Gerhart Hauptmann, tiembla melancólica en nuestro corazón y en nuestro oído...

Sabemos que el niño proletario libra ya en el seno materno una lucha por la existencia más dura que el niño de otras clases y estamentos, que pasa hambre y está expuesto a graves peligros y que, por último, llega al mundo más pequeño y con menos fuerza vital, ¡cuántas veces como huésped no invitado! Los horrores de la mortalidad de lactantes amenazan más su existencia; precisamente a la joven prole proletaria la siega la cruel guadaña de la muerte en gavillas espesas. ¡Doble desgracia para la pobre criatura si, además de la fatalidad de su origen proletario, ensombrece su camino la tacha del nacimiento ilegítimo! En el desierto del hogar sin madre, en el remolino de la calle, en las norias de una esclavitud laboral prematura se devana la mísera bobina de su existencia ulterior; los peligros para la salud y la moral crecen sin medida. Ningún ojo que vigile sus pasos; ninguna tutela que lo acompañe protegiéndolo; ninguna mano que le ofrezca ayuda y asistencia. La legislación y las autoridades fallan o solo traen escasos cambios a mejor. La beneficencia privada añade a la pobreza la humillación, y la escuela de clase imprime también intelectualmente el sello de la desclasación al vástago proletario destinado a ser objeto de explotación. La educación forzosa, el asilo de lisiados, la escuela para débiles mentales y el presidio esperan a los heridos y vencidos tempranos de la lucha por la existencia; con bastante frecuencia un camino rápido lleva a la noche de la desesperación y a la muerte elegida por uno mismo. Y si se dobla este escollo, ¿cuál es el destino ulterior, sin consuelo? Trabajo por el salario y el pan, día tras día, sin cesar, fatiga y tormento en una servidumbre interminable, eterna, una única gran peregrinación por los valles sombríos y oscuros y las hondonadas de la preocupación y la necesidad...

Entonces se alza una estrella luminosa para el casi desesperado: *la lucha de liberación del proletariado bajo el signo del socialismo*. Las manos se le tienden. Entra en las filas. ¡Adelante, pues! Y el cielo del futuro lo orla el resplandor rojo y llameante de una gran y hermosa esperanza...

Sabemos que la vida de la descendencia proletaria transcurre en esta dirección y por estas etapas. *Pero este saber no basta.* Todavía no hemos penetrado en el tejido interior de ese complicado destino, no conocemos aún los mil finos lazos, enlaces y conexiones de ese tejido, no tenemos todavía suficiente claridad sobre la medida, el alcance y el peso de todas las influencias y tendencias que se derivan de las particularidades y peculiaridades del medio proletario para las tareas y el trabajo de la educación. Aquí se abre una tierra todavía completamente desconocida e inexplorada, que espera su exploración científica.

La clase proletaria tiene el *mayor interés en* que se realicen estos trabajos previos, *para llegar a conocer más honda y claramente la vida interior y el mundo interior de su descendencia*, pues en ella ha de ver y respetar a los futuros portadores de su obra, los herederos de sus éxitos, los futuros ejecutores de una gigantesca misión histórica.

*Este suplemento estará dedicado al niño proletario y destinado a los padres proletarios.* Quiere hacer comprensibles a la clase obrera la naturaleza, el círculo de vida y la trayectoria de desarrollo de la descendencia proletaria mediante tratados accesibles de contenido y carácter psicológico, sociológico y pedagógico, y obtener de ellos las directrices de una práctica educativa que responda tanto a las necesidades de la juventud proletaria como al <!-- S. [2] -->contenido ideal del socialismo. Tanto las tareas educativas del círculo doméstico y su cumplimiento como los problemas del fomento estatal y social de la instrucción y de la asistencia a la juventud formarán parte del complejo de intereses y del campo de trabajo del suplemento. *Su título es su programa.*

