---
Title: La evolución de las escuelas medias de Viena
Description: Artículo estadístico de Carl Furtmüller en «Die Wiener Schule» (diciembre de 1933), el último antes de su destitución: muestra cómo las medidas de ahorro llenaron las aulas de las escuelas medias federales de Viena, el primer descenso de alumnos de primera clase, la discriminación de las niñas en el acceso y los efectos de la crisis económica, y pide estabilidad en las disposiciones escolares.
Author: Carl Furtmüller
URL: https://adler.school/archivo/furtmuller/1933-12-15%20Die%20Entwicklung%20der%20Wiener%20Mittelschulen
---


<!-- S. 1 -->

# La evolución de las escuelas medias de Viena.[^1]

Por Karl Furtmüller.

## I.

Desde el primer momento no hubo duda de que las medidas de ahorro introducidas desde el curso 1931/32 en las escuelas medias federales (*Bundesmittelschulen*),[^t1] aun aplicándolas con la mayor moderación y condescendencia posibles, tenían que conducir a una estrechez de nuestra enseñanza cada año más sensible. Así lo confirma también la situación a comienzos del curso 1933/34.

Si se habla de una aplicación lo más condescendiente posible, esta se muestra sobre todo en el número total de clases autorizadas. Si en el último año anterior a la llamada «economía planificada» (1930/31) teníamos 612 clases, y en 1931/32 bajamos a 600, este año, pasando por las 602 clases del curso 1932/33, hemos vuelto a llegar a 613 clases; es decir, no solo hemos alcanzado la dimensión originaria de la enseñanza media federal de Viena, sino que incluso la hemos superado en una clase. Sin embargo, en esos mismos años el número total de alumnos ha aumentado de 18.754 (1930/31), pasando por 19.870 (1931/32) y 21.341 (1932/33), hasta 22.352 (1933/34), de modo que la ocupación media de las clases ha subido de 30,6, pasando por 33,1 y 35,5, a 36,5. La ocupación media de las clases en nuestras escuelas medias federales ha experimentado, pues, en el curso de estos cuatro años un aumento de aproximadamente una quinta parte; es decir, por término medio, en cada aula se ha añadido un sexto alumno a cada cinco de los que antes se sentaban en ella. Como sabemos que en las clases más altas, por razones tanto pedagógicas como administrativas, el número de alumnos es relativamente menor (1933/34: ocupación media en las octavas clases, 22; en el conjunto de las clases superiores, 28,5), tenemos claro de antemano que la media general de 36,5 ha de tener efectos desagradables sobre todo en las clases inferiores. Ya el año pasado los 14.146 alumnos y alumnas del ciclo inferior se repartían en 344 clases, lo que correspondía a una ocupación media de 41,1; en el curso 1933/34, el aumento del número de alumnos a 14.696, con el mismo número de clases, trae un empeoramiento de la media a 42,7. Lo más afectado es, naturalmente, la primera clase. Aquí tenemos la evolución siguiente:

| Curso | Número de alumnos | Número de clases | Ocupación media de las clases |
| --- | --- | --- | --- |
| 1930/31 | 3565 | 93 | 38,2 |
| 1931/32 | 3775 | 85 | 44,4 |
| 1932/33 | 3977 | 85 | 46,8 |
| 1933/34 | 3797 | 80 | 47,5 |

También en la *segunda clase* encontramos un nuevo agravamiento de la situación desfavorable. En 1932/33 teníamos 4123 : 92 = 44,8 alumnos en cada segunda clase; este año, en cambio, 4171 : 90 = 46,3. Incluso la *tercera clase* ha rebasado ya este año, como cifra media, la ominosa cuarentena (3634 : 90 = 40,4).

Como el año pasado, queremos representarnos concretamente los efectos de esta situación en cada clase, sobre todo en las *primeras clases* de las escuelas medias federales de Viena. De las 85 primeras clases, el año pasado la mitad (42 clases) tenía una ocupación de 48 alumnos o más. Este año ocurre lo mismo con 42 de 80 clases. En detalle resulta el cuadro siguiente:

