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Title: Trabajo infantil y resultados escolares. I
Description: Primera parte de un artículo de Rühle sobre el trabajo infantil: reúne las cifras de la estadística profesional de 1895, de la encuesta oficial sobre el trabajo infantil fuera de las fábricas y de la encuesta de la Asociación Alemana de Maestros —oficios, jornadas nocturnas, el campo prusiano y mecklemburgués, los informes de la inspección de fábricas de 1905— para mostrar la magnitud de la explotación de la infancia proletaria, que la nueva ley de protección no ha frenado.
Author: Otto Rühle
URL: https://adler.school/archivo/ruhle/1905-11-17%20Kinderarbeit%20und%20Schulerfolge.%20I
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# Trabajo infantil y resultados escolares

## I

Quien examine críticamente los resultados de la enseñanza de nuestra escuela primaria tiene que llegar al convencimiento de que los logros de la educación oficial son sumamente insatisfactorios. Es sabido por todos que solo aproximadamente la mitad de los alumnos de la escuela primaria alcanza la meta formativa hasta la que deberían ser llevados todos. En muchas ciudades, y sobre todo en el campo, el porcentaje de los rezagados es todavía mucho mayor. De este fenómeno poco grato tienen sin duda una parte considerable de la culpa la organización y el método de enseñanza de la escuela actual. Pero sería injusto atribuir a la escuela *toda* la culpa.

No puede caber duda alguna, por ejemplo, de que el *trabajo infantil*, es decir, la explotación capitalista de la fuerza de trabajo infantil por la industria y la agricultura, perjudica de manera muy considerable el resultado de la labor educativa en nuestras escuelas primarias.

La historia de la lucha por liberar a la juventud del yugo de la esclavitud del trabajo es uno de los capítulos más ignominiosos de la historia del capitalismo en general. Hizo falta una pugna de setenta años para conseguir medidas legales que debían librar al niño de la suerte atormentada del trabajo asalariado en las *fábricas*, a la que había quedado entregado desde que el empleo capitalista de la máquina desató en el empresariado el hambre voraz de la barata fuerza de trabajo de la juventud. Hoy existe la prohibición; pero en las fábricas siguen penando niños. Y allí donde de verdad se ha puesto fin a esta forma de explotación infantil, prospera con tanta más exuberancia otra en la industria a domicilio, en los talleres, en la agricultura, en el comercio y el transporte, en el servicio doméstico, etc.

Según los resultados de la estadística profesional e industrial del [1]4 de junio de 1895, había en el Imperio alemán 214 954 niños menores de [1]4 años «con ocupación lucrativa como profesión principal y en el servicio doméstico», de ellos 135 125 en la agricultura, [2]5 267 en la industria, 33 501 en el servicio doméstico, etc. Pero estas cifras, que la propia estadística calificaba de «cifras mínimas», no expresaban ni de lejos todo el alcance de la explotación infantil. Con todo, ellas, y más aún los crudos detalles de los resultados, causaron un efecto estremecedor. 1575 niños (entre ellos 122 niñas) trabajaban en tejares, 2075 ([?]3 niñas) en cerrajerías, 2107 (29 niñas) en carpinterías, 1803 (103 niñas) en panaderías, 792 (459 niñas) en la industria del tabaco, 2272 (120 niñas) como albañiles, 617 ([?]8 niñas) como carpinteros de obra, 340 (3 niñas) como carreteros, [?]49 (5 niñas) como hojalateros, 464 (220 niñas) en la elaboración de metales preciosos, 492 (35 niñas) en la fabricación de aparatos mecánicos, 131 (12 niñas) como cuchilleros, [?]25 (21 niñas) en la extracción de mineral, 241 (30 niñas) en fundiciones, 274 (62 niñas) en minas de carbón, 225 (14 niñas) en turberas, 302 (44 niñas) en canteras, [?]71 (34 niñas) en fábricas de vidrio, 895 (2 niñas) como pintores de interiores, 385 (14 niñas) en molinos de cereal, 495 (20 niñas) en imprentas, 92 (2 niñas) como caldereros, 458 (11 niñas) como guarnicioneros y correeros, etc. ¡No había oficio que fuera demasiado pesado, demasiado agotador, demasiado peligroso para las débiles, inmaduras, no desarrolladas fuerzas de trabajo de los niños!

