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Title: Reseñas: Hugo Friedmann, «Conciencia y fenómenos afines a la conciencia»; Ludwig Kemmer, «Males fundamentales del Gymnasium y propuestas para su curación»; Th. Heller, «Alumnos psicópatas de la escuela media», E. Neter, «El suicidio en la edad infantil y juvenil», «Sobre el suicidio, en especial el suicidio de escolares»
Description: Tres reseñas de Carl Furtmüller en el Zentralblatt für Psychoanalyse (marzo de 1911): una discusión crítica de la propuesta terminológica de Friedmann sobre lo inconsciente, un comentario del folleto de Kemmer sobre la sobrecarga del Gymnasium y una reseña colectiva de la literatura sobre el suicidio de escolares, con un resumen de la discusión de la Sociedad Psicoanalítica de Viena (Reitler, Sadger, Stekel, Adler, Freud), firmada solo con las iniciales «c f.».
Author: Carl Furtmüller
URL: https://adler.school/archivo/furtmuller/1911-03%20Referate%20%28Friedmann%2C%20Bewusstsein%3B%20Kemmer%2C%20Grundsch%C3%A4den%20des%20Gymnasiums%3B%20Heller%2C%20Neter%2C%20%C3%9Cber%20den%20Selbstmord%29
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<!-- Zentralblatt für Psychoanalyse 1 (1910/11), cuadernos 5-6 (marzo de 1911), sección «Referate und Kritiken» [Reseñas y críticas]. Se omiten las reseñas de otros autores intercaladas (v. Hartungen, Friedjung y Adler, esta última publicada en el archivo de Adler). -->

<!-- S. 256 -->

## *Hugo Friedmann*, *Bewusstsein und bewusstseinsverwandte Erscheinungen* [Conciencia y fenómenos afines a la conciencia]. *Zeitschrift für Philosophie und philosophische Kritik*, vol. 139, págs. 34-57.

El autor ofrece primero un breve panorama de las concepciones más características que se sostienen en la ciencia actual sobre la relación de lo consciente con lo inconsciente. *Wundt* opuso al dominio de la conciencia concentrada, la apercepción, la percepción, que sin embargo incluiría también inequívocamente en la conciencia. Su concepción tendría el doble defecto de no poner orden en el caos de los procesos reunidos bajo el nombre de «percepción» y de no tener en cuenta el hecho, que se impone una y otra vez sobre todo a los psicólogos prácticos, de que hay fenómenos determinados psíquicamente y, sin embargo, sin intervención de la conciencia. A esta necesidad de los prácticos trataría de responder *Forel* al oponer a la supraconciencia (ligada fisiológicamente al lugar del máximo de trabajo de nuestra corteza cerebral en cada momento) diversos dominios de la subconciencia. Así llegaría al resultado paradójico de que lo inconsciente es consciente (en una subconciencia). *Jodl* escaparía a esta dificultad declarando puramente fisiológicos todos los procesos inconscientes, por tanto, por ejemplo, también los rendimientos más asombrosos de las histéricas. *Lipps*, a su vez, reconocería un inconsciente psíquico, pero lo declararía esencialmente distinto por completo de lo consciente.

Para aclararse en esta maraña de opiniones, el autor quiere ofrecer una fenomenología limpia de los hechos que aquí entran en consideración. Parte para ello de la introspección y defiende este <!-- S. 257 --> método, a menudo atacado, señalando que solo se puede apreciar su valor cuando se sustituye la autoobservación espontánea que se practica habitualmente por una sistemáticamente elaborada. (Método psicoanalítico.) Sigue luego una descripción de tres grupos de fenómenos afines a la conciencia.

Las *percepciones*, es decir, las sensaciones que, en razón de la estrechez de la conciencia, quedan excluidas de su punto central, y las *representaciones disponibles* (*Bereitschaftsvorstellungen*: lo preconsciente), es decir, toda la masa de representaciones que excitan por asociación los elementos presentes en ese momento en la conciencia, tienen en común que, sin estar actualmente en la conciencia, pueden entrar en ella en cualquier momento, que de su existencia da noticia a menudo un sentimiento oscuro y que ayudan esencialmente a la conciencia en el trabajo psíquico, más aún, que realizan en gran medida los rendimientos propiamente productivos. Estos fenómenos no serían, pues, sin duda, *conscientes*, pero la expresión *inconsciente* no haría justicia a su íntima relación con la conciencia, con lo cual se justificaría precisamente el nuevo término «afín a la conciencia». Como tercer grupo, el autor menciona luego las representaciones sofocadas y reprimidas (en el sentido de *Freud*). A estos fenómenos afines a la conciencia opone después los verdaderamente inconscientes, es decir, aquellos procesos cerebrales que no van acompañados de ningún proceso psíquico.

