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Title: Colonias de vacaciones
Description: Artículo de prensa sobre las colonias de vacaciones para niños pobres: Rühle traza su historia (Hamburgo, Zúrich, Frankfurt, Berlín), describe sus formas (colonias de baños, de leche, urbanas, completas, acogida individual) y reclama que municipios y Estado asuman lo que hoy depende de la beneficencia privada, como parte de las reivindicaciones culturales de la socialdemocracia.
Author: Otto Rühle
URL: https://adler.school/archivo/ruhle/1903-08-02%20Ferienkolonien
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# Colonias de vacaciones

Por Otto Rühle

<!-- S. 5 (1. Beilage) -->

«… Y entonces algo me empuja monte arriba, adentro del bosque que susurra. Y cuando camino así por la mañana silenciosa y los ojos se abren tanto a toda esa belleza, entonces empiezo a sentirlo, el *encanto del viaje*. Y todo lo que hace poco me parecía tan importante y tanto me abrumaba, de pronto lo veo tan pequeño, tan diminuto desde allá arriba. Qué olvidado y perdido queda todo lo que está allá abajo. Ya no me acuerdo de qué día de la semana es ni de la fecha. Y si alguien me preguntara: "Pero ¿es usted el doctor Walther Hinzelmann, al que tantas veces he visto tan malhumorado en casa?"… creo de veras que le respondería: "Debe de equivocarse, ese es un hermano mío mucho mayor". Y todo eso lo hace el encanto del viaje…»

Con estas palabras ensalza en el «Weißes Rößl» [El Caballito Blanco] de Blumenthal el erudito particular Dr. Hinzelmann las maravillas y delicias del encanto del viaje.

¡Y en verdad! Viajar tiene algo de mágico. ¡Fuera de la ciudad, de su humareda y del ruido de sus calles! ¡A los bosques verdes, a las montañas azules, al aire limpio! ¡Tiene de verdad algo maravilloso!

Dichoso el hombre que puede hacerlo, a quien su cargo y su situación le permiten viajar. Dichoso el enfermo que, huyendo de las habitaciones cargadas, puede buscar junto a la bondadosa madre Naturaleza curación y alivio para sus dolencias y debilidades. Dichoso el padre de familia que puede sacar a sus *hijos* «de la angostura opresiva de las calles» para que respiren el aire del mar, aspiren en sus almas jóvenes el aliento del bosque, retocen con alegre despreocupación y se recreen con las bellezas de la tierra.

Pero los bienes de la tierra están desigualmente repartidos. Solo unos pocos de las interminables multitudes de quienes más necesitarían un viaje de vacaciones o de baños están en la feliz situación de poder hacer, durante días o semanas, una pausa en el curso uniforme de su trabajo sin restringir esencialmente su nivel de vida. Entre hollín y humo, entre vapor y vaho, tiene que aguantar el proletario de fábrica en su trabajo, exactamente igual que el tejedor detrás de su telar, el dependiente de comercio detrás de su mostrador, el proletario intelectual detrás de su escritorio. La pobre mujer proletaria tiene que pasar su vida sin interrupción, sin una variación que refresque los nervios y el alma, en un mísero hogar, como madre atormentada de la joven prole proletaria y, de paso, con harta frecuencia todavía como obrera de fábrica, sin alegría y sin sol. Pero lo *más triste*, lo *más digno de compasión* es el número infinitamente grande de *niños* de mejillas pálidas, pecho estrecho y agotados, cuyos padres, en su pobreza sin límites, no pueden pensar en procurarles un descanso durante el verano; no: niños que más bien tienen que ayudar durante las vacaciones escolares a ganar el sustento. De todos los pecados y crímenes contra el pueblo de que se hacen culpables las clases dominantes, los cometidos contra la *juventud* son los más graves y terribles; para ellos no hay expiación bastante grande.

Relativamente tarde han pensado filántropos nobles y de buen corazón en mitigar y aliviar en este sentido *la miseria de la juventud del proletariado*.

