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Title: ¿Tiene usted complejo de inferioridad?
Description: Extensa entrevista sindicada de Edna Brand Mann, hecha en el hotel de Adler en Nueva York y publicada en el suplemento dominical del Oakland Tribune; qué es el complejo de inferioridad y cómo se manifiesta (pereza, esnobismo, matonismo, donjuanismo), el niño mimado y el niño odiado, los suicidios de estudiantes, la inferioridad orgánica y sus compensaciones útiles e inútiles, recuerdos de infancia de Adler, su ruptura con Freud y los consultorios de orientación educativa.
Author: Alfred Adler
URL: https://adler.school/archivo/adler/entrevistas/1927-07-10%20Have%20You%20an%20Inferiority%20Complex
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# ¿Tiene usted complejo de inferioridad?

## Los suicidios de colegiales y los fracasos en los negocios son de quienes han perdido la lucha contra este sentimiento, dice el Dr. Adler; pero el sordo Beethoven y el rechoncho Napoleón salieron vencedores

<!-- Pie de la fotografía: «Dr. Albert Adler» (sic). Leyenda del dibujo: «"Los donjuanes entre los hombres y las mujeres ligeras de cascos son amantes cobardes: tienen miedo al matrimonio."» -->

Por EDNA BRAND MANN

¿QUÉ es un complejo de inferioridad? ¿Qué lo causa? ¿Cómo se manifiesta? ¿Y cómo podemos curarlo?

La gente lleva años haciéndose estas preguntas, y hemos tenido toda clase de respuestas: algunas sublimes, muchas ridículas.

Por fin podemos obtener una respuesta respaldada por la autoridad del único hombre que lo sabe, porque descubrió el complejo de inferioridad hace unos veinte años y desde entonces no ha dejado de estudiarlo.

El Dr. Alfred Adler, de Viena, docente del Instituto Pedagógico,[^t1] inspirador de veintidós consultorios de orientación educativa, fundador de su propia escuela de psicología individual y conocido popularmente como el padre del complejo de inferioridad, está aquí, en América, para hablarnos de ello.

—Para empezar —dice—, todos tenemos sentimientos de inferioridad. De bebés somos todos tan débiles, tan dependientes de los demás, que naturalmente nos sentimos inferiores e inseguros. No hay nada que hacer al respecto, nada de lo que avergonzarse.

»Pero, a menos que nuestro ambiente sea el adecuado, los sentimientos de inferioridad no ocuparán su lugar normal en nuestro desarrollo. Se convertirán en un complejo de inferioridad.

»Un complejo de inferioridad suele manifestarse en uno o en los tres terrenos generales: en nuestro trabajo, en nuestra vida social y en nuestra vida sexual.

El hombre que teme no tener éxito en su empleo puede desarrollar dolencias imaginarias que le eviten la prueba. Puede, como les ocurrió a pacientes del Dr. Adler, desarrollar por ejemplo lo que se conoce como neurosis obsesiva: la compulsión de ponerse los zapatos y quitárselos una y otra vez hasta que se le ha ido la mayor parte del día.

La razón profunda de esta extraña conducta era su deseo inconsciente de procurarse una coartada, una excusa para no ir al trabajo que se sentía incapaz de dominar.

—¿Cómo se manifiesta este tipo de conducta en la vida cotidiana?

—¿Por dónde empiezo? La pereza puede ser el disfraz de un sentimiento íntimo de inferioridad. La pereza está menos estigmatizada socialmente que la estupidez. Así, niños y adultos se hacen los perezosos para no demostrar su incompetencia.

»El esnob practica a menudo un "camuflaje social" que oculta una inseguridad íntima. Teme en secreto no tener éxito en sociedad o que se descubra que vale menos que el ideal que tiene de sí mismo.

»Cuanto más limita su círculo, mayores son sus posibilidades de ganar el reconocimiento y los elogios que ansía.

»También el matón busca una manera barata de hacerse valer. Compensa su particular complejo de inferioridad, que consiste en carecer del valor normal para una lucha limpia.

