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Title: Juventud y alcohol
Description: Artículo del Hamburger Echo publicado ante el congreso socialdemócrata de Essen de 1907, que trataba la cuestión del alcohol: Rühle reúne opiniones médicas y encuestas escolares (Viena, Leipzig, Brunswick, Múnich) sobre los efectos del alcohol en el desarrollo físico, intelectual y moral de los niños, pide combatir sin contemplaciones que se les dé de beber y recuerda que la causa de fondo es la miseria social.
Author: Otto Rühle
URL: https://adler.school/archivo/ruhle/1907-08-11%20Jugend%20und%20Alkohol
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# Juventud y alcohol

Por Otto Rühle.

En el orden del día del congreso del partido de Essen figura, entre otras, la *cuestión del alcohol*, de la que es de esperar que dé ocasión a estimulantes exámenes y debates. Ojalá sea en provecho y beneficio de los esfuerzos antialcohólicos, porque nunca se escribirá, se dirá, se pondrá ante los ojos y se hará comprender con bastante frecuencia y claridad que el alcoholismo es uno de los peores enemigos de la salud del pueblo. El alcohol domina todavía un campo de amplios límites, en el que año tras año causa los estragos más terribles. Aniquila la existencia de miles y destruye la felicidad de cientos de miles, llena los asilos de pobres, los hospitales, los manicomios y los presidios; se le ofrecen hecatombes de fuerza y de bienes; en todos los círculos y capas del pueblo, en lo alto y en lo bajo, entre viejos y jóvenes, se extiende con las manos del estrangulador. Es un enemigo del pueblo, un destructor de vidas, un aniquilador de la cultura de tamaño y poder siniestros. La clase obrera lo conoce; la parte de ella que empuja hacia adelante, hacia un desarrollo superior, conoce también sus efectos paralizantes, debilitadores, corruptores. ¡Cuánto mayor podría ser el ejército del proletariado consciente que lucha si el demonio del aguardiente no tuviera todavía un poder inquebrantable sobre tantísimas cabezas y voluntades! La esperanza en el futuro de la clase obrera descansa en la revolución de los cerebros. Por eso su peor enemigo es quien estropea esos cerebros, quien perjudica su capacidad de funcionar. Y eso es lo que hace el alcohol; ¡fuera con él, pues!

Será tarea del congreso del partido obtener puntos de vista de validez general y establecer normas sobre la forma más adecuada y el alcance de la lucha contra el alcoholismo, normas que respondan al interés del partido y puedan contar con que los compañeros las observen. En un aspecto puede contarse de antemano con claridad y acuerdo generales, a saber: que en todas las circunstancias hay que *combatir sin contemplaciones el consumo de alcohol por los niños*.

Como puede comprobarse cada día, está todavía casi generalmente extendida la mala costumbre de dar a los niños bebidas alcohólicas para quitarles la sed. Muchos padres consideran del todo inofensivo, y hasta algo completamente natural, que los niños, cuando piden de beber, «beban un poco» del vaso del padre o de la madre; se asombran muchísimo cuando oyen que el alcohol, aun en las cantidades más pequeñas, es *veneno* para los niños. Algunos que cuidan de sus vástagos con sumo cariño y solicitud se aferran todavía a la peligrosa superstición de que el hombre, si quiere llegar a ser «un tipo fuerte», tiene ante todo que «beber fuerte», y creen poder pasar por encima de la pretensión de que nieguen el alcohol a sus hijos con un par de chistes o con razonamientos sobre los melindres de la educación infantil de hoy. Y sin embargo no tienen razón, porque la advertencia de *no dar alcohol a los niños* está justificada en todos los sentidos y, puesto que solo procura preservar al niño de trastornos y perjuicios más o menos graves para su salud, está dictada por la intención más benévola. Es un hecho mil veces demostrado y confirmado por médicos y pedagogos, por encima de toda duda, que *el alcohol, en cualquier forma, es para el organismo infantil un estimulante sumamente inadecuado*, porque actúa de manera perjudicial en lo corporal y en lo intelectual. Ni uno solo de los investigadores y sabios competentes en la materia opina otra cosa. Es una moda perniciosa, dice el profesor *Kollmann*, de Basilea, dar alcohol a los niños. Se cree fortalecer con ello el organismo en crecimiento. Pero ocurre exactamente lo contrario: todos los órganos se debilitan. Para el desarrollo de la inteligencia lo necesitamos todavía menos, porque para el cerebro es veneno, sobre todo para el del niño. Por el alcohol, afirma el profesor de Jena *Binswanger*, los niños se vuelven menos resistentes a todos los estímulos físicos y corporales, aumentan la fatigabilidad y la excitabilidad, y el final de la canción es siempre la cría de neurasténicos, alcohólicos y morfinómanos. Todavía más drásticamente se expresa el profesor *Kraepelin*[^t1]: no conocemos mejor medio de producir idiotas que la administración continuada de alcohol. El doctor *Carl*, de Múnich, escribe: los niños que toman alcohol muestran una llamativa inclinación a la ira y a la terquedad, de modo que la mala crianza en el pleno sentido de la palabra no se encuentra en ninguna parte tanto como en los niños que toman alcohol. Y el conocido escritor de temas de higiene *Siegert* afirma que a la gran difusión del onanismo entre los niños contribuye en primer lugar el consumo de alcohol. De manera parecida a las autoridades citadas se pronuncian los pediatras doctor *Hürlimann*, profesor doctor *Thomas*, profesor *Kassowitz*, doctor *Craemer* y otros; el conocido antialcohólico doctor Bode ha publicado un libro en el que se reúnen nada menos que 70 dictámenes de los médicos y educadores más prestigiosos, que sin excepción se pronuncian de la manera más decidida contra el consumo de alcohol por los niños. En otro libro se informa de una encuesta de la Asociación Alemana de Maestros Abstemios, que dio como resultado que los niños «sin alcohol» eran en las escuelas, en todos los casos, los alumnos mejores y los más destacados, observación confirmada por otras numerosas encuestas.

