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Title: Cuentos inventados por los propios niños. Ensayo de elaboración psicológica de redacciones escolares
Description: Estudio de Carl Furtmüller en «Heilen und Bilden» (1914) sobre los 36 cuentos que escribieron como deber de alemán las alumnas de 13 y 14 años de una clase de enseñanza media: con el método de Adler lee en ellos planes de vida y líneas directrices, y ve en el motivo de la princesa y en el lugar central del matrimonio la huella de la protesta masculina y de las pocas salidas que la época ofrecía a las muchachas.
Author: Carl Furtmüller
URL: https://adler.school/archivo/furtmuller/1914%20Selbsterfundene%20M%C3%A4rchen
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<!-- S. 278 -->

# Cuentos inventados por los propios niños.

## Ensayo de elaboración psicológica de redacciones escolares.

Por el Dr. *Carl Furtmüller.*

## I.

La investigación que sigue trata de 36 cuentos que entregaron como deber de alemán para casa las alumnas, de 13 a 14 años, de una clase de enseñanza media. El tema había sido: «Un cuento inventado por mí»[^t1]; no se habían añadido indicaciones ni condiciones más precisas. Al mismo tiempo se podía elegir un segundo tema, de modo que no se obligó a nadie a contar cuentos; pese a ello, la gran mayoría de las muchachas se decidió por este trabajo.

Cuando la profesora que había puesto este tema me lo contó de pasada en una conversación, nació en mí la idea de intentar una elaboración y un aprovechamiento psicológicos de los cuentos entregados. Tenía presente el problema de averiguar cuánto se puede saber del contenido de la vida anímica de los autores escrutando trabajos escolares desde puntos de vista psicoanalíticos. Precisamente este tema del cuento me pareció especialmente favorable para semejante experimento, porque por una parte deja completa libertad y por otra promete, sin embargo, una base de comparación suficientemente amplia.

La profesora me permitió con la mayor amabilidad llevar a cabo mi propósito. No solo me dio ocasión de conocer los trabajos, sino que respondió también, en la medida de lo posible, a las preguntas que le hice en algunos casos sobre las circunstancias personales de las alumnas. Pudo hacerlo sin el menor temor de cometer una indiscreción, pues no solo me son completamente desconocidas las muchachas en cuestión, sino que ni siquiera supe sus nombres.

Habría podido pensar en poner este tema u otro parecido a mis propios alumnos, ya que el conocimiento personal de los autores me habría facilitado sin duda penetrar en el contenido inconsciente de sus trabajos. Sin duda el rendimiento del trabajo de interpretación habría sido en tal caso más abundante, pero igualmente seguro es que se habría enturbiado la pureza del experimento: habría sido difícil distinguir cuánto de los resultados era fruto de la investigación <!-- S. 279 --> especial y cuánto poso de mis demás observaciones. También me parece importante, para la comprobación y la discusión científica de mi ensayo, que el lector se encuentre ahora ante el material (aproximadamente) en las mismas condiciones que yo. Cuánto ha de hacerse sentir como obstáculo, desde luego, la falta de material personal, es evidente de antemano para cualquiera que esté familiarizado, aunque sea superficialmente, con el trabajo psicoanalítico; además, en mi propia investigación se verá en algunos ejemplos cuánta plasticidad gana enseguida la impresión cuando se conocen datos característicos sobre la autora o sobre sus circunstancias de vida. Por otra parte, en un trabajo como el presente la amplitud de la investigación puede compensar hasta cierto punto la falta de profundidad: lo que en sí parecería insignificante y sin interés gana a veces un valor característico al contraponerlo a los trabajos de otras alumnas.

La investigación se limita conscientemente al único punto de vista ya señalado y excluye todo lo demás (por ejemplo, el intento de caracterizar y valorar estéticamente los cuentos entregados). Un problema, ciertamente, no parecería carecer de importancia como trabajo previo al tema principal: la cuestión de hasta qué punto los trabajos son puramente reproductivos y hasta qué punto muestran independencia, si no en los motivos empleados, al menos en su combinación. Pero creí poder prescindir tranquilamente de esta indagación, que habría sido muy prolija y no habría tenido en absoluto asegurado un éxito completo. Las niñas, en efecto, estaban invitadas indirectamente por el tema a servirse de la reserva de motivos de cuento que conocían. Pero el número de motivos y combinaciones que conoce cualquier niño es muy grande. Así pues, inventar un cuento presupone en el niño una elección consciente o inconsciente entre muchas posibilidades disponibles, y *por la elección que hace, el niño se caracteriza a sí mismo.* Y ahora solo se trata de encontrar la clave que nos enseñe a comprender esta autocaracterización inconsciente.

Era natural pensar, siguiendo el ejemplo de Riklin[^1], en una interpretación simbólica de los cuentos. Pero eso habría significado renunciar de antemano a la investigación especial que yo planeaba. <!-- S. 280 --> Pues, como el simbolismo está en el material, los cuentos infantiles que trabajan con ese material no habrían podido dar, naturalmente, nada nuevo. Y como los símbolos son multiformes, pero los resultados de la interpretación son por fuerza bastante monótonos, tampoco se habría podido pensar en llegar a captar el contenido característico de cada cuento. Además, habría quedado siempre abierta la cuestión de si las muchachas habían comprendido realmente —de manera consciente o inconsciente— el simbolismo sexual. Por eso solo recurro al simbolismo en sentido estricto en casos aislados, como medio auxiliar.

Se trataba, pues, de buscar otra clave con la que, partiendo de los cuentos, se pudiera descubrir la vida anímica de sus autoras. Así nació en mí la idea de aplicar a la tarea presente las ideas fundamentales del método individualpsicológico de Alfred Adler. Según Adler, el punto cardinal para comprender una psique individual está en la comprensión del plan de vida inconsciente que persigue. Por multiforme que pueda ser, su meta final es siempre la elevación definitiva de la personalidad. Cada persona intenta el camino hacia esa meta por ciertas vías características para ella, que Adler ha llamado líneas directrices. El punto de partida de todo el proceso lo forma un sentimiento de inferioridad arraigado en causas orgánicas y sociales, cuya compensación se intenta. Se me planteó, pues, la tarea de investigar si a partir del cuento se podía adivinar, al menos a modo de indicio, el plan de vida inconsciente de las autoras, o deducir al menos una u otra línea directriz característica; de paso había que atender a si se podía saber algo sobre el grado y el origen del sentimiento de inferioridad. En este modo de considerar las cosas, el contraste entre el punto de partida y el punto de llegada del cuento tenía que adquirir, evidentemente, una importancia especial.

Al alcance de los resultados que cabía esperar le estaban puestos, naturalmente, estrechos límites desde el principio. Ya una consideración general tenía que indicarlo: la interpretación de un cuento aislado, igual que, por ejemplo, la de un acto sintomático aislado, tendrá que seguir siendo siempre problemática; las interpretaciones solo obtienen su fuerza concluyente cuando muchos rasgos singulares, puestos en fila, apuntan una y otra vez en la misma dirección. A ello se añaden las fuentes de error particulares que se derivan del tipo de tema propuesto. Que <!-- S. 281 --> las alumnas tuvieran que escribir cuentos tenía sin duda la ventaja, extraordinariamente importante, de que contaban cosas sumamente personales sin la conciencia de ser interrogadas ni de declarar algo sobre sí mismas. Pero, por otro lado, en la tarea está la invitación a dar rienda suelta a la fantasía sin consideración por la realidad; más aún, en la esencia misma del cuento está la oposición a la realidad. Ahora bien, precisamente el método individualpsicológico nos muestra sin duda qué importancia extraordinaria puede alcanzar la investigación de las fantasías para el conocimiento de la vida anímica. Pero su pleno aprovechamiento presupone siempre que podamos seguir la relación recíproca entre fantasía y realidad. Fantasías irrealizables las tiene todo el mundo; la particularidad característica de cada cual no está solo en el *tipo* de sus fantasías, sino también en el grado en que influyen en su actitud ante la realidad. Como en nuestro caso, salvo pocas excepciones, no tenemos ante nosotros más que el producto aislado de la fantasía, nos será difícil decidir si se trata de una constelación momentánea o de una actitud duradera, de un tanteo provisional del futuro en una dirección determinada o de una línea directriz ya fijada; no podremos separar lo que en la imagen anímica que se nos ofrece está en movimiento y lo que está en reposo. Tampoco debe pasarse por alto que el tipo de tema tenía que llevar consigo que las muchachas se trasladaran a su propia época de los cuentos; así, problemas que en realidad ya están resueltos del todo o casi pueden haber despertado de nuevo, momentáneamente, a plena actualidad. Estos reparos, sin embargo, solo cuentan propiamente mientras se tenga en vista exclusivamente la investigación de la individualidad de cada autora; y esta no puede ser tampoco el objetivo de una investigación colectiva como esta. La situación mejora considerablemente si se dirige más bien la atención a obtener, por así decir, un corte transversal de la situación anímica de la clase de edad en cuestión. Entonces cada interpretación adquiere, si no un valor individual, sí un valor ejemplar; pues lo que en el caso singular quizá fue solo la aparición momentánea de una posibilidad que luego no se siguió en el desarrollo psíquico, se ha mantenido sin duda en muchos otros casos con consecuencia y se ha convertido en idea rectora del individuo. Y así nuestra investigación quizá pueda darnos una visión de conjunto de los problemas que ocupan a las muchachas en esta etapa del desarrollo y de los caminos <!-- S. 282 --> que se trazan a modo de ensayo como posibles. Qué camino seguirá luego realmente cada una, tenemos que dejarlo sin decidir.