»La persona que está siempre ocupada en criticar a los demás —a su mujer, a sus amigos, a sus hijos, la política, los negocios— lo más probable es que intente contrapesar sus propias carencias íntimas.

»Más de un reformador profesional no hace sino compensar su propio sentimiento íntimo de deficiencia. Cuanto más rebaja a los demás, más alto eleva su propia estima.

»Lo más interesante, quizá, son las compensaciones en el terreno sexual. El gran amante no es en absoluto un gran amante. Es un amante cobarde e inferior. Un flirteo tras otro es una defensa contra el tener un solo amor, con la responsabilidad y las adaptaciones vitales que supone.

»Los donjuanes entre los hombres y las mujeres ligeras de cascos entre las mujeres tienen miedo al matrimonio.

»El erudito soltero que trabaja de madrugada a madrugada, el hombre que está "casado con su negocio" (expresión popular que, según demuestra Adler, es bastante exacta), la muchacha o el hombre cuyos noviazgos terminan a menudo y siempre en compromisos rotos, el enamorado que, habiendo perdido a su elegida, pasa la vida soltero y de luto: todos ellos denotan compensaciones, coartadas, señal de que un complejo de inferioridad ha ocupado el lugar del valor normal.

—¿Qué causa un complejo de inferioridad? —pregunté con avidez, calculando que por fin conocía el secretillo de la mayoría de mis amigos, de mis conocidos y de mí misma.

—Lo encontramos en tres clases de individuos. Resulta de una mala educación, como, por ejemplo, en el caso del niño mimado y del niño odiado, o de la inferioridad orgánica (mala constitución física), como en el caso de la vista deficiente, el estrabismo, la sordera, la fealdad, la baja estatura y cosas semejantes.

Al parecer, todo lo que se añade a los sentimientos de inferioridad normales del niño puede hacerlos pesar hasta convertirlos en un complejo de inferioridad.

Para ilustrar el primer tipo, el del niño mimado, el Dr. Adler habló de un joven brillante y atractivo que se prometió en matrimonio una y otra vez, pero nunca pudo llevarlo a término porque en el fondo tenía miedo. Además, estaba mal adaptado a su trabajo y a su vida social.

El estudio que hizo del caso el Dr. Adler reveló que de niño lo habían mimado y consentido en exceso. Era culpa de los padres que ahora, llegado el momento, no pudiera ser del todo un hombre. Lo habían protegido de las luchas que enseñan el valor y la confianza en uno mismo. Como nunca había probado sus propias alas, no conocía la seguridad en sí mismo. Al contrario: se sentía abrumado en cada situación nueva, y acudió como paciente al Dr. Adler porque toda su vida estaba dominada por un sentimiento de inseguridad y de inferioridad.

—Estos niños mimados —continuó el Dr. Adler— crecen buscando solo que los mimen. Cuando llegan a una situación en la que no se les mima, se sienten perseguidos y odiados y desarrollan los rasgos de un hombre en país enemigo.

»Es interesante observar cómo reacciona el niño consentido. Su meta es mantener toda la atención sobre sí. Es desordenado para tener a su madre cerca, recogiéndole las cosas.

»Pone pegas a la comida y al sueño. Es demasiado ansioso, y cuando va a la escuela, o más tarde al trabajo, o más tarde se casa, esa ansiedad excesiva le acompaña, y tenemos al neurótico típico.

»El niño odiado no está mejor. La dureza excesiva, la represión, el abandono pueden engendrar sentimientos de inferioridad tan profundos que el individuo se ve impulsado a compensarlos en el extremo opuesto, con una arrogación violenta y egoísta de autoridad.

»Esta es la pauta de conducta de muchos bandidos, matones y atracadores que buscan una seudosuperioridad, un papel de héroe audaz, para compensar su inferioridad íntima.

—¿Qué opina usted de nuestra reciente ola de suicidios? —pregunté en ese momento.

—El suicidio —explicó— es la respuesta de un niño así, no preparado para las dificultades de la vida. No es distinto de la enfermedad que llamamos neurosis, salvo que en el suicida hay siempre un elemento de despecho contra un antagonista:[^t2] los parientes, el compañero de vida, el maestro, etc.

