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Title: Caminos laterales del erotismo
Description: Reseña de Carl Furtmüller en la Arbeiter-Zeitung (1930) de los dos primeros cuadernos complementarios de la revista internacional de psicología individual: «El problema de la homosexualidad» de Alfred Adler y la «Introducción a la psicología de la vida sexual» de Erwin Wexberg; expone cómo la psicología individual explica la sexualidad, los papeles de los sexos y la homosexualidad desde el desaliento y el sentimiento de comunidad.
Author: Carl Furtmüller
URL: https://adler.school/archivo/furtmuller/1930-11-26%20Nebenwege%20der%20Erotik
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<!-- S. 7 -->

<!-- Titular de página común a dos textos: «Hellseher und Seelenforscher» [Videntes e investigadores del alma]; el primero (E. J. Hanussen, «Ich und die vierzig Räuber») no se traduce. -->

# Caminos laterales del erotismo

Sobre: Dr. Alfred *Adler,* «Das Problem der Homosexualität. Erotisches Training und erotischer Rückzug» [El problema de la homosexualidad. Entrenamiento erótico y retirada erótica]. Y Dr. med. Erwin *Wexberg,* «Einführung in die Psychologie des Geschlechtslebens» [Introducción a la psicología de la vida sexual].  
(Volúmenes primero y segundo de los «Beihefte der Internationalen Zeitschrift für Individualpsychologie» [Cuadernos complementarios de la Revista Internacional de Psicología Individual]. Editorial: S. *Hirzel,* Leipzig, 1930.)

Que los dos primeros volúmenes de esta nueva colección de psicología individual estén dedicados precisamente a cuestiones de la vida sexual tiene un sentido particular. El desarrollo científico de la psicología individual se ha producido en continua confrontación con el psicoanálisis y con su creencia en la omnipresencia y la omnipotencia de la pulsión sexual.[^t1] Si el psicoanálisis trata de demostrar «en términos de psicología profunda» la acción de fuerzas sexuales incluso allí donde los hechos de la conciencia no contienen ningún componente sexual, la psicología individual se ve una y otra vez en situación de mostrar, aun en una conciencia dominada de modo muy llamativo por la vida sexual, la tensión entre un sentimiento de inferioridad reforzado y un afán de notoriedad especialmente azuzado por él como la fuerza propiamente motriz. Si así pudo surgir, y ser aprovechado en la polémica, el malentendido de que la psicología individual pretendía eliminar con explicaciones o reinterpretar todo el peso del problema sexual, los dos escritos presentes han de aportar también ante un círculo más amplio de lectores la prueba de que, con sus métodos, es capaz de hacer plena justicia al ámbito de los hechos biológicos de la sexualidad y de circunscribir con exactitud su importancia en el conjunto de la vida anímica.

El trabajo de *Wexberg* ofrece, en una exposición concisa y a la vez clara, una visión de conjunto del problema entero. Ya en los dos primeros apartados, *Sensualidad y reproducción,* se ve que los hechos biológicos no son determinantes de modo unívoco para la vida del individuo, sino que sus efectos dependen de la manera en que se incorporan al plan de vida del individuo. Esto queda del todo claro en la comprensión psicológica del *erotismo,* esa forma específicamente humana de la educación sexual[^t2] que se caracteriza por la libre elección amorosa individual. Aquí la pasión, aparentemente elemental e instintiva, se revela como un juego conjunto de tres factores: sexualidad, sedentariedad y sentimiento de comunidad. Cuanto más se hace valer el tercero de estos factores junto al segundo, tanto mayores son las probabilidades de felicidad tanto para el propio individuo como para su pareja. Tras lo que el amor tiene de destino se esconde, pues, el modo de ser personal del individuo, y por eso se lo utiliza sin razón, aunque con predilección, para rehusar la responsabilidad. De modo semejante, también el estudio de las relaciones entre *sexo y carácter,* al que está dedicado el capítulo siguiente, muestra cómo el material dado con el nacimiento, las diferencias psicofísicas innatas entre los sexos, queda con mucho superado en importancia por la formación del carácter en la vida individual. Desde los primerísimos años de vida se le plantea al niño la tarea de llegar a ser un niño «como es debido», una niña «como es debido».

Como nuestra cultura es una cultura del derecho paterno y del dominio masculino, del lado de lo masculino están los ideales de la fuerza y el valor, del lado de lo femenino los modelos de la docilidad y el recato, y en el curso ulterior todo lo valioso del carácter se concibe como «masculino» y todo lo negativo como «afeminado». Esta exageración del contraste en la concepción general puede llevar a que el niño acentúe de manera exagerada las cualidades que se supone corresponden a su sexo, pero también a que —el niño por desaliento, la niña por rechazo de su papel sexual— desarrolle en sí las cualidades del otro sexo (niños afeminados, niñas amuchachadas), la mejor prueba de que aquí no se trata de datos naturales e inmutables, sino de algo muy lábil. «Pero todas las cualidades positivas que se ensalzan como específicamente masculinas, como la confianza en sí mismo, el sentido del deber, la coherencia, la nobleza, la objetividad en el pensamiento, la productividad intelectual, la justicia, etc., no son otra cosa que los rasgos distintivos del ser humano valeroso con un sentimiento de comunidad bien desarrollado, y son comunes a ambos sexos, en la medida en que sean precisamente seres humanos valerosos.» Una vez que hemos visto claramente la importancia que tiene la opinión subjetiva del individuo sobre el papel sexual que le ha tocado para la configuración de su carácter, tampoco nos extrañará que en todos los *conflictos y extravíos eróticos* se hagan visibles, tras los problemas puramente sexuales, problemas humanos generales. Wexberg muestra en particular en el onanismo, los trastornos de la potencia y las perversiones que en todas partes subyace un desaliento general del individuo, que le hace retroceder también ante el cumplimiento de su papel sexual normal y le lleva a rodeos y artificios destinados a encubrir su derrota. Precisamente el hecho de que no existan conflictos eróticos aislados dentro de la personalidad permite hacerles frente con los medios de la terapia individualpsicológica.

