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Title: El huerto escolar
Description: Artículo sin firma, atribuido a Otto Rühle, en el Unterhaltungsblatt del Vorwärts (julio de 1909): repasa la historia de los huertos escolares, que se han quedado en depósitos de plantas para la clase de botánica, describe el huerto modelo de Dresde y defiende el huerto como lugar de trabajo y de enseñanza de la futura escuela del trabajo, que solo llegará con la escuela socialista.
Author: Otto Rühle
URL: https://adler.school/archivo/ruhle/1909-07-30%20Der%20Schulgarten
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# El huerto escolar

La escuela del futuro, al aire libre y a la luz, basada en el principio del trabajo, no podrá prescindir de *huertos escolares* amplios, dispuestos con acierto y abiertos a la libre actividad de los niños. Un huerto escolar es igualmente importante como medio de enseñanza y como ocasión educativa y encierra valores formativos completamente extraordinarios. Es también lo que, junto al taller y al paseo escolar, da principalmente a la nueva escuela su peculiaridad y le confiere su carácter.

Los huertos escolares de hoy no pueden compararse con los futuros. Su disposición y su tarea se agotan en ser arsenales de medios de intuición naturales para la clase de botánica. En su origen también se concebían de otro modo. Ya el hecho de que los filantropistas[^t1] fueran los padres de la idea del huerto escolar lo deja ver. Sobre todo Campe, el autor del *Robinson*, se preocupó por fomentar en la práctica la educación mediante el trabajo en el huerto. Luego vino Fröbel con la idea del jardín de infancia. Se empezaron a crear huertos escolares: en 1848 en la escuela secundaria de niñas de Worms, en 1855 en el instituto de Stoy en Jena. Pero el celo se enfrió pronto; el desarrollo de la escuela primaria hacia un establecimiento de aprendizaje y adiestramiento no favorecía el movimiento. Lüben se contentaba —como uno de los más fervientes defensores del huerto escolar— con exigir «una pequeña instalación para cultivar las plantas autóctonas más destacadas y que mejor ilustran las divisiones del reino vegetal». Lo mismo Roßmäßler. En este sentido se ha desarrollado luego la cuestión de los huertos escolares en Alemania. En 1875 se creó en el Humboldthain de Berlín un huerto escolar de 4 hectáreas. Magdeburgo recibió en el parque de Herrenkrug su huerto escolar central, que consta de 25 hectáreas de jardines, 7 hectáreas de viveros y 20 hectáreas de plantaciones botánicas; además se crearon huertos escolares en Leipzig en 1888 (130 áreas), Breslau en 1889 (208 áreas), Mannheim en 1888 (20 áreas), Dortmund en 1890 (2 hectáreas), Colonia en 1891 (2 hectáreas), Altona en 1891 (14 áreas), Karlsruhe en 1894 (70 áreas), Stolberg, Stettin y otras. En Austria la cuestión de los huertos escolares está regulada por ley desde 1869; existen allí unos 18 000 huertos escolares, los mejor instalados de los cuales se encuentran en Estiria. Suecia contaba en 1894 con unos 4670 huertos escolares, aunque su cultivo ha decaído últimamente. En Bélgica, Francia, Suiza y sobre todo en América, los círculos pedagógicos y las autoridades estatales y municipales prestan desde hace años mayor atención a la causa de los huertos escolares.

Con todo, los huertos escolares se quedan en todas partes, en lo que rinden, muy por detrás de lo que la escuela les exige. Por no hablar de las tareas que les impondrá la escuela del trabajo del futuro. Pues en su organismo los huertos escolares no serán meros almacenes de plantas y depósitos botánicos, no serán instalaciones para la vista y objetos de contemplación; no: serán lugares de trabajo y campos de experimentación, terrenos de actividad para la mano y para el sentido infantil de la realidad, y entrarán en viva relación recíproca con todas las formas de la enseñanza por la vivencia. No solo la botánica sacará provecho de ellos: también la zoología, la geografía, la geología, la enseñanza intuitiva, la de las formas, el dibujo y la enseñanza plástica encontrarán en ellos su cuenta. Cuanto mayor y más variado sea un huerto así, tanto más versátil será su uso. Como fuente viva de observación y experiencia, sustituye, junto con el taller y la naturaleza libre, todos nuestros medios didácticos artificiales. Encierra un pequeño mundo que se revela al conocimiento y al ánimo del niño en mil formas y colores.

