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Title: Sobre la historia de la curación del tartamudeo
Description: Artículo del Hamburger Echo en el que Rühle recorre la historia de los métodos para curar el tartamudeo —médicos (de Hipócrates a Mercuriale), quirúrgicos (las operaciones de la lengua de Dieffenbach) y pedagógicos (de Klencke a los métodos actuales)— y concluye que el tartamudeo es una neurosis de coordinación de la respiración y la voz que no corresponde curar al médico sino al maestro, con ejercicios de respiración, voz y habla.
Author: Otto Rühle
URL: https://adler.school/archivo/ruhle/1906-08-26%20Zur%20Geschichte%20der%20Stotterheilung
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# Sobre la historia de la curación del tartamudeo

Por Otto Rühle.

La manera de librar a los tartamudos de su padecimiento ha dependido siempre de la concepción que los círculos médicos o pedagógicos tenían de la causa del mal. Es lógico en teoría y corresponde en la práctica por completo a los principios que han de seguir todas las ciencias que se construyen sobre la experiencia. Si en tiempos anteriores se suponía como causa del tartamudeo trastornos corporales generales, más tarde se echó la culpa a defectos orgánicos del aparato del habla y por último se llegó a la opinión de que el tartamudeo es de naturaleza puramente psíquica. En consecuencia nacieron sucesivamente tres métodos de curación, el médico, el quirúrgico y el didáctico, que no siempre se presentaron independientes y puros, sino a menudo mezclados y combinados entre sí, lo que ha tenido por consecuencia que la cantidad de métodos de curación del tartamudeo sea extraordinariamente grande en número y ofrezca por su carácter un cuadro sumamente variado.

*Hipócrates*[^t1] (hacia el 400 a. C.) veía la causa del tartamudeo en una humedad insólita del cerebro y opinaba que los tartamudos padecían de bilis negra, por lo que eran muy sensibles y fácilmente irritables; con la edad, el padecimiento desaparecía por sí solo. *Aristóteles* (hacia el [¿350?] a. C.) atribuía el tartamudeo a defectos orgánicos de naturaleza local, pero sus consideraciones solo tienen interés histórico. Más valioso es ya lo que cuentan Plutarco y Cicerón, coincidiendo, de *Demóstenes*, el mayor orador de la Antigüedad: que hacía grandes caminatas, practicaba gimnasia pulmonar intentando hacerse oír por encima del mar, se servía de un espejo al hablar y se ponía piedrecitas bajo la lengua para lograr pronunciar la r. *Galeno* (200 d. C.), así como *Aecio* ([¿350?] d. C.) y *Pablo de Egina*, buscaban la causa del tartamudeo en un frenillo de la lengua demasiado corto o demasiado duro. «El enfermo», dice el último, «ha de sentarse en un sillón y levantar la lengua hacia el paladar. Entonces se corta el frenillo, que sobresale tenso, y se sigue tratando como corresponda».

De una curación metódica del tartamudeo solo puede hablarse propiamente desde que el médico italiano *Hieronymus Merkurialis*, celebérrimo en su tiempo, publicó una obra científica de cierta extensión (1585) en la que dedicaba al tartamudeo un capítulo especial. En cuanto a las causas del tartamudeo, compartía la opinión de Galeno en la medida en que admitía el frenillo demasiado corto para el tartamudeo congénito; para otros casos opinaba, con Hipócrates, que la culpa era de una humedad excesiva del cerebro, igual que un borracho que ha tomado demasiado líquido ya no es capaz de gobernar la lengua. Solo en casos aislados la causa del tartamudeo debía atribuirse a una lengua demasiado gruesa o demasiado larga, a dientes defectuosos o al aire frío; con más frecuencia lo provocaban el miedo, la ira o cosas parecidas. Como remedio médico contra el tartamudeo, Merkurialis recomendaba sobre todo la dieta, para que se secara la humedad del cerebro. «Tómense comidas especiadas, saladas y picantes, pero nada de pasteles, nada de nueces, nada de pescado. El vino no debe beberse en absoluto, o muy poco. Si es necesario, debe procurarse con artificio la evacuación diaria del vientre. Los hombres han de abstenerse del amor, y los muchachos, del baño. Sobre todo, las madres no deben lavar a menudo la cabeza a los muchachos tartamudos, porque si no aumentan la humedad. Cuando el cuerpo esté purgado, deben emplearse medicamentos que se aspiren por la nariz o estornutatorios, para secarlo todavía más, etc.». También en siglos posteriores el método médico tuvo partidarios, como es comprensible sobre todo entre los médicos. Así, los médicos *Amon*, *Voisin*, *Küstner*, *Lichtinger*, *Frank* y otros establecieron métodos diversos, en parte muy extraños y contradictorios entre sí. El médico de Zúrich doctor *Schultheß* pertenece también a este grupo, pero merece mención especial por ser el primero que distingue entre tartamudeo y dislalia (*Stammeln*) y pide un tratamiento distinto para cada uno de estos trastornos del habla. El tartamudeo le parecía «torpeza en el movimiento de la lengua» y «espasmo reflejo», y como remedio recomendaba cortar el frenillo y el músculo geniogloso, para que la lengua ganara movilidad. Para los casos leves aconsejaba recurrir al método homeopático, preservar a los tartamudos de emociones violentas y una gimnasia regular de los órganos de la voz y del habla.

