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Title: El sentido de la vida
Description: Conferencia pronunciada en inglés ante la sección londinense de la Sociedad Internacional de Psicología Individual (University College, 15 de enero de 1931) y publicada en The Lancet: Adler busca «científicamente» el sentido de la vida en la contribución y la cooperación, analiza la madre, la familia, la escuela, el trabajo y el amor como pruebas de la capacidad de cooperar, y explica los fracasos (niños difíciles, neuróticos, delincuentes, suicidas, bebedores) por un sentido equivocado de la vida que la educación puede corregir.
Author: Alfred Adler
URL: https://adler.school/archivo/adler/1931-01-31%20The%20Meaning%20of%20Life
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# El sentido de la vida[^1]

Por el Dr. Alfred Adler (de Viena).

El problema del que quiero hablar esta noche es muy antiguo. Probablemente los seres humanos se han hecho siempre preguntas como estas: ¿para qué es la vida?, ¿cuál es el *sentido* de la vida? Quizá han dicho que la vida no tiene ningún sentido. Todavía se oye en nuestro tiempo. Pero si no solo *preguntamos*, sino que *observamos* las actitudes y la conducta de los seres humanos, veremos que actúan y reaccionan, responden y se comportan según un sentido determinado, aunque en su mayoría no sepan nada de él. Los encontramos viviendo como si creyeran perseguir ciertos fines, y esto es muy comprensible, porque no nos mueven los hechos reales —en el sentido de materiales— del mundo, sino que nos impresiona el *sentido* que les damos. Eso es lo que nos guía. Por eso a veces nos encontramos en un reino de incertidumbre, porque nadie nos ha dicho correctamente cuál es el *sentido* de la vida. Cada cual tiene que averiguarlo en la oscuridad de su propia mente. Vamos aprendiendo la vida. Será prudente, por tanto, mirarla desde el punto de vista científico.

## La pregunta.

No es tan sencillo como podría pensarse, porque no conozco hasta ahora ninguna investigación científica sobre este problema. He oído preguntas y respuestas, pero nunca he visto una verdadera investigación científica. Es muy cierto que semejante pregunta no puede resolverse solo remitiéndose a la experiencia inmediata. Tiene que haber una idea directriz a la que pueda ajustarse esa experiencia. Tenemos, pues, que conjeturar, como tiene que conjeturar todo científico. No está bendecido con la verdad absoluta. En una cuestión tan importante como la que tenemos ahora delante, hemos de acercarnos con gran cautela y con gran reverencia, porque podemos estar seguros de que, si alguien falla en esto y no da a la vida el sentido correcto, el fallo aparecerá en toda su constitución. Afrontará los problemas de la vida e intentará desarrollarse hacia una meta que no concuerda con el sentido correcto de la vida. Sospechamos que muchos fracasos y errores se basan en realidad en un sentido equivocado.

Para resolver una pregunta así suele ser muy ventajoso introducir otra pregunta; no ir directamente, sino dar un rodeo y poner sitio al problema. Podemos, por ejemplo, plantear la pregunta: ¿qué encontramos en nuestra vida al entrar en este mundo? La respuesta es: las contribuciones de nuestros antepasados. Esas contribuciones existen; están vivas, no pueden desaparecer. Las recogemos y las continuamos, las completamos, pero están siempre presentes y siempre vivas. Esto nos da un indicio de que probablemente la contribución de nuestra vida humana tiene que ser una gran parte del sentido mismo de la vida. Existe siempre, no se extingue. La encontramos en las obras, en los hijos, en las ideas, en las tradiciones, en el arte. Todos estos resultados de la contribución viven para siempre en la medida en que la humanidad puede utilizarlos, se mejora con ellos, puede sacar provecho de ellos y desarrollarse con ellos. Por tanto, si buscamos el sentido de la vida, lo encontramos en primer lugar en el hecho de la contribución.

