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Title: Experiencias médicas en la guerra
Description: Artículo de Margarete Hilferding en la Arbeiterinnen-Zeitung (1918) sobre el agotamiento físico de las obreras vienesas por la doble jornada, el hambre y las preocupaciones de la guerra; con datos de su consulta de caja de enfermedad sobre la amenorrea de guerra (del ½ % en 1911-1912 al 25 % en 1917).
Author: Margarete Hilferding
URL: https://adler.school/archivo/hilferding/1918%20Aerztliche%20Erfahrungen%20im%20Kriege
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<!-- S. 2 -->

<!-- Arriba en la pág. 2 (columna izquierda) termina un artículo anterior sobre el abastecimiento y el «tráfico de mochila», que no se traduce. -->

# Experiencias médicas en la guerra.

Por la Dra. Margarete *Hilferding*.

El estado corporal de agotamiento era conocido de los médicos ya en tiempo de paz como fenómeno aislado; en los últimos años de guerra su frecuencia ha aumentado tanto que bien podemos hablar de un fenómeno de masas. El agotamiento no es una enfermedad; representa la suma de todos los daños corporales y anímicos que actúan sobre nosotros durante un tiempo prolongado. Estos daños se componen de exceso de trabajo, desnutrición, falta de sueño y preocupaciones. No es *un* daño *solo*, sino únicamente la concurrencia de varios lo que produce el efecto pleno, equivalente al de una enfermedad.

En la paz, el agotamiento se encontraba sobre todo en mujeres que tenían que cumplir el doble trabajo de madre de familia y de asalariada. En la guerra no solo ha crecido el número de estas mujeres doblemente cargadas; también la carga de trabajo, tanto en casa como en el oficio, ha aumentado desmesuradamente. Las mujeres no solo han gastado sus mejores fuerzas como «soldados de la retaguardia», sino que además han tenido que hacer el trabajo de ama de casa y de madre, multiplicado por la guerra.

Solo un cuerpo bien alimentado, cuidado con esmero, fortalecido por días de descanso y sueño suficiente, libre de preocupaciones, podría con el exceso de trabajo. No hace falta explicar que semejante «vida de Jauja» les está negada a las mujeres trabajadoras en la guerra. Una vivienda bien caldeada, ropa y zapatos de abrigo, un baño de limpieza, incluso ropa blanca limpia, una alimentación suficiente, el descanso nocturno sin interrupciones en la medida necesaria: todas estas necesidades, que en la paz podíamos satisfacer, se han vuelto en la guerra un lujo inalcanzable. La expresión de que los artículos de primera necesidad hay que «conquistarlos» (*erstehen*)[^t1] es ahora una verdad terrible. Una ayuda para las tareas de la casa o no se puede conseguir en absoluto o no se puede pagar con el salario de una mujer que trabaja. No solo tiene que renunciar a todo eso para sí misma, sino que tampoco puede ya satisfacer las más modestas exigencias de alimento, ropa, calor y limpieza de sus hijos; y, peor aún, con su exceso de trabajo sufre la educación de los niños, y la desatención de estos crea a su cerebro, agotado por el trabajo, nuevas preocupaciones que se suman a las del pan de cada día, la conservación del hogar y la configuración del porvenir. A ello se añade la pena por los suyos en los frentes, en el cautiverio y en los hospitales, por los desaparecidos, los caídos y los lisiados.

En verdad, demasiado pesada es la carga que la guerra ha echado sobre las mujeres. La pagan con el grave agotamiento de su cuerpo.

Este estado rebaja ante todo la capacidad de rendimiento de quienes lo padecen; el trabajo habitual no puede hacerse en absoluto o solo en parte. Únicamente tras semanas y meses de descanso y despreocupación, con mejor alimentación, vuelve la recuperación y con ella la capacidad de trabajo. Pero no solo sufre por el agotamiento la fuerza de trabajo; también se rebaja la resistencia del cuerpo a las enfermedades. Una ligera inflamación de garganta, una gripe, un resfriado, un catarro intestinal, un reumatismo, incluso la llegada de la regla, actúan en el cuerpo agotado como una enfermedad grave. Los bacilos de la tuberculosis, que pueden reposar años en el cuerpo humano sin hacer daño, despiertan de nuevo en los agotados y entregan otra vez el cuerpo a la tuberculosis, con sus cambiantes formas, desde el leve catarro de los vértices pulmonares hasta la forma más grave de la «tisis galopante», como la llama el pueblo, etc.

