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Title: Niños odiados, después delincuentes. La falta de sentimiento de comunidad, un error de educación
Description: Crónica sin firma de la Kleine Volks-Zeitung de Viena sobre la conferencia de Adler «Individualpsychologie und Kultur» [Psicología individual y cultura] en el Wissenschaftlicher Klub, el 20 de noviembre de 1928: la cultura como suma de las exigencias más altas de una época, el afán de una comunidad ideal y la falta de sentimiento de comunidad como raíz de todos los fracasos; el arte y la utilidad común; la educación para la utilidad común como tarea de la madre, y los tres tipos de niño en peligro (el de defectos orgánicos, el odiado y el mimado), con la observación de que muchos delincuentes fueron niños feos.
Author: Periodista sin firma
URL: https://adler.school/archivo/adler/cronicas/1928-11-21%20Geha%C3%9Fte%20Kinder%20%E2%80%93%20sp%C3%A4ter%20Verbrecher
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# Niños odiados, después delincuentes.

## La falta de sentimiento de comunidad, un error de educación.

En el Wissenschaftlicher Klub [Club Científico], el profesor Dr. Alfred *Adler* dio ayer una conferencia sobre el tema «Psicología individual y cultura». El Dr. Adler expuso, entre otras cosas: la palabra «cultura» puede definirse como la suma de las exigencias más altas de un período, que han de servir a la utilidad de la colectividad. El afán de una comunidad ideal es lo que es inherente a todo hacer humano; es el camino eterno que la humanidad tiene que recorrer. Al ser humano le está trazado por la vinculación del individuo con el cosmos, con la comunidad, con el otro sexo; todos los fracasos que sufre el ser humano tienen, en última instancia, su raíz únicamente en la falta de sentimiento de comunidad, en el afán de una meta situada fuera de la utilidad de la colectividad, fuera de la cultura.

Todo el ser y toda la actividad del ser humano, su lenguaje, su entendimiento, su moral, son una emanación del gran sentimiento de comunidad. Todo lo que hacemos y emprendemos ocurre con vistas al entorno y a la colectividad. Hasta la creación del artista está subordinada a este punto de vista. Los artistas han sido siempre los guías espirituales de la humanidad; de los pintores aprendimos a ver; de los músicos, a oír; de los poetas, a hablar, a obrar y a pensar; pero también el arte solo ha podido desarrollarse en el marco de su utilidad común. Una cosa se percibe como bella o fea según le parezca así o no a la colectividad; lo que nosotros

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encontramos bello en el ser humano va siempre unido al concepto de la salud y de la pervivencia de la humanidad en la figura ideal del artista.

La educación para la utilidad común tiene que empezar en el niño en la más temprana edad. Aquí comienza la tarea de la madre: implantar en el niño el sentimiento de pertenencia a la comunidad y crearle así uno de los requisitos más importantes para su futura capacidad para la vida. En el momento en que se descuida esto, se produce en el niño una mecanización del estilo de vida; persigue solo su estrecha meta personal de una superioridad más allá de todo sentimiento de comunidad, y la consecuencia son fracasos y desengaños. De estos niños se recluta el gran ejército de los nerviosos, de los locos, de los delincuentes y de todos aquellos que, por así decirlo, se han escapado del destino de la humanidad.

Aquí entra también el capítulo de los niños en peligro. Son aquellos que, lastrados, padecen un defecto orgánico y sienten su vida como una carga. No tienen posibilidad de reunir, además de la preocupación por el bienestar de la propia persona, también la comprensión por la colectividad. La segunda clase de niños en peligro son *los niños odiados*, que nunca han tenido la experiencia de un semejante: los lisiados, los feos o los simplemente no deseados. Les falta el amor y el calor de la madre, que podría mediar la relación entre ellos y la colectividad. Desde este punto de vista comprendemos también por qué hay entre los delincuentes tantas personas feas. Esto no se debe a ningún legendario tipo delincuente, sino que la causa es sencillamente que los *delincuentes* fueron en su juventud *niños feos*. Una estadística en este terreno resultaría francamente aterradora. Un número desproporcionadamente grande de fracasos y de pasos en falso lo cometen antiguos «niños feos». El tercer tipo, con mucho el más extendido y el más amenazado, es el de los *niños mimados*. Son los que se encierran temerosamente frente al entorno, porque el vínculo con la madre se hace tan poderoso que toda la vida del niño se ajusta a esta simbiosis y no queda ya lugar para la iniciativa y la confianza en sí mismo. Estas personas viven en la eterna espera de que los demás realicen por ellos los logros necesarios. Si la madre ha descuidado inculcar al niño el sentimiento de pertenencia a la comunidad, no queda otro remedio que corregir después ese error en la persona, hacerle, por así decirlo, repetir curso.

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original): *Kleine Volks-Zeitung* (Viena), n.º 323, 21 de noviembre de 1928, pp. 2-3, crónica sin firma, transcrita sobre las imágenes de las páginas (ANNO / ÖNB, ANNO_kvz19281121).

*Traducción:* traducción íntegra al español, hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Se conservan los títulos, la división en párrafos y las cursivas que reproducen el espaciado del original. *Gemeinschaftsgefühl* se traduce «sentimiento de comunidad», según el glosario del archivo; *Allgemeinheit*, «colectividad»; *verzärtelt*, «mimado», y *Lebensstil*, «estilo de vida». Las adiciones del traductor van entre corchetes.