Del valor de esta última creía haberse convencido desde que conoció el método de la norteamericana Mrs. *Leigh*. Esta señora había estado casada con un hombre que tartamudeaba, en el que, tras nueve años de observación atenta, había reconocido las causas del trastorno y con ello los medios de remediarlo. Cuando más tarde, ya viuda, entró en la familia del médico doctor Yates, curó con el método que había inventado a su hija de 18 años, gran tartamuda, y pronto alcanzó gran celebridad. Su método se basaba, en pocas palabras, en considerar que el tartamudo tenía una lengua demasiado pesada, por la cual al hablar la punta de la lengua se hundía demasiado. Con una gimnasia sistemática de la lengua debía remediarse el mal. Mrs. Leigh tuvo con su método, según se cuenta, éxitos sensacionales, y los hermanos Malbouche, apoyados por «una patente exclusiva y una gratificación del rey», practicaron en los Países Bajos la curación del tartamudeo según el método de Leigh a gran escala. Por medio de un comerciante llamado Charlier, cuyo hijo había sido curado por el doctor Malbouche, el método entró en Aquisgrán y se extendió rápidamente por toda Europa. Pero por grande que fuera el número de sus partidarios y panegiristas, a la larga se vio que no daba resultado como remedio para todos los casos, como se había afirmado jactanciosamente. Y es característico de lo deprisa que desapareció la confianza de la población en el método de Leigh que, inmediatamente después, la curación del tartamudeo de *Dieffenbach*, extraordinariamente cruel y sangrienta, pudiera dar que hablar y ganar partidarios en los círculos médicos. El cirujano Dieffenbach hacía a los tartamudos cortes transversales en la raíz de la lengua, e incluso extirpaba trozos enteros de músculo en forma de cuña. Al principio los operados podían hablar, pero la curación no duraba. En cuanto cicatrizaban las heridas, el trastorno volvía a empezar y empeoraba a ojos vistas, de modo que la dolorosa operación se había hecho completamente en vano. A pesar de ello, este tipo de curación tuvo acogida, y numerosos médicos procedieron contra el tartamudeo del mismo modo que Dieffenbach. Solo los expertos ingleses y franceses no quisieron saber nada del corte de lengua que Dieffenbach había recomendado con palabras entusiastas en su «Carta circular a toda Europa, 1841». Por otro camino, pero también quirúrgico, procedieron todavía *Du Soit*, que veía la causa del tartamudeo en un espasmo de los órganos respiratorios sobre los que la voluntad no podía ejercer influencia, y operaba el velo del paladar y las amígdalas; *Arnott*, que llamaba al tartamudeo espasmo de la glotis, y *Schmalz*, que veía en él un espasmo de las cuerdas vocales y en consecuencia —como aquel— cortaba el músculo vocal para remediar el mal.

En la misma medida en que creció el conocimiento de que el tartamudeo es un padecimiento meramente psíquico, se abandonó el método quirúrgico y ocupó su lugar el método dictatorial-pedagógico. *Klencke*, *Merkel*, *Rosenthal*, *Wyneken*, *Blume*, *Jourdant*, *Schrank* y otros señalaron que el tartamudeo tiene su primera causa en el órgano central y que, por tanto, la voluntad ya no dominaba suficientemente los órganos del habla, de donde resultaba que el curso dictatorial-pedagógico era el más adecuado para curar el mal. Al principio se apoyaba la influencia educativa directa sobre el tartamudo con medios auxiliares mecánicos. *Klencke* se servía de una plaquita de madera en forma de herradura que se ponía bajo la lengua; *Itard* manejaba una horquilla para la lengua, y *Colombat de l'Isère*, director del instituto ortofónico de París, a quien la Academia de Medicina había concedido un premio de 5000 francos por su famoso libro sobre la curación del tartamudeo, se había construido un depresor de lengua. Además aplicaba el método del compás que había inventado, que sin embargo no dio resultado, porque el habla acompasada se le quedaba al paciente después de curado y llamaba mucho la atención en el trato social. Klencke conservó los ejercicios respiratorios de Colombat, añadió ejercicios de sonidos y de habla e intentó despertar y fortalecer en el paciente la confianza en sí mismo y la energía mediante una enseñanza educativa y una disciplina rigurosa. Con ello sentó las bases de los métodos que hoy son de uso general y que han de calificarse de los más adecuados y acreditados.

