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Title: ¿Cambian las personas después de casarse?
Description: Reportaje sindicado de Carol Bird publicado en el suplemento dominical del Rochester Democrat and Chronicle (1930), con amplias declaraciones de Adler: las personas no cambian con el matrimonio, sino que el nuevo entorno revela el estilo de vida formado en la infancia (niños mimados, pequeños tiranos, celos como signo de inferioridad); la preparación para el matrimonio empieza en la infancia, y Adler propone consultorios matrimoniales según la psicología individual. Termina con la «prueba de la sierra» de las aldeas alemanas.
Author: Alfred Adler
URL: https://adler.school/archivo/adler/entrevistas/1930%20Do%20People%20Change%20After%20Marriage
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# ¿Cambian las personas después de casarse?

*El Dr. Alfred Adler, psicólogo de Viena famoso por su estudio del complejo de inferioridad, responde aquí a la pregunta y respalda la idea de crear consultorios para resolver el problema de los maridos y las mujeres que descubren en su cónyuge nuevos rasgos de carácter cuando termina la luna de miel*

Por CAROL BIRD

AL MATRIMONIO se le ha hecho responsable desde hace mucho de los cambios camaleónicos en el carácter de algunos hombres y mujeres después de casarse.

«George ha cambiado mucho desde que se casó», o «Louise es otra desde que se casó con George», son comentarios corrientes sobre los amigos.

¿Cuál es la extraña química del matrimonio que le permite transmutar en oro el vil metal de un carácter, o al revés, una vez forjados los lazos matrimoniales?

El Dr. Alfred Adler, famoso psicólogo vienés, profesor de psicología en el Instituto de Viena, fundador de la psicología individual y de la Vanderbilt Clinic de la Universidad de Columbia, en Nueva York,[^t1] resuelve, o más bien disuelve, este curioso problema declarando que las personas NO cambian después de casarse.

El célebre psicólogo, que siguió el rastro del complejo de inferioridad hasta su guarida, sostiene que, si bien hombres y mujeres no cambian después de casarse, su entorno sí cambia, y que es su reacción ante ese entorno cambiado lo que da la ilusión de un cambio de carácter o de personalidad.

—Durante el noviazgo —dice el Dr. Adler—, los jóvenes se ven y se tratan en las circunstancias más favorables. Todo en su entorno y en su conducta es propicio al romance. El joven se muestra en su mejor aspecto. Y lo mismo la muchacha.

»Cuando el pretendiente visita a una joven, la ve rodeada de una familia que la adora. Sin duda tal devoción por parte de los padres y de los hermanos significa que su amada es una criatura angelical, piensa el joven. Y lo mismo ocurre cuando, por ventura, la novia es invitada a casa de su prometido. Su madre lo idolatra, y él, a su vez, le muestra gran deferencia y atención.

»Si el joven vive solo, en un piso de soltero, la maquinaria de su casa funciona sin tropiezos. Le gusta su trabajo, su novia, su modo de vida. Así que suele estar de un humor alegre y animado cuando la muchacha lo ve.

»¿Cómo va a saber ella que, en un hogar propio, él echará de menos su piso de soltero que funcionaba como un reloj? ¿O, si vivía con su familia, que recordará con nostalgia el tiempo en que su madre y sus hermanas lo mimaban y lo consentían?

»CASADO con la muchacha a la que una vez tuvo por un ángel, le aguarda un duro despertar. Con la responsabilidad de una casa, comidas que preparar, un marido y unos hijos que cuidar, la muchacha antes despreocupada, siempre tan alegre, jovial y dulce, aparece ahora al marido sorprendido como una verdadera arpía. Le contesta mal cuando está agotada, le regaña de vez en cuando, a veces está celosa y desconfía de él.

»Él, a su vez, se vuelve quizá huraño, o dirige su atención a otras mujeres. Su mujer no puede comprender este aparente cambio a lo Jekyll y Hyde. Se siente engañada. ¿Qué ha sido del joven que le enviaba flores y bombones cuando la cortejaba? ¿Por qué ha pasado de ser un galán rendido a un marido grosero?

»Así se presentan marido y mujer, el uno al otro, sin máscara. La mujer decide quizá que se ha casado con la persona equivocada y corre a los tribunales a pedir el divorcio. El marido puede hacer lo mismo, o quizá, en casos extremos, fugarse con otra, abandonando a la mujer que, según cree, lo ha engañado sobre su verdadera naturaleza.