A fines de la década de 1880[^t1], una señora de *Hamburgo*, Emilie Wüstenfeld, presidenta de la Asociación de Mujeres para el Apoyo de la Beneficencia Pública, dirigió a gente acomodada de los alrededores de Hamburgo un ruego público para que acogieran como huéspedes de vacaciones a escolares pobres de la ciudad. Pero el llamamiento no parece haber encontrado mucho eco. Se sabe que en el año 1876, por iniciativa de la «*Asociación Escolar Benéfica*» (*Wohltätiger Schulverein*) de *Hamburgo*, siete niños pobres y enfermizos fueron confiados al cuidado de familias del campo. Pero aquello no eran todavía *colonias de vacaciones en sentido propio*. Estas aparecen más o menos por la misma época por primera vez en *Zúrich*; su fundador es el párroco de la ciudad de Zúrich *Brion*[^t2]. Allí se enviaron por primera vez colonias colectivas, con fines no solo «higiénicos, sino también pedagógicos determinados, bajo la dirección de maestros», a los valles boscosos de los Alpes de Appenzell. Más tarde también la Asociación de Ahorro y Socorro para Niños de *Viena* incluyó las colonias de vacaciones en su programa y desde entonces se llamó «Primera Asociación Vienesa de Colonias de Vacaciones»; en lo sucesivo desplegó una agitación muy activa en este terreno y con ello dio en Austria un impulso eficaz a la fundación de muchas colonias.

Con ocasión de un viaje a Suiza, el consejero sanitario Dr. *Varrentrapp*, de Frankfurt del Meno, conoció en 1877 las colonias de vacaciones de Bion. Enseguida empezó a trabajar en el mismo sentido en *Frankfurt*, y con tal éxito que ya en 1878 pudo enviar al campo a 37 niños enfermizos bajo la dirección de ocho guías. Ese mismo año también la fundación evangélica Johannisstift de *Berlín* envió a diez niños durante las vacaciones a la acogida de verano.

En el curso del periodo de desarrollo siguiente se produjo pronto una fusión del sistema de Hamburgo (acogida individual) y del de Zúrich (colonias colectivas): por regla general se reunía a 20 o 25 niños y se los alojaba, bajo la vigilancia de un maestro o una maestra, en una posada rural, mientras que los niños especialmente formales y juiciosos eran confiados por parejas, en la misma estación, al cuidado de familias, de modo que podían reunirse muy fácil y cómodamente con sus compañeros para jugar y hacer excursiones en común, y el guía podía vigilarlos.

Un *reconocimiento médico* permanente de los colonos que había que seleccionar no se estableció hasta 1885; aisladamente, eso sí, ya existía antes. En esos reconocimientos médicos se había comprobado que para muchos niños, a causa de grandes debilidades corporales o de dolencias particulares, era deseable una *estancia en un balneario* para una cura y un cuidado eficaces. Así, en 1880 se hizo el primer intento práctico de enviar niños enfermizos y débiles a un lugar de baños. En su libro «*Ferienkolonien*» [Colonias de vacaciones] (editorial del Dr. Ed. Schnepper, Frankfurt del Meno), escrito con gran minuciosidad y que trata la materia de forma exhaustiva, Joh. *Bergknecht* señala que fue la Asociación para la Higiene Doméstica de Berlín la primera que gastó *6821 marcos* para enviar a 8 niños a unos baños salinos y a 50 niños y 50 niñas al campo. La primera colonia de baños de mar se estableció en 1881; hoy hay estaciones de acogida en los balnearios de Kolberg, Harzburg, Halle, Kissingen, Kreuznach, Kösen, Nauheim, Inowrazlaw, Berg Divenow, Duhnen junto a Cuxhaven, Gr.-Müritz, Heringsdorf, Norderney, Travemünde, Wangerooge, Sylt y Zoppot.