Es evidente qué ha llevado al autor a proponer para las representaciones reprimidas la expresión «afín a la conciencia» en lugar de «inconsciente». Quiere separarlas así tajantemente de aquel otro grupo de procesos «inconscientes», tratado en último lugar; no quiere designar con el mismo nombre algo psíquicamente eficacísimo y algo psíquicamente ineficaz. En efecto, las dos clases de lo inconsciente se comportan aproximadamente como un cero y un número negativo de valor considerable. Frente a esto hay que subrayar, sin embargo, que el rasgo negativo común a los dos grupos de fenómenos, el no poder hallarse en la conciencia ni aun con la atención concentrada, es precisamente para las representaciones reprimidas lo decisivo, lo que hace posible su eficacia. Y la separación tajante entre las dos clases de lo inconsciente trae consigo precisamente la ventaja de que el nombre común no puede dar lugar a confusiones. Pero si se quisiera llevar a cabo la separación terminológica, habría que extenderla en buena lógica también a lo preconsciente, y separar también allí las representaciones que no llegan a ser conscientes por una carga de energía demasiado escasa de aquellas que la censura retiene precisamente por su elevada carga de energía. Por lo que respecta, por último, a la expresión «afín a la conciencia», es sin duda teóricamente irreprochable, pero en la práctica daría seguramente ocasión a malentendidos bienvenidos para quienes tratan de reinterpretar lo inconsciente como algo débilmente consciente. Así pues, las interesantes y estimulantes consideraciones de *Friedmann* no darán probablemente a los psicoanalistas motivo para cambiar su terminología.

Dr. Carl *Furtmüller*.

<!-- S. 259 -->

## Dr. *Ludwig Kemmer*, profesor de *Gymnasium*[^t1] en Múnich: «*Grundschäden des Gymnasiums und Vorschläge zu ihrer Heilung*» [Males fundamentales del *Gymnasium* y propuestas para su curación]. Verlag der ärztlichen Rundschau, Múnich, 1910, 60 págs., 1,40 marcos.

El autor parte de los resultados de una monografía procedente del Ministerio de la Guerra prusiano, que muestra que la constitución física de los jóvenes de Alemania con derecho al servicio de voluntario de un año[^t2] es, por desgracia, muy deficiente. La causa de este triste fenómeno la busca en la sobrecarga de nuestros alumnos de la escuela media y en el descuido de la formación física por parte de la escuela. Con razón subraya que un aumento de los ejercicios físicos escolares, manteniendo toda la materia científica, no podría sino agravar el mal, y exige por ello una reducción valiente y enérgica del plan de estudios. Con todo, me parece que no tiene suficientemente en cuenta que la sobrecarga es algo relativo y que la oportuna retirada de los alumnos no aptos desplazaría en el acto toda la cuestión. Tan radical como suena la introducción, tan modestas son luego las propuestas prácticas de la conclusión: *reducción* de la enseñanza de las lenguas clásicas y, en segundo lugar, también de las matemáticas, y sustitución del canon vigente de lecturas clásicas por una especie de álbum de retratos de los antepasados germánicos que habría de componerse a partir de los historiadores griegos y romanos: una idea francamente grotesca.

Pese a las muchas objeciones y reservas que hay que hacer, el escrito se lee con interés hasta el final, pues en él habla con rara calidez una verdadera amistad por la juventud. Esta participación interior hace que el autor, sobre todo acerca de la influencia de la escuela en el desarrollo sexual, vea y diga cosas que sobrepasan la medida del patrón escolar. Si en este difícil terreno no muestra tampoco un *camino* nuevo, ve al menos los *problemas*. Reprocha a la escuela que, en lugar de hacer fecunda para la educación la pulsión sexual despierta, simplemente la ignore y castigue sin piedad toda perturbación de la capacidad de aprender y de la atención causada por ella. La escuela tampoco reconocería la importancia de la pubertad como época de la *elección de modelos*, y ocuparía al muchacho, en esta época importante y fecunda, con personas y cosas que interiormente no le dan nada.