Como a los junkers les había disgustado mucho que en esta estadística la agricultura ostentara el primer lugar con el mayor número de niños explotados, el gobierno se apresuró a hacer realizar en todo el Imperio encuestas sobre el trabajo infantil industrial fuera de las fábricas, con exclusión expresa de la agricultura. Estas encuestas, cuyos resultados el gobierno no se decidió a publicar sino tras tres años de vacilación, sacaron a la luz un material espantoso.

Más de *medio millón* de niños proletarios uncidos al yugo del trabajo desfilaron en procesión estremecedora ante las miradas horrorizadas de sus contemporáneos. Se habían registrado 532 283 niños menores de 14 años con ocupación lucrativa fuera de las fábricas. Si se añadían los jóvenes esclavos asalariados de las fábricas, de la agricultura y del servicio doméstico, podía estimarse en un millón, en números redondos, la cifra real de los niños sacrificados al Moloc del capital.

*Sajonia* encabezaba la estadística de la miseria con 137 831 niños con ocupación lucrativa (el 22,80 por ciento de todos los escolares de Sajonia). La seguían Sajonia-Altenburgo (19,24 por ciento), Schwarzburgo-Rudolstadt (16,42 por ciento), Sajonia-Meiningen (16,40 por ciento), Sajonia-Coburgo-Gotha (15,16 por ciento), Reuss, línea mayor (13,54 por ciento), la ciudad de Berlín (12,83 por ciento), Schwarzburgo-Sondershausen (10,65 por ciento), y así sucesivamente hacia abajo hasta el 0,58 por ciento de Waldeck. Prusia contaba 269 598 (con Renania y Silesia en primer lugar), Baviera 12 907, registrados sin embargo por órganos de policía, Wurtemberg 19 546 (de ellos 12 000 «estimados»), Baden 28 788 niños con ocupación lucrativa. Según la clase de ocupación, el 57,64 por ciento correspondía a la industria, el 25,52 por ciento a los servicios de reparto, y el resto al comercio, los recados, las posadas, etc. Casi la mitad de todos los niños ocupados en la industria correspondía al ramo textil: 70 138 a la hilatura y el tejido (de ellos 34 145 en Sajonia), 22 149 al ganchillo y el bordado (11 601 en Sajonia), 26 691 a la pasamanería (23 643 en Sajonia). Entre las demás industrias, las que contaban más niños ocupados eran: los tejares en Baden, la fabricación de porcelana y artículos de vidrio en Meiningen, de cabezas de muñeca en Rudolstadt, de cadenas de reloj en Oldemburgo, de encajes en Sajonia, etc. Además, los niños trabajaban como albañiles, cerrajeros, herreros, macheros, obreros de la madera, del juguete y de los instrumentos musicales; partían, labraban, picaban, amolaban y pulían piedras; molían tierras y colores, vidriaban barro y troquelaban botones; acarreaban, empaquetaban y serraban tablas; limpiaban, peinaban y raspaban pieles; pintaban porcelana, hacían cepillos, deshebraban y clasificaban azafrán, etc. El capital sabía encontrar sitio para cada niño en los locales sofocantes, llenos de polvo y de humo.

Los cuerpos debilitados de los desdichados, su creciente atrofia intelectual y degeneración moral despertaron por fin también en el magisterio voces de compasión, hasta que, tras una serie de intentos aislados, se llevó a cabo una encuesta estadística organizada por la Asociación Alemana de Maestros (*Deutscher Lehrerverein*). Es un timbre de gloria para los maestros haber descubierto, con esta enérgica iniciativa, la miseria de la explotación infantil en toda su desnudez.

