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Title: Efectos corporales de los trastornos anímicos
Description: Artículo de Adler en la Internationale Zeitschrift für Individualpsychologie (1934) sobre la acción de los afectos y de la «opinión» del individuo sobre los órganos: menstruación, embarazo psicológico, aerofagia, glándulas sexuales, tiroides y enfermedad de Basedow, hígado y páncreas, psicosis y epilepsia, dolores de la escoliosis y del pie plano, piel y fisonomía, con casos clínicos, y una conclusión sobre la inserción en la evolución de la humanidad y la comunidad como meta.
Author: Alfred Adler
URL: https://adler.school/archivo/adler/1934-04%20K%C3%B6rperliche%20Auswirkungen%20seelischer%20St%C3%B6rungen
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# Efectos corporales de los trastornos anímicos.

Por el Dr. ALFRED ADLER,
profesor en el Long Island Medical College, Nueva York.

En términos generales puede decirse que probablemente se acabará demostrando con el tiempo que no hay inferioridad orgánica que no responda a las influencias anímicas, que no hable su lenguaje, configurado de acuerdo con la pregunta que se le plantea al individuo. Esto es importante para la elección de los síntomas, en particular para lo que todavía hoy se designa como histeria o como neurosis funcional. Se ve aquí cuán acertado es el fundamento de la psicología individual cuando dice: si en un órgano se hace visible, pasajera o permanentemente, un defecto, hay que tomar cuidadosamente en consideración ese órgano, y entonces resulta que el individuo está caracterizado también de algún otro modo por ese órgano. Sabemos también que, por impresiones venidas de fuera, unas veces uno y otras veces otro órgano resulta más afectado. Al hablar aquí de influencias anímicas quiero considerar especialmente aquellas que, al despertar sentimientos, emociones y afectos, transmiten la excitación al cuerpo. Ya no estamos solos: desde todas partes se registran cada vez más las influencias anímicas, y tampoco desde el punto de vista de la medicina general negará nadie que la peculiaridad del individuo modifica y matiza toda enfermedad. Los médicos antiguos ya lo sabían; por ejemplo, que en los niños de algún modo sensibles la enfermedad infecciosa hace que la sensibilidad se exprese con más fuerza; no es todavía un hallazgo muy antiguo el que establece que en otros niños, por ejemplo, las glándulas endocrinas pueden verse más solicitadas. Estos fenómenos generales tienen que examinarse para ver si producen en estos casos alteraciones permanentes o pasajeras. Si consideramos, por ejemplo, la afección general del género humano en este sentido, vemos que casi todo el mundo responde con ataques cardíacos. La cuestión de si la alteración es permanente o pasajera es importante. En la neurosis la alteración permanente del corazón es muy rara, pero sabemos muy bien que precisamente los corazones inferiores de antemano, o los dañados por una enfermedad, están más expuestos a tales influencias, que pueden dar lugar entonces también a daños graves y permanentes. No hay que olvidar que el organismo es una unidad, que un impulso en un punto hace entrar en vibración a todo el organismo. Sabemos demasiado poco para poder establecer reglas, pero es bastante seguro que un órgano puede quedar dañado por una embestida así.

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No se sabe mucho de cómo llega una impresión anímica a los órganos, pero no cabe duda de que se trata de un efecto de conjunto. El organismo tiene una fuerte tendencia a mantener el equilibrio. Un gran número de hechos nos enseña que pueden producirse trastornos sobre la base de afectos. Hay que tener en cuenta en ello la peculiaridad del individuo, que primero tenemos que investigar. La psicología individual no tiene grandes dificultades en esto. Lo consigue casi siempre ya en la primera conversación.