Se sentaban

| | en el curso 1932/33 | 1933/34 | |
| --- | --- | --- | --- |
| 48 alumnos en | 4 | 5 | primeras clases |
| 49 » » | 3 | 4 | » » |
| 50 » » | 7 | 8 | » » |
| 51 » » | 6 | 7 | » » |
| 52 » » | 4 | 7 | » » |
| 53 » » | 4 | 4 | » » |
| 54 » » | 1 | 2 | » » |
| 55 » » | 4 | 1 | » » |
| 56 » » | 4 | 2 | » » |
| 57 » » | 3 | — | » » |
| 58 » » | 0 | 0 | » » |
| 59 » » | 1 | 0 | » » |
| 60 » » | 1 | 2 | » » |

Muy desfavorable es también este año la situación de las *segundas clases.* Aquí 40 de 90 clases tienen 48 alumnos o más. El detalle lo muestra el cuadro siguiente:

Se sientan

| Alumnos | | |
| --- | --- | --- |
| 48 | alumnos en 6 | segundas clases |
| 49 | » » 6 | » » |
| 50 | » » 6 | » » |
| 51 | » » 1 | » » |
| 52 | » » 4 | » » |
| 53 | » » 4 | » » |
| 54 | » » 5 | » » |
| 55 | » » 1 | » » |
| 56 | » » 2 | » » |
| 57 | » » 3 | » » |
| 58 | » » 1 | » » |
| 59-61 | » » — | » » |
| 62 | » » 1 | » » |

En estas circunstancias no es de extrañar que también los pocos casos excepcionales en que podemos comprobar una ocupación de las clases aparentemente baja, cosa que sería de celebrar, no sean sino la expresión del hecho de que, por circunstancias fortuitas, no fue posible un deseable reparto equilibrado de los alumnos. Así, en total podemos registrar 3 primeras clases con menos de 35 alumnos.

En G XIII, una clase con 30 alumnos  
» R III » » » 32 »  
» R II/1 » clase de niñas con 22 alumnas.[^t2]

Pero en G XIII hay junto a ella 2 clases paralelas con 51 y 52 alumnos; el reparto desigual entre las 3 clases se debe a las condiciones de espacio del centro. En R III, junto a la clase de niños de 32 alumnos, hay una clase de niñas con 52 alumnas; aquí es el afán de evitar las clases mixtas lo que ha impedido el deseable equilibrio del número de alumnos. En R II/1 la clase de niñas no se autorizó hasta el otoño, y aun entonces en una fecha avanzada, porque el alojamiento de las niñas en RG XX resultó del todo imposible. A consecuencia de ello, la clase de niñas de R II/1, ocupada por debajo de lo normal, se contrapone ahora a una clase abarrotada (54 alumnas) en RG XX.

<!-- S. 2 -->

## II.

Ya el año pasado se señaló que el aumento del número de alumnos en los últimos años es sobre todo consecuencia de que han llegado a la edad de la escuela media *promociones de nacimientos* más numerosas, fenómeno que —como muestra la estadística de nacimientos— es por desgracia enteramente pasajero. La afluencia relativa a la escuela media había disminuido mucho ya el año pasado. De ello se sacaba la conclusión de que los gastos del presupuesto de enseñanza que tuvieran en cuenta este aumento pasajero del número de alumnos no debían considerarse una carga permanente del presupuesto federal, sino solo pasajera. Por eso se subrayó con especial insistencia que, desde el punto de vista de la política de población, aun en tiempos de la mayor penuria tendría que parecer justificado, e incluso obligado, no atender sensiblemente peor a las pocas promociones con un número de nacimientos aproximadamente normal que a las numerosas promociones anteriores y posteriores con un considerable déficit de nacimientos. En la práctica esta argumentación no ha logrado ningún éxito, pero su corrección teórica la confirma la estadística de asistencia del presente curso.

Los 22.352 alumnos de las escuelas medias federales de este año representan, es cierto, un nuevo aumento de 1011 alumnos respecto del año pasado. Hay que tener en cuenta, desde luego, que 387 alumnos corresponden a nuevas octavas clases de *Realschule* en centros en los que el año pasado la *Realschule* de ocho cursos solo había llegado hasta el 7.º. El aumento restante de 624 resulta, en cambio, de que a un incremento de 804 alumnos en las clases segunda a octava se contrapone un descenso de 180 en las primeras clases. *Con este hecho de un descenso de alumnos en la primera clase, la enseñanza media federal de Viena se encuentra ante un importante punto de inflexión.*

