---
Title: El médico y la vida escolar
Description: Artículo del suplemento literario del Vorwärts en el que Rühle, a propósito de la encuesta del Elternbund für Schulreform de Bremen entre médicos sobre la sobrecarga escolar, reclama un papel mucho mayor para el médico en la escuela, comenta las respuestas sobre edad de ingreso, horario, sueño, pausas, deberes y vacaciones, y sostiene que el cansancio escolar es cuestión de método y no de horario.
Author: Otto Rühle
URL: https://adler.school/archivo/ruhle/1907-10-19%20Arzt%20und%20Schulbetrieb
---


<!-- S. 814 -->

# El médico y la vida escolar

Por Otto Rühle.

El desarrollo de la educación muestra la tendencia inconfundible a convertirse cada vez más en asunto de la sociedad entera. Las estrechas paredes del cuarto de estar familiar, entre las que hasta ahora se llevaba a cabo el primer y más importante tramo del trabajo educativo, y el círculo cerrado de acción del pedagogo profesional, que todavía hoy se siente a menudo único amo y señor de la formación de la juventud, se ensanchan y se estiran sin cesar, alejan cada vez más sus límites y abren así a la educación nuevos terrenos, nuevas y grandes posibilidades de movimiento y de actividad. Educación del niño para la sociedad por la sociedad: tal es la meta de la pedagogía social, hacia la que, con el correr del tiempo, se vuelven cada vez más miradas. Con la introducción del *médico* en la vida escolar se abrió por primera vez una brecha en el rígido muro que debía asegurar la escuela a los educadores de oficio como dominio exclusivo. El éxito animó a nuevas acometidas. Pronto llamó a las puertas el movimiento de educación artística, exigiendo la entrada del *artista*, para que pusiera la creación y el disfrute del arte al servicio de la educación del hombre y comenzara su misión ya en la juventud. Y otra corriente poderosa, que gana influencia constantemente, reclama junto al maestro, el médico y el artista al *artesano*, al *jardinero* y al *agricultor*, por cuyas manos el trabajo práctico ha de adquirir vigencia y fuerza eficaz como medio educativo. Así se rompen los lazos estrechos y estrechadores del gremialismo pedagógico y de la pedagogía gremial, y algún día la vida de la sociedad, en su oleaje cambiante, llevará en anchas olas sus estímulos, impulsos y elementos educativos al círculo de la juventud, para llenarla del espíritu y fecundarla con la fuerza que esa misma vida le exigirá más tarde.

Al *médico escolar* se le concede hoy, en general, un círculo de acción todavía bastante pequeño. Las más de las veces su actividad se limita a reconocimientos periódicos de los niños, cuyos resultados se consignan en tablas y se publican a fin de año. Aquí y allá se le pide además su dictamen para elegir a los niños de las colonias de vacaciones y a los débiles mentales, y en casos aislados informa a los padres, en forma de conferencias, sobre el cuidado de los niños, la prevención de enfermedades, la higiene escolar, etc. Pero con eso —a lo sumo— se agota su labor. Ese es el mayor defecto de toda la institución, porque *en la escuela hay infinitamente mucho que hacer para el médico*, tanto que, aun si le dedicara toda su capacidad de trabajo, todavía le quedaría trabajo de sobra. La actividad del médico no debería limitarse en modo alguno a lo exterior: el estado de las aulas, la constitución de los alumnos, la organización de la vida escolar; tendría que penetrar también toda la esencia de la educación en todas sus formas de manifestación. Quizá se alcanzaría en cierto sentido un estado ideal si el médico y el pedagogo fueran una misma persona. En eso, desde luego, no cabe pensar por ahora. Hay que conquistarle al médico el terreno de la escuela paso a paso, y este avance cuesta mucha lucha y mucho sudor, porque el capitalismo, que devasta y destruye la vida y la salud del pueblo, tiene sobrados motivos para temer las comprobaciones de los médicos en los cuerpos raquíticos y desamparados[^t1] de la juventud proletaria, que crece en la necesidad y la privación. Pero el miedo no ofrece una resistencia duradera; el desarrollo pasa por encima de sus sombras. Un paso decidido en este camino lo representa una *colección de dictámenes médicos* que, por encargo de la Liga de Padres por la Reforma Escolar (*Elternbund für Schulreform*), ha publicado el conocido pastor de Bremen Steudel\*). Los dictámenes se refieren en primer término a la *cuestión de la sobrecarga escolar* (*Überbürdung*), pero, más allá del marco de este fin especial, tienen valor e interés general como contribución al importante capítulo *el médico y la vida escolar*.