Tenemos que ver con muchachas en un periodo en que sus intereses presentes más importantes todavía están anclados en la casa paterna y en la familia, pero en que ya se abre la mirada hacia un futuro que ha de llevar más allá. Así pues, si por regla general podemos esperar el motivo familiar, nos llamarán sin embargo la atención los cuentos en que reina exclusivamente. Tendremos que señalar ahí un desarrollo psíquico algo retrasado o quizá pensar también que la autora retrocede angustiada ante la idea del futuro. A este grupo de cuentos familiares he contrapuesto otro de cuentos en los que ya se pueden reconocer los rasgos fundamentales de un plan de vida. En un grupo intermedio he reunido los cuentos que delatan una u otra línea directriz característica, sin que pueda leerse en ellos propiamente un plan de vida.

Comienzo por el más pueril de los cuentos entregados[^2].

**1.** *Juanito el goloso.* Mamá ofrece a la tía pastelillos de crema (*Indianerkrapfen*)[^t2]; entonces se descubre que Juanito se ha comido a escondidas la nata. Se le castiga de dos maneras. Primero mamá compra otros pasteles, pero los destina solo a su hermana Trude. La buena de Trude, sin embargo, le da a su hermano de ellos. Luego viene un hombre vestido como el criado Ruperto[^t3] y entrega un paquete para Juanito. Este encuentra en él, lleno de alegría, solo pastelillos de crema. Pero… son de cartón y en cada uno hay una notita con unos versos contra la glotonería.

Una escaramuza de cuarto de niños, pues. Es digno de notarse que no se renuncia a poner a la hermana bajo la luz más brillante mediante un pequeño rasgo, aunque con ello sufra la coherencia de la acción.

No muy distinto en su planteamiento, el cuento siguiente nos introduce sin embargo en conflictos mucho más profundos.

**2.** *Crueldad castigada.* A la buena, aplicada y obediente Berta se opone la mala, perezosa y traviesa Emma. Las exhortaciones de la hermana no sirven de nada; los padres amenazan con meterla en un reformatorio. Pese a todo, sabe hacerse querer por la gente. Tras un breve tiempo de enmienda recae en sus antiguos defectos. Un día tortura por capricho a una oruga. Como castigo, ella misma es convertida en oruga. Los padres, en lugar de su hija, encuentran <!-- S. 283 --> la oruga en la cama y la meten en una caja. Por la noche, de las 11 a las 12, puede hablar, y entonces dice a sus padres que solo podrá ser liberada si se la hace ayunar ocho días.

Ya la descripción odiosa, y a la vez llena de envidia, de la hermana tiene que llamar la atención. Más luz entra para nosotros en este cuento cuando nos enteramos de que la narradora ha llamado tanto la atención en la escuela por su manera torpe de hablar que se le ha indicado que vaya al médico. La hermana, eso sí, ha opinado que en casa, a la hora de reñir, le va muy bien. Encontramos, pues, a la autora probablemente dos veces en el cuento. Por una parte es la hija buena, cuyas virtudes contrastan tanto con los defectos de la hermana; por otra es la pobre oruga indefensa, atormentada por la hermana, que ni siquiera puede quejarse de su pena. Así encontramos representadas una junto a otra la inferioridad y la compensación. En la hermana se toma a fondo la revancha: se la castiga con el padecimiento por el que la autora se siente perjudicada.

El tema de los hermanos desiguales vuelve una vez más, aunque sacado de la esfera infantil y, por eso, sin un resalte tan agudo de las relaciones personales.

**3.** *Los dos hermanos.* De dos hermanos, uno es rico y lo bastante desalmado para no ayudar al otro, que es pobre. Este ayuda un día a un pequeño espíritu de la montaña y recibe como recompensa un yesquero que cumple los deseos. Gracias a él llega al bienestar. Por envidia se lo roba el hermano rico, pero a él le trae la desgracia y pierde su fortuna. Arrepentido, devuelve el yesquero, y el buen hermano lo ayuda entonces.

A estos cuentos se oponen otros que nos muestran imágenes de un amor fraterno sin nubes. Así

**4.** *El cuarto prohibido.* Hänsel y Gretel son pobres y tienen que mendigar; encuentran acogida en casa de una mujer que les da alojamiento para la noche y los esconde de su marido, el ogro. A la mañana siguiente han de barrer once habitaciones, pero no entrar en la duodécima. Lo hacen, sin embargo, y encuentran en ella un carro de oro con un ciervo enganchado. Huyen en él y escapan a sus perseguidores porque la niña, con fórmulas mágicas, primero la convierte a ella y a su hermano en un rosal y luego hace que los patos formen un puente sobre el lago. Gracias al poder mágico del carro se hacen ricos.

Mirándolo más de cerca, se nota desde luego que, pese a todo el énfasis en la concordia fraterna, el hermano y la hermana no son tratados en absoluto por igual. Es la hermana la que conoce las fórmulas mágicas y la que lleva a cabo todo lo que conduce a su salvación y a la del hermano. El compañero masculino queda totalmente rebajado <!-- S. 284 --> al papel pasivo del protegido. Que se trate de niños *huérfanos* podría tomarse por un detalle sin importancia. Pero uno se siente movido a no pasar por alto tales rasgos cuando, por ejemplo, se entera de una niña de siete años que, ya cuente cuentos oídos o los invente ella misma, nunca deja de introducir un giro determinado: al final muere la madre.

También es un cuento de amor fraterno, pero con una inversión completa de los papeles,

**5.** *El buen hermano.* La hermana ha sido raptada por una bruja. Al hermano lo ayuda entonces un hada, su madrina, a salvar a la hermana. La empresa es muy difícil: tiene que cumplir tres condiciones y superar victorioso tres tentaciones.

Los cuentos 4 y 5 muestran en forma no desarrollada, todavía envuelto en las relaciones familiares, el contraste entre una actividad acrecentada y la suma pasividad de la mujer, que nos ocupará después detenidamente. En el número 5 en particular, la figura del hermano parece ser —no sabemos si solo hacia fuera o también *pro foro interno*— solo la envoltura del ideal masculino general de la autora, de modo que este cuento entra en relación con el grupo de cuentos del héroe salvador (cuentos 22-25).

Llegamos ahora a una serie de cuentos en que desempeña un papel la relación entre hijos y padres. En historias que las muchachas escribieron de antemano para la escuela, no extrañará que esta relación se presente por lo general con una corrección de libro de lectura.

**6.** *Los elfos buenos.* Una niña tiene que mantenerse a sí misma y a su madre enferma vendiendo fresas y flores. Una noche entra por la ventana un ser azul claro, coronado de flores, y se la lleva a la danza de los elfos. Allí le ponen también una coronita, y esa corona la lleva todavía por la mañana, cuando despierta en su cama. Es de oro y piedras preciosas. Vendiéndola consigue dinero y puede ahora traer un médico para su madre.

**7.** *Un cuento de Navidad.* En Nochebuena una niña va del pueblo a la ciudad para traer un médico para su madre gravemente enferma. Por el camino reza ante una imagen de un santo y luego se duerme, cansada. Siente cómo la llevan al cielo convertida en copo de nieve. Allí el Niño Jesús le da un frasquito de medicina. Cuando despierta, está ante su casa. Unos campesinos la han encontrado medio helada en el bosque. Su subida al cielo parece, pues, haber sido un simple sueño. Pero no: tiene el frasquito, y apenas ha tomado la madre de la medicina, ya está sana.

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**8.** *El espíritu de la tierra.* Un buen muchacho, hijo de un pobre leñador, niño nacido en domingo, atrapa un día en el bosque a un enano y lo obliga a darle tesoros. Se los lleva a sus padres.

De énfasis en el amor filial, e incluso en el sacrificio, no carecen pues estos cuentos, desde luego. Pero eso no impide que las circunstancias reales se vuelvan del revés. Los padres aparecen como los débiles y necesitados de ayuda, los hijos se convierten en salvadores en la necesidad y los padres tienen que mirarlos propiamente desde abajo, agradecidos. Aquí pertenece también, probablemente,

**9.** *En el reino de los elfos.* Un muchacho de leñador coge flores. De pronto se le presenta un enano y le dice que son elfos los que ha matado. Ahora tiene que ir con él ante la reina de los elfos, y esta lo perdona con la condición de que le saque del lago un anillo precioso. Hace lo que se le pide y luego se duerme, cansado, en un prado. Cuando despierta, están sus padres junto a él. Su madre toma todo por un sueño. «Pero Berchtold lo sabía mejor».

