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Title: Los ideales de los niños
Description: Artículo de prensa que comenta la encuesta de Joh. Friedrich sobre los modelos de 344 escolares bávaros: Rühle ve en el predominio de santos, personajes bíblicos, monarcas y guerreros, y en la casi ausencia de artistas y científicos, la prueba de que la escuela popular es sierva de la Iglesia y antesala del cuartel.
Author: Otto Rühle
URL: https://adler.school/archivo/ruhle/1903-11-08%20Die%20Ideale%20der%20Kinder
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# Los ideales de los niños

Por Otto Rühle

<!-- S. 9 (2. Beilage) -->

No hay nada que pueda dar a la juventud más sostén moral, a la personalidad en formación más firmeza moral, que los *ideales*. El entusiasmo soñador es más que pérdida de tiempo y embrutecimiento del ánimo: es un factor de formación, un medio para educar a las personas, de un valor que no hay que subestimar. Mejor soñar demasiado que demasiado poco. La sobria realidad de los hechos de la vida se encarga más tarde por sí sola de corregir lo necesario del arrebato alegre y entusiasta.

El valor educativo de los ideales se funda en el *poder del ejemplo*, que actúa a través de ellos. Es un hecho de la experiencia pedagógica que el ser humano, del que Aristóteles dice que es «una criatura que ama la imitación», se forma más según modelos que según doctrinas abstractas y preceptos teóricos. El ejemplo atrae al hombre suave e imperceptiblemente a su órbita y transforma como jugando su pensamiento y su vida afectiva en su propio sentido. «Cuando el desarrollo intelectual del niño avanza, de modo que su pensamiento se agudiza y su círculo de experiencia se amplía, le salen al paso multitud de personalidades que pueden darle ejemplos en el buen y en el mal sentido. Ya bastante pronto se eleva el niño a este punto de vista y elige su ideal, al que se esfuerza más o menos por emular. No solo las biografías de hombres importantes, sino también el propio recuerdo nos enseñan que cada uno, aunque con distinta nitidez y claridad, tuvo una personalidad ideal a la que procuraba acercarse, ya fuera en el perfeccionamiento intelectual o en el moral de sí mismo».

Por eso es interesante e importante para los educadores, los psicólogos de la infancia y los moralistas conocer los *ideales de los niños*: por una parte, para obtener así una visión del desarrollo del niño; por otra, para saber cómo es la educación moral del niño, con qué medios se practica y sobre qué base descansa.

Sobre la primera y, hasta ahora, probablemente también única investigación científica realizada en Alemania acerca de los ideales de los niños ha informado detalladamente un hombre de escuela, Joh. *Friedrich*, en la Zeitschrift für Pädagogik, Psychologie und Pathologie [Revista de pedagogía, psicología y patología] (editorial de Herm. Walter, Berlín), 3.er año, cuaderno 1. Para obtener información precisa sobre los ideales de los niños, el autor organizó una *encuesta* que consistió en pedir a los niños respuesta sobre dos puntos: «*¿Qué persona es tu modelo y por qué lo es?*». Los resultados son, en más de un sentido, del máximo interés.

Se consideran 344 niños, 166 varones y 178 niñas, de 11½ a 12½ años de edad. 237 niños eran católicos, 107 protestantes.

Según el resultado global de la encuesta, 14 niños eligieron sus ideales entre las personas de su trato, 27 en la lectura, 43 en la historia de los santos, 99 en la religión y la historia religiosa, 137 en la historia profana; los modelos de 8 niños eran artistas, los de 7 inventores y descubridores, los de otros 7 caudillos militares, y los de 2 niños, personas cualesquiera.

Llama la atención, en primer lugar, que tan pocos niños hayan elegido sus ideales entre las personas de su *trato*, es decir, del círculo de quienes se relacionan a diario con ellos de manera estrecha o estrechísima, y además que esos pocos niños sean sin excepción niñas. Probablemente sea cierto lo que dice Friedrich: que los niños, que, como es sabido, son agudos observadores, ven casi siempre más los defectos que las buenas cualidades de las personas con quienes tienen contacto, y eso les impide ver en ellas ideales. Para unas niñas la figura ideal era la maestra, para otras la madre; de las restantes, una niña se declaró por los padres, otra por el padre, el tío, la tía, el consejero escolar, el párroco, el obispo y una compañera, respectivamente.