Seamos, sin embargo, escépticos con nosotros mismos, y crueles y duros. No estamos satisfechos. Aunque parezcamos convencidos, puede que no sea así, y por eso debemos atacar desde otros lados lo que hemos encontrado en esta cuestión de la contribución. Quizá podamos dar la vuelta a la pregunta y preguntar: ¿qué ocurre con la vida de las personas que no han contribuido? Desaparecen; no hay sitio para ellas en la vida humana. Esta es la idea subyacente de la psicología individual. Una ley no escrita, la lógica de la vida, se alza contra tales vidas y dice: «Fuera, no te necesitamos, no estás hecho para esta vida, no contribuyes».

Así pues, ya ven ustedes, hay un valor en cierta idea de la vida humana, y probablemente las huellas de mucha gente han perecido porque no han contribuido. No pudieron «fijar» la vida en esta tierra, no han creado, no han cooperado, y por eso no han encontrado lo que solo puede encontrarse en la contribución: la adaptación correcta. Así nos sentimos un poco más seguros. Tiene que haber algo en nuestra vida humana que significa contribuir, cooperar.

## Cooperación: madre e hijo.

Queremos, sin embargo, ser cada vez más escépticos, y quizá deberíamos plantear también la pregunta: si es cierto que la contribución y la cooperación son el sentido científico correcto de la vida, ¿no deben tener los seres humanos toda clase de medios para cooperar y contribuir, y no deben ser sus funciones correctas, normales y valiosas, si han de estar equipados para realizarse en la cooperación? Si insistimos en este punto de vista, puede que nos encontremos en duda. Vemos que el niño nace en este mundo con todos los órganos adaptados hacia otra persona. Es bien evidente. Tiene sed, hambre, el reflejo de succión, necesita el pecho de la madre. Está equipado para realizarse de este modo, para cooperar de este modo. Es su única pequeña parte. Si recordamos la debilidad, todo el largo tiempo que un niño necesita para crecer y hacerse independiente para la contribución y la cooperación, tiene que haber alguien presente con quien pueda cooperar. Ahora bien, ya saben que la primera persona para esta cooperación es la madre, y por eso tenemos que subrayar la gran importancia de la madre para el desarrollo de la capacidad de cooperar. La habilidad y el interés de la madre hacen que el niño se interese socialmente por ella. Ocurre cada día, cada hora. Todo el que lo ha visto sabe cómo la madre provee al niño. El agua, el clima, el aire de la habitación y la comida son todas intervenciones que hacen que el niño coopere más o menos con la madre. La madre puede equivocarse en esto, como sabemos, frenando la capacidad de cooperar del niño, atándolo solo a ella y no cediendo para que sus necesidades sociales puedan extenderse hacia el padre, si mima al niño, lo consiente y lo hace depender solo de ella. Vemos del mismo modo la importancia del padre, y así, creciendo poco a poco, el sentimiento de comunidad del niño pasa de la cooperación con el padre y la madre a la cooperación con otros niños, y tenemos la familia.

La familia es el campo de entrenamiento del niño en la cooperación, y por eso vemos que esta institución funciona en general para enseñar a cooperar. Es muy evidente. Veamos ahora las funciones fisiológicas del niño y lo que significan psicológicamente. ¿Qué significa mirar? Significa unirse, <!-- p. 226 --> al mirar, con otra persona o cosa. Significa una conexión. Cuando vemos, nuestros ojos funcionan correctamente solo si tenemos sentimiento de comunidad, y encontramos entre muchos niños y adultos que no cooperan con los ojos, no miran de frente, no están interesados. Hablamos de una mirada «de perro apaleado» o de una mirada «vacía», y conocemos la mirada extraña del demente, interesado solo en sí mismo. Si juzgamos correctamente, descubriremos el grado de cooperación por la manera de mirar de una persona. Actuamos de forma simpática, y no nos gusta cierta mirada si no encontramos en ella sentimiento de comunidad. Conocemos la mirada «sucia», la mirada del delincuente, etc., y juzgamos, sin saberlo, el grado de cooperación. No entendemos «mirar» solo en el sentido fisiológico de recoger imágenes y llevarlas al cerebro. Lo que interesa al psicólogo es el grado de cooperación, y comprendemos su gran importancia, porque supone toda la comprensión de un niño el que mire de manera cooperativa e interesada.