Se trata de «seguir el hilo que lleva fuera de la maraña hasta encontrar su extremo. Aquí puede entonces intervenir el aliento y conducir a la curación». La comprensión de que la conducta sexual del ser humano solo puede entenderse en la conexión con sentido de la personalidad entera —«el hombre ama como es»— lleva también a Wexberg a no admitir una *pedagogía sexual* separada de la pedagogía general. Como capítulo autónomo de esa pedagogía general, le corresponde la tarea de mostrar, en cada problema concreto de la educación sexual, su relación con la formación del ser humano entero y de hacer valer también en el terreno de la vida sexual las ideas de la responsabilidad [y] de la vinculación comunitaria del ser humano. Sobre cuestiones particulares, como la educación del pudor, la ilustración sexual o la coeducación, la inserción en tales razonamientos arroja una luz nueva.

La concepción de conjunto de la sexualidad propia de la psicología individual, expuesta aquí según Wexberg, es la que Alfred *Adler,* el fundador de la escuela, trata de demostrar, en los trabajos reunidos en el primer volumen, que en parte se remontan al año 1917, precisamente en el ámbito parcial donde parecen acumularse las mayores dificultades: el problema de las perversiones sexuales, sobre todo de la homosexualidad. Estas cuestiones parecen tan especialmente difíciles porque la homosexualidad, en opinión de la mayoría de los estudiosos, es una desviación de la norma innata y de condicionamiento fisiológico, y en opinión del psicoanálisis, la fijación, producida en la primera infancia, de un componente sexual que, presente originariamente en todo individuo, está destinado en un desarrollo normal a la represión o a la transformación. Adler señala ahora que los fenómenos corporales concomitantes de la homosexualidad, por ejemplo un hábito del otro sexo, no se pueden comprobar ni mucho menos en todos los casos de homosexualidad, y que, por otra parte, esos fenómenos se dan también en personas de orientación heterosexual. De ello concluye que estos datos no son decisivos en sí mismos, sino que lo que importa es precisamente lo que el individuo hace con ellos. En la impresión afeminada, o respectivamente masculina, que causan algunos homosexuales, no todos, se mezclan por lo demás rasgos corporales con peculiaridades adquiridas de la actitud o del gesto, frutos de un entrenamiento de muchos años para el papel del otro sexo. Tampoco en los sueños homosexuales, tal como aparecen en los recuerdos de juventud de los pacientes, ve la prueba de una disposición innata, sino un entrenamiento de ese tipo.

Pero la fuerza impulsora de este desarrollo la proporciona, sobre la base de una inserción perturbada en la comunidad y de una actitud desalentada frente a la vida normal, el miedo al propio papel sexual o su rechazo. La prueba concreta de estas tesis la aporta Adler en siete casos —seis hombres, una mujer—, cuya exposición, que va más allá de la importancia del problema particular, ofrece al lector ejemplos plásticos y apasionantes de la comprensión de la personalidad propia de la psicología individual. Desde esta concepción, toda perversión ha de considerarse en principio curable, aunque, naturalmente, la dificultad de la curación, que por su esencia ha de consistir en el aliento y en la sustitución del entrenamiento equivocado por uno correcto, deba estimarse muy alta, dado el alto grado de desaliento del paciente y su larga persistencia en la dirección equivocada.

La psicología individual está hoy ya en boca de todos, pero adversarios y también supuestos amigos creen por lo general poder agotar su esencia en un par de frases generales. Ojalá estos dos volúmenes ayuden a difundir el conocimiento de cuánta comprensión de las relaciones generales y qué cuidadosa profundización en cada caso particular tienen que unirse para hacer posible una aplicación fecunda del método de la psicología individual.

Dr. Karl *Furtmüller.*

[^t1]: *Geschlechtstrieb*: «pulsión sexual», por tratarse de la doctrina psicoanalítica; en lo que se refiere a la psicología individual, *Trieb* se traduce «instinto», según el glosario del archivo. (N. del T.)

[^t2]: Así en el original (*Sexualerziehung*); quizá errata por *Sexualbeziehung*, «relación sexual». (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del facsímil de la *Arbeiter-Zeitung* (Viena), n.º 325, 26 de noviembre de 1930, pág. 7, en ANNO, Österreichische Nationalbibliothek (aze19301126). Firmado «Dr. Karl Furtmüller». Los libros reseñados son Alfred Adler, *Das Problem der Homosexualität. Erotisches Training und erotischer Rückzug*, Leipzig, Hirzel, 1930, y Erwin Wexberg, *Einführung in die Psychologie des Geschlechtslebens*, Leipzig, Hirzel, 1930. Los comentarios `S. n` del código marcan el comienzo de la página impresa del original.

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Se conservan las cursivas (que reproducen el espaciado del original) y las citas de Wexberg entre comillas. Los conceptos de la psicología individual siguen el glosario del archivo (sentimiento de inferioridad, afán de notoriedad, sentimiento de comunidad, entrenamiento, aliento y desaliento). Las adiciones del traductor van entre corchetes.
