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Title: El marxismo a la luz del marxismo. Réplica
Description: Réplica de Alice Rühle-Gerstel (Die Aktion, 1925) a las críticas de los camaradas Wagner y Mathes a su artículo «El marxismo a la luz del marxismo»: defiende que también los «hechos» de la ciencia dependen de la época y de la clase, rechaza el materialismo naturalista y la desconfianza hacia los intelectuales, y reclama abandonar el pensamiento autoritario también en la teoría revolucionaria.
Author: Alice Rühle-Gerstel
URL: https://adler.school/archivo/ruhle-gerstel/1925-09%20Der%20Marxismus%20im%20Lichte%20des%20Marxismus.%20Erwiderung
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# El marxismo a la luz del marxismo

Réplica de Alice Rühle-Gerstel

Camaradas que habéis leído mi artículo en el n.º 5 y las réplicas de los camaradas Wagner y Mathes en el n.º 6 de DIE AKTION: quizá penséis que no supe qué contestar a aquellos argumentos contundentes y que solo ahora, tras un penoso examen de conciencia, me he decidido a responder. Franz Pfemfert me confirmará que planes de redacción de otro tipo le impidieron publicar antes de hoy mi contestación, ofrecida inmediatamente después del n.º 6. Como se trata de dos rechazos de índole muy distinta, quiero contestarlos también por separado. Solo tienen una cosa en común, y por desgracia tengo que constatarlo: un rechazo de mi persona, de la que en este asunto no se trata en absoluto. Entretanto, a propósito de las cuestiones del «frente único» y del *Proletarischer Zeitgeist*,[^t1] más de un camarada ha tomado ya la palabra en DIE AKTION y ha sacado a la luz del sentido común el viejo fantasma de la devoración de intelectuales. Así que solo me queda repetir lo que Pfemfert escribió hace algún tiempo: «Está muy bien que uno no deba valer *más* que otro solo porque tiene más en la cabeza. Pero que por eso deba valer *menos*, eso no me entra...» Vamos al asunto.

El camarada Wagner me reprocha en primer lugar una imprecisión formal: por una parte yo habría escrito que la concepción materialista de la historia consta de dos piezas: la constatación «el ser de los hombres determina su conciencia» y la dialéctica. Pero poco después habría dicho: «La concepción materialista de la historia y la dialéctica desaparecerán con el sistema económico capitalista, etc.», como si la dialéctica fuera algo aparte. Pues bien, poned delante de «dialéctica» simplemente «contenida en ella» o «que ella incluye», y tendréis uno de esos monstruos lingüísticos deformes que suprimí sin alterar el sentido.

Dice el camarada Wagner que si el marxismo, es decir, la concepción materialista de la historia, fuera realmente solo una pieza de la ciencia capitalista, yo tendría razón: desaparecería con el capitalismo. Pero no lo es, sino que, como se expresa el camarada Wagner, es «el conocimiento de un hecho». Qué es eso, lo veremos enseguida. Solo quiero dejar sentado que en mi artículo *no* dice que la concepción materialista de la historia sea una pieza de la ciencia capitalista, sino que, por una parte, dice: «Por una parte es *una parte de la superestructura ideológica del modo de producción capitalista... y por otra, el primer portavoz de la ideología del proletariado*». Y en segundo lugar aparece este pasaje: «La concepción materialista de la historia y la dialéctica *han nacido* del sistema económico y social capitalista y desaparecerán con él». Camaradas, esto no es hilar fino. Si se me atribuye haber dicho que la concepción materialista de la historia es una pieza de la ciencia capitalista, se me atribuye con ello, se quiera o no, una desvalorización y un menosprecio del marxismo que están muy lejos de mí.

