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Title: Iglesia, escuela y proletariado. I-II
Description: Artículo en dos entregas, sin firma, del Vorwärts (5 y 7 de agosto de 1904), atribuido a Otto Rühle por Stecklina (2002), que considera dudosa la autoría: la escuela popular no nació de la Iglesia sino contra ella, en las ciudades medievales; la Reforma la sometió a la religión y al príncipe, y la burguesía solo se interesó por ella mientras la necesitó la industria. Ante el compromiso escolar prusiano de 1904, el proletariado solo puede confiar en su propia fuerza.
Author: Otto Rühle
URL: https://adler.school/archivo/ruhle/1904-08-05%20Kirche%2C%20Schule%20und%20Proletariat
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## I

<!-- Entrega 1: Vorwärts. Berliner Volksblatt, Nr. 182, Freitag, 5. August 1904, S. 1 -->

<!-- S. 1 -->

# Iglesia, escuela y proletariado

I

Una y otra vez se encuentra —también en la prensa del partido— la falsa idea de que la Iglesia habría adquirido algún mérito al menos en los comienzos de la escuela popular. Esta idea está en contradicción con los hechos históricos.

La escuela popular no fue creada ni por la Iglesia católica, dueña absoluta en la Edad Media, ni por la Reforma; nació más bien en oposición consciente a la Iglesia y en dura lucha secular con ella, como producto del desarrollo económico de las ciudades medievales. Las escuelas secundarias sí son, desde luego, de origen eclesiástico. En ellas se formaban los hombres del gobierno espiritual y temporal de la Edad Media, es decir, clérigos y junkers, y más tarde también los hijos de los patricios de las ciudades. Para el «pueblo» no había establecimiento de enseñanza alguno mientras trabajó para un amo clemente como masa servil indiferenciada en el campo o en la ciudad. Solo cuando en las ciudades el artesano, hasta entonces sujeto a prestaciones, se liberó, cuando nació el artesanado burgués, cuando el individuo se hizo económicamente independiente, surgieron las primeras «escuelas de escritura». Los vecinos de una calle se juntaban y hacían que un vagabundo[^t1] enseñara a escribir a los niños en la vivienda de uno de ellos. Escribir era lo principal; de este «arte» lo necesitaba el maestro artesano para su oficio. La lectura, sobre todo porque aún no se había inventado la imprenta, solo venía en segundo lugar. También se practicaba el cálculo.

La Iglesia clamó desde el principio con la mayor dureza contra estas escuelas. Aquí se producía una novedad en la que ella no participaba en absoluto, en la que ni siquiera se le pedía consejo. Sobre su querido latín pasaban estas escuelas con fría sonrisa —¿qué iba a hacer el artesano con ese lastre?— y con orgullo se llamaban, por oposición a las escuelas latinas eclesiásticas, escuelas «dudesche» (alemanas). La enseñanza religiosa no se conocía en absoluto en estas escuelas. Para escapar a las persecuciones de los clérigos enfurecidos, las escuelas alemanas de escritura se escondían a menudo en rincones; de ahí el nombre de «escuela de rincón» o *Klippschule*[^t2].

Cuando comenzó la Reforma, había en casi todas las ciudades alemanas una escuela popular ricamente desarrollada. Que no trabajó sin fruto lo demuestra —por citar un solo ejemplo— una mirada al canto de los maestros cantores de las ciudades, que, con toda su pedantería silábica, o más exactamente precisamente por ella, presupone una buena formación de los artesanos y de sus oficiales y aprendices en la lengua alemana.

La Reforma ni siquiera fomentó la escuela popular, como afirma una piadosa mentira histórica, sino que, al contrario, dañó gravemente su desarrollo. La Reforma puso la Iglesia al servicio del señorío territorial. Como por desgracia se le dejaron también las escuelas, la escuela popular fue sacrificada asimismo a este ilustre fin. Aunque solo indirectamente, o mejor dicho, solo en segundo lugar. La Iglesia se quedó primero con la nata de la escuela popular y dejó graciosamente el resto al príncipe. Se educó a los niños para ser buenos cristianos y súbditos leales. Si hasta la Reforma no hubo en absoluto enseñanza religiosa en la escuela popular, pero sí una enseñanza de la escritura tanto mejor, las visitas escolares de los reformadores introdujeron precisamente la enseñanza religiosa en su plan de estudios como la actividad principal de la escuela popular, y en lugar de la escritura la lectura pasó a ser, junto a la religión, la materia más importante, ¡para que los niños pudieran estudiar cuanto antes la Biblia traducida al alemán y muy difundida por la imprenta, además del catecismo y el libro de cánticos!