Los mismos resultados se encontrarán si investigamos lo que respecta al oír, y pueden ustedes comprender los escasos progresos de un niño o de un adulto si no escucha con interés, si no está atento y no se une a los demás al oír sonidos y palabras, etc., y sabemos lo importante que es esto para el desarrollo de una de las funciones más importantes de la mente humana: el habla.

## Cooperación: en la vida social.

¿Qué significa unir a una persona con otra? Es el elemento básico de nuestra función del habla, y solo pueden hablar correctamente las personas que han entendido cómo unirse con otros y expresarse de la manera en que querrían que todos se unieran en el habla, expresarse de un modo que los demás puedan entender, etc. Vemos que el desarrollo de todos nuestros órganos de los sentidos solo puede darse si el niño tiene sentimiento de comunidad; su meta es estar unido a los demás, y cooperar y contribuir. Si se siente parte del todo, si se siente en casa sobre esta pobre corteza terrestre, si quiere desarrollarse, ayudar a contribuir y cooperar, entonces puede desarrollar correctamente sus funciones. ¿Qué significa «correctamente»? Todo esto lo medimos con respecto al bienestar del conjunto de la humanidad. Nunca llamaríamos *valioso* a nada que no fuera valioso para el conjunto de la humanidad. Normal, correcto, verdadero, etc., son cosas que decimos instintivamente cuando algo va en la dirección del bienestar de la humanidad. Para ello todo el mundo tiene que cooperar y contribuir. Estas son las funciones primitivas de los seres humanos, y no pueden desarrollarse correctamente si esa persona no se interesa por el todo y no se siente parte del todo. Del mismo modo, encontramos que todos los rasgos de carácter se desarrollan de manera correcta solo si hay cierto grado de sentimiento de comunidad.

¿Qué llamamos rasgos de carácter? Son relaciones sociales. Ser *bueno* significa ser bueno con los demás, y ser *malo* significa ser malo con los demás. Para interesarse por el arte necesitamos sentimiento de comunidad; ser perezoso significa no contribuir ni cooperar, igual que ser laborioso significa lo contrario, etc. No se encontrará un solo rasgo de carácter que no signifique una relación social que puede medirse. «Valiente», por ejemplo, es una cualidad que existe solo con respecto al bienestar de la humanidad. No encontramos valor sin sentimiento de comunidad, y cuando hablamos de un desarrollo equivocado queremos decir que no encontramos capacidad de cooperar. No podemos hablar de moral y de ética sin dejar claro que nos referimos a la cooperación y al interés por los demás. Dondequiera que encontremos al hombre en cierto estadio de cultura, tiene que captar el ideal de la cooperación. Conocemos el sentido de la vida: que solo podemos desarrollarnos si cooperamos y estamos entrenados en la contribución. En este punto podemos responder también a la pregunta que oímos muy a menudo: ¿desarrollamos al individuo para sí mismo o para la humanidad? Ya ven ustedes que *no se puede* desarrollar al individuo sin desarrollarlo para el bienestar de la humanidad, y si una persona desarrolla su capacidad de cooperación, desarrolla su oír y su hablar y su recta comprensión. Nuestra comprensión, nuestro sentido común, nuestra lógica, solo pueden fortalecerse y desarrollarse en un medio social. Se basan en estos sentidos y funciones de oír, mirar, hablar, etc., y nuestra comprensión no está en buenas condiciones a menos que queramos comprender de una manera que pueda ser controlada por el conjunto de la humanidad y como esperaríamos que todos comprendieran.

Eso es el sentido común. La comprensión solo puede desarrollarse si una persona tiene sentimiento de comunidad. Decimos que los fracasados no tienen sentido común. No son estúpidos ni débiles mentales; sacan conclusiones con rapidez, pero no en la línea del sentimiento de comunidad. Incluso en lo que respecta a nuestros sentimientos estéticos, juzgamos claramente el arte según vaya en la línea del sentido y del bienestar de la humanidad. Nadie ha llamado nunca bello a algo que no estuviera en la línea del desarrollo y el mejoramiento de la humanidad. Y sobre todo, todo lo que llamamos bello en los seres humanos mira hacia el futuro, lleva consigo la idea de los hijos, las tendencias de lo que queremos que llegue a ser la humanidad, etc.