Según las cifras de asistencia de las correspondientes cuartas clases de la escuela popular (1931/32: 22.719; 1932/33: 22.821), no cabía esperar semejante descenso, sino un estancamiento del número de alumnos. El descenso, pues, solo puede explicarse porque la tendencia, comprobada ya el año pasado, a que disminuya la atracción relativa de las escuelas medias federales sobre los que salen de la escuela popular se ha agudizado de nuevo. Y, en efecto, vemos que al descenso de la asistencia en las escuelas medias se contrapone un aumento de la asistencia en las escuelas principales (*Hauptschulen*).[^t3]

| | Curso 1932/33 | Curso 1933/34 |
| --- | --- | --- |
| 1.ª clase de las escuelas principales | 18.702 | 18.975, es decir, + 1,5 % |
| 1.ª clase de las escuelas medias federales | 3.977 | 3.797, es decir, — 4,5 % |

Pero, como el año pasado, solo obtenemos una visión completa de la situación en las escuelas medias federales si consideramos *por separado a niños y niñas.* En las primeras clases se sentaban:

| | Curso 1932/33 | Curso 1933/34 |
| --- | --- | --- |
| Niños | 3.047 | 2.991, es decir, — 2 % |
| Niñas | 930 | 806, es decir, — 13 % |

Se recordará que el año pasado el número de niñas en las primeras clases de las escuelas medias federales había subido de golpe (1931/32: 775; 1932/33: 930), lo que en gran parte quedó compensado por una disminución simultánea de las cifras de asistencia en las primeras clases de las escuelas medias femeninas. Este año el movimiento se ha producido en sentido inverso: al descenso de las niñas en las escuelas medias federales se contrapone un aumento en las escuelas medias femeninas. Estas tenían en 1932/33 1092 alumnas en las primeras clases, y en 1933/34, en cambio, 1158. Con todo, *el descenso relativo sigue siendo mayor en las niñas que en los niños.* Pues en las escuelas medias federales y las femeninas juntas entraron en las primeras clases en 1932/33 2022 niñas, y en 1933/34, en cambio, solo 1964, lo que da un descenso del 3 %. Este fenómeno está en abierta contradicción con las observaciones de los años anteriores, que mostraban un fuerte aumento, no solo absoluto sino también relativo, del número de alumnas en las escuelas medias de Viena, lo que se entendía fácilmente por el hecho de que la participación de las niñas en la formación de escuela media sigue estando relativamente muy por detrás.

Para explicar este giro hay que tener en cuenta que en el curso 1933/34 se dificultó considerablemente a las niñas la entrada en escuelas medias masculinas, al cerrarse a las niñas el *Realgymnasium* XIV y las *Realschulen* XII y XIX, y asimismo por la apertura, en una fecha especialmente tardía, de la clase de niñas en R II/1. Una consecuencia de ello es *el hacinamiento muy particular de las niñas* en las escuelas medias federales en que aún pueden encontrar plaza. Si la media general de las primeras clases de las escuelas medias federales es de 47,5, en las clases solo de niñas asciende a 48,1 (625 : 13) y en las clases mixtas a 48,7 (341 : 7). Pero también *gran número de escuelas medias femeninas tuvieron que rechazar aspirantes por exceso de alumnas.* La estrechez sobrevenida en las escuelas medias femeninas se advierte también en que en sus primeras clases, aunque una serie de escuelas presenta números de alumnas bastante bajos por motivos de espacio y por otros explicables por la particularidad de los centros, la media de ocupación de las clases ha subido ya también a 41,4. Así pues, a comienzos de este curso un número considerable de niñas tuvo que luchar con dificultades de admisión, de modo que una parte de ellas acabó por abandonar la lucha y, contra su intención inicial, entró en la escuela principal. *La discriminación de las niñas en los estudios de escuela media,* contra la que se había luchado tan tenazmente desde el final de la guerra, *ha vuelto, pues, a aparecer esta vez en una forma hasta ahora desconocida.* —

Instructivo es también comparar entre sí las cifras de asistencia de las promociones que van ascendiendo. Resulta el cuadro siguiente:

| Curso 1932/33 | | Curso 1933/34 | | |
| --- | --- | --- | --- | --- |
| 1.ª clase | 3977 | 2.ª clase | 4177 | (+ 4,9 %) |
| 2.ª » | 4123 | 3.ª » | 3634 | (— 11,9 %) |
| 3.ª » | 3423 | 4.ª » | 3094 | (— 9,6 %) |
| 4.ª » | 2623 | 5.ª » | 2389 | (— 8,9 %) |

