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Title: Niños ciegos
Description: Artículo del Hamburger Echo en el que Rühle expone la estadística de la ceguera en Alemania (Engelmann, 1907), sus causas —la blenorrea de los recién nacidos y otras enfermedades oculares, los accidentes infantiles por descuido o maltrato— y su relación con la pobreza, pues seis de cada siete niños ciegos son hijos de padres pobres, y repasa la historia y el estado de los institutos de ciegos, la escritura Braille y los experimentos de Heller en Viena.
Author: Otto Rühle
URL: https://adler.school/archivo/ruhle/1907-03-03%20Blinde%20Kinder
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# Niños ciegos

Por Otto Rühle.

El número de ciegos en el Imperio alemán viene disminuyendo, felizmente, desde hace una serie de años. Mientras que, por ejemplo, en 1871 correspondían todavía en Prusia 93 ciegos por cada 100 000 habitantes, esta proporción se había reducido ya en 1883 a 83, en 1895 incluso a 67, y según la última estadística es de solo 64. La publicación más reciente, cuyo autor es el doctor *Engelmann*, de la *Oficina Imperial de Sanidad*, cifra las personas ciegas existentes en el Imperio alemán en 34 334, repartidas en 14 607 municipios. De ellas, el 51,9 % pertenecen al sexo masculino y el 48,1 % al femenino; corresponden 64 ciegos por cada 100 000 hombres y 58 por otras tantas mujeres. En cuanto a la edad de los ciegos, la cifra crece lentamente hasta los 50 años y luego aumenta deprisa hasta los 80, de modo que el 60 % de todos los ciegos tienen más de 50 años. Hasta los cinco años el número de ciegos es muy pequeño: asciende en el Imperio alemán a 659 (374 varones y 285 mujeres); de los cinco a los diez años sube a 996 (547 varones y 449 mujeres); de los 10 a los 20, a 2706 (1564 varones y 1142 mujeres); de los 20 a los 40, a 5920 (3354 varones y 2566 mujeres); de los 40 a los 60, a 8792 (4960 varones y 3852 mujeres)[^t1], y en la edad de más de 60 años alcanza la extraordinaria cifra de 15 204 (6992 varones y 8212 mujeres). Como a la edad escolar corresponde, según la experiencia, el 8 % de los ciegos, habría en el Imperio alemán unos *2750 escolares ciegos*. Según averiguaciones recientes, hay internados en instituciones 3616 ciegos, jóvenes y adultos, a saber, 1824 en establecimientos de ocupación y 1792 en establecimientos de enseñanza. Esta cifra vergonzosamente baja se explica porque en numerosos Estados subsiste todavía la situación inaudita de que ciegos capaces de instrucción puedan crecer sin enseñanza alguna. La obligación de internar en un instituto a los niños ciegos durante la edad escolar solo existe en *Brunswick*, *Sajonia-Weimar* y el *Reino de Sajonia*. Hay que señalar que la disminución de la cifra de ciegos es considerable también en la edad apta para la instrucción.

Para cada uno de los Estados federados, la estadística más reciente da los siguientes resultados en cuanto al número total de ciegos: Prusia 21 614, Baviera 3444, Sajonia 2715, Wurtemberg 1302, Baden 1003, Hesse 537, Mecklemburgo-Schwerin 457, Sajonia-Weimar 331, Mecklemburgo-Strelitz 70, Oldemburgo 143, Brunswick 244, Sajonia-Meiningen 122, Sajonia-Altenburgo 162, Sajonia-Coburgo-Gotha 166, Anhalt 140, Schwarzburgo-Sondershausen 67, Schwarzburgo-Rudolstadt 99, Waldeck 57, Reuss línea mayor 37, Reuss línea menor 133, Schaumburgo-Lippe 16, Lippe-Detmold 63, Lübeck 57, Bremen 100, *Hamburgo 258*, Alsacia-Lorena 997.