Permítaseme llamar la atención sobre la gran medida en que tenemos que vérnoslas con mil variantes de personas que esperan que otro intervenga por ellas, que buscan ayuda, alivio, lo cual casi siempre se remonta a una época temprana de entrenamiento en que se le inculcó al niño. No hay duda de que precisamente estas personas aparecen especialmente cargadas en un mundo como el nuestro; conciben el mundo como hostil, no generan en sí mismas el impulso de superar las dificultades, sino que quieren eludirlas. Si tuviera que entrar más en lo particular, dudaría sobre qué órgano no debería tratar. Casi todos los ginecólogos sostienen que las alteraciones anímicas durante la menstruación se basan en factores afectivos. De este sentimiento de excitación, de este estado de ánimo, la paciente apenas puede decir nada. La paciente está tan acostumbrada a su estado de ánimo que no entiende por qué un acontecimiento tan insignificante habría de abatirla tanto. Se ha resignado a que cada mes ocurra algo, pero no entiende que todo su estado de ánimo ejerce el mayor efecto sobre este acontecimiento relativamente pequeño. Hay que pensar en cuántas muchachas se encuentran, de modo completamente instintivo, en un estado de ánimo de rechazo frente a ello. Tampoco sirve de nada explicarles lo valioso que es; lo saben por otras relaciones: a uno se le muestra la ventaja de una cosa, el otro lo comprende, pero aun así no se lanza. Tenemos que llegar a reconocer y explicar la falta de disposición. Así, en todos los casos de dificultades de la menstruación se podrá encontrar fácilmente, a partir del estado de ánimo, la actitud de rechazo que por cualquier vía conduce a una especie de cierre. No hay que pasar por alto que quizá esta actitud instintiva de rechazo de una muchacha no tendría tanta importancia si no hubiera que tener en cuenta lo singular. La peculiaridad propia precisamente de esta muchacha puede darnos un punto de apoyo para saber por qué se reforzó la habitual actitud de rechazo, por ejemplo, por el rechazo del papel femenino en general, por experiencias y vivencias de lo fácilmente que las muchachas pueden meterse en dificultades durante la pubertad o después. Habrá que tomarlo en consideración. Es la situación externa la que provoca el desencadenamiento; actúa sobre el estado de ánimo.

Este sencillo ejemplo puede servir para mostrar que lo que los autores intentan separar, considerando algo unas veces endógeno y otras exógeno, no se puede separar. No hay fenómeno que no esté condicionado por hechos exógenos y endógenos. Si vemos aquí cómo esto puede aplicarse a todas las neurosis y psicosis, <!-- S. 67 --> vemos también el avance de la psicología individual, que ya apenas se puede impedir. Podemos presentar hechos inequívocos. No podría considerar ningún caso como completamente claro si no se me muestra la situación en la que, como en una prueba funcional, el paciente demuestra no estar suficientemente a la altura, y en la que al mismo tiempo hemos visto también la peculiaridad del paciente, que pudo mostrarnos que realmente no está bien preparado.

La preparación deficiente no tiene por qué estar en lo orgánico, sino que puede fundarse también en la opinión. La opinión de una persona influye en su actitud, en la peculiaridad con que presenta sus funciones. Todo depende de la opinión. Eso es precisamente lo que nos da valor para decir que la toma de posición de una persona puede cambiarse.

También el embarazo psicológico (*Pseudogravidität*) pertenece a este campo. Todavía hoy no se sabe cómo se produce. Viví un caso muy instructivo. Se trataba de la amiga de un hombre que mantenía relaciones con ella desde hacía muchos años. Él manifestó la intención de casarse si ella tenía un hijo. Un día pareció que ella estaba en estado de buena esperanza. El abdomen se desarrolló como en una embarazada. Esto duró 6-7 meses. Conocí a esta señora. Me llamaron la atención algunas cosas. Aconsejé a ambos que fueran a un ginecólogo. Una hora después volvieron: el vientre había desaparecido; el ginecólogo había comprobado que la mujer no estaba embarazada. Él mismo estaba muy sorprendido. Entre violentos eructos, el aire salió por la boca y el ano. Había sido un meteorismo, una creación instintiva de la mujer, y solo posible en una mujer que quería producir ese meteorismo.

