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Title: El predominio de la mano derecha en el ser humano
Description: Artículo del Hamburger Echo en el que Rühle expone, según la psicología genética y fisiológica de su tiempo (Baldwin, Enderlin, Romanes, Sully), que el predominio de la mano derecha no se debe a la habituación ni a la educación sino a la organización del cerebro, y que la mano y el lenguaje se desarrollan unidos; de ahí deduce la necesidad pedagógica de introducir el trabajo manual en la escuela.
Author: Otto Rühle
URL: https://adler.school/archivo/ruhle/1906-07-08%20Die%20Rechtsh%C3%A4ndigkeit%20des%20Menschen
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# El predominio de la mano derecha en el ser humano

Por Otto Rühle.

Según la ley biogenética fundamental, reconocida en general por las ciencias naturales, el curso del desarrollo del individuo es en todas sus fases una repetición del desarrollo que ha seguido a gran escala la especie, la raza humana. Sobre la base de este conocimiento científico se construye la psicología genética o del desarrollo, que ve en la vida anímica del individuo la imagen reducida del proceso de formación psíquica de la humanidad; y en relación muy estrecha con ella se ha desarrollado la psicología fisiológica, que, frente a la concepción anticuada según la cual los múltiples fenómenos de la vida interior humana deben considerarse productos de la actividad de ciertas fuerzas anímicas fundamentales, supone para lo espiritual del ser humano, como condiciones necesarias, fenómenos corporales paralelos bien determinados; es decir, sostiene que todo fenómeno psíquico ha de entenderse como emanación de determinados procesos físicos. En el trabajo de investigación de la psicología genética y de la fisiológica desempeña un gran papel la cuestión de a qué leyes de desarrollo están sometidos la inteligencia, la actividad racional y el lenguaje, tanto en el individuo como en la raza, y qué condiciones fisiológicas subyacen a esas leyes. Los psicólogos del niño y de los pueblos han coincidido aquí en la interesante comprobación de que el desarrollo de la razón, de la actividad de pensar y del lenguaje está unido por evidentes relaciones causales con el desarrollo de la *mano* humana; mejor dicho, de que el desarrollo del entendimiento y de la razón está condicionado directamente por la formación de la mano como órgano universal de nuestra acción. El desarrollo intelectual parte de la actividad de los órganos prensiles, y entre el crecimiento de la habilidad manual para agarrar y manipular, por un lado, y el despliegue de la inteligencia, por otro, existen relaciones causales bien determinadas. En la cuestión del desarrollo de la mano y de la habilidad manual entra en consideración en primer lugar la mano *derecha*, circunstancia que ha hecho que el problema del *predominio de la derecha* en el ser humano —precisamente por los nuevos elementos científicos que acabamos de indicar— haya entrado en un estadio completamente nuevo.