Las causas de la disminución de las cifras de ciegos han de buscarse principalmente en las medidas que se han tomado para prevenir la ceguera. La ceguera puede ser congénita o adquirida; la primera abarca aproximadamente el 3 % de todos los casos, es decir, se da muy rara vez. En cambio, de los numerosos casos en que la ceguera puede adquirirse, muchos se remontaban antes en sus causas a la primera edad, a saber, a la *blennorrhoea neonatorum* (supuración de los recién nacidos), una inflamación de los ojos que suele presentarse en los niños inmediatamente después del nacimiento. Está causada por la transmisión de un hongo de la madre al niño y consiste en la secreción de una mucosidad purulenta que con el tiempo destruye el ojo. La mayoría de las cegueras se debían hasta ahora a esta enfermedad maligna: así, en el instituto de ciegos de Breslau, todavía en 1895 y 1901 un promedio del 23 %. Pero desde que contra la blenorrea se aplica, según el *procedimiento del profesor Credé*, una solución de piedra infernal [nitrato de plata] para matar los agentes de la enfermedad, la temida inflamación ha perdido mucho de su horror. Otra peligrosa inflamación ocular que a menudo acarrea la ceguera es la *enfermedad egipcia de los ojos*, llamada también granulosis o tracoma. La *catarata*, que se caracteriza por un enturbiamiento del cristalino, se elimina casi siempre con éxito mediante las operaciones de catarata inventadas por el oftalmólogo Graefe. Por *glaucoma*, que también es curable, se entiende un aumento morboso de tamaño y de dureza del cuerpo vítreo del ojo; y la *amaurosis* («catarata negra»), contra la que no hay remedio, consiste en la disminución de la vista hasta su pérdida total por la muerte de los nervios ópticos[^t2]. Mencionemos por último la inflamación del iris, por la que se entiende una alteración del color y una hinchazón de este, unidas a pereza e inmovilidad de la pupila y a la consiguiente perturbación de la vista. Aunque todas estas afecciones del ojo solo suelen presentarse orgánicamente en personas de edad avanzada, excepcionalmente pueden mostrarse también en épocas más tempranas, ya sea como consecuencia de otras enfermedades o lesiones de los ojos, ya provocadas por enfermedades generales de carácter grave, por un aflujo de sangre aumentado hacia el ojo, etc.; en tales casos pueden acarrear la ceguera ya en la edad infantil. Pero también las lesiones externas pueden producir directamente la ceguera, como prueban numerosos casos de la vida diaria. El profesor Magnus estableció en 1883, sobre la base del examen de 2528 casos de ceguera bilateral, una tabla según la cual intervenían en ellos las siguientes causas (en porcentajes): estados congénitos, 3,77 %; enfermedades oculares a consecuencia de enfermedades del cuerpo, 17,37 %, a saber: tifus, sarampión, escarlatina, 4,3 %; viruela, 2,21 %; sífilis, 0,24 %; enfermedades del cerebro y de la médula espinal, 9,2 %; escrofulosis, 0,03 %. Además: lesiones, 10,73 % (lesión directa de ambos ojos, 4 %; de un solo ojo, con inflamación simpática del otro, 4,7 %; operaciones fracasadas, 1,9 %; lesiones en la cabeza en intentos de suicidio, 0,27 %); enfermedades oculares independientes, 67 % (blenorrea, 11 %; enfermedad egipcia de los ojos, 9,5 %; inflamación de la córnea, del iris y del cuerpo ciliar, 16,8 %; glaucoma, 8,9 %; amaurosis, 7,7 %; desprendimiento de retina, 4,7 %; alteraciones de la coroides y de la retina, 3,2 %; inflamación de la coroides a consecuencia de la miopía, 1 %). En los niños, además de estas causas, desempeñan un papel las que se derivan de la ligereza y el descuido de la juventud. Una estadística llevada por la clínica universitaria de Breslau registra 233 casos de este tipo; los objetos con los que, jugando, se lesionaron los ojos de tal modo que quedaron ciegos fueron cuchillos, tenedores, flechas de ballesta, tijeras, luz, pistones, pólvora, compases, lápices y plumillas de acero. Por maldad se causó aproximadamente el 12 % de las cegueras, a saber, con puñetazos, piedras, varas, látigo y bastón. También pelotas y bolas de nieve lanzadas con fuerza al ojo fueron causa de ceguera total. Según otra estadística de Breslau de 1901, la vista de un ojo quedó destruida en 17 niños de 3 a 14 años por caída sobre un cortapapeles, en un maizal, por golpe en la oscuridad contra el canto de una cama, contra un picaporte puntiagudo, por pinchazo con una paja, con una plumilla de acero mojada en tinta, con un cuchillo, al cortar una cinta, por la explosión de una botella de agua de Selters, por astillas de una botella de vidrio cargada de pólvora, por un cartucho de dinamita encendido, por una cuchillada, al romperse un plato de porcelana, por pinchazo con una vara a través del agujero de una puerta, por disparo con un arco, por una pedrada y por golpes del padre con la escoba. Perdieron los dos ojos dos niños de dos años, uno de los cuales cayó del regazo de la abuela al empedrado de la calle y el otro tiró de un armario una olla de agua caliente; uno de cuatro años por caída por la escalera, uno de seis por caer en un depósito de jarabe hirviendo, los demás por coz de caballo, por tirar de una botella de ácido clorhídrico, por mirar cómo se encendía un cartucho, etc. En París, según otra estadística, de 939 personas que habían perdido un ojo en la infancia, 343 habían sufrido el daño al disparar pistones. Las causas de la ceguera son en todo caso extraordinariamente variadas y, junto a las congénitas e inevitables, hay muchas que pueden evitarse con un cuidado y una atención suficientes del niño, con la debida limpieza y un tratamiento adecuado en caso de enfermedad, así como con cierta prudencia en el uso de instrumentos y sustancias peligrosos. El viejo verso «Cuchillo, tenedor, tijera y luz no los cogen los niños buenos»[^t3] nunca se predicará bastante. En los círculos proletarios, sin embargo, *a causa de las tristes condiciones de trabajo y de la penosa situación social*, la vigilancia y el cuidado de los niños están casi siempre muy mal atendidos (en Crimmitschau, por ejemplo, el *30,9 % de los hijos de obreras fabriles pasan el día sin vigilancia ni cuidado alguno, y entre ellos un 5,8 % tienen menos de un año*); no puede extrañar, pues, que *los niños ciegos procedan en su inmensa mayoría de las clases de la población peor situadas económicamente*. «La ceguera es hija de la pobreza», dice el refrán, y la estadística confirma este hecho cruel al establecer *que de cada siete niños ciegos seis proceden siempre de padres pobres*.