En esta última frase me parece que está el núcleo psicológico del cuento, que en realidad transcurre sin resultado alguno. Por haber vivido algo extraordinario y por el «saber más», también el héroe se eleva por encima de sus padres.

Por lo demás, tampoco falta del todo el estallido directo del estado de ánimo conflictivo frente a los padres.

**10.** *Juan el incomprendido.* Un molinero tiene tres hijos. El menor, Juan, es «un muchacho cerrado, que siempre trabaja cuando se cree solo». Por eso pasa por perezoso y todos lo desprecian, y cuando el padre recibe un día de un hombrecillo una varita de los deseos, desea que Juan se extravíe. Juan llega al bosque, a casa del hombrecillo, trabaja para él y se queda allí varios años. Luego quiere volver con sus padres y recibe del hombrecillo, como pago, un anillo de los deseos. Encuentra después a uno de sus hermanos, que no lo reconoce. Por él se entera de que la familia está completamente arruinada. Desde que Juan se fue, su fuerza de trabajo había faltado por todas partes y ya no se había avanzado nada. Ahora Juan se da a conocer, vuelve con sus padres y con ayuda del anillo de los deseos hace aparecer por arte de magia un molino para su padre.

Tenemos aquí, pues, un esquema parecido al de los cuentos anteriores, solo que toda la relación está muy envenenada. Tenemos que ver con un niño obstinado («cerrado»), que él mismo provoca una falsa apariencia en contra suya para poder luego regodearse en el sentimiento de la inocencia perseguida. A las ansias de revancha que así se desarrollan se les da en el cuento una satisfacción elevada a lo grandioso: resulta que el niño incomprendido era el verdadero sostén de toda la familia. Que la autora no retroceda <!-- S. 286 --> ante la idea de arrojar a la desgracia al padre y a toda la familia para lograr esa revancha apunta a impulsos de odio y de venganza contra los padres.

Al final de este grupo pongo un cuento que recibe una interesante aclaración de un hecho de las circunstancias personales de la autora.

**11.** *El hacha mágica.* En un bosque vive un pobre leñador. Tiene un hijo; su hija ha desaparecido hace años. Un día salva la vida a un enano, y este, agradecido, le aconseja recoger hierbas medicinales para la mujer del bosque. De ella recibe al cabo de un año un hacha mágica, con cuya ayuda pronto se convierte en un acomodado comerciante de madera. Cuando su hijo y la mujer del bosque enferman, cuida a los dos. Antes de morir, la mujer del bosque le da una carta para el enano, y entonces se descubre que este es la hija desaparecida. Ahora queda libre del encantamiento y también el hijo recobra la salud.

La muchacha que escribió este cuento tiene un hermano ciego que, gracias a su talento y a su aplicación, puede seguir pese a su defecto los estudios normales como alumno público. Está claro sin más que en estas circunstancias el muchacho tiene que estar en el centro del cuidado y del amor de los padres. A esta circunstancia inevitable reacciona ahora la muchacha con un sentimiento de postergación, y eso se expresa en el cuento con una exageración expresiva en el hecho de que la hija haya desaparecido sin más. Pero ahí se abre paso ya la compensación. Está convertida en un enano, es decir, en un *hombre* pequeño, sí, pero poderoso; salva a su padre de la miseria y al final trae también la curación del hermano.

Echando una mirada retrospectiva al grupo de los cuentos familiares, me parece que destaca especialmente un rasgo común a casi todos sin excepción. Estamos acostumbrados a esperar de los cuentos un final feliz. En cuanto entran en juego personas concretas, esta ley se puede formular con más precisión. Que el cuento acaba bien significa entonces siempre: el héroe consigue elevarse por encima de esas personas.

## II.

Nos volvemos ahora hacia el grupo de cuentos de los que no se puede leer un plan de vida propiamente dicho, sino en los que solo destaca de manera característica una u otra línea directriz. Está en la naturaleza de la cosa que precisamente en este grupo sea <!-- S. 287 --> más difícil seguir un hilo conductor que lleve de un cuento a otro.

Comienzo por un cuento que en algunos aspectos está ligado al primer grupo.

**12.** *Un cuento.* Un mozo recorre alegre el país. Guiado por un pájaro azul, llega a un palacio espléndido. A su vista, los severos guardianes se vuelven alegres y amables y le dicen que allí vive la reina *Prudencia*. El país es feliz por tener una soberana tan excelente; solo una es aún mejor que ella: su hija, la *Sabiduría*. Esta aparece y sus rasgos serios se alegran a la vista del forastero, que entonces se da a conocer como la *Alegría*[^t4]. Ella lo invita a quedarse y dice a su madre que ahora tienen ante sí un futuro de felicidad sin nubes. Pues donde se unen Sabiduría y Alegría todo tiene que ir bien.

Aunque el ropaje alegórico dificulte la interpretación, las relaciones personales se destacan con suficiente claridad. Se comprende muy bien que sea precisamente la *prudencia* la cualidad característica que se destaca en la madre. Y tampoco nos sorprende ya que, pese a todo el trato respetuoso a la madre, la hija aparezca sin embargo como la de rango superior. Por lo demás, tampoco parecen faltar reproches directos a la madre. Pues cuando la autora hace contar sobre Sabiduría: «Oh, lo que en el mundo se entiende por educar, eso no lo ha tenido. Solo ha tenido siempre el hermoso ejemplo», está oponiendo evidentemente su ideal pedagógico a la educación que de hecho recibe. Por lo demás, vemos en la autora a una de esas muchachas que constatan de sí mismas que se toman la vida demasiado en serio. «Solo que está triste», se dice de Sabiduría; y ella misma dice a Alegría: «Quién pudiera ser como tú; siempre pienso: esto lo podrías haber hecho así, aquello así». Que a la muchacha melancólica se le oponga luego la Alegría masculina tiene sin duda también su significado más profundo y nos delata la idea que la autora se hace del papel que los sexos tienen que desempeñar en la vida.

**13.** *La fundación de Pechdorf.* Un pobre zapatero atraviesa el bosque para comprar pez con sus dos últimos Kreuzer. Pese a ello, todavía da un Kreuzer a una mendiga, que en agradecimiento le regala un tarro de pez. Después resulta que este tarro nunca se vacía y que los zapatos pegados con esta pez son especialmente buenos. Así consigue mucho trabajo, se hace un hombre acomodado y el fundador de un poblado. Cuando un día vuelve a atravesar el bosque, en el lugar donde entonces encontró a la vieja mendiga hay una hermosa hada que le dice <!-- S. 288 --> que bajo aquel disfraz había querido probar su corazón, para ayudarlo después.

Para nosotros, naturalmente, el centro del cuento lo forma la figura del hada. No es difícil ver qué concepción de la vida se está preparando ahí. La autora tiene evidentemente ante los ojos el ideal de la gran dama que, con una benevolencia de patronesa, condesciende con los pobres para asistirlos, pero, eso sí, solo cuando también lo merecen.

Emparentado en su tendencia fundamental está

**14.** *El cuento del lago de montaña.* La Fidelidad ha establecido su residencia en un valle y reina tranquila y feliz sobre buenos súbditos. Entonces llega el gigante Inútil; azuza al pueblecito, lanza entre la gente la consigna «¡Libertad y riqueza!» y se llega a la sublevación. En el momento de mayor apuro aparece el rey de las montañas; Inútil es convertido en una roca, el valle en un lago, pero los habitantes son perdonados por intercesión de la Fidelidad y viven de nuevo bajo su gobierno a orillas del lago.

Un cuento político, pues. Como tal ocupa un lugar aparte entre los trabajos entregados; es el único que abandona el punto de vista egocéntrico y se vuelve hacia problemas más generales. Eso indica sin duda una cierta estrechez del horizonte de las alumnas, que propiamente ya no debería ser natural en esta edad. Es la tendencia abruptamente antirrevolucionaria la que emparienta este cuento con el anterior; también aquí el tomar partido por los distinguidos y poderosos para elevarse así por encima de la masa. Así, como rasgo más esencial de ambos cuentos puede verse quizá una transformación realista y una atenuación del ideal de la princesa, del que se tratará más adelante.

**15.** *Un cuento de Navidad.* Una pobre lavandera dice a su niña que el Niño Jesús solo va a casa de los ricos. Entonces la pequeña va a la ciudad con su muñeca para venderla y hacerse rica así. Rechazada en todas partes, acaba durmiéndose en un banco. En sueños, el Niño Jesús la lleva ante Dios. Una vecina rica la encuentra, la lleva a casa y luego le prepara regalos de Navidad.