Dr. Carl *Furtmüller*.

## *Beiträge zur Kinderforschung und Heilerziehung* [Contribuciones a la investigación infantil y la educación terapéutica], Langensalza, Hermann Beyer und Söhne. Cuaderno 54: Dr. phil. *Theodor Heller*: *Psychopathische Mittelschüler* [Alumnos psicópatas de la escuela media], 26 págs. — Cuaderno 70: Dr. med. *Eugen Neter*: *Der Selbstmord im kindlichen und jugendlichen Alter* [El suicidio en la edad infantil y juvenil], 22 págs. — *Diskussionen des Wiener psychoanalytischen Vereins* [Discusiones de la Sociedad Psicoanalítica de Viena], cuaderno I: *Über den Selbstmord, insbesondere den Schülerselbstmord* [Sobre el suicidio, en especial el suicidio de escolares]. J. F. Bergmann, Wiesbaden, 1910.

<!-- S. 260 -->

Desde hace decenios, la cuestión de los suicidios de escolares atrae de tiempo en tiempo el interés público, y desde que los reformadores de la escuela forjaron con los suicidios de escolares un arma de ataque contra el sistema escolar existente, la extensión y la violencia de la discusión han aumentado considerablemente, no en beneficio de la causa, pues a las dos partes en disputa les faltaba casi siempre la necesaria ausencia de prejuicios. Es cierto que tampoco faltan estudios puramente científicos del problema dignos de atención, pero tampoco estos han profundizado esencialmente nuestro conocimiento. Este fracaso es demasiado comprensible: los datos de la estadística son inseguros, incompletos y confusos. Y también allí donde se intenta llegar a una mayor claridad mediante investigaciones oficiales y preguntas personales al entorno del suicida, precisamente en los casos más importantes el enigma se le escurre al investigador entre las manos. Ya la flagrante contradicción entre el motivo aparente y la gravedad del acto indica en muchos casos que en el alma del desdichado tienen que haber actuado componentes ocultos; querer sonsacar estos secretos a los supervivientes es, naturalmente, un empeño sin perspectivas desde el principio. ¿Y cómo podrían derivarse entonces conocimientos generales de verdadero alcance de un material en el que, en realidad, ni un solo caso está del todo esclarecido? El práctico, naturalmente, no puede esperar con su crítica y sus propuestas a que la teoría haya resuelto el problema. Pero tendremos que estar preparados para que el atraso de la teoría dé a sus manifestaciones algo de vacilante, inseguro e incompleto.

En las *Beiträge für Kinderforschung und Heilerziehung* han aparecido dos artículos, uno de los cuales toma como punto de partida varios suicidios de escolares ocurridos en Viena y la discusión que habían provocado, mientras el otro trata expresamente del suicidio en la edad infantil y juvenil. Frente a los ataques a la escuela, el Dr. *Heller* advierte que las influencias de la casa paterna serían sin duda todavía más importantes, y las más importantes, probablemente, las disposiciones innatas del desarrollo. Ofrece luego una caracterización concisa de los tipos más importantes de niños psíquicamente anormales. La psicastenia, la histeria y los casos leves de epilepsia a menudo no se reconocerían a tiempo; más aún, los padres ocultarían a menudo deliberadamente la enfermedad reconocida. Por eso el autor exige el nombramiento de médicos escolares con práctica psiquiátrica, la retirada de la escuela general de los reconocidos como enfermos y su internamiento en sanatorios escolares. En los casos leves, ciertamente, podría continuar la asistencia a la escuela e incluso tener efectos benéficos. Pero, en general, la escuela estaría para los sanos. Estas medidas reducirían también el número de suicidios de escolares, pues los psicasténicos y los histéricos aportarían aquí un contingente importante. Se puede sin duda estar de acuerdo con estas propuestas; pero con ello el autor ha pasado por alto el aspecto *pedagógicamente* más difícil del problema: ¿cómo hay que tratar a los niños *predispuestos* a la psicopatía, a los que se hallan en la línea fronteriza entre la salud y la enfermedad psíquicas? Una individualización en este sentido será siempre imposible para el profesor, pero la escuela tendrá que aprender a tener en cuenta en todo su modo de actuar que tales alumnos no son en absoluto raros.