La elección de los ideales en la *lectura* deja ver, observa Friedrich, que la lectura o bien se ha cultivado y fomentado de manera desigual y poco sistemática, o bien no ofrece aquellas figuras que incitan a los niños a la imitación. La mayoría de los votos (11 de 27) la obtuvo el capitán de caballería Kurzhagen, conocido por su amor a sus padres, de quien el libro de lectura de los niños cuenta una historia; 8 niñas y 3 niños lo declararon su ideal. Solo un niño y una niña nombraron a Tell; dos niños, a Klinke (guerra danesa de 1864). Además, recibieron un voto cada uno Catharina Weißgerber (guerra del 70, Saarbrücken), el lansquenete Schimmelmann, Hedwig, la esposa de Tell, el papa Sixto V, Hofreither, de la historia «Richter von Hintersberg», y también Rosa von Tannenberg (Chr. v. Schmid), Tom (Ott. Wildermuth), Trudchen (Baron), Baas («Tulpenzwiebel», de Frz. Hoffmann), la madrastra (Frz. Hoffmann), el aventurero Lenke (relato de indios) y Old Shatterhand (Karl May). Estos pocos datos dicen volúmenes enteros sobre la *selección sumamente unilateral* de los *relatos de los libros de lectura*, que en su mayoría prefiere la vida guerrera y militar, y también sobre el estado, en parte todavía *lamentable*, *de nuestra literatura juvenil*.

Donde se proponen *santos* como ideales, se hace notar, «junto a la influencia del sexo y de la religión, indiscutiblemente el hábito de clase. Los niños no eligieron ni una sola santa; en cambio, 19 niñas (5,7 %) eligieron a san Luis Gonzaga, a quien la Iglesia católica venera como modelo de la juventud. Varias veces se eligió también al santo patrón del propio nombre, lo que igualmente tiene su explicación en las instituciones de la Iglesia católica». El hecho mismo de que 43 niños (12,8 %) se declararan por santos muestra de sobra *el amplio espacio que ocupan el cultivo y fomento de la leyenda en nuestra escuela popular*, sobre todo en la católica. Nadie podrá afirmar sin violentar la verdad que tales historias inventadas, imaginadas solo para glorificar a la Iglesia y su doctrina, sean especialmente provechosas para la educación intelectual y moral de la juventud.

De *personajes bíblicos*, 22 figuran como ideales de los niños. Pablo reúne 12 votos, José 9, la Virgen María 8 y Job 7; los caracteres de estas personas son simpáticos a los niños y hacen por ello comprensible la elección. Menos comprensible es, sin embargo, que 2 niños hayan elegido a Ana (madre de María), 3 a Abraham, 3 a David, 2 al rey Ezequías, 2 al evangelista Juan, 2 a Pedro y 1 a Felipe; y francamente incomprensible es por qué razones pueden considerarse ideales Adán, el rey Ajab, Eleazar, el hijo pródigo y otros. Aquí se trata evidentemente de *extravíos* del mundo de representaciones infantil, una prueba de que *la enseñanza de la religión*, tan insistentemente subrayada en la escuela popular, *está muy lejos de poseer la fuerza moralizadora* que se le atribuye. Al contrario: *el niño puede llegar por la enseñanza de la religión*, como muestran estas cifras, *a ideales* que pueden tener una *importancia francamente funesta* para el desarrollo de su carácter y de su ser moral. Es un mérito especial del organizador de la encuesta haber enriquecido con valiosas aportaciones, gracias a estas *comprobaciones*, el número de argumentos que hablan en favor de *suprimir la enseñanza de la religión en la escuela popular*.

También la *enseñanza de la historia*, en *la forma* en que se imparte hoy en nuestras escuelas, encierra *graves peligros morales*. Lo que se llama enseñanza de la historia no es en realidad otra cosa que un montón de fechas de batallas, fechas de nacimiento y muerte de príncipes, anécdotas para glorificar a dinastías o a determinados gobernantes, etc. A los niños se los educa en la ilusión de que toda la salvación del mundo se debe a emperadores, reyes, soberanos por la gracia de Dios y guerras sangrientas; de una enseñanza de la historia *verdadera*, que presente todo lo ocurrido como producto de un desarrollo condicionado por necesidades económicas, *ni rastro*. ¡Qué tiene de extraño que en las cabezas de los niños rondan como ideales, desde la más temprana edad, toda clase de majestades y representantes del oficio de la guerra! Donde el asesinato en masa está santificado, a la generación que crece tiene que parecerle algo deseable llegar a ser iguales, o al menos parecidos, a los celebrados representantes de esta sociedad y de este sistema. Carlomagno, que hizo degollar a 4500 sajones en un solo día, colma como ideal la mayoría de los ánimos infantiles; 21 niños y 8 niñas se entusiasman por él. Federico Barbarroja, Otón de Wittelsbach, la reina Luisa y el príncipe elector bávaro Max José son otros ideales. El príncipe-obispo Julius Echter von Mespelbrunn, que alcanzó una triste celebridad por haber perseguido a los protestantes, sirve de modelo digno de imitación a 6 niños y 9 niñas. La intolerancia, la sed de rapiña y de sangre, el afán de persecución, la crueldad y todas las demás pasiones e instintos que escarnecen la verdadera moralidad y la civilización, desatados y desarrollados por la guerra, celebran verdaderos triunfos. ¡Y con *tales* «ideales» ante los ojos y ante el alma crece nuestra juventud!