La Liga de Padres por la Reforma Escolar, fundada en diciembre de 1905 a raíz del comienzo de la campaña de los maestros de Bremen sobre la enseñanza de la religión, se presentó por primera vez ante el público en 1906 con una colección de dictámenes sobre la enseñanza religiosa. Animada por el éxito, dedicó más tarde su interés también a otras cuestiones pedagógicas, entre las cuales la de la sobrecarga reclamaba especial atención. Se organizó una encuesta que quería obtener de unos 800 médicos información sobre «si, con la cantidad de trabajo intelectual que hoy se exige al alumno en las escuelas secundarias y también en las inferiores, la escuela provee también un tiempo suficiente de descanso, y si la jornada escolar diaria, tal como está prescrita de manera casi uniforme en todas partes, responde a las consideraciones que deben tenerse con la frescura intelectual y física del alumno, que se halla en los años más importantes de su desarrollo». De manera incomprensible, la encuesta tuvo, en cuanto al número de respuestas recibidas, un resultado verdaderamente vergonzoso. De 800 cuestionarios volvieron —escúchese bien— 49, entre ellos 15 de médicos de Bremen y 4 sin firma. De las autoridades en la materia y de los profesores de medicina, a quienes se había dirigido en primer lugar, habían contestado Bernhardt, Grotjahn, Cramer, Soltmann, Hoffa, Monti, Griesbach, Rindfleisch y otros. Aunque la serie de nombres «célebres», por respetable que sea, no respondía ni de lejos a las esperanzas puestas, fue al fin lo que decidió la cuestión de si el resultado de la encuesta, deprimente en su conjunto, debía o no aprovecharse en publicaciones y en la propaganda. La Liga de Padres se decidió a publicarlo, y con ello no ha prestado un mal servicio a la causa de la higiene escolar ni al empeño de adaptar también la enseñanza a las exigencias de la higiene.

La primera de las preguntas de la encuesta decía: ¿Le parece acertado que, como sigue ocurriendo en todas partes, sin tener en cuenta las diferencias del desarrollo individual del niño, se fije *la edad escolar obligatoria en un año de vida determinado*? ¿Qué edad fijaría usted, por término medio, como aquella en que puede exigirse al niño el ingreso en la escuela? — De las 33 respuestas a la pregunta, solo 10 están a favor de fijarla en un año de vida determinado. Mientras que hace unos 16 años Otto Janke todavía pudo demostrar, con todo el material decisivo de la higiene escolar en la mano, que podía aprobarse el comienzo de la escolaridad obligatoria con los seis años cumplidos, salvo algunas excepciones, las respuestas de la encuesta dan como término medio para el ingreso escolar de los niños normales el séptimo *año de vida*, el mismo año, pues, que consideró el más adecuado un dictamen emitido en 1883 por la Real Diputación Científica Prusiana para Asuntos Médicos. Seis dictaminadores están por el octavo año, uno por el décimo; 13 tienen por conveniente y sin reparos el sexto, y en ciertos casos ya el quinto. Varios de los que contestan subrayan que es un despropósito querer regular el comienzo de la escuela por el mismo patrón para todos los niños, ya que para ello solo puede ser determinante el desarrollo intelectual y, sobre todo, el físico del individuo. El editor sostiene el mismo punto de vista y remite al hecho, confirmado a menudo, de que un ingreso demasiado temprano es mucho más grave que uno demasiado tardío. La admisión de cada niño en la escuela debería estar sujeta a la condición de que antes un médico lo haya examinado concienzudamente en cuanto a su desarrollo físico e intelectual. Sin presentar un certificado médico expedido sobre la base de ese examen no debería poder ser admitido. Que en esto no siempre puede uno fiarse del criterio del médico escolar, ante el que suelen presentarse los nuevos alumnos, lo demuestran los dictámenes del médico escolar municipal de Leipzig, el Dr. *Götz* (presidente de la Federación Gimnástica Alemana, *Deutsche Turnerschaft*, y fanático devorador de socialistas), que —como se subraya expresamente varias veces— se distinguen tristemente por su dureza y su atraso.

