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Title: Tardes de juego
Description: Artículo de Otto Rühle, firmado «O. R.», en el Unterhaltungsblatt del Vorwärts (diciembre de 1910), a propósito de la tercera edición del folleto de Raydt «Spielnachmittage»: repasa la campaña por una tarde de juego obligatoria en todas las escuelas, advierte que en manos de la burocracia escolar puede convertir la gimnasia en preparación para el cuartel y reclama la unión orgánica del juego y el trabajo manual con la enseñanza, y pan y vivienda para los niños proletarios.
Author: Otto Rühle
URL: https://adler.school/archivo/ruhle/1910-12-09%20Spielnachmittage
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# Tardes de juego

Desde hace unos diez años está en marcha entre los hombres de escuela y los amigos de la juventud un movimiento que aspira a la *introducción de una tarde de juego obligatoria* para los escolares de todas las edades y de ambos sexos. Al principio solo para los alumnos de los centros de enseñanza secundaria, «porque en ellos la deseada introducción parecía tropezar con menos dificultades reales». Pero muy pronto se extendió la reivindicación a todos los tipos de escuela.

Con ocasión del descubrimiento del monumento a GutsMuths en Quedlinburg, en 1904, el profesor Reydt, de Leipzig, y el profesor Kohlrausch, de Hannover, que desde hacía largos años se ocupaban ambos, en la teoría y en la práctica, de la gimnasia y los juegos, trataron en una asamblea la cuestión de una «*tarde de juego con participación de obligado cumplimiento general*». Se llegó al acuerdo de desplegar una propaganda sistemática en favor de la introducción obligatoria y general de esa tarde de juego. «Las dificultades que aún se oponen deben superarse, para formar la generación vigorosa que la patria necesita.» Así rezaba la frase final de la resolución, aprobada por unanimidad.

El «Comité Central para el Fomento de los Juegos Populares y Juveniles en Alemania», que existe desde 1891 y está dirigido por el diputado de la Dieta prusiana Von Schenckendorff, de Görlitz, activo agitador en favor de la enseñanza del trabajo manual para muchachos, transmitió a continuación la resolución de Quedlinburg a todas las autoridades docentes y a los ayuntamientos de las ciudades de más de 5000 habitantes, con el ruego de que estudiaran con benevolencia la cuestión. Y al año siguiente, 1905, Schenckendorff, en el congreso de Fráncfort del Comité Central, volvió a subrayar con insistencia en las tesis de su ponencia «que *en el futuro, en Alemania, para cada escolar* —sea muchacho o muchacha, tenga seis o veinte años, pertenezca a la escuela secundaria, media o popular—, *cada semana*, durante todo el año, la escuela *deje libre una tarde* (sin deberes para casa) dedicada a la práctica de ejercicios físicos adecuados, ajustados a la estación, al aire libre, cuya organización ha de asumir la escuela».

En sus primeros comienzos, el movimiento en favor de los juegos juveniles se remonta a la *Conferencia Escolar* convocada por Guillermo II en 1890, en la que, a raíz del folleto del consejero del tribunal de distrito de Düsseldorf Hartwich, se discutió la cuestión: ¿qué debe hacerse para seguir elevando la enseñanza de la gimnasia y qué otras instituciones han de cultivarse para la formación física de la juventud? Entre los acuerdos que se adoptaron figura la frase: los *juegos juveniles* deben introducirse como complemento indispensable de la enseñanza de la gimnasia, con carácter *obligatorio*. Y además: no debe pasar *ningún* día sin que se dedique al menos *una* hora a los ejercicios personales.

Las grandes esperanzas que en diversos círculos se habían puesto en los resultados de la Conferencia Escolar se vieron cruelmente defraudadas. La burocracia escolar se mostró más fuerte que la voluntad de un individuo, aunque ese individuo fuera un instrumento del cielo;[^t1] más fuerte también que el deseo de un grupo de hombres de buen corazón y bienintencionados. Logró que de las reivindicaciones de la conferencia solo unas pocas se realizaran; apenas se consiguió imponer en las escuelas secundarias una tercera hora de gimnasia. Por no hablar del desamparo[^t2] de la educación física en las

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escuelas inferiores, sobre todo en la escuela popular. «No necesito», declaró el ponente en el congreso de Fráncfort, «exponer en detalle a los hombres de escuela aquí reunidos en gran número lo lejos que todavía hoy estamos de las reivindicaciones de la Conferencia Escolar, que se acordaron con la conformidad de la administración prusiana de enseñanza.»