Vamos ahora al «conocimiento del hecho». Toda ciencia, tanto la más capitalista como la más primitiva, afirmó y afirma de sí misma ser conocimiento de algún hecho, y desde su punto de vista con todo derecho. Lo que distingue a la ciencia de la fe es precisamente que puede apoyarse en los llamados «hechos». Solo que con eso pasa algo particular: que cada uno, <!-- Sp. 498 --> o digamos cada época (y dentro de una época, cada clase), tiene por hecho algo distinto. Así, al proletariado formado en el marxismo le parece un hecho evidente que lo material es la base de toda vida, y qué natural es eso, puesto que el proletariado tiene que luchar a diario, ante todo, por la mera vida, antes de que le toque el turno a algo «superior». Y así no se ve en la obra de Marx nada más que el descubrimiento de este «hecho», hasta entonces no descubierto. ¡Pero es un hecho solo a nuestros ojos, a los de los marxistas! La ciencia burguesa, por ejemplo, no lo reconoce en absoluto, ¡aunque salta a la vista! Hacen falta, al parecer, ojos especiales —ojos con conciencia de clase, diría yo— para ver este «hecho». Y también eso es natural, pues el ser determina la conciencia también en cuanto a que se tenga algo por un hecho o no. ¿Si lo *es*? Eso no lo sabemos ni nosotros ni nuestros adversarios. Y la apelación a Darwin y a la ciencia natural no lo arregla. El darwinismo es, por su origen (la doctrina social archicapitalista de Malthus), por su contenido y por su aplicación, *la* ciencia burguesa típica. La ciencia que santifica el derecho del más fuerte, el poder brutal, que eterniza científicamente la desigualdad y la lucha entre los hombres (quien quiera informarse mejor, lea el artículo del trabajador manual y autodidacta camarada Schaefer titulado «Darwinismus und Sozialismus» [Darwinismo y socialismo], en el cuaderno 9 de *Urania*). *La* ciencia de que todo procede de la cabeza de los grandes hombres, la época del idealismo, de la «legalidad divina», es anterior a la era capitalista. La era capitalista puso en primer lugar el materialismo y la «legalidad natural», y la ciencia socialista traerá, así lo creemos, una síntesis, una superación de los opuestos y una «legalidad humana». *Por eso* advertí contra el exceso de ciencia natural, y vuelvo a hacerlo hoy. No para volver artificialmente tonto al proletario, para que no me arrebate nada de mi famoso «espíritu», o como quiera que se lo imagine el camarada Wagner. Camaradas, he comprobado demasiadas veces que se sustraen energías importantes a la lucha de clases con la cría de gusanos de seda, el estudio de las arañas de las profundidades marinas o los estudios geológicos, como para no tener que poner una y otra vez en primer plano la necesidad primordial de los *estudios del hombre* (es decir, la sociología y la psicología).

Pero volvamos al «hecho». El camarada Wagner enumera algunos de estos hechos: «por ejemplo, que 2×2 son 4, que la Tierra tiene forma esférica... y gira en 24 horas sobre su propio eje...». Hecho. ¡Qué extraño que hace 2000 años la forma de *disco* de la Tierra fuera un hecho científico, que hace solo 500 años se tuviera por un hecho que la Tierra estaba *fija* en el centro del mundo! ¿Y dos por dos, cuatro? Quizá no esté lejos el día en que superemos este «hecho», el más antiguo de la matemática de la sociedad de clases, en que un Einstein u otro calcule que 2×2 son, en rigor, 4,000011... (o algo así). ¡Quién sabe! Y no he dicho otra cosa de la relación entre materia y espíritu (que *hoy*, naturalmente, nos parece un hecho): nada más que otras épocas, otros hombres verán esta relación con otros ojos.

Quiero expresarme con más claridad: lo que hay de *materialista* en la concepción materialista de la historia puede encajarse en toda la ciencia materialista de la burguesía. Solo la *aplicación* <!-- Sp. 499 --> *dialéctica* es un arma contra la burguesía y es capaz de socavar la ciencia burguesa. (La pulla de que yo temía que mi «espíritu» saliera perdiendo, que se la quede quien quiera; a mí no me ha alcanzado, camarada Wagner.)

No haría falta, opina el camarada Wagner, mezclar aquí el «espíritu». La ciencia natural burguesa le ha enseñado que el espíritu es mera «función cerebral» y «producto del cerebro». Por lo visto eso le basta, y la pregunta de por qué un cerebro «funciona» así y otro de otra manera, por qué el cerebro del capitalista, aunque pese tanto o tan poco como el del barrendero de patios, «produce» una concepción del mundo tan distinta, por qué de las células de plasma salen en mí y en él pensamientos tan diferentes, no es para él pregunta alguna. *Aquí*, camarada Wagner, sí que «Marx se revolvería con un crujido audible en la tumba», pues aborrecía ver su materialismo metido en el mismo saco que el materialismo de las ciencias naturales, que le parecía hueco y superficial (principio: «Sin fósforo no hay pensamiento»; Marx lo llamaba sencillamente «naturalismo»).

Lo que yo entiendo por «espíritu» (se ha dicho con bastante frecuencia, por cierto, en nuestros escritos) no es un «concepto místico», sino la inserción de las funciones cerebrales en el todo social, en el que actúan y sin el cual se quedan en contracciones animales sin sentido.