Desde hace dos milenios, investigadores doctos se ocupan de averiguar *cómo adquirió el ser humano el predominio de la mano derecha*. Como se desprende de relatos mitológicos, representaciones figuradas y denominaciones lingüísticas de las épocas más antiguas a las que tiene acceso la historia, es una propiedad antiquísima de los seres humanos. Lehmann-Nitzsche ha encontrado que en los esqueletos prehistóricos los huesos de las extremidades superiores derechas eran más pesados y macizos que los de las izquierdas; todos los trabajos que exigían en alguna medida fuerza o habilidad se realizaban con toda probabilidad con ellas. En cambio, Brinton creyó poder concluir de hallazgos prehistóricos en América que las tribus de allí estaban formadas al menos en un 35 por ciento por zurdos; pero su afirmación ha sido refutada por la ciencia tan a fondo como la suposición de Mortillet de que las herramientas prehistóricas de sílex halladas en Francia tenían que haberse fabricado para una población compuesta en dos tercios por zurdos. De hecho, también los dibujos, rayados y tallas prehistóricos en piedra, en los que los perfiles están orientados siempre hacia la izquierda con gran seguridad y aguda caracterización, permiten concluir un predominio absoluto de la derecha. También los pueblos salvajes de hoy, que en general representan el nivel cultural de generaciones prehistóricas, son casi exclusivamente diestros. Con la derecha lleva el salvaje la flecha a la cuerda del arco, que sostiene con la izquierda; con la derecha lanza la maza y la lanza, y con la derecha hace todas sus tareas importantes, exactamente igual que el hombre civilizado. Solo en los pueblos de nivel más bajo, que se acercan mucho a los monos, se encuentran en mayor número individuos igual de hábiles con ambas manos, mientras que los zurdos no aparecen tampoco aquí en mayor cantidad que en los pueblos civilizados. Entre estos, por término medio, alrededor del 98 por ciento tiene manos desiguales, es decir, dispone de una derecha fuerte y hábil y una izquierda débil y torpe; solo en pocas personas las dos manos son igual de fuertes y de hábiles, por no hablar de las rarísimas excepciones en que la izquierda supera en fuerza y habilidad a la derecha. Ongla[^t1] calcula el número de zurdos en Inglaterra en el 4½ por ciento, Hyrtl en Alemania en el 2 por ciento, Brinton en América en el 2-4 por ciento; Hasse y Dehner encontraron en Alemania, entre 5000 personas examinadas, incluso solo un 1 por ciento de zurdos. En general se considera normal el uso de la derecha y anormal, e incluso ridículo, feo y señal de malos hábitos y mala educación, el uso de la izquierda. A los niños que comen con la izquierda o usan el cuchillo con la izquierda se les reprende; en realidad no se sabe bien por qué: actúan contra la costumbre, contra la tradición, y esta falta los hace llamativos y reprochables a los ojos de la sociedad, como se suele reprender toda manifestación de mala educación. En la mayoría de los casos, en efecto, se atribuyen las causas de la desigualdad de las manos a la educación, y precisamente a la de la primera infancia. A menudo se encuentra la opinión de que, por ejemplo, el uso de la izquierda se debe a que el niño dormía siempre sobre el lado derecho, o a que la madre lo llevaba sobre todo en el brazo izquierdo para poder trajinar en la casa con la derecha, de modo que el niño, al agarrar, dependía principalmente de la izquierda. Otros suponen como causas procesos anteriores al nacimiento, y otras explicaciones plausibles por el estilo. Lástima que todas resulten insostenibles. Ni el azar, ni la habituación y la educación, ni las anomalías anatómicas producen en el individuo la desigualdad de las manos ni la han producido en el género humano; antes bien, esta está condicionada, como probablemente han establecido de manera definitiva investigaciones recientes, *como un fenómeno del todo natural, por la constitución orgánica, por la constitución corporal natural del ser humano*.

La anatomía del cerebro humano y la fisiología del sistema nervioso humano muestran, según Enderlin, diferencias esenciales en la estructura microscópica y en la disposición funcional de los dos hemisferios cerebrales. Cierto número de funciones las dirige uno de los dos hemisferios, mientras que otras están ligadas por igual a ambos. Los haces nerviosos de la mitad izquierda del cuerpo están en conexión con el hemisferio derecho, y los de la mitad derecha con el hemisferio izquierdo. Las dos mitades del sistema muscular están, pues, inervadas y controladas por los hemisferios opuestos. Ahora bien, investigadores como Geiger, Spencer, Kapp, Noiré, Woltman[^t2] y otros coinciden en que el ser humano solo pudo elevarse por encima de la serie animal y alzarse al dominio de la naturaleza gracias a la actividad técnica de la mano. El primer paso fue la transformación de la mano, de órgano de locomoción, en instrumento universal de la acción; el segundo, la creación de herramientas para construir y destruir, con lo cual el ser humano llegó al concepto lógico de causa. Con Baldwin tenemos que suponer que el predominio de la derecha y la diferencia entre los dos hemisferios cerebrales surgieron en algún estadio del desarrollo de nuestra raza y, como desde el principio les iba unida cierta utilidad, se conservaron y afianzaron. El estado normal es desde entonces que un hemisferio izquierdo vigorosamente desarrollado condiciona el uso de la derecha; solo por excepción aparece un hemisferio derecho muy desarrollado y, como consecuencia natural, el uso de la izquierda.