También *Eugen Neter* opina que se hace injustamente responsable en primer lugar de los suicidios de escolares a la escuela, cuya necesidad de <!-- S. 261 --> reforma, por lo demás, reconoce. Las causas serían de naturaleza más general; allí donde entraran en consideración errores de educación, estarían mucho más del lado de la familia. Aun en los frecuentes casos en que los malos resultados escolares o los castigos escolares constituyen el factor desencadenante, lo más importante sería, con todo, qué trato espera al alumno en casa. También la sobrecarga del alumno la provocaría casi siempre más la casa paterna que la escuela. Del mismo modo, atribuye la carga nerviosa de tantos niños menos a la herencia que a las influencias personales de padres nerviosos. Como defectos más salientes de nuestra educación considera *Neter* la decreciente consideración por la autoridad, nacida de que los niños y la juventud se sienten demasiado en el centro del interés de los adultos —para lo cual atribuye una culpa principal a la extensión del sistema de uno o dos hijos—, el creciente reblandecimiento de la juventud y la producción de una precocidad intelectual con una formación deficiente de la voluntad. Nuestros niños tendrían que volver a aprender a obedecer, aunque no en el antiguo sentido absolutista, sino en cumplimiento de un mandato social y moral. De la obediencia resultaría el vencimiento de sí mismo, indispensable para mantener un sistema nervioso sano y un alma sanamente equilibrada. Esta exigencia, en esta forma, nos parece sumamente peligrosa, pues en la práctica la fina diferencia entre la antigua y la nueva obediencia se borraría pronto y el viejo absolutismo educativo podría volver a entrar. En general, nos parece equivocado pensar siempre, al educar la voluntad, en primer lugar en producir inhibiciones. Es cierto que un querer y un obrar consecuentes son impensables sin inhibiciones. Pero lo importante es desarrollar la vigorosa tendencia a una meta del individuo y mostrarle metas; entonces el aparato de las inhibiciones se desarrolla poco a poco por la fuerza de los hechos; empezar por las inhibiciones significa quebrar la voluntad, no educarla.

El autor menciona todavía algunos otros factores que pueden hacerse valer en los suicidios de jóvenes: así, el trato equivocado por parte del profesor cuando no reconoce bien la individualidad del alumno, la falta de confianza entre profesores y alumnos y —muy de pasada— también influencias de la vida amorosa.

En conjunto, el trabajo de *Neter* es un escrito que trata de manera estimulante diversos problemas educativos, pero pasa de uno a otro sin una conexión profunda porque le falta el hilo conductor: una verdadera comprensión de la causalidad del suicidio de los jóvenes. Es mérito suyo haber reconocido claramente esta carencia. En la página 7 habla de la insuficiencia del método estadístico, y en la página 20 dice: «Es imposible reconocer ni siquiera aproximadamente las causas que subyacen a los suicidios de escolares. Baste señalar que en aproximadamente un tercio de todos los casos las actas registran un "por causas desconocidas". Por lo general, los motivos indicados son la causa ocasional que desencadena la catástrofe; los móviles más profundos escapan muy a menudo al conocimiento. A ello se añade además que para la investigación del alma infantil y de sus impulsos hay todavía muchos terrenos oscuros, cuyo esclarecimiento nos dará en el futuro una mejor comprensión también de los procesos que intervienen en el suicidio de escolares. Ya el solo hecho de que más de un motivo decisivo en el suicidio infantil nos parezca tan pequeño, tan insignificante, muestra que todavía <!-- S. 262 --> tenemos que aprender a captar correctamente los procesos de un alma infantil que no se halla en un equilibrio del todo sano».

