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Title: Tipos psíquicos de edad
Description: Artículo divulgativo del suplemento literario del Vorwärts, firmado «O. R.»: repasa las divisiones de la vida en edades desde la Antigüedad y la pedagogía de Comenio a Herbart, los comienzos de la psicología infantil (Tiedemann, Sigismund, Preyer) y las seis etapas del desarrollo psíquico del niño que se admiten en su época, y reprocha a la ciencia burguesa no haber estudiado cómo las condiciones sociales frenan ese desarrollo: «el niño proletario espera aún a su biógrafo».
Author: Otto Rühle
URL: https://adler.school/archivo/ruhle/1906-03-15%20Psychische%20Alterstypen
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# Tipos psíquicos de edad

Es una observación antiquísima que, en un desarrollo normal del ser humano, la madurez intelectual aumenta en paralelo con el crecimiento corporal. Con cada etapa de la vida cambia la imagen de la psique humana, y así como la experiencia médica y pedagógica ha llevado a distinguir ciertas etapas generales de la vida, también la psicología distingue, según las formas que el pensar, el sentir y el querer adoptan en esas etapas, los llamados *tipos psíquicos de edad*. Es evidente que tener en cuenta los tipos de edad es de la mayor importancia para la educación del niño.

La división de los seres humanos en jóvenes y viejos, menores y mayores de edad carece de significado científico; también la conocida división en tres: infancia, juventud, vejez, es todavía cosa de profanos. Solo con el conocimiento de que los 6-7 años, como momento del cambio de dientes, y los 14 años, como comienzo de la madurez sexual, son verdaderos puntos de inflexión en el desarrollo del ser humano, aparecen huellas de un trabajo científico de observación e investigación. Los nombres de *Solón* e *Hipócrates* caracterizan este período. Relativamente tarde se llegó a un acuerdo sobre el comienzo de la tercera etapa de la vida; en el siglo VI después de la fundación de Roma se fijó para ello el 25.º año de vida. Cuatro etapas de la vida —infancia, juventud, edad viril y vejez— cantó *Horacio* un siglo antes del nacimiento de Cristo.

Entre los germanos el número siete desempeñó desde antiguo un papel. Conocemos la división de la carrera del caballero en etapas de siete años; sabemos que la asistencia a la escuela se fijó en siete años, y ahora en gran parte en ocho.

Cuando pedagogos y psicólogos empezaron a darse cuenta de la importancia de las etapas de la vida y, en consecuencia, dedicaron al desarrollo del niño una observación más cuidadosa, surgieron pronto distintos métodos para medirlas. Amos *Comenio* (1591-1670) distinguió desde el nacimiento períodos de seis años: el regazo materno, la escuela de la lengua materna, la escuela latina, la academia. El fisiólogo *Burdach* (1770-1847) tomó como unidad de las etapas la duración de la vida fetal, de 40 semanas; al mismo tiempo, el teólogo *Schwarz* (1766-1837) dedicó gran atención a la cuestión de los tipos de edad: su *System der Erziehung* [Sistema de la educación] no es otra cosa que una historia del desarrollo del ser humano en la que las etapas de la vida, con sus tipos físicos y psíquicos, determinan las distintas secciones. También el teólogo *Denzel* (1773-1838) estableció a su manera «períodos principales del desarrollo intelectual». *Jean Paul* (1763-1825) saca a la luz en su obra pedagógica *Levana* abundante material para la teoría de los tipos de edad, y lo mismo *Fröbel*, el fundador de los jardines de infancia (1782-1852), en su *Erziehung des Menschengeschlechts* [La educación del género humano][^t1]. Por la misma época, la escritora pedagógica Albertine de *Necker-Saussure* intentó en una obra ordenar toda la labor educativa con el niño según las distintas etapas de su desarrollo anímico, y *Herbart*[^t2] (1776-1841) distinguió en su libro *Umriß pädagogischer Vorlesungen* [Bosquejo de lecciones de pedagogía] cuatro etapas: los tres primeros años de vida, del cuarto al octavo año, la edad del muchacho y la del adolescente. Otros pedagogos dividieron los ocho años de escuela en nuevas etapas de dos, cuatro y otra vez dos años.

Por apreciables que sean todas estas aportaciones y otras semejantes, observa a este respecto Hartmann en la *Encyklopädie* de Rein, todas muestran en definitiva un defecto: pasan en silencio lo verdaderamente valioso, a saber, el procedimiento de observación y el material observado. No se sabe, pues, en qué se apoyan las afirmaciones y tesis generales.