Sobre esta «base» siguió vegetando la escuela popular alemana desde la Reforma hasta el siglo XIX. No se le concedía un fin propio. Se la consideraba buena para prestar servicios de criado a la Iglesia y para educar a los príncipes súbditos y soldados.

El desarrollo económico de aquella época contempló con total indiferencia esta decadencia de la escuela popular. En el apogeo del trabajo manual parcelado, puramente mecánico, los fabricantes no necesitaban obreros instruidos. Y el pequeño artesanado independiente estaba él mismo tan degradado que no tenía conciencia de la degradación de la escuela popular. La Iglesia no tenía, pues, en todos esos largos siglos a nadie que temer que hubiera tenido valor o ganas de disputarle el dominio usurpado sobre la escuela popular. Aprovechó ese tiempo para encadenar la escuela tan fuertemente a sí que todavía hoy incluso los maestros liberales sienten angustiosas palpitaciones cuando de pronto se ven ante la idea de que la escuela haya de separarse *por completo* de la Iglesia, es decir, también suprimiendo la enseñanza religiosa.

Solo con la gran industria moderna, con los progresos técnicos producidos por la máquina en el desarrollo económico, la burguesía se interesó por la escuela popular. La producción capitalista moderna no puede servirse de obreros completamente incultos. Un cierto mínimo de saber ha de exigirlo a sus objetos de explotación. Como bajo la soberanía exclusiva de la Iglesia las escuelas populares estaban tan arruinadas que ya ni siquiera daban ese mínimo, la burguesía se vio obligada, en su más propio interés, a ganar por su parte influencia sobre las escuelas. Se fundaron escuelas de fábrica, escuelas dominicales, escuelas industriales; las ciudades volvieron a ocuparse más de su escuela popular, y los paladines teóricos de la clase burguesa, que siempre han sabido hacer de una mosca un elefante, proclamaron con estridentes toques de fanfarria la gran y desinteresada afición de la burguesía a la escuela.

## II

<!-- Entrega 2: Vorwärts. Berliner Volksblatt, Nr. 184, Sonntag, 7. August 1904, S. 1 -->

<!-- S. 1 -->

Iglesia, escuela y proletariado

II[^1]

Pero este entusiasmo de la burguesía por la separación de la escuela y la Iglesia, por la escuela popular general y otras cosas bonitas no duró demasiado. Exactamente tan traidora como se comportó después de la revolución de marzo[^t3] respecto a las demás reivindicaciones de libertad, como se alió, para una explotación económica más tranquila, con los restos absolutistas y feudal-clericales de las antiguas clases dominantes, exactamente igual de falsa y ambigua se comportó con la escuela popular. Ante el pueblo, el nacionalliberalismo sigue coqueteando gustoso hasta hoy con su afición a la escuela; en realidad, los fabricantes nacionalliberales se oponen al menor progreso de la escuela actual con la misma inflexibilidad que los barones de las chimeneas[^t4] del partido conservador libre, los junkers conservadores o los devotos del Centro. Para los fines capitalistas, las escuelas populares no necesitan ser mejores de lo que son hoy. En esta opinión coinciden hoy los capitalistas de todas las confesiones y de todos los matices de partido. Y la consecuencia de esta opinión es el estancamiento, más aún, el evidente retroceso de nuestra escuela popular desde hace más de treinta años. Que, a pesar de ello, haya sido posible el considerable desarrollo económico de Alemania en este periodo prueba que la caza del beneficio capitalista, practicada sin consideración por el bienestar corporal y espiritual de la gran masa, no presupone en absoluto una escuela popular sólida.