Pero —seguimos aquí de nuevo a Enderlin— en el diestro también la *función del habla* está localizada en el hemisferio izquierdo, y en el zurdo en el derecho. Esto quiere decir que el centro motor del lenguaje y el de la mano que tiene la preponderancia funcional están reunidos en el mismo hemisferio. Esta circunstancia hace suponer de entrada que *entre ambos ha de existir una conexión fundamental*, suposición que se confirma con una mirada al desarrollo del lenguaje.

Antes de que el niño sea capaz de servirse de sonidos articulados para hacerse entender, muestra, como dice James Sully, un «germen de formación de signos espontánea y originaria». Los primeros de esos signos son simples movimientos gestuales, por ejemplo, tender los brazos cuando el niño quiere que la niñera lo coja. Por lo que se ha podido establecer, estos signos se adquieren instintivamente como resultado del movimiento de agarrar. En los niños retrasados en el habla, y más aún en los sordomudos, el lenguaje de gestos desempeña un papel; se sabe, en efecto, que los sordomudos desarrollan por propio impulso entre ellos un sistema acabado de signos gestuales. Y también en el habla corriente, en los oradores hábiles, en el trato verbal en general y más aún en las discusiones animadas, se expresan sentimientos y sensaciones con ademanes, movimientos de las manos y gestos, o se refuerzan con ellos enérgicamente y se apoyan eficazmente las palabras y giros correspondientes. Esta estrecha relación entre lenguaje y movimiento de la mano hace que la investigación científica considere muy probable que el lenguaje hablado se haya desarrollado de la mano del lenguaje de gestos. Romanes tiene por seguro, fuera de toda duda, que la influencia recíproca de la gesticulación y la facultad de hablar ha sido grande, y que primero hubo un progreso del gesto al habla y luego otra vez del habla al gesto. Tylor opina que es muy improbable que un niño pueda llegar a un uso inteligente del lenguaje sin ayuda del gesto, y Tracy califica el gesto de primer lenguaje natural de los seres humanos, del que se ha desarrollado el lenguaje de palabras y del que depende la adquisición de este. En el desarrollo del niño, en efecto, la capacidad expresiva de la mano precede al lenguaje, como muestran fácilmente las observaciones. Según Baldwin, el uso preferente de la derecha se desarrolla entre el sexto y el séptimo mes de vida, mientras que el lenguaje articulado, como confirman también Wundt, Neumann y muchos otros, lo hace mucho más tarde. El nacimiento del predominio de la derecha precede, pues, al nacimiento del lenguaje. A la inversa, en las enfermedades atróficas del cerebro se pierde primero el habla y solo después la capacidad de gesticular. También un trastorno del lenguaje, la afasia motora, confirma la relación fundamental entre movimiento de la mano y lenguaje. Un afásico, aunque todavía entiende el lenguaje hablado, ya no puede servirse de él porque el centro motor del lenguaje está enfermo; pero sí puede, como cuenta Tracy, hacerse entender todavía por gestos. Si el enfermo es diestro y se le mueve con viveza el brazo derecho, según Féré encuentra con mucha frecuencia las palabras perdidas. Del mismo modo, como cuenta Enderlin, los pedagogos de los trastornos del habla intentan ayudar a recuperar el habla a niños afásicos cuyos centros motores del lenguaje en el hemisferio izquierdo se han vuelto inservibles, procurando con ejercicios sistemáticos del brazo izquierdo iniciar la formación de un centro motor del lenguaje en el hemisferio derecho; igual que para curar a los tartamudos se suelen hacer con provecho ejercicios de movimiento del brazo derecho.

