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Title: La compulsión del complejo como parte de la personalidad y de la neurosis
Description: Conferencia de Adler en la Sociedad Vienesa de Psicología Individual, publicada en 1935: los complejos como plantillas o esquematizaciones del estilo de vida derivadas de la meta final, crítica del uso del término por Jung y Freud (complejo de Edipo) y descripción de una serie de complejos: de inferioridad y de superioridad, de redentor, de prueba, de Polonio, de exclusión, de predestinación, de caudillo, de espectador y del no.
Author: Alfred Adler
URL: https://adler.school/archivo/adler/1935-01%20Der%20Komplexzwang%20als%20Teil%20der%20Pers%C3%B6nlichkeit%20und%20der%20Neurose
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# La compulsión del complejo como parte de la personalidad y de la neurosis.[^1]

Por el Prof. Dr. ALFRED ADLER

La psicología individual es investigación de la personalidad; es decir, nos ocupamos de considerar la toma de posición, la relación del individuo con las tareas de la vida, y de sacar de ello conclusiones sobre cómo trata de llegar a una posibilidad de éxito (superioridad) en su sentido. Nuestra atención se dirige preferentemente a la dirección de su movimiento expresivo, a su meta. Desde la primera infancia el individuo ha fijado su dirección, que no puede imaginarse sin el establecimiento de una meta. Hemos comprobado a menudo cuán distintas son las metas secretas, desconocidas para él mismo, de una persona, y cómo dirigen de modo discreto e inquebrantable todas las formas de expresión anímica. Esto es, en general, lo más profundo que puede decirse sobre la investigación de la personalidad. Quien conoce la meta puede comprender la personalidad, porque conoce su sistema de referencia con las tareas de la vida. A la toma de posición de una persona pertenece también la formación de complejos anímicos. Esto, por razones de economía anímica. Estos complejos pueden imaginarse en forma de órganos que actúan. En todos los casos será necesario relacionar con las tareas del mundo exterior estos órganos anímicos, que caracterizan al interesado como una plantilla, de modo semejante a los rasgos de carácter. Son derivados de la fuerza directriz de la meta final, facilitaciones, esquematizaciones. Les ruego que retengan que las esquematizaciones pueden darse en miles de variantes. Unas veces están menos presentes, de modo que cabe la duda; en otro caso, extraordinariamente fuertes, amaneradas. Entre ambos extremos hay un sinnúmero de variantes en las que se encuentra un desarrollo de distinta intensidad de la esquematización. La perspectiva surgida de la esquematización es la base de lo que se designa como complejo. Quizá al discutir el concepto de complejo se haya ignorado este hecho. Como ofrece una facilidad emplear el amplio concepto de «complejo», la psicología individual se inclinó a emplearlo para explicar diversas tomas de posición. No cabe duda de que este complejo no es algo tangible, sino que caracteriza un conjunto de movimientos que tienden, como por su sentido, en la misma dirección, sin que su portador los comprenda, pero que este, sin embargo, pone en uso. Algo semejante se encuentra en todos; no hay nadie cuyas tomas de posición no puedan des<!-- S. 2 -->componerse en complejos, en parte dentro de lo aproximadamente normal, en su mayor parte en dirección anormal. Por eso es una ocupación interesante y valiosa estudiar a las personas en cuanto a sus complejos. No debe ser en absoluto un juego de sociedad, pero ofrece al psicólogo y al psiquiatra una perspectiva adecuada y prácticamente valiosa, porque puede sacar de ellos cálculos de largo alcance.

Un auge especial en el uso del concepto de complejo se lo debemos al poco original psicólogo *Jung*, cuyo complejo parece ser el del que se suma a la corriente o anda de puntillas.[^t1] Empleó el concepto con viva resistencia de su maestro *Freud*, que al principio no quería saber nada del complejo, pero luego echó mano de él resueltamente y ahora hace aparecer muy a menudo este concepto en sus exposiciones, sobre todo en la acuñación del «complejo de Edipo».