Así vemos que nuestras funciones y sentimientos se desarrollan correctamente si una persona se preocupa por el conjunto de la humanidad y siente la necesidad de la *cooperación*. Sabemos que el niño empieza con un sentimiento de inferioridad; se siente pequeño y abatido, y se esfuerza por superarlo. El único camino correcto para superar este sentimiento de inferioridad, que afecta a todo el mundo, es sentirse *valioso*, y no puede conseguirlo si no coopera. Por tanto, no puede librarse de este sentimiento de inferioridad.

## La felicidad y el «principio del placer».

Y aquí hay un punto que quiero mencionar brevemente. Se dice a menudo que los seres humanos se rigen por el «principio del placer». Muchos psicólogos y psiquiatras, sin embargo, están seguros de que esto no es cierto. Los seres humanos aspiran a la *felicidad* de los demás; ese es el verdadero placer de la persona con sentimiento de comunidad. El «principio del placer» es el afán de una persona que solo se interesa por sí misma y no por los demás.

Quizá ahora nos sintamos más tranquilos y seguros de estar en el buen camino. Tiene que haber una idea subyacente en nuestra vida, un *sentido*, un trasfondo metafísico de nuestra vida, que significa cooperación. Verán ustedes que la humanidad se atiene siempre instintivamente a este punto de vista, y no se encuentra ningún sistema religioso que no diga: «Coopera; ama a tu prójimo». Esta es en general una explicación religiosa, y si podemos encontrar una explicación científica creo que contribuirá al mejoramiento y al bien de la humanidad. Quizá todavía no estemos del todo seguros; queremos ser más escépticos, y por eso hacemos otra pregunta. Si es realmente así, si el sentido de la vida es la cooperación, ¿no deben ser todos nuestros problemas problemas que solo pueden resolverse si cooperamos? Este es otro resultado interesante de la psicología individual, de modo que podemos sostener que los seres humanos nunca encuentran en la vida otra cosa que problemas sociales, que exigen una preparación correcta para la cooperación.

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## La relación familiar.

He hablado antes del encuentro del recién nacido con la madre. Pero hay otros problemas, pequeños y grandes, en la vida del ser humano. Otro niño llega a la familia, y cómo se comporta este niño con el otro demuestra su capacidad de cooperación. Nos asusta ver cuántos niños crecen sin esta capacidad de cooperar cuando llega a la familia un niño nuevo; cómo se resisten y quieren excluir al otro niño; se sienten heridos y apocados y no quieren cooperar, etc. Más adelante, desde luego, el niño entra en el jardín de infancia, en la escuela de párvulos o en la escuela pública, y siempre se encuentra con un problema social. Allí encuentra a otros niños y a los maestros, y hay discusiones que han de conducir hacia su profesión y ocupación posteriores, a si ha de ser útil en la división del trabajo en beneficio del conjunto de la humanidad. Todos estos problemas son, pues, como exámenes. Podemos ver cómo se comporta un niño en sus pequeños problemas: si quiere unirse a otros niños, si tiene amigos y compañeros, si se interesa por su trabajo, si sabe jugar con otros niños; en todo ello vemos hasta qué punto está preparado para la cooperación.

Siempre estamos buscando las razones por las que tantos niños, y más tarde adultos, no están correctamente preparados, pero esto lo describiré más adelante. Después de la escuela entra en la vida social, gana amistades y una familia, y tiene que tratar y compararse con otras personas. En todas estas relaciones encontramos que la gente se comporta de manera distinta, y si se comportan correctamente o, como decimos, normal e inteligentemente, se interesan por otras personas, pueden cooperar. Este es el problema social que encontramos en la vida. Está el problema de la ocupación. Tenemos que ser útiles y cooperar en la división del trabajo, y no creer que trabajamos por dinero. En realidad solo podemos ganar dinero si cooperamos. De lo contrario tenemos el fracaso en la vida: el delito, por ejemplo. Se nos paga, pues, porque cooperamos. Los problemas de la sociedad, la amistad, el compañerismo, los problemas de la ocupación, están ligados hasta cierto punto. Hay otros problemas, como el problema del amor.