La crónica falta de dinero que sufren casi sin excepción las colonias, sostenidas solo con donativos benéficos, llevó a otra institución más, la fundación de *colonias de leche*. A ellas se destina a los niños a quienes, por falta de medios, no se puede conceder la participación en una colonia lejana, de mar o de baños salinos. Con los niños se hacen, «durante todo el día, a menudo también solo por la mañana o por la tarde, paseos en común por los alrededores de su localidad, se los alimenta con leche, pan y comidas completas, se les facilita el uso de un baño y se organizan para ellos fiestas infantiles especiales».

Muy parecidas a las colonias de leche son las *colonias urbanas*, a las que con frecuencia también se llama colonias de leche, porque también en ellas la leche es el alimento principal. También están destinadas a los niños que por falta de dinero no pueden ser enviados fuera, pero cuyo estado de salud y físico exige una cura de fortalecimiento. Bergknecht dice de ellas: los costes relativamente reducidos que comporta el mantenimiento de tales colonias, y la carga, casi sin excepción igualmente mínima, para los padres y quienes sustentan a los colonos, ofrecen la posibilidad de atender en mucha mayor medida y amplitud a los niños débiles necesitados de descanso que se agolpan para ser admitidos, de lo que es posible en las colonias completas o lejanas. Además, las colonias urbanas ofrecen, por su organización sumamente sencilla, no solo la ventaja de una financiación modesta y una administración simple, sino también la posibilidad de constituirse más deprisa, a menudo todavía en el último momento; asimismo, en ellas puede haber una mayor rotación de los acogidos.

Las colonias urbanas se han ampliado en los últimos tiempos con las *excursiones de vacaciones* y las *colonias ambulantes* para aquellos escolares de la gran ciudad que no salen a la naturaleza y que, porque sus padres tienen más recursos, no son admitidos en las colonias de vacaciones. Las excursiones y marchas sirven sobre todo para animar la enseñanza del conocimiento de la tierra natal y de la naturaleza y se limitan, como las demás excursiones escolares, a la duración de un día o incluso solo de una tarde. En los últimos años, es cierto, se han organizado también recorridos de varios días, pero en ellos los participantes eran casi siempre alumnos de centros de enseñanza media o de las primeras clases de la escuela popular. En *Hamburgo*, las excursiones de vacaciones para niños las prepara y realiza una comisión creada especialmente para ello.

Una *especialidad de Hamburgo* sigue siendo la *acogida individual*, con la que, como ya se ha dicho, se dio hace más de treinta años el primer impulso al movimiento de las colonias de vacaciones. Sobre todo la «*Asociación Escolar Benéfica*» ha puesto esta modalidad de las colonias de vacaciones como punto principal de su programa. De los 1276 colonos del año 1899, nada menos que 884 encontraron alojamiento y cuidado, previo pago, en familias del campo. El sistema ha sido imitado en otras ciudades; así, ese mismo año *Altona* acogió a 446 niños, Bremen a 200, Kiel a 113 y Posen a 93.

La forma más perfecta y desarrollada de la acogida de verano la constituyen las *colonias completas* y, en relación con ellas, los *hogares de vacaciones* y los *sanatorios infantiles*. Según Bergknecht, se les confían cada año para su cura y cuidado dos tercios de todos los colonos de vacaciones. En la fundación de hogares de vacaciones propios y permanentes abrieron camino las asociaciones de colonias de vacaciones de Barmen, Landsberg del Warthe, Lübeck, Leipzig, Bremen, Dresde y Ratisbona, así como particulares y asociaciones benéficas de Hamburgo, Heilbronn, Leipzig y otras ciudades alemanas. «Las colonias completas proporcionan, como ya indica su nombre, todo en la medida más completa, a saber: cambio de lugar, cambio de aires, alojamiento, alimentación, gastos de viaje, cura y cuidados adecuados y, a veces, también ropa, y todo ello casi exclusivamente sin ninguna compensación económica por parte del acogido, cuya única obligación consiste en procurarse la ropa del viaje; por lo demás, solo tiene que inscribirse a tiempo, dejarse reconocer gratuitamente por el médico y enviar luego a la colonia, y comportarse con decencia y buenos modales». Ninguna forma de colonias de vacaciones se ha difundido y ha llamado la atención tan deprisa y en tal medida como precisamente esta. Es el ideal de todos los que se ocupan de ampliar las colonias urbanas existentes o emprenden nuevas fundaciones.