Aquí hay dos fenómenos que requieren comentario especial. En primer lugar, el aumento —incluso bastante considerable— del número de alumnos de la primera a la segunda clase. Esto se debe en parte a que en la segunda clase hay un número mucho mayor de repetidores que en la primera, pero sobre todo a la afluencia, precisamente aquí muy fuerte, procedente de la escuela principal. Verdaderamente extraño tiene que parecer, en cambio, que *la caída de la cuarta a la quinta clase,* que por costumbre se supone especialmente grande, sea incluso *menor* que la de la segunda a la tercera y la de la tercera a la cuarta clase. El paso de alumnos de la escuela principal a la quinta clase y, en menor medida, el paso de niñas de escuelas medias privadas a escuelas medias federales solo pueden explicar este fenómeno hasta cierto punto. Se debe principalmente a que *la marcha de quienes salen de la escuela media inferior a las escuelas profesionales superiores* (sobre todo academias de comercio y escuelas industriales superiores) *ha disminuido* en los últimos años de un modo llamativo, a veces casi catastrófico para las escuelas profesionales afectadas.

Sin duda nos encontramos aquí ante un efecto de la crisis económica. Los estudios en las escuelas profesionales superiores, en particular en las academias de comercio, son bastante más costosos que la continuación en la escuela media. Y así ocurre que gran parte de los alumnos que de otro modo se habrían ido a las escuelas profesionales se queda en la escuela media, contra sus dotes e inclinaciones, porque los padres no pueden hacer frente a los gastos más altos, situación igualmente lamentable desde el punto de vista de la pedagogía individual, de la preservación del nivel de la escuela media y de una selección profesional socialmente conveniente.

## III.

Lo amenazador que es el crecimiento del número de alumnos en cada clase desde el punto de vista pedagógico y didáctico es tan evidente que casi podría parecer superfluo insistir en ello. Y, sin embargo, hay que hablar una y otra vez de este peligro para nuestra enseñanza con toda claridad y detenimiento, porque de lo contrario todos los implicados podrían, con el tiempo, insensibilizarse cada vez más ante este mal. Ya hoy el pedagogo puede sorprenderse a veces a sí mismo considerando «poco ocupada» una clase de la escuela media inferior que no llega a 40 alumnos. Y lo que hace pocos años era todavía un caso aislado lamentable se ha convertido ahora en fenómeno medio.

<!-- S. 3 -->

Frente a ello, es obligado señalar una y otra vez la situación de las escuelas populares y principales de Viena. En primer lugar, porque también allí, bajo el influjo de las conocidas dificultades financieras de nuestros presupuestos públicos, hubo que tomar medidas de ahorro y no pudo evitarse un aumento gradual de la ocupación media de las clases. Pero precisamente el carácter gradual y cauteloso de este aumento constituye la diferencia esencial con la evolución del mismo problema en la enseñanza media de Viena. En segundo lugar, esta comparación se impone porque los alumnos de las escuelas medias de Viena proceden precisamente de esas escuelas populares y principales de Viena, y hay que considerar una exigencia pedagógica nada injusta que los alumnos, si han de cumplir las exigencias más altas y más severas de la escuela media, no sean trasladados por lo menos, en lo que toca a las condiciones externas del trabajo escolar, a una situación peor que en la escuela inferior.

¿Cuál es, pues, la situación actual en las escuelas populares y principales de Viena? La ocupación media de las clases —el año pasado, 34,3— ha subido a 34,9. Pero clases con más de 40 alumnos solo hay 198 en toda la enseñanza obligatoria de Viena; la cifra máxima, alcanzada solo en casos excepcionales muy aislados, es 42. Y, como queda dicho, nadie puede afirmar que esta situación sea ideal. Al contrario, desde el punto de vista de la escuela representa ya una pérdida muy considerable, impuesta por la penuria económica. Esta comparación nos enseña, pues, de manera especialmente elocuente que la situación actual de las escuelas medias constituye un estado de necesidad difícilmente soportable, cuya persistencia durante un buen número de años tendría que conducir, no solo en la propia escuela media, sino en sus efectos ulteriores también en las escuelas superiores y en la vida profesional, a un muy lamentable descenso de los rendimientos de nuestras nuevas generaciones.