Quisiera señalar aquí la experiencia de que hay cierto número de personas que pueden producir meteorismo. Tragan aire. Esto no se tiene suficientemente en cuenta en la medicina interna. A menudo intervienen otros fenómenos, de modo que la aerofagia puede convertirse en la palanca de un síntoma de neurosis de angustia. Lo he observado a menudo. Se explica que alguien propenso a síntomas de angustia caiga, por las consecuencias que trae consigo su estómago hinchado, en un estado de aturdimiento. Esto puede tener también otras manifestaciones. Se comprenderá que la aerofagia se produce en una situación en la que el paciente cree no poder salir adelante, en la que se siente especialmente acosado, en la que su sentimiento de inferioridad se muestra con especial claridad. Si se considera la peculiaridad de una persona separada del síntoma, se encontrará que es una persona que desde la primera infancia ha sido consciente de la significación social de la angustia, del efecto de la angustia sobre los demás.

En los últimos años he tenido a menudo ocasión de observar influencias de los sentimientos y las emociones sobre la glándula tiroides. Para mí estaba claro que las glándulas endocrinas pueden verse influidas por los afectos. Llegué a afirmar incluso que también las glándulas sexuales pueden ser llevadas por los sentimientos a una actitud pasiva. También aquí hay que tomar en consideración la opinión del individuo; por ejemplo, que un muchacho que se siente poco viril deje correspondientemente de dar estímulo al crecimiento de las glándulas <!-- S. 68 --> sexuales; eliminará ciertas relaciones vitales que son importantes para el desarrollo de las glándulas sexuales. Hay muchachos a los que se mantiene en situaciones que se consideran propias de las niñas, en las que, por ejemplo, tienen que estar sentados tranquilamente en casa, jugar con muñecas, en las que se les impide comportarse de modo activo. Estos chicos pueden tener más tarde un aspecto femenino. He visto cómo tales chicos, cuando se los llevaba entre muchachos, mostraban cambios en sentido varonil. El biólogo neoyorquino *Boas* ha demostrado que las muchachas norteamericanas, gracias al deporte, están más cerca del tipo masculino.[^t1] No cabe duda de que, por ejemplo, las glándulas sexuales, y con ellas la constitución corporal, están influidas por el hecho de que uno se tome en serio o no su papel sexual. La eficacia de las glándulas sexuales en las personas que tienen una mayor inclinación por el otro sexo alcanzará, en igualdad de circunstancias, una mayor actividad. Si pensamos en lo grandes que son las influencias de este tipo, podremos llegar a la conclusión de que lo que se llama incapacidad funcional, por ejemplo el declive de las mujeres en el climaterio, no es inalterable, sino que está condicionado también por el estado de ánimo de la mujer que ve en el climaterio un peligro o una enfermedad. Precisamente nosotros, los médicos, estamos especialmente obligados a eliminar los daños que proceden de las creencias de la gente.

Un papel muy importante lo desempeña la tiroides, en particular la disfunción basedowoide. Tuve ocasión de examinar en la clínica de *Zondek*, en Berlín, a cierto número de enfermos de Basedow.[^t2] *Zondek* sostiene que no se puede examinar un Basedow sin tomar en consideración la peculiaridad del paciente. Esto a veces no es fácil. Por ejemplo, un mecánico de 26 años padecía desde hacía dos años la enfermedad de Basedow. Los síntomas eran claros; el metabolismo basal estaba elevado en un 30 %. Busqué las causas desencadenantes. Había sido el único varón de la familia y de una sensibilidad extrema. Quien, como yo, haya estudiado la caracterología del neurótico, sabe que entre sus rasgos de carácter podemos comprobar una y otra vez la hipersensibilidad. El paciente dijo él mismo: cuando alguien enferma, lo mandan a observación porque la gente es desconfiada. Era como un reproche. Indica que el hombre es muy susceptible y no se une fácilmente a los demás. Cuando el paciente se lo presenta a uno así, se puede suponer que se trata aquí de un grado especial de susceptibilidad. Se pudo comprobar impaciencia, menos claramente estallidos afectivos. No se pudieron averiguar sueños. El recuerdo más antiguo mostraba que se resiste especialmente a una situación nueva. No querría marcharse de su lugar de trabajo por nada del mundo. Esto no dice mucho sobre la situación patógena. A mi pregunta de si no había ocurrido algo que lo hubiera alterado, salió poco a la luz. Habló de un asunto amoroso. Hasta hacía seis meses había tenido una amiga, que entonces había encontrado otro pretendiente. Si se le creyera al pie de la letra, también esto carecería de importancia. «En realidad me alegré; no me convenía.» Si se sabe cómo precisamente los nerviosos quieren aferrarse a una persona y se sienten heridos cuando alguien se inclina por otro, se supondrá que se trata aquí de la situación patógena, <!-- S. 69 --> tanto más cuanto que el acontecimiento coincidió con la época en que aparecieron los primeros fenómenos de temblor. Este es uno de los casos más difíciles, y comprendo muy bien que quien no está provisto de nuestros medios de examen no lo advierta. Precisamente los que insisten en lo endógeno no han llegado tan lejos como nosotros en la determinación de lo endógeno.