La heroína del cuento se impone, pues, una tarea que va mucho más allá de sus fuerzas; pero precisamente porque es demasiado débil y se derrumba, llega al fin a su meta. Vemos aquí puesta a prueba una línea directriz que, entre los métodos tan infinitamente numerosos, y tan importantes para el psicólogo, de acercarse a la propia meta por rodeos, es uno de los más refinados, un método que <!-- S. 289 --> emplean no pocas veces muchachas exteriormente enérgicas en exceso. Es por así decir un querer atravesar la pared con la cabeza, con segunda intención. Se sabe muy bien que no se puede atravesar la pared; pero se cuenta con que, una vez que uno se haya golpeado bien la cabeza, ya vendrá gente que lo lleve, compasiva y a la vez respetuosa, adonde uno quiere llegar.

Bien mirado, por lo demás, esta historia se llama cuento sin razón: lo maravilloso que se cuenta resulta luego ser un sueño. De una oposición consciente al cuento se trata directamente en

**16.** *Un cuento.* La reina se ha extraviado en una cacería. Cansada, se sienta bajo un árbol. De pronto se le presenta un enano y le dice que está en un dominio encantado y que solo podrá volver a casa si cumple tres tareas. Tiene que romper una rama de frutos amarillos en lo más alto de la copa del árbol, tiene que recorrer el camino por el que él ha venido y tiene que llegar a una isla que está en medio de un lago. Con ayuda de un pájaro consigue llevar a cabo las tareas. De pronto oye risas y abre los ojos: su marido, con el séquito de la cacería, está ante ella. Solo ha soñado. Ahora tiene que reírse ella también.

En lugar de un cuento, pues, una burla del cuento. La autora protesta contra la tarea que se le ha puesto, evidentemente porque le parece demasiado pueril. Lo característico es que podía elegir otro tema, pero esta alumna se decide por el tema del cuento precisamente para poder protestar contra él. Junto a esto se impone la conjetura de que esta muchacha, que rehúsa trazar una imagen de la vida sin consideración por la realidad, quizá aventaja en madurez a sus compañeras, de que ha llegado más lejos que las otras en la adaptación de su plan de vida inconsciente a las exigencias de la realidad. Hay que dejar sin decidir cuál de estos dos momentos es el decisivo. —

**17.** *Del buen aprendiz de sastre.* El aprendiz de sastre da una limosna a un mendigo y por eso su avaro patrón lo reprende con dureza. En el curso posterior de la historia el muchacho es ricamente recompensado, recibe un palacio y se casa con una princesa. El maestro es castigado convirtiéndose sus hijos en cardos.

Así se recompensa la virtud y se castiga el vicio: una historia sumamente moral. Mirándola con más agudeza, sin embargo, esta moral resulta sumamente dudosa. Se tantean los caminos de la virtud y del vicio y la decisión cae del lado de la virtud, <!-- S. 290 --> justamente porque aquí parece hacer señas una recompensa, y además una recompensa muy grande por un servicio muy pequeño. Y así como hubo una opinión teológica que contaba entre los principales goces de los bienaventurados el poder contemplar los tormentos de los condenados, también aquí el triunfo del bueno se completa con que el malo sea castigado de la manera más cruel; incluso sus hijos inocentes son arrastrados a la perdición. Por lo demás, no debemos juzgar con demasiada dureza a la joven autora, pues el análisis de no pocos escritos juveniles impregnados de moralina no daría mejor resultado. En todo caso, este cuento nos muestra un reverso inquietante del «niño bueno» y advierte al educador de cuánta cautela hace falta en la educación para la ética. —

**18.** *Cómo venció el zorro al león.* En ausencia del león, el zorro se instala en su cueva. Con astucia consigue meterle miedo al león y ponerlo en fuga.

Esta alegría por la victoria del débil sobre el fuerte, del pequeño sobre el grande, es algo completamente natural en la infancia propiamente dicha; el niño que sufre bajo el sentimiento de su propia pequeñez y debilidad se da ánimos con tales historias. Pero en la edad en que está la autora de este cuento, aferrarse a esta línea directriz delata algo así como la previsión de que también en la vida posterior se seguirá siendo pequeño y débil y se dependerá de los medios del pequeño y del débil. Evidentemente, la autora está dominada por la idea de que su sexo le asigna este papel en la vida.

**19.** *Del conejito que se fue por el mundo.* El conejito, pese a las advertencias de sus padres, quiere irse por el ancho mundo. Pero distintas aventuras desagradables pronto lo espantan y se alegra de volver a casa.

El punto de partida es aquí parecido al del cuento anterior, pero el resultado es aquí un retroceso; la casa paterna ha de proteger contra los peligros de la vida. Esta filosofía de la prudencia no puede sorprendernos, pues nuestra educación, sobre todo la doméstica, es en alto grado una educación para la prudencia, e incluso para la cobardía. Desde puntos de vista prácticos se entiende muy bien. Solo que se pasa por alto que esta prudencia, donde ha echado raíces de verdad, va mucho más hondo de lo que se quiere y se sospecha, que actúa como freno y obstáculo en cada acción y decisión, aun la más pequeña, que exige la vida.

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## III.

El tercer grupo de cuentos, al que nos volvemos ahora, no solo es el mayor en número, sino también el más cerrado y el más interesante. Todos estos cuentos, en los que se puede reconocer un plan de vida esbozado con más claridad, tienen un rasgo en común: el motivo de la princesa. Esto, en un cuento, no es desde luego sorprendente en sí, aunque la literatura de cuentos ofrece también otras posibilidades. Pero la frecuencia de este motivo en la literatura de cuentos no refuta la importancia psicológica de la idea de la princesa, sino que, al contrario, apunta a ella. Alfred Adler nos ha enseñado a comprenderla como una de las transformaciones más importantes y de mayores consecuencias de la línea directriz masculina en las muchachas. La fórmula sin velos de la protesta masculina, «¡Quiero ser un hombre!», tendrá naturalmente que derrumbarse con esa crudeza en el momento en que la muchacha se dé cuenta de que su papel sexual es inalterable[^3]. Pero entonces se presentará con mucha facilidad la fórmula sustitutiva: «Si ya no soy un hombre, quiero por lo menos *dominar* como mujer, ¡quiero ser reina, princesa!». También esta versión tendrá que experimentar con el avance del desarrollo algunos cambios y atenuaciones, pero el origen inquietante de esta línea directriz se mostrará siempre en que empuja a la mujer dominada por ella a pretensiones irrealizables frente a la vida, en que le dificulta o le imposibilita la adaptación a la realidad. Pues bien, en el cuento se supera la tensión entre realidad y plan de vida: nos muestra cómo la heroína *llega a ser* princesa. Solo en cuatro casos se atenúa de antemano esta tensión porque se trata de la liberación de princesas encantadas, y solo en un caso la heroína es realmente princesa desde el principio, aunque enferma y condenada a muerte.

En la idea de la princesa se esconde también, naturalmente, un reproche contra los padres, que no han sabido preparar a su hija esa posición dominante en el mundo. Este reproche se expresa a veces con claridad. Eso une a este grupo con el primero.

Lo más significativo y conocido a este respecto es la «fantasía de los padres de baja condición», de la que Otto Rank ha tratado por extenso en «El mito del nacimiento del héroe»[^4]. La idea de grandeza <!-- S. 292 --> se realiza rebajando a los padres verdaderos al papel de padres adoptivos. Esto lo encontramos en

**20.** *En el reino de los elfos.* Unos buenos pescadores encuentran un día ante su cabaña a una niña que lleva al cuello una cadenita de oro. La crían como hija propia. Muertos sus supuestos padres, la muchacha tiene que irse por el mundo. Un enano habla a la llorosa y la lleva al reino de los elfos. Allí sabe por Titania su historia. Es hija de reyes y había que sustraerla a la venganza de un hechicero. Se queda en el reino de los elfos hasta que llega la hora de su regreso a la casa paterna. Entonces una bola de oro le muestra el camino al palacio real; los padres la reconocen y se llenan de alegría. Se casa con un príncipe y en su primer hijo Titania es la madrina.

La disposición a renunciar a los padres se muestra aún más claramente en

**21.** *El hada del bosque.* Un leñador ayuda a una anciana; esta resulta ser una hermosa hada y le pide a su hija por quince años. Tras larga vacilación los padres consienten. Se nos describe entonces la educación en casa de la mujer del bosque, severa y cariñosa a la vez. Pasados los quince años, cuenta a la muchacha su historia y luego la manda al bosque para que se encuentre con el rey en la cacería. Este la hace su esposa y ella toma ahora a sus padres consigo.

Los dos últimos cuentos tienen todavía un rasgo en común: el tiempo de preparación y de espera en casa de un hada. Se puede suponer sin duda que en esta estancia se representa simbólicamente el tiempo escolar, sobre todo si se piensa que en el segundo cuento se subraya expresamente lo educativo. Como eslabón intermedio entre la casa paterna y la vida, como tiempo de espera, se siente en estos años la escuela.