*Wundt* explica el «complejo» como conjunto de enlaces, como concepto compuesto, como formación compuesta; *Lipps* y *Meinong* aproximan este concepto a unidades y relaciones buscadas; *Preuß* entiende por representación compleja el modo de pensar no analítico de los hombres primitivos, presupuesto del pensamiento mágico. *H. Volkelt* encuentra algo afín en las representaciones de los animales. *Krueger* entiende por cualidades complejas los estados globales difusos de la conciencia, que presentan una considerable trama de elementos motores y viscerales.[^t2]

Entre los complejos de que se habla y que son conocidos no solo en los círculos científicos, sino también entre los profanos, el más extendido es quizá el complejo de inferioridad, que la psicología individual ha empleado en sus exposiciones. Designa la toma de posición de una persona que expresa con ella que no está en condiciones de resolver un problema planteado. No hay que confundirlo con el sentimiento de inferioridad. El complejo de inferioridad y su hermano, el complejo de superioridad, son representaciones de una persona con las que se explica a sí misma y a los demás que no es lo bastante fuerte para resolver un problema determinado de un modo socialmente valioso. No necesito mencionar que con ello no se alcanza ningún punto de reposo. Es sabido que este estado de ánimo global, con todo su material intelectual, afectivo y de acción, se prolonga en fracasos. Todas las formas de fracaso que conocemos son formas de movimiento de un complejo de inferioridad.

Muy extendido está el complejo antes mencionado, sin que pueda encontrarse una verdadera concordancia entre las formas en que se manifiesta y esta denominación. Es el complejo de Edipo, que debía significar que un niño tiene algún tipo de inclinación sexual hacia el progenitor del otro sexo, pero que, reducido con sensatez a los hechos, no dice nada, salvo que el nombre de Edipo está mal elegido y que solo se expresa el rasgo de carácter de un niño mimado que no quiere separarse de la madre. El aferrarse se manifiesta en mil variantes, pero hay que rechazar su relación, tal como la concibe *Freud*, con lo sexual como fundamento. Incluso allí donde, como consecuencia del afe<!-- S. 3 -->rrarse a la madre, aparecen verdaderas excitaciones sexuales ligadas a la madre. El «complejo de Edipo» debía ser la base del desarrollo de la vida anímica, pero la psicología individual ha mostrado que es un error educativo artificial.

Cuando uno se dedica a la investigación de los complejos, cuando ha reconocido la toma de posición de una persona como una plantilla, puede encontrar un sinnúmero de plantillas así. Una de las más interesantes es el «*complejo de redentor*». Son personas que adoptan de modo llamativo, sin saberlo, una posición como si tuvieran que salvar, que redimir a alguien. Esto se da en mil grados y variedades. A veces transcurre de modo del todo inofensivo, pero siempre es claramente la toma de posición de una persona que encuentra su superioridad, su posibilidad de éxito, en resolver las complicaciones de la vida anímica y de la vida exterior del otro. Algunas de estas variantes parecen tan inofensivas que no hay mucho que decir de ellas. Bien puede ser que el complejo de redentor se infiltre en el afán médico o en la elección de la profesión del sacerdote. En los grados más graves encontraremos, desde luego, un comportamiento como si el interesado fuera un enviado de Dios, como si pudiera curar sin más los males de la humanidad. Cuando alguien cree tener que redimir, por ejemplo, tener que redimir a un borracho sin conocimientos precisos, es la expresión de que no se trata aquí de la solución normal de los problemas. Solo sería concebible mediante una profunda comprensión y formación psicológicas, no mediante la elección de cónyuge, no mediante la entrega. También aquí se ve la evasión ante los problemas normales, una búsqueda de posibilidades de éxito que pueda satisfacer la vanidad. El interesado se siente impulsado a darse aires de redentor. Este complejo se encuentra también a menudo en las neurosis y psicosis.

Otro complejo es el «complejo de prueba». Se encuentra en numerosas personas que andan por ahí queriendo probar que tienen derecho a estar también en el mundo, o queriendo probar que no tienen defectos. Tienen un miedo enorme a cometer errores, consideran cada acto como una prueba de si encuentran reconocimiento, de si son perfectas; están siempre en posición de defensa y de justificación. En cada conversación quieren probar que no carecen de valor. A nadie de su entorno le interesa, pero eso no las deja en paz. En la neurosis el «*complejo de prueba*» desempeña un papel enorme y va siempre mezclado con la alusión a determinadas circunstancias atenuantes, con emociones fuertes, con una tendencia a la retirada.