Así pues, el Comité Central para los Juegos Populares y Juveniles emprendió en serio la agitación por la introducción de la tarde de juego obligatoria y se ocupó, en la medida de sus fuerzas, de los trabajos preparatorios necesarios. Sobre los resultados informa el profesor *Raydt* en su folleto *Spielnachmittage* [Tardes de juego], que acaba de aparecer en tercera edición (B. G. Teubner, Leipzig; 2,40 marcos).

En la mayoría de los casos, las altas y altísimas autoridades escolares se han conformado con rendir a estos esfuerzos un reconocimiento de palabra, sin que lo siguieran los hechos. En varias ocasiones se ha adoptado una actitud abiertamente negativa, así en Leipzig, con la motivación, por cierto contundente, de que las sumas que harían falta para ello estarían mejor empleadas en dar de comer a los escolares necesitados. Las autoridades escolares de los Estados de Brunswick, Sajonia, Baden y Wurtemberg han reconocido en principio la obligación del juego, y en cierto número de ciudades se ha llevado también a la práctica en las escuelas secundarias. Sobre la organización del juego en las escuelas populares se informa: en Augsburgo juegan 1400 muchachos y muchachas los miércoles y los sábados de 4 a 6 en cinco campos de juego bajo la vigilancia de diez maestros; en *Berlín* se juega en todas las escuelas municipales de muchachos y en la mayoría de las de muchachas; en Bielefeld todas las escuelas del centro de la ciudad tienen sus tardes de juego; en Hamburgo hay tardes de juego regulares para 68 escuelas populares de muchachos y 45 de muchachas; lo mismo en Karlsruhe para 12 escuelas de muchachos y 5 de muchachas. En Mannheim participaban cada año alrededor del 79-80 por ciento de los niños. Además se jugaba en tardes de juego en 37 localidades. En Heidelberg, Mannheim y Pforzheim se ha introducido la tarde de juego obligatoria para todas las clases de la escuela popular, muchachos y muchachas. En la Alta Silesia, en casi todas las escuelas populares se ocupa a los niños en juegos juveniles las tardes libres.

En sí mismo, el fomento de los juegos juveniles es una *cosa hermosa y digna de agradecimiento*. No solo porque con ello se satisface de forma feliz un impulso infantil elemental, sino porque de ello resulta también un vigoroso contrapeso a la cruel antinaturalidad de nuestro sistema actual de educación escolar. La obligación de estar sentado desde los seis años; el hacinamiento de grandes masas en locales estrechos, a menudo mal ventilados; la solicitación completamente unilateral de la cabeza, mientras todos los demás órganos están condenados a la inactividad; la prolongada actividad receptiva del espíritu sin intuición suficiente; la intensidad del trabajo intelectual diario durante una década o más en los años del mayor desarrollo: todo eso son intromisiones en la naturaleza infantil, que con tanta fuerza tiende al movimiento fresco y libre, de tal calibre que perjudican considerablemente el desarrollo corporal o incluso lo frenan. Contra este pernicioso contrasentido de la pedagogía escolar, la tarde de juego ha de significar un alivio y una defensa.

Ahora bien, ¿cumplirá el remedio su fin en manos de la burocracia escolar? Y, si de hecho así fuera, ¿mejoraría con ello en algo la situación en general? Quien conozca nuestra escuela popular puede dudarlo con razón. Más aún, quizá pueda —sin pesimismo— ver incluso en la tarde de juego un gran peligro para la escuela.