Ya hemos visto en estas dos historias cómo a las muchachas se les ofrece el *casamiento* como el medio más cercano y prometedor para realizar su plan de vida. Pero la táctica que se elige en ello puede ser radicalmente distinta. Uno de los tipos se expresa con la mayor nitidez en el motivo de la princesa encantada. Aquí la heroína, por el supuesto admitido, está condenada a la pasividad más completa, pero a la vez es de tan alto rango y tan deseable que las mayores hazañas y fatigas del héroe quedan siempre recompensadas con creces por su posesión. Así, sentimiento de inferioridad y compensación quedan dibujados en el mismo trazo. Tropezamos aquí de nuevo con uno de los métodos, tan importantes psicológicamente, de acercarse por rodeos a una meta a la que el camino recto parece cerrado. Primero se concibe la pasividad como rasgo característico del papel femenino y se siente como penosa. <!-- S. 293 --> Luego nace la idea de forjar un arma con esa carencia y de usar precisamente la pasividad como medio para llegar al dominio, para llegar arriba. («Protesta masculina con medios femeninos».) Vamos ahora a los distintos cuentos de esta clase.

**22.** *El castillo hundido.* Un hechicero ha encantado el castillo y lo ha hundido bajo tierra. Solo un joven puro y noble podrá liberarlo. Al cabo de largos años llega por fin el príncipe Hadubrand, lleva a cabo la obra, en la que tiene que superar fatigas y aventuras increíbles, y se convierte en el esposo de la princesa.

**23.** *El bosque encantado.* Cerca del castillo real hay un bosque encantado. Cuando la princesa entra en él pese a la prohibición, es convertida en corza. Un día un príncipe extranjero, huésped del rey, caza en ese bosque, hiere a una corza sin matarla y la hace llevar compasivo a casa. El animal empieza a hablar y le dice que podrá ser liberado si él le corta la cabeza. Cuando el príncipe lo ha hecho, tiene ante sí a una hermosa doncella, con la que luego se casa.

No de una princesa encantada, sino de una princesa enferma se trata en

**24.** *El príncipe extranjero y los frutos de oro.* En el jardín del castillo pasea a diario la hija del rey y se alegra de las hermosas flores y del canto de los pájaros. Un día el jardín se queda vacío, los pájaros enmudecen, las flores dejan caer la cabeza: la princesa está enferma y los médicos no dan esperanza. Entonces pasa por allí un príncipe extranjero, se entera de la triste noticia y quiere salvar a la princesa. Un enano lo asiste con su consejo. En un páramo desierto tiene que clavar la lanza en las fauces de un oso, luego seguir adelante hasta un árbol y coger de él frutos de oro. Se los lleva a la princesa. Curación. Boda.

Es digno de notarse cómo en este cuento se subraya muy especialmente la importancia de la heroína. No solo el príncipe extranjero es espoleado a hazañas extraordinarias por el pensamiento de ella; el peligro en que se encuentra influye en toda la naturaleza, en las flores y los pájaros. Una representación poética de la idea: «Cuando yo muera, el mundo se detendrá».

El cuento siguiente no habla de una princesa, sino de una campesina; pero pertenece también aquí. La mera existencia de la heroína, con plena pasividad, basta ya para espolear al hombre a los mayores sacrificios.

**25.** *El príncipe encantado.* Un príncipe ha de casarse con una princesa fea, pero ama a una pastora. Como no quiere dejarla, el rey los maldice a él y a ella. Ella se convierte en un sapo feo, él tiene que vivir como cuervo en la luna, hasta que otro pájaro lo traiga a la tierra. <!-- S. 294 --> Largos años aguarda con fidelidad. Por fin un aeroplano lo trae de vuelta a la tierra. El encantamiento se rompe y los dos se casan. El padre hace mucho que ha muerto de pena y arrepentimiento.

En todos estos cuentos, a causa de la pasividad de la heroína, la figura del salvador masculino tiene que pasar más a primer plano, de modo que a menudo es difícil decidir dónde cae propiamente el acento principal: si en subrayar la pasividad femenina, si en imaginarse en un papel heroico masculino, o quizá en la idea: «Así actuaría *yo* si fuera un hombre; ¡los hombres, desde luego, actúan de manera muy distinta!».

Frente a esto, en una serie de otros cuentos se subraya precisamente la *actividad* de la heroína; la mujer aparece como la *salvadora*. Así

**26.** *El hada buena.* Una muchacha obrera muy trabajadora se duerme cansada. En sueños se le aparece un hada, la lleva a una fuente, saca agua en una copa y le dice que tiene un poder curativo maravilloso. Al despertar, todavía tiene la copa consigo, y se guarda como reliquia familiar. Años después enferma el hijo del rey; ella va con la copa al palacio; por su belleza los guardias la dejan pasar y la bebida maravillosa trae al príncipe la curación. Boda.

**27.** *La ardilla.* Una joven pastora ha oído hablar de una ardilla milagrosa que vive, dicen, en lo hondo del bosque. Muchos se han puesto ya a buscarla; todos han vuelto sin lograr nada. Ella ha leído en el periódico sobre la Doncella de Orleans y quiere también realizar algo extraordinario. Así que se pone en camino. Tras días de marcha reza bajo un árbol (¡cf. Juana de Arco!), y poco después está ante un castillo espléndido. El hada le dice que precisamente en aquel árbol está la ardilla y que la palabra mágica es «¡Hörnihopp!». La ardilla era un príncipe encantado, que ahora queda liberado. Tras una breve espera, boda en París.

Los dos cuentos tienen todavía un rasgo interesante en común. La mujer sobrenatural que lleva a la muchacha a una fuente y le muestra el agua milagrosa nos recuerda la historia de Bernadette de Lourdes; también aparece el nombre «María», aunque como nombre de la muchacha («Mariechen»). En el segundo, en cambio, tenemos la referencia directa a la Doncella de Orleans como modelo. En ambos se hace valer, pues, un rasgo místico-religioso, con el que contrasta extrañamente el final, la boda. Se ponen así a prueba dos líneas directrices opuestas y, para eludir la incómoda decisión, se aplican a la vez sin consideración por su incompatibilidad.

De estos dos cuentos se distingue el siguiente por la <!-- S. 295 --> clase específicamente femenina de actividad que aparece en él, por la coquetería que procede al ataque y que en él se delata.

**28.** *La princesa Erika.* Una princesa suaba tiene un padre sumamente cruel. Como hace el bien a sus súbditos, él la expulsa. Cae en poder de un hada mala, que la hace vigilar por un dragón en un castillo solitario. «Este animal le tomó pronto mucho cariño a la princesa… También a la princesa Erika el dragón no le pareció tan malo como pensó al principio». Se le ocurre que quizá sea un ser humano encantado y decide preguntárselo. En efecto, es un comediante encantado y puede encontrar la liberación si una muchacha se casa con él. Erika se decide a ello y viven mucho tiempo como cómicos ambulantes. Por fin vuelven a Suabia. El padre malvado ha muerto. Ella se convierte en reina y su marido está a su lado.

También aquí tenemos unidos objetivos contradictorios (princesa-actriz). No es casualidad, sin duda, que esto ocurra precisamente en los cuentos que subrayan especialmente la actividad de la heroína. Esta actividad se siente de antemano como propiamente contraria al papel femenino. El último cuento muestra por lo demás, frente a los dos anteriores, un rasgo nuevo: la heroína no solo aparece como *salvadora* del hombre; su matrimonio es un *descenso*, y al final ella *eleva* al hombre hasta sí. La valoración falsa que está en el punto de partida de la protesta masculina se sustituye, pues, por la valoración falsa opuesta: se supone que la mujer está *por encima* del hombre. Precisamente esta transformación de la protesta masculina se puede observar a menudo en las mujeres, y es fácil comprender qué ventajas ofrece: como el acento principal se pone en la valoración propia, es decir, en un proceso interior, quedan excluidos los choques directos con la realidad. La idea de la princesa, mantenida con consecuencia, tiene que fracasar sin remedio ante los hechos de la vida real; en cambio, una mujer puede muy bien actuar toda su vida como si hubiera condescendido con su marido y como si quisiera elevarlo hasta sí. Claro que basta imaginarse un matrimonio en que la mujer esté dominada por tales ideas para comprender que esta línea directriz tiene que llevar, *indirectamente*, a conflictos no menos inquietantes.