Paso ahora a un complejo que pertenece más bien al terreno cómico de la psicología. Es el «complejo de Polonio». Hamlet a Polonio: «¿No parece esa nube un camello?». Polonio: «Sí, igual que un camello».[^t3] «*Algo parece como* — —». Con ello se toma una decisión externa, accesoria, que casi siempre no dice nada. Y sin embargo se encuentra que la psicología moderna está dominada por el complejo de Polonio. «Todo parece como entre los salvajes» — «ya el salvaje mostraba semejante comportamiento», por no hablar del psicoanálisis, donde «*todo* parece como» — — —. Pero este complejo se encuentra también fuera de la psicología. A veces este uso puede tener buenas razones; <!-- S. 4 --> sin duda se esconde también en el *déjà vu*, donde también «algo parece como», y en otros fenómenos que conducen a representaciones místicas, como, por ejemplo, la impresión de que algo ya fue así en una vida anterior. El «complejo de Polonio» no solo es peligroso en la ciencia, sino también en la vida corriente, donde conduce a generalizaciones ridículas. Si recuerdan ustedes la interpretación de la vida onírica, encontrarán también aquí el complejo de Polonio. También para el soñador todo parece como — — —. Quisiera recordarles también aquí el «como si» de *Vaihinger*:[^t4] por ejemplo, en una religión primitiva se declara sagrado a un lagarto como si fuera una divinidad; también entonces habrá habido gente que no tomó en serio la divinidad de un lagarto, pero convertirlo en un hecho tuvo grandes ventajas para la tribu, pues en esta representación del como si todos los Polonios se consideraban hermanos. Se reunían en nombre del lagarto y, aunque todo ello no era más que egoísmo de grupo, debía ayudar a superar la penuria de la época. Sin duda muchos fracasaron también en ello, pero en ciertas circunstancias podía ser útil. Ven ustedes hasta dónde se extiende la búsqueda de un alivio en la vida, de superioridad, de una posibilidad de éxito, en alguna síntesis no comprendida por el interesado. Es una forma de manifestación a la que la psicología individual da el nombre de «complejo de Polonio». Encontrarán personas que no hablan de otro modo, que siempre tienen a mano una comparación, siempre «algo es como» — — —. Esto nos permite comprender también las flores retóricas poéticas y la elaboración metafórica, que sirven para eludir el *common sense*, en la inmensa mayoría de los casos para despertar sentimientos y emociones. Por eso encuentran ustedes símbolos y representaciones comparativas también en el sueño. Ocuparse del complejo de Polonio es valioso; arroja una luz cruda sobre la inconsistencia de muchos sistemas filosóficos y psicológicos.

En la psicología individual encontrarán también mencionado a menudo el «*complejo de exclusión*». También él caracteriza a muchas personas. Se encuentra en miles de variantes en personas que quieren reducir siempre su espacio de acción, que quieren también quitar de en medio todos los problemas. Así como el «complejo de Polonio» debe ser un apoyo para el inseguro, que cree no poder afirmarse por el camino recto y por eso recurre a comparaciones, en el complejo de exclusión encontrarán el mismo principio. La búsqueda estereotipada de la exclusión será siempre propia de aquel cuya meta es llegar de un modo más fácil a una superioridad personal. Todos estos complejos pueden unirse entre sí. Pueden cooperar unos con otros. Está claro también que estas plantillas pueden determinarse, desde un lado, como complejo de inferioridad, desde el otro, como complejo de Polonio o como complejo de exclusión, como tranquilizador complejo de superioridad. Hay enormes posibilidades de determinar complejos y de poder comprender así mejor la personalidad.