»HAY DOS circunstancias que agravan las cosas y precipitan el desastre doméstico. Si el marido o la mujer, o peor aún, si ambos han sido niños mimados, es inevitable que haya fricciones conyugales.

»Cada cónyuge, en este caso, esperará que el otro lo mime. Ninguno quiere hacer el papel de quien mima. La mujer llora y [¿se siente?] maltratada si su pareja no está pendiente de ella todo el tiempo, mientras el marido acusa a la mujer de ser fría y poco comprensiva si no se convierte en su satélite.

»Esto explica el comentario tantas veces oído en boca de los maridos: "Mi mujer no me comprende", dirigido por lo común a otra mujer que, según él cree, sí lo comprende.

»Si el marido o la mujer se arroga la superioridad e intenta imponer su voluntad al otro, las tormentas conyugales no se harán esperar. En el matrimonio no puede haber vencedor ni vencido. Marido y mujer deben considerarse iguales. Debe haber igualdad y trabajo en equipo.

»Porque un hombre fue de muchacho un pequeño monarca que daba órdenes a su familia y sometía a sus compañeros de juego, va por la vida y entra en el matrimonio esperando hacer lo mismo. Cuando choca con una pareja que se niega a ser dominada, empiezan los problemas.

»Y porque una mujer fue de pequeña una niña mimada que reinaba como una reina con sus súbditos de rodillas ante ella, sufre una amarga decepción cuando, después de casarse, descubre que su marido no tiene ninguna intención de satisfacer todos sus caprichos, como quizá hacía durante el noviazgo.

»No es de extrañar que quienes conocieron a la amable muchacha en casa de su madre, o al bonachón en casa de su padre, al observar su conducta en su propio domicilio, digan:

»"William ha cambiado terriblemente desde que se casó", o "Alice no es la misma desde que se casó con William".

»Si algún mago pudiera agitar una varita mágica y permitir a una pareja de novios ver el doble infantil del otro, podrían evitarse muchas desdichas domésticas. Si, por algún extraño hechizo, una novia pudiera ver a su pretendiente adulto cuando era un niño pequeño, y un novio pudiera contemplar a su amada tal como era de niña, es muy posible que su matrimonio tuviera otro desenlace, o quizá que no hubiera matrimonio en absoluto.

»Las personas no cambian de la noche a la mañana. No hay ninguna magia negra en el matrimonio que haga de una muchacha excelente y amable una fiera después del día de la boda, o de un hombre generoso y comprensivo un bruto después de poner el anillo en el dedo de su elegida. Ese niño grosero y mandón será casi con seguridad un tirano en el matrimonio, y esa niña quejica y desvalida fracasará en sus deberes conyugales.

»La preparación para el matrimonio empieza en la infancia. A los niños y a las niñas hay que enseñarles a tener en cuenta los sentimientos de los demás, a ayudar a los demás. No hay que permitirles creer que el mundo gira en torno a ellos y a sus pequeños deseos mezquinos.

»Tienen que aprender que no son más que unidades en el orden de las cosas. Así no desarrollarán un ego hinchado que en la vida posterior cause una infelicidad y un desengaño inconmensurables.

»ESTE antagonismo con la familia política no carece del todo de motivo. Cuando una mujer se da cuenta de que está atada a un tirano que cree que debe someter a su mujer en virtud de su supuesta superioridad masculina, intuye que su educación ha sido defectuosa.

»No es de extrañar que no sienta un amor excesivo por la madre a la que considera responsable. Y, para agravar la situación, la suegra suele ponerse de parte de su hijo.

»Observe, en cambio, al hombre felizmente casado, que ha tenido la suerte de casarse con una mujer que comprende la importancia de la cooperación y que, sin subordinar su voluntad a la de él, no intenta "llevar la voz cantante".

»Es casi seguro que estará en muy buenos términos con su suegra. Intuye de algún modo que así se beneficia de la sabiduría de la mujer mayor. Naturalmente, le está agradecido y lo demuestra tratándola con afecto.

»Pero hay maneras de evitar la trampa de unirse a alguien que no es apto para el estado matrimonial.

»NO HACE falta la perspicacia de un psicólogo para saber que la persona insociable no será un buen cónyuge. El hombre o la mujer que no ha aprendido en los años anteriores al matrimonio a ser un buen compañero, colega, amigo, no es probable que se convierta en un marido o una mujer muy deseable. Al solitario, al retraído, al tipo de hombre o de mujer egoísta y centrado en sí mismo bien puede evitárselo.