Al principio, pues, el matrimonio se nos había presentado sencillamente como el medio más importante para realizar el plan de vida, y como tal había sido valorado de manera puramente positiva. En «La princesa Erika» se toca por primera vez un tema nuevo: el matrimonio es, después de todo, algo <!-- S. 296 --> que también exige sacrificios. Estos reparos y dificultades se expresan con mucha más claridad aún en otra serie de cuentos. Que tales consideraciones se dejen ver siquiera puede interpretarse, de entrada, como signo de una mayor madurez intelectual de las muchachas en cuestión. Las otras no han visto en el matrimonio más que un contraste deseado con su estado actual; han dicho sí al matrimonio, por así decir, *in abstracto*; las que tienen reparos muestran que se han ocupado realmente del problema. Para juzgarlas psicológicamente de manera definitiva, sin embargo, dependería de dos momentos: primero, de si las dificultades que las hacen vacilar están dadas objetivamente o se basan en una concepción tendenciosamente deformada de la relación entre los sexos, y luego, de cuál sea su decisión definitiva, cosa que, ciertamente, no podemos deducir de las instantáneas psicológicas como las que concebimos estos cuentos.

**29.** *La princesa encantada.* Un joven está tendido a la orilla del mar. Entonces surge de las olas una mujer bellísima; lleno de amor quiere abrazarla, pero ya está convertido en pez. Ella era antes una princesa que rechazaba a «casi todos» los pretendientes. Un hechicero la encantó por venganza y solo puede ser liberada si un joven le *resiste*. Esto solo se logra cuando ella un día suplica ardientemente a un hermoso muchacho que lo haga. Él tiene que reunir todas sus fuerzas para mantenerse firme. Pero ahora ella queda liberada y cae en sus brazos exclamando: «¡Ahora soy tu esclava!».

Llama la atención la representación especialmente exagerada del poder de la mujer: resistirle es lo más difícil que puede lograr un hombre. (La autora es una muchacha fea.) La resistencia al matrimonio se muestra en el rechazo de los pretendientes. Al final nos enteramos también del motivo de esa resistencia: la mujer se convierte en la *esclava* del hombre.

**30.** *Un cuento.* A la hija de un hombre al que en la comarca llaman «el hechicero del lago» se le aparece un anciano del mar y le pide que baje con él[^t5] a las aguas y salve al hijo enfermo del rey. Allí abajo tendrá una vida espléndida, aunque tendrá que renunciar a los goces del mundo. Ella consiente. Curación. Boda.

En el casamiento con el príncipe del mar tenemos una expresión simbólica de que el matrimonio significa un *descenso*; además, exige renunciar a los goces de la vida.

**31.** *Un cuento.* Una campesina es convertida por una bruja en halcón. Con esta figura vuela hasta un príncipe melancólico, se convierte en su compañero inseparable y le trae consuelo y ale<!-- S. 297 -->gría. Cuando él quiere dejar al halcón para emprender un largo viaje, este le cuenta su historia y le dice que podría salvarse si un hombre renunciara por él durante un año a todos los goces del mundo. El príncipe cumple la condición. Liberación. Boda.

Entre este cuento y el anterior hay una relación: la autora del primero colaboró en la redacción del segundo. Y, en efecto, encontramos coincidencias importantes: en ambos casos la heroína aparece como salvadora (de la muerte, de la melancolía) y en ambos casos el motivo de la renuncia desempeña un papel importante. Su forma más desarrollada la muestra evidentemente el segundo cuento, donde se vuelve como exigencia contra el hombre. Podemos observar aquí en su fase de desarrollo una actitud que luego, en forma fijada, desempeña a menudo un gran papel en la vida psíquica de mujeres adultas y que también conocemos bien por la literatura femenina: la exigencia del «hombre puro». (Cf. también el cuento 22, donde solo un «joven puro y noble» puede llevar a cabo la liberación.) Es fácil ver qué excelente asidero ofrece esta exigencia a una mujer con la protesta masculina exacerbada para rebajar y humillar al hombre; tanto más cuanto que, si se encuentra realmente a ese hombre, su inexperiencia en asuntos amorosos ofrecerá nuevos puntos de ataque.

No carece de interés seguir cómo nació en nuestro caso esta exigencia de renuncia. La autora es descrita como una muchacha coqueta, aficionada a coquetear; a los padres, en general, no les resulta fácil arreglárselas con ella, y en cambio se deciden a veces a intervenciones bastante enérgicas. Así, por ejemplo, ha tenido que abandonar su peinado muy coqueto y sustituirlo por uno de una sencillez casi conventual. Ella misma, pues, es obligada a la renuncia, y ahora intenta levantar de nuevo su sentimiento de la personalidad, abatido por esa coacción, oponiendo a los demás este imperativo en forma muy agravada. Esto no solo se muestra en los dos cuentos; también al comentar obras literarias deja ver de vez en cuando que en este punto es intransigente[^5].

Las resistencias contra el matrimonio que hemos podido observar pueden hacerse tan fuertes que lleven al rechazo completo del matrimonio. <!-- S. 298 --> Obtenemos entonces cuentos en los que se renuncia a realizar la idea de la princesa porque la condición del matrimonio, ligada a ella, parece insoportable.

**32.** *La hermosa hija del pastor.* Una pastora advierte que una vaca se aleja cada día durante un rato del rebaño. Un día la sigue y llega a un castillo espléndido. Allí le sale al encuentro el señorito y le pregunta si quiere ser su esposa. Ella consiente; él le enseña todo el castillo, luego repite su petición, pero añade ahora la condición de que nunca debe enojarse con él. Se casan. Cuando ella tiene hijos, su marido se los quita; dos veces lo soporta en silencio, con el tercer hijo se rebela. Entonces el marido se entristece y le dice que, si no se hubiera enojado, se habría roto un encantamiento que pesaba sobre él. Ahora tienen que separarse; ella vuelve a su rebaño.

El matrimonio, pues, depara a la mujer un destino de Griselda[^t6]; pero ella no quiere someterse y prefiere que el matrimonio fracase por ello. Que en la catástrofe desempeñen un papel los hijos es ya importante porque este cuento y el cuento 20 son los únicos en que se menciona este punto delicado. Que en el cuento 20 la narración no se interrumpa con la boda, sino que se prolongue hasta el bautizo del primer hijo, puede valorarse sin duda positivamente y entenderse como una afirmación de la vocación materna. Aquí, en cambio, las fantasías tanteantes de la autora se acercan a un artificio tendencioso: los hijos se utilizan contra el marido.

**33.** *En el fondo del lago.* En el lago se celebra una fiesta; en ella el rey del lago cuenta a los suyos la siguiente historia: su hijo amó una vez a una muchacha pescadora y ella bajó al reino del lago. Pero la nostalgia del mundo de arriba no la abandonó. El príncipe enamorado acudió entonces en busca de consejo a una vieja mujer del mar, y esta le dijo que podría hacer posible el regreso de su esposa si «cargaba con la mayor ignominia» y se dejaba convertir en pez. Y realmente salvó así a su amada. Ella está de nuevo en la orilla, ante la cabaña de sus padres, y ve en las olas un pez que la mira con ojos elocuentes.

Encontramos aquí solo motivos que ya conocemos. Que el casamiento significa un descenso se simboliza, como en el cuento 30, con el casamiento con un príncipe del mar. El poder y el valor de la mujer se expresan en la magnitud del sacrificio que se hace por ella, pero además están representados de manera marcada en la situación final: el amado convertido en pez la mira *hacia arriba*.

Por su gran analogía con este cuento pongo aquí a continuación <!-- S. 299 --> otro, en el que falta precisamente el motivo del matrimonio y que por eso, en rigor lógico, habría tenido que aparecer en el grupo de los cuentos familiares.

**34.** *La muchacha del pescador.* Una pobre muchacha, hija de pescadores, vive feliz y contenta con sus padres. Un día se duerme en la barca; una ondina se la lleva abajo, al reino de las ondinas, y allí la reina la acoge con cariño y la educa. Pero ella no puede superar la nostalgia de arriba y pide al fin permiso para regresar, que se le concede. Alegre reencuentro con los padres.

La autora es una de las muchachas más pobres de la clase; el padre es un pequeño artesano. La idea que brilla primero en el cuento es, pues, esta: ¿qué pasaría si tuvieras padres ricos y distinguidos? El final muestra luego un aferrarse consciente a las circunstancias dadas. Con ello se relaciona un rasgo marcadamente pequeñoburgués y hogareño, que se expresa en la siguiente descripción de la casa del pescador: «El suelo se fregaba casi cada día, la vajilla de madera siempre bien frotada».

En los dos últimos cuentos el inquietante reino del lago aparece como lo opuesto a la casa paterna familiar; representa sin duda la vida, que por una parte atrae y seduce, pero por otra asusta por su inmensidad y su extrañeza.

Hemos intentado acercarnos al sentido más profundo de los cuentos estudiados sobre todo entendiéndolos como intentos de orientación, como ensayos de distintas posibilidades del futuro[^6]. Llegamos ahora a un cuento en el que toda una serie de tales intentos se encadenan, por así decir, sistemáticamente y que por eso nos anima a intentar un análisis detenido. Si hasta ahora nos hemos contentado con destacar rasgos aislados, esta vez queremos tratar de llegar a una interpretación completa del conjunto.