Lo que había impedido a Klencke, Merkel y otros destacados observadores del tartamudeo encontrar el camino correcto para curarlo fue que pasaron por alto algo muy evidente, a saber: tomar el proceso del habla normal como punto de partida de todo el tratamiento. El habla normal se produce con la espiración. Las cuerdas vocales entran en vibración y con ello se produce el sonido. El tartamudo no puede producir estas vibraciones en absoluto o no lo suficiente; a consecuencia de contracciones o tensiones involuntarias de los músculos del aparato del habla, expulsa el aire antes de tiempo o lo retiene, de modo que se le cierra la glotis al principio o en el curso del discurso, o bien inspira a destiempo o de manera insuficiente, de modo que no tiene aire de reserva para hablar. Su respiración está sometida al hablar a espasmos tónicos o clónicos. Si quiere inspirar, estos espasmos pueden detener o frenar el diafragma en su movimiento descendente, con lo que la inspiración se interrumpe o se hace imposible. También la espiración se produce de manera incorrecta e inadecuada. La elasticidad de los pulmones se debilita, la presión del aire en los pulmones disminuye. La relajación y la salida del aire se producen demasiado deprisa. Los esfuerzos violentos del tartamudo por superar estas dificultades, y luego los característicos movimientos asociados, que solo son secundarios y voluntarios, hacen que el tartamudo se aparte cada vez más de la correcta disposición de los órganos para el acto normal del habla y pierda por último por completo el dominio sobre la coordinación ordenada de respiración, formación de la voz y articulación. Por eso el tartamudeo ha de calificarse —como lo ha hecho el profesor doctor Kußmaul— de neurosis espástica[^t2] de coordinación.

Si se considera en su conjunto todo el proceso que conduce al tartamudeo, resulta sin más que la causa del mal no está en la lengua, sino en los órganos de la respiración y de la formación de la voz. El tartamudo puede pronunciar clara y distintamente todas las vocales, articular correctamente las consonantes, puede siempre cantar, casi siempre declamar y hablar en voz baja. Pero al hablar tiene miedo, sobre todo cuando se le observa, respira mal, quiere hablar con los pulmones vacíos, separa la consonante inicial de la vocal siguiente o la repite varias veces o la sostiene antinaturalmente, y ya está el tartamudeo. De aquí se sigue que el tartamudeo, incluso en el peor de los casos, puede curarse; pero la curación no es cosa del médico, pues las intervenciones médicas y quirúrgicas son aquí completamente inútiles, sino del maestro y del educador. Solo puede lograrse mediante ejercicios de respiración, de formación de la voz, de lectura y de habla, y pertenece, por tanto, al terreno de la pedagogía terapéutica. La tarea principal del proceso curativo consiste en regular, fortalecer y normalizar de manera duradera las funciones fisiológicas de los órganos que intervienen en el acto del habla, de modo que queden capacitados para el uso normal, y además en ejercer sobre la voluntad del paciente, mediante un tratamiento psíquico, una influencia decisiva para el habla natural. El aparato del habla descuidado tiene que ponerse por completo bajo el dominio de la voluntad y mantenerse en él. Los medios para ello son el ejercicio y la habituación. Los métodos científicos de curación del tartamudeo hoy en uso —que llevan los nombres de *Günther*, *Denhardt*, *Gutzmann* y *Coën*— trabajan con estos medios y responden plenamente a las exigencias. Las diferencias entre ellos son pequeñas y se refieren a puntos secundarios. En principio reina acuerdo general. El tratamiento individual de los tartamudos, que es el único que puede reclamar legitimidad pedagógica, no se atará de antemano y definitivamente a ninguno de los métodos, y con aplicación, constancia, habilidad y energía cualquiera de ellos garantiza el éxito.

[^t1]: El impreso escribe «Hypokrates», aquí y más adelante; también «Diffenbach» una vez y «Colombat de l'Isére». (N. del T.)

[^t2]: El impreso dice «spartische», errata por *spastische*. (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre el *Hamburger Echo*, 20. Jahrgang, Nr. 198, 26 de agosto de 1906, Erste Beilage, pág. 5, y cotejada con el facsímil de la SUB Hamburg (Deutsches Zeitungsportal).

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Se conservan la división en párrafos y las cursivas del original. *Stottern* se traduce «tartamudeo»; *Stammeln*, «dislalia» (con el alemán la primera vez); *Heilpädagogik*, «pedagogía terapéutica», según el glosario; *Mitbewegungen*, «movimientos asociados». Las citas de autores antiguos se traducen del alemán de Rühle. Las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo.