Otro complejo que es propio de muchísimas personas es el «*complejo de predestinación*». Se muestra como una actitud ante <!-- S. 5 --> la vida como si a uno no pudiera pasarle nada. Hay en ello enormes gradaciones, hasta el punto de que salta a la vista enseguida. El «complejo de predestinación» da al interesado un gran sostén. Seguridad en sí mismo: naturalmente, una seguridad conseguida con engaño, pues no existe nada parecido a una verdadera predestinación, como si uno fuera un elegido, como también creen de sí mismos algunos pueblos. Se dan a veces en ello fenómenos cómicos. En las escuelas he observado que hay niños tan pagados de sí mismos que creen saberlo todo. En una situación tensa se sienten arrastrados a levantar la mano sin tener ni idea de la pregunta planteada. He vivido algunos casos bonitos de este tipo y estoy convencido de que esto puede poner a más de uno en una situación difícil. Tanto más peligroso cuando ocurre en la vida pública, cuando alguien se cree capaz de toda clase de hazañas descabelladas, con el sentimiento de que no puede pasarle nada, de que de algún modo saldrá del paso. En este complejo pueden ver ustedes claramente el estilo de vida mimado; son personas acostumbradas a que la madre las saque del apuro. Por otro lado, en personas que se sienten completamente en su casa, tan enraizadas en los hechos terrenales, se encontrará algo semejante, que se presenta entonces como valor. No aparecerá entonces esa tendencia a atribuirse lo que supera las fuerzas humanas, sino que se observará un modo objetivo de proceder. Son personas que se detienen ante una empresa que humanamente no puede resolverse. También en ellas se encontrará en trazas el «complejo de predestinación», que quizá parece necesario ante la inseguridad del futuro, como optimismo y confianza en sí mismo. Posibilidades reales de éxito las hay en ambos casos. Naturalmente, también reveses, que el primero pasa por alto o a los que responde con un derrumbe (eventualmente esquizofrenia, ciclotimia, melancolía, delito), y el otro, con actividad social, con un pronto restablecimiento tras la derrota. Un caso bonito lo encontré en un paralítico maníaco.[^t5] Lo visité en un sanatorio. Me rogó llorando e implorando que lo llevara a casa, porque allí lo trataban con brutalidad. Por lo demás mostraba juicio y una mejoría notable. Llegado a casa, estaba tranquilo y de buen humor. Interrumpiendo una conversación, se dirigió a mí con estas palabras: «Ya ve usted, así me pasa siempre en la vida. Todo me sale bien». Él pensaba en que yo había accedido a llevarlo a casa; yo, en el duro trato que le había dejado varios cardenales.

Con frecuencia se encuentra en niños y adultos un complejo que puede designarse como «*complejo de dictador*»: ser el primero, guiar a los demás. Son personas que se sienten mal en cualquier otro papel, que día y noche no buscan más que estar a la cabeza. Más próximos a este complejo están los segundogénitos y los menores, también los primogénitos que se han mantenido fuertes (en la Biblia, Jacob, Esaú, José). En las personas que dirigen puede encontrarse que ya en la infancia desarrollaron el complejo de dictador. Es el resultado de un entrenamiento. Tales niños no soportan perder en el juego, ni ser el caballo en lugar del cochero. Todos los genios tienen este complejo. <!-- S. 6 --> Por desgracia, también otros que, en circunstancias favorables, sin la capacidad suficiente pero a consecuencia de su entrenamiento para el mando, provocan situaciones arriesgadas.

Quizá no tan frecuente es otro complejo, el «*complejo de espectador*». Se muestra en personas que llaman la atención porque organizan su vida para ser siempre espectadores, sin intervenir activamente. Los niños mimados se ven a menudo obligados a este papel. Por desgracia, el «complejo de espectador» está tan poco provisto de actividad que no se puede hacer mucho con él en beneficio de la comunidad. Esto trae consigo la necesidad de cierto método de tratamiento. Cuando se tiene delante a una persona con un «complejo de espectador», es mucho más urgente darle ánimo que, por ejemplo, a alguien que muestra actividad. Precisamente a él hay que hacerle ver lo importante que es intervenir en la vida. Este «complejo de espectador» lo encontrarán a menudo en el sueño. Son frecuentes los sueños en que uno está sentado en el teatro, porque la vida le parece un teatro. En sus recuerdos más antiguos aparece a menudo el mirar. Estas personas se ven muy a menudo decepcionadas por la vida; es evidente que caen desde lo alto. La tendencia a mirar se combina a menudo con la tendencia a ser visto (también en el exhibicionismo, pero también en la vanidad exagerada). Siempre se trataba de tipos visuales.