<!-- Asterisco de separación en el original. -->

Que la *contradicción interna* no pertenece a la esencia del mundo, sino solo a la esencia de las sociedades de clases y, dentro de ellas, especialmente a la esencia de la época burguesa, ya lo he subrayado yo misma. Por eso precisamente la dialéctica de Marx es tan maravillosamente adecuada para comprender esta formación social llena de contradicciones, porque ha nacido de ella como «superestructura ideológica» (¡no ha sido producida por ella!). Y quizá tenga razón el camarada Lukács cuando, en su libro profundo y claro *Geschichte und Klassenbewußtsein* [Historia y conciencia de clase], opina que la concepción materialista de la historia puede aplicarse, ciertamente, a todas las épocas habidas hasta ahora, pero que es propiamente y de modo eminente la consideración histórica adecuada para nuestro presente burgués.

Ahora bien, el camarada Wagner polemiza conmigo porque yo querría eternizar esta contradicción propia de la sociedad de clases en el futuro socialista. Y quiere hacerme ver que en el socialismo no pueden surgir nuevas contradicciones. Pues bien, ante todo: la eliminación definitiva e irreversible de los *antagonismos de clase* no tiene por qué significar todavía la disolución de todas las demás contradicciones: joven y viejo, hombre y mujer, etc. Creemos, desde luego —porque como marxistas no podemos creer otra cosa—, que también estas contradicciones (no solo sociales, sino también naturales) se suavizarán mucho cuando desaparezcan los antagonismos de clase. En mi artículo solo se apuntaba la posibilidad de que surjan contradicciones nuevas (para nosotros todavía inimaginables). ¿Cuáles? ¿Entre hombres y superhombres, entre mortales e inmortales, o qué otras fantasías se quieran pintar? Profetizarlo, camaradas, sería de verdad un utopismo insensato.

Por lo demás, yo misma escribí: «Pero hay todavía otra manera de verlo» (distinta de la de que en el socialismo, según la ley de la dialéctica, tiene que surgir una nueva contradicción), «y quizá sea aún más consecuentemente marxista: la concepción materialista de la historia... perderá su validez con el sistema <!-- Sp. 500 --> capitalista»; es decir, a quienes investiguen entonces se les revelarán otras leyes de la vida social, y nosotros, con nuestro «hecho» de la evolución dialéctica y materialista de la historia, quizá les parezcamos a nuestros descendientes tan atrasados como nos lo parecen a nosotros los que tenían la Tierra por un disco fijo y al hombre por una criatura del buen Dios...

Ahora solo queda un punto sin discutir, camarada Wagner, y es el pasaje, expresado por ti de modo algo confuso y que quizá quisiste decir de otra manera, de que no fue la conciencia de clase proletaria la que provocó tal o cual interpretación del marxismo, sino...? Eso, sino. Probablemente los malditos intelectuales. Con lo cual habríamos vuelto a la «teoría de los grandes hombres», en lugar de aceptar mi concepción materialista de la historia, según la cual todo fenómeno, y sobre todo todo fenómeno espiritual (¡y la interpretación de una teoría lo es!), ha de reducirse a sus fundamentos sociales más generales.

Que muchos, demasiados proletarios no tienen todavía conciencia de clase, se entiende, y contra eso trabajamos con la agitación y la educación —en lo cual, a su vez, se escandaliza el *Proletarischer Zeitgeist*, que probablemente cree que la conciencia de clase sale sola, como el bigote—; pero que en la vanguardia revolucionaria la conciencia de clase despertada por la agitación de Lassalle y otros fecundó, interpretó y reinterpretó la teoría, no queda refutado por ello. ¿O crees que Bernstein habría podido hacer su revisionismo como individuo aislado (es decir, como «gran hombre») si amplias capas del proletariado no lo hubieran escuchado, animado, apoyado, tolerado? Para ellos los conocimientos de Bernstein eran probablemente también «conocimientos de hechos», igual que para vosotros, hasta hace 8 o 10 años, la bendita necesidad del partido era un hecho, superado desde entonces.

Igual que también (pensándolo como marxistas) todo lo que hoy pensamos será superado algún día... Este «se ha reconocido», «se sabe»: es solo un poquito más firme que el dogma religioso, pero ¡ay, qué discutible es también eso ante los siglos que pasan rodando!

Desearía mucho, camaradas, que tomarais a pecho el último llamamiento de Wagner, que él no pronuncia, como cree, en oposición a mí, sino enteramente conmigo: «¡Más saber profundo en interés de la revolución social!» Y, añado yo: un poco más de confianza en los motivos honrados de una correligionaria que no ha dado otro motivo de escándalo que haber adquirido un poco más de ese recomendado «saber profundo» —no en las universidades, sino a pesar de esos establecimientos burgueses de enyesado y contra ellos— y que se esfuerza por ponerlo, lo mejor que puede, al servicio de la revolución social.