La asistencia a los ciegos mediante instituciones está probablemente mejor realizada en el Reino de Sajonia, al que seguirían de más cerca Dinamarca y los Países Bajos. Pero la idea de fundar establecimientos de educación y enseñanza para niños ciegos partió de Francia, donde el maestro Haüy fundó en París en 1784 el primer instituto de ciegos. El ejemplo de la asistencia del abate de l'Épée a los sordomudos influyó en él tan profundamente que no descansó hasta conseguir, con la ayuda de una virtuosa vienesa ciega[^t4], crear también para los ciegos un instituto semejante. Para la lectura utilizaba la impresión en relieve que lleva su nombre y los aparatos inventados por su amiga y colaboradora. Cuando en 1806 fue llamado a Rusia para fundar en San Petersburgo un instituto de ciegos, obtuvo al pasar por Berlín una audiencia con Federico Guillermo III, ocasión en la que dio el primer impulso a la fundación del instituto de ciegos de Berlín (hoy de Steglitz), en el que más tarde el célebre geógrafo Zeune, como director, trabajó con extraordinario mérito por la causa de la educación de los ciegos. En 1808 surgió en Viena el instituto fundado por el consejero Klein, y en 1809 otro igual en Dresde bajo Flemming, en 1818 en Breslau, en 1826 en Múnich, en 1827 en Stuttgart, etc. Actualmente existen en el Imperio alemán 39 institutos de ciegos, el mayor de los cuales (Halle) contaba el año pasado 247 internos y el menor (Weimar), 21. De los 17 institutos de Prusia, uno es establecimiento del Estado y otro se denomina «instituto unido»; los restantes son provinciales (10), municipales (1) o privados (4). Hay además establecimientos del Estado en Baviera, Sajonia, Baden, Hesse, Mecklemburgo-Schwerin, Sajonia-Weimar, Brunswick y *Hamburgo*.