La enseñanza de la gimnasia, que hoy, en las pocas horas que abarca, cultiva también el juego y, concediendo de vez en cuando libertad de movimiento corporal, contrarresta las trabas de la escuela libresca,[^t3] cuando la tarde de juego obligatoria esté introducida en todas partes, descargará entonces el juego por completo en la tarde de juego, *pero ella misma se irá convirtiendo cada vez más en la preparación para el patio del cuartel*, cuyo ideal es el paso de la oca del desfile y el amaestramiento de autómatas humanos. Y en ello hay un gran peligro para la juventud. Ya en la Jornada de Educación Artística de Hamburgo[^t4] se señalaron seriamente las deficiencias y los contrasentidos de nuestra enseñanza de la gimnasia, para reclamar a continuación que se abandonara el adiestramiento y se la reformara en el sentido de una actividad más libre de los órganos. Las razones determinantes eran estéticas. Pero también intervienen otras consideraciones. La penetración de la escuela por el *espíritu del militarismo*, que trae consigo la uniformización de la personalidad y la aniquilación de la independencia individual, en ningún lugar de la escuela se hace notar de forma más cruda que en la enseñanza de la gimnasia. En la misma medida en que el juego obtenga una existencia propia en el horario, la enseñanza de la gimnasia *se despojará todavía más de su carácter educativo* y verá su tarea en el *amaestramiento del ser humano para convertirlo en máquina militar*, que nada tiene en común con la educación para la capacidad de defensa[^t5] a la que nosotros aspiramos. Con esta tendencia, por enemiga de la cultura que sea, parece *estar de acuerdo* el Comité Central para los Juegos Populares y Juveniles, a juzgar por la posición política de sus portavoces. El enanito Cultura Física se aparea con el gigante Incultura Social.

Si se quiere dar al factor de la educación física más peso en el plan de estudios y en el horario de nuestras escuelas, eso solo puede hacerse de manera adecuada mediante la *unión orgánica del juego, la gimnasia, el trabajo manual, etc., con la enseñanza de los conocimientos*, más o menos a la manera de la educación en los llamados hogares de educación en el campo (*Landerziehungsheime*). Ese es, como dice Marx, *el único método para producir seres humanos plenamente desarrollados*.[^t6]

Una cosa más: cuando hace años, en una asociación de maestros de Hamburgo, se estuvo dando vueltas durante horas a necedades para averiguar cuál era la mejor manera de dotar a una escuela de decoración mural artística, un maestro a quien la palabrería estética acabó por colmar la paciencia declaró con franqueza ruda pero saludable: «¡Colgad *tocinos en la pared* para esos pobres chiquillos, que es más sensato!».

Si los dirigentes del movimiento de los juegos juveniles, nacionalmente entusiastas y conservadores a ultranza sin excepción, quisieran contribuir a que los *hijos del proletariado crecieran en mejores condiciones de alimentación y de vivienda* de lo que ocurre en la época de los *aranceles usurarios*, de la *carestía de la carne*, de la *presión fiscal* y de la *privación de derechos políticos*, su labor sería más meritoria y más fructífera que si consiguen que las pobres criaturas corran carreras o jueguen a la pelota con el estómago vacío.

O. R.

[^t1]: Alusión irónica a Guillermo II, que había convocado la conferencia y la abrió con un discurso contra la escuela humanista, y a su idea de la realeza por la gracia de Dios. (N. del T.)

[^t2]: *Verwahrlosung*: en el archivo, «descarrío»; cuando, como aquí, designa el abandono material en que se tiene a una institución, «desamparo». (N. del T.)

[^t3]: *Lernschule* («escuela libresca»): la escuela tradicional, centrada en aprender de memoria, frente a la escuela del trabajo (*Arbeitsschule*) que defendían los reformadores. (N. del T.)

[^t4]: El tercer *Kunsterziehungstag* (Hamburgo, 1905), dedicado a la música, la gimnasia y la danza. (N. del T.)

[^t5]: *Wehrhaftigkeit*: la socialdemocracia de la época oponía al ejército permanente la milicia popular y la educación de la juventud para la defensa. (N. del T.)

[^t6]: Cita de *El capital*, libro I, cap. 13, sobre la combinación del trabajo productivo con la enseñanza y la gimnasia como «único método para producir seres humanos plenamente desarrollados». (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), cotejada con el facsímil: *Vorwärts*, *Unterhaltungsblatt*, n.º 240, 9 de diciembre de 1910, pp. 959-960. Firmado «O. R.». El apellido del autor del folleto se imprime «Reydt» la primera vez y «Raydt» (forma correcta, Hermann Raydt) la segunda; se respetan ambas. Los comentarios `S. n` del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Las cursivas reproducen el espaciado del original; las adiciones entre corchetes son del traductor. *Turnen*, *Turnunterricht* = «gimnasia», «enseñanza de la gimnasia»; *Jugendspiele* = «juegos juveniles»; *Abrichtung* = «amaestramiento»; *Drill* = «adiestramiento»; *Lernschule* = «escuela libresca».