Si se considera que todo el trabajo realizado por las colonias de vacaciones descansa sobre una base financiera que hay que obtener casi exclusivamente por la vía de la beneficencia privada, uno no puede sustraerse a la convicción de que sus logros son importantes y de que las colonias de vacaciones son instituciones sumamente benéficas. A más de un padre que trabaja duramente y a más de una madre consumida por las penas les devuelven al hijo predilecto, enfermizo y débil, tras unas semanas de vacaciones felizmente pasadas, fresco y sano, con los ojos brillantes y las mejillas rojas. Y sin embargo, con todo ello, el efecto de las colonias de vacaciones no pasa de ser *obra fragmentaria* y *trabajo a medias*. Ante todo, instituciones tan benéficas no deberían depender de donativos caritativos ni de limosnas recogidas. *Municipios* y *Estado* tendrían que tomar disposiciones para que los hijos de los pobres pudieran disfrutar durante el verano de una estancia de vacaciones que los fortaleciera y robusteciera en comarcas sanas, boscosas y de aire puro. Además, los paseos y excursiones no deberían hacerse, como ahora, solo en vacaciones, sino que tendrían que constituir en todas las estaciones del año *parte integrante de la enseñanza del conocimiento de la tierra natal y de la naturaleza* y servir al verdadero fin de la *educación* de la juventud para la *capacidad de defensa* general[^t3]. Por último, junto a la acogida de verano tendría que ir la *acogida de invierno*, que debería actuar en primer lugar de modo higiénico y profiláctico (preventivo). Ya ahora se ha llevado a la práctica en algunas ciudades el principio de una acogida exclusivamente invernal. En Arnstadt, en Turingia, por ejemplo, se atendió a 200 niños durante ocho semanas en invierno; en Maguncia se dio a los colonos un desayuno escolar en invierno; en Dresde los colonos de vacaciones recibieron durante el invierno, a lo largo de tres meses, leche y panecillos diariamente; en Berlín, Kiel y otros lugares, asociaciones y fundaciones benéficas se hicieron cargo de la alimentación de escolares pobres y enfermos.

Así, la elevación a principio de la idea en que se basa el movimiento de las colonias de vacaciones, y su realización metódica y consecuente, entrañan la *realización de toda una serie de reivindicaciones culturales* que la *socialdemocracia* viene planteando desde hace mucho tiempo, *por desgracia en vano*. Quizá una ampliación del campo de trabajo hoy asignado a las colonias de vacaciones y un desarrollo aún más cuidadoso de su organización, con una mejor base financiera aportada por los municipios o por el Estado, tendrían como consecuencia que también en este terreno un «crecer hacia el mundo de los ideales socialistas» dejara con el tiempo de ser una imposibilidad.

[^t1]: Así en el impreso, aunque el párrafo pasa enseguida a un hecho de 1876; el llamamiento de Emilie Wüstenfeld es probablemente anterior. (N. del T.)

[^t2]: Así en el impreso («Brion»; más abajo, «Birnschen»): se trata del pastor Walter Bion, iniciador de las colonias de vacaciones de Zúrich en 1876. (N. del T.)

[^t3]: *Wehrhaftigkeit*: aptitud física para la defensa (también militar), objetivo habitual de la educación física de la época. (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha desde la imagen del *Hamburger Echo*, n.º 178, 2 de agosto de 1903, primer suplemento, pág. 5 (OR1903-11), digitalizado por la Staats- und Universitätsbibliothek Hamburg (Deutsches Zeitungsportal).

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). *Ferienkolonien*, «colonias de vacaciones»; *Einzelverpflegung* / *Einzelpflege*, «acogida individual»; *Vollkolonien*, «colonias completas»; *Stadtkolonien*, «colonias urbanas»; *Milchkolonien*, «colonias de leche»; *Volksschule*, «escuela popular».