Mientras que según el informe oficial la magnitud del trabajo infantil industrial se había calculado para todo el Imperio en un 6,5 por ciento, la encuesta de los maestros comprobó en las grandes ciudades de un 10 a un 13 por ciento de niños y de un 6 a un 9 por ciento de niñas con ocupación lucrativa, en las ciudades marcadamente industriales del 30 al 50 por ciento, y en los pueblos industriales hasta el 80 por ciento. He aquí solo unas pocas cifras: Dresde, 17 por ciento; Halle, 22,2 por ciento; Chemnitz, 22-25 por ciento; Posen, 27,5 por ciento; Altenburgo, del 34 al 36,6 por ciento; Schmölln, 38-43,7 por ciento; Hohenstein-Ernstthal, 53,6 por ciento; Alta Meiningen (*Meininger Oberland*), 49,26-80,34 por ciento. Léase otra vez: más del ochenta por ciento de niños con ocupación lucrativa; y en Dresde uno de cada ocho, en Altenburgo uno de cada tres, en Hohenstein y Langenbielau uno de cada dos muchachos, un obrero; en Schmölln uno de cada cinco muchachos de siete años y una de cada tres niñas de ocho, bajo el yugo de la esclavitud. ¡Y encima las jornadas! En Sajonia-Coburgo-Gotha el trabajo habitual duraba de 7 a 8 horas; en Hamburgo penaban 810 niños hasta pasadas las 8, 150 de ellos hasta medianoche; en Anhalt, con gran esfuerzo, hasta las 10 de la noche; en Reuss, línea mayor, los chicos de las boleras hasta las 2 y las 3 de la madrugada; en Meiningen, en 4 municipios escolares, hasta las 9 de la noche, en 8 hasta las 10, en 13 hasta las 11, en 8 hasta las 12, en 3 hasta las 2, en 2 hasta las 3, en 1 hasta las 4 de la madrugada; en el distrito de Sonneberg (*Senneberger Bezirk*), a menudo la noche entera. En Charlottenburg, 20 niños tenían que empezar su jornada —¡en invierno!— ya antes de las 4 de la mañana, 175 entre las 4 y las 5, y tenían una jornada de 12 horas. Solo en Prusia, 110 082 niños eran explotados más de 3 horas al día; Agahd estimaba en 150 000 por lo menos el número de los niños sobrecargados. En Colonia trabajaban 173 niños hasta 44 horas a la semana, en Halle 8 hasta 50 y 5 hasta 60; en Brunswick, 9 hasta 48 horas. En Chemnitz se deslomaban 158 de esos pobres seres más de 13 horas al día. Innumerables niños tenían dos, tres y cuatro ocupaciones. En Charlottenburg tenían que subir escaleras: en 1 hora, 82 niños hasta 20 tramos, 51 hasta 40 y 7 hasta 60; en 2 horas, 44 hasta 25, 56 hasta 50, 22 hasta 75, 1 hasta 80, 1 hasta 90 y 1 hasta 120 nada menos. Un niño tenía que subir, desde las 3 y media de la mañana, 56 tramos de escalera y recorrer 4 kilómetros de camino; y entonces empezaba la clase.

En la agricultura la situación era más bien peor que mejor. En la provincia de Posen, de 55 alumnos de una clase solo 2 no hacían trabajos agrícolas. 20 habían dejado la casa paterna a los 6 años, 2 a los 7, 1 a los 8 y 2 a los 9, los demás a los 10 años o más, y servían en casa de extraños. En innumerables escuelas todos los alumnos tenían ocupación lucrativa. Los trabajos principales son arrancar remolacha, sacar patatas, la siega del heno y la cosecha del cereal, el cultivo del lúpulo y del tabaco, cortar turba, despedregar, pero sobre todo guardar ganado. De 44 jóvenes trabajadores de una escuela cerca de Lissa, 38, entre ellos 13 niñas, guardaban ganado. En Mecklemburgo, en un solo año, de 6514 escolares de más de 11 años más de la mitad (3375) fueron dispensados para trabajos agrícolas. En algunas escuelas el número de dispensados llegaba al 90 por ciento. También en Prusia se complace por este camino a los agrarios en la explotación infantil; solo en el distrito de Breslau, en 1897, 810 niños fueron eximidos de la enseñanza en 27 escuelas. En Konitz, la propia administración forestal real prusiana empleaba en trabajos del bosque a niños dispensados de aprender. El número de niños menores de 12 años ocupados en la agricultura era, según la estadística de 1895, de unos 30 000; los de más de 12 años pasaban de 105 000. La jornada no pocas veces era aún más larga que la de los pequeños esclavos asalariados de la industria; a ello se añadía que muchos trabajos tenían que hacerse con viento y temporal, bajo el sol abrasador y la lluvia, de modo que los niños estaban expuestos a todas las inclemencias del tiempo.