**35.** *La novia del viento*[^t7]. Liese, una niña pequeña, tiene todo lo que su corazón desea, «solo que no es princesa». Así que una mañana se va de casa y decide no volver antes de haberse convertido en princesa. Encuentra a una abeja que la invita a ir con ella a la colmena y hacerse allí princesa. Pero Lieschen no puede entrar, porque la entrada es demasiado pequeña. Luego una hormiga la lleva a un hormiguero para que sea princesa allí. Pero allí está tan oscuro que suspira y se lamenta. El oso hormiguero oye sus quejas y quiere liberarla si luego se hace su esposa. Lieschen lo promete; pero cuando ve <!-- S. 300 --> al feo animal, sale corriendo. En la carretera encuentra a un hombre extraño, delgado como un naipe, con dos cabezas, una arriba y otra abajo. Viene del país de los naipes y busca una princesa; a sus cuatro el viento quiso enseñarles a soplar, pero eran tan delicadas que cayeron muertas en el acto. Si no consigue ahora una nueva, el viento derribará todo el país. Liese sigue al hombre de los naipes y el viento la lleva como su novia a su castillo en el aire. El viento está muy contento de que ella no sea tan enclenque como lo eran las otras princesas; pronto sopla mejor que él, y todavía hoy dice la gente, cuando el viento sopla muy fuerte: viene la «novia del viento».

La heroína se pone, pues, en camino para realizar un plan de vida claramente expresado, cosa que tras algunos intentos fallidos también consigue. La meta que al fin alcanza es: llegar a ser princesa. Ahora bien, hemos conocido la idea de la princesa como representación sustitutiva de la idea originaria: «Quiero ser un hombre». Pongamos ahora, a modo de prueba, la meta originaria en lugar de la secundaria. La heroína se pone, pues, en camino para hacerse hombre, para imponerse como hombre. Con ello la aventura de la colmena se nos vuelve enseguida muy comprensible. Para mostrarse hombre tendría que entrar en la abertura; eso, naturalmente, no puede hacerlo, porque le falta el órgano necesario para ello. Para disimular la derrota, se aparta la culpa de la heroína: no puede cumplir la tarea porque le falte algo, sino porque la abertura es demasiado pequeña. La escena del hormiguero trata luego el mismo problema con otro ropaje simbólico. Esta vez, sin embargo, la pequeñez de la abertura no ha sido obstáculo; ha entrado, pero no le gusta estar dentro, está demasiado oscuro. Así pues, no solo no puede ser hombre, sino que ni siquiera querría serlo si pudiera: las uvas le están demasiado verdes. Pero si abandona la línea directriz masculina, tiene que ser mujer, tiene que casarse. Pero el oso hormiguero es tan feo, el matrimonio le parece insoportable: sale corriendo. La situación parece no tener salida: el papel masculino no puede desempeñarlo, el femenino no quiere. ¡Consideremos ahora la feliz solución que se ofrece pese a todo! Se convierte en la novia del viento. Si pensamos en el poema de Mörike «Canción del joven Volker»:

> Y la que me llevó en su seno,  
> y la que me meció en los almohadones,  
> era una morena hermosa y descarada,  
> no quería saber nada de hombres.
>
> <!-- S. 301 -->
>
> Solo bromeaba y reía fuerte,  
> y dejaba plantados a los pretendientes:  
> *«Antes ser la novia del viento*  
> *que ir al matrimonio».*
>
> Llegó entonces el viento, la tomó el viento  
> cautiva como amante:  
> de él concibió en su regazo  
> un niño alegre[^t8]

podemos ver quizá en ello un nuevo rechazo del matrimonio y, en todo caso, en general un rechazo del destino normal de la mujer. Pero el acento principal me parece que está en su posición respecto a la gente de naipes. Quiere distinguirse de los que la rodean por no ser tan inconsistente, tan vacilante como ellos, por estar con los pies firmes en la tierra como una persona «a la que no se derriba tan fácilmente». Una concepción de la vida bastante sobria y realista, pues; pero nuestro análisis muestra qué pathos puede esconderse tras la sobriedad de una muchacha «práctica». De este modo puede llegar todavía a desempeñar un papel de soberana en su círculo, puede así realizar su idea de la princesa, puede en cierto sentido llegar a ser un hombre, e incluso más que un hombre. Al final esto se expresa además de manera simbólico-sexual: sabe soplar mejor que el viento.

## IV.

El cuento al que llegamos ahora lo he puesto al final de toda la serie por dos razones. Primero, porque por su contenido se distingue esencialmente de todos los demás; pero también porque espero aportar con él la prueba de que el método que he seguido no es arbitrario, sino que se acerca realmente a los contenidos psíquicos depositados en los cuentos.

**36.** *La venganza de los enanos.* Los enanos han sido robados por los elfos. Para vengarse, raptan ahora a la reina de los elfos, Blancaplata. Por suerte, Polvillo de Luna escucha a escondidas las condiciones de su rescate y las revela a los elfos. A orillas del lago encuentran a una niña que se ofrece a emprender la difícil tarea. Tiene que superar un número extraordinariamente grande de las más terribles aventuras, en las que le presta buenos servicios un frasquito maravilloso. Por fin devuelve a Blancaplata a los elfos. Los elfos la colman de regalos y sigue viviendo feliz en el bosque.

Lo que da a este cuento su posición especial es la circunstancia <!-- S. 302 --> de que aquí, a diferencia de los otros, a la mujer no se le opone un compañero masculino, sino que los dos papeles principales los ocupan mujeres.

No cabe duda de que cualquier psicoanalista deducirá de este rasgo llamativo una actitud homosexual de la autora; pero tampoco cabe duda de que la mayoría de los profanos y de los adversarios científicos rechazarían, meneando la cabeza, semejante interpretación por precipitada. Casualmente se han conocido precisamente sobre esta muchacha algunos hechos que confirman de manera contundente el diagnóstico de actitud homosexual.

Pasó las últimas vacaciones con sus padres en casa de una familia amiga, y entre ella y la hija de la casa, una muchacha considerablemente mayor, de más de veinte años, se desarrolló una amistad tierna y exaltada. Efusiones nocturnas y ensoñaciones a la luz de la luna desempeñaron en ella un gran papel. Los padres intentaron moderar un poco el trato, pero tropezaron con la violenta resistencia de la muchacha, que entonces evitaba toda compañía y corría sola al bosque.

Así reconocemos en la reina de los elfos Blancaplata a la amiga adorada, en el pueblo enemigo de los enanos a los parientes que estorban. También se nos aclaran una serie de rasgos singulares. La amiga vive incomprendida y sola entre los suyos: a la pequeña Blancaplata la raptan los enanos a una isla en medio de un ancho lago. El escenario a la luz de la luna vuelve en el cuento, y Polvillo de Luna lleva a los elfos una noticia importante. Así como la autora corre sola al bosque, también la heroína del cuento vive sola en el bosque.

También en el origen de esta actitud homosexual obtenemos alguna visión mediante pasajes de cartas de la muchacha. Una vez dice que se le hizo demasiado la voluntad cuando era pequeña. Luego dice que es una cabeza de hierro, que eso lo ha heredado de su papá. Podemos deducir de ello que la muchacha está entre una madre condescendiente y un padre muy enérgico. Una situación así es apropiada para despertar en la niña pretensiones muy grandes, pero empujándola a rodeos para imponerlas. Por otra parte, en una muchacha así se fijará con especial fuerza la valoración de lo masculino como lo fuerte y de lo femenino como lo débil. El afán acrecentado de imponerse, de valer, de dominar puede demostrarse frente a todas las personas con las que está en relación. De su <!-- S. 303 --> posición en casa dice: «En líneas generales, ahora domino a todos los que me rodean»; eso lo consigue no obstinándose hasta salirse con la suya, sino indirectamente, por rodeos. En la escuela es una alumna muy ambiciosa y aplicada, que sin embargo delata a veces fuertes impulsos de obstinación contra sus profesores. A sus compañeras las mira por encima del hombro. «Aunque pienso tantas veces *que soy exactamente lo mismo que todas las demás chicas*, me siento a veces, en realidad siempre, pero a veces muy especialmente, directamente por encima de toda la clase. Las miro desde arriba, casi con lástima… Siento cada vez más claramente, cuanto más mayor me hago, *que soy distinta de todas las chicas, que no tengo nada en común con ellas*». Este pasaje no solo contiene una expresión contundente de sus ideas de grandeza; en las frases que he espaciado, quien esté acostumbrado a atender a estas cosas reconocerá una manifestación inmediata y apenas velada de la protesta masculina. Una muchacha así difícilmente tendrá mucha simpatía por las relaciones amorosas entre hombre y mujer. Directamente no se sabe nada al respecto, pero cuando una vez atribuye su aversión a la lengua francesa a que odia profundísimamente todo lo que tiene que ver con Francia y con los franceses, podemos buscar sin duda el motivo de ese odio en el erotismo francés, del que las jovencitas (*Backfische*)[^t9] suelen tener una idea muy novelesca.