## La relación entre los sexos.

Puesto que vivimos en dos sexos, tiene que haber cierta cooperación entre ellos. En esta materia la humanidad ha sentido, y siente ahora, que no existe la cooperación correcta porque no estamos adiestrados, entrenados ni preparados. Leemos libros que en su mayoría son historias de matrimonios y amoríos desdichados, y nos impresionan las grandes dificultades. No estamos preparados para cooperar correctamente con la otra persona, y el problema del amor exige que nos interesemos por la otra persona más que por nosotros mismos. Este problema tiene que resolverse, y comprendemos que tiene que haber en nuestra vida una idea rectora subyacente tal que el sentido de la vida sea cooperar. No tenemos otros problemas en la vida.

Agradecería mucho que alguien mencionara un problema que no exija sentimiento de comunidad. Estamos en una trampa, no podemos salir de ella, y esta trampa tiene que tener un sentido. Su sentido es cooperar. Pero quizá aún queramos dudar. Si esto no es correcto, tiene que aparecer en lo que llamamos los fracasos de la vida. ¿Qué son los fracasos en la vida? Podemos mencionar algunos tipos de fracaso: niños difíciles, neuróticos, psicóticos, delincuentes, prostitutas, suicidas, bebedores y morfinómanos, pervertidos sexuales, y quizá ustedes conozcan más.

## Los fracasados.

Pues bien, en todos estos casos, si tenemos razón, esperaremos encontrar una falta de capacidad de cooperar, y de hecho la encontramos. Los llamamos fracasados porque no cooperan. El niño difícil no contribuye, y por eso no estamos contentos con él y queremos cambiarlo para que coopere. De nuevo encontramos el mismo problema y el mismo sentido de la vida en el niño difícil y en los neuróticos. No cooperan; quieren que cooperen los demás. Los miembros de la familia y el médico deberían cooperar, y ellos se dejarán consentir, consintiéndose y explotando la cooperación de los demás, reconociendo la idea de la cooperación... para los demás.

Que los psicóticos no cooperan porque no se interesan socialmente por los demás es tan evidente que no necesito hablar de ello. Que el delincuente no coopera es también muy evidente. Al contrario, quiere evitar la cooperación, y ese es un camino más fácil porque no tiene los rasgos de carácter de la persona con sentimiento de comunidad, que son el valor y el optimismo, la confianza en sí mismo, la paciencia, etc., no tener miedo a la derrota, hacer frente a las dificultades de la vida. El delincuente no los tiene. Por eso no está preparado. Para tocar una de las cuestiones más importantes de nuestro tiempo, diría que no es culpable. No puede pagar lo que se le exige. Tenemos que prepararlo si queremos hacer algo con respecto al delito. En este punto quiero decir unas palabras sobre el determinismo y el indeterminismo. Si el niño se ha ido formando durante cuatro o cinco años, su estilo está fijado. Este niño —o más tarde este adulto— solo puede actuar en la línea de ese estilo, y solo puede cambiarlo si ha comprendido la carencia y el error de su estilo. No tiene el sentido correcto de la vida. El niño difícil tiene un sentido de la vida: que los demás deben someterse, «tengo que mandar». Ese es el sentido de la vida para el niño difícil: «Tengo que salirme con la mía».

