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Title: Sobre el movimiento de los Amigos de los Niños [Psicología del niño]
Description: Informe de Gustav Schweitzer en la revista socialista de educación obrera Bildungsarbeit (1924) sobre el curso de los Kinderfreunde (Amigos de los Niños) en el castillo de Kleßheim, cerca de Salzburgo, en el verano de 1923; se recoge el apartado sobre las seis conferencias de Adler acerca de la psicología del niño: el cuestionario individualpsicológico, el niño obstinado, el dotado pero perezoso, el torpe y zurdo, y la tesis de que quien quiera el socialismo no debe criar dictadores ni naturalezas de esclavo.
Author: Gustav Schweitzer
URL: https://adler.school/archivo/adler/cronicas/1924%20Zur%20Kinderfreundebewegung%20-%20Psychologie%20des%20Kindes
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<!-- Sección: EL NIÑO PROLETARIO -->

# Sobre el movimiento de los Amigos de los Niños

Por Gustav *Schweitzer* (Brno)

Es un signo alentador para el desarrollo del movimiento de los Amigos de los Niños (*Kinderfreunde*)[^t1] que su actividad no se limite al trabajo cotidiano en las organizaciones, sino que se oriente además a la profundización intelectual, sobre todo a la formación continua de los responsables. Esta voluntad se reflejó con especial nitidez en el *curso* celebrado el verano pasado en el *castillo de Kleßheim*, cerca de Salzburgo. Asistieron unos *cuarenta funcionarios* del movimiento. Además de *austriacos*, estuvieron presentes cuatro representantes de las regiones alemanas de *Checoslovaquia*, dos *alemanes del Reich* y dos *holandeses*. Como director del curso actuó el compañero Dr. O. F. *Kanitz* (Viena); como profesores, el compañero Dr. Alfred *Adler* (Viena), el compañero Dr. J. L. *Stern* (Teplitz-Schönau) y la compañera *Kuhe* (Viena).

<!-- Se omite aquí el apartado sobre las cinco conferencias de J. L. Stern, «Kind und Buch» [El niño y el libro]. -->

El compañero Dr. Alfred *Adler* expuso en seis conferencias la gran importancia de la

*psicología del niño*

para la actividad del educador.

La manera en que suelen tratarse las faltas infantiles debe rechazarse por principio. Si el niño ha cometido una falta, se le amonesta, a menudo también se le riñe o se le castiga. ¿Queda con ello resuelto el caso? Que las sentencias morales y las amonestaciones fallan por regla general es sabido, en realidad evidente. El niño sabe muy bien en qué ha faltado; el sermón no le dice nada nuevo, no le ayuda. ¿Y el castigo? En la mayoría de los casos se castiga de modo completamente irracional. Los educadores corrientes siguen siendo *curanderos* pedagógicos que quieren curar a palos todos los defectos del alma infantil. Pero aun cuando el niño reconozca el castigo, como debe ser, como consecuencia natural de su falta, el asunto sigue sin resolverse. El verdadero educador tiene que ir al fondo del mal, tiene que eliminar las causas de las que ha salido el paso en falso. ¡Y aún más! Quien quiera educar de verdad tiene que saber prevenir, tiene que impedir en lo posible que se cometan faltas. Ello supone, desde luego, que el educador conozca exactamente el estado de ánimo del niño, el entorno en que vive, las situaciones que pueden resultarle peligrosas; en suma, todos los factores que determinan la conducta del niño.