La primera y fundamental de estas encuestas la hizo el director de escuela *vienés* Bayr, que probó con ella que los niños que no toman bebidas alcohólicas en absoluto, o solo por excepción, reciben las mejores notas, mientras que los que toman alcohol regularmente una o varias veces al día dan mal resultado en la escuela. El resultado de su encuesta puede resumirse brevemente así:

| Tienen la nota: | buena | suficiente | insuficiente |
| --- | --- | --- | --- |
| Los que *nunca* habían tomado bebidas alcohólicas | 41,8 % | 49,2 % | 9 % |
| Los que *solo de vez en cuando* las habían tomado | 34,1 % | 56,6 % | 9,5 % |
| Los que recibían cerveza o vino *una vez* al día | 27,8 % | 58,4 % | 13,7 % |
| Los que recibían cerveza o vino *dos veces* al día | 29,9 % | 57,7 % | 13,8 % |
| Los que recibían cerveza o vino *tres veces* al día | — | 33,3 % | 66,6 % |

En escuelas de *Leipzig* se comprobó hace años que de 134 alumnos que (de 591) no habían tomado alcohol, el 44,5 por ciento llegó hasta la salida de la escuela a la primera clase, el 48,5 por ciento a la tercera y solo el 7 por ciento a la quinta[^t2]. De 164 niños que recibían alcohol por excepción, solo el 35 por ciento subió hasta la primera clase, mientras que el 55 por ciento se quedó en la tercera y el 9 por ciento en la quinta. En 219 niños que recibían cerveza regularmente, las proporciones eran todavía más desfavorables, a saber, el 27 por ciento para la primera, el 59 para la tercera y el 13 por ciento para la quinta clase. Y por último, en 71 niños que recibían cerveza dos veces al día, la proporción era la más desfavorable: solo el 24 por ciento para la primera, en cambio el 57 para la tercera y el 18 por ciento para la quinta clase.

En *Brunswick*, a propuesta de la oficina de sanidad, se repartió en todas las escuelas burguesas (*Bürgerschulen*) un cuestionario cuidadosamente elaborado. Entraron en consideración 4047 niños y 3014 niñas de las escuelas burguesas medias, 10 051 alumnos de las inferiores y 246 alumnos de escuela auxiliar de escasa capacidad. Se preguntaba por el consumo ocasional y diario de las distintas clases de bebidas alcohólicas, y además cuántos niños toman alcohol ya antes de empezar la escuela, cuántos en las comidas de mediodía y de la noche y a cuántos les gusta. Resultó que en las escuelas populares inferiores nada menos que 47 niños bebían vino diariamente, 880 cerveza, 55 aguardiente y 122 coñac, ron y aguardientes parecidos. Antes de las clases tomaban alcohol 65 niños; 2340 (casi una cuarta parte) bebían regularmente en las comidas de mediodía y de la noche, y 3989 niños declararon que les gusta beber alcohol, sobre todo los débiles mentales. Respecto a la conducta y el rendimiento de los niños se comprobó que la aplicación y la atención de los niños que toman alcohol dejaban mucho que desear según el testimonio de los maestros. Con pocas excepciones, estos niños estaban entre los más nerviosos y distraídos de la clase; ocupaban los últimos puestos y no rara vez se notaba en ellos inferioridad moral. Hacia el final de las horas de clase su tensión decaía llamativamente; su fatigabilidad era especialmente grande. También era especialmente notable en ellos la disminución de la tensión intelectual al final del curso escolar. La capacidad de comprensión y la memoria de los pequeños alcohólicos se mostraban sumamente deficientes; los mejor dotados tenían rendimientos muy irregulares. Así, el hábito intelectual y también el moral de los niños alcohólicos presentaban defectos y trastornos que eran sin duda producto del consumo de bebidas alcohólicas.