»La razón de que los suicidios se produzcan por lo general al comienzo de la universidad o al final de la escuela secundaria es que en ese momento el muchacho queda bajo el fuego de los cañones enemigos y debe adaptarse por sí mismo y con valor.

»Pero para eso el niño mimado, por ejemplo, nunca ha sido preparado.

»Los años más importantes del desarrollo —el Dr. Adler subrayaba sus palabras con largas y fuertes chupadas a su cigarro— son los cuatro o cinco primeros, y la fuerza más poderosa es la madre. Si ha de guiar a su hijo para que evite la trampa de un complejo de inferioridad, no debe ser ni demasiado blanda ni demasiado dura. Primero debe ser cariñosa y digna de confianza, y ganarse al niño para que confíe en ella. Luego debe llevarlo a confiar en sí mismo, a hacer otros amigos, a aprender el valor y la independencia, y a desarrollar el sentimiento de comunidad.[^t3]

El tercer productor de complejos de inferioridad es el que Adler advirtió primero y el que primero hizo que el mundo advirtiera a Adler.

Lo llamó inferioridad orgánica. Su libro *Organ Inferiority and Its Psychic Compensation* [La inferioridad orgánica y su compensación psíquica], publicado en 1907,[^t4] está dedicado a este solo aspecto del problema.

Cualquier debilidad o peculiaridad física supone una carga suplementaria de sentimientos de inferioridad y un impulso suplementario a compensar, a aspirar a alguna clase de superioridad.

—Pero lo interesante —explicó el Dr. Adler— es que la compensación puede ser real o ficticia, útil o inútil. Tomemos la inferioridad orgánica de la estatura. Un hombre bajo puede andar con aires de importancia, hablar con voz fuerte y retumbante, llevar una corbata enorme, usar palabras altisonantes, adoptar una letra grande y florida, volverse fanfarrón o matón.

»Compensa su talla, de aspecto poco importante, por lo que yo llamo vías inútiles.

»O puede llegar a ser un Napoleón. Los hombres más grandes de la historia fueron a menudo hombres pequeños —prosiguió el Dr. Adler en su tono práctico—. Ahí están César, Napoleón, el príncipe Eugenio, el gran guerrero alemán contra los turcos.

—¿Quién más? —pregunté, intentando no sonreír: también Adler es un hombre pequeño.

—No puedo decirlo, porque no puedo hablar de cosas que no sé con mucha seguridad; pero uno de mis discípulos de Ámsterdam, Van Raalte, está preparando un libro sobre el tema y ha reunido muchos ejemplos de grandes hombres de la historia que eran pequeños.

»Pero lo mismo ocurre con otras inferioridades orgánicas. ¿Sabe usted cuántos pintores tienen mala vista? En las escuelas de pintura casi todos tienen los ojos imperfectos. Whistler tenía mala vista. También El Greco, Menzel, Lenbach y muchos otros. Se decía que Whistler no distinguía los colores (el verde y el rojo), y así llegó a ser un maestro de los matices.

»Esta es una compensación útil.

»Los poetas imaginativos compensan a menudo una vista deficiente. Miran hacia dentro porque no pueden mirar hacia fuera. Milton era albino y más tarde se quedó ciego.

»Los músicos, lo más probable, tienen pequeños defectos de oído. Beethoven era sordo.

»Dvořák, Mozart, Smetana, Robert Franz tenían deficiencias de oído.[^t5]

»Incluso las malas digestiones tienen sus compensaciones, inútiles y útiles. A menudo los más grandes cocineros fueron niños con mal estómago.

»Buscaron la superioridad en la línea de su debilidad; de ahí resultó un mayor interés por la comida y un sentido del gusto más que normal.

»Pero el maniático de la comida hace una compensación inútil. "Yo no soy un hombre corriente. Yo no como tocino" —cita el Dr. Adler a uno de este tipo—.

»Domina su casa, el restaurante, a sus anfitrionas y a sus visitas sacando partido de su mal estómago. Es el arma con la que se asegura un sentimiento de superioridad.