El brote de aquella amistad veraniega excesivamente tierna se nos vuelve ahora comprensible; se trata en efecto de una joven dama adulta, de una coetánea de sus jóvenes profesoras. Comprendemos qué enorme elevación de su sentimiento de la personalidad podía sacar de ese trato íntimo. Pero tendremos que esperar, desde luego, que la muchacha también en este caso reclame para sí el papel dominante, es decir, el masculino. Y eso es lo que encontramos plenamente confirmado en el cuento. La amiga aparece en él, sí, como reina, pero como reina de los elfos, o sea, de un tamaño de enana; está prisionera e indefensa. La niña, en cambio, es su heroica salvadora y vence con ayuda del frasquito mágico (¿símbolo sexual?) a los enemigos más terribles.

Con la constatación de esta actitud homosexual no se quiere decir en absoluto, naturalmente, que esta muchacha tenga que convertirse en una homosexual declarada. Una actitud así es bastante frecuente en la edad de las jovencitas, aunque desde luego no de manera tan marcada como aquí. Precisamente si, como se ha <!-- S. 304 --> hecho aquí, se concibe la homosexualidad no como expresión de una disposición sexual específica, sino como un medio auxiliar y una forma de expresión de la protesta masculina, se podrá comprender bien que, al cambiar la situación, esta línea directriz sea sustituida por otra. Sin embargo, aun después de una eventual desaparición de la homosexualidad, tendremos que estar siempre preparados para que, al surgir dificultades psíquicas, se vuelva a tomar el camino ya trazado una vez.

\* \* \*

Estoy lejos de sobrevalorar los resultados de este examen de los cuentos. Pero una cosa, creo, sí se ha conseguido: estos cuentos han dejado de ser para nosotros meras redacciones escolares; tampoco nos parecen ya juegos vacíos e insignificantes de la fantasía, sino que sentimos latir en ellos vida viva; podemos leer en ellos conflictos, deseos, planes, perspectivas de futuro; hemos obtenido en parte visiones que, sin el modo de considerar las cosas que hemos practicado, habrían quedado inaccesibles aun con un conocimiento personal preciso de las muchachas en cuestión.

Si intentamos sacar de la variedad del material una impresión de conjunto, se nos impone ante todo una observación: dondequiera que los pensamientos se ocupan del futuro, no solo desempeña un gran papel el matrimonio, sino que el problema del futuro y el problema del matrimonio se identifican directamente; no solo no se pone nada junto al matrimonio, sino que, aun donde se lo rechaza, no se pone otra cosa en su lugar, y entonces solo parece posible la huida a la casa paterna. Solo hemos encontrado dos excepciones: en el 28 se jugó al menos con la profesión de actriz y en el 35 tuvimos la impresión de que la autora tenía ante los ojos una existencia independiente fuera del matrimonio. Pero un adversario del trabajo profesional femenino no tendría motivo para alegrarse de este resultado y constatar con satisfacción, por ejemplo, con qué seguridad y con qué sano instinto presentían estas muchachas su verdadera vocación de esposa y madre. Pues, aparte de que la mención del papel de madre solo aparece dos veces en total, el matrimonio mismo se liga en todos los casos, también allí donde no se rechaza, a condiciones irrealizables. Así pues, esta investigación nos muestra, por una parte, y con mucha más nitidez que otras observaciones parecidas, qué limitado se le presenta a la muchacha, a diferencia <!-- S. 305 --> del muchacho, el número de posibilidades entre las que tiene que elegir; por otra, que el matrimonio, que ocupa una posición central en su imagen del futuro, no las satisface de momento en la forma que les es asequible. Ahora bien, desde el principio hemos tenido presente que el carácter del cuento empuja a subrayar este contraste con la realidad. Quizá podamos suponer que las cabezas más positivas de la clase están precisamente entre las que prefirieron no escribir ningún cuento; estaremos convencidos de que también la mayoría de las narradoras de cuentos han puesto ya sus objetivos en mucha mejor armonía con la realidad de lo que se desprende de los cuentos; y podemos esperar que en el curso posterior de su desarrollo la inserción práctica salga bien a la inmensa mayoría. Pero una cosa parece desprenderse innegablemente de nuestra consideración, pese a todo: que la muchacha no crece en su papel de mujer de manera natural y, por así decir, por sí sola, sino que esta afirmación del papel femenino solo puede ser el resultado de toda una serie de conflictos interiores felizmente superados, que tienen que haberla precedido numerosos intentos de orientación a tientas, que tiene que haberse adquirido una buena dosis de sana resignación. Las tareas interiores que la muchacha en crecimiento tiene que resolver, las dificultades psíquicas que tiene que vencer, son mayores de lo que se suele suponer. Por eso el educador debería ser capaz de seguir el desarrollo anímico de su alumna no solo con interés, sino también con comprensión psicológica, para poder ser su auxilio cuando se acumulen las dificultades.

[^1]: Franz Riklin, *Wunscherfüllung und Symbolik im Märchen* [Realización de deseos y simbolismo en los cuentos]. (*Schriften zur angewandten Seelenkunde*, cuaderno 2.)

[^2]: Las consideraciones de extensión del trabajo me han obligado a sustituir la reproducción literal de los cuentos, a menudo contados con mucha gracia, por resúmenes cuidadosos de su contenido.

[^3]: Cf. lo que expongo en el artículo «Die psychologische Bedeutung der Psychoanalyse» [La importancia psicológica del psicoanálisis], II.

[^4]: *Schriften zur angewandten Seelenkunde*, cuaderno 5.

[^5]: Qué importancia pueden tener tales relaciones para el desarrollo individual de la ética, he intentado mostrarlo en mi escrito *Psychoanalyse und Ethik* [Psicoanálisis y ética], E. Reinhardt, Múnich, 1912.

[^6]: Como lo ha establecido *Adler* para el sueño. Véanse *Über den nervösen Charakter* [El carácter nervioso], 1912, y «Traum und Traumdeutung» [Sueño e interpretación de los sueños], *Österreichische Ärztezeitung*, Viena, 1913.

[^t1]: «Ein selbsterfundenes Märchen»: literalmente, «un cuento inventado por uno mismo»; de ahí el título del trabajo. (N. del T.)

[^t2]: *Indianerkrapfen*: pastelillo vienés de bizcocho relleno de nata montada (*Schlagobers*) y bañado en chocolate. (N. del T.)

[^t3]: *Knecht Ruprecht*: acompañante de san Nicolás en el folclore alemán, que premia a los niños buenos y castiga a los malos. (N. del T.)

[^t4]: En alemán *Vorsicht* y *Weisheit* son femeninos y *Frohsinn* masculino; de ahí que Furtmüller hable después de la «Alegría masculina». (N. del T.)

[^t5]: El original dice «mit ihr» («con ella»), aunque se refiere al anciano; se traduce según el sentido. (N. del T.)

[^t6]: Griselda: la esposa sumisa del último cuento del *Decamerón*, cuyo marido la somete a pruebas crueles, entre ellas quitarle a sus hijos. (N. del T.)

[^t7]: *Windsbraut* («novia del viento») es en alemán el nombre poético del torbellino o de la ráfaga violenta; el cuento juega con el sentido literal. (N. del T.)

[^t8]: Eduard Mörike, «Jung Volkers Lied». El original da las estrofas sin traducir, naturalmente; aquí se traducen en versos libres, sin rima. Los dos versos que Furtmüller espacia van en cursiva. (N. del T.)

[^t9]: *Backfisch*: término coloquial de la época para la muchacha adolescente, de unos catorce a diecisiete años; *Backfischalter*, «edad de la jovencita». (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del ejemplar de la University of Wisconsin digitalizado en Internet Archive (Adler_Furtmueller_1914_Heilen_und_Bilden): Carl Furtmüller, «Selbsterfundene Märchen. Versuch einer psychologischen Bearbeitung von Schüleraufsätzen», en *Heilen und Bilden. Ärztlich-pädagogische Arbeiten des Vereins für Individualpsychologie*, ed. de Alfred Adler y Carl Furtmüller, Múnich, Ernst Reinhardt, 1914, págs. 278-305. Los comentarios `S. n` del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.

*Traducción:* traducción íntegra al español de la primera edición (1914), hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Se conservan la división en apartados, la numeración de los cuentos, las cursivas (que reproducen el espaciado del original), las notas del autor y la paginación original. Los títulos de los cuentos se traducen; los nombres propios se dejan en alemán (Hänsel y Gretel, Liese, Lieschen, Trude, Berchtold, Pechdorf), salvo Hans (Juanito, Juan) y los nombres de las figuras alegóricas y fabulosas (Prudencia, Inútil, Blancaplata, Polvillo de Luna), que se traducen. Las equivalencias fijas (plan de vida, línea directriz, sentimiento de inferioridad, protesta masculina) se recogen en el glosario del archivo. Las adiciones del traductor van entre corchetes.