La segunda pregunta de la encuesta dice: ¿Qué piensa usted de la hora del *comienzo diario de las clases*? ¿*Cuánto sueño* necesita una persona de 6 a 10 años, cuánto de 10 a 14 y cuánto de 14 a 20? ¿A qué hora fijaría usted el comienzo de las clases en los meses de verano y en los de invierno para las tres edades mencionadas? Respuesta: para la edad de 6 a 10 años hacen falta por término medio 10¾ horas de sueño, de 10 a 14 años, 9¾ horas, y de 14 a 20 años, 8¾ horas. Cuanto más sueño necesita el niño, tanto más tiempo debe dormir. Es difícil darle a un niño demasiado sueño. Durante el sueño crece el cerebro, se renueva la fuerza nerviosa, se reponen los músculos. Para que no haya que arrancar al niño del sueño por la

<!-- S. 815 -->

mañana, la escuela debe empezar para el grado inferior en verano hacia las 8 y en invierno a las 9; para el grado superior, a las 8 o a las 8 y media, respectivamente, y para la edad de 14 a 20 años, por término medio, a las 8. El editor va todavía más allá de las exigencias de los médicos al pedir que las clases no empiecen en ningún caso antes de las 9, ni para los alumnos pequeños ni para los mayores. Si no en el campo, sin duda en las grandes ciudades esta exigencia encontrará una acogida favorable, y con razón.

¿Es usted de la opinión —inquiere la tercera pregunta— de que *toda la enseñanza escolar debe limitarse a la mañana* y suprimirse toda clase de la tarde (salvo, por ejemplo, la de juego y de trabajos manuales)? El editor califica el resultado de esta pregunta de satisfacción verdaderamente brillante «para nosotros, los reformadores escolares», pues 34 de 47 dictámenes abogan por limitar la enseñanza a la mañana. Nosotros no sabemos ver en el resultado un lado tan brillante, porque no compartimos el afán de una enseñanza solo matinal. Ese afán es —como se reconoce por todas partes— una consecuencia de la esterilidad de la enseñanza de la tarde. Pero ¿por qué es estéril la enseñanza de la tarde? Porque la enseñanza escolar de hoy es una enseñanza libresca y de adiestramiento (*Lern- und Drillunterricht*) del todo unilateral, que se dirige únicamente al intelecto. Llénese de vida la enseñanza, constrúyasela sobre el fundamento del juego, de la excursión, del trabajo, y se hará la experiencia de que el niño, en tales circunstancias, aprende y trabaja intelectualmente por la tarde con el mismo gusto, la misma facilidad y alegría y sin señales de agotamiento prematuro que por la mañana. ¿Por qué los hogares de educación en el campo (*Landerziehungsheime*) no se limitan solo a la enseñanza matinal? ¿Por qué incluso los partidarios más fervientes de la enseñanza de mañana admiten la de la tarde para el juego y los trabajos manuales? Porque en la enseñanza por el trabajo no hay cansancio en el sentido de la práctica escolar actual. La superación del cansancio de los alumnos por la tarde no es, a nuestro juicio, una cuestión de técnica de horarios ni de organización de la enseñanza, sino exclusivamente una cuestión de método. ¡Aquí está Rodas: aquí hay que bailar!

La cuarta pregunta dice: ¿Qué considera usted, para cada una de las tres edades mencionadas, el *número máximo de horas de clase* que puede exigirse a los niños en *una mañana*? Los consultados responden: de 6 a 10 años, por término medio 3; de 10 a 14, 4; de 14 a 20, 5 horas. Un dictaminador declara que bastan 1 o 2 horas de trabajo intelectual; otro —¡increíble!— propone 8 horas. ¡Qué comprensión ha de tener ese hombre, un médico de Leipzig, para el bienestar físico y psíquico de la juventud!