Sobre cómo se instala del modo más adecuado un gran huerto escolar que responda a las exigencias modernas, el director del huerto escolar de Dresde, el maestro *Herrmann*, ha dado, a partir de su práctica de varios años, consejos notables. Como el huerto escolar cumple mejor su fin cuando es una imagen de la naturaleza y de los campos de trabajo del hombre, las plantas que se acojan han de ordenarse según su afinidad natural, por comunidades de vida. Así: un campo con cereales, hortalizas y plantas forrajeras, plantas textiles, oleaginosas y tintóreas y malas hierbas de los campos; un prado con una mezcla de diversas semillas de gramíneas, entre las que no deben faltar como plantas características el ranúnculo acre, la margarita mayor, la margarita, la cardamina de los prados, el diente de león, la prímula y la campanilla; luego un trozo de bosque, separado en bosque de frondosas y de coníferas, con monte bajo, arbustos, frutos del bosque y flores; en los árboles del bosque ha de representarse la relación entre roca y planta poniendo junto a los árboles una muestra de la roca de sus lugares de origen. Siguen un huerto de frutales y uno de hortalizas, luego un bancal de plantas medicinales y por último un jardín de flores. Al disponer una montaña hay que tener en cuenta puntos de vista geográficos, geológicos y botánicos. Lo más agradecido es reproducir una forma de montaña de la región. Según el paisaje se levantará una montaña de arenisca en forma de mesa, una montaña basáltica abombada, el lomo suavemente curvado de una montaña de granito o de gneis o la cumbre escarpada de una montaña de fonolita. La plantación atenderá en primer lugar a la flora de montaña de la región; solo más tarde se añadirá también la flora de montaña lejana. El punto de vista geográfico encuentra expresión especial en representaciones en relieve a gran escala, de barro, arcilla, hormigón o materiales semejantes. Así, la región montañosa sajona con el valle del Eger, el Harz con el Brocken, los Montes de los Gigantes en toda su extensión, el Oberland bernés, etc., son representaciones apreciadas. También se pueden hacer fácilmente estratos de *Pläner*[^t2], una turbera alta, un corte geológico, etc. Si la montaña es lo bastante grande, un sendero sube serpenteando hacia el centro. Tampoco debe faltar una cascada. Si hay sitio suficiente se dispone un jardín alpino aparte, en cuya construcción se reproduce un motivo alpino determinado. Al pie de la montaña tiene su lugar el estanque. También él recibe forma, contornos y plantación, mejor según un modelo natural. Se le añade un pantano y un prado pantanoso. En instalaciones separadas se acomodan por último <!-- S. 584 -->plantas calcícolas, de arena y halófilas, y criptógamas.

Pero la sistemática, la descripción de las plantas y su aplicación útil no pueden agotar el campo de la enseñanza de la botánica. Tiene que añadirse el conocimiento de los procesos vitales más importantes. Por eso es necesario que se reconozca la dependencia mutua de estructura y actividad vital y que se familiarice al alumno con la finalidad en la vida de las plantas. El alumno ha de reconocer en cada flor un ser vivo, emparentado con él, que actúa según las mismas leyes y condiciones de vida. A este fin sirven en el huerto escolar las secciones biológicas. En ellas se representan los fenómenos de la nutrición, las plantas carnívoras, los parásitos, la absorción del agua, las plantas de sombra, los dispositivos de protección, los fenómenos del crecimiento, la dispersión, la reproducción, los movimientos de estímulo y un reloj floral.

Lo que el huerto escolar ha de ser para el alumno ya lo expresó Campe en pocas palabras: «El huerto del alumno no se ha dispuesto para atraer las miradas de los que pasan ni para sacar de él grandes rentas, sino para aprender al cultivarlo». Los alumnos han de cultivar ellos mismos los bancales y el maestro ha de trabajar con ellos en la práctica. Al cavar y escardar, plantar y podar, abonar e injertar tendría mil ocasiones de introducir a los niños en la vida de la naturaleza, en los secretos del nacer y el perecer, de modo que llegaran a intuiciones e impresiones llenas de vida e imperdibles. Mientras hacía de jardinero, plantaba, sembraba y podaba, trazaba surcos y recogía frutos, podría al mismo tiempo hablar con los niños y medir, dibujar y calcular, observar y construir, hacer geometría y física, botánica, zoología y química, fisiología y geografía. Con ello se formarían el ojo y el oído, la mano y el pie, se movería el cuerpo, se educarían el ánimo y la voluntad, se despertaría y alimentaría la alegría por lo bello y por la naturaleza; se fomentarían la aplicación, el amor al orden, la limpieza, la constancia y la paciencia, se avivarían los sentimientos sociales y se desarrollaría con energía el sentido de comunidad (*Gemeinsinn*). Así, el huerto escolar sería un punto de reunión del trabajo educativo y del esfuerzo de enseñanza más alegres y fecundos. Pero la juventud tendrá que esperar hasta la escuela socialista del futuro para gozar de esta ocasión formativa ideal. Hasta entonces seguirá gimiendo y suspirando bajo el duro yugo de la escuela de adiestramiento.

[^t1]: Los filantropistas: corriente pedagógica alemana de la Ilustración (Basedow, Campe, Salzmann). (N. del T.)

[^t2]: *Pläner*: margas calizas del Cretácico, típicas de la región de Dresde. (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre el OCR de la FES cotejado con el facsímil: *Vorwärts*, *Unterhaltungsblatt*, n.º 146, 30 de julio de 1909, pp. 583-584. Artículo sin firma, atribuido a Rühle por Stecklina 2002. Los comentarios `S. n` del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Las cursivas reproducen el espaciado del original; las palabras alemanas en cursiva y las adiciones entre corchetes son del traductor. *Gemeinsinn* = «sentido de comunidad», según el glosario.