Hay casos mucho más elocuentes, en los que examinadores experimentados no saben orientarse. Un caso así es, por ejemplo, el de una muchacha de 7 años[^t3] que, por la disfunción de la tiroides, había llegado a un estado de peligro de muerte. Cuando la vi, el mayor peligro había pasado; presentaba todos los síntomas del Basedow. Me interesaba determinar, junto a lo endógeno de la predisposición, también la influencia externa, y al mismo tiempo la peculiaridad anímica de la muchacha. Era la menor, mimada, y tenía un empleo en una joyería que le gustaba mucho. Un día el jefe la mandó a buscar a un mozo. Fue a la casa, encontró allí a una mujer y preguntó por el hombre. La mujer le señaló una puerta. Abrió la puerta y se encontró en una taberna de mala fama; vio a gente de aspecto salvaje que bebía. Dio un grito, salió corriendo, lloró desconsoladamente y desde ese momento estuvo enferma. No fue nada fácil sacar a la luz esta historia. Se asombró al ver que esta vivencia pudiera tener relación con la enfermedad. Cuando le pregunté si no se había alterado, me contó llorando este ridículo asunto. Pero pensemos que esta muchacha tiene probablemente de las tabernas de mala fama una opinión que significa lo peor: delito, violación, trata de blancas; sufrió por la distancia entre la actitud que se adoptaba con ella en casa y en el negocio y la actitud que esperaba encontrar allí. Esto cuenta enormemente. Podríamos construir para cada uno de nosotros una situación que nos pondría en una tensión semejante.

Quizá sea también oportuno exponer aquí lo poquísimo que podemos saber sobre la influencia ejercida sobre los órganos. ¿Cómo actúa lo anímico sobre los órganos? Naturalmente, tiene que pasar por las esferas de nuestra conciencia; tiene lugar la transformación de lo recibido, y desde allí se pone en excitación el sistema vegetativo. A través del sistema vegetativo, la excitación se transmite del modo más diverso, según la peculiaridad del individuo, según la peculiaridad de los órganos que entran en vibración. En todas estas excitaciones el organismo entero entra en excitación; solo podemos comprobarlo en los puntos en que la irritación se muestra con más claridad. Hablamos entonces de fenómenos de deficiencia. Aquí tenemos que incluir muchas otras glándulas, también el hígado. La excitación influye sobre el hígado, en cada cual de un modo distinto. Hay personas que, ante una excitación en la que cabría esperar ira, tienen accesos de dolor en el hígado. Se ha demostrado que también el flujo biliar se modifica con la excitación. También el páncreas, los islotes de Langerhans, pueden ser excitados por los afectos. Hay personas que responden a las excitaciones anímicas con eliminación de azúcar, y está claro que habrá que procurar llevar a un paciente así <!-- S. 70 --> a un estado de ánimo en el que no esté expuesto a un daño semejante.