Para el proletariado con conciencia de clase, que desde la más profunda humillación ganó la fuerza para el más poderoso levantamiento, también la fuente de dolores y lágrimas del jardín devastado de su juventud se convertirá en un manantial burbujeante de *fuerza animosa y de voluntad revolucionaria*. Pues de las multitudes de niños proletarios repudiados y desheredados surgen *luchadores de clase*; de la siembra de hambre, miseria y desesperación brotan *voluntad de vivir, valor combativo, solidaridad*. Lo que parecía una tumba se convierte en hervidero de fuerzas insospechadas; los que iban como mendigos, pobres, insultados, mancillados y deshonrados, *¡sacan al mundo de sus goznes!*

## Pedagogía social.

La educación tradicional ha concebido siempre al ser humano solo como individuo, como ser aislado, y en este aislamiento lo ha tratado como objeto de la obra educativa.

Esto corresponde al principio de la propiedad privada, vigente en el mundo de la posesión material, que encuentra su manifestación social más visible en la economía individual y en la familia monógama. A ello se añade que el cristianismo, desde que superó el experimento comunista de su primera época e hizo su tarea de la justificación teológica del orden individualista de la propiedad y de la vida, ha subrayado siempre con gran energía los derechos y deberes personales del individuo; más aún, al aclimatar en el mundo afectivo de Occidente el amor al prójimo personificado, elevó directamente el individualismo sobre el pavés, en oposición deliberada a la Antigüedad, de sentimiento político y comunitario. El ascenso del protestantismo coincide con la época de las luchas de la Reforma, en las que el individualismo y el sentimiento de la personalidad volvieron a elevarse, tras siglos del peor desprecio y opresión, a una vigencia económica y de derecho público. El vasallo se separó del señor feudal, el siervo del terrateniente, el artesano del gremio, el campesino empobrecido de la gleba. Por todas partes surgieron independencias, y Lutero escribió sobre la libertad del cristiano. El individualismo celebró su resurrección y fue llevado triunfalmente adelante a lomos del desarrollo capitalista, que avanzaba a pasos rápidos. Cuanto más claramente se imprimía en la vida económica el principio individualista, tanto más pura era su cristalización en la literatura, la ciencia y la filosofía. La Ilustración del siglo XVIII le abrió camino con sus representantes más brillantes: Lessing, Winckelmann, Voltaire, Rousseau, Locke y otros. Políticamente recibió su formulación en el liberalismo manchesteriano y su expresión más aguda en el *laissez faire, laissez aller*. La convicción individualista «El género humano se encuentra ahora en un grado de cultura desde el que solo puede elevarse más alto mediante la formación de los individuos» se tradujo con la mayor exactitud a lo pedagógico con las palabras de Ziller:[^t2] «El individuo tiene que haber alcanzado valor en sí y por sí antes de que se le pueda considerar en relación con la sociedad». Así, el ideal educativo burgués se agotaba en el principio: ¡perfección del hombre en el hombre!

Pero cuanto más demostraba el proceso de desarrollo capitalista la nulidad del individuo «en sí y por sí», y al mismo tiempo su creciente importancia como miembro de la comunidad de trabajo y del municipio social; cuanto más engendraba el capitalismo, en el curso de su propio desarrollo, condiciones para la aparición de tendencias socialistas y organizaba la lucha de clases mediante las fuerzas revolucionarias de la gran industria, tanto más palidecía la copia filosófica y pedagógica del ideal de humanidad individualista y liberal, y la pedagogía social se anunció con nuevas exigencias, principios y fines.

¿Qué es el individuo?, se preguntó. Una nada, un concepto vacío, una construcción mental. Natorp,[^t3] uno de los adelantados científicos de la idea sociopedagógica, lo define como «una abstracción, igual que el átomo del físico» y rechaza con la mayor energía la robinsonada pedagógica del individuo abandonado a sí mismo. «Es un error eterno creer que uno es un individuo aislado; en cada latido de nuestra vida más individual late, espiritual y físicamente, la vida de la colectividad.» El ser humano es un ser comunitario, un hombre socializado, como diría Marx. Solo en la comunidad humana llega a la conciencia de su humanidad y solo en ella puede comprenderse como ser humano. Solo en la unión social y en el trato recíproco maduran sus fuerzas, se forma su vida interior, llega a percepciones y representaciones de lo humano.