Ningún partido que quiera dejar intacta la base capitalista de la sociedad actual toma en serio su solicitud por la escuela popular. El junkerismo conservador solo tolera la escuela popular a regañadientes; si fuera por sus deseos, la escuela popular podría suprimirse hoy mejor que mañana. Los grandes fabricantes capitalistas necesitan la escuela popular para la formación de los objetos de explotación que les hacen falta. Pero esta formación no debe sobrepasar cierto límite, si no ha de volver a ser poco rentable. Como la escuela popular actual ha alcanzado hace tiempo ese límite, la actividad legislativa de la gran burguesía respecto a la escuela popular consiste en frenar. La pequeña burguesía tampoco necesita ya, como antes, la escuela popular. Para sus hijos se han creado las escuelas burguesas (*Bürgerschulen*), medias y *Realschulen*[^t5] y otros centros intermedios. Solo quedan *los obreros*, que tienen un interés inmediato y vivo en la escuela popular. Todos los progresos reales que hoy se logran aquí y allá en la escuela popular se deben, por eso, exclusivamente, directa o indirectamente, a la actividad de la clase obrera consciente en el Reich, en el Estado y en el municipio.

¿Por qué, podría preguntarse, se agitan entonces tanto los partidos burgueses, en particular los liberales, por el compromiso escolar?[^t6] ¿Por qué pudo el liberalismo, hace apenas doce años, desencadenar un movimiento tan vivo a causa de la escuela popular? No era ni es la escuela popular en sí el móvil, sino que la escuela popular se utilizaba entonces y se utiliza hoy de buena gana como medio para un fin. La escuela popular sirve a los «combatientes de la Kulturkampf» del gran capital como el ariete más popular contra el Centro. Uno se envuelve en el manto de la simpatía por el pueblo, lucha en apariencia por la escuela del pueblo, por liberarla de la opresión clerical. Pero en realidad la lucha no es *por* la escuela popular, sino *contra* el Centro. Hace doce años, los recuerdos de la Kulturkampf estaban más frescos entre los nacionalliberales que hoy. Por eso entonces también la fracción parlamentaria entró en bloque en la ruidosa lucha por la escuela popular. Desde entonces, las inclinaciones de Kulturkampf del liberalismo han palidecido; las tendencias de los partidarios de la mano dura las han relegado a segundo plano. No fue, pues, sino efecto de una sinceridad consciente o inconsciente que la fracción nacionalliberal de la dieta declarara, con su aprobación del compromiso escolar: ¡a qué tanto ruido por una tortilla! ¡Qué nos importa la escuela popular! ¡Qué nos importa Hécuba![^t7] Al «pueblo» ya no lo atrapamos con nuestra aparente afición a la escuela; eso lo han probado de nuevo los tres millones del año pasado[^t8]. Y además: al pueblo hay que conservarle la religión, da igual si abiertamente mediante la escuela confesional o por la puerta de atrás mediante la escuela interconfesional, que por otra parte casi no existe en ninguna parte.

La clase obrera puede contemplar con fría serenidad la batracomiomaquia[^t9] burguesa en torno a la escuela popular. Es verdad que se trata de la escuela a la que van los hijos del proletariado, y en esa medida a la clase obrera le interesa muchísimo si esta escuela ha de hacerse aún más eficaz de lo que ya es. Pero la clase obrera consciente no tiene la menor influencia directa en las instancias decisivas que en Prusia se disputan la escuela popular. El miserable sistema electoral de las tres clases la mantiene apartada de la Cámara de Diputados prusiana. Tiene, pues, que esperar a ver qué tienen a bien decidir los enemigos burgueses de la escuela popular para seguir empeorando la escuela del pueblo. Si la meta de la instrucción de la escuela popular volviera a rebajarse, la clase obrera sabrá consolarse con el tranquilizador hecho de que la escuela popular es solo *uno* de los muchos factores educativos y de enseñanza para los seres humanos en crecimiento. Quien tiene la escuela no tiene todavía, ni mucho menos, el futuro. Por otra parte, toda revisión regresiva de las metas educativas impuesta por los enemigos burgueses de la escuela popular en perjuicio de la clase obrera que avanza reforzará en medida creciente la energía revolucionaria del proletariado, hasta que haya ganado fuerza suficiente para acabar a fondo con la miseria cultural de hoy.