Las demás preguntas se refieren a la *pausa entre la enseñanza de la mañana y la de la tarde*, a las pausas entre *las distintas horas de clase*, a los *deberes para casa*, a la *enseñanza al aire libre* y a la duración y distribución de las *vacaciones*. Los resultados pueden resumirse así: entre la enseñanza de la mañana y la de la tarde (de juego o de trabajos manuales) debe haber cuatro horas de pausa. La enseñanza de mañana sin interrupción, llena de asignaturas que exigen esfuerzo intelectual, no debe durar más de 2 horas y media para los de 6 a 10 años, más de 3 para los de 10 a 14 ni más de 4 para los de 14 a 20. Para la tarde del sábado puede encargarse al alumno un trabajo que deba hacer por sí solo y que le ocupe unas 2 horas. Una tarde de la semana debe quedar libre de escuela y de deberes. Si por la tarde se dan horas de clase, aunque sean de dibujo, las autoridades deben prohibir los deberes para casa. Si solo se hace canto, gimnasia, experimentos y cosas parecidas, se admite una pequeña tarea de memoria. Deben suprimirse las preparaciones de traducción y ahorrar al alumno toda escritura innecesaria. La hora de estudio propiamente dicha no debe durar en la escuela más de 40 minutos. Todas las asignaturas que exigen o admiten la enseñanza al aire libre deben darse al aire libre cuando el tiempo lo permita. Para que el maestro pueda aprovechar para ello los días buenos, el horario no debe fijarse de manera rígida. Una vez por semana el maestro ha de organizar una excursión, juegos o ejercicios deportivos, pero no en una tarde libre de escuela. Ese día no deben ponerse deberes. Las vacaciones deben sumar en total 13 semanas y no estar cargadas de tareas de vacaciones. Además, debe darse libre el primer lunes de cada mes.

Los pedantes encanecidos y anquilosados en el polvo de la escuela se llevarán las manos a la cabeza ante todas estas exigencias y preguntarán asombrados si entonces les queda todavía tiempo a maestros y alumnos para enseñar y aprender. Pueden dormir tranquilos por eso, porque aquí vale la máxima: ¡no es la cantidad lo que cuenta! Cuanto más fresco y sano, más cuidado y más protegido esté el niño, tanto mayor será su rendimiento; cuanto más breve el esfuerzo, tanto más intenso el despliegue de energía. Si a todos los amplios alivios que la higiene escolar y de la enseñanza tiene la buena y honrada voluntad de ofrecer a la juventud que aprende se sumara además *un método plenamente adaptado a la naturaleza del niño* —que, por cierto, solo puede alcanzarse por la vía de una revolución de principio de toda la educación pública—, el *tormento escolar* de hoy tendría que transformarse en una verdadera y dichosa *alegría escolar*, y ya no sería posible leer en una revista tan respetada en los círculos burgueses como *Jugend* estas palabras:

> Un *presidio* es la escuela, y no casa de sana disciplina;  
> ¿qué extraño, pues, que el joven maldiga esa *casa de tortura*?

\*) *Arzt und Schulbetrieb. Gutachten deutscher Ärzte* [El médico y la vida escolar. Dictámenes de médicos alemanes], editado por Fr. *Steudel*. Teutonia-Verlag, Leipzig, 1907.

[^t1]: *verwahrlost*: «desamparado», abandonado materialmente; en otros contextos *Verwahrlosung* se traduce «descarrío». (N. del T.)

---

*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del número completo del *Unterhaltungsblatt des Vorwärts*, Nr. 204, Berlín, 19 de octubre de 1907, págs. 814-815, digitalizado por la Friedrich-Ebert-Stiftung. Los comentarios `S. n` del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Se conservan la división en párrafos y la paginación original. *Schulbetrieb* se traduce «vida escolar»; *Überbürdung*, «sobrecarga escolar»; *Schularzt*, «médico escolar»; *Sozialpädagogik*, «pedagogía social»; *Arbeitsunterricht*, «enseñanza por el trabajo»; *Schwachsinnige*, «débiles mentales», según el glosario. «Ärztliche Einwirkung», probable errata del impreso por *Bescheinigung*, se traduce «certificado médico». La frase «Hier ist das Rhodus, wo getanzt werden muß» alude al proverbio latino *Hic Rhodus, hic salta*, en la forma que le dio Marx en *El 18 Brumario*. El dístico de la revista muniquesa *Jugend* juega con *Zuchthaus* (presidio) y *Zucht* (disciplina, crianza); se traduce sin rima. Las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo.