La consideración de la relación entre habilidad manual, predominio de la derecha, actividad racional y lenguaje ofrece también una clave para entender por qué los animales no pueden hablar. El empleo exclusivo de las extremidades para la locomoción ha conservado en el cerebro el equilibrio de los dos hemisferios. No fue posible una preponderancia del hemisferio izquierdo sobre el derecho, y por eso no pudo desarrollarse el predominio de la derecha, y menos aún un lenguaje hablado. Los monos tienen cuatro manos, de las cuales usan por lo general las dos delanteras con la misma habilidad; pero además de órganos prensiles, las manos les sirven a la vez de órganos de locomoción, de modo que se mantiene el equilibrio de los dos hemisferios (y con él la ambidextría).

De aquí se sigue, por cierto, que la formación de ambas manos hasta una habilidad igualmente desarrollada, por ejemplo en la escritura o el dibujo, en el modelado o la configuración plástica, no representa en modo alguno un progreso, como algunos creen. En los últimos años se ha señalado muchas veces el éxito del dibujo con las dos manos tal como se practica en las escuelas norteamericanas. Se ha recordado a este propósito a Leonardo da Vinci y a Menzel, que podían trabajar con ambas manos con igual soltura y habilidad. Pero en el dibujo de la escuela popular el uso simultáneo de ambas manos solo es aplicable en una medida muy limitada, a saber, al dibujar rectas que corren en la misma dirección, al trazar curvas que pueden hacerse de un trazo rápido y, por último, en las líneas circulares, ovales y espirales, siempre hechas en grandes pizarras murales. Para ello no hace falta una práctica tan grande, con tal de que la articulación del hombro tenga la libertad necesaria, que, si falta, se consigue mejor con los ejercicios gimnásticos correspondientes. En todo caso es inútil y verdadera pérdida de tiempo dedicar a ello mucho tiempo y esfuerzo en la clase de dibujo. En la enseñanza del modelado, que por desgracia no tiene todavía derecho de ciudadanía en nuestras escuelas populares, los ejercicios en ese sentido están más en su lugar. Si se introdujera por último la *enseñanza por el trabajo* en el plan de estudios de nuestras escuelas, también la mano izquierda tendría ocupación suficiente, y lo que Liberty Tadd dice en su obra *Neue Wege zur künstlerischen Erziehung der Jugend* [Nuevos caminos para la educación artística de la juventud] sobre el efecto del dibujo con los dos brazos valdría mucho más para la actividad de trabajo hecha con los dos brazos: el cerebro y el espíritu, el pensamiento y la imaginación se vuelven tanto más vigorosos cuanto más firme es la conexión de cada mano con el hemisferio correspondiente y cuanto mayor es la facilidad con que ambos trabajan juntos.

En esto está precisamente la mayor ganancia de esta discusión. Muestra con insistencia y claridad irrecusables hasta qué punto la *exigencia de introducir la actividad técnica en la escuela, de incorporar los trabajos manuales y la enseñanza por el trabajo al sistema educativo* encuentra su condición y su fundamento en la esencia psicofisiológica más íntima del niño. La educación de la juventud por el trabajo no es una moda ni un experimento pedagógico, ni un capricho ni una fantasía, sino una necesidad pedagógica profundamente fundada en la naturaleza del niño y, como han mostrado estas consideraciones, condicionada también *por su desarrollo psíquico*.

[^t1]: Así en el impreso («Ongla»); probablemente William Ogle, autor de un conocido estudio sobre la zurdería (1871). (N. del T.)

[^t2]: El impreso trae «Woltman», «Janus Sully» y «Lenardo»; se dan aquí las formas correctas (Ludwig Woltmann, James Sully, Leonardo), también donde aparecen más adelante. (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre el *Hamburger Echo*, 20. Jahrgang, Nr. 156, 8 de julio de 1906, Zweite Beilage, pág. 9, y cotejada con el facsímil de la SUB Hamburg (Deutsches Zeitungsportal).

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Se conservan la división en párrafos y las cursivas del original. *Rechtshändigkeit*, *Linkshändigkeit*, *Ungleichhändigkeit*, *Beidhändigkeit* se traducen «predominio (o uso) de la mano derecha», «uso de la izquierda», «desigualdad de las manos», «ambidextría»; *Arbeitsunterricht*, «enseñanza por el trabajo»; *Handfertigkeit(sunterricht)*, «trabajos manuales». Las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo.