Cómo puede obtenerse esta comprensión en el caso concreto se desprende del *cuestionario individualpsicológico*,[^t2] que el Dr. Adler tomó como base de sus conferencias. Cada pregunta es el resultado de años de trabajo práctico; cada respuesta da indicaciones importantes sobre la vida psíquica del niño. El cuestionario se aplicó a casos típicos que el conferenciante examinó, pero también a casos concretos que los directores de hogares infantiles (*Horte*) presentes sometieron a discusión. Resultó sin excepción una guía y un consejero fiable. Especialmente instructiva fue la original caracterización de determinados tipos infantiles. En el fondo, viejos conocidos todos. Solo que esta vez no se los conoció, como de costumbre, como seres individuales acabados, sino en su desarrollo, en sus relaciones con el entorno. Con ello se pusieron de manifiesto muchas veces conexiones que fácilmente se pasan por alto y que son precisamente de la mayor importancia para el educador. Está, por ejemplo, el chico obstinado, incluso taimado, que no quiere «obedecer», aunque en casa se le tiene tan sujeto. ¿Aunque? Quizá precisamente por eso. No hay nada más insoportable para el alma infantil que la opresión continua. Quien la ejerce no debe extrañarse de que el niño se rebele y, en la lucha desigual contra su entorno, eche mano de medios que nos desagradan. Está, además, el niño dotado pero perezoso. Es decir: los parientes más cercanos alaban sus dotes; los demás suelen notar solo la pereza. *Adler* opina que la indolencia de estos niños nace, al menos en parte, del miedo a que un fracaso destruya el nimbo de genialidad. Lo cierto es que los niños prefieren pasar por perezosos que por tontos. Y está, por último, para escoger solo un caso más,

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el niño torpe. Rara vez se encuentra un educador que investigue la causa del mal. Incluso un defecto tan fácil de comprobar como el ser zurdo pasa inadvertido en muchos casos. Se le reprende, se hace burla de él, ¡pero no se ayuda al niño! Este pierde la confianza en sí mismo, teme las burlas de los compañeros, se aparta de ellos y por regla general se convierte en un ser amargado y desdichado. De modo semejante analiza Adler el caso del hijo único, del más pequeño, del niño físicamente deforme, del mentalmente retrasado y otros más. Parte siempre del destino individual, indaga los fenómenos típicos y busca finalmente leyes de validez general. Como resultado de esta última clase hay que señalar ante todo que las faltas de los niños pueden reducirse por regla general a la misma raíz de la que proceden también todos los males de la sociedad capitalista. En ambos casos son los vicios de una comunidad en la que hay dominadores y oprimidos, en la que unos aspiran al poder y a la notoriedad y los otros se quedan al margen, desalentados, y simplemente lo soportan todo. Quien quiera el socialismo no debe criar dictadores, pero tampoco naturalezas de esclavo.

Allí donde aparecen indicios de afán de dominio, de arrogancia, de vanidad, de servilismo, de falta de autonomía, de desaliento, el educador tiene que intervenir. Con un tratamiento adecuado, el éxito no faltará. En ningún caso debemos dejarnos desalentar invocando la herencia, el medio, etc. No hay ningún caso en que se haya demostrado la herencia de cualidades psíquicas; la semejanza de carácter entre hijos y padres se debe por regla general a la imitación. La educación puede influir en las disposiciones dadas en sentido bueno o malo, atenuar el efecto del medio y, en casos extremos, cambiarlo.

<!-- Se omite el resto del informe (conferencias de Neubauer, grupo de trabajo de Kanitz, horas de juego, trabajos manuales de la compañera Kuhe, en cuya discusión final participaron también Adler y Stern, y una observación de Stern). -->

[^t1]: *Kinderfreunde*: asociación socialdemócrata austriaca de educación y tiempo libre para hijos de obreros, con hogares infantiles (*Horte*), colonias y bibliotecas. (N. del T.)

[^t2]: El cuestionario de la psicología individual para el conocimiento y tratamiento de niños difíciles, elaborado por Adler y sus colaboradores para los consultorios de orientación educativa. (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original): *Bildungsarbeit. Blätter für sozialistisches Bildungswesen* (Viena), 1924, n.º 3/4, pp. 21-22, informe de Gustav Schweitzer sobre el curso de los Kinderfreunde en Kleßheim (verano de 1923), transcrito sobre la imagen de las páginas (ANNO / ÖNB). Se traducen la entradilla y el apartado sobre Adler; los demás apartados se omiten.

*Traducción:* traducción íntegra al español de lo transcrito, hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Se conservan la división en párrafos y las cursivas que reproducen el espaciado del original. Las adiciones del traductor van entre corchetes.