Un terreno difícil de abarcar es el de la psicosis y la epilepsia. Que allí podemos encontrar situaciones desencadenantes no lo podrá pasar por alto ningún psiquiatra sensato. Habrá que tener presente la peculiaridad de la situación patógena; esto vale para la melancolía, la esquizofrenia y la epilepsia. Si se delimita solo una parte, habrá que decir que en la epilepsia afectiva una parte del cerebro responde a las irritaciones. No puede descartarse que posiblemente se produzcan allí también alteraciones; por ejemplo, los casos antiguos de esquizofrenia muestran alteraciones de la sustancia cerebral. Esto puede considerarse en parte como una variante de la estructura cerebral que caracteriza de antemano la peculiaridad del individuo. Posiblemente se trate de procesos de tumefacción por los que quizá pueda verse afectado el cerebro; por ejemplo, gran número de fenómenos neuróticos en la deshabituación de la morfina están condicionados por la acción sobre los tejidos del agua retenida (investigaciones de la Dra. *Alexandra Adler*), punto de vista que arroja luz sobre otros procesos. Es concebible que las excitaciones anímicas provoquen quizá también otros estados. Esto no está en contradicción con la concepción de la psicología individual; este mecanismo lo conocemos desde hace mucho.

El efecto de las alteraciones estructurales en caso de excitación anímica se ve con especial claridad en los dolores de la escoliosis y del pie plano. Los casos que he visto llevaban en sí la condición de estos dolores; no los tenían siempre, sino solo a partir de cierto momento, por lo general cuando el interesado perdía la compostura, en una situación en la que había perdido la confianza en sí mismo. Es una experiencia que tiene ya hoy 25 años la de que lo que se llama dolores escolióticos es mucho más complicado. Hay dolores que se localizan en la pared anterior del tórax y que se producen en épocas de depresión, por ejemplo en los melancólicos; también en los no melancólicos, cuando se sienten postergados. No creo que sea acertada la simple suposición de que los nervios quedan comprimidos; sería demasiado primitivo. Suponer dolores irradiados, quizá en el sentido de las zonas de *Head*, tampoco me parece probable. Mucho antes de que se hablara de la albuminuria ortostática, llamé la atención sobre la frecuencia con que las desviaciones de la columna vertebral aparecen unidas a fenómenos en los riñones. Lo expuse en el primer congreso de urología, ante el gran escepticismo de los presentes.[^t4] Quizá en el desarrollo embrionario todo el segmento esté irritado. Todas las desviaciones indican con claridad que existe una deformación familiar, que se caracteriza por la presencia de un nevo en el vértice de la escoliosis o en el segmento. He tenido a este respecto experiencias sorprendentes. Podía predecir dónde estaba el nevo.

Lo mismo vale para el pie plano. Los que se quejaban de dolores eran personas abatidas. Esto solo puede explicarse suponiendo que las impresiones deprimentes traen consigo la pérdida del tono de la musculatura. Pueden verlo ustedes en la persona entera; aunque <!-- S. 71 --> no tenga pies planos, muestra con su actitud lo que pasa en su interior: habla con la musculatura. Tenemos que aprender a entender el dialecto de los órganos. Cuando quería explicárselo a alguien, le contaba una historia que viví en una clínica psiquiátrica. El asistente me mostró a un paciente que, según él, siempre quería tomarle el pelo. El hombre estaba de pie junto a la silla, al lado de la ventana, y se había puesto un hilo de coser alrededor del cuello. Entonces apartó la silla de un empujón y se cortó la cara con el cristal de la ventana. Está prefigurado en el ser de una persona que, cuando se presenta una situación demasiado difícil para ella, también el cuerpo sufra daño.

Quisiera señalar también que los vasomotores, y con ellos también la piel, están bajo influencia anímica. Es sabido que las enfermedades de la piel pueden ser estimuladas por influencias anímicas. Pero esto no vale como regla obligada para todo el que tiene esta peculiaridad. Llegamos con ello a una cuestión de la mayor importancia: si quien está preparado endógenamente para la enfermedad tiene que contraer la enfermedad. Si pensamos en la esquizofrenia —estamos en parte informados sobre la peculiaridad corporal de un esquizofrénico—, ¿quiere decir esto que tiene que contraer realmente la esquizofrenia? Si la peculiaridad corporal del paciente se colocara en condiciones en las que se mantuviera en equilibrio, no tendría por qué enfermar. Podemos influir en él de modo que las influencias anímicas no tengan para él ese efecto decisivo.