La enseñanza de la lectura y la escritura a los ciegos ya no se hace hoy con la escritura de tipos metálicos de Haüy, imitada del alfabeto latino, sino con la escritura de puntos en relieve, a cuyo perfeccionamiento contribuyeron especialmente el inglés Moon y el francés Braille. La escritura de puntos de Braille es la escritura escolar y de enseñanza y goza entre los ciegos de general aprecio, porque es rápida y fácil de manejar. Numerosas obras de contenido religioso y profano se han hecho accesibles en ella a los ciegos. La enseñanza en los institutos de ciegos comprende religión, historia, lengua alemana, cálculo, historia natural, física, geometría elemental, geografía, ocupaciones fröbelianas, modelado, dibujo, trabajos manuales, canto, gimnasia, música y afinación de pianos; se imparte enseñanza superior según las necesidades, y también se aprende un oficio. Aunque las metas del trabajo de formación científica con los ciegos no sean elevadas, la educación en el instituto logra al menos transmitir una formación redondeada hasta cierto punto, que supone una ganancia innegable en todos los sentidos para el desarrollo posterior de los ciegos. Mencionemos para terminar los éxitos verdaderamente maravillosos que el director Heller, del instituto de ciegos Hohe Warte de Viena, ha obtenido con personas que solo conservaban unos restos de visión tan débiles que ya no eran capaces de ninguna percepción objetiva de la luz y se consideraban por tanto ciegas en sentido médico. Mediante peculiares ejercicios de pedagogía terapéutica que realizó infatigablemente durante años, consiguió desarrollar esos mínimos restos de visión hasta una capacidad tan elevada que, por ejemplo, una muchacha rusa de 14 años, que primero tuvo que aprender alemán, después de un año de enseñanza podía leer con la vista letra impresa latina de tamaño corriente y notas musicales, escribir en alemán y en ruso, dibujar, distinguir colores, formas y figuras, determinar dimensiones, describir y localizar objetos y moverse y orientarse libremente en el espacio. Por admirable que sea este logro de pedagogía terapéutica de Heller, cuyo núcleo ha de verse en el despertar del sentido profesional a partir de un campo visual muy reducido, y por honroso y digno de elogio que deba llamarse el testimonio que da de su habilidad metódica y de su constancia, para la educación de los ciegos en general solo tiene —como el éxito de enseñanza, rayano en lo increíble, obtenido con la conocida norteamericana sordomuda y ciega Helen Keller— el valor de un experimento interesante que, tras mil intentos vanos, sale bien una sola vez en circunstancias especialmente favorables.

[^t1]: Así en el original, aunque 4960 y 3852 suman 8812 y no 8792; todos los demás desgloses cuadran. (N. del T.)

[^t2]: *Grauer*, *grüner* y *schwarzer Star* («catarata gris, verde y negra»): denominaciones tradicionales alemanas de la catarata, el glaucoma y la amaurosis. (N. del T.)

[^t3]: «Messer, Gabel, Scher' und Licht / nehmen brave Kinder nicht»: verso proverbial infantil alemán, que rima en el original. (N. del T.)

[^t4]: Maria Theresia von Paradis (1759-1824), pianista y compositora vienesa ciega. Los nombres que el impreso escribe «Hauy», «Abbee de l'Epée» y «Flamming» se dan en la traducción en su forma correcta: Valentin Haüy, el abate de l'Épée y Karl August Flemming. (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha desde el facsímil de la pág. 9 del *Hamburger Echo*, 21. Jahrgang, Nr. 53, 3 de marzo de 1907, Zweite Beilage (Staats- und Universitätsbibliothek Hamburg, vía Deutsches Zeitungsportal).

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Se conservan la división en párrafos, las cursivas (espaciado del original) y las cifras; *pZt.* se da como «%». *Blindenanstalt*, «instituto de ciegos»; *Beschäftigungsanstalt*, «establecimiento de ocupación»; *Punktierschrift*, «escritura de puntos»; *heilpädagogisch*, «de pedagogía terapéutica». Las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo.
