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Title: La enfermedad del temblor de Meissen
Description: Artículo de Otto Rühle en el Hamburger Echo (marzo de 1908) sobre la epidemia histérica de temblores que afectó a cientos de escolares de Meissen en 1905-1907: repasa la historia de las epidemias psíquicas escolares, explica la enfermedad por la sugestión sobre niños proletarios mal alimentados y la achaca a la escuela del miedo, del castigo y del aprendizaje memorístico, frente a una verdadera escuela educadora con juego, gimnasia y trabajo.
Author: Otto Rühle
URL: https://adler.school/archivo/ruhle/1908-03-08%20Die%20Mei%C3%9Fener%20Zitterkrankheit
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# La enfermedad del temblor de Meissen

Por Otto Rühle.

En octubre de 1905 enfermó en una escuela primaria de Meissen una niña de 13 años en circunstancias singulares: temblaba de todo el cuerpo y se quejaba de dolores tirantes y desgarradores. El médico al que se llamó declaró que la cosa no era grave, de modo que la niña siguió yendo a la escuela. Pronto varios niños cayeron presa del temblor y en enero de 1906 hubo que excluir de la escuela a 66 enfermos. En las clases de niñas, especialmente diezmadas, se suspendió del todo la enseñanza. El médico, que había considerado inofensivo el caso aislado, se había equivocado; si hubiera tenido presente la historia de las epidemias escolares histéricas, sin duda habría adoptado otra actitud. Ya no había nada que cambiar ni que salvar: Meissen tenía su epidemia *histérica*. Hasta fines de febrero de 1906 se habían declarado enfermos 134 niños, de modo que hubo que cerrar 24 clases durante tres semanas. Luego remitió algo la propagación de la enfermedad, para volver a extenderse en cuanto se reanudó la enseñanza. Hubo 78 recaídas, de modo que varias clases tuvieron que mandarse otra vez a casa durante 8 días. Pero esta medida no bastó; en marzo el número de enfermos había llegado a 237. Solo entonces empezó un descenso constante, hasta 5 casos el 17 de mayo. Después la epidemia descansó más de medio año; en enero de 1907 hubo 35 casos, que sin embargo fueron desapareciendo poco a poco. Desde entonces la enfermedad del temblor se ha extinguido en Meissen.

El *cuadro clínico* que presentó esta extraña epidemia era, si no nuevo, sí singular. Según las comunicaciones del maestro de Meissen Dix (*Ueber die hyst. Epidemien an deutschen Schulen* [Sobre las epidemias histéricas en las escuelas alemanas], Beyer u. Sohn, Langensalza), en todos los niños se observó un temblor de sacudidas cortas, que en algunos casos afectaba a todo el cuerpo —también a la musculatura del tronco—, en otros muchos a brazos y piernas y en gran número solo al brazo derecho. En un caso el temblor fue tan violento que la niña, de catorce años, lloraba de dolor. Muy a menudo el temblor llegaba sin dolores; en otros casos los niños se quejaban de dolores previos, sobre todo en las piernas y, en bastantes casos, también en los ojos. En parte se observaron contracciones de la musculatura facial parecidas al baile de San Vito. La duración de los ataques variaba. Algunos duraban minutos; otros, varias horas. En algunos niños se producían varios al día; en otros, uno o dos por semana. Merece especial atención que los ataques se presentaban regularmente en la escuela. Niños que en casa ya no temblaban empezaban de nuevo en cuanto llegaban a la escuela. La epidemia fue, pues, sin duda una epidemia escolar, también por sus causas, de las que aún se hablará. El temblor afectó a niños de todos los medios, fuertes y débiles, de los 7 a los 14 años, sobre todo niñas.

El *desencadenamiento de los ataques* lo provocaban diversos factores; los principales eran: la vista de una compañera temblando, el miedo, el susto, el esfuerzo en la gimnasia, en la escritura, en el dibujo y en las labores. Que la vista de un niño que temblaba provocaba un contagio inmediato lo demostró un caso en Fischergasse, cerca de Meissen, donde un muchacho que en un recado había visto a una niña temblando empezó también a temblar nada más volver a casa. Se le aisló enseguida y así se evitó el estallido de la epidemia en la escuela de Fischergasse.