El cuerpo agotado de la mujer suspende también el rendimiento (las funciones) de algunos órganos. La glándula mamaria ya no da leche suficiente para alimentar a los niños; los ovarios suspenden su actividad y las mujeres pierden por ello la regla. También este fenómeno lo conocíamos en la paz; aparecía aisladamente en mujeres anémicas, agotadas por el trabajo o desgastadas por numerosos partos. En la guerra, la falta de la regla se ha convertido en un fenómeno de masas, del que se informa desde todas partes de Alemania y de Austria. Algunas cifras mostrarán en qué medida afecta a las mujeres trabajadoras de Viena. De las mujeres capaces de trabajar de la Federación de las Cajas de Enfermedad de las Corporaciones (*Verband der Genossenschaftskrankenkassen*)[^t2] que estuvieron bajo mi tratamiento en los años de paz de 1911 y 1912, alrededor de un ½ por ciento (un caso entre 200 mujeres) padecía amenorrea (falta de la regla). En el año 1916 (tras 1½ años de guerra) la cifra era ya del 14 por ciento (14 casos de cada 100 mujeres). En el año 1917 subió al 25 por ciento (25 casos de cada 100 mujeres). Esto significa que en una cuarta parte de todas las mujeres en edad fértil la función (actividad) de los ovarios se ha extinguido por un tiempo prolongado, que estas mujeres quedan excluidas de la procreación durante meses y años.

Así, con el agotamiento y las enfermedades que le siguen, no solo disminuyen la capacidad de trabajo, la duración de la vida y la alegría de vivir de las mujeres, sino que también se produce una disminución continua de la descendencia.

<!-- S. 3 -->

No solo los que mandan, que hacen política de población con miras a la fuerza militar de los pueblos, contemplan este fenómeno con preocupación; también a nosotros nos da que pensar, pues la disminución de los nacimientos significa también una cuestión vital para la capacidad de lucha del proletariado.

Con ilustración y enseñanza tenemos que procurar impedir que las mujeres carguen de buen grado con cargas siempre nuevas.

Y a los gobiernos sirva de advertencia para poner fin a la explotación abusiva de las fuerzas de la mujer, que dura ya demasiado.

<!-- Fin del artículo. En la pág. 3 sigue: «Die sozialdemokratische Reichskonferenz an die Arbeiter und Arbeiterinnen» (no se traduce). -->

[^t1]: *erstehen*: «adquirir», pero también, en el lenguaje de la guerra, conseguir algo tras largas colas y esfuerzos; la autora juega con el sentido literal de «estar de pie» (*stehen*) haciendo cola. (N. del T.)

[^t2]: *Genossenschaftskrankenkassen*: cajas de enfermedad de las corporaciones obligatorias de oficio (*Genossenschaften*) en Viena; la autora fue médica de estas cajas desde 1904. (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del facsímil de la *Arbeiterinnen-Zeitung* (Viena), año 27 (1918), n.º 13, págs. 2-3, en ANNO, Österreichische Nationalbibliothek (ANNOP_abg19180113, imágenes 2-3). Firmado «Dr. Margarete Hilferding». El número no lleva fecha en estas páginas; por el contexto es de hacia junio de 1918. Los comentarios `S. n` del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Se conservan las cursivas (que reproducen el espaciado del original), las cifras y la división en párrafos. Los términos técnicos e históricos se dan la primera vez en alemán, en cursiva, y se explican en notas del traductor; las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo (*Verwahrlosung* = descarrío, o desatención cuando, como aquí, se trata de la falta de cuidado de los hijos; *Unterernährung* = desnutrición). Las adiciones del traductor van entre corchetes.