Por eso la educación tiene que partir del presupuesto de la vida en comunidad, observar a cada paso las consecuencias de ese presupuesto y considerar siempre al ser humano como ser social, como ciudadano de la comunidad. Para ello no puede tratarse «solo de la relación del individuo con el individuo, sino también de su relación con la comunidad humana constituida en sus diversas formas, desde la familia hasta el municipio y el Estado, y finalmente con la humanidad». En lugar de educar, como hasta ahora, individuos aislados para el libre juego de las fuerzas, se trata de crear personalidades conscientes de su conexión con la colectividad. «El conocimiento del condicionamiento social del individuo será, pues», dice Kalthoff,[^t4] «el fundamento de toda formación y educación, porque solo por él encuentra el individuo su libertad interior, la comprensión de su propia vida y aspiración. Así también el organismo social solo se convierte en una comunidad verdaderamente humana por la formación que transmite intelectualmente al individuo el fundamento social natural de su vida, su condicionamiento y su dependencia sociales. El fundamento de la formación humana es el socialismo: el reconocimiento de la conexión vital entre hombre y sociedad.»

No es casualidad que la aparición de la pedagogía social como exigencia de la ciencia y de la práctica de la educación coincida con una época más llena que nunca de la pugna histórica universal entre individuo y masa, posesión de capital y trabajo asalariado, egoísmo e interés colectivo. Todos los grandes pensadores y pedagogos de siglos anteriores, Platón, Comenio, Goethe, Pestalozzi, Owen, Marx, fueron llevados a exigencias o utopías sociopedagógicas por un fuerte sentimiento social o por una comprensión honda, adelantada a su tiempo, de las condiciones y conexiones de la vida; solo que los presupuestos materiales e ideales, situados en la economía y en la estructura social, no existían todavía o no estaban suficientemente desarrollados para convertir los deseos y los sueños en realidad. Pero así como el socialismo, en la era de la gran industria, de la técnica de las máquinas, del despliegue de insospechadas fuerzas capitalistas, abandonó el ropaje tornasolado de la utopía para dirigir, en formulación científica clara, las férreas exigencias de la historia a los decenios y siglos que pasan, así también desciende ahora la pedagogía social de las regiones nebulosas de la composición utópica y poética a la realidad bien perfilada de una teoría seria, para llamar, pidiendo entrada, a las puertas de la educación.

Si la pedagogía individualista representaba el paradigma y la fórmula según los cuales la clase burguesa formaba a sus hombres, con la sustitución del individualismo económico e intelectual por el socialismo la pedagogía social asumirá el oficio de la formación humana y creará los productos educativos que necesita la era del socialismo.

## La tuberculosis en la edad infantil.

La estranguladora más cruel entre la descendencia del proletariado es la *tuberculosis*.

Aquí hace estragos con fuerza no disminuida, pues mientras los esfuerzos de la ciencia y de la higiene social han logrado hacer frente con éxito, hasta cierto punto, a sus estragos entre la población *adulta*, en las filas de la juventud sigue matando cruel e implacablemente.

<!-- S. [3] -->

La *mortalidad por tuberculosis en la edad infantil* fue, por cada 10 000 nacidos vivos, en la edad de 5 a 10 años:

| | sexo masculino | sexo femenino |
| --- | --- | --- |
| 1876 | 3,60 | 4,75 |
| 1902 | 3,62 | 5,32 |
| *en la edad de 10 a 15 años* | | |
| 1876 | 4,06 | 7,38 |
| 1902 | 4,08 | 7,61 |

En Prusia murieron de tuberculosis, de cada 10 000 niños

| | del 6.º al 10.º año de vida | del 11.º al 15.º año de vida |
| --- | --- | --- |
| 1872 | 8,35 | 11,44 |
| 1902 | 9,94 | 11,69 |

En Berlín murieron, de cada 10 000 niños

| | | |
| --- | --- | --- |
| 1872 | 10,69 | 10,47 |
| 1902 | 12,55 | 12,97 |

Según el Dr. Kirchner, la mortalidad por tuberculosis de los escolares representaba en 1905 casi el 60 % de las defunciones por enfermedades contagiosas y casi el 25 % de la mortalidad total de los escolares.