Quisiera señalar todavía un fenómeno: la configuración de la forma corporal humana, la fisonomía. Algo hay en ella, solo que no sabemos qué, porque lo que produce la fisonomía son movimientos. La fisonomía es movimiento hecho forma. Este paso lo conocemos demasiado poco; juzgamos por exterioridades, a menudo del modo más temerario, pero no hay duda de que el estado de ánimo influye en lo corporal, de modo que los rasgos de la cara resultan simpáticos o antipáticos. Quien haya observado el aspecto del melancólico en su fase melancólica y después, se quedará asombrado. Así, en cada cual, su estado de ánimo sigue actuando en su expresión.

Volvemos a nuestra concepción fundamental, al fundamento de todas las funciones correctas: al estar correctamente insertado en el curso de la evolución de la humanidad. Solo así podemos entender de dónde sacamos que uno es simpático y otro antipático, que esto se produce automáticamente, que solo lo entenderemos con más exactitud cuando consigamos aprehender el proceso en conceptos. Es una idea que solo cabe en una concepción evolucionista. En las especies lo que cuenta es lo que de algún modo pertenece al curso de la evolución de la humanidad. Desde aquí entenderemos qué hay que considerar erróneo y qué aproximadamente correcto. Sobre el concepto de comunidad reina un error muy extendido. Solo lo entenderá quien sepa cuán íntimamente está unido al curso de la evolución de la humanidad, como algo a lo que hay que aspirar. En cuanto a la forma externa de una persona, está mucho más ligada a su consonancia con la comunidad a la que hay que aspirar de lo que hasta ahora hemos podido demostrar.

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Parece que las influencias anímicas de larga duración solo pueden perjudicar de modo permanente al órgano inferior. Nos encontramos de nuevo ante la cuestión: ¿dónde empieza la inferioridad del órgano? Quizá haya que pensar más en el daño causado por toda la economía corporal, que se manifiesta en el *locus minoris resistentiae*. Hay muchos ejemplos que muestran el daño en lo corporal. Un hombre, por ejemplo, fue atropellado por un automóvil el mismo día en que, con mala intención, quería obligar a una empleada subordinada a entregársele. Ella movilizó a unos amigos para deliberar qué hacer con él. Si tales casualidades —que para nosotros no son casualidades— son posibles, ya puede imaginarse uno que, en las dificultades que siempre rodean al hombre, podrán seguirse daños más bien en aquellas personas que no están fortalecidas anímicamente. Lo mismo vemos también en las epidemias.

[^t1]: Franz Boas (1858-1942), antropólogo de la Universidad de Columbia, autor de estudios antropométricos sobre los cambios corporales de los descendientes de inmigrantes en los Estados Unidos. (N. del T.)

[^t2]: Hermann Zondek (1887-1979), internista berlinés especialista en endocrinología, autor de *Die Krankheiten der endokrinen Drüsen* (1923). La enfermedad de Basedow es el hipertiroidismo con bocio y exoftalmos (enfermedad de Graves). (N. del T.)

[^t3]: Así en el original («7jährigen»), aunque la muchacha tiene un empleo en una joyería; probablemente es una errata por 17. (N. del T.)

[^t4]: Probablemente el primer congreso de la Deutsche Gesellschaft für Urologie, celebrado en Viena en octubre de 1907. La relación entre las desviaciones de la columna, los nevos y la inferioridad del aparato urinario es uno de los temas de su *Studie über Minderwertigkeit von Organen* (1907). (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del ejemplar digitalizado en archive.org y cotejada con la imagen de cada página: Alfred Adler, «Körperliche Auswirkungen seelischer Störungen», *Internationale Zeitschrift für Individualpsychologie* 12 (1934), n.º 2 (abril-junio), págs. 65-72.

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). *Eigenart* se traduce «peculiaridad»; *Stimmungslage*, «estado de ánimo»; *krankmachende Situation*, «situación patógena»; *Meinung*, «opinión» (la opinión que el individuo se forma de sí mismo y del mundo); *Organdialekt*, «dialecto de los órganos»; *verzärtelt*, «mimada». Los nombres propios van en cursiva, como en el original.