La magnitud de los peligros morales de una enseñanza de esta clase solo se expresa del todo, sin embargo, cuando se compara con los ideales históricos de los niños el *número espantosamente pequeño* y la *calidad aún más espantosamente pobre* de los ideales que tienen su patria en el *arte y la ciencia*. Mientras que Tilly tiene entre los niños 3 admiradores, Kilian, el apóstol de los francos, 5, el papa León XIII 3, Bismarck 6, el príncipe regente Luitpold 4 y el duque bávaro Maximiliano 5, por *Schiller* se entusiasma una *sola* niña, por Richard Wagner 1 niño, por Mozart, Schwanthaler y el fundidor Miller igualmente un niño cada uno, y otro tanto por Fraunhofer, Franklin y Berthold Schwarz; Körner es nombrado como ideal por dos niños y Colón por 3; un niño se entusiasma por Karl May, el autor de las conocidas historias de indios. ¡Qué *pobreza de espíritu*, qué *bajo nivel de nuestra formación artística* expresan estas míseras cifras! ¿Y qué podría demostrar de manera

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más drástica que este resultado desolador la legitimidad del movimiento, nacido de maestros de *Hamburgo*, en favor del cultivo y el fomento de la educación artística por la escuela? Es además especialmente digno de nota lo que Friedrich escribe sobre este grupo: «Para este grupo (inventores y descubridores) es determinante en todos los casos el *plan de estudios*. Llama la atención que sus personalidades se habían tratado poco antes de la encuesta y que a menudo eran alumnos flojos los que elegían a dichas personalidades. La pobreza intelectual estrechaba el horizonte, y así podría hablarse quizá de "*ideales de compromiso*"». Con esta explicación, el resultado de la encuesta resulta *aún más triste* de lo que ya es.

Mientras que verdaderos portadores de cultura, auténticos pioneros de la ciencia, el arte y la civilización, luchadores por la libertad de pensamiento, el derecho y el bienestar de los pueblos, precursores del progreso y de la verdadera humanidad solo aparecen muy aisladamente, o en absoluto, entre los ideales de la nueva generación que crece, esta se entusiasma por personalidades estrechamente, estrechísimamente vinculadas con el mundo de representaciones *religioso* del pueblo, con el *monarquismo* y el *militarismo*. Solo los puntos de vista de la religión y del servicio de las armas son determinantes en la elección de las figuras ideales según cuyo modelo debe configurarse la vida de la juventud. Es un hecho: la escuela popular de hoy es la sierva de la Iglesia y la escuela preparatoria del patio del cuartel. Y como la Iglesia y el cuartel están destinados únicamente a *proteger los intereses de la propiedad*, también la escuela, como asalariada mal pagada y aún peor tratada, está *en el penoso servicio de los poderes dominantes*. La que debería ser guía hacia la libertad, educadora para la humanidad, auxiliar en la lucha por los bienes más ideales de la humanidad, ayuda al pueblo a forjarse cadenas, a cegarse los ojos y a matar el espíritu.

De los ideales de nuestros niños resuena fuerte y claro: Yo acuso…

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha desde las imágenes del *Hamburger Echo*, n.º 262, 8 de noviembre de 1903, segundo suplemento, págs. 9-10 (OR1903-13), digitalizado por la Staats- und Universitätsbibliothek Hamburg (Deutsches Zeitungsportal).

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). *Volksschule*, «escuela popular»; *Schulmann*, «hombre de escuela»; *Verlegenheitsideale*, «ideales de compromiso». «Wie Figura zeigt» se traduce «como muestran estas cifras». Los títulos de obras citadas se dejan en su lengua.