En un período de 25 años no solo no se logró *ninguna* mejora, sino que, al contrario, se produjo un *empeoramiento* de la situación. Aun dando por indudable una estadística del Dr. Kayserling, entre 1898 y 1908 la esperanza de vida solo mejoró para la juventud masculina, mientras que la femenina está amenazada por una mortalidad creciente. En efecto, en Berlín murieron, de cada 10 000 personas vivas, en el

| | 15.º-20.º año de vida, 1898 | 1908 | 20.º-25.º año de vida, 1898 | 1908 |
| --- | --- | --- | --- | --- |
| varones | 15 | 13 | 22 | 20 |
| mujeres | 11 | 16 | 18 | 23 |

En esta relación no se ha tenido en cuenta la pertenencia de clase de los fallecidos; si se clasificara atendiendo a este punto de vista, la mayor parte de los casos de tuberculosis correspondería probablemente a miembros de las clases trabajadoras y más pobres.

En una conferencia que el jefe de la sección de Medicina del Ministerio prusiano de Cultos, el Dr. Kirchner, dio en Berlín a comienzos de este año, también él, aunque con palabras muy medidas, tuvo que reconocer la penosa falta de éxito de la lucha contra la tuberculosis en la edad infantil. «De 1875 a 1902», expuso, «la mortalidad por tuberculosis en las clases de edad juveniles y en el sexo femenino no disminuyó, sino que incluso *aumentó*, tanto la absoluta como la relativa. Un nuevo cálculo en los años 1903 a 1906 *no dio mejores resultados*. Solo el cálculo de la mortalidad hasta 1910 ha permitido comprobar que se manifiesta una disminución. *Solo la mortalidad relativa sigue todavía en aumento*, prueba de que los esfuerzos para combatir la tuberculosis en la edad infantil *no han alcanzado en modo alguno su meta*.»

La parte de los niños entre las víctimas de la tuberculosis (este es el sentido de estas palabras) *sigue, pues, creciendo*, a pesar de los alabados progresos de la ciencia y de las celebradas conquistas de la política social. Apenas hace falta señalar que se trata en primer lugar de la descendencia de las capas proletarias.

Un cuadro de distintos Estados federados permite ver lo grande que es la mortalidad por tuberculosis en diferentes partes del Reich. Murieron, de cada 10 000 personas vivas, en el

| | 1.er año de vida, 1902 | 1908 | 2.º-15.º año de vida, 1902 | 1908 |
| --- | --- | --- | --- | --- |
| Prusia | 16 | 22 | 6 | 6 |
| Baviera | 39 | 43 | 13 | 10 |
| Sajonia | 17 | 18 | 7 | 6 |
| Wurtemberg | falta | | 8 | 8 |
| Baden | 15 | 24 | 6 | 8 |

Para el primer año de vida existe en todas partes no solo una mortalidad anormalmente alta, sino también, sin excepción, un aumento de la mortalidad; para los años siguientes hasta el 15.º se produce un descenso que conserva cierta regularidad; pequeñas disminuciones ocasionales se compensan con aumentos semejantes. En conjunto, ningún éxito, ninguna mejora, sino *un fiasco, un empeoramiento*.

Y la cifra de mortalidad no ofrece todavía una medida segura de la difusión de la tuberculosis en la edad infantil, ya que naturalmente no todos los casos de enfermedad llevan a la muerte.