Acercar a su solución este problema enormemente importante es lo que han emprendido los miembros de la Sociedad Psicoanalítica de Viena. No creen en absoluto ofrecer con su folleto «Über den Selbstmord, insbesondere den Schülerselbstmord» algo concluyente. Esto se desprende ya de que se presentan al público en forma de discusión, poniendo unas junto a otras opiniones contrapuestas, y además el profesor *Freud* dice expresamente en sus palabras finales que el debate ha aportado material valioso, pero no una decisión. Pero en esta materia, en la que todo está aún por hacer, no se trata en absoluto de *concluir*, sino de empezar. Y aquí se han abierto en todo caso nuevas galerías de mina que conducen más cerca del secreto.

Ante todo, los participantes en la discusión abordan el problema con un método nuevo. Frente a los fracasos de la investigación extensiva realizada hasta ahora, se limitan a los casos en que conocen exactamente desde antes la vida psíquica de un suicida o en que la psique de un candidato al suicidio que ha sido salvado se abre a su investigación. Por otra parte, amplían el círculo de la investigación aprovechando también el estudio de los impulsos suicidas de los neuróticos que no han llegado a consumarse. El modo de trabajo común trae naturalmente consigo que los psicoanalistas que toman la palabra estén de acuerdo sobre los *hechos* de la vida anímica que el psicoanálisis descubre. Solo en su valoración, en su apreciación dinámica y en su conexión causal se muestran luego formulaciones individuales.

El Dr. *Rudolf Reitler* examina aquellos casos en que el miedo a la escuela, al examen, es efectivamente el motivo de suicidio que actúa en la conciencia. Pero esta conexión entre miedo y escuela sería algo secundario. Una fuerte represión sexual, por ejemplo el abandono repentino de la masturbación, produciría en primer lugar una angustia sin objeto. Como esta angustia infundada es especialmente atormentadora, el individuo buscaría un objeto para ella; como tal se ofrecerían primero los daños de la masturbación. Si el individuo se apartara también de estas representaciones, el complejo de la escuela y del examen se ofrecería como especialmente adecuado —por varias razones— para ser investido de angustia. Si esta conexión se mantuviera de modo duradero, conduciría a la *huida* de la escuela (hacer novillos de forma compulsiva) y, como el suicidio es la huida más radical, a impulsos suicidas y, llegado el caso, a la ejecución efectiva del acto.

Para el Dr. J. *Sadger*, todo suicidio está causado por una grave y aparentemente definitiva decepción de la necesidad de amor; solo que hay que tener presente que también en el hombre normal los impulsos homosexuales acompañan a los heterosexuales. En los años de la pubertad, la necesidad de amor estaría especialmente acrecentada, pero al mismo tiempo se produciría una grave crisis en la relación con los primeros objetos amorosos, los padres. El muchacho intentaría pese a ello una y otra vez acercarse al padre; si este no le comprende o le rechaza, buscaría un objeto sustitutivo en el profesor. Su destino ulterior dependería entonces en gran parte de que su necesidad de amor encuentre aquí satisfacción o no. Aquí residiría la única, pero grave culpa de la escuela media en los suicidios de escolares: da a los niños demasiado poco amor.

<!-- S. 263 -->

El Dr. *Wilhelm Stekel* recuerda la determinación múltiple de los problemas psíquicos y muestra por ello motivos variados que suelen unirse en la psique del suicida. Todo suicidio sería un talión: nadie se da la muerte sin habérsela deseado antes a otro (padre, profesor). Pero al mismo tiempo el suicidio habría de ser también una venganza, habría de castigar precisamente a ese otro. La explicación de *Sadger* tendría que completarse en el sentido de que hay personas incapaces de sentir la libido sin conciencia de culpa. Aquí estaría una raíz importante del suicidio; de ahí también la gran importancia de los pensamientos incestuosos y del onanismo para los impulsos suicidas.