—¿Se puede curar un complejo de inferioridad cuando un hombre tiene, digamos, treinta años? —pregunté.

—¡A los setenta!

Lo cual no es pequeño consuelo, si se piensa en cuántos de nosotros albergamos el temor secreto de ser estúpidos o vergonzosamente inferiores de una u otra manera.

¿Qué le sugirió primero a Adler este punto dolorido universal? ¿Cómo llegó a descubrir el complejo de inferioridad? ¿Cómo creció la idea con él y cómo creció él con ella?

Dejemos que lo cuente él.

—Cuando yo tenía cuatro años, es decir, hace unos cincuenta, oí al médico decir a mis padres: "Su hijo está perdido", y acostado en mi cama supe lo que quería decir, porque mi hermano había muerto poco antes de la misma enfermedad. Supe entonces, y nunca olvido, lo que pasa dentro de uno cuando se siente asustado, débil, inseguro.

Demasiado débil para fijarse en nada que no fuera su propia debilidad, la miró por dentro, de frente, a través y alrededor, y salió de ella con un concepto de los sentimientos de inferioridad que iba a mantener y desarrollar el resto de su vida.

—Decidí entonces hacerme médico. Esa decisión, a los cuatro años, expresaba mi tendencia a vencer a la muerte. Simplemente eso.

»Nació de mis sentimientos de inferioridad, de mi sentimiento de inseguridad. Fue mi compensación.

—Una compensación útil —aventuré.

—Una compensación útil. Eso espero.

Habló con tal seriedad que lamenté mi tono ligero.

—Mis amigos me dicen hoy —continuó Adler—: "Lo que dices ahora ya lo decías de niño". Muy pronto dije: "Un buen médico tiene que ser también un educador", y mis primeros artículos publicados repiten ese tema. Pronto vi la importancia del valor para la salud mental y física.

»Estoy muy agradecido a mis experiencias de muchacho en las calles de Viena por unos conocimientos que más tarde me fueron muy valiosos. Entonces puse los cimientos de mi comprensión de la naturaleza humana y aprendí a valorar mucho el valor.

Más tarde fue médico de medicina general, y bueno, y no dejó de enriquecer su caudal de conocimientos prácticos sobre la gente corriente.

La psiquiatría le fascinó pronto. Estudió con los más grandes profesores de la Universidad de Viena y hoy es más famoso que cualquiera de ellos. Es interesante saber que nunca fue psicoanalizado y que no cree en el psicoanálisis freudiano.

Hasta 1900 su camino no se cruzó con el de Sigmund Freud, que por entonces formulaba y exponía sus teorías del inconsciente, que desde entonces le han hecho famoso, o en algunos círculos infame.

Adler fue uno de los primeros en reconocer la grandeza y la originalidad de Freud. Cuando los silbidos y las burlas eran la respuesta de la mayoría de la profesión médica, el joven Adler publicó su elogio del enfoque nuevo y vivo de Freud sobre los problemas mentales.

Freud quedó tan complacido que invitó a Adler a unirse a su grupo especial de discusión sobre los problemas de la neurosis.

—Pero —dice Adler— cuando más tarde vi que el grupo de discusión se estaba convirtiendo en un club de Freud, me retiré. Reconocía la grandeza de Freud, pero discrepaba por completo de su manera de verlo todo desde el ángulo sexual.

Muy pronto Adler fundó su propia escuela de psicología individual. No el instinto sexual, sino el impulso del yo, la voluntad de poder, es para él el factor determinante básico de nuestra conducta.

Cómo actúa esto en los casos normales y en los neuróticos lo expone en *Individual Psychology* (traducido al inglés), *The Neurotic Constitution* y otros volúmenes originales,[^t6] cualquiera de los cuales basta para hacer famoso su nombre. Es también fundador y director de *The International Journal of Individual Psychology*, que se publica desde hace cinco años en inglés, francés y alemán.[^t7]

Y, sin embargo, nada hay en el hombre del profesor ni del doctor erudito. Robusto, rechoncho, franco, afable, tan sencillo, cálido y amistoso que me daban ganas de sacudirle de la solapa la ceniza del cigarro que no dejaba de caerle mientras fumaba y hablaba.