La nueva ley de protección de la infancia (*Kinderschutzgesetz*)[^t1] no se extiende a la agricultura; por eso la explotación de la fuerza de trabajo juvenil no ha perdido aquí nada de su terrible extensión e intensidad de antes. Según los apuntes de un maestro rural pomerano, un muchacho de 12 años tuvo que hacer en marzo y abril de 1904 los siguientes trabajos. 3.ª semana (marzo): en pie a las 4 y media. Trabajo de establo (ayudar a sacar el estiércol, acarrear agua, dar de comer) hasta las 7 y cuarto. Escuela. Al mediodía, cortar leña y machacar remolacha. Por la tarde, trabajo en el granero (bajar paja). Al anochecer, dar de comer (acarrear turba y agua). En total, de 7 a 8 horas de trabajo. Los domingos, 3 horas. 4.ª semana: aproximadamente el mismo trabajo, solo que algo más, porque los días se alargan. 1.ª semana (abril): trabajo extra por enfermedad del mozo. 56 horas de trabajo a la semana. 2.ª semana: por la mañana trabajo de establo, luego trabajo en el huerto. Por la tarde, limpieza del granero de grano. Trabajo regular: todos los días, quitar los brotes a las patatas en el sótano hasta las 8 de la noche. Duración del trabajo semanal: 60 horas. 3.ª semana: por la mañana trabajo de establo; fuera del horario escolar, atar fajinas de mimbre para arreglar caminos. Trabajo en el campo, trabajo en la casa. Y así sucesivamente, a menudo con una jornada de hasta 14 horas diarias, sin contar el tiempo de escuela.

Pero también en la industria, el comercio, etc., donde rige la ley de protección de la infancia, la explotación de la juventud proletaria sigue en pleno florecimiento. Según los informes de la inspección de fábricas de este año, solo en el distrito de Chemnitz se encontró a 115 niños menores de doce años empleados en contra de la prohibición; 526 niños tenían que trabajar hasta diez horas, cuando solo estaban permitidas tres o cuatro, y a 168 niños no se les concedía la pausa prescrita después de la clase de la tarde. En Plauen, Aue, etc., había niños con ocupación lucrativa en gran número por debajo de la edad permitida; las autoridades les habían extendido sin reparos, «por una interpretación errónea de la ley», las cartillas de trabajo necesarias. En el distrito de Posen, 22 niños, algunos de ellos de 7 a 12 años, estaban empleados diez horas diarias en apilar ladrillos, a pesar de la ley de protección de la infancia; el empresario, después de ganar con ello sumas enormes, fue castigado con… 6 marcos de multa. En Wurtemberg, las inspectoras de la inspección industrial encontraron muy a menudo a niños de cinco y seis años cosiendo guantes; en algunos municipios, los niños que habían trabajado de noche hasta las 12 tenían que ir a la escuela por la mañana en ayunas, y no recibían algo caliente hasta que los padres volvían a casa de la fábrica a la hora de la merienda. De 1312 niños inspeccionados, 355 no tenían aún la edad mínima legal.

Estas cifras y estos cuadros podrían multiplicarse por cien: la juventud del pueblo tiene que hacer todavía hoy sacrificios monstruosos al capitalismo.

[^t1]: Ley sobre el trabajo infantil en establecimientos industriales (*Gesetz, betreffend Kinderarbeit in gewerblichen Betrieben*), de 30 de marzo de 1903, en vigor desde el 1 de enero de 1904; no comprendía la agricultura ni el servicio doméstico. (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha desde la imagen de la *Leipziger Volkszeitung*, 12.º año, n.º 267, 17 de noviembre de 1905, suplemento de folletín (*Feuilleton-Beilage*), digitalizado por la SLUB Dresden (digital.slub-dresden.de/id394414608-19051117, imagen 11). Esta primera parte no va firmada; la segunda, *Kinderarbeit und Schulerfolge. II* (20 de noviembre de 1905), lleva la firma «O. R.». Algunas cifras de la imagen, de baja resolución y con el margen izquierdo dañado, son dudosas o se suplen entre corchetes (véase la nota de la versión original).

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). *erwerbstätig* se traduce «con ocupación lucrativa»; *Erwerbsarbeit*, «trabajo asalariado» o «trabajo lucrativo»; *Kinderschutzgesetz*, «ley de protección de la infancia»; *Austragedienste*, «servicios de reparto» (de periódicos, pan, leche); *Junkertum*, «los junkers». Se conservan las cursivas del original, que reproducen su espaciado.