<!-- Asterisco de separación en el original. -->

La carta del camarada *Mathes* suena en un tono distinto y, aunque me despedaza igual o aún más, mucho más grato para mí. En pocas palabras, quiere decir esto: «¿Por qué hemos de rompernos la cabeza con el futuro, si el presente ya nos da bastante que hacer?» Respeto su rechazo como el de un luchador honrado que no quiere dejarse desconcertar en su valor y en su entrega sentimental por cavilaciones. Y como a muchos les habrá pasado lo mismo, casi me arrepiento de haber publicado el artículo. *Que* lo escribiera puede haber sido un fallo táctico. *Tal como* lo escribí, no puedo sino encontrarlo lógico y marxista. Y puesto que <!-- Sp. 501 --> ya está publicado y se discute sobre él, solo quisiera hacerte considerar, camarada Mathes, sinceramente apreciado: ¿es realmente solo un «ocioso juego del pensamiento» que nos esforcemos por superar la fe en la autoridad también en lo tocante a Marx y al marxismo? ¿Que intentemos aprender a pensar dialécticamente? Es decir, ¿*que intentemos abandonar la manera rígida y autoritaria del pensamiento de partido no solo en las cuestiones de organización y de táctica, sino también en las cuestiones de la teoría revolucionaria*? Porque todo lo que se acepta tan tranquila y ciegamente como «marxista» no es en realidad más que la vieja interpretación socialdemócrata, «marxista vulgar», de Marx. ¡En el propio Marx, si uno se toma el trabajo de reunir los pasajes, ya está la refutación de todo el futuro dogmatismo y absolutismo socialdemócratas!

Así que mi artículo no ha sido una «charla filosófica»; si no, al fin y al cabo, todo lo que no se ocupa de cuestiones del día (es decir, casi todas las obras de Marx y Engels) sería también una charla filosófica.

Si dices: «Todavía no podemos permitirnos pensar estas cosas, eso paraliza nuestra fuerza de combate...», entonces, por desgracia tengo que decirlo, no haces en el terreno espiritual otra cosa que los sindicatos en el económico, cuando dicen: «Es posible que tengáis razón, pero sin el subsidio sindical no podemos subsistir...».

Mi artículo no quería —si no, no estaría en DIE AKTION; si no, nuestro Franz Pfemfert no lo habría publicado— otra cosa que ser la demolición de la autoridad también en el terreno teórico, la consecuencia espiritual de lo que nosotros, los antiautoritarios, venimos haciendo desde hace años en el campo de batalla político y económico.

<!-- Asterisco de separación en el original. -->

Epílogo: Al *Proletarischer Zeitgeist*.

No habéis reproducido mi artículo, pero sí las réplicas, y en ellas, bien en negrita, todos los pasajes que me ponen en mala luz. No tengo muchas esperanzas de que vayáis a ofrecer a vuestros lectores mi réplica de hoy. Me parecería decente, y también en vuestro interés. Pues seáis de la AAUE o anarquistas —ya no se sabe bien lo que sois—, ningún revolucionario auténtico se dedica a dar expresión pública a sus malhumores y rencores personales. Que se aprenda a separar lo personal de lo objetivo es también una tarea de la revolución social, y a ello ayuda... ¡el «juego de la educación»!

<!-- Siguen en el original, tras una raya y en cursiva, dos citas de Marx y de Marx y Engels puestas por la redacción como relleno de columna; no se traducen. -->

[^t1]: *Proletarischer Zeitgeist*: periódico del movimiento consejista y antiparlamentario próximo a la Allgemeine Arbeiter-Union-Einheitsorganisation (AAUE), con el que polemizaba entonces *Die Aktion* de Franz Pfemfert. (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del volumen 15 (1925) de *Die Aktion* digitalizado en archive.org (die-aktion-15.1925), n.º 9, finales de septiembre de 1925, col. 497-501. Réplica a las respuestas de Wagner y Mathes (n.º 6, no reproducidas) al artículo «Der Marxismus im Lichte des Marxismus» (n.º 5, 20 de mayo de 1925), traducido en este mismo archivo como «El marxismo a la luz del marxismo». Los comentarios `Sp. n` del código marcan las columnas impresas del original.

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Se conservan la división en párrafos, los separadores, las cursivas (que reproducen el espaciado del original) y la numeración de columnas. Las autocitas de la autora se traducen como en la versión española del artículo de mayo, salvo donde ella misma las modifica (p. ej., «erwachsen» por «entwachsen»).