La base solo se hizo más fiable cuando la psicología logró llegar a un conocimiento más profundo de las funciones del cerebro infantil y a una visión más precisa del desarrollo de la vida anímica juvenil.

Ya en 1787 el profesor de Marburgo *Tiedemann* había hecho, a partir de las observaciones de su hijo, nacido en 1781, notas precisas sobre «El desarrollo de las facultades del alma en los niños», pero solo 75 años más tarde se les prestó atención en Alemania, cuando aparecieron por segunda vez en traducción francesa. Entretanto Charles *Darwin* había reunido cuidadosas observaciones sobre el desarrollo de su hijo, pero antes de que apareciera la publicación (1877) salió al mercado un escrito de *Löbisch*, *Entwickelungsgeschichte der Seele des Kindes* [Historia del desarrollo del alma del niño], que sin embargo pasó poco advertido, hasta que en 1856 apareció el librito *Kind und Welt* [El niño y el mundo], de la pluma del médico de Rudolstadt Berthold *Sigismund*, que fue de una importancia innovadora. También este escrito se basa en observaciones que el autor había hecho en su hijito. Pero cuando, según cuenta en el prólogo, comparó sus notas con las observaciones hechas en otros niños, advirtió diferencias y discrepancias tan esenciales que decidió repartir hojas de observación a cierto número de madres y elaborar los resultados así obtenidos junto con los suyos, para llegar de ese modo a leyes universalmente válidas del desarrollo humano. De manera parecida procedió *Kurtmann*, que en su *Tagebuch der Erziehung* [Diario de la educación] publicó formularios para anotar los resultados de la observación, en los que tenía en cuenta sobre todo los seis primeros años de vida: la etapa de lactante, la de la ingenuidad y la del niño respondón. Más tarde aparecieron todavía las *Untersuchungen über das Seelenleben des neugeborenen Kindes* [Investigaciones sobre la vida anímica del recién nacido] de *Kussmaul* y, en Francia, la importante obra de *Perez* *La psicología del niño* (1878), hasta que en 1882 el profesor *Preyer*, con su libro *Die Seele des Kindes* [El alma del niño], que hizo época, eclipsó todos los trabajos realizados hasta entonces en el campo de la psicología infantil. Partiendo de observaciones y experimentos referidos al desarrollo de su hijo, desarrolló de manera ejemplar el método biográfico, para pasar luego al método comparativo. Su obra se convirtió en fundamento de todos los trabajos posteriores en el campo de la observación y la investigación del niño, también y sobre todo en el extranjero, donde Compayré en Francia, Sully en Inglaterra y Stanley Hall en Norteamérica siguieron construyendo sobre el material existente, llegaron por caminos nuevos a resultados nuevos y llevaron la ciencia de la vida anímica de los niños a un notable grado de desarrollo.

Con ello se había obtenido también material en gran cantidad para ver más claro y distinguir con más seguridad en la cuestión de los tipos psíquicos de edad. Se llegó al acuerdo de que el tiempo *anterior al comienzo de la escolaridad obligatoria* se divide en dos etapas de desarrollo de tres años, mientras que *el tiempo escolar propiamente dicho* se articula en cuatro etapas, la primera y la segunda de las cuales abarcan por lo general dos años de vida; las dos últimas son de duración indeterminada.

En los tres primeros años de vida, que se caracterizan como *primera* etapa del desarrollo, el niño está casi por completo bajo el dominio de los sentidos. Con la manifestación de la conciencia de sí entra en el *segundo* período del desarrollo. «El niño normal tiene ahora unos tres años. Ya no se comporta solo de manera receptiva, sino también reproductiva. Empieza a comparar, a distinguir, a imitar y a combinar, a formar grupos y series de representaciones. La imaginación se despierta, empieza el pensamiento. Del círculo de las intuiciones se forma el círculo de las ideas. El niño juega ahora de un modo mucho más pensado y