Hay que recordar además una circunstancia que con los años se vuelve cada vez más importante. Mientras la hinchazón del número de alumnos se limitaba a las primeras clases de la escuela media, tenía que parecer sumamente grave desde el punto de vista de una pedagogía orientada según el principio del trabajo (*Arbeitsprinzip*),[^t4] pero quizá para quienes, por faltar la lengua extranjera, solo quieren ver en las primeras clases de nuestras nuevas escuelas medias una especie de clase preparatoria podía significar un mal todavía soportable. A partir de la segunda clase desaparece también este consuelo. Una enseñanza inicial del latín con 57 alumnos, del francés con 62, pone a profesores y alumnos ante tareas verdaderamente insolubles. Aquí existe el peligro de que el descenso del nivel y la presión excesiva sobre los alumnos ya no sean una alternativa, sino que se manifiesten plenamente a la vez. Un curso iniciado así y continuado en los próximos años, previsiblemente, en condiciones no mucho mejores no puede en modo alguno responder, ni siquiera aproximadamente, a las exigencias normales.

Así se comprende, ya por tales ejemplos sueltos, hasta qué punto la preocupación por mantener el nivel, o mejor dicho, por evitar un descenso demasiado sensible del nivel, tiene que ocupar hoy a todo pedagogo.

De esa preocupación nacieron evidentemente también las conocidas disposiciones del Ministerio de Instrucción sobre el endurecimiento de la admisión a la repetición de una clase o a la repetición del examen de madurez. De las cuestiones pedagógicas planteadas por estas disposiciones ya se ha hablado detenidamente en esta revista.[^2]

Aquí solo hay que señalar de nuevo la relación interna entre número de alumnos y calificación. Cuanto mayor es el número de alumnos, tanto más difícil —sobre todo en las asignaturas con menos horas— es una calificación que responda, objetiva y psicológicamente, a todas las exigencias que las normas de calificación imponen al profesor y que, sobre todo, el profesor se impone a sí mismo. Si, por tanto, se endurecen las consecuencias jurídicas de una calificación desfavorable precisamente en un momento de saturación de las escuelas, se impone con ello al profesor una medida de responsabilidad que agrava aún más su situación, ya desfavorable por las circunstancias generales. Creemos que en muchísimos casos el individuo solo podrá encontrar aquí una salida objetivamente adecuada y tranquilizadora para él personalmente si los casos de calificación difíciles se discuten en reuniones de clase y, llegado el caso, se someten al director para su dictamen o decisión.

En el curso pasado el trabajo de la escuela se hizo también considerablemente más difícil porque disposiciones que afectaban muy hondamente a la vida escolar se dictaron en una fecha tardía. No se trata solo de la disposición sobre las condiciones de la repetición de curso, sino también del adelanto del fin de curso. En la administración escolar se sostuvo antaño incluso el criterio de que en las condiciones en que alguien ha empezado sus estudios en un determinado tipo de escuela no debía cambiarse nada esencial durante la duración normal de esos estudios. Pero en todo caso debería mantenerse como pauta que las disposiciones de la enseñanza obligatorias para el alumno que este encuentra al comienzo de un curso no puedan endurecerse en su perjuicio en el transcurso de ese año. Lo contrario no solo da pie al alumno afectado por tal endurecimiento para argumentar que, de haber conocido antes las nuevas disposiciones, habría podido cambiar a tiempo su conducta, sino que además provoca un sentimiento de inseguridad en todos los que participan en la vida escolar. Sería, pues, sin duda recomendable volver a la práctica anterior en el sentido de que las disposiciones importantes que regulan la vida escolar no entraran en vigor antes del comienzo del curso siguiente a su publicación. Que es deseable evitar disposiciones modificadoras repetidas en la misma materia no hace falta subrayarlo especialmente. Esto se ve con la mayor claridad en la cuestión del examen de madurez, donde la abundancia de disposiciones complementarias y modificadoras dictadas en los últimos años —en parte también en contradicción con los propósitos de disposiciones anteriores— ha llevado a que incluso el práctico experimentado no siempre se oriente con facilidad, y a que resulte especialmente difícil hacer comprender de verdad, en todos sus detalles, a los examinandos afectados, sobre todo a los alumnos libres (*Externisten*), el trato distinto que reciben candidatos que se presentan en la misma fecha ante el mismo tribunal.