Por desgracia, en Meissen no se reconoció a tiempo la conveniencia del aislamiento como medida curativa y preventiva, aunque la experiencia psiquiátrica ofrece a este respecto materiales valiosísimos. Ya la *historia de las epidemias escolares histéricas* es bastante instructiva, pues con datos particulares fiables sobre el gran número de casos se remonta al siglo XIII. Según informa Weygand (*Beitrag zur Lehre von den psychischen Epidemien* [Contribución a la doctrina de las epidemias psíquicas], Marhold, Halle a. S.), ya en 1237 enfermaron psíquicamente en Erfurt 100 niños, en 1278 en Utrecht unos 200; en 1374 hubo en Aquisgrán y en 1518 en Estrasburgo una epidemia de manía danzante; a los enfermos se los enviaba a Zabern, a una capilla consagrada a San Vito, de donde procede el nombre de baile de San Vito. Del año 1670 se informa de una epidemia psíquica en el orfanato de Horn. Los *Annalen* de Hölscher de 1839 registran enfermedades semejantes en los orfanatos de Emden, Eisenach, Neuhütten cerca de Weinsberg, en una escuela del distrito de Minden, etc., con entre 3 y 14 casos. En el asilo de pobres de Haarlem, en el orfanato de Milán y en un establecimiento educativo de Escocia se observaron casos parecidos. Siempre fueron niñas las víctimas de las epidemias. En 1870 Magnau[^t1] comprobó una epidemia en la escuela de niñas de Gentilly, y en 1887 se produjo otra en Schwanheim, cerca de Höchst del Meno. De época más reciente hay datos aún más precisos. En 1891 enfermaron de corea histérica (baile de San Vito) 62 niñas de la pequeña escuela secundaria femenina de Basilea; la epidemia no se extinguió hasta 1894, para volver diez años después; esta vez el temblor afectó a 27 alumnas, pero se curaron en cuatro semanas con un tratamiento puramente pedagógico. En 1892 se observó en la Römerschule de Stuttgart una enfermedad parecida de 25 niñas, que también sanaron en poco tiempo por influencia psíquica. También en la escuela primaria de Biberach enfermaron en 1891, una tras otra, 13 niñas; en Groß-Tinz, cerca de Liegnitz, apareció en 1892 en la escuela primaria la enfermedad del temblor, que afectó a 20 niñas; en el pueblo de Wildbad el baile de San Vito se transmitió en poco tiempo a 26 niñas; en parte, el temblor y las contracciones musculares iban unidos a convulsiones y estados de sueño, y en algún caso también a pérdida de memoria. Además se han observado epidemias psíquicas en escuelas de Neuwied, Zúrich, Viena, Brunswick —donde enfermaron 42 niñas—, etc. Las innumerables epidemias de danza, de convento, de predicadores, de flagelantes y de posesión, que afectaron no solo a círculos amplios de personas, sino incluso a pueblos y comarcas enteros, no se mencionarán aquí, pues saldrían del marco del tema, aunque por su naturaleza pertenecen a este contexto. Después de la enfermedad del temblor de Meissen se ha comprobado aún una epidemia histérica de forma leve en una escuela primaria de Leipzig, pero fue sofocada en germen con una intervención rápida y certera.

El hecho de que la enfermedad del temblor y las epidemias afines se curen por vía de la *influencia sugestiva* tiene una importancia decisiva para descubrir y establecer las causas de la enfermedad. Con palabras serias y firmes, como demuestran algunos ejemplos, puede fortalecerse la voluntad del niño hasta el punto de que desaparezca el temblor. También el método de la sorpresa y el método del abandono intencionado conducen a menudo rápidamente al fin. La orden severa de dejar inmediatamente la tontería tuvo en un muchacho como consecuencia el fin instantáneo del ataque de temblor. Otro dejó de temblar al ver que con ello no despertaba la atención ni de los maestros ni de los compañeros. En todos los casos en que se actuó de manera adecuada sobre los niños enfermos mediante sugestión ajena o autosugestión reforzada se obtuvieron curaciones rápidas y seguras. Esta sugestibilidad es un rasgo principal de la histeria; la enfermedad se caracteriza, pues, como temblor histérico, corea histérica. El Dr. Ammer[^t2], de Basilea, le dio el nombre científico de *tremor hystericus*.

En el origen de la enfermedad intervienen evidentemente dos clases de *causas*: fundamentales y desencadenantes. Las primeras hay que buscarlas en la tara neuropática hereditaria, pero sobre todo en las *malas condiciones de alimentación*, en las *condiciones sociales de vida desfavorables de los niños* y en la *anemia* que resulta de ellas, en la *constitución física débil* y en la *tuberculosis*. Los hijos de padres proletarios, «que han conocido pronto las necesidades de la vida humana y en parte la miseria», estarán por tanto especialmente predispuestos a las epidemias psíquicas, y en mayor medida aún los niños engendrados en la embriaguez, dotados de una fantasía exaltada de modo morboso y excitados sexualmente a edad temprana, y siempre más las niñas que los niños.