»Los adultos muy mimados en su círculo familiar, o los sumamente egotistas, o los de natural tiránico, no resultarán premios en la lotería del matrimonio.

»Las personas hipersensibles, las vanidosas, tercas e inflexibles, es casi seguro que no llegarán a ser cónyuges envidiables.

»Cuando una muchacha pasa revista a las posibilidades matrimoniales de su círculo inmediato, hará bien en fijar su atención en el joven socialmente adaptado. El joven que atrae a muchos amigos tiene que tener cualidades de carácter deseables. El hecho de que sepa llevarse bien con muchas personas distintas significa que ha aprendido el secreto del compañerismo.

»Lo mismo ocurre con una mujer. La muchacha rodeada de muchos amigos, buscada y apreciada por hombres y mujeres, ha aprendido también el secreto de llevarse bien con los demás.

»ASÍ ES como un joven que ha sido apreciado antes del matrimonio, que ha hecho muchos amigos y al que los demás estiman, no puede cambiar de la noche a la mañana después de casarse. Es inconcebible que el hombre que sabe tratar con hombres y mujeres antes del matrimonio no comprenda a la única muchacha a la que ama por encima de todas.

»Los celos son la causa de muchos problemas domésticos. Pero el monstruo de ojos verdes no aparece sin haber proyectado antes su sombra. Los celos excesivos encubren por lo general un sentimiento de inferioridad. Este sentimiento de inferioridad se revela antes del matrimonio igual que después. Si una muchacha tiene una vena celosa, se mostrará antes de que se case. Desconfiará de cualquier otra muchacha que se cruce en el camino de su prometido. Revelará sus celos de muchas maneras.

»Hay quienes se engañan pensando que los celos son la señal de un amor grande y apasionado.

»Pero las pequeñas tormentas de celos antes del matrimonio se convierten en verdaderos tifones después, y la vida puede volverse horrible para el desdichado hombre o mujer que se casa con una persona celosa. Una mujer celosa verá a los parientes de su marido, a sus socios, incluso a sus amigos varones, a través de una nube verde. Le regañará, le atormentará y caerá en ataques de rabia y de llanto.

»Y la muchacha a la que halagan las muestras de celos de un novio maldecirá el día en que se casó con el hombre que, con sus arrebatos de celos, se venga de su pareja porque sospecha que puede ser superior a él.

»A VECES los hijos, que supuestamente refuerzan los lazos del matrimonio y acercan al hombre y a la mujer, tienden en realidad a separarlos. El marido celoso, al ver a su mujer prodigar su afecto a los hijos, siente que se le relega a un segundo plano. Incluso una madre cariñosa sentirá agudas punzadas de celos —si es del tipo celoso— cuando su marido mima y hace mucho caso a uno de los hijos.

»Es completamente erróneo e innecesario que las personas cambien, o parezcan cambiar radicalmente, después de casarse. Debería haber una preparación adecuada para el amor y el matrimonio, y esta consiste en aprender a tener en cuenta los intereses de los demás, en una adaptación social correcta y completa y en cooperar con los demás. Esta educación debería empezar en la infancia y continuar hasta la madurez.

»Como resultado de estos años de entrenamiento asiduo, con la vista puesta en el matrimonio final, el hombre o la mujer estarán debidamente preparados para el nuevo estado.

»Tales hombres y mujeres, debidamente preparados y equipados, no parecerán "cambiar después de casarse". Su carácter tendrá una estabilidad que no se verá afectada negativamente por un nuevo modo de vida.

»USTED pregunta: "Hasta que llegue ese feliz milenio en que todo el mundo esté debidamente preparado para el matrimonio, ¿qué puede hacerse para evitar que las personas cambien tan notablemente después de casarse, o que creen la ilusión de haber cambiado?".

»Yo diría que un consultorio matrimonial sería una buena idea. O podría ser aconsejable establecer consejos asesores que desenredaran los errores del matrimonio con los métodos de la psicología individual.

»Estos consejos los formarían personas preparadas, que comprenderían la unidad de las vidas individuales y cómo todos los acontecimientos se traban y se sostienen unos a otros. Tendrían la capacidad de identificarse con simpatía con las personas que buscan consejo.