Según una encuesta de la Central de Asistencia a la Juventud, en 1908 los médicos escolares comprobaron en 238 localidades de más de 10 000 habitantes (de 468 que habían contestado el cuestionario) *niños tuberculosos o sospechosos de tuberculosis*. Solo en Leipzig, declaró el médico municipal de distrito Dr. Poetter en una conferencia, hay 20 000 niños débiles de pulmón, en parte enfermos de pulmón. En Mannheim recibieron en 1906, además de 349 adultos, ya 196 niños menores de 14 años tratamiento médico por tuberculosis a cargo de la administración de beneficencia. En el Instituto Patológico de Múnich se comprobó una frecuencia de la tuberculosis en la edad infantil de hasta el 48,8 %; en Rathenow, por el médico escolar, de hasta el 42 %; en la localidad industrial de Kirchberg, en los Montes Metálicos, de hasta el 54 %; en Düsseldorf, mediante la prueba de Pirquet,[^t5] de hasta el 53,3 %. En el primer Congreso de la Tuberculosis de Berlín, el Dr. Ritter (Berlín) confirmó la comunicación hecha por el Dr. Petruschky (Danzig), que causó gran conmoción en la asamblea, de que *el 85 % de todos los niños debía considerarse portador de los gérmenes de una enfermedad tuberculosa*.

La tuberculosis es la enfermedad proletaria típica. Aunque en los adultos se presente a menudo como enfermedad profesional, en los niños es el desencadenamiento y la consecuencia de una constitución escrofulosa, el resultado de una desnutrición permanente, de una enfermedad de la familia o de la vivienda, en todos los casos un amargo regalo de huésped y una triste herencia de la miseria. La codicia de beneficio de los explotadores, la rapacidad de los *junkers*, la insaciabilidad de la usura del suelo abonan el campo que lleva su trigo floreciente con el sudor de padres que trabajan, las lágrimas de madres preocupadas y los cuerpos sin alma de niños pálidos y enfermizos a quienes el sistema maldito de un orden del mundo tan infame como cruel niega el derecho y la posibilidad de vivir.

¡Pero también de los huesos de estos segados en la temprana luz de la vida surgirán un día para la humanidad vengadores y libertadores!

## Trato con los niños.

**¡Practica la distracción!** Tu hijo te asalta con mil preguntas que agitan su espíritu, que busca y tantea. Tú eres su oficina de información. Papá, ¿cuánto de alto está el cielo? Mamá, ¿por qué el agua moja? No rechaces su pequeña curiosidad cuando se te acaba la paciencia o tu mente quiere ocuparse de otras cosas. No tienes derecho a negarle la pequeña ayuda intelectual a la que tiene derecho. Pero si hace falta, no le digas: ¡Cállate! o ¡Déjate de preguntas! Hay un medio más suave y más eficaz para poner fin al juego de preguntas y respuestas en cuanto se hace molesto: *¡practica la distracción!*... Tu hijo tiene también toda clase de deseos, realizables y otros cuya realización flota en las nubes. No te enfades si el pequeño pierde en sus anhelos la medida y la realidad. Destruir las ilusiones antes de tiempo significa quitar el alimento a la fantasía. Entra en apariencia en sus deseos. ¡Ayuda a la fantasía a construir sus coloridos castillos en el aire! En el momento oportuno te queda un quiebro: *¡la distracción!*... Tu hijo tiene también malas mañas. Entonces se te sube a menudo la sangre a la cara y una palabra mala a la lengua. Rediez... ¡calma, domínate! ¿Para qué la excitación y el estrépito, si con toda tranquilidad y buen humor puedes lograr el mismo fin con un pequeño y fino artificio? ¿Cómo?, preguntas: *¡practica la distracción!*

\*

**De un mazo de madera, un padre enfadado y la distracción.** El niño ha descubierto en algún lugar de la casa un mazo de madera y golpea con él el suelo con todas sus fuerzas. ¡Toc, toc!, resuena por toda la casa.

Estoy sentado ante un trabajo fatigoso que solo prospera en el silencio y el recogimiento. De pronto estallan los martillazos. Me sobresalto como si los hubiera sentido en el cráneo. El edificio <!-- S. [4] -->de pensamientos levantado con amargo sudor se derrumba, todos los hilos se rompen, todas las formas e imágenes se disuelven...

«¿Qué se te ocurre?... ¡Qué estruendo infernal!... ¡Vas a estarte quieto ahora mismo!»

Ya tengo las palabras ásperas en la lengua. Entonces, con un rápido tirón, consigo refrenar la pasión de la ira.