Y ahora, una palabra más sobre la actitud de la clase obrera ante la Iglesia en lo relativo a la escuela. En la Edad Media feudal la Iglesia era omnipotente, y reinaba también sin límites en la escuela. La emancipación del Estado y de la escuela respecto de la Iglesia, iniciada en las ciudades medievales, ha llevado al actual compromiso entre Estado e Iglesia en cuanto a su dominio sobre la escuela. En el futuro socialista la Iglesia ni dominará ni se compartirá siquiera con ella el dominio; se convertirá en asunto privado del individuo. En la escuela pública del futuro no hay, por eso, lugar para la Iglesia ni para la enseñanza religiosa.

Esta ruptura de principio con la Iglesia no es posible en el marco de la organización social actual. La Iglesia ha sabido aferrarse con demasiada fuerza a todas las formas del Estado burgués, de modo que parece haberse fundido con ellas. La liberación del Estado y de la escuela respecto de la Iglesia va de la mano de la liberación económica del proletariado respecto de la sociedad burguesa. Si hasta entonces la entrañable alianza entre Iglesia y burguesía, por miedo al peligro que amenaza a ambas desde el proletariado, se hiciera todavía más íntima, también en lo que toca a la escuela popular, el proletariado tendrá que resignarse: «Los tiranos se dan la mano». Una eventual acción común del proletariado con los partidos burgueses de izquierda contra la creciente clericalización de la escuela popular fracasa por la falta de fiabilidad del liberalismo burgués. Los librepensadores de izquierda y los jóvenes nacionalliberales no pueden reducir considerablemente esa falta de fiabilidad. *La liberación de los obreros, también en el terreno de la escuela, solo puede ser obra de los obreros mismos.* El fortalecimiento de la socialdemocracia en todos los terrenos es la única contraofensiva fiable y prometedora de la clase obrera contra las maquinaciones actuales y futuras de la burguesía hostiles a la escuela.

[^1]: Véase el n.º 182 del *Vorwärts*. [Nota de la redacción.]

[^t1]: *Vagant*: estudiante o clérigo errante de la Edad Media. (N. del T.)

[^t2]: *Winkelschule*, *Klippschule*: escuelas privadas no autorizadas, de nivel ínfimo. (N. del T.)

[^t3]: La revolución de marzo de 1848 en los Estados alemanes. (N. del T.)

[^t4]: *Schlotbarone*: apodo de los grandes industriales. El Partido Conservador Libre (*Freikonservative Partei*, en el Reich *Reichspartei*) agrupaba a la gran industria y a la aristocracia terrateniente. (N. del T.)

[^t5]: *Bürgerschule*: escuela burguesa, escuela elemental de pago, separada por clase social; *Realschule*: centro alemán de enseñanza secundaria sin latín, con lenguas modernas y ciencias; se deja en alemán, como *Gymnasium* y *Realgymnasium*. (N. del T.)

[^t6]: El *Schulkompromiss* de 1904 entre conservadores y nacionalliberales en la Cámara de Diputados prusiana, que fijó la escuela popular confesional y preparó la ley de mantenimiento escolar de 1906. Doce años antes (1892) la protesta liberal había hecho fracasar el proyecto de ley escolar confesional del ministro Zedlitz. (N. del T.)

[^t7]: Cita de *Hamlet* (II, 2): «What's Hecuba to him, or he to Hecuba?». (N. del T.)

[^t8]: Los algo más de tres millones de votos obtenidos por la socialdemocracia en las elecciones al Reichstag de 1903. (N. del T.)

[^t9]: *Froschmäusekrieg*, la «guerra de las ranas y los ratones», poema burlesco griego (*Batracomiomaquia*); por extensión, pelea ridícula. (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre los números completos del *Vorwärts* digitalizados por la Friedrich-Ebert-Stiftung: entrega I, Nr. 182, 5. August 1904, S. 1 (OR1904-30); entrega II, Nr. 184, 7. August 1904, S. 1 (OR1904-32). Artículo sin firma; atribuido a Rühle por Stecklina (2002), que considera dudosa la autoría.

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Se conservan las cursivas del original (espaciado en Fraktur). *Volksschule* se traduce «escuela popular», *Simultanschule* «escuela interconfesional», *Konfessionsschule* «escuela confesional», *Centrum* «el Centro» (el partido católico). Las adiciones del traductor van entre corchetes.