»No se recomendaría el divorcio. Pues ¿de qué sirve un divorcio? Los divorciados, por lo general, vuelven a casarse y simplemente repiten sus errores.

»No se podría establecer un consultorio para parejas de novios con el fin de prevenir las dificultades del matrimonio, pues los enamorados son optimistas y creen que su unión saldrá bien. Además, los problemas no surgen hasta después de la boda. No pueden preverse.

»Las circunstancias, el entorno, las personas, todo, dirigen el desenlace. La verdadera educación como preparación para el matrimonio debería empezar en la infancia.

Pues el matrimonio no es un lecho de rosas, ningún paraíso en el que todos los sueños se cumplan automáticamente en cuanto se ha pronunciado el fatal «sí, quiero».

—Los padres no son buenos con sus hijos —continúa el Dr. Adler— cuando los miman y les dan todos los caprichos.

»No hacen más que preparar el camino a la infelicidad de sus hijos y, lo que es peor, sientan también las bases de la infelicidad de los hijos de otros que tengan la desgracia de casarse con los suyos.

»PORQUE es cuando el candidato al matrimonio (todo el mundo es candidato en potencia a este estado natural) es un niño cuando hay que poner los cimientos. El arte de adaptarse a los demás, de ver con sus ojos, oír con sus oídos, sentir con su corazón, se aprende de joven o no se aprende nunca.

»El matrimonio exige una simpatía excepcional, es decir, la capacidad de identificarse con otra persona.

»El matrimonio no obra milagros por alquimia.

»Lo que una persona era realmente antes del matrimonio, lo sigue siendo después. Marido y mujer no tienen por qué sentir "que los han engañado", ni que su pareja ha enmascarado de algún modo su verdadero carácter para revelarlo de pronto cuando ya es demasiado tarde.

»Y las personas valerosas y seguras de sí mismas, que han puesto sus esfuerzos en el lado útil de la vida y que son adaptables y atentas con los demás, harán con seguridad del matrimonio un éxito.

No se oirá a los amigos de tales personas decir:

«"No entiendo qué vio Will en Dora para casarse con ella", o "Jim era sin duda otra persona antes de casarse, ¿verdad?"».

El Dr. Adler cita una prueba matrimonial que todavía se usa en pequeñas aldeas de Alemania. Cuando dos jóvenes piensan casarse, dice, los aldeanos los llevan a un bosque cercano y les dan una sierra de dos mangos. Luego, cada uno en un extremo de la sierra, tienen que serrar un tronco enorme. Si cada uno aporta por igual su parte en esta empresa tan cooperativa, se les considera bien emparejados. Pero si uno se rezaga y hace que el otro cargue con más de lo que le corresponde, la gente del pueblo desaconseja su matrimonio.

Copyright, 1930.

<!-- Pies de las ilustraciones (dibujos numerados 1-6 y retrato fotográfico): 1. «Durante el noviazgo... los jóvenes solo se ven en las circunstancias más favorables». 2. «Casados... la muchacha antes despreocupada aparece como una arpía, el galán rendido se convierte en un marido grosero». 3. «La mujer, sintiéndose engañada... corre a los tribunales a pedir el divorcio». 4. «... y el marido dirige su atención a otras mujeres». 5. «El problema es que la mujer no podía saber que su marido había sido un niño grosero... y que naturalmente se había convertido en un marido bruto». 6. «Porque una mujer fue de pequeña una niña mimada... no es de extrañar que fracasara en sus deberes conyugales». Retrato: «El austriaco Adler... "El hombre felizmente casado está con seguridad en buenos términos con su suegra"». -->

[^t1]: Así en el original. Adler no fundó la Vanderbilt Clinic, sino que dirigió en ella, en 1929-30, un consultorio de orientación educativa; y el «Instituto de Viena» alude probablemente al Instituto Pedagógico de la ciudad de Viena, donde enseñaba. (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre la imagen de la página en Fulton History: Carol Bird, «Do People Change After Marriage?», *Rochester Democrat and Chronicle*, suplemento dominical, 1930 (fecha exacta no determinada), artículo sindicado.

*Traducción:* traducción íntegra al español de todo el reportaje, incluidas las partes de la periodista y los pies de las ilustraciones, hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Las palabras de Adler, entre comillas en el original, se dan con rayas; las mayúsculas iniciales de párrafo reproducen las capitulares del impreso. La palabra entre corchetes con interrogación es conjetural en el original.