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más independiente que antes, sabe entretenerse aunque esté solo, es curioso, tiene cien ocurrencias. Pregunta mucho y le gusta que le cuenten historias, sobre todo las que dan libre juego a su imaginación. También se vuelve prudente, atento y sensible a la alabanza y la censura. Despierta el sentimiento del honor, se anuncia el juicio moral. El trato con los de su edad le resulta cada vez más grato, y como al mismo tiempo encuentra gusto en toda clase de ocupaciones, la estancia en un jardín de infancia le sienta muy bien». Esta etapa del desarrollo, que se extiende hasta el final del sexto año de vida, es de la máxima importancia para el despliegue y la madurez psíquicos del niño. Se trata aquí de formar el círculo de intuiciones que el maestro, cuando el niño entra en la escuela, tiene que dar por existente. Porque el niño ha de ser apto para la enseñanza, es decir, ha de disponer de cierto grado de madurez intelectual que le capacite para seguir la enseñanza y elaborar mentalmente la materia que se le ofrece. Para ello necesita una cantidad de representaciones y conceptos correctos que puedan servir de puntos de enlace a los nuevos conocimientos que se añaden. Cuanto mayor sea el caudal de representaciones en la edad anterior a la escuela y cuanto más claras y seguras sean las distintas representaciones, tanto más fácilmente comprenderá y aprenderá el niño en la escuela, tanto más deprisa se ampliará su círculo de representaciones y de ideas. La experiencia enseña que la mayoría de nuestros niños, cuando llegan a la escuela, son muy pobres en representaciones utilizables; de ahí la exigencia de ayudar a los niños, de manera cómoda y agradable, a reunir una suma mayor de representaciones utilizables mediante una activa práctica del juego, mucho movimiento al aire libre, el trato con otros niños y —si de algún modo es posible— la asistencia a un jardín de infancia bien dirigido.

Aproximadamente desde el séptimo año de vida hasta el final del octavo, el niño se encuentra en la *tercera* etapa del desarrollo, que en el fondo no es más que una etapa de transición y por lo demás se caracteriza como etapa de la imaginación libre y de la confianza infantil.

Incomparablemente más importante es la *cuarta* etapa, en la que se desarrolla la memoria mecánica. «La capacidad de volver a traer a la conciencia representaciones adquiridas en su simultaneidad y sucesión originales, capacidad que es de la mayor importancia para todo el desarrollo intelectual ulterior del ser humano, alcanza finalmente un grado de fuerza tan alto que bien puede decirse que el niño se halla ahora, en lo que toca a su desarrollo intelectual, bajo el dominio de la memoria mecánica» (Hartmann). El muchacho se hace notar en esta etapa por su gran movilidad y su fiereza, su afán de pelea, su manía de tener razón y sus burlas; la niña llama la atención por su carácter irritado, pendenciero y enfurruñado. El educador tiene que estar muy en guardia para no perder por completo su autoridad, y con ella su influencia, por inconsecuencias o debilidades que los niños descubren en seguida y explotan a fondo.

La *quinta* etapa es la «del entendimiento ascendente y de una conducta influida por una creciente comprensión moral», a la que sigue como *sexta* la etapa «del entendimiento predominante y de una acción determinada por ideas morales». Es el tiempo en que los niños —como suele decirse— se vuelven más juiciosos, la formación de conceptos psíquicos hace rápidos progresos y el dominio del entendimiento se manifiesta cada vez con más decisión. Al mismo tiempo se afirma la voluntad, la energía gana en fuerza, se forman criterios y principios morales, y todo el desarrollo está dominado en este estadio por un mayor afán de perfección.

Es digno de nota todavía que con las edades de la vida suelen cambiar también los temperamentos del ser humano. Lotze, en su *Mikrokosmus*, asignó como disposición natural a la infancia el temperamento sanguíneo, a la adolescencia el sentimental, a la edad viril el colérico y a la vejez el flemático.

En la ciencia burguesa sobre las etapas psíquicas de la vida no se encuentra *una* comprobación, aunque es del todo conocida, a saber: que el desarrollo psíquico del niño se ve perjudicado en muchos aspectos en la misma medida en que el corporal sufre *bajo lo adverso de las condiciones sociales*. Esta comprobación nos interesa de manera muy especial. Ya existe material científico aislado que podría ofrecer puntos de apoyo en este sentido. Pero la psicología infantil burguesa no ha emprendido aún una investigación sistemática de las relaciones entre desarrollo físico y psíquico *bajo condiciones sociales distintas*. El niño *proletario* espera todavía a su biógrafo.

O. R.

[^t1]: Así en el original; la obra principal de Fröbel se titula *Die Menschenerziehung* (1826). (N. del T.)

[^t2]: El original imprime «Herbert». (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del número completo del *Unterhaltungsblatt des Vorwärts*, Nr. 52, Berlín, 15 de marzo de 1906, págs. 206-207, digitalizado por la Friedrich-Ebert-Stiftung. Los comentarios `S. n` del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Se conservan la división en párrafos, las cursivas (que reproducen el espaciado del original) y la paginación original. *Alterstypen* se traduce «tipos de edad»; *Altersstufe*, «etapa de la vida»; *Vorstellung*, «representación»; *Anschauungskreis* y *Gedankenkreis* (términos herbartianos), «círculo de intuiciones» y «círculo de ideas». Los títulos de libros citados se dan como los da el autor, con traducción entre corchetes. Las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo.