El neurótico tiene un sentido de la vida: «los *demás* tienen que servir y contribuir». El delincuente tiene un sentido de la vida: tener un camino más fácil para ganarse la vida, por ejemplo; no el camino de la cooperación. El bebedor tiene un sentido de la vida: escapar de vez en cuando de los problemas de la vida en los que debería cooperar, siempre por miedo a la derrota y porque no está seguro del éxito. Y pueden ver que si a todos los fracasados en la vida se les puede dar más confianza en sí mismos, más valor, más interés por la cooperación, cambiarán. Lo mismo encontramos entre los pervertidos sexuales. Invierten el sentido de la vida, culminando casi siempre en esta idea: no interesarse por la procreación, el bienestar de la humanidad, etc.

Así vemos que el fracasado tiene siempre un sentido equivocado de la vida: no cooperar. Entre estos fracasados vemos algunos rasgos interesantes que pueden llevar más lejos nuestra comprensión. Por ejemplo, todos estos fracasados son susceptibles, irascibles, emotivos. Se enfadan, son apocados, tienen todas las emociones muy visibles, muy evidentes, y podemos comprender que no están adaptados; no se sienten parte de la vida y del todo. Se sienten siempre irritados y son siempre irritables, y podemos comprenderlo, porque no viven en este mundo, que significa cooperar; tienen otra idea de la vida, otro sentido, y por eso son susceptibles.

Son siempre impacientes porque están seguros de que su éxito está en peligro. No se sienten <!-- p. 228 --> fuertes y valerosos en la vida. Esto es lo que encontramos entre los niños difíciles, los neuróticos, los delincuentes, los suicidas, todas las personas que no encuentran un sentido a la vida. Llegan a escribir en una última carta: «La vida no tiene *sentido*, y por eso me mato». *Son apocados.* Incluso los delincuentes, ya ven, son cobardes. No pueden engañarnos, porque los hemos visto escapar de los problemas sociales de la vida, la ocupación, etc. Estamos seguros de que no son valientes, y se puede ver en la estructura misma de sus delitos que son cobardes. Buscan el aislamiento, la oscuridad, llevan armas contra hombres desarmados, sorprenden a otra persona, etc. Son mayoría cuando atacan, y por eso no podemos admitir que sean tan valientes como a veces se cree. La suya es siempre la actitud del cobarde. Sus rasgos de carácter concuerdan con lo que hemos explicado: *el sentido equivocado de la vida.* Son también pesimistas. No miran al futuro, no les interesa el futuro de la humanidad y buscan siempre el *placer* y no la *felicidad.* Así, de nuevo en los fracasados encontramos que han fracasado en hallar el sentido correcto de la vida, que significa cooperación.

## Herencia, ambiente, educación.

Pasemos a otra pregunta: ¿de dónde viene esta capacidad de cooperación? ¿Es un instinto heredado? ¿Es innata? *Eso* no es posible, porque, sobre todo en lo que respecta a los rasgos de carácter, vemos cómo tienen que ser *elaborados* y *realizados*, y cómo implican siempre relaciones sociales que no existen antes de que nazca el niño. Hemos visto que podemos preparar a las personas, corregir los fracasos y dar a las personas más sentimiento de comunidad si se convencen, como nosotros parecemos estar convencidos, de que la cooperación es el sentido correcto de la vida. Por tanto, no puede ser una *entidad* heredada. Que tiene que haber una *aptitud* heredada no podemos ponerlo en duda, porque no podemos desarrollar nada para lo que no tengamos una aptitud heredada. Esto no me parece gran ciencia, sino un lugar común.

Y ahora quizá también el ambiente. El ambiente no importa a este respecto. Intentamos intervenir de la manera correcta e influir en el niño de modo que quede entrenado en la adaptación social y en la cooperación, pero no estamos del todo seguros de que nuestras intervenciones funcionen realmente bien. Tenemos que mirar más allá de este argumento y ajustar nuestra intervención y cooperación. Tenemos que atender a los resultados e intervenir en los resultados. Y en este punto decimos que eso solo puede hacerse mediante la educación: la educación en el sentido más amplio. Por eso una explicación como la de esta noche significa devolver a la educación a su legítimo trono, contra todas las demás opiniones, contra las opiniones de la herencia y del ambiente. Somos responsables, nosotros, los educadores. Y decimos que la capacidad de cooperar *puede y debe entrenarse.* Ocurre como con una asignatura como la historia o la geografía. Si una persona no está *entrenada* en geografía y quiere resolver una cuestión geográfica, verán ustedes que fracasa.