Un complejo muy frecuente, y con el que hay que ser muy cuidadoso en la educación y en el tratamiento, es el «*complejo del no*». Hay personas que no logran salir de la oposición, a las que les cuesta dar la razón a alguien, que ven algo grande en quitarle la razón al otro. Esto puede consistir también en una tendencia a criticar a menudo al otro sin justificación. Hay personas que tienen el no en los labios antes de que el otro abra la boca. Ya están esperando a poder decir «no». Entre los críticos se encontrará a veces a personas así, lo mismo que entre los pesimistas. Si esta tendencia se une con el sentimiento de comunidad (*soziales Interesse*),[^t6] resulta estimulante. En la infancia este complejo se expresa a veces de modo grotesco; por ejemplo: una madre quería mostrarse conciliadora con su hijo rebelde y le dijo: «Te he traído naranjas, porque sé que te gustan». El niño exclamó al instante: «Quiero las naranjas solo cuando yo las quiero, no cuando tú me las traes». La misma madre le dijo una vez: «Toma una taza de leche o de café, lo que quieras». El niño respondió: «Si tú dices leche, bebo café; si dices café, bebo leche». Es el afán de no perder el sentimiento de dominio por estar de acuerdo con los demás. La posibilidad de éxito se ve aquí en no estar influido por el otro, en no concederle el sentimiento de superioridad. El «complejo del no» desempeña a menudo un papel devastador en la ciencia. Los mejores progresos se ven entorpecidos cuando se les oponen personas con el «complejo del no». Para ellas se trata de satisfacer el amor propio, la vanidad, que se sentiría herida si dieran la razón.

[^1]: Conferencia pronunciada en la Sociedad Vienesa de Psicología Individual (Wiener Verein für Individualpsychologie).

[^t1]: Juego de palabras de Adler: *Mitläufer* es el que se suma a una corriente ajena, el seguidor; *Zehenläufer*, el que anda de puntillas (literalmente, «el que camina sobre los dedos de los pies»). (N. del T.)

[^t2]: Wilhelm Wundt, Theodor Lipps, Alexius Meinong, Konrad Theodor Preuss (etnólogo, teórico del pensamiento mágico de los primitivos), Hans Volkelt (psicología animal) y Felix Krueger (psicología de la totalidad de la escuela de Leipzig, «cualidades complejas»). (N. del T.)

[^t3]: Shakespeare, *Hamlet*, acto III, escena 2, citado de memoria. (N. del T.)

[^t4]: Hans Vaihinger, *Die Philosophie des Als Ob* [La filosofía del como si] (1911), obra que Adler había utilizado desde *Über den nervösen Charakter* (1912) para su teoría de la ficción directriz. (N. del T.)

[^t5]: *Manischer Paralytiker*: enfermo de parálisis general progresiva (neurosífilis) en su forma maníaca. (N. del T.)

[^t6]: Adler usa aquí *soziales Interesse*, calco del inglés *social interest* con que se traducía en Norteamérica su *Gemeinschaftsgefühl*; se traduce, como este, «sentimiento de comunidad». (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del ejemplar digitalizado en archive.org y cotejada con la imagen de cada página: Alfred Adler, «Der Komplexzwang als Teil der Persönlichkeit und der Neurose», *Internationale Zeitschrift für Individualpsychologie* 13 (1935), n.º 1 (enero-marzo), págs. 1-6.

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). *Komplexzwang* se traduce «compulsión del complejo»; *Schablone*, «plantilla»; *Schablonisierung*, «esquematización»; *Erfolgsmöglichkeit*, «posibilidad de éxito»; *Überwertigkeitskomplex*, «complejo de superioridad»; *Ausschaltungskomplex*, «complejo de exclusión»; *Führerkomplex*, «complejo de dictador» (en 1935 la palabra *Führer* remitía inevitablemente a Hitler; Adler la aplica aquí a quienes se entrenan desde niños para mandar). La expresión inglesa *common sense* se deja como en el original. Las cursivas reproducen las del original (y el espaciado de «Zuschauerkomplex»).