Las causas desencadenantes están en la vida afectiva de los niños y resultan sobre todo de las múltiples influencias, fuertes y duraderas, que la vida escolar ejerce sobre la psique del niño. Las epidemias psíquicas infantiles son por eso casi exclusivamente epidemias escolares, y la enfermedad del temblor es una *enfermedad escolar*, exactamente igual que la desviación de la columna y la miopía, el tartamudeo nervioso y el baile de San Vito. La enseñanza, con su *sobrecarga* del cerebro infantil en una época en que aún no ha madurado en absoluto; el *aprendizaje de memoria* que mata el espíritu y el árido *adiestramiento* de la escuela libresca (*Lernschule*), la exigencia unilateral del intelecto y el abandono total de las necesidades motrices del niño; el *absurdo machaqueo de la religión* y la inculcación de representaciones y conceptos incomprensibles e indigeribles; el *tono de suboficial* de numerosos déspotas escolares en su trato con los niños; el *tormento de los deberes para casa*; la *rígida disciplina escolar*, que ve en horas de inmovilidad y pasividad corporal la primera condición de una educación provechosa: todo ello *crea las causas ocasionales de las epidemias escolares psíquicas*. «Maestros o maestras demasiado celosos», dice el profesor Binswanger, «tienen no pocas veces la ambición de estimular a niños de menor talento, a veces torpes de espíritu, a veces llamativamente distraídos, mediante una mayor tensión de sus fuerzas (clases de refuerzo, deberes acumulados), para conseguir a toda costa mejores resultados. Aparte del efecto contrario, a saber, el de la fatiga permanente y la caída de la capacidad intelectual que de ella se sigue, con demasiada frecuencia se despiertan y refuerzan procesos morbosos latentes o poco desarrollados en el terreno afectivo».

Quien recuerde todavía bien su propia época escolar u observe con cuidado la vida escolar de sus hijos sabrá el gran papel que el *susto, el miedo, el temor al maestro, la confusión, la irritabilidad nerviosa*, etc., desempeñan en la vida del niño. «Cuando pienso en la vida escolar de los niños», dice el maestro de Meissen Dix, «tengo que advertir contra cualquier forma de asustarlos. *Golpear violentamente el pupitre con la vara o la regla* para que los niños se callen o atiendan es peligrosísimo. Tampoco debería intentarse "despertar" a los niños soñadores *llamándolos de pronto con voz cortante*. El despertar es, por razones fisiológicas, mucho más fuerte de lo que se supone». Otros aspectos de la vida emocional y afectiva del niño los toca Oppenheim cuando escribe: «¡Cuántos estados de confusión, de miedo y de temor al maestro atraviesa el niño durante la época escolar! La convivencia de los niños conduce a menudo a casos muy marcados de envidia hacia los compañeros, que puede crecer hasta la ira y el odio más violentos. Los niños nerviosos muestran sobre todo anomalías del humor y reacciones emocionales anormales, que se reconocen por la intensidad exaltada de modo morboso y la fuerte labilidad del estado de ánimo». No menos digno de atención es el efecto que la *ambición herida* o el sentimiento del honor mal encauzado puede desencadenar en la psique del niño, *por no hablar de la brutalidad, a menudo francamente vergonzosa, de los palos en la escuela*, que en la «educación» de los hijos de los proletarios —una vergüenza para la pedagogía de nuestro tiempo— sigue ocupando un lugar *dominante*. Todas las autoridades coinciden en que el *trato rudo y sin tacto*, la *severidad irracional*, el *castigo corporal* y prácticas educativas perniciosas semejantes deben considerarse causas desencadenantes de la enfermedad del temblor y de las epidemias escolares histéricas en general, con la mayor seguridad allí donde niños proletarios mal alimentados no podían oponer al contagio histérico ninguna resistencia o solo una muy pequeña.

De este conocimiento se desprende la receta para el tratamiento de los niños enfermos: aislamiento, dispensa de la asistencia a la escuela, reposo y cuidados, *alimentación fortificante* (en Meissen se consiguió una curación rápida en los niños internados en el hospital gracias a un tratamiento experto y a una *alimentación sustanciosa*), pero sobre todo *formas de trato suaves*, creación de un ánimo alegre («producción del tono afectivo positivo»), protección frente a los afectos, ocupación corporal estimulante y no fatigosa y —en lo que el Dr. Schütte insiste con energía en su estudio de la enfermedad del temblor de Meissen— *movimiento animado al aire libre, así como ejercicios gimnásticos ordenados*. En una verdadera escuela educadora, que uniera la enseñanza científica con el juego, la gimnasia y el trabajo corporal y viera en la *experiencia propia* y la *creación propia* del niño el eje de toda acción educativa, una epidemia escolar histérica del carácter de la enfermedad del temblor de Meissen habría sido de antemano un *fenómeno imposible*.

[^t1]: Así en el impreso; se trata sin duda del psiquiatra francés Valentin Magnan. (N. del T.)

[^t2]: Así en el impreso («Dr. Ammer-Basel»); se trata de Eugen Aemmer, que describió la epidemia de temblor de Basilea como *tremor hystericus*. (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre el OCR del Deutsches Zeitungsportal cotejado íntegro con el facsímil de la pág. 9 del *Hamburger Echo*, n.º 58, 8 de marzo de 1908, Zweite Beilage (Staats- und Universitätsbibliothek Hamburg).

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Las cursivas reproducen el espaciado del original; las adiciones entre corchetes son del traductor. Las citas de Dix, Binswanger y Oppenheim se traducen del texto de Rühle.