A resultados parecidos llevaron las encuestas que Rudolf Hecker hizo en escuelas de *Múnich*. Para cada uno de los 4652 niños se rellenó, primero sin examinar su relación con las bebidas espirituosas, una ficha en la que se señalaban y juzgaban con precisión, por un lado, sus cualidades corporales (talla, peso, etc.) y, por otro, su conducta moral y su rendimiento en clase. Luego venía la pregunta: ¿qué recibe el alumno como bebida habitual? ¿Cuándo y en qué cantidad? Y resultó que el número de niños completamente abstemios es especialmente pequeño en Múnich, la ciudad de la cerveza: solo el 13,7 por ciento. Más de la mitad de todos los alumnos toman regularmente bebidas alcohólicas, muchos incluso aguardiente, y el 4,5 por ciento son ya bebedores declarados. Los más indulgentes con sus hijos en tolerar el consumo de alcohol son regularmente los taberneros, los comerciantes de vino, los carniceros, los cocheros y los funcionarios subalternos, mientras que la vigilancia más estricta la representan sobre todo maestros, eclesiásticos, escritores, sabios, funcionarios superiores, etc. Hasta la edad de unos 11 años y medio, el influjo perjudicial de las bebidas espirituosas se muestra en los alumnos no abstemios en un menor crecimiento en estatura, pero peor es su efecto en el desarrollo intelectual. La estadística mostró inequívocamente que por término medio el aumento del consumo de alcohol iba de la mano de un empeoramiento de las notas escolares dadas a los niños. La mayoría de las veces, aunque no en todos los casos, también la aplicación y la capacidad de comprensión de los alumnos que bebían estaban disminuidas. En todo caso, el alcohol resultó ser para el niño un agente dañino que merece sin reservas ser combatido.

Otras encuestas parecidas, con los mismos resultados, se han hecho en *Berlín*, *Gera*, *Ulm*, etc.; todas predican la advertencia insistente: *¡fuera el alcohol de la vida del niño!*

Esta advertencia no se funda solo en las inhibiciones y los daños que el alcohol causa en el desarrollo intelectual y moral; no, también en otros terrenos el alcohol es enemigo del niño, y con ello del pueblo. Si tenemos en cuenta además que el consumo de alcohol en la infancia conduce a un *desarrollo sexual prematuro*, que produce *extravíos morales*, que es causa de graves *daños sociales y de higiene de la raza*, que lleva a niños al *banquillo de los acusados y a las cárceles*, resulta de ello una enérgica confirmación de la obligación de preservar al niño en todas las circunstancias del consumo de bebidas alcohólicas.

Es cierto que la abstinencia sola no trae ni de lejos toda la salvación. Están las *lamentables condiciones de alimentación y de vivienda*, la *explotación corporal* precoz, la *degeneración física y psíquica*, el *modo de vida desordenado* y los innumerables otros fenómenos *de miseria social*, que —ya en la juventud— condicionan el consumo de alcohol y que hay que combatir en primer lugar. Pero la educación para la abstinencia es *también un eslabón importante de la cadena*, y como en este terreno *se ha pecado* hasta ahora *de manera inaudita*, puede *mejorarse y ganarse mucho para el bien* con la enseñanza, la ilustración y la disciplina de sí mismo. Quien aparta a un adulto de la bebida ha ganado un luchador para la cultura; pero quien salva a un niño salva a toda una generación.

[^t1]: El impreso escribe «Krepelin»: se trata del psiquiatra Emil Kraepelin. (N. del T.)

[^t2]: En las escuelas alemanas de la época las clases se numeraban de arriba abajo: la primera era la superior. (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), cotejada con el facsímil de la pág. 9 del *Hamburger Echo*, 21. Jahrgang, Nr. 186, 11 de agosto de 1907, Zweite Beilage (Staats- und Universitätsbibliothek Hamburg, vía Deutsches Zeitungsportal).

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Se conservan la división en párrafos, las cursivas, la tabla y las cifras del original. *Genußmittel* se traduce «estimulante»; *Schwachsinnige*, «débiles mentales»; *Hülfsschüler*, «alumnos de escuela auxiliar»; *rassehygienisch*, «de higiene de la raza» (término de época). Las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo.