¿Tengo derecho a estropearle al niño su alegría? ¿O crees que no es una alegría dar golpes con el mazo hasta que tiemblan las paredes? Mira cómo le brillan los ojos al niño, cómo resplandece de gozo su cara. ¡El ruido es para él felicidad!

¿No tiene el niño tanto derecho al ruido como yo al silencio? Su ruido, me replicas con sabiduría, no debe perturbar mi silencio. Bien. Pero ¿mi necesidad de silencio sí puede perturbar la felicidad del niño? ¿Porque casualmente soy el más fuerte, el niño debe estar callado? ¿Porque puedo obligarlo, debe quedarse sin su alegría por mí?

Esa es la lógica de la violencia y la barbarie.

Si el niño fuera más razonable, apelaría a su comprensión. Comprendería que está mal disfrutar de la alegría y la felicidad a costa de otros. Pero le falta la comprensión. ¿Debo entonces recurrir a la coacción y exigir obediencia ciega?

«Oye», le digo, acercándome en voz baja y con una importancia muy marcada, sin dejar adivinar en lo más mínimo mi excitación interior, «¿has pensado también en tu muñeca? Se va a despertar si das golpes tan fuertes...»

Sorprendido, el niño me mira. Se levanta del suelo y sale con pasitos cortos, dejando allí el mazo. La preocupación por la muñeca ocupa ahora su corazón y su mente.

Ninguna palabra de reproche ha hecho daño a nuestro corazón, ninguna sombra se ha interpuesto entre nosotros.

He conseguido mi propósito y seguimos siendo buenos amigos.

<!-- Omitido: «Cómo el padre de Asmus Semper practicaba la distracción», fragmento de Otto Ernst, «Asmus Sempers Jugendland» (Leipzig, L. Staackmann), con indicación de procedencia. -->

## Hechos.

En Prusia, en 1911, la *décima parte de todos los escolares* (661 147) recibía enseñanza *en escuelas de una sola clase*, las garlopas más primitivas de la civilización. Cerca de *un millón de niños* (965 719) no pasaba mucho más allá del abecé y el catecismo en *escuelas de media jornada y de dos clases*. De 38 684 escuelas, 13 348 eran de una sola clase; apenas 500 o 600 respondían, con su división en ocho clases, a la norma de las exigencias pedagógicas actuales.

\*

Entre 1908 y 1910 *aumentó* en el Reich alemán el *número de niños con trabajo remunerado* menores de 14 años, en la medida en que están sujetos a la ley de protección de la infancia, *en un cinco por ciento entre los niños* y *en un 8,7 por ciento* entre las niñas. El trabajo remunerado aumentó para la edad de 14 a 16 años, en el mismo período, en un 7,1 % entre los muchachos y en un 11 % entre las muchachas.

\*

En Berlín, en 1910/11, de 33 671 niños de nuevo ingreso examinados por los médicos escolares, *3193* (9,48 %) tuvieron que ser *aplazados* y 7946 (23,6 %) *puestos bajo vigilancia médica*. Con un total de 226 257 alumnos de las escuelas municipales, el *número total de niños bajo vigilancia médica fue de 48 332* (21,4 % frente al 20 % del año anterior). En 7824 el diagnóstico médico fue: *estado de fuerzas insuficiente*.

## Reseña de libros.

**Der kleine Stadtbaumeister** [El pequeño arquitecto municipal]. Libro de enseñanza y de juego para la juventud, padres y maestros, de Heinrich *Pralle*. Con 15 ilustraciones y 17 láminas. Precio: 1,50 marcos. Editorial Buchhandlung Vorwärts, Berlín.