En cuanto al adelanto del fin de curso, sin menospreciar en modo alguno el valor del tiempo de trabajo así perdido, no se pretende sostener aquí, desde luego, que por cierta pedantería escolar haya que proteger el curso a toda costa contra cualquier acortamiento, aun cuando hablen a favor de él importantes consideraciones de índole general, en particular económica. Pero, por la fecha tardía de su publicación, el plan de trabajo de las escuelas quedó trastocado, se introdujo una prisa inoportuna en los trabajos finales, tan difíciles y de tan graves consecuencias, y sobre todo se privó a los directores de la posibilidad de dedicar a los casos especialmente difíciles de calificación dudosa una atención tan intensa como se habían propuesto. Tampoco debe pasarse por alto que de este modo el público puede hacerse con facilidad una idea falsa de la importancia y la dificultad del trabajo de la escuela y de los profesores. Que este año, según todas las previsiones, nos veamos libres de tales sorpresas y podamos contar con la continuidad del trabajo y de las normas ofrecerá cierta compensación por el nuevo agravamiento de la situación general expuesto más arriba.

Quizá pueda sostenerse además que, en un momento en que las condiciones externas de la vida escolar están por debajo de lo normal por circunstancias imperiosas, debería evitarse en lo posible toda intervención en la vida escolar mediante nuevas disposiciones de alcance profundo. Todo cambio, aun el más necesario y conveniente, crea naturalmente en un primer momento una dificultad pasajera en el trabajo de la escuela y de los profesores. Una situación en la que cada uno se ve exigido hasta el límite de su capacidad no es, pues, ciertamente adecuada para ello. No olvidemos que aun así nos vemos obligados una y otra vez a esperar del profesor, además del aumento de trabajo que resulta de forma puramente automática del mayor número de alumnos, otro trabajo adicional, y por cierto muy penoso y muy cualificado. Pues en cada clase abarrotada cada profesor tendrá que resolver individualmente la tarea de una criba especialmente cuidadosa de la materia y del grado de las exigencias todavía posibles y, además, tener presente que hay que asegurar la eficacia propiamente educativa de la escuela.

[^1]: Véanse los artículos sobre el tema en los años anteriores de esta revista, en particular año 1932, n.º IV: «Die Verschärfung des Sparsystems an den Mittelschulen» [El endurecimiento del sistema de ahorro en las escuelas medias].

[^2]: Año 1933, n.º II: Karl Furtmüller, «Klassifikation und Auslese» [Calificación y selección].

[^t1]: *Bundesmittelschulen*: las escuelas medias (secundaria de 10 a 18 años: *Gymnasium*, *Realgymnasium*, *Realschule*…) sostenidas por el Estado federal austriaco, a diferencia de las municipales, privadas o confesionales. Las escuelas medias femeninas (*Mädchenmittelschulen*) eran en su mayoría privadas. (N. del T.)

[^t2]: Siglas de la estadística escolar: G = *Gymnasium* (con latín y griego), RG = *Realgymnasium* (con latín y una lengua moderna), R = *Realschule* (sin latín), tipos de escuela media que se dejan en alemán porque «gimnasio» o «instituto» no les corresponden; las siglas van seguidas del número del distrito vienés; II/1 distingue dos centros del mismo distrito. (N. del T.)

[^t3]: *Hauptschule*: escuela creada por la ley escolar de 1927 para los alumnos de 10 a 14 años, alternativa a la escuela media inferior; sustituyó a la escuela cívica (*Bürgerschule*). (N. del T.)

[^t4]: *Arbeitsprinzip*: el principio de la escuela del trabajo (*Arbeitsschule*), base de la reforma escolar de Glöckel: el alumno aprende mediante su propia actividad, no recibiendo pasivamente la lección. (N. del T.)

---

*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del facsímil de *Die Wiener Schule. Pädagogische Beilage zum Verordnungsblatt des Stadtschulrates für Wien* [La escuela vienesa. Suplemento pedagógico del Boletín de disposiciones del Consejo Escolar de la Ciudad de Viena], año 1933, n.º IV (15 de diciembre de 1933), págs. 1-3, en ANNO, Österreichische Nationalbibliothek (ANNO_ssr19331215, imágenes 1-3). Firmado «Karl Furtmüller», entonces consejero áulico (*Hofrat*) e inspector escolar regional del Consejo Escolar de la Ciudad de Viena. El artículo termina en la pág. 3 (comprobado con la pág. 4, que empieza con el artículo siguiente, de Heinrich Gassner). Los comentarios `S. n` del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Se conservan las cursivas (que reproducen el espaciado del original), las cifras y las tablas, con coma decimal en lugar del punto alto del original. Los términos escolares austriacos se dan la primera vez en alemán, en cursiva, y se explican en notas del traductor; las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo. Las adiciones del traductor van entre corchetes.