Hay otro aspecto. Mientras una persona no sea puesta a prueba en su capacidad de cooperar, por ejemplo por encontrarse en una situación favorable en la que no se ve confrontada, no se puede estar absolutamente seguro de su grado de cooperación. En este punto empezamos a comprender por qué, por ejemplo, en tiempos difíciles la gente llega al límite de su capacidad de cooperar. Aumentan los suicidios, aumenta la delincuencia, aumentan las neurosis y las psicosis, porque la capacidad de cooperación se detiene en este punto; no llega más allá. Si una persona es tentada demasiado, en la medida en que podemos verlo en nuestro tiempo, hay muchas personas que, si fueran tentadas, mostrarían que socialmente no estaban preparadas correctamente. Por eso decimos siempre que los fracasados llegan a cierto punto, que es el punto crucial. Es su examen de prueba. En ese punto se ve que su preparación para la adaptación social no se ha realizado correctamente.

He tocado el problema del entrenamiento. La madre empieza, el padre tiene que continuar, y luego los otros niños y las circunstancias exteriores. Pueden ver cómo los prejuicios pueden estorbar el desarrollo de la adaptación social, y cómo la pobreza, la miseria, los sufrimientos, los órganos imperfectos y la enfermedad pueden hacer que un niño se interese más por su propia persona que por los demás. La mayor parte de los fracasados la encontramos procedente de niños mimados y *dependientes*, porque estos niños se interesan más por sí mismos. Quieren explotar a los demás, apropiarse de los demás. Quieren utilizar la cooperación de los demás, y no se sienten lo bastante fuertes para hacer frente por sí mismos a un determinado problema social. Cuando tienen que hacer frente a un problema, se ve en toda su conducta y su actitud que no se sienten preparados. No se sienten capaces —y así lo expresan— de resolver ese problema. A esto lo he llamado el *complejo de inferioridad*, y se encuentra que muchos fracasados han expresado su fracaso al resolver los problemas sociales. Comprendemos ahora por qué no se sienten capaces: porque no están entrenados en la cooperación, no tienen suficiente sentimiento de comunidad. Ahora bien, el complejo de inferioridad del niño puede ser como un estímulo. Pero los niños dependientes no intentan compensar este sentimiento sintiéndose valiosos. Han *excluido* este camino de la cooperación, y por eso buscan una meta de superioridad personal en la que haya un sentimiento de ser más que los demás; por ejemplo, el impulso de oprimir a los demás, de matar a otros, de despojar a otros, de hacer desgraciados a otros y torturarlos, de menospreciarlos, de guardarles rencor, etc. Lo encontrarán en todas las causas de fracaso que he mencionado: aspiran a una superioridad, una superioridad personal, que no es útil para el conjunto de la humanidad. Y esta meta de superioridad no la encuentran en el poder de la cooperación. Así pues, ¿no podemos decir que en todos los puntos podemos demostrar que el sentido de la vida tiene que ser en su mayor parte la cooperación? Y ahora tenemos que hacerlo vivo.

[^1]: Conferencia pronunciada ante la sección de Londres de la Sociedad Internacional de Psicología Individual, en el University College de Londres, el 15 de enero de 1931.

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir de *The Lancet*, vol. 217 (1931, I), n.º 5605, 31 de enero de 1931, pp. 225-228 (archive.org), cotejada con la imagen de las páginas.

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Siguiendo el glosario del archivo, *social interest* se traduce siempre «sentimiento de comunidad», y *socially interested*, «con sentimiento de comunidad» (salvo en dos pasajes, «se interese socialmente por ella» y «no se interesan socialmente por los demás», donde la expresión tiene sentido literal); *coöperation*, «cooperación»; *failures*, «fracasados» o «fracasos»; *problem child*, «niño difícil»; *worth while*, «valioso»; *style*, «estilo» (de vida); *pampered*, «mimado». Las cursivas son del original.