Para el niño el juego es lo que para el adulto el trabajo. Así como este forma y educa al hombre y, comparado con otros medios educativos, le proporciona la mayor cantidad posible de intuiciones y representaciones, así en la primera infancia el juego es lo que abre con más perfección a los sentidos la naturaleza de las cosas. Con la creciente madurez intelectual y corporal del niño tiene que desarrollarse también el carácter del juego, que será tanto más estimulante, adecuado y fecundo para el propósito educativo cuanto más conduzca al trabajo, cuanto más se transforme la actividad ligera y juguetona del juego en la actividad más seria, más difícil para la mano y el cerebro, de la creación planificada y consciente de sus fines. Pedagógicamente los más valiosos son, por eso, los llamados juegos de trabajo, en los que el niño fabrica él mismo su juguete con herramientas de toda clase. Una ocupación lúdica como la que se prepara en el jardín de infancia y se desarrolla luego en la enseñanza de taller. Para los niños que no pueden seguir un curso de trabajos manuales, el maestro Pralle muestra en su excelente librito cómo construyó una ciudad con cuatro muchachos de 11 a 13 años. El trabajo recuerda los apreciados recortables, pero tiene muchas ventajas sobre ellos. Los recortables solo exigen del niño un trabajo mecánico con tijeras y engrudo; lo que podría estimular y poner en actividad la fantasía, el sentido de la belleza, el sentido del color, la capacidad de configuración y de combinación del niño, ya lo ha hecho de antemano el artista. Además, los castillos y ciudades hechos con recortables, una vez pegados, quedan fijos e inamovibles: ya no hay cambio ni transformación, ni reordenación ni reconstrucción. Solo se permite una contemplación tranquila y, ¡ay!, tan aburrida. Los modelos del libro de juego, en cambio, dejan el mayor margen a la voluntad y la fantasía del niño en cuanto a tamaño, forma, color y uso, pues las láminas adjuntas solo ofrecen ejemplos, según los cuales el pequeño arquitecto puede trazar las formas unas veces grandes, otras pequeñas, y construir así con cartón, papel de cartonaje y papel de colores, mediante tijeras, cuchillo, regla, plegadera y cola, una ciudad preciosa. Todas las formas arquitectónicas básicas están preparadas geométricamente y obtenidas mediante un sencillo dibujo de proyección; lo corpóreo nace ante los ojos y bajo las manos del niño de manera orgánica, de modo que dibujar y crear plásticamente, contemplar y vivir, se funden en una hermosa armonía educativa. El librito dará gran alegría a muchos niños en los días de otoño y las tardes de invierno.

**Die Hilfsschule** [La escuela auxiliar]. Órgano de la Asociación de Escuelas Auxiliares de Alemania. Revista mensual. 5.º año. Editorial Carl Marhold, Halle del Saale.

Responsable de la redacción: *Otto Rühle*, Halle del Saale.

[^t1]: Seudónimo del pintor e ilustrador Hugo Höppener (1868-1948), muy difundido en el movimiento de reforma de la vida. (N. del T.)

[^t2]: Tuiskon Ziller (1817-1882), pedagogo herbartiano. (N. del T.)

[^t3]: Paul Natorp (1854-1924), filósofo neokantiano, autor de *Sozialpädagogik* (1899). (N. del T.)

[^t4]: Albert Kalthoff (1850-1906), pastor protestante de Bremen, teólogo liberal de tendencia socialista. (N. del T.)

[^t5]: Prueba cutánea de tuberculina introducida por Clemens von Pirquet en 1907. (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original): *Das proletarische Kind. Erziehungs-Beilage*, octubre de 1912 (primer número), suplemento mensual editado por Otto Rühle para varios diarios socialdemócratas, según el facsímil de la edición de la Arbeiter-Zeitung (Essen), ULB Bonn / zeit.punkt NRW. Piezas sin firma, atribuidas a Rühle como editor responsable (Stecklina 2002).

*Traducción:* traducción íntegra al español de las piezas sin firma, hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). *Erziehungs-Beilage* = «Suplemento de educación»; *Umgang mit Kindern* = «Trato con los niños»; *Zwangserziehung* = «educación forzosa»; *Persönlichkeitsgefühl* = «sentimiento de la personalidad». Las citas de Nietzsche, Hauptmann, Natorp, Kalthoff, Ziller y Kirchner se traducen del texto alemán del suplemento. Las cursivas reproducen el espaciado del original.