Mientras estos investigadores buscan las causas del impulso suicida en ciertos factores específicos de la vida anímica, para el Dr. *Alfred Adler* este brota de toda la estructura psíquica del individuo en cuestión. La disposición al suicidio crecería en el mismo suelo que la disposición a la neurosis. Todo niño se vería obligado a un doble papel, que puede caracterizarse con los lemas sentimiento de debilidad - manía de grandeza. Los neuróticos, los geniales y también los suicidas serían aquellos que en los comienzos de su infancia poseyeron un sentimiento de inferioridad especialmente profundo. Este desencadenaría luego un tempestuoso intento de sobrecompensación, y así la tensión intrapsíquica se elevaría al máximo. Pero esta se agudizaría aún más por el hermafroditismo psíquico, por el hecho de que los niños juzgan, en los demás y en sí mismos, los rasgos de sumisión como femeninos y los rasgos de dominio como masculinos. Así, la reacción contra el sentimiento de inferioridad adoptaría la forma de la protesta masculina, que quiere convertir todo, incluso las debilidades del niño, en medios de poder. Así puede un niño, desde lo inconsciente, desearse a sí mismo la enfermedad, incluso la muerte, solo para vengarse de los padres y hacerles conscientes de su valor. Este sería el suelo del que brotan los impulsos suicidas. En años posteriores, el lugar de los padres lo ocuparían, desde luego, el profesor, la sociedad, el mundo.

En sus palabras finales, el profesor *Freud* ha formulado con precisión la oposición de puntos de vista que salió a la luz en la discusión, en la que el Dr. J. K. *Friedjung* informó además de un interesante caso particular. Se trataría de saber si la pulsión de vida[^t3] solo puede ser vencida con ayuda de la libido decepcionada o si el yo puede renunciar a afirmarse por motivos propios del yo. Como trabajo preparatorio para la solución definitiva de esta cuestión, remite a la investigación psicoanalítica de la melancolía y del afecto del duelo.

Pero no solo toman la palabra los médicos; tampoco el pedagogo puede faltar en el tratamiento de este tema; más aún, es incluso un hombre de escuela, que firma *Unus multorum*, quien lleva la cuestión ante el foro de la Sociedad. Ofrece un panorama conciso del material histórico y estadístico existente y busca en la investigación psicológica protección contra los ataques superficiales e irreflexivos que con ocasión de los suicidios de escolares se dirigirían tan a menudo contra el profesorado. Al final de la discusión, el Dr. phil. *Karl Molitor*[^t4] trata luego de aprovechar pedagógicamente los conocimientos psicológicos obtenidos; examina en qué medida la escuela media, en su forma actual, actúa como carga psíquica y hasta qué punto sabe aprovechar las tendencias curativas que residen en la esencia misma de la comunidad escolar.

c f.

[^t1]: *Gymnasium* (plural *Gymnasien*): en Alemania y Austria, centro de enseñanza media de tipo humanístico, con latín y griego, que conducía al examen de madurez y daba acceso a la universidad. Se deja en alemán, como *Realgymnasium* y *Realschule*, porque ni «gimnasio» ni «instituto» le corresponden en español. (N. del T.)
[^t2]: *Einjährig-Freiwilligen-Dienst*: en Alemania y Austria, el servicio militar reducido a un año (y costeado por el propio soldado) al que daba derecho cierto nivel de estudios secundarios. (N. del T.)
[^t3]: *Trieb*: «pulsión» en la exposición de Freud, según el glosario del archivo; en el resto de estas reseñas («Sexualtrieb» en Kemmer) se ha mantenido también «pulsión», porque se trata de la terminología psicoanalítica general y no de la de Adler. (N. del T.)
[^t4]: «Karl Molitor» es el seudónimo del propio Furtmüller, que resume aquí su contribución a la discusión (véase en este archivo «[Contribución a la discusión sobre el suicidio de escolares]», 1910). (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del cuaderno doble del *Zentralblatt für Psychoanalyse* 1 (1910/11), cuadernos 5-6 (marzo de 1911), digitalizado en Internet Archive (zb1191156), sección «Referate und Kritiken»: reseña de Friedmann, págs. 256-257, firmada «Dr. Carl Furtmüller» (CF1911-01); reseña de Kemmer, pág. 259, firmada «Dr. Carl Furtmüller» (CF1911-02); reseña colectiva sobre Heller, Neter y el cuaderno de discusiones de la Sociedad Psicoanalítica de Viena, págs. 259-263, firmada solo «c f.» (CF1911-03), de atribución probable (véase el pie de la versión original). Las erratas del impreso se señalan en comentarios de la versión original y se traducen según el sentido. Los comentarios `S. n` del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Se conservan la división en párrafos, las cursivas (que reproducen el espaciado del original) y la paginación original. Las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo. Las adiciones del traductor van entre corchetes.