Es fácil ver cómo el más inhibido de sus pacientes tiene que deshelarse ante él.

Adler da la impresión inmediata de ser grande sin saberlo. Quizá por eso su discípulo norteamericano, el Dr. Walter Wolfe,[^t8] dice de él: «Es un tipo estupendo, un genio absolutamente cordial», y eso tras un año de trato diario y estrecho con él en Viena.

El Dr. Wolfe me contó también que los hijos de Adler son casi tan interesantes como cabe esperar de su padre. La menor, una belleza pelirroja, es actriz a los diecisiete años, ya establecida en uno de los mejores teatros de Viena. Las dos mayores son doctoras en psiquiatría y en sociología, y el chico es ingeniero.[^t9]

La entrevista que me había concedido el Dr. Adler era a las nueve de la mañana en sus habitaciones de un hotel de Nueva York. ¿Qué es eso que se oye de la fama de los vieneses de divertirse hasta tarde y levantarse tarde?

Adler estaba levantado desde las seis, ocupado en su trabajo, y en el suelo unas filas de sillas plegables desparramadas hablaban de una clase dada la noche anterior.

—Disculpe el desorden de mis habitaciones —se excusó—; mi camarera no es tan trabajadora como yo.

Al final de su entrevista, generosamente larga, habló apresuradamente de lo que tiene más cerca del corazón: los consultorios de orientación educativa que él y sus discípulos han fundado en Viena, en Alemania y en Holanda. Son únicos porque están en relación directa con las escuelas, y en ellos se forma a los maestros y a los padres para reconocer y tratar a los niños problemáticos antes de que tengan ocasión de convertirse en adultos problemáticos.

—Formo a los maestros y a los padres de modo que al poco tiempo yo sobro —concluyó, satisfecho hasta la médula ante la perspectiva de sobrar.

Y si eso no es señal de un gran hombre, ¿qué lo es?

[^t1]: El Pädagogisches Institut der Stadt Wien, donde Adler enseñaba desde 1924. (N. del T.)

[^t2]: *Contra-player* en el original: calco del alemán *Gegenspieler*, término de Adler. (N. del T.)

[^t3]: *Social feeling and interest* en el original; se traduce según el glosario del archivo. (N. del T.)

[^t4]: *Studie über Minderwertigkeit von Organen* (Viena, 1907); la traducción inglesa, con el título que da la periodista, es de 1917. (N. del T.)

[^t5]: Así en el original («Robert, Franz»); se trata sin duda del compositor Robert Franz, que sufrió una grave sordera. (N. del T.)

[^t6]: *The Practice and Theory of Individual Psychology* (1924), traducción de *Praxis und Theorie der Individualpsychologie*, y *The Neurotic Constitution* (1917), traducción de *Über den nervösen Charakter* (1912). (N. del T.)

[^t7]: La *Internationale Zeitschrift für Individualpsychologie*, fundada en 1914 y reanudada en 1923; se publicaba en alemán. (N. del T.)

[^t8]: Walter Béran Wolfe, psiquiatra norteamericano, discípulo y traductor de Adler. (N. del T.)

[^t9]: Cornelia (Nelly), Valentine, Alexandra y Kurt Adler. (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre la imagen del *Oakland Tribune* (Oakland, California), domingo 10 de julio de 1927, pág. 5 del suplemento dominical, en la California Digital Newspaper Collection (OT19270710.1.9). Entrevista sindicada de Edna Brand Mann («Copyright, 1927»).

*Traducción:* traducción íntegra al español de la pieza tal como se publicó, incluido lo que escribe la periodista, hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Los diálogos se dan con raya, según el uso español. *Social feeling* se traduce «sentimiento de comunidad», *petted child* «niño mimado» y *organ inferiority* «inferioridad orgánica», según el glosario del archivo. Las adiciones del traductor van entre corchetes.
